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martes, 24 de septiembre de 2013

Abducción Extraterrestre: "Missing Time" (Tiempo Perdido) e Hipnosis Regresiva

Abducción Extraterrestre: "Missing Time" (Tiempo Perdido) e Hipnosis Regresiva



La abducción de seres humanos está íntimamente ligada a los experimentos genéticos por parte de una de las razas regresivas extraterrestres que interactúan en la Tierra (entre el 80 y 90% son realizadas por rigelianos). Casi siempre, cuando hablamos de abducción lo asociamos automáticamente a los conocidos como “visitantes de dormitorio”, extraterrestres de baja estatura, macrocéfalos, ojos grandes y rasgados, más conocidos como los “grises” (Y como dato añadido, según testimonios de abducidos, los grises también colaborarían estrechamente con algunas razas reptiloides).



Son los rigelianos una raza carente de emociones y sentimientos, que secuestran sistemáticamente terrestres en cualquier lugar y hora  para sus experimentos, aunque bien es sabido que aprovechan principalmente los “ritmos circadianos humanos” para cometer sus fechorías: Durante las necesarias horas de sueño, esta raza hostil  se introduce en la habitación utilizando un tecnología muy avanzada capaz de materializarse a través de las paredes e induce en aquella persona seleccionada a un sueño mucho más profundo; la inmoviliza posteriormente y aprovecha para extraerle todo tipo de fluidos,  sacarle el feto hibridado previamente con su raza ó implantarle embriones modificados genéticamente con anterioridad;  así como tomar muestras de ADN y cualquier otra prueba inimaginable;  incluyendo la implantación de “chips” con los cuales realizar un seguimiento y monitorización  de la persona elegida. En muchas ocasiones, el humano en cuestión es secuestrado y trasladado a sus naves para ser devuelto posteriormente a la habitación donde en teoría, ha estado durmiendo plácidamente.



A veces el abducido tiene la impresión de “tiempo perdido” (“missing time”), una sensación que la mente subconsciente intenta transmitir a la parte consciente, bien mediante sueños ó vagos recuerdos que le llevan  a una situación de verdadero terror y desamparo frente a unos seres “hostiles y horrendos” ó posiblemente, cuando la víctima aprecia en su cuerpo cambios fisiológicos ocasionados tras la abducción, tales como el sangrado en órganos genitales, punciones, marcas, minúsculas cicatrices,  etc.

Sistemáticamente, la raza extraterrestre generadora de la mayoría de las abducciones tiene como finalidad la experimentación genética y biológica, buscando una hibridación entre ellos y nosotros, una raza superior debido a que la suya propia está dañada genéticamente por guerras nucleares acaecidas miles de años atrás en su planeta de origen. De igual forma, estos extraterrestres pretenden que sus actividades permanezcan en absoluto secreto, tratando de ganar  el mayor tiempo posible antes de que los seres humanos sean conscientes del atropello al cual están sometidos: Nadie pide permiso para una abducción, toman el cuerpo a su antojo, sin sentimientos, sometiéndolo a todo tipo de pruebas, y en ello se incluye a niños y adultos que probablemente sufrirán a lo largo de su vida  trastornos mentales  y psicológicos.

Betty y Barney Hill
Otro aspecto común en las abducciones son el “borrado de recuerdos” al que someten esta raza regresiva a sus víctimas con el fin de propiciar un seguimiento posterior (“monitorización”) ó bien, proseguir con los experimentos e implantes dentro de un plan establecido. Y es esta  la cruda realidad por mucho que desde los medios oficiales desinformen sistemáticamente a la gran masa de la población ó bien guarden silencio frente a casos probados como el del matrimonio estadounidense Betty y Barney Hill, abducidos por extraterrestres procedentes del sistema planetario Zeta Reticuli entre el 19 y 20 de Septiembre de 1961 (fuente Wikipedia).

Mapa estelar observado en la nave extraterrestre. Realizado a través de la descripción de Betty Hill mediante regresión hipnótica.
Muchos de los testimonios de abducidos de muestran reveladores cuando describen a esas criaturas apareciendo en su dormitorio, mientras caen en un estado de sorpresa, incredulidad, impotencia y miedo. Utilizando las regresiones hipnóticas como herramienta fundamental se aprecian muchos nexos de coincidencia entre un número importante de victimas de abducciones, dando a sus testimonios una validez, en la mayoría de las ocasiones, inequívoca. Libros como The Interrupted Journey(“El viaje interrumpido”), Communion (Comunión) de  Whitley Strieber  y también, Intruders (Intrusos) de Budd Hopkins pueden darnos una idea del calado y consecuencias que las abducciones representan para los seres humanos, entendido como una acción sobre lo mas intimo de la persona, llevada a cabo en un  lugar considerado seguro como es el propio hogar y actuando sin ningún permiso ni consentimiento de la victima de tal abducción; hechos que contravienen claramente el sentido de libertad y dignidad humanas.





(Obviamente no todas las razas que habitan este Universo tienen los mismos principios morales que en la Tierra entenderíamos como “lógicos” ó “racionales” respecto a la relación con otras criaturas. Llegando a esta conclusión deberíamos hacernos algunas preguntas…¿Cómo son realmente esas sociedades carentes de sentimientos ó empatía hacia el resto de seres vivos y muy probablemente entre ellos mismos? ¿Tecnológicamente evolucionadas pero inmorales en sus principios? Se entendería entonces, que esas razas regresivas, obsesionadas por crear seres híbridos y dominados solo por el desarrollo científico, serían criaturas sin “entrañas”, próximos a lo que en la Tierra entenderíamos como “despiadados depredadores estelares”; algo así como el personaje antagonista de la película de ciencia ficción Depredador (Predator), protagonizada entre otros por Arnold Schwarzenegger, donde un grupo de soldados lucharían en plena selva contra un despiadado cazador estelar, un ser dotado de una tecnología superior que llega a la Tierra para “una cacería de humanos” solo por puro placer….(Puede parecer exagerado comprar las abducciones con una cacería, pero la realidad siempre se muestra tal y como es, clara y cristalina).

Aunque, en honor a la verdad,  si queremos ceñirnos a los hechos “reales”  también debemos añadir que no todas las razas extraterrestres que visitan la Tierra carecen de empatía o sentimientos hacia los seres humanos, sino todo lo contrario, siendo la mayoría de ellas quienes poseen esas cualidades y solo son la excepción aquellas que actúan como verdaderos depredadores).

En esta ocasión he traído unos fragmentos del excelente libro escrito por Josep Guijarro Triadó titulado Infiltrados, seres de otras dimensiones entre nosotros, en el cual nos trae casos de abducción acaecidos principalmente en España y donde las víctimas de esos secuestros/encuentros/experimentos narran sus experiencias vitales así como las secuelas psicológicas relacionadas con tales abducciones.




(Para mayor información sobre los experimentos genéticos extraterrestres puede consultarse una entrada anterior en este blog titulada: Experimentos Genéticos Extraterrestres: Clonación, hibridación y reproducción con seres humanos, cuyo enlace es el siguiente; http://elmensajedeotrosmundos.blogspot.com.es/2013/09/experimentos-geneticos-extraterrestres_8.html) 




Del libro: Infiltrados Seres de Otras Dimensiones Entre Nosotros, de Josep Guijarro


Página 5

En este sentido, un reciente caso ha puesto en tela de juicio el planteamiento anterior. Se trata del episodio vivido por Linda Napolitano, un ama de casa de origen italiano que hacia las tres de la madrugada del treinta de noviembre de 1989, fue visitada por tres seres de baja estatura y de gran capacidad craneal. Estos seres secuestraron a Linda por la ventana del duodécimo piso del edificio de apartamentos donde residía, en el bajo Manhattan, "flotando" a través de un haz de luz de color azulado que procedía de un objeto que permanecía estático y que tenía forma de platillo volante. Este artefacto tenía gran cantidad de luces de variopintos colores. La experiencia de Linda, sin embargo, añade un elemento sumamente interesante: mientras el suceso se desarrollaba, varios testigos no vinculados a su persona, observaron cómo se desarrollaba la abducción desde una calle de Nueva York y, así mismo, desde el famoso puente de Brooklyn. Estos testigos eran una operadora de teléfonos retirada, dos misteriosos agentes federales que custodiaban a un político internacional que también habría sido testigo del hecho. Existe hoy día en los Estados Unidos una gran polémica sobre este caso, pero de demostrarse que estos observadores fueron, efectivamente, testigos de la singular escena significaría un nuevo planteamiento en las investigaciones.

Bajo Manhattan, New York
Mientras esto ocurre voy a ofrecerles, en las páginas que siguen, algunos elementos de reflexión, y no olvide que usted, anónimo lector puede ser, le guste o no, el próximo protagonista de un caso de visitantes de dormitorio.

