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sábado, 31 de mayo de 2014

Un cable verde salía por debajo de los calcetines, incrustándose en la carne. Tendría una estatura de 1,75 metros, cabeza pequeña, piel blanquecina, miembros muy delgados denotando una fuerte constitución: Los Hombres de Negro y el fenómeno Extraterrestre.

Un cable verde salía por debajo de los calcetines, incrustándose en la carne. Tendría una estatura de 1,75 metros, cabeza pequeña, piel blanquecina, miembros muy delgados denotando una fuerte constitución: Los Hombres de Negro y el fenómeno Extraterrestre.



Antes de mencionar a los Hombres de Negro, ( Esos personajes siniestros y de aspecto aparentemente humano, cuya misión es coaccionar y amenazar a testigos del fenómeno OVNI, asi como a escritores e investigadores justo cuando trataban de explicar a la opinión pública la innegable realidad extraterrestre en el planeta Tierra), deberíamos recordar muy brevemente que el Universo se rige por ciertas normas que invariablemente terminan cumpliendose sin excepción: Una de ellas nos dice que el mal siempre se autodestruye (Es una Ley Universal implícita a la propia evolución de todas las especies que pueblan cualquier planeta habitado y que afecta tanto a los individuos como a las civilizaciones que los acogen, por ello, aquellas criaturas que tratan de “implantar el mal” ó tal vez lo promueven, terminan invariablemente sucumbiendo a si mismos.


Es un hecho que la evolución en sí misma necesita de unas condiciones “benignas” para desarrollarse, ya que el fin último del milagro de la vida lo encontramos en una búsqueda de respuestas que inherentemente se plantean frente al milagro de la propia Creación, un camino que llevaria a todas las criaturas conscientes hacia el fin ultimo de la Suprema Fuerza Creadora y que por razones lógicas, es la cúspide del bien. Invito a cualquiera a que ojee un libro de historia y analice el discurrir de las diferentes civilizaciones y rapidamente se dará cuenta que siempre las sociedades más sanguinarias, todas han sucumbido; grupos humanos dirigidos siempre por individuos locos y desalmados tales como Hitler, Atila y otros han perecido en un lapso de tiempo relativamente corto, como si la historia no dejase de insistir sobre esa lección que nunca deberíamos olvidar. Si observamos esta ley a nivel individual, veremos también como inequivocamente el mal siempre autodestruye a todos aquellos individuos que eligen un camino que se aleje de la lógica correcta y por ello, drogadictos, alcohólicos, traficantes, pederastas, criminales,… todos terminan autodestruyendose.) De este modo, los Hombres de Negro, personajes que han elegido el camino indebido, tarde ó temprano sufrirán esas mismas consecuencias que genera su propia maldad ya que nunca debe cercenarse el conocimiento de otros seres y de ningún modo, su libre albedrío, aunque aparentemente, estos siniestros personajes se crean en posesión de poder decidir sobre el destino de otras criaturas que consideran inferiores.

¿Quiénes son los Hombres de Negro? ¿Por qué insisten en romper el Libre Albedrio? ¿Qué fines oscuros persiguen? Reconozco que son preguntas difíciles de contestar, por ello he recurrido al libro Los Verdaderos Hombres de Negro del genial investigador argentino Fabio Zerpa quien lo explica a la perfección en su libro.


Básicamente, estos personajes vestidos con ropas oscuras podríamos situarlos en unas pocas hipótesis: Tal vez podrían pertenecer a cierta Agencia Gubernamental que intenta ocultar el fenómeno extraterrestre en este planeta  ó bien, tratarse de una raza extraterrestre que tiene a la población terrestre como campo de pruebas para sus investigaciones genéticas y necesita ganar tiempo,  pasando desapercibida respecto a los seres humanos; me refiero concretamente a los rigelianos* que al parecer son capaces de viajar en el tiempo y crear androides humanos, utilizando esos mismos cybor para hacer incursiones en diferentes países y atemorizar a testigos e investigadores. Por desgracia para estas razas regresivas, el Universo se mueve también dentro de la Ley de los Opuestos, y aunque ellos hayan elegido el camino oscuro, el bien inequívocamente siempre vence sobre el mal.

(En el siguiente link podemos ampliar la imformacion sobre experimentos genéticos extraterrestres: http://elmensajedeotrosmundos.blogspot.com.es/2013/09/experimentos-geneticos-extraterrestres_8.html )


Malcolm X
Leyendo el libro de Fabio Zerpa se deduce que los Hombres de Negro han acompañado a los seres humanos desde tiempos remotos, intentando quizás, modificar el curso de la historia en su beneficio, visitando a personajes singulares tales como Napoleón Bonaparte, Thomas Jefferson,  Madame Dubarry,  Julio Cesar ó  Malcolm X (A continuación texto del libro Los Verdaderos Hombres de Negro, de Julio Zerpa: El famoso dirigente de milicias negras estadounidense escribía: “Cuando estaba cumpliendo sentencia en una prisión estatal, y descansaba en mi cama, de repente, me di cuenta de que un hombre estaba sentado junto a mí, que había surgido de la nada. Llevaba puesto un traje negro y podía verlo tan claramente cómo puedo ver a cualquier otro; no era negro ni blanco. Era de un extraño color moreno, de raza asiática, con el pelo negro y lustroso. De pronto miré directamente hacia su rostro. No me atemoricé. Sabía que no estaba soñando. No podía moverme, no podía hablar y él no lo hizo. No podía situarlo racialmente, aunque sabía que no era europeo. No tenía ni la más mínima idea de quién era. Simplemente estaba allí y había surgido de la nada. Entonces, tan repentinamente como había venido, se fue, se esfumó”. Increíble, pero cierto.) para marcar en la historia unas pautas concretas.


Terminando esta breve presentación, decir que como siempre, desde Hollywood se ha intentado frivolizar el asunto, ridiculizando un hecho crucial como el de los Hombres de Negro ¿casualidad, verdad?, propiciando  películas como M.I.B (Men In Black) donde se hace gala de un humor “negro” ( y nunca mejor dicho) que distrae y aleja al público en general de un verdadero problema para la raza humana: La coacción a testigos e investigadores del fenómeno OVNI. A este hecho en psicología lo llamarían “disociación  de ideas”, algo así como un “desenfoque premeditado” respecto a una realidad aplastante sobre la presencia extraterrestre en la Tierra y las acciones malévolas que sobre los seres humanos ejercen algunas razas extraterrestres. ( Hasta el momento se han contabilizado unas 70 diferentes razas que visitan e interactuan en la Tierra, siendo un numero reducido de ellas quienes interfieren de un modo negativo. Al parecer, la gran mayoría de los extraterrestres se limitan a observarnos, estudiando el comportamiento de los seres humanos y en ciertos casos, advirtiendo sobre el desarrollo equivocado de algunos aspectos, tales como los daños ecológicos y el incremento de armamento nuclear. En Youtube pueden verse infinidad de vídeos, de naves extraterrestres surcando los cielos.)

Del libro Los Verdaderos Hombres de Negro, de Fabio Zerpa

Una extraña raza vigila la evolución de la Tierra: son los hombres vestidos de negro, los “Men in Black”, los “Messieurs en Noir”. El tomarlos como un mito es una actitud poco feliz. Negar su presencia y existencia es como negar los platillos volantes, que en pleno siglo XX nos están preparando psicológicamente para el próximo milenio.
Puede parecer una fantasía, pero la existencia de los hombres vestidos de negro es una realidad. Entre otros, el comandante Harold Dahl, guardacostas de Estados Unidos de Norteamérica, pudo comprobar con su tripulación estas presencias y proporcionó el dato al Servicio de Informaciones Militares de Estados Unidos.
Hay ciertos aspectos en el accionar de estos personajes que, si bien parecen terribles tal vez por el desconocimiento que se tiene de ellos, son reales y auténticos, y no solo atentan contra los testigos e investigadores OVNI(S) sino que han extendido su accionar a otras redes del saber oculto.
Es conveniente aludir a ellos como una “raza”; las comillas, sin embargo, los definen como aquellos seres que, si bien pertenecieron al planeta Tierra en la remotísima antigüedad, pudieron ser descendientes de extraterrestres.

El hombre común, que camina por las calles del mundo y cuya existencia se encuentra limitada a crecer, desarrollarse y morir, no es consciente ni conocedor de la existencia de esta extraña “raza”. Sin embargo, es importante que sepa que está expuesto a ser visitado, amenazado o incluso atacado por ellos. En muchos casos hasta han dado muerte a este individuo poco advertido, en especial cuando se convierte en testigo de algún acontecimiento extraño. Entre esos sucesos se encuentra el avistar un OVNI, efectuar hallazgos culturales, difundir conocimientos esotéricos y/o ocultos, desarrollar ingenios desconocidos, observar raras apariciones lumínicas, o influir en la creación de fuertes entidades espiritualistas.


Los Hombres de Negro existen 
(Fuente del video pagina web: www.mundodesconocido.es https://www.youtube.com/watch?v=d9CGmQZoSaM)

Es menester alertar a la raza humana sobre la presencia de estos inconfundibles señores. No es momento de poner en tela de juicio su existencia, ni echar mano a la dicotomía mito o realidad. Su existencia es un hecho.
Sin embargo, es preciso conocer que la denominación “Hombres de Negro” (H.d.N.) o “Men in Black” (M.I.B.) no es del todo correcta. En el grupo al que pertenecen estos personajes, se los llama de una manera completamente distinta. En el mundo en el que nos movemos, ellos responden al calificativo de "Hombres de Negro" debido a su vestimenta: sombrero, chaleco, chaqueta, pantalón, abrigo; todo de color negro.
Según mis investigaciones, pertenecen a una gigantesca organización que posee bases a lo largo y a lo ancho del planeta. Responden a un jefe o director general, cuya dirección central no se encuentra instalada en un lugar determinado, sino que cada tres años traslada su punto de referencia. Así, recorre todo el continente europeo y, algunas veces, también el americano.
Nunca asienta sus reales en pleno corazón de una ciudad, sino que se establece en los alrededores, en casas rodeadas de extenso terreno. Los agentes responden a tres nombres distintos, según hemos compilado: Arbime Klaptis, Fredrich Winhusz y Burt Star.



Su presencia pasa inadvertida salvo por el atuendo, extremadamente cuidado y siempre de etiqueta, traje negro, corbata al tono, camisa blanca, zapatos negros; tiene una altura entre 1,87 y 1,90 m, contextura estilizada y apariencia de perfecto caballero inglés. Suele concurrir a reuniones sociales muy selectas, por ejemplo en Embajadas o Cancillerías. Puede tener apariencia de un individuo sumamente culto; acude a conferencias o charlas de la esfera científica, en especial si el tema de ellas es el desarrollo cultural del hombre, la física cuántica, los nuevos descubrimientos arqueológicos, los OVNI(s), la parapsicología, el esoterismo, etc. Suele retirarse antes de finalizar el acto científico; en la esquina del lugar donde se ha llevado a cabo el acto, espera casi siempre, un gran coche de dudosa marca, o simplemente se esfuma.
Durante los intervalos del acto científico no habla con nadie y, si alguien se dirige a él, simula no entender lo que le dicen, alegando ser extranjero.
Parece ciencia ficción... pero no lo es. Cuando el señor Klaptis, Weinshusz o Star es avistado en alguno de estos centros se debe a una sola razón: el tema ha de ser muy candente o puede tratarse de algún descubrimiento importante.
El conferenciante que llevó a cabo la charla debe entonces comenzar a pensar en el peligro que corre, tratar de ocultarse, o bien, en olvidar su investigación en absoluto, algo así como una amnesia sobre su descubrimiento.

Teatro Municipal de Bahía Blanca, Argentina.
Les voy a contar un caso particular. Durante una conferencia que realicé en el Teatro Municipal de Bahía Blanca, había un hombre vestido de negro, de ojos grises enormemente escrutadores, en la tercera fila, primer asiento, pasillo; me llamó mucho la atención “su presencia” durante todo el desarrollo del evento.
Finalicé y abrí el diálogo con el público, para lo cual bajé la escalerilla hacia ese pasillo, ubicado hacia mi izquierda (en la platea de ese teatro hay dos pasillos); se encendieron las luces de la platea y hete aquí que el lugar del extraño estaba vacío. Es más, un amigo mío tomó distintas fotos de esa conferencia y, en una de ellas, cuya perspectiva era el escenario, fotografió al público mientras las luces estaban aún apagadas (trabajó con una Asai Pentax y con un buen flash). En primer asiento del pasillo de mi izquierda, en la tercera fila, salió una mancha blanca, mientras que la señora que estaba sentada a su lado salió perfecta. Ese hecho me inquietó; fue muy extraño, pero sucedió.



En lo que respecta a los “secuaces” o copartícipes del jefe de la organización de los H.d.N., el terreno en el que se mueven es el mismo que el de su capitán general, con una sola diferencia: reciben órdenes de él; ellos son los que “ponen manos a la obra”, destruyendo todo aquello que implique un peligro para su existencia y sus fines.
¿Qué tipo de vida llevan los H.d.N.? ¿Qué actividades desarrollan? Por lo que sabemos, es una organización que posee una extensa red de colaboradores y H.d.N.(s) propiamente dichos. Se encuentran distribuidos, como ya se ha dicho, a lo largo y a lo ancho del planeta; en grupos de tres, realizan diversas misiones que les encomiendan, pero siempre, invariablemente, dicha misión tiene una sola faceta: Silenciar a todo aquel que haya buscado demasiado profundamente en aquello que he denominado “el conocimiento oculto”.
La "Organización H.d.N." cuenta con individuos a los que se les puede llamar “espías”. Los espías no visten de negro, y aparentan ser personas normales; lo único que los diferencia de los demás seres humanos es que acusan un coeficiente de inteligencia escandalosamente alto. Son cuidadosamente seleccionados, pero no conocen a sus “patrones”; la comunicación entre ellos es epistolar. Reciben la paga a través de giros postales o bancarios.
Ahora, para sumergirte aun más en esta investigación y que puedas abonar tu propio criterio, hagamos un poco de historia.

EN LO QUE SIGUE, veremos algunas incursiones de estos misteriosos personajes en la vida de personas que se han dedicado, o se dedican, a la investigación de la problemática OVNI y las ciencias paralelas. También individuos que han sido testigos visuales de los OVNI(s) han sufrido extrañas consecuencias, que son dignas de hacer notar.

Monte Rainer, Estado de Washington, EE.UU.

CASO COMANDANTE HAROLD DAHL

Este hecho es el más antiguo que hemos rastreado, porque sucede en 1947, el año de iniciación de la Historia Contemporánea OVNI: luego de producido el hito "fundador" del empresario Kenneth Arnold, que el 24 de junio de ese año, mientras volaba en su avioneta sobre el Monte Rainer, estado de Washington, en los Estados Unidos, vio nueve discos voladores en perfecta formación. Fue justamente Arnold quien bautizó al objeto con el nombre de “plato volador”: en su comunicación radial con el aeropuerto de Yakima, dijo: Y see flying nine coffee saucer (Yo veo volando nueve tazas de café, nueve platos voladores).
Volviendo al comandante Dahl, su historia está protagonizada por tripulantes del guardacostas Puget Sound (Washington), quienes no solo avistan sino que fotografiara a los H.d.N. Esto es lo que sabemos:
Un día sin viento y muy soleado, el comandante Harold Dahl se dirigía en su embarcación hacia la Isla Maury, cuando desde cubierta alzó la vista y vio, con gran sorpresa, sobre la superficie marina, sesenta objetos ovales con ventanillas en forma de ojo de buey.


De inmediato, profundamente impactado por la visión, procedió a tomar fotografías. La tripulación también se sintió impresionada. Rápidamente tomaron fotografías de estos extraños objetos, pero las "naves" se pusieron en movimiento para intentar la retirada, y una de ellas, en veloz maniobra, rozó exprofeso a otra, de la que se desprendió una lluvia de metales incandescentes, que cayeron sobre la embarcación y también sobre la cabeza del atónito Harold Dahl. Dahl y su tripulación buscaron de inmediato refugio en uno de los acantilados cercanos. Las naves desaparecieron de la superficie marina como por arte de magia. Cuando los metales que había sobre la embarcación se enfriaron, el comandante y su tripulación los recogieron y los transportaron en la nave hacia el puerto costero.
Al día siguiente, de mañana, Harold Dahl recibió la visita de un "señor de negro" que muy correctamente le aconsejó olvidar lo sucedido en la Isla Maury.


No haciendo caso a la advertencia peligrosa, el comandante Dahl se presentó ante sus superiores para dar cuenta del suceso, mostrar el material fotográfico y el hallazgo de los extraños metales. Tales superiores de Dahl dispusieron que el capitán Dawson, del Servicio de Informaciones Militares, fuera designado como custodio para transportar el hallazgo de Dahl en la isla Maury a la base norteamericana de Hamilton Field. Ni el capitán Dawson, ni su avión, ni los restos del metal, llegaron jamás a destino. En el viaje, a veinte minutos de despegar, el capitán Dawson se estrelló con su avión en Kelson (Washington).
Integrantes del Servicio de Informaciones Militares estadounidenses indicaron a Dahl que olvidara el acontecimiento, dando ellos por cerrado el caso en su departamento de investigaciones. Pero Harold Dahl, que había tomado fotografías, que los recordaba vivamente, que no podía dejar de encontrar sospechosa la muerte accidental del capitán Dawson, resolvió investigar por su cuenta. Al poco tiempo, el capitán Harold Dahl desapareció
sin dejar rastro: nunca más se supo de él.

Albert K. Bender
CASO BENDER

Albert K. Bender, un observador civil del centro UFO (Objetos Voladores no Identificados), fue motivo de curiosidad y controversias cuando clausuró sorprendentemente su gabinete particular de investigaciones, con el cual colaboraba entusiastamente con ese Centro Investigativo.







Ante la insistencia de investigadores y periodistas especializados en este tipo de noticias, Bender se encerró en un grave hermetismo que rompería siete años después, explicando que había sido visitado por tres Hombres de Negro que se presentaron, materializándose en forma corpórea en su propia casa, para advertirle que concluyera sus investigaciones, pues, de no hacerlo, su vida correría riesgo.
Albert K. Bender, siete años después, hizo referencia del caso mostrando, además, un dibujo hecho por él mismo, de estos extraños seres capaces de corporizarse en la forma que lo hicieron. Otra incógnita más de los fenómenos paranormales.


CASO CHARLES MUNDT

Mr. Charles Mundt, de Flaxton, Arkansas, sufrió y aún sufre una de las más espantosas consecuencias por haber sido testigo involuntario de un fenómeno OVNI y a la vez de la presencia de un Hombre de Negro en el lugar de los hechos.
Fue a mediados de agosto de 1977, Mundt había regresado de su oficina a su casa a las nueve y cuarto de la noche, y antes de dirigirse a descansar decidió ir a cerrar las ventanas de su coche, que había estacionado en la puerta de su casa. Cuando regresó, observó unas luces que zigzagueaban a la altura de las copas de los árboles. El movimiento era tan rápido que parecían relámpagos; al principio pensó que podría tratarse de bichitos de luz o luciérnagas, pero repentinamente aumentaron de tamaño; entonces Mister Mundt advirtió que esas luces eran unos extraños ingenios volantes.
Era tal la luminosidad que despedían, que iluminaba tanto la vereda como el jardín de la casa de Charles Mundt, como si fuese de día. En un principio, el testigo ocular del fenómeno creyó encontrarse solo ante tan insólito espectáculo, pero de inmediato advirtió que no era así. Dos hombres vestidos con trajes negros se encontraban justo bajo el árbol, sobre cuya copa habían
aparecido las extrañas luces. Mundt quiso dirigirse a ellos, pero algo lo paralizó; uno de los hombres lo miraba fijamente, de una forma fría, casi glacial y plena de indiferencia. De pronto, como respondiendo a alguna orden remota, los dos hombres a la vez giraron dando la espalda a Mundt y se perdieron en la oscuridad de la noche. Fue en ese preciso instante cuando Mundt tuvo la sensación de que un rayo lo atravesaba de la cabeza a los pies y comenzó a sentir una vibración intermitente que le recorría todo el cuerpo.
Luego comenzó a invadirle un extraño hormigueo. Mundt describe esa sensación de la siguiente manera: "No era desagradable, tampoco me producía terror o pánico, simplemente sentía como si no fuese yo mismo, algo alteraba mi ritmo biológico".
Luego sobrevino lo peor. En cuanto Charles Mundt se vio libre de las vibraciones y la luminosidad, corrió apresuradamente dentro de su casa, ansioso, a contarle a su esposa Liza lo que le había ocurrido. Ella, en vez de prestar atención al relato de su marido, lo miró como si nunca lo hubiese visto en su vida y le preguntó quién era y qué quería; actuaba de la misma forma en la que actuaría ante un desconocido que se introduce en su casa a horas imprevistas dando grandes voces.
Acto seguido, Liza Mundt se dirigió a la puerta de calle y comenzó a llamar:
"Charles, Charles, ven", "un hombre ha entrado en la casa". Como si la persona que estaba frente a ella fuese cualquier otro, menos el verdadero Charles Mundt.
El testigo ignoraba la razón por la cual su esposa actuaba de una manera tan extraña. No le cupo duda de esa actitud cuando pudo mirarse a un espejo; en ese momento sufrió un tremendo shock, y aquí Mundt dice textualmente:
"Pongo de testigo a Dios de que el rostro del espejo no era mi verdadero rostro".
"En la actualidad, a meses del suceso, me he dado cuenta de que la composición de mis moléculas ha sido cambiada y alguien ha ocupado mi lugar físico. Mi cara y mi cuerpo son la cara y el cuerpo de otro hombre. Por alguna razón me han forzado a asumir una nueva identidad. Mi esposa no me acepta como su marido, como el verdadero Charles Mundt; sé que soy Charles Mundt, pero nadie me cree.
He perdido todo: afectos, amigos, y lo más triste es que he perdido mi identidad."
Otra víctima de los peligrosos e inescrupulosos “Hombres de Negro”, una organización cuyos alcances científicos van más allá de lo imaginable.




CASO REVISTA OFFICIAL UFO

Un día la revista norteamericana Official UFO fue “asaltada” por tres hombres que vestían trajes oscuros. Buscaban material confidencial y casi dejan sin vida a un hombre en su intento. Veamos cómo relatan el episodio los directores de Official UFO:
"Al igual que mucha gente, nosotros tampoco creíamos en aquellas historias escalofriantes en las que se habla de organizaciones secretas que no obedecen a ningún gobierno conocido y cuyas intenciones suelen ser destructoras. Hasta ese momento creíamos que la gente suele echar a volar su imaginación y crear personajes cuya realidad es nula, pues son producto de la fantasía.


Pero algo nos ocurrió. Aquellos a quienes se llama H. d. N. (Hombres de Negro), nos ´visitaron´ personalmente y robaron nuestro archivo secreto: ahí realmente comenzamos a creer en todas aquellas extrañas historias que circulan en toda la extensión de nuestro territorio.
Eran las seis de la tarde, nuestras oficinas ya estaban cerradas y la gente se había retirado, a excepción del editor, Jeff Goodman, quien se había quedado trabajando hasta tarde en un proyecto especial. Sonó el teléfono, desde el otro lado de la línea un hombre habló con voz profunda; decía: "Por su seguridad personal le hago esta advertencia: no indague demasiado a fondo en lo que usted denomina fenómeno OVNI. Evidentemente, usted desconoce la profunda seriedad de lo que investiga. El precio que puede usted llegar a pagar por sus indiscreciones dentro de este campo es mucho más tremendo de lo que imagina". No dijo más, un ligero click indicó que mi interlocutor había dado por finalizada la comunicación. 'Una patraña más -pensé- de las tantas que ocurren a diario en la redacción'. Fui escéptico, no creí en esta amenaza.
Actualmente puedo decir, que ser demasiado escéptico, puede resultar muy peligroso. A partir de esa llamada comenzaron una serie de acontecimientos que pusieron a prueba el sistema nervioso de nuestro grupo de trabajo. Todos notamos ligeros cambios en la redacción. Los teléfonos sonaban sin que nadie respondiera al levantar el auricular. De pronto emitían ruidos sordos, sin motivo aparente; el tono de marcar a veces cambiaba por un molesto zumbido.
Pensamos que habrían sido intervenidos. Nuestro editor asociado, Charles Cowley, dijo que había reparado durante varios días consecutivos en un automóvil Sedán negro estacionado frente a su residencia de Long Island.
Luego de dos semanas de silencioso estacionamiento, el coche había desaparecido misteriosamente. A la vez, el mismo coche que estaba estacionado frente a la casa del editor asociado había sido visto estacionado, pero... frente a las oficinas de la revista Official UFO, en pleno Nueva York.
Cuando Cowley advirtió algo tan insólito como esto, algo así como un caso de bilocación, pensó que estaría sufriendo algún ataque de paranoia debido al exceso de trabajo; pero luego se dio cuenta de que todo lo que él no había querido hacer era enfrentarse con la verdad, la realidad total y absoluta. La llamada telefónica había sido efectuada con la finalidad de hacemos una advertencia, y la amenaza se estaba cumpliendo; nosotros éramos continuamente vigilados y esa vigilancia se encontraba a cargo de personas que pertenecían a una organización muy bien equipada e informada, puesto que sabían quiénes éramos cada uno de los que formábamos el grupo de trabajo del Official UFO. Asimismo sabían a qué lugares llamarnos a diferentes horas del día o de la noche; conocían perfectamente a qué tipo de información teníamos acceso.
Durante el transcurso de estos acontecimientos ocurrió algo interesantísimo. La sección Departamento de Arte de nuestra revista había tomado esos días a un nuevo asistente. Su nombre era Ron, su apellido era muy difícil, al punto que jamás logramos recordarlo. Ninguno de nosotros, en un principio, notó algo extraño en él. Parecía ser un buen compañero de tareas, nada en él daba lugar a sospechas, era de altura mediana, delgado, pelo rubio, ojos grises verdosos, su voz era agradablemente profunda. No hablaba mucho con nadie, pero cuando lo hacía demostraba poseer una información muy completa sobre la temática OVNI; naturalmente esto no llamaba nuestra atención, pues todo el personal de la editorial conocía e inclusive era aficionado al tema.



Lo que nos resultó harto extraño fue que el tal Ron tenía acceso a información secreta dentro de la editorial. Dos de los miembros del grupo de la redacción notaron en él extrañas actitudes cuando tenía que actuar social y no laboralmente. He aquí un ejemplo: una vez salió a almorzar con una de las secretarias de redacción, cuando llegó el momento de comenzar a comer dio muestras evidentes de no saber usar los cubiertos, luego cambió de opinión y pidió un sandwich, lo comió con las manos. La secretaria le preguntó qué le ocurría, él no respondió, pero la miró de una forma glacial.
Al día siguiente de este incidente, el editor Cowley recibió desde su despacho otro mensaje telefónico. La misma voz grave de la vez anterior. Sus palabras fueron: “Escuche con atención. Usted no se imagina cuán cerca suyo se encuentra la muerte. Se le advirtió por su propio beneficio. Usted está siendo vigilado. Todo movimiento es cuidadosamente monitorizado. Tenga cuidado, pues tiene usted en su poder unas fotografías tomadas por un fotógrafo de la editorial que so n extremadamente secretas. Si llega a publicarlas, sería un suicida”. Luego hubo un silencio prolongado y el conocido click.
Cowley quedó estupefacto, sus manos temblaban cuando colgó el receptor. Ignoraba de qué fotografías se le estaba hablando. Muy pronto lo supo; uno de los fotógrafos independientes de nuestra editorial, sin proponérselo, había logrado fotografiar una extraña figura humanoide que parecía ser de aire, por lo transparente; detrás de esa forma y suspendido en el aire aparecía una forma oval, plateada. La foto fue casual; él había ido a tomarle una a un médico psiquiatra que estaba atendiendo a una persona que decía haber tenido un encuentro con seres extraterrestres y se pensaba en una alucinación, pero cuando estaba llegando a la casa del profesional en Petulie (Ohio) vio lo que acabo de narrar.
El fotógrafo Jack Blakekey fue llamado a nuestras Oficinas, acudió con las fotos en cuestión, todos las vimos, de inmediato las guardamos en la caja fuerte que es donde se encuentra el archivo confidencial; luego nos fuimos a nuestras respectivas casas.


Al día siguiente nos encontramos con una gran sorpresa. Tres hombres vistiendo trajes oscuros y gafas de sol irrumpieron en la redacción, se dirigieron al despacho del editor. Le preguntaron dónde las había guardado. Jeffrey Goodman aparentó no saber de qué le hablaban. Sólo uno de ellos hablaba. “Usted sabe muy bien a qué me refiero”, y comenzó a empujar suavemente pero en forma firme a Goodman hacia el enorme ventanal, en el piso 12 sobre Park Avenue. “Si no me dice dónde están las fotos, en dos minutos ya no estará vivo; cada segundo lo acerca más y más a su propia muerte”.
Sus cómplices lo revolvían todo, destrozaban, forzaban cerraduras. Nosotros, junto al editor asociado Jack Cowley, tratábamos de abrir la puerta en vano, estaba muy bien asegurada. De
pronto, silencio total, sólo escuchamos: “Usted, Mr. Goodman, es un tipo de suerte”. Habían encontrado las fotografías comprometedoras. Luego se retiraron como habían llegado, ignorando a todo el mundo. Extrañamente, la Policía que había sido llamada en el instante en que los “Hombres de Negro” irrumpieron en nuestras oficinas, apareció cuando ellos ya habían
desaparecido.
La sospecha de quién puede ser esta gente no da lugar a muchas suposiciones; evidentemente, el Pentágono acoge en su seno a una organización no sólo formada por seres humanos, sino también humanoides.
Hasta aquí el relato de uno de los integrantes del grupo de redacción del Official UFO; este mismo artículo fue publicado en la edición de enero de 1978 por la revista en cuestión.
Evidentemente y luego de lo expuesto no cabe dudas que una organización paragubernamental actúa a escala mundial oprimiendo y amenazando a todo aquel que se arriesga a develar misterios que nos darían la pauta de muchos orígenes desconocidos de nuestro planeta.
La CIA conoce la existencia de los "Hombres de Negro", sin embargo y contrariamente a lo que se cree, no alberga en su seno a esta organización.


EL CORONEL GEORGE FREEMAN (USAF) OPINA

En 1966 un portavoz del Pentágono, perteneciente al fallido proyecto "Blue Book" (Libro Azul) -Coronel George P. Freeman-, hizo una sorprendente declaración:
“Misteriosos hombres vestidos con uniformes de la Fuerza Aérea Norteamericana y llevando credenciales de diferentes organismos oficiales de los EE.UU. han tratado de silenciar a testigos oculares de avistajes de Objetos Voladores No Identificados. Sin embargo, hemos verificado en algunos de estos casos, que tales personas no pertenecían en modo alguno a la USAF (Fuerza Aérea de los EE.UU.) o al gobierno americano”.
Con agentes del FBI y la CIA lanzados en su persecución, los misteriosos seres extraños decidieron que el uniforme estatal ya se había “quemado”. Fue cuando adoptaron sus atuendos negros. En lugar de llamarse oficiales de las Fuerzas Aérea o Armadas, los “Hombres de Negro” comenzaron a presentarse de otra forma; operarios telefónicos, inspectores de compañías de seguro, incluso agentes de la mismísima CIA o el FBI.

En todos los casos, una vez introducidos en la residencia de los ocasionales testigos, desviaban lentamente la conversación hacia la cuestión de loa OVNI(s). Luego, el aviso. Nada de comentarios sobre el tema... por lo que les pudiese suceder. Cundió la alarma y muchos testigos callaron. Las más disparatadas versiones fueron de boca en boca. Hasta que el mismo gobierno se vio mezclado hasta tal punto en el asunto que tuvo que actuar.
Así, lanzó a sus propios investigadores detrás de los perturbadores “Señores de Negro”. Fue imposible. Siguieron apareciendo.

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Los secretos de los Hombres de Negro, 1 de 5



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Los secretos de los Hombres de Negro, 2 de 5



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Los secretos de los Hombres de Negro, 3 de 5



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Los secretos de los Hombres de Negro, 4 de 5



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Los secretos de los Hombres de Negro, 5 de 5





EL HOMBRE DEL CABLE VERDE

En su libro Visitantes, Ivan Sanderson narra una extraña visita nocturna. Ante la puerta de una familia que había sido testigo de la aparición de un OVNI, se presentó la persona más singular que pueda imaginarse. La noche era muy fría, el individuo llamó a la puerta y se anunció como agente de seguros.
Tendría una estatura de 1,75 metros, cabeza pequeña, piel blanquecina, miembros muy delgados denotando una fuerte constitución. Dijo buscar a un caballero que tenía el mismo nombre que el dueño de casa, ya que podría haber heredado una fuerte suma de dinero. Llevaba, además, un gorro de piel con visera y un traje negro. A pesar de la bajísima temperatura, no tenía nada encima del traje. Al entrar mostró una tarjeta de tipo oficial (aparentemente) y la guardó en un santiamén. Al cabo de un rato, mientras charlaba, dejó ver debajo de su “americana”, sobre la camisa, una placa oficial, que inmediatamente cubrió con la mano quitándosela. Pidió exactamente cuarenta minutos para formular preguntas. Cuando se le dijo que sí, pasó treinta de ellos refiriéndose a una cicatriz que el dueño de casa tenía en el pecho, desarrollando detalles que ni siquiera eran conocidos por los mismos familiares. Luego, se levantó para irse. Los diez minutos finales los pasó facilitando a los asombrados interlocutores, un largo e intrínseco acertijo, pidiendo ayuda para resolver el enigma. Acto seguido, se fue.

Mientras duró la entrevista, la hija mayor de la casa sintió viva intriga porque -al resbalar uno de los pantalones del extraño visitante hacia arriba- por las huesudas piernas divisó un cable verde, que le salía por debajo de los calcetines y ascendía por la pantorrilla, hasta incrustarse en la carne, en dos puntos separados por una cicatriz de dos o tres centímetros de largo. Como consecuencia de ello, la chica se ocultó en la parte trasera de la casa y observó la salida del hombre. No había luces y el lugar estaba oscuro. Sin embargo pudo apreciar un coche negro, que salió de un camino cercano proveniente del bosque lindante. Había más de dos hombres en su interior. El individuo subió y desaparecieron en la ruta.
Este fue el relato. Nunca se supo quién era el misterioso personaje. Pero el testigo calló la boca. El efecto de aquella "aparición" no se hizo esperar y el caso fue cerrado. Nunca más habló.






EL HOMBRE DEL EXTRAÑO LENGUAJE

Este caso fue descripto de manera viva en el Saucer News de James Morley. El ladrido de los perros despertó a Joseph Henslik, en Greenland, Long Island (Nueva York), una mañana de octubre. Al mirar hacia afuera quedó visiblemente sorprendido: un extraño objeto circular revoloteaba por el edificio de Correos, cercano a su casa. Apresurado, tomó su máquina fotográfica y corrió hacia el patio. Descargó un rollo de película contra el disco luminoso, que llevaba una torreta en la parte superior. En ella, se divisaban ventanas.
Como el objeto se hallaba a poca altura, fácil fue suponer que las fotografías resultarían excepcionales. Pero lo que Henslik no tuvo en cuenta apareció luego dos días después que le fueron devueltos los negativos (que eran realmente nítidos): fue visitado por una pareja de hombres desconocidos.
Cuando regresó a su casa -a una hora imprevista, como las 3 de la mañana- se encontró con que lo estaban esperando. Eran de estatura mediana, cabello negro y tez profundamente morena. Ambos vestían ajustados pantalones negros, suéters del mismo color (hasta el cuello) y una campera que según el dueño de casa semejaba la chaqueta negra de un smoking o pijama.
“Queremos hablar con usted”, interpeló uno de ellos en un idioma singular, con ligero acento escandinavo; “pertenecemos al gobierno”.
Sigue el testigo diciendo que no le mostraron absolutamente nada, pues "pertenecían a una agencia secreta del Estado". Más tarde, se explayaron en detalles sobre la vida íntima de Joseph que éste quedó francamente impresionado. “Sabemos que usted ha tomado fotografías que pueden ser consideradas como auténticas. Y en nombre de su familia, el gobierno, le pedimos que nos las entregue”. Los visitantes recibieron como respuesta una confusa explicación. Prometieron regresar al día siguiente.