Sentados en el comedor de su casa en la industriosa Barberá del Vallés (Barcelona), con una humeante taza de café en las manos, Mariví empezó a relatarme aquello que tanto la preocupaba.
Sus temores se fundaban, principalmente, en la aparición de una o varias figuras extrañas cerca de la cama en la que invariablemente ella estaba asustada y se encontraba físicamente paralizada.
- A los ocho años - me dijo Mariví - soñaba casi a diario que me cogían tres enanos...
El calificativo de "enanos" alude, lógicamente, al tamaño de sus visitantes de alcoba, que además tienen la piel grisácea y su tacto rugoso.
- ¿Eso soñabas? inquirí sorprendido
- No, lo recordaba, pero claro, como no era posible que entrasen tres enanos, pues tú decías que era un sueño, no era posible, incluso me acuerdo que lo contaba y decía que estaba tan aterrorizada que no podía ni moverme, ni hablar, ni nada absolutamente. Desde septiembre del 68 -continua nuestra testigo- diariamente comencé a soñar que me levantaba de la cama porque había ruido; salía al balcón de mi casa en Málaga, me asomaba y miraba al cielo, y veía tres naves en forma de disco, formando un triángulo, que es un símbolo asociado a casi todos mis recuerdos con respecto a ellos. Después me veía en un bosque y hablaba con un ser de un metro y pico, guapote y rubio. Me decía que tenía que ir a por un objeto a una ciudad, que tenía que traerles una cosa, y yo siempre les preguntaba que cuando me llevarían a su casa... y volvía a soñar lo mismo la noche siguiente, y eso desde septiembre a junio, desde 1968 a 1987.
Me llevé la taza de café a mis labios y bebí un nuevo sorbo del negro brebaje, su calor me sacó de mis cavilaciones interiores. Aquello nada tenía que ver con una abducción clásica, estaba más próximo a una experiencia onírica que a un contacto presuntamente extraterrestre.

-Hacia las navidades de este año- continuó Mariví-mi marido me regaló el libro COMUNION, y también Todos somos hijos de Dios, de Erick Von Däniken, algunos Tebeos, muñecos...bueno, el libro no me gustó por lo que ponía en la portada.
Desde hacía algún tiempo, nuestra protagonista sentía un rechazo hacia el mundo de los ovnis y las paraciencias en general, sin poder determinar cuál era el origen de esta aversión.
-Aunque no me gustara- prosiguió - por la más mínima decencia cuando alguien te regala un libro tienes que leerlo. Leí unas quince páginas y me acuerdo que le comenté a mi marido: ¡no es posible!. Esta persona describe mis mismos sentimientos, y él me dijo: vamos a hacer una hipnosis. Y de mala gana me sometí.
* * * * *

Budd Hopkins
Experiencias similares habían empezado a conocerse en los Estados Unidos tras la publicación de INTRUSOS. En este Best Seller el artista neoyorquino Budd Hopkins narraba el caso de Debra Tomey quien bajo el pseudónimo de Kathie Davis relataba sus experiencias recordadas con ayuda de la hipnosis. Estos encuentros se iniciaban en su infancia y los humanoides, que mostraban un interés extraordinario por lo genético, llegaron a utilizarla como madre de alquiler -si me permiten la expresión- al ser inseminada en nueve ocasiones distintas. El feto, precozmente extraído, era llevado a su planeta con objeto de crear una criatura híbrida.

Sin embargo, el espaldarazo definitivo a este género de abducciones se produjo cuando Whitley Strieber da a conocer su experiencia en un libro que sería durante veintitrés semanas el número uno de la lista de ventas del New York Times.
Pudo influir en este éxito, obviamente, el hecho de que Strieber fuese un reconocido novelista, dos de cuyas obras (Lobos humanos y El ansia) se han llevado al cine, pero sin lugar a dudas éste triunfo editorial no sólo se debió a que la historia contada en COMUNION fuese muy real, sino porque era muy diferente de lo que se podía esperar del autor de un libro de intriga política y ficción como Warday.

Whitley Strieber
En COMUNION, Strieber nos explica cómo desde 1985 su vida fue afectada por las molestas incursiones nocturnas de unos seres de apariencia humanoide, que al parecer ,realizaron con él diversas pruebas de índole fisiológico, incluídos exámenes genéticos parecidos a los que sufrió la protagonista de INTRUSOS. Una idea del impacto del libro nos la ofrece el propio Wray Herbert, editor de la revista de divulgación científica Psychology Today. Este llegó a cuestionarse muy seriamente la posible veracidad de los relatos de Strieber, no dudando en afirmar que "si estamos ante una alucinación...se trata de una alucinación masiva que involucra amigos, familiares y cientos de otras personas aludidas en el libro".

Los incómodos visitantes descritos por Strieber miden alrededor del metro veinte centímetros de estatura, sus ojos son desproporcionadamente grandes, negros y oblicuos que suelen ser el rasgo más destacado de su cabeza, con forma de pera invertida, desprovista de pelo y otros rasgos como nariz, orejas o boca. El retrato robot de uno de estos humanoides ocupó la portada de Transformación la segunda parte del libro de Strieber, siendo identificado por miles de lectores como la causa de sus pesadillas. Se cumplía así una de las ideas formuladas por mi compañero y amigo Javier Sierra que tiene que ver con el contagio de las experiencias de contacto. Profundizaré más adelante sobre este asunto.



Con la experiencia de Mariví se abría en España un nuevo abanico de posibilidades para explicar el fenómeno OVNI. Atrás quedaban los clásicos relatos de abducciones, las de hoy guardan sólo una semejanza superficial con los casos recogidos hace diez o veinte años. Se ha producido una modificación cualitativa desde los exámenes médicos "alienígenas", a un continuado y casi frenético seguimiento de los abducidos a lo largo de toda su vida, con un primer encuentro en la infancia y sucesos regulares que a menudo tienen un cariz místico y esotérico. Estas nuevas experiencias reverencian el concepto de una nueva transformación espiritual humana.

Página 9

Eran algo más de las seis de la tarde cuando Mariví empezó a relatarme lo que recordó en la hipnosis:
-Cuando realmente me cogieron, lo que sucedió es que me llevaron a la típica mesa de operaciones que ellos utilizan, me trataron una serie de enanos, me pusieron cablecitos e historias y entonces...estaba tan asustada que tuve un paro cardíaco.
Mariví me sirvió una nueva taza de café y al sentarse "Patita”, su perrita, se acurrucó en sus brazos.
-Ah!, te tengo que comentar lo de mi pobre animal - inquirió.
Dirigí mi mirada al animal sin que percibiera nada extraño en él.
-Salí al pasillo -continuó- que tenía unas oquedades, repletas de esos enanos, como empotrados, así, tiesecitos como si fueran muñecos guardados en un armario. Llegué a una puerta que tenía una luz roja encima y ví una cónsola y a dos seres altos y rubios... Esos seres, estaban ante una especie de monitores de televisión y en el monitor salía yo.

Este fragmento de su relato guardaba coincidencias inquietantes con el caso de Christa Tilton que recordó en 1984, con la ayuda de la hipnosis, el interior de una supuesta base extraterrestre en Dulce (Nuevo México).
La señorita Tilton describió -al igual que lo hizo Mariví- una serie de oquedades repletas de seres pequeños, como fetos, así como los monitores y otros detalles estructurales del espacio en el que se encontraba.
-Esta fue tu primera experiencia, cuando tenías ocho años ¿verdad?
-Sí, después recuerdo haberme visto en una habitación cuadrada, con un mesa. Se parecía a la mesa de guardería, esas mesas de una sola pieza, como de plástico. Y recuerdo, que la mesa a lo largo de la experiencia, cambiaba de color.
-¿Qué te hace suponer que todo esto es físico?- pregunté con mala intención,- ¿cómo se supone que entran en tu casa?.
-No lo sé, pero cuando entran noto un ligero calor- contestó cabizbaja Mariví vivía, hasta hace poco, en un séptimo piso de un inmueble ubicado en un barrio industrial, lo que dificulta cualquier hipótesis razonable de entrada al piso. Esto dice mucho en favor de quienes abogan por la naturaleza psíquica de este fenómeno, aunque como veremos más adelante no es tan sencillo de explicar.
Percibiendo cierta incomodidad en responder a mi última cuestión opté por distender el ambiente:
-Por cierto, ¿qué le ocurrió al perro?
Mariví empezó a acariciar el lomo del animal mientras yo revisaba mi grabadora.
-En Junio de este año empezó a perder pelo, decidimos cortárselo. Bueno, volvió a crecer el pelo y le han quedado estas extrañas calvas.
Efectivamente a un lado y al otro del lomo muy próximo a la cabeza de los fémurs, el animal presentaba unos curiosos claros en su bello negro, como si fuesen quemaduras.
-La he llevado al veterinario -continuó- y dijo si yo había sometido al perro a algún tipo de radiación, o le había producido algún tipo de quemadura.