Fue cuando Henslik examinó con una lupa los negativos y descubrió algunas marcas muy claras en el OVNI (pero la copia estaba muy borrosa para permitir una lectura clara). Si hubiera hecho yo las copias, habría conseguido más sombra alrededor de las ventanillas del artefacto. Pero lo que más me preocupaba era el retorno de aquellos personajes. Fue exactamente a las 3 de la mañana del día posterior de la primera visita, que aparecieron. No dos, sino tres. Todos vestidos de negro.
De nuevo me amenazaron vagamente cuando negué las copias. Pero les di los negativos. Los revisaron inmediatamente con una linterna. Luego, se marcharon advirtiéndome que no hablase nunca ni mencionase las fotos. Para sorpresa del testigo, no alcanzó a ver vehículo que los transportase, pese a que vivía en las afueras y hubiesen necesitado uno. ¿Cómo salieron de aquel lugar?
Nunca se supo, sin embargo las misteriosas maniobras de los Hombres de Negro siguieron impunes y contradictorias explicaciones acerca de su origen van desde el adjudicárselas origen divino hasta connotaciones que incluyen posibles supervivientes de una raza extinguida de seres extraterrestres.






EL MISTERIO DE JESSUP

El libro que escribiera Morris K. Jessup, El caso de los OVNI(s), también fue envuelto en las “redes” de los Hombres de Negro. Poco después que el libro saliera a la venta, un ejemplar de él fue enviado a F N. Furth (Jefe de Investigación Naval en el verano de 1955) donde al borde de las páginas existían unas anotaciones, que al ser estudiadas y analizadas por funcionarios de la Oficina de Proyectos Especiales y de la de Proyectos Aeronáuticos, se comprobó que fueron escritas por tres personas diferentes; esto lo reveló el estilo al escribir, la tinta y otros.
Esas anotaciones evidenciaban todo el conocimiento (historia, origen, técnica, etc.) de los OVNI(s).
El prólogo de la edición de la Oficina de Investigación Naval decía lo siguiente: Las anotaciones implican un íntimo conocimiento de los OVNI(s), sus medios de movimiento, origen, pasado, historia y costumbres de los seres que los ocupan y constituyen un valiosísimo material para la investigación.
Fueron encontradas en un ejemplar del libro de Jessup. Debido a la importancia que otorgamos a la posibilidad de descubrir pistas que conduzcan hasta la naturaleza de la gravedad, ningún posible motivo, por desacreditable que sea el punto de vista de ciencia clásica, debe ser descartado. Sobre estos acontecimientos, se los hace responsables a los H.d.N.

Cuando Jessup revisó el volumen, notó que la letra correspondía a su misterioso corresponsal Carl M. Allen (conocido también como Carlos Miguel Allende). Al intentar localizar a Allen (o Allende) por la dirección del remitente de sus cartas, nunca se lo halló. Morris K. Jessup (que dedicará mucho tiempo al suceso del Experimento Filadelfia), lo mismo que su misterioso “corresponsal” que le brindaba tantas informaciones, había acordado ir a cenar el 20 de abril a la casa del Dr. Valentine, donde Jessup le brindaría aportes vinculados con el experimento, en un borrador que tenía preparado.
Sin embargo, ésta no llegó a realizarse. Antes de las 6:30 de la tarde, Jessup se “suicidó” en el parque Matheson's Hammok, en el condado de Dade (Miami), el 20 de abril de 1959, “inhalando monóxido de carbono, tras haber acoplado una manguera al tubo de escape e introducido al otro extremo en el interior del vehículo”. Un testigo informó al Dr. Valentine que no fue encontrado ningún “borrador” en el interior de su coche.


Parque de Matheson´s Hammock, condado de Miami-Dade, Florida, EE.UU
LAS MUERTES SOSPECHOSAS

Después de este incidente recién relatado ha habido también “Muertes sospechosas”, como esa del Dr. Morris K. Jessup ocurrida el 20 de abril de 1959, en el parque de Matheson´s Hammock, en el condado de Dade, en los Estados Unidos. Hay varias más, como crímenes no resueltos nunca:

Dr. Morris K. Jessup
El repentino cáncer que le produjera la muerte el 25 de julio de 1967 al joven investigador británico, Richard Tunner, que contaba sólo 21 años de edad y era Presidente del Grupo Investigador de UFOS de la Universidad de Cambridge (nada menos), cuando acababa de realizar un muy buen trabajo sobre las misteriosas ruedas fosforescentes que aparecieron en distintas oportunidades en el Golfo Pérsico.


Madagascar
El “accidente” que le costara la vida, a principios de 1968, al general francés del Estado Mayor de Francia, Monsieur Alleret, cuando viajaba en un avión a retropropulsión, estrellándose el aparato en la ladera de una montaña en Magadascar, cuando el general erró en su viraje (a pesar de ser un experto de la aviación), al doblar hacia la derecha, en vez de doblar al lado opuesto y dirigirse al mar libre, exactamente después de haber anunciado públicamente sobre la creación de un Centro Oficial de Investigación de los MOC (misteriosos objetos celestes).

Dr. Joseph Allen Hynek
El supuesto “suicidio” del gran investigador y amigo James Mc. Donald (de quien editamos su excelente libro Los OVNI. El último desafío, que tuvo gran acogida en la Argentina y países limítrofes), ocurrido en 1971, en el desierto de Arizona, cerca de su Tucson natal. Con otro amigo, el Dr. Joseph Allen Hynek, hablamos tanto sobre este asunto porque él lo había visto por última vez en el día anterior a su “repentina decisión”, quien olfateara algo realmente raro, muy raro.


Capitán Edward Ruppell
De pronto también vinieron una seguidilla de muertes de cáncer, además de la de Tunner, como la de Waveney Girvan, director de la excelente Flying Saucer  Review de Inglaterra; la del capitán Edward Ruppell, de la Fuerza Aérea Norteamericana, que tanto hizo desde su puesto militar por esclarecer el asunto OVNI; el ingeniero canadiense Wilbur Smith, creador del Proyecto Magnet, que tuvo tanto que ver también en dilucidar la propulsión de las naves extraterrestres; la de otro amigo el doctor brasileño Olavo Fontes, el primer investigador científico de una Abducción extraterrestre, que sucedió en Brasil 1957 y que hiciera el primer gran análisis para estos casos, que siempre siguen llamando tanto la atención; mi compañero en tantos Congresos, el mayor de la Fuerza Aérea de Dinamarca Hans Petersen, presidente de Scandinavian UFO Kontakt, disertante en la Cámara de los Lores de Inglaterra. Y la lista es más larga.

El doctor brasileño Olavo Fontes
Estos supuestos suicidios o accidentes raros o muertes extrañas pensamos que no fueron tales, sino que ellos fueron asesinados por esta misteriosa sinarquía, según datos fehacientes que insistentemente hemos investigado desde hace cuatro décadas.







LA MUJER DE BUENOS AIRES (ARGENTINA)

Cuando editaba la revista Cuarta Dimensión, en la década del 80, una señora apareció en la redacción narrando un hecho muy insólito. Ella escribió esta nota:
Quizá la primera vez que vi a un Hombre de Negro fue en un país limítrofe. Habíamos ido con mi esposo en viaje de bodas; era fines de agosto de 1981. Descendimos del micro y decidimos contratar un taxi para trasladarnos con nuestro equipaje a la casa de mi madre, donde nos alojaríamos por un mes; caminamos hacia la explanada que está ubicada en la parte trasera de la terminal, para tales efectos. El día era, como casi siempre en esa época del año, muy frío en esa ciudad sureña. Había un atenuado sol. Y hete aquí que de repente advertimos que un hombre de estatura enorme, como de unos cincuenta años de edad, totalmente vestido (traje y sobretodo) de negro, moreno, nariz aguileña (algo así como el apéndice nasal que se le dibuja a algunas representaciones populares del Diablo), mirada escrutadora, estaba de pie, fingiendo leer un diario (atención a esta pauta, porque se repetirá).

Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Nos observaba, vigilante, a unos quince metros de distancia. Diría que en una torpe actitud de disimulo. Como para que nos diéramos cuenta de ello. Mi esposo estaba en ese tiempo -sin siquiera saberlo o presentirlo en una sensacional pista sobre el origen de los OVNI(s). Tan es así que, pocos días después, conocería personalmente a un hombre muy importante (un diplomático) que le daría una increíble “punta del ovillo” sobre el tema. El intuyó enseguida que algo extraño había en ese individuo. Yo me reí, pero debo reconocer que era para llamar la atención la actitud de ese hombre, porque asumía la forma más insólita e incómoda para concentrarse en la lectura del periódico; además al aire libre, soportando la ,ventisca helada, cuando bien podía haberse guarecido en el vestíbulo sentándose en alguno de los asientos que allí había, desocupados... ¿Por qué tenía que estar allí, de pie?
En el mes que estuvimos en la ciudad, mi esposo comenzó a investigar: iba todos los días más o menos a la misma hora a la terminal porque, habiendo vivido durante toda su vida en un pueblo de 600 habitantes, sabía por experiencia que la gente de los conglomerados humanos no muy grandes tiene hábitos repetidos. Pero nunca más vio al extraño ser de rarísimo aspecto.
Después vinieron los imborrables episodios del 20 de febrero de 1984. Se había grabado un programa de TV sobre el tema, hacía apenas un par de días. No sé porque, pero el día 10 discurrimos que “algo” nos podía suceder. ¿No nos vendrán a buscar aquí a casa? -comenté en broma, pero con una extraña preocupación.
Mi esposo me contó una vez más su experiencia del 2 de enero de 1977, cuando dos H. de N. le estuvieron “pisando los talones” y creyó que había llegado su hora final. Rememoramos también el caso de la terminal de ómnibus, pero yo no quería creer; dije, “es una posibilidad, nada más”.
Desde hacía tiempo, con un grupo de personas amigas estábamos investigando mucho sobre el mundo esotérico, de cosas primordiales para todos los tiempos, pero muy especialmente para éstos que vivimos. Un día nos dimos cuenta que realmente transcurrimos en un gran ocultamiento de lo que es la verdadera Historia. Estábamos llegando muy lejos en las investigaciones, yo sentía que el asunto “podía traer cola”. Lo que no imaginaba ni siquiera eran las persecuciones, y que me iba a asustar tanto.

Avenida Cabildo, Buenos Aires, Argentina.
Pero vayamos a los hechos: yo concurría ese día (20/2) a mi semanal cita acostumbrada al consultorio de Acupuntura del profesor CJ, ubicado en la Avenida Cabildo, casi en su intersección con Santa Fe. Debía hacer cambio de colectivo en Puente Saavedra. Cuando bajé del primero, ahí, en Av. Maipú, me llamó la atención la presencia de un señor de aspecto común, barbado, que estaba supuestamente leyendo el diario; enseguida el individuo comienza a caminar al lado mío. Pensé que era una persona más que pugnaba por subir al colectivo de la línea 59 al que yo iba a ascender. Pero luego comprendí que no era así. Quiero señalar antes de proseguir que él no estaba para nada vestido de negro (así que ahora sabemos que también se disfrazan).

Avenida General Paz, Buenos Aires, Argentina
Bueno; luego el tipo subió al mismo vehículo que yo, y se sentó delante mío; continuaba fingiendo leer el diario. Ya entonces “sentí” que no era una persecución con propósito de robo o galanteo. Entonces finjo como que me adormezco, para vigilar sus actitudes sin que él lo advierta. Lo que más me llamó la atención es que nadie se sentaba a su lado, en un transporte lleno de gente apretujada de pie. Mi terror en esos momentos ya es enorme. Al cruzar General Paz, ya en jurisdicción de Vicente López, al bajar, en la parada... ¡ahí vuelve a estar él, otra vez, como esperándome! No sé cómo ha podido llegar antes, si lo he dejado 'con un palmo de narices' y no lo vi subir a ningún colectivo. Además ningún colectivo nos superó mientras recorríamos Cabildo.
Aterrada, ingreso en el local de Academias OLI pensando que era la única manera de eludirlo, que no se atrevería a entrar ahí ni podría hacerme daño alguno en presencia de la gente. Para justificar mi presencia, pido que se me haga un lavado de cabello; hay un desentendimiento de la gente que me atiende y ni siquiera me cobran. Concluyo yo misma con el servicio y salgo a la calle: por fortuna el sujeto ya no estaba más.

Avenida Federico Lacroze, Buenos Aires, Argentina
Regreso a casa, me baño, cambio de vestimenta y, ya más tranquila; con un buen margen de tiempo, tomo el colectivo 127 y después el subterráneo de la línea B en Federico Lacroze para concurrir al encuentro de Pedro. En el subte vuelvo a estar nerviosa; se me ocurre que todo el mundo me observa... Llego a la estación Florida, donde debo descender. Cuando desciendo el tipo lo hace también detrás de mí, casi corriendo. Entonces, ya muy asustada, cruzo Cabildo zigzagueando entre los automóviles. Cuando ingreso en el edificio donde entonces tenía su consultorio el profesor CJ, ya me siento segura. Me hago atender, y cuando salgo tengo la gran sorpresa: al entrar en un bar atendido por unos señores españoles a comprar fichas para el teléfono, veo que el tipo está otra vez allí, en un sector de la barra, como esperándome. Me atiende amablemente un señor, diciéndome “ya estoy con Ud., espéreme un momento”. Luego, va hacia donde está el individuo, regresa, y ya no me quiere vender las fichas, atendiéndome, ahora, de muy malas maneras. Hasta me agrede verbalmente; prácticamente me echa del negocio.
Entonces cruzo Cabildo, compro fichas en un local de enfrente, vuelvo al bar para telefonear a mi marido, para decirle que volveré a casa y luego iré a encontrarme con él a la salida de su empleo, pues habíamos decidido unos días antes ir a ver la película El Día Después, que acababa de estrenarse. Cuando voy a ascender a un colectivo para regresar a Puente Saavedra advierto que el hombre me sigue espiando. Había bastante gente en la parada: aprovecho el tumulto y, en lugar de subir a ese colectivo, subo a otro, que llegaba y estacionaba inmediatamente detrás. El sujeto se queda como despistado, yo voy hacia la escalera mecánica. Era un día de intenso calor, así que me llama la atención un individuo muy formalmente vestido con pantalón gris, saco negro como de terciopelo y debajo una camisa celeste con un pullover también celeste sobre ella. Hacía 35 grados de calor. Por eso llamaba la atención tanta indumentaria. Las personas que descendieron subieron por la escalera; la estación quedó solitaria. Quedamos sólo “él” y yo.
El hombre fumaba un cigarrillo en actitud de espera, no subía. Cuando coloco un pie en la escalera mecánica el individuo gira rápidamente y se ubica detrás de mí. Murmura, masculla algo entre dientes que no logro entender. Su actitud era de clara persecución, igual que el otro.


Aunque estoy muy cerca de la plaza Roberto Arlt, donde habíamos convenido encontrarnos con Pedro, decido tomar un taxi para ver si puedo poner distancias. Hago señas para detener a uno que pasa por allí, Corrientes y Florida. El taxista me mira y no quiere llevarme; me pregunta: “¿Le pasa algo? ¿Se siente mal?” Me dice: “No puedo llevarla, no puedo hacerme responsable de lo que pueda ocurrirle dentro de mi taxi”. Le digo que no tema, que se quede
tranquilo, que me siento bien, nada más un poco cansada. Me deja subir, mira por el espejuelo retrovisor y entonces me dice:
-Mire, señora, usted me va a decir qué le pasa y en qué cosa anda, porque a nosotros nos vienen siguiendo...
-¡No! ¡No puede ser! -casi grito aterrada ya.
-Y, sí esos que vienen detrás usted los debe conocer...
Entonces giro la cabeza y miro, y veo que viene otro taxi con ese individuo en su interior. El taxi se nos aparea y comienza a chocamos de costado. El conductor de mi taxi dice:
-Mire, señora: yo no creo que usted esté en nada malo, pero que nos están siguiendo es indudable. Mi colega parece haberse vuelto loco. ¿Qué pasa? ¿Por qué le hacen esto? ¿Usted... con ese tipo...? ¿Usted conoce a este tipo?
-No -le respondo.
Como el otro lo insultaba, me preguntó “si estaba loco”. Entonces le comenté más o menos cómo era la persecución. El me dijo:
-¡Qué raro! Yo no entiendo nada, señora. Y si usted no entiende, menos yo...
El conductor aprovecha la situación (en esos momentos el otro taxi está detrás y se produce el cambio de luces en el semáforo) y me dice:
-¡Buenol ¡Ahora los vamos a perder para que nos dejen en paz!...


Arrancamos. Surge la luz roja. El otro taxi se ve obligado a quedarse. Damos una vuelta manzana a la inversa para alejarnos y despistar. Esa fue la experiencia, que espero que no se repita nunca más.
Cuando a la noche le relato los increíbles hechos a mi esposo, él me manifiesta que si creo que se debe levantar el programa hablará con su conductor para pedirle que no lo difunda. Le pido que no, porque La fuerza de ellos es el temor de nosotros.
El programa sale al aire pocos días después. A la semana, mi esposo recibe una muy amable carta de un telespectador quien era evidente que había obtenido el domicilio por la guía telefónica (por la forma en que está redactada la dirección). Hay un nombre al pie, con una mención de una casilla de Correo Central. Manifiesta que es entusiasta seguidor del tema OVNI, y del particular costado que de él mismo enfoca mi marido, y dice -o, mejor dicho, pide- que se haga un programa de mayor duración para volver sobre el tema.
Indica que es colaborador de un conocido Instituto de Investigación (posteriormente hicimos las correspondientes averiguaciones: ahí jamás se conoció a una persona de esa filiación). Dedujimos que lo que quería era saber si Pedro tenía mayores datos sobre el tema... Desde aquel día sé más que nunca que “ellos” nos están vigilando, pero que con cautela y prudencia debemos continuar el camino de la investigación y el conocimiento porque -cuando lo merecemos- una fuerza superior bloquea sus designios, y les impide hacer todo el daño para el que están instruidos y/o programados. “Ellos”, los Hombres de Negro".

La nota de redacción que agregamos a lo expresado decía:
"Cuarta Dimensión suscribe este relato en toda su dramática veracidad, habiendo investigado fehacientemente a su protagonista. Por su naturaleza, debe guardar la identidad de la misma. Quizá sirva de “piedra de toque” para que otras personas que pueden haber sido testigos o partícipes de episodios similares también quieran hacerlos públicos. Ese es nuestro deseo y el motivo de la publicación de este relato. Hay que seguir investigando si fue realmente un H.d.N., o el factor psíquico de la protagonista influyó decisivamente. Para analizar, para ahondar, para investigar. Este suceso aún me hace reflexionar. ¿Verdad o sólo psiquismo?






Mr. Rex Heflin
CASO HEFLIN

El 3 de agosto de 1965, Mr. Rex Heflin logra fotografiar tres documentos OVNI cerca de Santa Ana (California). Ese mismo año, un “ser” visitó a Heflin pidiéndole los negativos originales, ya que el “personaje” pertenecía al NORAD. Heflin accede al pedido. Más tarde se comprueba que ese personaje no pertenecía al NORAD y, por supuesto, los negativos nunca fueron devueltos.





DESAPARICIÓN EN CANADÁ

En un poblado esquimal de Anjiku, a 1200 kilómetros al Norte de Churchill, en Canadá, se desarrollaron los siguientes acontecimientos:
El 16 de noviembre de 1930, los 50 habitantes del pueblo mencionado desaparecieron abruptamente. En sus chozas se hallaron recipientes que contenían comida sobre el fuego, rifles colocados detrás de las puertas y hasta prendas de vestir atravesadas por agujas que interrumpieron para siempre su labor. Por una razón quizá nunca sabremos, hombres, mujeres y niños abandonaron sus viviendas, sus alimentos, sus perros, sus embarcaciones, y atraídos por algo fascinante, se esfumaron sobre la tundra helada.
Surge así mi hipótesis de trabajo: estos hombres fueron secuestrados por seres inteligentes, mucho más avanzados tecnológicamente que nosotros, para ser convertidos, por medio del “lavado de cerebro”, en perfectos androides humanos con el objeto de que cumplan una misión específica. Recordemos que a los Hombres de Negro, se los describe como seres de raza nórdica, de rasgos parecidos a los esquimales. Y quiénes mejor que ellos, seres humanos, no tendrían ningún problema en infiltrarse entre nosotros, sin llamar absolutamente nuestra atención...
Esta hipótesis de trabajo es corroborada por el investigador George Smith, quien sospecha que “ellos” pueden venir del Círculo Polar Ártico, y pertenecer a unas tribus primitivas de indios que evidentemente están controlados por seres espaciales mucho más inteligentes que nosotros.





CASO INGENIERO CB

Esta investigación la realizó otro excelente colaborador mío en la revista mensual Cuarta Dimensión, Héctor Antonio Picco. Estas son sus palabras.
CB, un auténtico ingeniero metalúrgico sin título, 66 años de edad en la actualidad, industrial de autopartes de automóvil desde hace 38 años, un día concibe la idea de lo que podría ser el motor impulsor de los VED: un mecanismo accionado por electromagnetismo o radiación cómica de primera y segunda magnitud. Lo denomina motor "fuellels" y decide pedir colaboración a la Comisión Nacional de Energía Atómica, a organismos de las Fuerzas Armadas, etc., para realizarlo, ya que él no dispone de las aleaciones de metales indispensables para hacerlo. Las barreras que halla son infranqueables: nadie le responde que no en forma terminante, pero lateralizan el asunto, solicitándole hasta antecedentes políticos de su tatarabuelo para poder dar curso a su pedido. Se fatiga oyendo siempre una frase: está ocupado no lo puede atender, repetida hasta el hastío.
Un día alguien le advierte en forma muy directa:
-Si usted lleva adelante este invento, desaparecerá...



Pero un hombre de la Armada Argentina intenta ayudarle. Y comienza una nueva faz de su increíble aventura. El hombre se llama Velázquez; CB no recuerda su grado, y palabra va, confesión viene, un día le refiere un caso extraordinario, jamás revelado a la prensa:
-...Estaba en una dotación de la Antártida (Marambio o Belgrano; CB no recuerda cuál) cuando tuvimos un “plato volador” de unos 300 metros de diámetro estacionado durante 48 horas a un kilómetro de distancia, más o menos. Fue en 1958, y nadie se animó a salir afuera hasta que el VED se fue... ¿Me deja sus planos, a ver qué puedo hacer con ellos?
-Con las situaciones que se presentan me estoy dando cuenta de que si se lleva a cabo este motor después será adosado a algún vehículo de guerra para matar a más gente. Los planos se van conmigo... -recuerda haber respondido más o menos nuestro hombre.

Velázquez, un poco “bicho raro” en ese medio, sonríe y decide:
-Le voy a dar una tarjeta de presentación, para el astrofísico Dr. Weber, agregado científico de la Embajada de los EE.UU., a ver qué pueden hacer por usted....
Y CB concurre a hablar con el Dr. Weber. Allí comienza la parte más inverosímil de su historia, avalada por todo el soporte documental de las pruebas que se exijan.

Werner von Brau
El astrofísico Weber contempla los planos con suma atención, abre sus ojos con desmesura y dice:
-Quiero invitarlo a un Simposio de Investigaciones Espaciales que se realizará el 26 de noviembre al 3 de diciembre (1960), porque es muy posible que venga Werner von Braun, Director General de la NASA, y deseo que usted le presente esos planos...
Y el atribulado CB concurre al Simposio. Von Braun no ha podido venir, pero envía en su reemplazo a un “segundo hombre” de la NASA, John Mengel, cuyo cargo oficial se denomina Assistan Director Tracking and Data Systems.

Expondrá sobre “rastreo de satélites”. Y se convertirá en el eje fundamental de todo el asunto, como veremos después. Mientras espera para ingresar en el recinto del Simposio, se encuentra con el ingeniero Teófilo Tabanera, quien le espeta, sorprendido:
-¿Quién lo invitó?
La respuesta (con vergüenza, según comenta ahora CB)
-Vengo invitado por la Embajada de los EE.UU. y por mis compatriotas, como debería haber sido...
John Mengel habla brevemente con CB, intérprete de por medio; comprende la seriedad e idoneidad de este humilde inventor argentino que tiene enfrente y le formula una invitación inesperada:
-Me alojo en el Cambridge Hotel. Venga, por favor, a verme allí, así conversaremos más detenidamente.

CB va al Cambridge y allí está durante dos horas y media con el jerarca de la NASA, explicándole su proyecto de motor "fuellels". Recuerda que el científico yanqui abría los ojos con asombro y le inquiría:
-¿Cómo sabe usted esto? Nosotros hace 20 años que lo venimos buscando. Y usted: ¿de dónde lo sacó?
El inventor, ante la solicitud de Mengel, pero presintiendo algo anormal en la actitud del hombre de la NASA, le proporciona tres o cuatro sectores intermedios de los planos (referidos en forma concreta a la fabricación de un OVNI).
Recibe alguna respuesta sobre el particular y cinco años después, el 26 de marzo de 1965, decide escribirle a Mengel pidiéndole que “tenga a bien devolver dichas copias de planos, si no han despertado su interés”. El 22 de julio de ese año recibe respuesta del citado con una explicación inaceptable por lo elemental:
“Con el cambio habitual de empleados, en mi oficina una de las chicas destruyó evidentemente el material que usted me envió, sin darse cuenta de su importancia..." (?)


Ahí comienzan los tiempos difíciles para CB; unos 10 o 15 días después de recibida la misiva de la NASA.
El lo relata así:
-Casi siempre había, cerca de mi casa, gente que no era del barrio; eran una o dos personas, y tuve que cambiar cuatro veces de domicilio... (Nos pone a la vista pruebas concretas de sobres de correspondencia recibida en distintas direcciones, que avalan lo manifestado.)
-¿Cómo eran esas personas? -inquirimos.
-Bueno... Unos hombres bien vestidos que no hablaban con nadie, sino estaban parados ahí, fumando, comiendo caramelos, fingiendo que leían un diario o anotando algo en una libretita, y yo comencé a tener miedo, por la familia más que nada...
-¿Qué tipo de vestimenta llevaban?
-Vestían todo oscuro, Negro. Y no obstante que hubo cambio de estaciones, ya que estuvieron varios meses, nunca mudaron de ropas, que continuaron siendo de invierno aun en la parte más tórrida del verano...
-¿Venían en algún vehículo?
-No sé, porque yo no los vigilaba a ellos, sino ellos a mí. A veces me levantaba a las siete de la mañana y ya estaban ahí...
-¿Lo siguieron alguna vez?
-No, jamás. Yo tenía un jeep en ese tiempo y a veces salía a las nueve de la mañana a hacer mis labores y regresaba a las seis de la tarde, y ellos no se habían movido del lugar. No sé si iban a almorzar o no, porque como eran dos, quizá se turnaran para ello. En el penúltimo domicilio que proporcioné a Mengel (nos continuamos escribiendo, enviándonos mutuos deseos de felices años nuevos, salutaciones, en fin) ya no viví más ahí: tenía un negocio, pero di ese domicilio puesto que a esa altura de los acontecimientos ya comprendía que el problema venía por el lado de la correspondencia que mantenía con ese señor. Ahí los Hombres de Negro siguieron apareciendo... Cuando me mudé a la casa donde vivo actualmente rompí mi contacto epistolar con la NASA. Y entonces ya nada raro ocurrió...



Marte
EL "AFFAIRE" DE LAS FOTOS CAMBIADAS

Durante el desarrollo de todos los hechos relatados hasta ahora un nuevo elemento irritativo viene a sumarse a la cuestión CB-NASA: el 28 de noviembre de 1964 se envía hacia Marte la sonda espacial Mariner IV, que deberá fotografiar la Luna "de pasada", pero su verdadero objetivo era tomar imágenes de Marte a una distancia de unos 10.000 kilómetros de su superficie. Un mes después que ha pasado frente a la Luna ya la prensa argentina publica fotografías de Marte proporcionadas por la NASA. Pero dejemos al inventor relatar su experiencia:
"Ahí ya le escribí directamente a la NASA, diciéndoles que tengo telescopio, estudio el cielo, sé dónde está Marte en una latitud o cómo cambian los planetas también (no con exactitud; con erraticidad, por supuesto) pero, más o menos, y haciendo cálculos de la velocidad del Mariner IV (30.000 km/h), jamás puede llegar en 30/35 días a 270.000.000 de kms".
Entonces le dije directamente estar extrañado de que la NASA hiciera una cosa de ésas, puesto que en realidad las fotos difundidas como de Marte eran de la Luna. Ahí ellos me remiten un esquema del viaje del Mariner IV, indicando que las fotos eran correctas, pero comprobándolas con las fotos de la Luna dadas a la prensa noto que los cráteres son los mismos.

Mariner IV, 
Desafío a cualquiera a verificarlo en los archivos de los diarios de la época; ahí hallará toda la comprobación de lo que afirmo". CB, un humilde inventor argentino, "mete el dedo en la llaga" en la información manejada; derriba esquemas pseudocientíficos y técnicos sobre la realidad de la superficie marciana, ese desierto de rojos cascotes que nos han mostrado oficialmente, pero sabemos que tienen pirámides y un rostro (ver Anuario 1981 de Cuarta Dimensión), y los resultados están a la vista. Un párrafo de más de 30 hojas de correspondencia mantenida con la NASA lo ratifica. Y de las pruebas materiales no se puede dudar.
Ponemos punto final, con dolor y asombro. Y desde ahora, si alguna vez nos dijeran la verdad sobre las investigaciones espaciales ya no podremos creerla. Y eso, como hombres de investigación, nos resulta sumamente adverso. Así termina su análisis el redactor Héctor Antonio Picco.
LOS H.d.N. MAS ALLA DE LOS OVNI(s)
HOMBRES RAROS, misteriosos, extraños, son descriptos en muchos libros de nuestra historia cultural y no siempre vinculados con la problemática OVNI. Los sucesos de vampirismo que asolaron a la humanidad durante la Edad Media europea guardan descripciones generales muy similares a los hechos H.d.N. de la actualidad.
Hombres de piel oscura, rostros angulares, con rasgos caucasianos, similares a los orientales, eran asiduamente mencionados en muchos relatos de esa época, y también se los representaba en pinturas demoníacas de afamados pintores medioevales.
En muchas pinturas, han aparecido estos seres con dedos desmesuradamente largos, como si fueran garras; la mitología de los Kappas en Japón y Oriente efectúa numerosas descripciones de esos seres fantasmales, que casi siempre presagiaban algo malo, algo trágico. En el milenario vudú africano, hoy religión corriente en Haití, eran muy comunes las apariciones con una obsesión destructivo realmente impresionante; mitos como el de la Mala Segadora son también significativos.

Thomas Jefferson
El hoy popular Malcolm X, puesto en onda a través de la película del mismo nombre, vivió una experiencia que él mismo la relata en un libro. El famoso dirigente de milicias negras estadounidense escribía: "Cuando estaba cumpliendo sentencia en una prisión estatal, y descansaba en mi cama, de repente, me di cuenta de que un hombre estaba sentado junto a mí, que había surgido de la nada. Llevaba puesto un traje negro y podía verlo tan claramente como puedo ver a cualquier otro; no era negro ni blanco. Era de un extraño color moreno, de raza asiática, con el pelo negro y lustroso. De pronto miré directamente hacia su rostro. No me atemoricé. Sabía que no estaba soñando. No podía moverme, no podía hablar y él no lo hizo. No podía situarlo racialmente, aunque sabía que no era europeo. No tenía ni la más mínima idea de quién era. Simplemente estaba allí y había surgido de la nada. Entonces, tan repentinamente como había venido, se fue, se esfumó". Increíble, pero cierto. Malcolm X pensó que esta aparición era un fantasma de la religión de los Musulmanes Negros, habituados a este tipo de sucesos extraños y macabros.
También en los Estados Unidos, una persona de tez oscura, con capa negra y capucha, le entregó a Thomas Jefferson un diseño para colocar en la moneda de esa nación -que hoy perdura como excepcional hecho, en el uso común monetario-, el famoso dólar. Allí, en el billete de un dólar, aparece lo que se llama el Gran Sello de los Estados Unidos, que permanece inalterable a través del tiempo.

Madame Dubarry
La célebre Madame Dubarry, amante del rey francés Luis XV, escribió en sus memorias los repetidos y frecuentes encuentros con un enigmático hombre joven vestido de negro, que siempre con artilugios se acercaba a ella para darle mensajes de futurología.
Una tarde de 1774, del mes de abril, Dubarry y Luis iban en carruaje hacia el Palacio de Versailles, cuando de pronto el extraño hombre volvió a aparecer. Ella sabía que ésa sería la última aparición de él y era anunciante de un gran cambio en su vida. Ella escribió: "Mecánicamente dirigí mis ojos hacia la verja de hierro que conduce al jardín. Sentí que la sangre abandonaba mis mejillas y un grito de horror salió de mis labios. Allí, contra la reja, estaba mi enigmático hombre. Llamé a mis guardias, haciendo detener el coche; se revisó todo el lugar minuciosamente y no pudieron encontrar al personaje así como ningún rastro suyo. Una vez más se había desvanecido en el aire". Después de ese hecho, se produce el gran cambio para Madame Dubarry; las controversias palaciegas hacen que ella parta a su definitivo exilio, y nunca más será influyente en la corte francesa.
Napoleón Bonaparte
Otro personaje que fue visitado por un hombre vestido de negro que entró en su palacio en Roma, cuando gobernaba, fue Julio César; le vaticinó que moriría en tres días y que sería apuñalado por la persona que él menos sospechaba. El hecho histórico se produjo exactamente en el lapso previsto.
Napoleón Bonaparte, estando prisionero, tuvo la visita en su cárcel de un hombre alto, robusto, vestido de negro, con gran capucha del mismo color, que le expresó que volvería a Francia para tener poder, pero que él sería efímero porque un hombre inglés, W (sólo la inicial), lo destruiría definitivamente. También el hecho histórico se produjo, y la W era, evidentemente, del héroe de Waterloo, el general Wellington. Para mayor entendimiento, dos W en el suceso.

Duque de Wellington
Los hechos de Napoleón y Julio César nos recuerdan los contactos del quinto tipo de los OVNI(s), también denominados Los visitantes de dormitorio, en los cuales testigos son despertados en su cama por una extraña luz o una voz llamativa, para que, al abrir los ojos, al pie de la cama encuentren a un personaje que, luego de mostrarse o decir alguna frase, desaparece rápidamente.
Esa invisibilidad propia de los Hombres de Negro, que veremos en un capítulo aparte de este mismo libro, es un común denominador, muy repetitivo, en todos estos sucesos OVNI.

Julio Cesar
Uno de los libros sagrados en que relatos de invisibilidad son muy frecuentes es la Santa Biblia: y dentro de ella, están los Libros que un tiempo fueron Malditos, después Apócrifos para la religión católica y que hoy son usados en muchas ceremonias, como el bautismo, el matrimonio y otras.
Fue extraño para mí, en el bautismo de uno de mis ocho ahijados cuzqueñoss(todos bellísimos e increíbles chicos y adolescentes), en la Iglesia del Señor desTorrechaio, en Urubamba (Perú), escuchar del sacerdote joven que realizaba lasceremonia bautismal mencionar el libro de Ezequiel, que durante muchos años estuvo en esa categoría maldita o apócrifa.
Recordemos que cuando uno lee el Libro de Ezequiel, en una de sus partes, la descripción de los seres que lo visitan en determinado momento hacen de él, quizás, el primer gran testigo ocular de una presencia extraterrestre, a la luz de los acontecimientos actuales.
Otro apócrifo es el Libro de Enoc, profeta que relata su viaje hacia otros mundos, donde encontró seres maravillosos que le dieron información para que la distribuyera entre los hombres; el parecido con el episodio de la Zarza Ardiente de Moisés es muy notorio.

Enoc
El profeta dice: "Cuando Enoc había hablado con la gente, el Señor envió oscuridad a la Tierra, y hubo oscuridad, y cubrió a los que estaban con Enoc y lo llevaron a los más altos cielos, donde está el Señor y lo recibió y lo sentó ante su rostro y la oscuridad desapareció de la Tierra y la Luz brilló de nuevo.
Y la gente vio y no entendió cómo había sido llevado Enoc y glorificaron al Señor. Y encontraron un rollo en el cual había sido trazado 'el invisible Dios'; y todos se fueron a sus hogares. Y Enoc caminó con Dios y no estaba, porque Dios se lo llevó". Para muchos, la otra cara de Dios, es el Sin Nombre Oscuro, que funciona en lo negro, como la Luz funciona en lo blanco y positivo.
Escritores y pintores, en muchos relatos, narran su desesperación por la persecución de supuestos ángeles, en la cual no podían distinguir entre lo bueno y lo malo. Se mueven en una zona oscura de presencias superiores, en que no saben distinguir si han estado con un ángel, un demonio o un fantasma, o simplemente con Dios.
En sueños profundos, de gran trance, muchas veces sucede esta especie de fragmentación; hay momentos, encuentros, en que se pasa de la gran alegría al tremendo terror; trances del todo y la nada, donde se logra el convencimiento de estar viviendo una experiencia muy profunda, tal vez sagrada, fuera de nuestra conciencia común y corriente.