No era el primer caso en el que los supuestos captores prestaban mayor interés por el perro que no por su amo. La experiencia vivida el 5 de febrero de 1978 por un cazador conocido como Julio F. ,es un claro ejemplo.
Ese día se cerraba la veda y Julio había decidido la víspera dirigirse a una zona abundante en liebres, cercana a Casavieja, en la provincia de Ávila.
Llevado por un impulso irresistible se dirigió por un camino vecinal a un punto de la carretera N-11 entre Medinaceli y Logroño, en la provincia de Soria. Unas vez allí fue "conducido" al interior de una nave discoidal, siendo examinado al igual que su fiel perro "Mus" por seres de aspecto humano, elevada estatura, largas manos, y cráneo desproporcionado.
Estos seres, que se comunicaban telepáticamente, solicitaron de Julio permiso para examinar al perro. Éste accedió comprendiendo que no le iban a causar daño alguno.
El animal, un pointer inglés, estaba aterrorizado, tanto que ni oponía resistencia. "Mus" se quedó inmóvil tras una pantalla en la que previamente se había examinado a Julio.
Luego condujeron al perro hasta la parte central de la mesa y con una jeringuilla le extrajeron sangre de la pata.
Todos estos detalles, por supuesto, eran desconocidos para nuestra protagonista, la cual, no dejaba de sorprenderme con sus casi delirantes experiencias.

La hipnosis había disparado sus recuerdos, que ahora se precipitaban atropelladamente en su mente. Estos recuerdos en ocasiones eran vanos, en otras, llegaban a originar reacciones violentas. Uno de esos sentimientos se producía al hablar de los implantes que estos supuestos extraterrestres dejan en el cerebro de sus víctimas.
-Me los pusieron a través de la nariz y de los genitales- afirmó sin vacilar.
-Creo que uno de ellos es para mirar exactamente cómo estás y dónde estás. El otro -continuó- es para emitirte órdenes de alguna manera, para manejarte y manipularte...

Muchos investigadores trataron de hallar inútilmente estos microaparatos en el cuerpo de sus sujetos de estudio, sin embargo, hasta bien entrado el año 1990 no se ha dado con ningún caso positivo. En esas fechas John Shuessler presentaba los resultados del análisis que el departamento de Genética del Hospital Wiston Churchill de Headington (Gran Bretaña) realizó sobre una muestra del ADN de un abducido. Los científicos descubrieron, a partir de ese análisis rutinario, una milimétrica plancha sólida rodeada por los cromosomas de la muestra. Los doctores incapacitados para resolver el enigma, solicitaron ayuda a través de la revista Nature y finalmente varias interpretaciones vinieron a "clarificar" el asunto.
Igual de espectacular resulta el caso de Richard Price, un neoyorquino que tuvo una abducción a la edad de ocho años junto con su perro. Durante el incidente le fue implantado uno de estos microchips en el pene. Treinta años más tarde este implante se fragmentó de forma accidental pudiendo ser estudiado por varias universidades norteamericanas, según informó Mónica Williams.

En los días que siguieron a la entrevista con Mariví, invertí una ingente cantidad de horas de trabajo en bucear en mi archivo para tratar de hallar antecedentes al caso que acababa de conocer. Mi mente se resistía a creer que aquella historia era tan sólo el producto de la influencia de las quince páginas que había leído de COMUNION. Era demasiado vívido, muy humano, como para tratarlo con ligereza y cargárselo de un plumazo.

Descubrí, no sin cierta sorpresa, que los visitantes de dormitorio no eran, ni mucho menos, un producto exportado de América. Antes de 1987, año de publicación de INTRUSOS y COMUNION, los archivos de la ufología hispana ya recogían casos sorprendentemente similares.
Visité el IIEE (Instituto de Investigaciones y Estudios Exobiológicos) que recogió en su día estos sucesos bajo el nombre de Casos J (La J era de "jodidos" bromeaba Ramón Navia, presidente de la asociación, mientras lo recordaba).

La Pobla de Montornes, Tarragona
Uno de los casos más paradigmáticos que Navia y sus colaboradores estudiaron, lo constituye el ocurrido el 11 de septiembre de 1977, en la urbanización "Castell de Montornés",en La Pobla de Montornes, provincia de Tarragona. Allí tuvo lugar lo que podríamos llamar un antecedente de los visitantes de dormitorio.
El testigo, que llevaba aproximadamente una hora dormido, se dio cuenta de que la pared opuesta a la ventana se encontraba iluminada en toda su amplitud. La franja fue ensanchándose paulatinamente, cosa que le intrigó. Extrañado volvió la cabeza para mirar la parte alta de la ventana, y entonces tuvo la sorpresa de hallarse frente a un ser que, inclinado, le observaba fijamente.
Vestía indumentaria similar a la de un "hombre rana", de color negro, dejando a la vista su rostro. Las vestiduras, muy ajustadas al cuerpo y a la cabeza; los ojos eran muy parecidos a los humanos, tal vez algo rasgados; la cara fina y triangular y los labios muy finos.
El testigo se vio preso de un inmenso pánico y, sin perder de vista a aquel ser, fue deslizando los pies muy lentamente hasta tocar el suelo. Se levantó de un salto y se abalanzó sobre la pared golpeando con los puños y gritando desaforadamente con el fin de llamar la atención de sus familiares al tiempo que el ser se desvanecía ante sus ojos.
Este episodio era más parecido a un contacto con otra dimensión, o a una mezcla de experiencias de aparecidos y reencarnación que a un "contacto extraterrestre" si no hubiera sido por el hecho de que algunos vecinos de la Pobla reportaran informaciones complementarias referentes al avistamiento de un objeto luminoso y al "crecimiento anormal" de algunos vegetales próximos a la casa.

También Ricardo Blasco relata el caso de Jacques Bordas.
Este pretendió haber sido adoptado por seres extraterrestres y tocado por otra energía. Desde su más tierna edad, Jacques Bordas acusó una propensión hacia el linfatismo. Era una auténtica bola de grasa. Una noche del mes de agosto de 1.923, Jacques, que por aquel entonces tenía 12 años, se hallaba tendido en su lecho y no podía conciliar el sueño. Estaba inquieto, preso de una algidez extraña, y sintió un deseo irrefrenable de levantarse e ir a la terraza. Finalmente se levantó y tomando una manta subió a la azotea de "Can Tena". Eran las tres de la madrugada.
Lo que sucedió después tiene, una vez más, toda la apariencia de una visión. Por el lado del mar aparecieron unos aparatos en forma de V, de aspecto metálico; su tamaño oscilaba entre los dos y tres metros. Uno de ellos se abrió en forma de abanico, dando la impresión de una extraña ave con alas extendidas. De su interior surgió un ser de apariencia humana.
Aquel ser se le aproximó. Apenas parecía tocar el suelo con los pies. El desconocido visitante tenía su misma estatura: un metro veinte centímetros aproximadamente.
-"Hemos venido a verte -le dijo- porque queremos que sepas que estás bajo nuestra protección...Tú serás un hombre fuerte, pero no sólo física sino espiritualmente. Te protegeremos."
"Su enigmático interlocutor -continua Blasco en su libro- extrajo un objeto de su pecho cuya forma era de un caramelo grande y cuadrado."
Tras comérselo el problema de Jacques Bordas empezó a desaparecer.

Resultaba inevitable pensar, a tenor de los casos estudiados, que existía una interacción entre el testigo y el fenómeno, como si éste último se aviniera a las necesidades físicas y psíquicas del individuo, o incluso de la sociedad. Según esta nueva perspectiva, el fenómeno ovni se adaptaría a nuestro sistema de referencias, arrastrando los fantasmas religiosos de nuestro pasado. El fenómeno estaría presente a lo largo de la historia y su aspecto cambiaría en función del contexto cultural y tecnológico en el que se desarrollara.

En estos últimos años, muchos de los que declararon haber sido abducidos, mantuvieron relaciones sexuales con los visitantes; ésta ha sido una fuente de inquietud entre ellos a pesar de que los contactos sexuales ya se conocían desde la más remota antigüedad.


-La estructura psicológica y cultural de los testigos se verá reflejada en sus relatos manifesté Javier asintió con la cabeza. No eran los "visitantes" quienes se transformaban a lo largo de la historia, sino nuestra visión de ellos.
Sierra, que se hallaba recopilando datos sobre una oleada en Estados Unidos ocurrida en el siglo pasado, me dio algunos datos complementarios.
-En la pequeña ciudad de Merkel, Texas, el 26 de abril de 1897, un grupo de personas vio un objeto que se arrastraba por el suelo. Era un ancla -prosiguió en su erudición- atada a una cuerda. Cuando levantaron la vista, vieron una "nave espacial" con ventanillas y todo. A los diez minutos descendió por la cuerda un hombrecito, cortó la cuerda y la nave se perdió en la oscuridad de la noche

El "Zar de las abducciones", así es conocido Hopkins en el ambiente ufológico, opina que suele ser muy útil relacionarse con un grupo de apoyo formado por otras víctimas del mismo hecho. "Frecuentemente -manifiesta en uno de sus boletines- empleo un sistema de compañerismo, técnica que ha prestado verdadera ayuda y consuelo a las personas que empezaban a explorar, mediante la hipnosis y otros medios, sus traumáticos encuentros ocultos".