La interminable genealogía, como las fábulas de todos los tiempos, funciona en esta realidad de los Hombres de Negro, los visitantes misteriosos de todas las épocas, acentuados en presencia en estos tiempos por la aparición de un Gran Cambio que, quizá, para muchos protagonizan los OVNI(s), esos "aparatitos" extraños, raros, desconocidos, que no sabemos de dónde vienen y que rompen estructuras científicas y sociales, como producto de la gran apertura de conciencia de la Humanidad toda.
Hoy nadie está insensible o fuera de contexto de la problemática de la Ovnilogía; se discutirá, se negará, se afirmará, se conocerá o desconocerá, pero allí está. Y lo mismo sucede con los Hombres de Negro; son tantos los hechos acumulados a través de la Historia en que han aparecido estos “señores” con su extraña vestimenta, que el motivo para la polémica existe, para indagar sin hacerse los distraídos ni los tontos; sólo hay que estar con la mente atenta para no amilanarse y saber recepcionarlos. Hay que sentirse libre de hacerlo y olvidarse de la peor cárcel que tenemos: el miedo.


MIS ACERCAMIENTOS A LOS H.d.N.
DESPUÉS DE LOS ACONTECIMIENTOS del caso San Luis (Argentina, 1978), en donde ante un contacto del tercer tipo se promovió una Declaración oficial de w esa caminata extraterrestre (véase Ellos, los seres extraterrestres, Ediciones Florentinas, Argentina, 1997), y antes de que yo llegara a investigar, se acercan “al caso” dos extrañas mujeres, que mencionan mi nombre a nuestro representante de ONIFE en San Luis, el señor Hugo Quiroga, pidiendo todos los detalles de lo que había ocurrido. Sus movimientos llamaron la atención a Quiroga, ex policía, y quizás advertidas por ello, las dos desaparecieron sin dejar rastro, luego de haber averiguado todos los hechos. Cuando yo llego al lugar, Quiroga me pregunta por esas supuestas enviadas desde ONIFE Central, y se alarma al enterarse de que yo no las conocía. Terminada nuestra investigación, desde San Luis me escriben una carta alertándome que en días posteriores se habían alojado en un hotel céntrico de esa ciudad dos caballeros “vestidos de negro” que se movilizaron hasta el dique La Florida, y durante dos días estuvieron indagando en ese lugar los hechos sucedidos anteriormente.


En el Hotel el Volcán, situado cerca de allí y en un lugar paradisíaco, la dueña nos narró (meses después) que también habían estado en ese sitio y que les había llamado mucho la atención sus actitudes.
Cuando a principios de 1974 aún estábamos investigando el caso “Operación Bordeu” (que narro en el libro citado antes y conocido por el público por nuestro documental que lleva el mismo nombre, y que ha sido visto en 16 países de América y Europa), en la ciudad de Bahía Blanca (Argentina), epicentro de los hechos, aparecieron dos pseudoperiodistas cuyos misteriosos movimientos llamaron la atención de uno de los médicos participantes en la investigación, el doctor Eduardo Mata, quien me avisó rápidamente. Cuando llegué al lugar ya habían desaparecido abruptamente.

Aun más, en 1964, cuando estaba investigando el famoso “Caso Trancas” (Tucumán, Argentina), sucedido el 21 de octubre de 1963, también se acercan a mis oficinas de Buenos Aires tres señores muy elegantes vestidos de negro, que para la estación estival de aquel tiempo era algo sumamente extraño. Me interrogaron durante cerca de dos horas, muy intensamente (todavía yo no estaba alertado de estas presencias misteriosas), siempre en forma muy cortés; pero yo presentí “un halo de misterio” en sus actitudes. En aquel momento, presentándose como "periodistas norteamericanos", dejaron una dirección en Nueva York, que luego resultó falsa.

Punta Arenas (Chile)
En el año 1973 se realizaron tres robos en mis antiguas oficinas, que llamaron mucho la atención a la Policía Federal Argentina, participante en esos casos, fundamentalmente porque no habían sustraído dinero, ni máquinas de escribir o calcular (de buen valor), sino documentación de OVNI(S) (diapositivas, fotos, estadísticas, expedientes). También en el primer robo dejaron tirado en el suelo un papel blanco, de tamaño grande, con inscripción en rotulador negro, muy grueso y firme, una leyenda con la palabra: “Volveremos”. Y de verdad que cumplieron. Estando en Punta Arenas (Chile), una de las ciudades más australes del mundo, donde han vuelto a aparecer los famosos Kappas, también estuvieron “ellos”, en el hall del teatro donde realicé una de mis disertaciones.

William Spaulding
En el Congreso Mundial de Acapulco (México), en abril de 1977, aparecieron en dos oportunidades, durante las sesiones, siendo observados por mi esposa, quien disimuladamente me anunció su presencia; en la primera de sus “apariciones” estaba disertando William Spaulding, de Estados Unidos, y sigilosamente traté de acercarme, ya que estaban en el fondo del Salón de Conferencias del Palacio de Congresos, bastante a oscuras (estaban pasando diapositivas) y cuando llegué al lugar, después de distinguirlos desde lejos, ya no estaban. En otra oportunidad, también los vio el ingeniero Enrique Castillo Rincón, de Colombia, y en un instante de gran silencio en el recinto, ante la disertación del doctor Joseph Allen Hynek; no pudimos levantarnos al verlos, me miraron muy fijamente, otra vez desde el fondo de la sala, se quedaron unos minutos allí y me pareció recordar (no estoy seguro de ello) el rostro de “aquel periodista norteamericano” del año 1964, en Buenos Aires.




EL CASO DEL PSICÓLOGO

Una tarde invernal del mes de agosto, en la ciudad de Buenos Aires (República Argentina), un hombre de 40 años, licenciado en Psicología y asesor científico de mi Fundación, recibe en su consultorio particular a un paciente muy singular. Los sucesos ocurrieron de la siguiente forma: al entrar el paciente en el consultorio del psicólogo, le dice a modo de presentación:
“Señor, yo no vengo a consulta con usted; sólo vengo a advertirle que deje de investigar sobre algo que, si bien es poco comentado aquí en la Argentina, puede resultar peligroso para usted, a la organización de la que forma parte e, inclusive, su familia. Me refiero a lo que ustedes llaman los ´Hombres de Negro”.
El profesional, un buen observador del exterior e interior humano, estudió en silencio a su interlocutor, llamó a su secretaria, pero, cosa extraña, ella se había retirado antes de lo acostumbrado, sin avisarle. Entonces descubrió que tampoco había otro paciente en la sala de espera; resumiendo, se encontraba a solas con alguien que podía ser un “Hombre de Negro”.
La figura que tenía frente a sí presentaba un aspecto pulcro, cuidadosísimo; vestía de gris muy oscuro, camisa blanca, corbata negra. Su aspecto físico era el de un hombre de 1,85 o 1,90 m de altura, delgado, tez blanca, cabello castaño, manos de artista, delgadas finas, pero muy fuertes.
Rompió el silencio nuevamente el extraño personaje: “Usted guarda los manuscritos producto de su investigación privada, en el segundo cajón del mueble que se encuentra a su derecha (y así era, en efecto). Quémelos, olvídelos; como amigo suyo que no soy, se lo advierto. Le abonaré sus honorarios, ¡ah!, tal vez su secretaria regrese enseguida; la envié a comprar cigarrillos; los suyos se acabaron, ¿verdad?”.
Luego procedió a abonar la consulta, la que entregó en un sobre cerrado; se levantó y se retiró no sin antes repetir: “Olvídelo”.
A los pocos minutos regresó la secretaria del profesional; de inmediato mi asesor preguntó: “¿Dónde fue, señorita?”. Obtuvo la siguiente respuesta:
“Licenciado, usted me envió a comprar cigarrillos, ¿no recuerda?”. El psicólogo dijo: “Claro, lo había olvidado”.
Evidentemente poseen una capacidad de traslación y ubicación que nosotros desconocemos, o, ¿tal vez hipnosis a distancia? En este caso la secretaria de mi colega habría sido víctima de una orden hipnodirigida.
Es menester aclarar que el licenciado en cuestión fue comisionado por mí para detectar en mis conferencias, proyecciones e investigaciones, la posible aparición de estos personajes, pero él, a su vez, también era vigilado. He omitido en este caso el nombre del profesional a su expreso requerimiento.


EL EXTRAÑO INGENIERO PÉREZ

El ingeniero OA es un hombre de una inteligencia excepcional. Me asesoraba en el área de la psicotrónica y la física. Su actuación dentro de mi organización me resultó inestimable. Alrededor de 1976, OA monta definitivamente su laboratorio de investigación psicotrónica y energética humana.
Trabajaba allí los días sábados y domingos. En la mañana de un sábado lo llama por teléfono un hombre que se identificó como el “ingeniero Pérez”, le dijo que sabía de las investigaciones a las que estaba dedicado y que él, a su vez, también se dedicaba a lo mismo; que le gustaría mucho colaborar.

Mapa Kirlian
El ingeniero aceptó, complacido; quedaron en que Pérez iría esa misma tarde al laboratorio. Alrededor de las 17:00 horas apareció este ingeniero, un hombre delgado, de estatura normal, vestido con un traje oscuro, corbata y camisa. Su tez era oscura, como bronceada por el sol, y su cabello, negro.
Comenzaron a hablar sobre psicotrónica; el ingeniero Pérez demostraba verdadera erudición.
Se impuso de todo lo que se investigaba y quedó en regresar al día siguiente, a fin de colaborar activamente.
Casualmente, OA en esa época se estaba ocupando de reformar o innovar la máquina Kirlian; su afán en ese momento era la kirliangrafía, o, dicho en otros términos, la fotografía de las energías humanas -no visibles al ojo desnudomediante técnicas psicotrónicas.

El aparato Kirlian 
Al día siguiente, Pérez comenzó a trabajar en el asunto y empezaron a ocurrir cosas extrañas. El aparato Kirlian quemaba sus bombas con insistente frecuencia; la fotografía se velaba, hasta hubo un principio de incendio dentro del laboratorio y... desaparecieron valiosas pruebas inéditas de la fenomenología Kirlian.
El ingeniero estaba dispuesto a abandonarlo todo; se sentía desanimado, me comentaba que si bien Pérez conocía la temática, había algo que no le permitía confiar, pero que, como era tan amable, le daba pena decírselo. En efecto, Pérez parecía ser humilde, silencioso y tal vez dadivoso, pues le ofrecía a mi asesor, sin cargo alguno, películas, rollos fotográficos y piezas de electrónica que, inevitablemente, fallaban.

Le propuse a OA la idea de que cerrarse el laboratorio por un tiempo y le avisase que se encontraba desanimado, que la investigación había llegado a punto cero. Así lo hizo. Pérez se alegró, aduciendo que en realidad a él le ocurría lo mismo y que, casualmente, una empresa de electrónica importante le había ofrecido un puesto en... Perú, de manera que, en una semana, se encontraría fuera del país, aunque pasaría a despedirse. Así fue.
Pero la aparición del señor Pérez para la despedida fue espectacular; era un verdadero gentleman: traje negro, zapatos negros, corbata negra, camisa blanca, cartera de mano negra y... un largo Sedan negro de marca irreconocible, con un chófer, vestido al mismo estilo de él, en la puerta. Al despedirse cordialmente del ingeniero en electrónica, le dijo: “Veo que has cerrado el laboratorio; bueno; después de todo, nuestra labor fue fructífera, adiós”.

Durante 1978 pudimos corroborar que, en efecto, Pérez se encuentra en Perú, pues dos veces llamó desde ese país para averiguar cómo estábamos. Agradecemos al ingeniero Pérez la lección que nos dio. Indudablemente la investigación a la que nos hemos consagrado debe de ser de suma importancia. Tal vez “ellos” estén entre nosotros, pero son ya minoría porque hay mayoría de los que ven salir la luz.
Muchos de mis colaboradores y científicos de nuestra Fundación Disciplinas de Apertura han tenido alternativas diversas con ellos, los “Men in Black”, los Hombres de Negro.

Sólo para no agobiarles con tantos sucesos similares, quiero referirles un hecho sucedido en Córdoba (España), que mucho me impactó y cuyos testigos que pueden ser entrevistados en cualquier momento. La que narraremos es una investigación exclusiva hecha en el lugar de los hechos.

Ciudad de Córdoba, España
N HECHO PARA PENSAR
EL CASO CÓRDOBA (ESPAÑA)

Cambios en la personalidad de los testigos.
Nuevamente los Hombres de Negro.
Extrañas implicaciones de hechos posteriores al principal suceso.
Testigos: Pedro Muñoz y Francisco (Paco) Jurado.
Profesión: Altos empleados bancarios.
Fecha: 26 de diciembre de 1975.
Lugar: Carretera Córdoba-Granada (España), a 5 kilómetros de Córdoba.
Hora: Entre las 5:25 y las 6:05.
Consecuencias: Hechos raros posteriores ofrecen pautas de comportamiento señalables.

EN 1976 REALICÉ este interrogatorio a dos excelentes e importantes empleados bancarios españoles; los hechos insólitos habían quedado en el archivo ONIFE, porque las implicaciones posteriores “eran extrañas, muy extrañas”.
Me había enterado del suceso en Madrid, a poco de ocurrido el hecho principal. Lo comenté con otros investigadores españoles, lo dejé en carpeta para investigar en la primera oportunidad en que me acercara a Córdoba. En marzo de 1976 estuve allí; me presentan a los testigos, los interrogo, conozco su probidad y calificación moral, pero... los hechos posteriores me indican mesura en la información.
Pasados tres años, se producen dos hechos muy similares en la República Argentina y otro en Chile, y me animo a publicarlo. La actuación de los extraterrestres es coincidente con este “caso Muñoz-Jurado”. Y los hechos posteriores, que es lo más señalable de este contacto del primer tipo, hacen que se transforme luego en contacto del tercer tipo. En estos sucesos aparecen nuevamente los Hombres de Negro, que tanto dan que pensar.


Escuchemos a los protagonistas y pensemos en todo lo vivido por ellos. Algunos de los seres extraterrestres que nos visitan actúan así.
FZ: ¿Tú cómo te llamas?
T: Francisco Jurado.
FZ: ¿Qué edad tienes?
T: 23 años.
FZ: ¿Qué profesión tienes?
T: Empleado de Banco, gerente.
FZ: ¿Soltero?
T: Sí.
FZ: ¿Y tú?
T: Pedro Muñoz.
FZ: ¿Edad?
T: 31 años, casado y empleado de Banco, gerente.
FZ: ¿Tienes hijos?
T: Una hija de tres años y otra de dos años.
FZ: ¿Las dos nacidas en Córdoba?
T: Sí.
FZ: ¿Por qué iban ustedes a Granada?
T: A incorporarnos al trabajo, como lo hacíamos diariamente.
FZ: ¿Por qué iban a Granada, trabajando en Córdoba?
T: Estábamos allí, en el mismo Banco donde trabajamos, porque dada nuestra categoría nos necesitaban allí.
FZ: ¿Qué Banco es?
T: Antes era el “Banco de Córdoba”, ahora es el “Banco Comercial Occidental”.
FZ: ¿Y estaban en funciones bancarias ahí entonces?
T: Sí, habíamos pasado las fiestas navideñas en Córdoba. Había quedado con Paco en reunimos a las cinco y media para ir a Granada juntos y estar a las ocho en el Banco, ese día 26 de diciembre. Yo me levanté temprano, justamente a las cinco menos cinco me duché, a las cinco y cuarto terminé, me arreglé, me vestí y como veía que tenía tiempo suficiente, me fui despacio a buscar a Paco a la esquina de su casa.
FZ: ¿Y tú qué hiciste antes del encuentro?
T: Yo me levanté a las cuatro y media, me lavé, tomé el desayuno, que yo mismo había preparado.
FZ: ¿Vives solo?
T: Aquí en Córdoba, sí.
FZ: ¿Cómo hiciste para encontrarte con Pedro?
T: Las casas están cerca una de otras, nos quedamos en encontrar en la esquina que está a 20 o 30 metros de donde vivo yo, cuando llegué, él me estaba esperando.
FZ: ¿Qué hora sería?
T: Eran justo las cinco y veinticinco.
FZ: Y tú, ¿a qué hora llegaste?
T: A las cinco y cuarto, más o menos.
FZ: El coche, ¿era tuyo?
T: Sí era mío (dice Muñoz).
FZ: ¿Y estaba en la calle?
T: Sí, estaba en la puerta de mi casa.
FZ: Sacan el coche y salen por la carretera 423 entre Córdoba y Granada.
T: No hablamos nada en el trayecto.
FZ: ¿Hasta qué momento?
T: Paco rompe el silencio cuando dice: la luz.
FZ: ¿Estaba hacia tu izquierda?
T: Sí (dice Pedro).
FZ: ¿A qué distancia?
T: No sé calcular la distancia, porque es muy difícil calcular una luz de noche.
FZ: ¿Más de un kilómetro, por ejemplo?
T: Sí, seguro.
FZ: ¿Estaba detrás de un monte o encima de un monte?
T: Detrás de un monte; en el terreno hay ondulaciones y se veía la luz perfectamente; luego se situó sobre los árboles.