Dolors trató de acariciar a la perrita, que revoloteaba a sus anchas en el salón, y ésta se revolvió hábilmente.
-Es muy esquiva- sentenció Mariví
-¿Siempre se han producido de noche las visitas? interrogué tratando de encauzar, de nuevo, la conversación.
-Normalmente sí, -contestó- excepto este año, que empecé a recordar "cosas" que ocurrían de día.
-¿Qué cosas? -pregunté intrigado.
-Pues mira, un montón de enanos andando por aquí, haciéndome la puñeta. Me faltaban horas y, de repente, me volvían a la cabeza imágenes, y decías, ¡Bueno!, ésto cómo encaja. Al principio -prosiguió- pensaba que era influencia de algún libro, de alguna película, algo. Tú estás investigando -sentenció- pero para mí es recomponer mi vida al revés, tener que darle sentido a un montón de cosas, y desechar lo que pueden haber sido alucinaciones, sueños, la lectura de un libro o haber visto un film.
Un montón de preguntas se aglomeraron en mi mente; se produjo un tenso silencio y, finalmente, espeté:
-¿Cómo diferencias lo real de lo ficticio?
-En la forma de sentirlo -afirmó convencida-. Cuando recuerdas algo que te ha pasado en tu vida lo sientes de una manera especial, te das cuenta de que aquello es realmente tuyo.
Me vino a la mente una frase de Manuel Carballal que parafraseaba al científico Max Plank: "Ver es creer, pero sentir es estar seguro".
-¿Hay algo "físico" que te ayude a diferenciarlo? -insistí.
-En ocasiones falta comida, agua, leche, pan; Albert creía que era yo que me despistaba...
-Y, ¿cómo sabes que son ellos?, ¿les tiendes alguna trampa?.
-Sí -afirmó con malicia-, antes sellaba las puertas para saber por cual entraban, echaba harina en el suelo para coger alguna pisada, ponía cacharros en la puerta... Como comprenderás -concluyó- era para volverse loca.
Por fin, Dolors intervino tímidamente:
-¿No les haces preguntas?
-Me las contestan con evasivas. Un día, por ejemplo, les pregunté cómo llegaban hasta aquí, y me dijeron: Tú tienes una inteligencia muy baja y no lo comprenderás.
-¿Nunca se han comunicado contigo mediante símbolos?
-La figura que yo asocio con ellos es el triángulo... En el "sueño" las naves estaban distribuídas en forma de triángulo, y en los juegos que me hacían siempre estaban dispuestos en forma triangular. Es la imagen que recuerdo.

La conversación se inició con un breve repaso a las experiencias que Mariví había relatado durante mi primera visita y que se habían producido alrededor de septiembre de 1968. Traté inútilmente de cumplir con el plan que me había autoestablecido, nuestra protagonista se empeñaba en contarme cosas relativas a su relación con los visitantes, con toda seguridad, para descargar la angustia que dichos episodios entrañaban.
-A mí no me tratan de igual a igual, -dijo Mariví- me tratan con una especie de sentimiento de superioridad, como yo puedo tratar a mi animal. Yo decido cuando come, cuando no come, cuando sale a la calle, cuando la tengo que poner vacunas; esa es la sensación que a mí me da. Yo soy algo que "ellos" están investigando. Ellos imponen las normas, los experimentos y si te gusta bien, y si no, también.

Esto terminó por romper mis esquemas. Comprendí que fuera lo que fuera lo que Mariví estaba viviendo, era emocionalmente real. Poco importaba como era la nave o, que morfología presentaban los seres o, si aquello era un sueño vívido o extraterrestres de verdad, lo importante era que precisaba comunicar, compartir, ser escuchada y creída.
Budd Hopkins opina que estas "emociones inapropiadas", tales como la tristeza o soledad, al final de una experiencia de secuestro traumática, en realidad pueden proceder de los visitantes, y no de los secuestrados.
-¿Todos los encuentros han tenido lugar en tu casa? pregunté.
-No, hace poco me ocurrió algo en Taüll.
Taüll es un pueblo del municipio de Barruera, en Lérida, formado por dos núcleos, uno en torno a la iglesia de Santa María y otro en torno a Sant Climent. Las dos iglesias son muy parecidas y ambas fueron consagradas en 1123 siendo de interés turístico.
-Pasamos la noche en un campo de alfalfa, -prosiguió- y creo que al salir a hacer alguna cosita por ahí me cogieron. Me llevaron a una nave y me inyectaron un líquido con una jeringa muy grande.
En el interior del ovni se le extrajo sangre del brazo con un instrumento que a Mariví le recordaba una antigua lámpara de un televisor.



También el camionero argentino Dionisio Llanca declaró que unos seres de cinco pies (aproximadamente un metro y medio) de frente alta y ojos oblicuos le extrajeron sangre de su mano derecha.
Dionisio Llanca tenía que transportar materiales de construcción, en su camión, entre Bahía Blanca y Río Gallegas. El sábado 27 de octubre de 1973, partió desde la casa de un tío suyo con el cual vivía y a la una y media de la madrugada pudo ver una luz amarilla que se había parado detrás de él por encima de unos árboles que bordeaban la carretera. Una luz lo paralizó y pudo ver a dos hombres y una mujer que se aproximaban a él.
Uno de los hombres le hizo una incisión en la mano derecha con un instrumento que, de momento, le pareció una maquinilla de afeitar.
Despertó cuarenta y ocho horas después en el Hospital Municipal de Bahía Blanca totalmente amnésico.
* * * * *

Volvamos de nuevo al caso de Mariví. En el desarrollo del rapto pudo ver, también, un mapa anatómico en el que se hallaban dibujadas unas líneas amarillas, rojas y azules. Recordó que le habían introducido una aguja larga y fina por el ombligo.
La célebre abducida Betty Hill describió la experiencia dolorosa que sufrió cuando le insertaron una larga aguja en el ombligo en una prueba que sus captores dijeron era un test de embarazo.
Diez años después de que Betty relatara este hecho, la medicina occidental utilizó un dispositivo similar al que denominó lamparoscopio. Es un tubo largo y flexible, que contiene fibras ópticas amplificadas para la visión interna. El proceso consiste en insertar el lamparoscopio por la cavidad abdominal de la mujer. La aguja contiene un gas -usualmente dióxido de carbono- para llenar el espacio y elevar así los órganos vitales.
Cuando ha localizado el pequeño óvulo, se inserta un segundo instrumento en el abdomen y se utiliza para recoger el folículo maduro mediante un proceso de succión. Los bebés probeta se inseminan utilizando este sistema.

Tras la experiencia, nuestra protagonista tuvo reacciones alérgicas a los antibióticos que, hasta entonces, tomaba sin ninguna dificultad con objeto de curar unas molestas anginas.
Apagué mi humeante Ducados antes de entrar a la carga con una nueva cuestión.
-¿Recuerdas como subías a la nave?
-Sí, a través de un tubo de luz -contestó-. Subo por el haz pero no uso las piernas.
La mayoría de los abducidos de alcoba recuerdan la ascensión por un compacto haz de luz, pero, sin embargo, no está nada claro cómo llegan hasta la nave, es decir, se desconoce el lapso entre la salida de la casa y la llegada al lugar en el que se encuentra posado el ovni.
-Cuando tiene lugar la experiencia, ¿no se despierta tu marido?
-No, las pocas veces que recuerdo tenerlo al lado durmiendo no se despierta y la perra, a veces, llora o protesta, pero no me puedo levantar a ayudarla. En un par de ocasiones -prosigue Mariví- que me he podido levantar la he visto con tres o tal vez cuatro enanos encima...
-Sujetándola -interrumpió Dolors que escuchaba con atención.
-... O haciéndole algo, y después no recuerdo nada más.
-¡Si el animal pudiera hablar!- pensé en voz alta.
Alcé la mirada y observé a Dolors algo inquieta, realmente preocupada por ayudar a Mariví.
-¿Has notado si estos seres tienen mayores problemas para acercarse a tí si piensas en positivo? -inquirió al fin.
-No influye. Únicamente he comprobado que si hay tormenta se van corriendo, también si hay ruidos en mi cabeza.
-¿Ruidos?
-Sí, pitidos o estallidos en los oídos -aclaró rápidamente.

Yo seguía interesado en averiguar hasta qué punto Albert era consciente de estos hechos, de modo que pregunté:
-¿Ha tenido tu marido alguna experiencia similar a las tuyas?
-Cuando tenía veinticuatro o, tal vez, veinticinco años le pasó algo en Puigcerdà.
-¿Un avistamiento? -sugerí inocentemente.
-No, estaba en la habitación de un hotel y, por lo visto, cerró los ojos; estaba despierto todavía y vió la imagen de unos extraterrestres, de estos rubios y guapotes, con un letrero que ponía: Ganímedes. Lo llamaban por su nombre y le dijeron que tenían algo importante que comunicarle, que pronto se pondrían en contacto con él.


Abducciones extraterrestres, 1de 5




Abducciones extraterrestres,  2 de 5




Abducciones extraterrestres, 3 de 5




Abducciones extraterrestres, 4 de 5




Abducciones extraterrestres, 5 de 5

(Fuente del video: Youtube https://www.youtube.com/watch?v=dTdvC0X0R-8 )




Regresión hipnótica de la abducción de Betty y Barney Hill . En este vídeo se reproduce la sesión de hipnosis a la que fueron sometidos este matrimonio, comprobándose el grado de terror que sintieron al ser sometidos a pruebas medicas por los extraterrestres.


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Nuestro conocimiento de las abducciones sería considerablemente menor sin la ayuda de la hipnosis. Cuando Barney y Betty Hill detectaron el lapso inexplicable de dos horas que padecían sus memorias, los investigadores del fenómeno ovni fueron realmente conscientes de que la hipnosis era una herramienta indispensable para la búsqueda del tiempo perdido. Supieron, además, que la mayor parte de las abducidos habían vencido el recuerdo de su experiencia traumática bajo una amnesia impuesta por los ocupantes de los ovnis. A esta sintomatología Budd Hopkins la denominó "missing time".

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No debemos asimismo olvidar que no todos los abducidos requieren de la hipnosis para recordar sus experiencias. Hopkins divide en cinco tipos las abducciones, en función del grado de conciencia que tiene el testigo:
TIPO I: El testigo recuerda la mayoría de su experiencia conscientemente.
TIPO II: Recuerda la llegada del objeto e incluso a sus ocupantes, pero existe
un desfase temporal inexplicable.
TIPO III: Permanece en el testigo el recuerdo de la aparición de entidades o humanoides vislumbrados en sueños o visiones.
TIPO IV: Sólo recuerda un período de tiempo o una dislocación espacial inexplicables.
TIPO V: No hay ningún recuerdo consciente que sugiera que hubo una abducción. Sólo indicios vagos a través de sueños agitados, ansiedad o cicatrices temporales.

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Los escépticos, casi siempre desinformados, argumentan que en los relatos rescatados a través de la regresión hipnótica se encuentran muchas incoherencias: "Si de veras una inteligencia exterior nos visita -dicen- y se supone es, al menos tecnológicamente, más avanzada que la nuestra, es improbable que sean tan parecidos a nosotros no sólo estructural y morfológicamente sino incluso en su forma de comportamiento". Sin embargo, a lo ya expuesto hay que añadir algo más. El lenguaje no es utilizado de igual forma en los diversos niveles culturales. Las personas de escasa cultura sólo pueden utilizar una mínima parte de las posibilidades del lenguaje y, al contrario, los escritores debido a su dominio del instrumento lingüístico, pueden utilizarlo para transmitir una mayor y más cualificada información. De este modo vemos cómo la formación cultural influye extraordinariamente en las posibilidades de comunicación.



En el capítulo anterior citaba el caso del camionero argentino Dionisio Llanca, al que le extrajeron sangre de su mano derecha, entre los dedos índice y pulgar, con un "aparato" que le pareció una "maquinilla de afeitar". Durante la hipnosis, Llanca identificó este instrumento. Se trataba de una bisturí de biopsias que pudo reconocer cuando la psicóloga Nora Milano le presentó uno. La elocuencia de este caso ilustra el planteamiento anterior  Pese a que el contenido de estos relatos es esencialmente humano resulta curiosa la coherencia argumental de los informes de abducción obtenidos o no a través de la hipnosis.

Para Antonio Ribera "resulta verdaderamente sorprendente que un camionero semianalfabeto como Dionisio Llanca cuente casi lo mismo que un cazador español abducido en Soria, o como un matrimonio norteamericano que fue 'raptado' cerca del Canadá...Todas estas personas no se conocían entre sí; estos episodios ocurrieron en lugares muy distantes unos de otros y en años diferentes; en una gran mayoría de casos, los abducidos no tenían conocimientos previos sobre el tema ovni, y en muchos casos lo ignoraban o no le prestaban la menor credibilidad. Todo nos lleva a pensar que las abducciones son experiencias reales fuera de la mente de los testigos".

Aparte de la semejanza entre los informes, en algunas regresiones hipnóticas se han producido hechos... "curiosos"; por ejemplo, durante las posteriores indagaciones hipnóticas dirigidas por el investigador José Antonio Campaña sobre el sobradamente conocido Julio F. revelaron, además de documentación, un aspecto hasta entonces inédito; el hecho de que, durante algunas sesiones hipnóticas, Julio parecía hacer de "enlace" entre los extraterrestres y quienes le investigaban.
A raíz de aquellos sucesos, Campaña llegó a investigar nuevos casos de abducción que parecían relacionarse con las entidades que secuestraron a Julio.

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Mientras muchos de ellos creen haber sido sometidos a alguna suerte de manipulación cerebral, otros sienten como si hubiesen desarrollado un nuevo cuerpo o una nueva personalidad.
En el diario madrileño Pueblo se contaba la historia de Don Miguel Herrero Sierra que fue abducido en diciembre de 1977 mientras se desplazaba por la carretera a Entrepeñas al desvío de Peñalver, provincia de Guadalajara.
El Sr. Herrero fue elevado a través de un potente haz de luz hasta un objeto de cincuenta metros de diámetro, y llevado a una sala circular completamente iluminada en la que pudo ver cónsolas y monitores de televisión; se extrañó al ver que de espaldas a él se encontraba un hombre que era exactamente su doble. Dejemos que sea el propio Miguel Herrero el que nos cuente lo que sucedió:
- Entonces, como digo, fue cuando me llevé un susto gordo. Mi primera reacción fue la de acercarme a él pensando que se trataba de un espejo y, entonces, fue cuando no me dejaron ir porque me dijeron que no podíamos entrar en contacto, ya que él era algo así como mi negativo.

Si aceptamos al pie de la letra el testimonio de Miguel Herrero, una raza de extraterrestres estaría infiltrada entre los seres humanos con oscuros propósitos. Budd Hopkins en su libro MISSING TIME manifiesta: " Para mí, la conclusión es ineludible: ellos (los extraterrestres) están ya aquí ... aunque no quiero creerlo y me siento muy sobrecogido por ello, pienso que es verdad: los extraterrestres nos han estado observando, en nuestra inocencia, durante muchos años". También el periodista español Juan José Benítez manifestaba tras la investigación de un caso en Conil de la Frontera (Cádiz 6/10/1989): "Ellos están aquí, infiltrados como una 'quinta columna'".

Tras pedir un café con leche localicé a Dolors y me senté junto a ella.
-Hola, ¿cómo estás? -pregunté cordialmente.
-Muy bien, ¿y tú?
La noté inusualmente callada, cogió con su diestra un cigarrillo y lo dirigió a su boca temblorosamente.
-Tengo que contarte algo, pero me da corte -dijo al fin.
-¿Quieres jugar a adivinar el pensamiento? -pregunté cínicamente.
-No es nada importante... Sólo un sueño -me explicó.
-Bueno, pues cuéntamelo.
Con parsimonia propia del que quiere acaparar mayor atención, dirigió la taza a los labios, bebió un sorbo y empezó a hablar:
-Verás, soñé que me encontraba en una "nave" o un "avión" de material parecido a la madera.
Fruncí el ceño y esbocé una irónica sonrisa.
-Habían unos seres muy altos -continuó-, de unos dos metros, con mentón cuadrado, labios prominentes, ojos rasgados, grandes y azulados, sin vello en el rostro y absolutamente calvos. Sus dedos eran, igualmente, largos y sin uñas ...
-Puede que estés sugestionada por los últimos acontecimientos que has vivido recientemente. Todo ésto es nuevo para tí -sugerí.
-No sé, es una sensación extraña que me hace pensar que ésto no es sólo un sueño ... En esta vivencia -insistió- veo a Próspera Muñoz sentada y condescendiente con ellos, y le dicen que si quiere que la devuelvan debe tomarse una cápsula para olvidarlo todo ...


Prospera Muñoz
 El caso de Próspera Muñoz es el primer suceso español de abducción del que tenemos constancia. Ocurrió durante el verano de 1947 (recién entrada la era de los ovnis) en Jumilla, un pueblo de la provincia de Murcia conocido por sus vinos. Hoy recuerda lo sucedido con nitidez; "Estábamos en una finca propiedad de mi tío a las afueras de Jumilla y que se llamaba Villa Próspera. (La casa estaba erigida en su nombre por ser la más pequeña de la familia). Mi hermana advirtió la presencia de una especie de coche redondo del que bajaron dos seres bajitos, de grandes cabezas, quienes nos advirtieron que aquella misma noche volverían a por una de nosotras". Y así sucedió a tenor de lo que Próspera siguió relatándome: "Aquellos enanitos me llevaron a una enorme nave discoidal donde fuí examinada por sus ocupantes y me implantaron un microaparato en la base del cuello". Próspera tardaría casi treinta años en recordar los sucedido, sería a través de la lectura de un libro de nuestro "papi" ufológico Antonio Ribera el que dispararía todos sus recuerdos.
Recomendamos la lectura del libro de Antonio Ribera "En el túnel del tiempo" Editorial Planeta, pág. 58-71 o el trabajo de José Ruesga "Próspera Muñoz: un caso muy divulgado y poco conocido" Cuadernos de Ufología, número 4.