FZ: ¿Y qué es lo que viste desde el principio?
T: Al principio vi una luz brillante; le dije a Pedro que la mirara; entonces él me dijo que era muy extraña, que no podía ser una luz a esa altura.
FZ: ¿Y tú viste lo mismo?
T: Yo vi un tipo de foco en forma de riñón y una luz blanca azulada. Nosotros nos acercamos más y se puso de color naranja, después empezaron a moverse unas luces rojas que estaban en la parte superior. La sensación que daba era como una cosa blanca grande con lucecitas que paulatinamente se acercaba.
FZ: ¿La noche, cómo era?
T: Totalmente estrellada. Sin luna, pero clarísima.
FZ: ¿A qué velocidad estimabas que ibas, más o menos?
T: No tengo idea, porque no miré en ningún momento el cuentakilómetros; pero iría a unos 80 o 90 kilómetros por hora.
FZ: Y al verlo por primera vez, ¿cuántos kilómetros se había separado de Córdoba?
T: Unos cinco kilómetros.
FZ: Habían pasado esa cuesta de Lobatón y después de la primera visualización, tú compruebas que es algo raro.
T: Sí, por supuesto.
FZ: ¿Siguió rodando el auto y esa luz se acercó al camino?
T: La sensación que me daba era que esa luz nos cortaba el camino.
FZ: ¿Tú tenías las luces puestas?
T: Sí. Llevaba los cuatro focos encendidos; las de posición y las largas.
FZ: ¿Qué es lo que ven después?
T: Nosotros empezamos a desplazarnos, Paco me dijo que era un OVNI. Iba aumentando de tamaño; entonces llegó un momento en que me impresionó bastante, tuve miedo y rezamos los dos.
FZ: ¿Qué rezan?
T: Rezamos un Padre Nuestro; no nos dio tiempo para terminarlo, pues nos asfixiaba el miedo que teníamos. Terminamos de rezar, y no sé por qué pensé en apagar los focos, pero con los nervios, encendía la luz de situación (o de posición) y me quedé sin luz en la carretera, y cuando hice el cambio de luces fue cuando el aparato se me echó encima.
T: ¿Cuándo bajó a la carretera?
T: No, flotaba sobre la carretera.
FZ: ¿Flotaba sobre la carretera?
T: Sí, seguro que flotaba.
FZ: ¿Por qué dices que flotaba?
T: Porque estaba suspendido, se balanceaba sin hacer ruido ni ningún sonido. Estaba suspendido como una hoja de papel, frente a nosotros; entonces veo que me voy a estrellar contra el objeto, y Paco me dice: sigue, sigue.
FZ: ¿Por qué decías sigue, sigue, sigue?
T: No sé, la verdad es que yo empecé a tener miedo; no sé muy bien expresar lo que sentía en esos momentos. Yo empecé a sentir algo raro. Fue cuando se puso sobre la carretera, frente a nosotros.
FZ: ¿A qué distancia tenías el aparato?
T: Más o menos unos 200 metros. Entonces di la vuelta en mitad de la carretera y tiré para Córdoba otra vez, y entonces ya no vi nada, porque quería conducir lo más rápido posible. Paco empezó a decirme que estaba a unos 50 metros, que se desplazaba a la izquierda.
FZ: ¿Tú qué viste?
T: Vi que venía detrás nuestro, que nos seguía.
FZ: Quizá se quedó detenido el OVNI atrás y la luz te dio la impresión de que se venía sobre ti; o el miedo que tenías en ese momento te hizo pensar que se te venía encima. ¿Veías físicamente que se te venía encima?
T: No puedo afirmar lo que pasó realmente.
FZ: ¿Sacabas la cabeza por fuera de la ventanilla?
T: Sí, me asomé varias veces.
FZ: ¿Y te daba la impresión de que había levantado vuelo?
T: Sí, por lo menos se había elevado, porque al regresar cuesta abajo y con los desniveles del terreno se habría perdido de vista, y, sin embargo, no lo perdimos de vista en ningún momento: No lo veo, entonces miré a la izquierda (una fuerza me mandó mirar hacia ese lado) y allí estaba en lo alto.
FZ: ¿A qué altura?
T: A tres o cuatro metros del coche.
FZ: ¿Ahí lo perdiste de vista?
T: No, lo perdimos, justo a la entrada de Córdoba. Hay un trayecto del camino que no recordamos; lo único que nos acordamos es del barrio Los Vikingos.
FZ: ¿Hay un trecho de kilómetros que ustedes no recuerdan haberío vivido?
T: Sí, uno o dos kilómetros.

Simca 1200
FZ: Y después, cuando llegaron al barrio Los Vikingos...
T. Vi un coche que estaba detenido; era un “Simca 1200”; paré el coche automáticamente y grité si iban para Lara.
FZ: ¿Te bajaste?
T: No, me asomé por la ventanilla. Y aquel señor estaba sentado en el asiento del coche, con una pelliza, echada sobre la cabeza.
FZ: ¿Una especie de capuchón?
T: Sí. Entonces le pregunté: "¿Van ustedes para Lara?", y el señor dijo: “Los sigue un OVNI”. Entonces yo saqué la conclusión que él también había visto el objeto.
FZ: ¿Ese hombre estaba solo?
T: No, al lado había otra persona, pero no sé si era un hombre o una mujer.
FZ: ¿Te acuerdas de los rasgos fisonómicos de él?
T: No.
FZ: ¿Cómo fue la conversación con él?
T: La conversación fue muy rápida, yo me acuerdo que arranqué el coche y no hablé con él.
FZ: Pero, ¿por qué arrancaste?
T: Porque él me dijo la palabra OVNI. Cuando él me dijo la palabra OVNI, yo arranqué el coche, fue algo intuitivo, o el subconsciente mío me dijo que sí. Si él me dijo OVNI fue que también lo vio, entonces para qué se lo voy a contar.
FZ: Tú, ¿qué pensaste de ese señor, Paco?
T: No, yo no hablé nada con él, lo único que me extrañó fue cuando dijo que nos seguía un OVNI; todo fue tan rápido, él arrancó en seguida y no comentamos nada más.
FZ: ¿No se les ocurrió mirar por el espejo retrovisor qué hacía ese auto?
T: No, lo único que pensé yo después fue que posiblemente este coche se estaba preparando para ir de cacería o algo así.
FZ: ¿El “Simca 1200”, es muy común aquí?
T: Sí, porque son para meterse por los terrenos, por los caminos, es un coche que tiene espacio atrás donde se pueden meter cosas, bultos, lo que sea.
FZ: Cinco puertas, ¿no?
T: Cinco puertas.
FZ: Llegan entonces ya a Córdoba...
T: Sí, llegamos a Córdoba, paramos el coche y miramos por la ventanilla y nuevamente lo vimos ahí, muy alto, pero se veía perfectamente.
FZ: ¿En qué ángulo estaría?
T: 45 grados.
FZ: La primera vez que vieron el OVNI allí sobre los árboles, ¿a qué grados estaba más o menos?
T: Más o menos, 45 o 50.
FZ: ¿Y al llegar a tu casa?
T: Sí, hablamos con mis suegros y pasa algo curioso. Elvira, mi mujer, me dijo que esa noche había presentido algo, que nos iba a pasar alguna cosa en la carretera, y cuando yo llamé al portal, no se había acostado todavía; cuando me vio, pensó que había tenido un accidente, porque yo estaba muy nervioso, totalmente distinto de cuando me había ido de casa. Estuvimos allí, hablando, nos tranquilizamos.
FZ: ¿En el Banco hubo algún problema?
T: No.
FZ: ¿Qué es esa sensación que me explicaste anteriormente, de volver otra vez a la carretera; es decir, tú cumpliste con una obligación de avisar a tu mujer y a tus suegros que habías tenido esa experiencia tan extraña, pero luego sentías una imperativa necesidad de volver.
T: Yo sentía una fuerza enorme, como una obligación, como una llamada; yo estaba seguro de que si volvía a la carretera, me pasara lo que me pasara, no iba ser nada malo. Tenía que ir a la carretera por la fuerza.
FZ: ¿Tú tenías la misma impresión?
T: Sí, yo por mí no hubiese ni vuelto a Córdoba; él sí.
FZ: Tú le decías, sigue, sigue, como para enfrentarte a eso; ¿para ti era un aparato, no una luz?
T: Sí.
FZ: ¿Qué diámetro tendría para ti; más o menos que el ancho de la carretera?
T: Sí, 20 metros más o menos.
FZ: ¿Y de alto?
T: Cinco o seis.
FZ: ¿Abajo también veías luces rojas?
T: Sí, abajo o más en el medio; yo me di cuenta casi desde el primer momento que tenía una parte oscura por las luces rojas. La parte oscura se confundía con la noche.
FZ: ¿Cómo eran las luces adentro de la parte negra?
T: Eran rojas.
FZ: ¿Redondas o cuadradas?
T: Como las luces de un semáforo.
FZ: ¿Qué sentiste en ese momento, cuando le decías a tu amigo que te acercabas a ese aparato?
T: Sentía unas ganas tremendas de acercarme, de "tocarlo" aunque tenía miedo.
FZ: Y durante el regreso a Córdoba, ¿sentiste esa necesidad de volver?
T: Sí, todo el camino.
FZ: ¿Estabas inquieto e intranquilo, Pedro?
T: Sí, por mi mujer y nú hijo, por eso tenía ganas de volver a casa.

Ciudad de Granada, España
FZ: Me cuentas que has estado muy intranquilo este año, ¿cuál es el primer acontecimiento raro que te sucedió?
T: Llegamos a Granada; trabajamos en el Banco; dormimos aquella noche fenomenal, y la otra, y las siguientes, hasta 12 o 14 noches; estábamos solos allí, cada uno en su pensión; pero después del suceso, Paco dejó la pensión en que estaba y se vino a casa a dormir. Una noche dormíamos perfectamente, sin tema OVNI ni nada; pero a las cinco y media de la madrugada, salté de la cama y, cuando me levanté, vi a Paco que estaba en el pasillo, ambos teníamos una sensación de terror, de miedo horrible; ambos esperábamos ver a alguien o algo, no sabemos qué. Luego nos sentamos con todas las luces encendidas, porque teníamos un miedo terrible.
FZ: Tú me dijiste también que en el momento después de la experiencia del 26 de diciembre, cuando llegaste a casa teníais los cabellos imantados.
T: Sí, porque los demás nos tocaban el cabello y parecían como los pelos de un cepillo, en punta. Desde ese momento nos notamos más sensibles a las cosas, incluso al frío y al calor. Yo me acuerdo que una vez -esto es extrañísimo- dormimos los dos en el mismo cuarto, cada uno en una cama y vi como todo el cuerpo de Paco se elevaba; yo sentí también que mi pierna se elevaba, y entonces vi levantarse a Paco, más o menos unos 30 centímetros del colchón y le grité y cayó el cuerpo dentro del otro, que había quedado sobre la cama. Otra noche, Elvira (mi mujer) me despertó y vi una luz blanca azulada que pasaba por su vientre, luego por el mío, salió por el pasillo, entró en el cuarto de Paco y desapareció.
FZ: ¿Cómo era esa luz?
T: Tenía el diámetro de un plato sopero, quizá más grande. Además con la misma luz que el OVNI que habíamos visto aquella noche.
FZ: Paco, ¿qué fue lo que viste tú esa noche cuando entró la bola luminosa a tu cuarto?
T: Lo primero que vi fue la luz a mi derecha, redonda como la de una linterna, pero blanca. Una luz blanca muy brillante; la vi en los pies de la cama, moverse a mi alrededor, acercarse a la ventana y desaparecer. Yo sé que me incorporé, me senté y que la vi perfectamente moverse y creía que era una broma de Pedro con la linterna; pero supe que no. Yo le había dicho también que íbamos a ver el OVNI otra vez; también se lo comenté a dos amigos míos; serían las seis de la mañana cuando llegué justamente al punto donde nos dejó el OVNI el 26 de diciembre, a unos 500 metros de casa; miré hacia arriba y había una circunferencia o una bola de medio metro de diámetro, brillante, blanca azulada, en el cielo; la vieron todos.
FZ: ¿Encima de tu cabeza? ¿Un ángulo de 90 grados?
T: Sí, 90 grados justos. Lo vieron todos perfectamente y salimos cada uno sin decir ni una palabra; por supuesto, corriendo.
FZ: Además de ti, Pedro y de tu mujer, ¿quiénes más lo vieron?
T: Dos matrimonios más.
FZ: Después vinieron los sucesos de Granada. Sucedió lo del plano luminoso. ¿Era de color blanco?
T: La misma luz, blanca azulada.
FZ: ¿Un poco más grande que una pelota de fútbol?
T: Sí, y además redonda como una luz de una linterna-, yo la veía sin nada que mantuviera esa circunferencia; veía esa circunferencia en el suelo, moviéndose y siempre flotando. Una noche, nos sucedió también una cosa curiosa. Serían las once de la noche en Granada y los dos, Paco y yo, veníamos para casa, estaba sola la calle.
FZ: ¿Qué calle de Granada?
T: La calle Carrero Blanco. Yo venía caminando con Paco, hablando de un tema del Banco y viene una señora con una apariencia e unos 37 años, a vestimenta era negra; seguramente un traje oscuro, cabellos rubios.
FZ: ¿Esbelta? ¿Qué altura?
T: La altura, un poquito más que yo; yo mido 1,81 metros, la mujer, 1,85 metros, aproximadamente.
FZ: Alta, entonces.
T: Para mujer, bastante alta. La cara no la recuerdo, sólo recuerdo que los ojos eran grandes, verdes o azules. Sí, sé que eran ojos claros y el pelo era rubio. Esta mujer venía con una manzana en la mano; pero... no era manzana, era...
FZ: ¿Cómo que no era manzana?
T: No. Era una chirimoya, o algo así; esa mujer venía echando la chirimoya para arriba, y a mi me llamó la atención la forma en que la estaba echando para arriba; además los pasos que daba eran muy grandes, y entonces resulta que cuando yo pasé al lado de ella, dije: “Paco, mira qué manzana lleva esa señora”, di dos o tres pasos, nos pasamos y miramos para atrás; la mujer estaba de pie a unos cuatro metros, sonriendo; se acercó a nosotros, y me dijo con una voz de acento extranjero, en castellano, pero voz extranjera.
FZ: Extranjera, ¿tipo sueco, alemán?
T: Sí, algún idioma europeo, raro; dijo: “No ser manzana”. Me puso la mano en la frente, y el pulgar me lo hundió en la sien. Me hizo un daño horrible. No sabía qué hacer, me dio un dolor en la frente que casi me desmayo. Cuando reaccioné, miré para atrás y la mujer ya no estaba.
FZ: ¿En la calle Carrero Blanco?
T: Una nueva avenida de Granada.
FZ: ¿No había nadie alrededor?
T: Cuando pasó eso, no había nadie.
FZ: ¿Eso cuándo fue?
T: En enero o febrero, al cabo de un mes o algo más del episodio del OVNI.
FZ: ¿Cómo iba vestida esa mujer?
T: De negro. El pantalón era oscuro, un chaquetón también oscuro, y de pómulos anchos, labios delgaditos.
FZ: ¿Frente amplia?
T: Sí, porque el pelo lo tenía atrás y era más bien corto y lacio.
FZ: ¿Sin pintura?
T: No, nada de eso.
FZ: ¿A qué raza te recordó su cara?
T: Raza nórdica.
FZ: ¿Cómo los vascos?
T: No, sueco o noruego, más bien una raza del Norte.
FZ: ¿Salieron corriendo después que no la vieron a ella?
T: Sí, sí. Después nos sucedió otra cosa tremenda.
FZ: ¿En qué fecha fue? ¿Se acuerdan?
T: También enero o febrero; fue al poco tiempo, un día una cosa, a los dos días otra. Fuimos a un médico.
FZ: ¿A un médico?
T: Fuimos a verlo porque le interesaba el tema OVNI.
FZ: ¿Le contaron al médico lo del OVNI?
T: Sí, de regreso íbamos por la carretera y vimos a un hombre muy alto caminando por la misma carretera. Pasamos al lado de él y de pronto el coche se detuvo.
FZ: ¿Cómo era el hombre ese?
T: Como de dos metros de altura, con una nariz muy larga, una melena larga y vestido de negro.
FZ: ¿Qué llevaba puesto?
T: Un pantalón negro y una cazadora negra.
FZ: ¿Estaba parado en mitad de la carretera?
T: Iba por la cuneta, caminando en la misma dirección que nosotros, cuando pasamos nosotros, se quedó quieto.
FZ: ¿Por qué se detuvo el coche?
T: Quizá fue coincidencia; pero cuando pasamos cerca de él, se averió.
FZ: ¿No vieron ninguna luz por allí?
T: No, nada.
FZ: ¿Qué pasó con el coche?
T: El coche se me quedó sin motor. Sin fuerza alguna, se quedó parado.
FZ: ¿Tuvieron que empujar el auto?
T: Sí, lo empujamos en punto muerto, el hombre nos miró, se sonrió y siguió caminando, desapareciendo rápidamente. Al otro día, vimos al tipo en el Banco, cambiando moneda extranjera, dólares precisamente. Al cajero, como a nosotros le impresionó la figura de este hombre. En determinado momento mostró una sonrisa sarcástica.
FZ: ¿Tuvieron alguna otra experiencia?
T: Sí, en Granada. Fui a hablar con un camionero, y le conté lo que me había pasado. Me explicó que un día, a las cinco de la mañana, yendo para Málaga, vio a un hombre vestido de negro en medio de la carretera; fue a tomar un café, porque tenía mucho sueño. A los tantos kilómetros le volvió a pasar lo mismo; puso gasolina y cuando se fue, estaba el hombre otra vez en la esquina; entonces se le paró el motor del camión y al bajarse, estaba el hombre alto en la puerta de la cabina.
FZ: ¿Has tenido un sueño repetitivo después de esas experiencias?
T: Sí, yo he soñado varias veces que estoy en un sitio que me es conocido; en el campo, hay un árbol, voy caminando con miedo, llego al sitio detrás del árbol y veo como una forma de persona, sin ser una figura humana; digamos como una llama grande blanca, como una zarza ardiente, y siempre lo mismo, siempre lo mismo.


FZ: ¿Tuviste algún otro sueño también, Paco?
T: Recuerdo que iba hacia algo, que era un objeto desconocido, una nave, más bien redonda; sentía miedo porque iba hacia un objeto, me acompañaba alguien, no sé si era Pedro, pero me despierto cuando estoy cada vez más cerca del objeto.
FZ: ¿Es un campo también?
T: No sé dónde está detenido eso; sólo sé que todo es muy brillante. Nunca sueno, pero la vez que sueño, sueño lo mismo, teniendo la sensación de que me elevo.
FZ: ¿Estás sentado en este sillón y sientes que te elevas?
T: Sí, cierro los ojos y siento que subo. Yo mismo me asusto por las noches, porque creo que me voy a caer de la cama; pero pienso que me pasa eso por los nervios.
FZ: ¿Lo sientes más cuando estás acostado o cuando estás sentado?
T: Cuando estoy acostado.
FZ: ¿Tuvieron después algún otro sueño?
T: Sí, pero no recuerdo.
FZ: Pero, ¿te despiertas después de haber soñado?
T: Sí, y siempre a las cinco y media.
FZ: ¿Antes de la experiencia del 26 de diciembre o posterior?
T: Después.
FZ: ¿Te despiertas y después te vuelves a dormir?
T: A veces me ocurre que presiento cosas. Por ejemplo, el otro día estaba con mi mujer y le digo: “Va a venir Antonio”, y a los cinco minutos Antonio toca la puerta. Tengo un amigo llamado Pepe Ibarra, él no sabe dónde vivo; ayer le dije a mi esposa: “Va a venir Pepe Ibarra”; ese mismo día se presentó en mi casa. Eso me está pasando muy a menudo.
FZ: ¿A ti también te pasa ese tipo de fenómeno, Paco?
T: Sí, también.
FZ: ¿Has cambiado tu forma de actuar?
T: Sí, totalmente. Ahora me-siento distinto; estoy estudiando la Biblia v me interesa mucho. Tengo la certeza de que Cristo es Dios, que es él, el coordinador del Cosmos; todos debemos tener una elevación espiritual y también mental. Siento que he cambiado, el cambio lo tenemos que vivir en nosotros mismos. Sé que yo tengo que dar, quiero cada vez más ayudar a la gente, porque ésa es la única verdad. Ahora tengo ganas de hacer algo, de ayudar a los demás. Necesito superarme, y no puedo hacerlo si no ayudo a los demás.
FZ: ¿A ti te pasa lo mismo, Paco?
T: No tanto como a Pedro, pero también he tenido un cambio, me encuentro más tranquilo, a las cosas les hago frente de otra forma. Ahora soy más pacífico. Afronto la vida de otra forma. Me siento más seguro. Me siento libre.


Así dejamos a Pedro Muñoz y a Paco Jurado; los hemos vuelto a ver en tres oportunidades más; siguen muy, pero muy cambiados. Tienen premoniciones. Aceptan con naturalidad los hechos extraños, paranormales. ¿Será una preparación para el gran encuentro?
Hasta aquí hemos analizado muchos hechos, muchas circunstancias; no soy proclive a las fantasías, trato siempre de examinar y analizar el justo medio para encontrar el Sí o el No. He ido atando cabos en los últimos años, pensando que debemos poner las cartas sobre la mesa, definitivamente, para seguir investigando.
Ahora contamos con elementos suficientes de ataque o evaluación, que nos permiten pisar un terreno bastante firme. Quizás a ti, amigo lector, y a otros, que leen estas palabras mías se les pueda aclarar el panorama. Desde ahora, estaremos alerta tanto de los informes OVNI como de los Hombres de Negro. Tal vez alguno de ustedes pueda incluso brindar muchas alternativas investigativas.
Hoy, más que nunca, los nuevos parámetros culturales, la apertura mental de nuestro tiempo, indican el comienzo de una nueva era, que ha venido para quedarse por mucho tiempo, los 2600 años futuros.

LAS MISTERIOSAS ANTENAS CONTACTANTES
Auckland (Nueva Zelanda) 
LES HABLARÉ AHORA de unos hechos que mucho me impresionaron cuando los conocí. Ellos me llevaron a iniciar una extensa investigación, que hoy cuenta con un gran dossier documental. Veamos los hechos.
El comandante del "Boeing 737", Bruce Cathie, perteneciente a la “Línea Aérea Nacional Neocelandesa”, estaba preparando un plan de vuelo de cabotaje en Auckland (Nueva Zelanda) una mañana de febrero de 1968, cuando el copiloto de una nave que acaba de regresar de otro vuelo le comenta una observación singular que había hecho durante el aterrizaje.
Había llamado su atención una extraña antena que se encontraba en la parte superior de una casa cercana a la pista de aterrizaje. La orientación de dicha antena no correspondía a la de un radioaficionado común, su extremada altura no era normal, y el material con el que estaba construida la antena era muy costoso.
Conocedor de que el comandante Cathie era un estudioso de la fenomenología OVNI, el copiloto, sospechando que la antena escondía un misterio, se lo comentó a éste. Por entrenamiento y experiencia, los pilotos son muy buenos observadores, capaces de elaborar informes concisos, exactos e imparciales.

Paralelamente al comentario de su colega, el comandante Cathie había observado en sus múltiples vuelos sobre Nueva Zelanda que, en más de una oportunidad, al comunicarse por radio desde su avión en vuelo con torre de control se producían extrañas interferencias entrando en su banda de comunicación conversaciones en un código extraño, no convencional al establecido para la navegación aérea. No obstante, nunca le prestó la debida atención a ese detalle dado que esto se producía precisamente cuando la aeronave se encontraba dentro del área de los aeropuertos recibiendo instrucciones para el aterrizaje; momento clave en aeronavegación.
Intrigado el comandante Cathie ante la existencia de semejante antena, pidió al copiloto que la dibujase; la orientación que parecía tener difería totalmente de la que utilizan los radioaficionados.
Esa misma tarde llamó a Mr. Peter Temm, su amigo y colaborador en la tarea investigadora y a la sazón periodista del Washington Star de Estados Unidos, del Sunday Times de Londres y el Melbourne Herald de Nueva Zelanda. Le comentó el posible hallazgo y lo comprometió a encontrarse al día siguiente por la mañana para investigar la delirante antena.

Bruce Cathie
Provisto de una cámara fotográfica con teleobjetivo se dirigieron al lugar en cuestión, localizaron la antena que pertenecía a una casa que se encontraba en medio de un extenso jardín, tomaron una serie de fotografías y retornaron a sus hogares en Auckland.
El revelado (realizado por Temm en su laboratorio privado) arrojó el siguiente resultado:
El mástil tenía 10 metros de altura y era de acero inoxidable. Los soportes de los alambres que servían de antena eran de forma de pequeña caja cuadrangular e insertado en cada una de dichas cajas emergía un alambre. Eran ocho alambres antenas en total y su longitud era de tres metros.
Luego de haber observado detenidamente el extraño aparato, Bruce Cathie se dirigió a la oficina de Correos para averiguar si existía algún reglamento en lo referente al tipo de construcción y orientación de antenas de radioaficionados. La respuesta fue negativa; más aún, le mostraron un modelo de antena que difería totalmente de la fotografiada por él mismo. A partir de ese momento, Cathie comenzó la tarea que él denominó “caza de antenas”.


Supuso que, por algún motivo oculto, dicha antena se encontraba en ese lugar. Decidió revisar su archivo personal y buscar las líneas de ortotenia que marcaban el paso de fenómenos OVNI(S) en las zonas del planeta, y... en el plano correspondiente al distrito de Auckland observó que, precisamente sobre la casa poseedora de la antena, se habían producido varios avistamientos.
Siguiendo la dirección que marcaba el trazado determinó un barrio que se encontraba delimitado por las calles Inverary Road, Epsom y Rutland Street, en Auckland.
Una vez dispuesta la ruta a seguir para su “caza de antenas”, se volvió a comunicar con el corresponsal Temm y se pusieron de acuerdo en comenzar la denominada “Operación caza de antenas”.
Los resultados excedieron todo tipo de especulación. Un sorprendente número de misteriosas antenas surgieron de su anonimato. Cathie regresó a la oficina de Correos a recabar información, al presentar la dirección de las propiedades donde vivían radioaficionados que figuraban en el libro de “Registro de radioaficionados”.

Al pedir datos sobre el aspecto físico de los propietarios de las antenas, el empleado de Correos le dijo que él deducía que serían parientes, dado que todos eran altos, delgados, de tez pálida, con dificultad para expresarse en idioma inglés y que cuando acudían a pagar sus impuestos invariablemente vestían de... negro.
Cathie se sintió profundamente impresionado, había descubierto algo quizás impresionante y fantástico: evidentemente, los ocupantes de las naves extraterrestres tenían estratégicamente colocadas sus “torres de control” en toda la superficie del planeta y los “radio operadores” eran... los “Hombres de Negro”.


Bruce Cathie levantó el plano de líneas ortoténicas de aeronavegación extraterrestre de todo Nueva Zelanda y así detectó que toda la isla estaba cubierta por las misteriosas antenas precisamente en los puntos donde se habían producido avistamientos o contactos.
Esta misma información le fue entregada al gobierno de Nueva Zelanda en la figura de su Primer Ministro. Pero el último descubrimiento de Cathie fue una antena que, en el centro superior de su mástil, ostenta una bola maciza de piedra pulida y su brillo, al ser bañada tanto por los rayos del sol como por la luminosidad de la luna, es visible sólo desde los 4.000 metros de altura en adelante; dicho espejo en forma de bola gira continuamente, y su diámetro es de 30 cm. La esfera o bola está trabajada en forma de prismas que multiplican miles de veces los reflejos que recibe.

La razón por la cual la esfera se encuentra alojada en la zona superior central del mástil de la antena sería la siguiente: la esfera es un transductor o transistor que recibe la señal por encima de la antena propiamente dicha, la envía a la antena la que, a su vez reenvía esa misma
señal a la consola de operación radiofónica existente dentro de la casa. De esta forma la esfera-espejo hace las veces de bloqueador de onda, evitando así que algún verdadero radioaficionado logre captar la señal OVNI que se aproxima creando interferencias en todo tipo de emisores que emitan o reciban en ese momento en la misma frecuencia.

Evidentemente, todo este descubrimiento permitía pensar que experimentos de tipo totalmente secreto se estaban llevando a cabo no sólo en Auckland, sino en vastas áreas del planeta.
Luego de haber detectado cientos de”antenas misteriosas” solamente en Nueva Zelanda, el comandante Bruce Cathie (previa investigación de la forma de vida y personalidad de quienes habitaban esas propiedades) llega a las siguientes conclusiones:
1. Los platillos volantes son controlados por extraterrestres cuyo avance tecnológico es inmensamente superior al nuestro.
2. Los científicos extraterrestres ya han descubierto los secretos de la antigravedad y han construido vehículos antigravitacionales con finalidad de investigación.
3. Los platillos volantes se encuentran a cargo de inteligencias extraterrestres y su actividad está dedicada a evitar que los investigadores terrestres puedan llegar a profundizar en sus investigaciones sobre el fenómeno propiamente dicho.
4. Un grupo de alienígenas venidos del espacio han vivido entre nosotros en épocas pasadas y continúan haciéndolo en el presente. Controlan todo tipo de experimentación avanzada en el campo de las ciencias como física nuclear, física, química, electrónica, etc.



Luego de haber hecho públicas estas premisas, Bruce Cathie fue llamado telefónicamente y avisado de que su integridad física corría peligro. Las palabras con las que lo amenazaron fueron las siguientes: “El grupo es muy poderoso, es invencible, abandone toda investigación. ¿Ignora lo que le ocurre a la gente que sabe demasiado?”.
No obstante, Cathie continuó con sus investigaciones; fotografiando antenas y casas a las que pertenecían las antenas, hasta que descubrió una antena de mayor tamaño aún que las demás, pero situada en la base norteamericana de Kaurá-Poin en la costa Norte.
Las líneas de ortotenia señalaban este lugar como punto de oleadas de naves extraterrestres.
Por medio de la lógica y de su facilidad de sobrevolar zonas vedadas dada su condición de piloto nacional, descubrió que otra antena “misteriosa” debería estar implantada en la base norteamericana “Woodbourne RNZAF”, cerca de Blenheim, en las islas del Sur. Sobrevoló la zona, y... así fue. Continuó su viaje por América del Sur a la “caza de antenas misteriosas”; le llamó la atención la existencia de tres antenas dispuestas en forma de triángulo isósceles en una base militar en un puerto de este continente. Logró, entonces, tomar fotos de todas las antenas pertenecientes a bases militares utilizando teleobjetivo.

Reprodujo varias copias de ellas y las guardó en lugares sumamente seguros; a salvo de sus perseguidores, los Hombres de Negro. Tomó tales precauciones, que, aunque un juego de fotografías lograse ser descubierto, cientos de ellas estarían a salvo, pues, tal vez, alguna humilde ama de casa de los suburbios de Buenos Aires, o Río de Janeiro o Huelva (Andalucía), tenga guardadas dentro de las fotografías del álbum familiar, reproducciones fotográficas de unas extrañas antenas que poseen una esfera espejada en su parte central.

La pregunta surge, ineludible, ¿quién provee los fondos necesarios para contribuir a la construcción de una red de “antenas llamadoras” del fenómeno OVNI?
Una “raza” que surge de la noche de los tiempos y es tan negra como su origen: los Hombres de Negro.


LOS HOMBRES DE NEGRO ACTÚAN SOBRE BRUCE CATHIE

En la noche del 16 de marzo de 1968, nuestro comandante, Bruce Cathie, fue enviado a llevar un avión de pasajeros a la isla sur de Nueva Zelanda. El plan de vuelo registraba una escala, haciendo noche en la capital de dicha isla, Wellington, y al día siguiente volar a Invercargill, el punto más austral de Nueva Zelanda, para regresar el día 18 de marzo, tocando en el regreso varios puntos del interior de aquélla.
Conociendo el comandante Cathie el valor y significado de las fotografías de las que era propietario las llevó con él en el viaje, considerando que podía ser peligroso dejarlas en su casa. Durante su estancia en Wellington, tomó contacto con el representante de las Fuerzas Aéreas norteamericanas en esa isla. Le comentó toda la historia de su descubrimiento; agregando que las fotografías tomadas a las "antenas misteriosas" obraban en su poder.
Bruce Cathie realizó este contacto con la finalidad que el mundo conociese sus investigaciones. Lo guiaba una única meta: dar a conocer el misterio de los OVNI(s). Es un hombre valiente e inteligente.


Después de su estancia en Wellington, partió Cathie comandando el avión rumbo a Invercargill. Aquella noche, luego de dar aviso a su Embajada de que obraban en su poder las famosas fotografías, se alojó, para pernoctar en el Grand Hotel de Invercargill.
Lo que ocurrió aquella noche dio lugar a que Bruce Cathie pensase que había gente, dentro de Nueva Zelanda, que estaba demasiado interesada en las fotos de las antenas. Luego de haber comido una cena frugal, el copiloto de Cathie y él mismo se dirigieron a la sala de estar del hotel, con la finalidad de tomar un café y charlar un poco.
Aquella noche, se alojaba allí la tripulación de dos vuelos procedentes de otros puntos del mundo. Por alguna extraña razón que Bruce Cathie no alcanza a explicarse, pero que evidencia la poco inteligente maniobra de los Hombres de Negro, se le dio orden al comandante de cambiar el copiloto que había viajado con él desde Auckland por uno especialmente enviado desde Wellington y que no pertenecía a su tripulación. Al copiloto de Bruce Cathie le gustó la idea.
Viendo que la maniobra de cambio de hombres era absurda, Cathie telefoneó a Wellington desde donde se le informó que eran “órdenes superiores”. Aceptando tal cambio, no habló más del tema.
El copiloto enviado desde Wellington se mostró interesado en las investigaciones de Cathie y lo instó a que le enseñase las fotografías de las antenas aduciendo que conocía la temática. Luego de observarlas le dijo a Bruce Cathie que esas antenas eran las normales de radioaficionados. De pronto fueron interrumpidos en su conversación por dos individuos muy altos, de extraña indumentaria oscura, que habían estado sentados a dos mesas separadas de la que ocupaba el comandante.

Justo en ese momento fue cuando Cathie introducía las fotografías dentro de un sobre, de forma tal que era imposible que los desconocidos que se le habían acercado hubiesen podido ver lo que contenían esas fotos. Las colocó sobre su regazo y esperó.
Uno de ellos habló con una voz gutural y le preguntó si le interesaba la caza deportiva de patos. Ante una pregunta tan fuera de lógica, dada la forma en que se había producido el encuentro, Cathie le respondió que nada más lejano a su actividad que la caza de patos volantes. A la pregunta de Cathie de si se alojaban en ese mismo hotel, el absurdo desconocido le respondió que sí, puesto que, si bien era granjero, se encontraba allí para celebrar junto a su
esposa (de quien no había ni señales) su aniversario de bodas. Todo le pareció harto extraño a Cathie; el hombre tomó una silla y se sentó a la mesa del comandante y el copiloto.

Bruce Cathie lo observó; tendría entre 45 y 50 años, 1,90 m de estatura, sumamente delgado, cierto tipo de quemadura en la mejilla derecha, cabello gris claro, muy fino, ojos claros, vivaces, profundos. Manos largas, dedos finos, cuidados, no precisamente pertenecientes a un granjero. Traje negro, zapatos negros, camisa blanca, corbata negra.



Luego de hablar durante un largo rato de patos, el desconocido giró la conversación hacia el hobby de los radioaficionados y las antenas con las que trabajaban. Le preguntó a Cathie si le interesaba el tema. Cathie respondió que no era aficionado a ese tipo de entretenimientos.
En un momento de la conversación, el copiloto enviado desde Wellington que se encontraba junto a Cathie se disculpó, alegando estar muy cansado, y se retiró del lugar, dejando solo al comandante con el desconocido, quien continuaba hablando sobre radioaficionados y antenas.
Bruce Cathie logró desembarazarse de él de una forma casi brusca, pues se puso de pie, guardó el precioso sobre en el bolsillo y le dijo al extranjero personaje que debía descansar. Se dirigió a la recepción, en donde luego de asegurar el sobre portador de las importantes fotos con cinta adhesiva transparente, escribió su nombre tanto en el anverso como en el reverso y
luego se lo entregó a la recepcionista indicándole que lo guardara en la caja de seguridad del hotel; la mujer le entregó un recibo por su depósito.

Auckland, Nueva Zelanda
A continuación telefoneó a su esposa en Auckland y le explicó la extraña situación que había vivido, preguntándole si había ocurrido algo anormal en su casa; la respuesta fue negativa. Al dirigirse nuevamente a la sala donde había tenido el extraño encuentro, el supuesto granjero había desaparecido junto con el colega que lo acompañaba.
Preguntó a tripulantes de otra compañía de aviación en qué momento se habían retirado los extraños seres. La respuesta fue altamente impresionante: en ningún momento hubo gente que no fuera de la tripulación dentro del recinto; nadie había entrado ni salido.

Los Hombres de Negro continúan, en su ya casi imposible tarea de silenciar a aquellos cuyas aptitudes científicas les permiten descubrir un mundo maravilloso de inimaginados adelantos científicos. Misterios que giran en tomo al Conocimiento Oculto, tan accesibles a la lucha de los singulares Hombres de Negro.