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Se nos había hecho tardísimo. Con rapidez nos dirigimos a la sala de conferencias y accedimos al auditorio por unas escaleras revestidas en terrazo y rodeadas por enormes ventanales de cristal tintado que propiciaban la visión de un patio interior repleto de comercios. Manuel Carballal nos buscaba con impaciencia, la jornada tenía que empezar. Tras mi conferencia, como de costumbre, fuí abordado por varias personas que de una forma más directa querían que les resolviera sus propias experiencias.
Un matrimonio de Orense me contó que su hijo había descrito a un ser de piel rojiza, huesudo, con brazos largos y ojos negros y brillantes. Al parecer este ser se arrodilló al pie de la cama y le dijo: "Tú me esperabas, aquí estoy".

En pocos días y gracias al programa de Julio César Iglesias en la Cadena SER, Javier y yo pudimos conocer varios casos más a lo largo y ancho de la península ibérica.
Desde Vitoria una comunicante nos informó que, tras acostarse a eso de las once y media, oyó un grito que provenía del dormitorio de su hijo, de 23 años. Cuando le preguntó qué había ocurrido le dijo que había visto un ser que no era capaz de describir.

En ocasiones la aparición de estas entidades venía precedida de un extraño resplandor.
Marga, una joven valenciana de veinte años, se despertó una noche a causa de esa luz. Al abrir los ojos, pudo ver a los pies de su cama a un ser con la cabeza más grande de lo normal y mirada acechante. Antes de perder su recuerdo consciente, describió unos ojos negros y profundos.
Los mismos ojos negros que recordaba un joven de quince años, natural de Irún, y que otorgaba a sus visitantes nocturnos un aspecto siniestro.

Tal y como esperábamos, la divulgación del fenómeno trajo consigo su extensión, y, en buena medida, nos ayudó a comprender lo que debió de sentir Strieber cuando, tras la publicación de su obra Comunión, confesó haber recibido más de ocho mil cartas de sus lectores. A esta cifra, ya escalofriante de por sí, habría que añadirle las miles de cartas con relatos similares que recibió Hopkins y además los resultados de las diversas encuestas que la prensa, radio y televisión han realizado para constatar la terrible dimensión de estos  hechos.

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Uno de estos controvertidos episodios fue investigado, en junio de 1985, por Budd Hopkins. Se trataba de la experiencia de una neoyorquina de 44 años que protegía su identidad con el nombre de Andrea.
Esta mujer nunca se había sometido a hipnosis, pero recordaba varios encuentros de su niñez en los que extraños seres la manipulaban. Uno de estos recuerdos aludía a una pequeña figura de piel grisácea y ojos negros que se hallaba en su alcoba manipulando su pecho.
A la edad de 13 años quedó embarazada, sin que mediara relación alguna con un chico. Sólo recordaba la entrada de algo fino y afilado en su vagina y que la inundaba y encendía. El ginecólogo John Burger, del Perth Amboy Hospital de New Jersey, que tuvo la oportunidad de explorar a Andrea, constató que el himen estaba todavía intacto; continuaba siendo virgen. El feto le fue precozmente extraído y los secuestradores dijeron estar creando una raza híbrida con ellos.

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La experiencia que tres norteamericanas sufrieron la noche del 6 de enero de 1976 es un paradigma de la adaptación de la estructura propuesta por Méheust a los tiempos modernos:
Louise Smith de 44 años, Elaine Thomas de 48 y Mona Stafford, soltera y amiga de las dos desde hacía sólo unas semanas, se dirigían en su "Chevrolet" del 67 a Liberty (Kentucky).
Alrededor de las 23,30 h., mientras conducían en campo abierto, observaron el descenso, de derecha a izquierda en su visual, de un objeto ígneo. Perdieron el control del automóvil y éste, envuelto en un haz de luz azulada, comenzó a flotar. Las peculiaridades no terminaron aquí. Las tres mujeres sintieron un punzante dolor de cabeza y perdieron la conciencia. Ya en casa de Louise Smith, observaron que tenían una marca roja en el cuello, los ojos inflamados y lagrimosos.
Dado que recordaban fragmentos de vivencia extrañas, decidieron consultar a un psicólogo que, mediante hipnosis, puso en evidencia un fenómeno de abducción. Los raptores eran de corta estatura y tenían ojos oblicuos, dedos largos y piel grisácea. Separaron a las tres mujeres y las llevaron a una especie de cueva en cuyo interior reinaba un calor sofocante.
Las abducidas fueron sometidas seguidamente a un escalofriante examen médico. Les sujetaron los brazos con horquillas en sendas mesas, y les rociaron el cuerpo con líquido caliente y pegajoso.
Sacaron los ojos de Mona Stafford de sus órbitas, los examinaron y los volvieron a colocar en su sitio. Las tres mujeres nunca supieron cómo regresaron al coche.

Este no es, paradójicamente, un caso aislado. Las experiencias vividas por Miss Shane Kurz, la popular cantante Sandy Larson o por Marlene Travers son otros exponentes significativos. Por no citar a Antonio Villas Boas, el colombiano Liberato Aníbal Quintero o el catalán Xavier C. que, en versión masculina, coinciden con la estructura del relato.

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Supe lo que la ocurría al término de una de las sesiones de trabajo. Sentados en un céntrico café, próximo a la sala de conferencias, Judith, con ojos vivos y el habla desgarrada, me contó el inicio de una amarga experiencia sucedida en verano de 1990 mientras regresaba a casa. Había dejado a los niños en el colegio y en la curva de salida de la autopista divisó una niebla muy espesa:
-"Fue una cosa tan imprevista -recuerda- que no me dio tiempo a frenar y me metí de lleno. Ya no recuerdo nada hasta que aparecí en la Caldera de los Marteles, en la carretera que va de Telde a la Cumbre."
Este lugar de bello paisaje se halla a unos treinta kilómetros de distancia y se accede a él por una estrecha calzada que discurre sinuosa entre dos pronunciados barrancos.

Caldera de los Marteles, Gran Canaria, España
Judith, aturdida, despertó sentada al volante de su veterano Renault 5, cuando un desconocido automovilista, preocupado por su estado, golpeó insistente la ventanilla del automóvil.
Completamente desorientada se preguntaba una y otra vez cómo había llegado hasta allí. ¿Habría tenido algún accidente? No lo recordaba. Vencida la confusión inicial temió quedarse sin combustible. Cuando Judith entró en la niebla tenía menos de un cuarto de tanque, pero ahora, paradójicamente, el nivel de gasolina había aumentado: ¿Cuándo y dónde había repostado?
-" Salí a recorrer las tres gasolineras que hay entre la Garita y la Caldera de los Marteles -recuerda Judith excitada- y en ninguna supieron decirme si yo estuve allí aquella mañana.
Además -concluye- el dinero de mi bolso estaba intacto...”
Judith llegó a la cumbre en algo menos de media hora, ¿cómo había llegado hasta allí si en circunstancias normales se tarda aproximadamente el doble?

Para evitar despertar las sospechas de Juan realizamos la hipnosis en casa de Ana. Ana es una mujer robusta, de pelo oscuro. Vestía una blusa blanca y unos tejanos ajustados que acentuaban la redondez de sus glúteos y cada una de las curvas de sus muslos. Pero el rasgo más llamativo de su persona son sus ojos, oscuros y vivaces dotados de un extraño poder de atracción.
Entramos juntos en el salón. Ana corrió las cortinas para amortiguar la luz. Judith se dejó caer en el sofá con brusquedad y soltó una lacónica carcajada para esconder su temor. Me quité la chaqueta y me acerqué hasta ella.
- Tranquila, no va a sucederte nada -le espeté-.
-No tengo miedo a la hipnosis -me dijo- sino a lo que puede salir en ella.
-Comprendo -respondí-. ¿Estás preparada?
Judith asintió con la cabeza mientras Ana sostenía la grabadora y se dejaba caer con agrado en una confortable silla.
-Mírame fijamente a los ojos -le ordené-. Siente como tus párpados pesan... Mi voz fue adquiriendo un ritmo acompasado y monótono y las extremidades de Judith fueron relajándose lentamente.
-Te pesan los párpados. Tienes sueño..., ahora empezaré a contar hacia atrás, de treinta a uno. Cuando yo diga uno, tus ojos se cerrarán por completo y quedarás sumida en un sueño profundo... veintinueve, tus ojos se cierran ... veintiocho ...
Cuando la cuenta llegó al diez, Judith estaba sumida en un dulce sueño. Ana miraba perpleja la escena; el silencio era tal que podía escucharse, sin dificultad, la respiración regular y pausada de nuestra protagonista.
-Ahora duerme profundamente -le ordenaba mi voz susurrante- sólo puedes escuchar mis palabras.
Y a continuación, añadí, tratando de acercarme a su inconsciente:
-Quiero que vayas a un momento muy feliz de tu vida.                                                   
Judith empezó a sonreír y Ana desplazó su mirada hacia mí:
-¿Qué estás haciendo? -interrogué. Y empezó a relatarnos con dificultad una anécdota vivida en el hospital donde trabaja.
-Ahora -le dije- quiero que retrocedas hasta el dieciséis de junio de 1990. Has dejado a                   los niños en el colegio. Viajas por la autopista, ¿lo recuerdas?
-Sí -dijo con voz gutural-.
-Al salir de la autopista -añado- ves mucha niebla, ¿te metes dentro?
-No -susurra temerosa.
-¿Qué ocurre? -pregunto.
-Veo un haz de luz muy grande sobre el coche... ¿Qué pasa? ...
-Continúa, ¿qué sucede? -demando ansioso.
-No lo sé, es como si algo me llevara hacia arriba, como si subieras en un ascensor, muy rápido. El volante -continúa- gira, pero el coche no va para adelante.
-¿Hacia dónde va el coche?.
-Arriba... (Suspiros) Estoy extrañada ...
-¿Dónde estás?

-Sigo estando en el coche, pero dentro de una habitación circular muy grande... En el coche hay una luz muy blanca, muy intensa. ¿Qué pasa? ¿Quién está moviendo el coche?
...
-¿Se balancea? -interrumpí.
-Sí, no puedo ver quien mueve el coche, tengo mucho miedo, no sé lo que pasa. Para tratar de calmarla busqué sentimientos positivos que involucraran a su inconsciente. El intento fue vano. La viveza de los recuerdos iba "in crescendo" y con ellos crudeza y llanto.
-¿Qué es?- sollozaba- ¿Qué es Dios mío?! ¿Qué es eso?... -¿Qué forma tiene eso? -interrumpí- ¿es otro coche?
-No- respondió jadeante.
-¿Se trata de más luz?
-No, es una forma, baja...simplemente asoma por encima  del capó del coche...¡Quiero que se vaya!, me mira...
-¿Cómo son sus ojos?
-No quiero saber nada de "eso", quiero que se vaya.                 
-¿Te ha hecho algo?
-Sólo me mira con esos ojos profundos.
-¿Estas todavía dentro del coche?
-Si...-respondió susurrante.
-¿Está parado?
-Sí
-¿Cómo se ha parado?-insistí.
-No lo sé, tampoco sé qué hago yo aquí.
Judith empezó entonces a temblar y a convulsionarse. Ana me miraba asustada y con un ademán traté de tranquilizarla.
-¿Tienes miedo? -persistí en el interrogatorio.
-Si, mucho. Tengo frío...Quiero que se vaya, no sé porque tiene que mirarme así.
-¿Cómo te mira?
-Es como una mezcla de... odio y... como si se burlara. No me dice nada sólo me mira.
-Bueno, relájate...
-Se han abierto dos puertas, ¿de dónde han salido esas puertas? ... ¿Qué hago yo aquí? ¡Dios mío! ... (larga pausa) ¡Hay más! -gritó- ¡Dios mío! ...
-¿Por qué sientes miedo? -me apresuré a preguntar- ¿Son muchos? -añadí.
-Se está abriendo una puerta muy grande, es como si ellos lo llevaran, pero no están aquí en el coche, no puedo hacer nada, no puedo moverme.
-¿Cómo es esa sensación? -pregunté.
-Es como si estuviera inmersa en hielo.
En aquel preciso instante Judith empezó a temblar como si, efectivamente, estuviera helada. En su cara podía distinguirse con claridad una expresión de terror. Bajo nuestra atenta observación nuestra insólita protagonista continuó en los siguientes términos la descripción de su experiencia.
-Están alrededor del coche, se ríen, pero no con la boca... ¿Eso qué es? Es más grande que los otros y me da más miedo. -¿También tiene los ojos "profundos" como los otros?
-Mucho más, es horrible.                                                                                                                               
-¿Cómo es?
-Es alto -respondió escuetamente.
-¿Tiene pelo?
-No.
-Y su cabeza, ¿es normal?
-No, se parece a un hombre pero es horrible.
-¿Por qué?
-Su cara, parece... parece... y los ojos... no es posible.
-¿Bajas del coche?
-Me han bajado, me han cogido entre todos, me llevan en una camilla.
Judith empezó a mover la cabeza al tiempo que sollozaba de impotencia ante los recuerdos que su mente iba rescatando.
-¿Qué estás viendo, Judith?- pregunté de nuevo.
-Es un pasillo muy largo, lleno de luces, son hexagonales, me llevan... Pero ese ser está ahí mirándome, no sé a dónde me llevan.
-Ese pasillo, ¿es más largo que el del hospital donde trabajas?
-No, hay una puerta al fondo, es redonda, gris, y se abre y se cierra a los lados.
-¿Ves algo en esa puerta?
-Estamos llegando a ella -me dijo con tono de preocupación.
-¿Llegas a otra estancia?
-Sí -asintió.
-¿Cómo es?
-No hay nada -dijo sorprendida. De repente, Judith puso una expresión hosca en su cara y exclamó: Está diciéndome algo ...
-¿Qué? -pregunté ansioso.
-Que no tenga miedo -dijo abatida.
-¿Te lo ha dicho con su voz?
-No tiene boca.
En muchos casos, el intercambio de información entre los supuestos extraterrestres y el abducido se produce a través de la telepatía, una facultad que muchas personas han desarrollado y que, procedente de la parapsicología, ha sido incorporada al folklore de las modernas abducciones.
-¿Y cómo te lo ha dicho?
-No lo sé.
-Pero tú le entiendes.
-Sí. Ha entrado otro, parece ... Estoy más tranquila ...
-¿Cómo es este?- le pregunto.
-Lleva un mono rojo.- sentencia.
-¿Distingues algún emblema?
-No.
-¿Cómo son sus manos?
-largas- susurró, -tiene cuatro dedos largos.
Judith de pronto empezó de nuevo a inquietarse, a convulsionarse. Ana no salía de su asombro, no podía ni imaginar que aquello podía estar sucediendo realmente. Tras unos segundos, nuestra testigo empezó a describir los objetos, que en  principio no distinguía, y que, sin embargo, se hallaban en la extraña habitación.
-Parece que hay ordenadores- dijo dubitativa -tienen teclas pero son más grandes de lo
normal.
-¿Sigues estirada en esa camilla?- pregunto con mala intención para intuir su eje de observación.
-Sí.
-Entonces, ¿Cómo distingues los ordenadores?
-Porque están más altos que yo- explica.
A continuación describe balbuceante como uno de estos seres se aproxima a ella y empieza a aterrorizarla...
-¡Un casco!- grita desaforadamente -¡Yo no me lo quiero poner, no puedo moverme.

Francisco Padrón
El testimonio de Judith tiene extrañas analogías con el caso de otro abducido canario, Francisco Padrón a la sazón locutor de radio y publicista que, junto a un nutrido grupo de amigos, llevaban a cabo, al igual que nuestra protagonista, experiencias de contacto a través de la OUI-JA. La experiencia tuvo lugar el 9 de junio de 1975 en la Playa de la Tejita (Tenerife). La laguna de 35 minutos fue resuelta a través de las hipnosis efectuadas por el finlandés Dr. Pentty Raaste demostrando que José Manuel Santos, Francisco Padrón y Emilio Bourgon fueron llevados a bordo de una nave donde se les colocó un casco del que salían 23 cables.(Benítez, Juan José."100.000 Km tras los OVNI". Pag 227. Plaza & Janés Enero 1978).



El dato del casco, sin embargo, no es patrimonio exclusivo de los casos canarios. El 8 de diciembre de 1978, Fortunato Zanfretta, un vigilante jurado que efectuaba su ronda en la zona de Torriglia (Italia) fue secuestrado por los ocupantes de un OVNI. El contenido de las hipnosis, efectuadas por el Dr. Moretti, que incluso fueron emitidas por la RAI, guarda insólitas concomitancias con el episodio relatado por Judith. No sólo por el hecho de la colocación del casco, sino por otros detalles, tales como el movimiento del volante mientras era subido por el haz de luz, o la espesa niebla con la que tomó inicialmente contacto. Asimismo Zanfretta relata pasar mucho calor mientras tiene lugar la experiencia. (Di Stefano, Rino. "Luci nella Notte. Ufo: il caso Zanfretta" Pag 41. Ed Alkaest, Génova 1984)

Este fue uno de los instantes de mayor tensión en la sesión, Judith realmente con el habla desgarrada y entre sollozos seguía reviviendo aquello que permanecía oculto en lo más íntimo de su mente.
-Vamos relajate, tómate el tiempo que necesites...
-Han quitado la parte de atrás de la camilla- dijo de forma más tranquila tras unos segundos de tenso silencio.
-Y qué ocurre ahora...
-Tengo la cabeza colgando...¡No quiero que me toque!...Tengo mucho calor...Siento como si me fuera a desmayar.
-¿Tienes puesto el casco? -pregunto con rapidez
Judith asintió con innatural quietud.
-Descríbeme ese casco.
-Es de color rojo, y alargado como el gorro del Papa. Tiene unos cables -continúa- que salen de la parte baja, son como los electrodos. (lógicamente Judith asociaba muchas cosas con los materiales que ella utiliza en el hospital).
-¿Dónde están conectados los electrodos?
-En el pecho. Estos electrodos -explica- van a controlar mi frecuencia cardíaca.
-¿Qué ocurre a continuación?
-Me molesta la cabeza... uno de los monitores de los ordenadores, está registrando las oscilaciones cardíacas...
-¿Es una línea que sube y baja?- pregunto inocente.
-Sí. (larga pausa) Escucho un zumbido dentro de mi cabeza. Ahora -prosigue- han entrado otra camilla, no hay nadie en ella, la colocan al lado de la mía... Vuelvo a tener calor. Otra vez está ahí ese ser...
-¿Qué hace ahí?
-Lleva algo en las manos- explica.
-Describe ese objeto.
-Es una varilla metálica,... ahora se van todos los "bajitos" y se queda el alto, es como un esqueleto, como si sólo tuviera piel y huesos.
-¿Está haciendo algo con la varilla?- demando ansioso.
-No puedo verlo, está vuelto de espaldas... Ahora entra otro. Ambos se acercan, se inclinan hacia mí, me están quitando el casco. Van a la vitrina donde estaba el casco, ahora hay más cosas, no sé como lo hacen... No puedo verlo bien, está un poco alejado, parece instrumental. -¿Qué ocurre ahora?
-Los dos tienen una varilla en la mano, tiene una bolita en la parte superior, parece que brilla.
Una larga pausa motivó una nueva situación de tensión. Ana me miraba impotente y revolviéndose en la silla fijó de nuevo la mirada en el rostro de su amiga.
-Con las varillas -explica al fin- bajan de arriba una especie de reloj. No es un reloj,- añade- pero se le parece. ¿Qué será?...está dividido como una esfera de reloj, pero no sé lo que es.
-Estos seres, ¿dónde están, uno a cada lado?
-Sí, y se mueven al unísono.                            
-Cuéntanos qué ocurre a continuación.
-No veo nada, la habitación se ha oscurecido. Sólo hay una pequeña fosforescencia. Ese objeto se mueve de pies a cabeza a pocos centímetros de mi cuerpo.
La verdad es que lo que nuestra testigo estaba describiendo parecía, en realidad, un escáner. Durante algunos minutos siguió relatando aspectos de esa "exploración" y de cómo esos seres volvieron a colocar el "reloj" en su sitio con la ayuda de las varillas.
-Frente a mi pasan unas... diapositivas de forma muy rápida.-explica.
-¿Retienes alguna imagen?
-Sí, es como un hangar muy grande, parece un hangar.

Durante algunos minutos más Judith describió varias "diapositivas" más. Su respiración y su ritmo cardiaco se estabilizaron. Su siguiente recuerdo acontecía en el lugar donde apareció. Había trascurrido casi una hora y media desde el inicio de la sesión. Me desabroché uno de los botones de la camisa y a continuación, viendo que los datos empezaban a ser insustanciales en lo referente al contenido decidí trasladarla en el tiempo.
-Bueno, tranquilízate. Quiero que te relajes y que viajes de nuevo en el tiempo. Quiero que recuerdes lo que sucedió en la noche del 13 de febrero de 1990, el miércoles que viste una luz en tu habitación ...
-Me voy a levantar a ver de dónde viene la luz,-recuerda- me dirijo a la ventana de la habitación. No hay coches, no hay luna, pero entonces, ¿qué es esa luz?. ¡Juan, Juan, despierta! ... Voy a ver a la otra ventana (se refiere a la habitación de los niños).
-¿Sigues viendo la luz?
-Sí -respondió-. Es como una burbuja, grande ... ¿Qué es eso?
-¿Qué?
-Parece que hay algo al lado de la puerta, como la sombra de un niño. Es muy pequeño.
Una sensación extraña recorrió todo mi cuerpo y erizó mi vello pensando en la figura que pude ver la noche anterior. ¿Me estaba volviendo loco o esos seres existían de verdad?, o ¿todo era fruto de nuestra mente, una proyección, una necesidad interna?.
-¿Puedes moverte?
-No. Me llama -añade- y no puedo moverme.
-Experimentas paz y tranquilidad. No ocurre nada. ¿Te has ido con ese ser?
-Sí, pero no sé cómo.
-¿A dónde?
-Esto es un sueño ... Pero tengo miedo. Subo las escaleras -continua- y en la terraza hay cinco más. ¡Todos con mono rojo!.
-¿Cómo son?
-Tienen la cabeza grande y tienen cara de viejo. Los brazos -dice- son demasiado largos para lo pequeños que son. Que sueño más tonto... -expresa con expresión de perplejidad.
-¿Eso es un sueño?- pregunto mientras me meso la barbilla.                                                                                                                                              
-Qué va a ser sino, me fuí a dormir hace un rato ¿no?.
-¿Dónde estás?- pregunté de nuevo
Judith empezó de nuevo a agitarse y sus ojos volvieron a humedecerse...
-¡No lo sé!- contestó al fin -quiero irme, quiero que me dejen...
-Está bien, tranquilízate, lentamente irás regresando...
Cuando salió del trance, Judith se sentía estupendamente. era como despertar de una siesta profunda y reparadora. Se incorporó, dibujo una sonrisa y bostezó mientras se restregaba los ojos.
-Con el tiempo -le dije- irás recordando el contenido, pero necesitaremos realizar más sesiones.

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A continuación decía: "Las lágrimas pugnan por salir, pero mis hijos están conmigo y no puedo mostrar mis sentimientos ante ellos. Sólo deseo poder hablar con alguien que me entienda que pueda vaciarle todo lo que llevo dentro: mi inquietud, mi miedo, mi incertidumbre, incluso, mi temor a un estado de desequilibrio mental..."
Sentimientos parecidos a estos habían impulsado a decenas de personas a compartir sus experiencias en reuniones organizadas. Sin embargo, para Judith, tales pensamientos eran el preludio de otra experiencia desgarradora. Así era. La noche del 29 al 30 de marzo se despertó cerca de las dos de la madrugada y pudo ver una luz en la habitación. "Mi reacción fue más de enfado que de miedo" -escribía. Una bola de color blanco-amarillento del tamaño de un balón, paseaba tranquilamente por el dormitorio.
"Subía, bajaba, iba de un lado a otro. El perro, en la planta baja, no dejaba de aullar.
Juan y los niños ni se enteraban. Me dio la sensación de que la luz realizaba un chequeo completo a la habitación". ¿Era este el sentimiento de vigilancia que sentía un paranoico?, recordé la sonrisa somera y fugaz del doctor Sánchez, la sonrisa de un médico que simpatiza con tu caso pero que te trata como a cualquier otro paciente. No, por supuesto que Judith no era paranoíca al menos eso indicaban los test.
"Mientras duró la experiencia -continuaba el escrito- sentí un fuerte olor a azufre y una sensación de inmovilidad, el tiempo discurría como si ya careciese de sentido". Podía notar la tensión en su mano ahora las palabras eran más largas en su trazo: "Tan de súbito como apareció -concluía-, desapareció desvaneciéndose ante mis ojos. Me quedé sentada en la cama, asustada, indignada, hasta que escucho unas voces, miro hacia la puerta y distingo la silueta de cinco pequeños 'enanos' que parecen deliberar sobre algo. Ese es mi último recuerdo. Al día siguiente desperté con un profundo dolor de cabeza."

En ocasiones, al despertar, había encontrado pedacitos de hierba y arena volcánica en la cama como si hubiera paseado descalza por el campo y luego al tenderse en la cama los pequeños trocitos se hubieran desprendido de su piel. En otras notaba molestias en su nariz y descubría que había sangrado, como si le hubieran colocado durante la noche una sonda nasogástrica.

El escritor y periodista, Josep Guijarro Triadó

1 comentario:

  1. Hola. Interesante artículo. Una pregunta. ¿crees que nosotros estamos carentes de moralidad cuando "raptamos" un delfin y le inywctamos un localizador despues de extraerle fluidos y hacerle pruebas? ¿si el futuro de la humanidad dependiera de estas pruebas medicas a otros seres vivos....las harías? Yo si sin dudarlo. Que yo sepa todos los abducidos han vuelto para contarlo y jamas se ha visto intencion inmoral en las pruebas medicas. Incluso investigando he localizado en Ecuador a una pareja que accedieron de buena gana a ayudar a estos seres en su problema genetico lo cual se traduce a una experiencia mas agradable. Ver video en youtube buscando "abduccion ecuador". Es cierto que no ha todos se les pide permiso pero seguramente no tengan mucho tiempo de realizar las pruebas sin que un caza de combate les envie un misil que diga " bienvenidos al planeta tierra".

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