Emulando la labor del comandante Bruce Cathie, hemos investigado con otros colegas, misteriosas antenas localizadas en Canadá, Estados Unidos, Londres y Argentina. Sólo en Canadá se han encontrado cerca de 50 de las “misteriosas antenas”; proliferan cerca de Quebec en lugares como: Stantoine de Tilly y Saint Agapitville, ValléJonction y Leeds Village. En Estados Unidos de Norteamérica se las puede detectar en: Pennsylvania (Huntingtdon Valley), Salt Lake City (Utah), VernalThorasville; también son numerosas. En Londres: sobre Bayley Street, Store Street y Windmill Street. En Argentina: Bahía Blanca, Buenos Aires en la zona correspondiente a las localidades de Martínez, San Isidro, como cerca del aeropuerto Camet y la ciudad de Mar del Plata.

Y hay muchas más; el planeta está cubierto de ellas. Ahora somos muchos los investigadores que desafiamos a los ya tristemente célebres Hombres de Negro o Men in Black o les Messieurs en Noir. El Conocimiento Oculto está saliendo a la luz; su brillo divino descubre y quema a los enemigos de todo un legado superior, esa sinarquía tan especial como "negra", oscura y misteriosa.


A continuación, un excelente articulo sobre los Hombres de Negro, cuyo link es el siguiente: http://www.taringa.net/posts/info/3824319/Conspiraciones-los-hombres-de-negro-existen-megapost.html

conspiraciones los hombres de negro existen (megapost)

Considerados como uno de los aspectos más significativos de los primeros días de la ufología, los “hombres de negro”, aquellos siniestros personajes cuyo oscuro atuendo impulsaba muchos a pensar que pertenecían a un operativo gubernamental secreto, y otros a afirmar que eran elementos de un mando alienígena en la Tierra, infundieron terror en la comunidad de investigadores. Con el paso de las décadas, quedaron relegados a meras leyendas, pero existe evidencia que los HDN jamás se jubilaron, y que han vuelto a formar parte del ámbito ufológico con nuevo ahínco. 

Los Hombres de Negro alegadamente hostigan a los testigos de avistamientos o encuentros cercanos con ovnis, presentándose en los hogares de los testigos y a menudo en sus lugares de trabajo, mayormente antes de que dichos testigos se hayan decidido a publicar sus experiencias. Tradicionalmente vestidos en trajes negros, camisas blancas con corbatas rojas o negras (aunque muchas veces los tejidos no se asemejan a nada producido por un telar común y corriente), los HDN viajan en grupos de tres, desplazándose en flamantes automóviles de marca descartada o desconocida. Con algunas excepciones, el mensaje que suelen impartir es el mismo: en el caso de un testigo, aconsejándole a éste a no divulgar lo que ha visto; en el de un investigador, instándole a abandonar sus pesquisas. 
Estos “agentes del silencio” han adquirido dimensiones míticas dentro del fenómeno ovni a lo largo de los años. Desde la primera aparición de un hombre de traje negro y corbata roja poco después del notorio “montaje” de Maury Island, amenazando al práctico Harold Dahl a mantener silencio, los HDN son considerados como parte fundamental del mundo sobrenatural. 



En América del Norte, los primeros avistamientos de ovnis a menudo culminaban con la intervención de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, ya que ésta era considerada como la máxima autoridad para investigar el extraño fenómeno de los platívolos. Oficiales de la USAF acostumbraban visitar a los testigos en sus casas para formularles preguntas acerca de sus avistamientos, y en algunas ocasiones, para confiscar cualquier evidencia obtenida como resultado del encuentro con lo extraño. Esto fue lo que sucedió en 1954 en el caso del periodista R. DeWitt Miller (autor del libro You Do Take It With You), quien tenía en su poder una muestra del controversial “cabello de ángel” que caracterizaba los casos de la infancia de la ufología. Cuando comenzaron a presentarse hombres de facciones asiáticas en trajes negros alegando ser parte de la Fuerza Aérea, nadie se molestó en verificar si esto era cierto. No obstante, el comportamiento altamente extraño de algunos HDN, así como sus considerables habilidades psíquicas, no tardaron en crear sospechas. 

Luego de que su avión fuese perseguido por un ovni sobre el Mar Mediterráneo en 1951, el coronel Jim Doherty recibió la visita de un joven alto y delgado vistiendo el abrigo de entretiempo de un teniente de la USAF. El demacrado visitante advirtió a Doherty que hiciese todo lo posible por olvidar su encuentro cercano con el platívolo. Doherty descubrió más tarde que el supuesto teniente no pertenecía a AFOSI (el servicio de inteligencia de la USAF), y por muchísimos años después de su experiencia, Doherty se quejaba de tener pesadillas aún en las que tanto el ovni y una criatura sumamente larga y delgada, evocadora del teniente impostor, jugaba un papel importante. 

La Fuerza Aérea no tardó en desvincularse de cualquier conexión a los Hombres de Negro. Un coronel en el Pentágono informó al escritor John A. Keel que habían investigado un número de casos que involucraban la presencia de los HDN. El mismo oficial declaro que los “silenciadores”, fuesen quienes fuesen, estaban cometiendo un delito federal de alta seriedad al hacerse pasar por militares. 

Los reglamentos militares eran de poca importancia para los Hombres de Negro, ya que uno de ellos, haciéndose pasar por un tal “Capitán Munroe”, hostigó a los jóvenes fotógrafos de los ovnis avistados sobre Beaver Falls, Pennsylvania en 1968. El impostor advirtió a los jóvenes que algo malo podría sucederles si seguían comentando sus avistamientos. 



El fenómeno de los Hombres de Negro adquirió vida propia cuando Albert K. Bender, director de la International Flying Saucer Bureau, anunció que se retiraba de la investigación del fenómeno ovni debido las amenazas hechas por “tres hombres de negro”. Mientras que circulaban los rumores acerca del posible origen de tan temibles personajes, el mismo Bender declaró que no eran agentes del FBI, “sino de otra agencia”. La distancia no representaba un obstáculo para estos personajes: Edgar J. Jarrold, director de la Australian Flying Saucer Bureau, recibió a un misterioso visitante quien le aconsejó que “la situación en cuanto a la realidad de los ovnis era más fantástica de lo que podía concebirse ordinariamente”. Jarrold desapareció por completo unos años después de este encuentro, mientras Bender intentó explicar el motivo por su alejamiento de la ufología en el libro titulado UFOs and the Three Men, describiendo su viaje a Kazik, el lúgubre mundo de los hombres de negro, y las experiencias que pasó en manos de éstos. Albert Bender tuvo la dudosa distinción de ser el primer investigador en ser hostigado por estos personajes desconocidos, y su historia se repetiría en las vidas de un sinnúmero de investigadores más. 



Warren Smith, un reconocido autor de temas ovni durante la década de los setenta (bajo el seudónimo de Eric Norman), adquirió un pedazo de metal supuestamente recobrado de un ovni que echo a tierra una carga de “escoria” (parecida a la del caso de Maury Island) en Madison, Wisconsin. Consciente de que alguien le seguía los pasos durante su investigación, Smith optó por guardar el extraño fragmento dentro de un televisor en el cuarto de su hotel. Al regresar a su habitación una noche, encontró a dos hombres vestidos con trajes oscuros esperándole adentro. Los sujetos exigieron la entrega del material, amenazando el bienestar de la mujer e hijos de Smith si éste se negaba. 

Aunque jamás se les ha atrapado en el acto, el escamoteo de documentos relacionados al fenómeno ovni, incluyendo copias almacenadas en distintos lugares, ha sido achacado a los Hombres de Negro. Un ama de casa en Nueva Jersey quien escribió un solo renglón acerca de un avistamiento ovni en 1973 en su diario descubrió que el libro completo había desaparecido a pesar de haber estado guardado en una gaveta con cerradura. Los investigadores Ivan Sanderson y el capitán Edward Ruppelt sufrieron el hurto de archivos llenos de documentación ufológica, allanamientos de morada en los cuales objetos de gran valor para cualquier ladrón eran ignorados. 



John Keel, cuyo interés en el tema lo convertiría en el principal experto de la materia, documentó los extraños poderes a la disposición de estos personajes: En 1960, William Dunn Jr., un investigador de ovnis, descubrió que había sido víctima de un escalamiento durante el cual se quemaron sus archivos y se robaron sus fotografías. Los Hombres de Negro también desempeñaron un papel importante durante la oleada de avistamientos del “hombre polilla” (Mothman) en 1966-67. A diferencia de otros investigadores, Keel propulsó la creencia de que los Hombres de Negro representaban fuerzas parafísicas altamente negativas cuyas advertencias jamás debían ser tomadas a la ligera. Otros investigadores, siguiendo esta corriente, opinaron que los HDN eran “formas creadas por el pensamiento” (thought-forms, en ingles), aunque el misterio reside en quien crearía semejantes pensamientos. 
El fallecido estudioso de los fenómenos paranormales F.W. Holiday tuvo una experiencia personal con un inusual Hombre de Negro poco después del célebre exorcismo realizado al Lago Ness en Escocia por el Reverendo Donald Omand. La figura, erguida frente al investigador a treinta metros de distancia, tenía una estatura de dos metros y llevaba puesto un traje negro de motociclismo, con un casco de visera negra que ocultaba sus facciones. Holiday no pudo percatarse de hubiese un rostro detrás de la visera, y sintió que “una fuerte sensación de maldad” emanaba de la criatura. El investigador se acercó a varios metros del personaje y siguió de largo, pero al dar la vuelta para mirarlo por detrás, el ser había desaparecido. 



Encontramos un origen más mundano para estos escurridizos personajes, sincronizado con la teoría de que son “agentes secretos del gobierno”, en que los HDN fueron elementos del Centro de Actividades Especiales de la Fuerza Aérea (AFSAC, por sus siglas en ingles), dedicado a la recopilación no–electrónica de inteligencia. Entre las cohortes de este centro figura el “grupo de actividades de campo 1127”, compuesto por una variedad de personajes rufianescos, recorriendo la gama del bajo mundo desde escaladores hasta impostores y hampones. Otra creencia muy difundida circuló en torno a la presencia de los HDN, que eran en realidad monjes tibetanos que abandonaron su país con la caída del Dalai Lama y los fieros caballeros Khamba, y que habían puesto su impresionante gama de poderes al servicio de la CIA. Aunque fantasiosa, esta manera de pensar puede explicar la fisonomía asiática de los Hombres de Negro y su poca familiaridad con las costumbres occidentales. 

No todos los Hombres de Negro exhibían comportamiento estereotípico. En el mes de noviembre de 1973, una joven que trabajaba para una agencia de empleos en San Juan de Puerto Rico recibió la visita vespertina de un hombre vestido en un inmaculado traje negro, con una camisa que aparentaba estar tejida de un material desconocida en nuestro mundo. El caballero tenía dedos extremadamente largos y ahusados (descripción típica en otros casos de HDN) y un cutis tan liso como el de un maniquí. La mujer quedo hipnotizada por la conversación del extraño sujeto, que discutía temas que recorrían la gama desde la ecología hasta la belicosidad humana, añadiendo siempre que existían “mejores mundos que este”. De acuerdo con el destacado investigador Salvador Freixedo, los Hombres de Negro responden de manera positiva al buen trato, ejemplificado por el extraño “Richard French”, un HDN que visitó a los testigos del fenómeno del hombre polilla (Mothman) en la Virginia Occidental durante 1967. 

Los HDN parecen haberse dado de baja en algún momento durante la década de los '70. Una de sus últimas apariciones importantes fue poco después del fallido secuestro de una avioneta por tres ovnis en 1975 sobre el Lago Tequesquitengo en México. El piloto, Carlos de los Santos Montiel, fue alegadamente hostigado por Hombres de Negro en camino a su entrevista con el Dr. J.A. Hynek. Muchos creen que la complacencia en discutir el fenómeno ovni después de la aparición de la película Encuentros Cercanos del Tercer Tipo invalidó el uso de los HDN como herramientas de temor e intimidación. 


Fabio Zerpa, el genial investigador argentino.
Cuando Karl Brugger, autor de las Crónicas de Akakor (una narración acerca de ciudades subterráneas “perdidas” en el Brasil) fue asesinado misteriosamente en las calles de Río de Janeiro en 1984, un número de investigadores sudamericanos culparon a los HDN del crimen. Fabio Zerpa, director de la desaparecida revista Cuarta Dimensión, afirmó: “Estas muertes siempre dan la apariencia de haber sido naturales, pero curiosamente, cada vez que un individuo tiene información de importancia acerca de un tema crítico, siempre suelen ser víctimas de accidentes extraños”. 

Sin embargo, los HDN parecen haber aumentado el nivel de sus actividades nuevamente en la década de los '90: La investigadora Lois Le Gros, en Pittsburgh, PA, ha estudiado un número de casos que envuelven actividad HDN en nuestros tiempos: dos testigos, una de ellas una abducida, fueron acorraladas por un Hombre de Negro en una tienda en las afueras de Pittsburgh. Según el testimonio recogido por Le Gros, el extraño personaje aparentemente tenía en mente el hipnotizarlas mediante el uso de una brillante sortija que llevaba sobre los dedos de una mano. En otro caso completamente distinto, otra joven abducida, vecina de un suburbio de Pittsburgh, informó a la investigadora que después de su secuestro por un ovni, tenía encuentros cotidianos con un HDN. Describiendo al sujeto como “amenazador”, la testigo explicó a Le Gros que el HDN tomaba el mismo autobús que ella todas las mañanas, y cada día, se sentaba más cerca a ella. La siniestra figura llevaba un largo abrigo negro, aun cuando hacía buen tiempo, y vestía traje, camisa, guantes y sombrero negro. En una ocasión, el HDN llegó a sentarse justo al lado de la joven, haciéndola arrinconarse contra la ventana del autobús. A pesar de que el autobús iba lleno, la testigo manifestó que le parecía que ella era la única persona que podía percibir al siniestro y estrafalario personaje. Otro investigador estadounidense, Mike Lonzo, llegó a investigar un caso aún más extraordinario, entrevistando repetidas veces a la protagonista: una señora de edad avanzada pudo ver cómo caía en el patio de su casa una extraña piedra de color negro. Casi inmediatamente después, se presentaron a su puerta dos extraños hombres vestidos en trajes de etiqueta de color negro, exigiendo la devolución de la extraña piedra caída del cielo, alegando que la perdida de la misma “podría causar la destrucción de su universo”. Asustada, la señora les entregó el sorprendente objeto, haciendo que sucediese algo más sorprendente aún: los extraños la invitaron a cenar con ellos en un prestigioso restaurante en Pittsburgh, donde la señora llegó a conocer a las extrañas compañeras de los dos hombres (no se sabe si las mujeres también iban “de negro”.



La extraña reactivación de los Hombres de Negro parece haberse adaptado a las realidades económicas de los '90. Ahora viajan en parejas en vez de tríos, hacen uso de transporte público en vez de los obligatorios autos Cadillac, y amenazan a los testigos en público en vez de en sus hogares. Esto no debe causarnos sorpresa, dado el aspecto mimético del fenómeno en cuanto a la condición humana. El hecho que hayan regresado de su enigmática realidad para interferir en la nuestra debe ser motivo de preocupación en vez de risa. 


*Del libro, La amenaza extraterrestre, de Salvador Freixedo

Tipo núm. 1.Reticulianos”, así llamados porque dicen venir de un planeta que gira en torno a la estrella Zeta Retículi.
El color de su piel es gris. Bajitos, de 1,20 a 1,40 metros de altura, con una gran cabeza pelada y ojos muy rasgados, tal como los han pintado muchas veces, de acuerdo a la descripción de los que los han visto. Muy psíquicos, con un gran dominio de la telepatía. Mente grupal con una conciencia individual muy poco desarrollada, dando la impresión de que se comportan como si fuesen militares. Este es uno de sus puntos débiles. Su meta es el conocimiento científico y mediante él, el dominio del mundo.

Tienen también gran dominio de la materia y pueden cambiar su apariencia física y crear robots biológicos. Muy interesados en los experimentos genéticos, pues quieren mezclarse con nosotros para hacer una raza híbrida superior a ambas.
Están grandemente interesados en “monitorear” las mentes de ciertos humanos mediante aparatos que les implantan en la niñez y que revisan cada ciertos años, muchas veces sin que se dé cuenta el humano.
Con esto adquieren conocimientos sobre nosotros y van implantando en nuestra sociedad ciertas ideas que a ellos les interesan. En un informe se describe detalladamente cómo son sus procesos de adoctrinamiento,-consciente e inconsciente- de los humanos, que ellos llaman de “inculcación”.
En este particular, el gobierno de los Estados Unidos y en concreto la CIA y la NSA han recibido información abundantísima, que usaron y siguen usando muy eficazmente para sus labores de espionaje, para “silenciar” a personajes muy especiales y peligrosos según su criterio y para conseguir impunemente sus propósitos más arriesgados.
En la actualidad existen individuos llamados “ci-borgs” que cuando perciben en su cerebro una “señal” electromagnética o una orden telepática, actúan como robots y ejecutan ciegamente la acción para la que están programados. Los reticulianos son maestros en esto.
Según parece, estos EBEs rechazaron el trato que les fue propuesto por el gobierno de algún país de la Tierra que exigía de ellos, a cambio, tecnología para ser usada militarmente.

Rigeliano
Tipo núm. 2. Grises llamados «Rigelianos» porque dicen venir del sistema planetario de Rigel. Aliados en cierto modo con los del tipo 1 y físicamente muy parecidos, aunque con los ojos redondos y grandes.
Estos son los que están ahora en relación con el gobierno de USA, aunque éste esté arrepentido del pacto después de haberse percatado del engaño del que ha sido víctima. De hecho está ahora tratando de cómo puede liberarse de la presencia de estos seres que para la raza humana resultan muy perjudiciales.
Dice el informe: “Son una raza genéticamente dañada, que cuando está saludable, tiene una piel amarillo-verdosa; pero cuando no tienen suficientes “glandulares” —glándulas de ganado molidas— para absorber a través de la piel, tienen un color gris”.
Una característica muy importante de estos rigelianos es que son capaces de salirse de nuestro tiempo. Además, son poco individualizados, como los “reticulianos”, y aparentemente “militarizados” como ellos.
 Suelen repetir: “somos uno”, “estamos amarrados”. Tienen su sistema digestivo y generativo dañados — parece que por una guerra atómica de hace miles de años— y por eso tienen que nutrirse a través de la piel. Su alimento consiste en una especie de sopa celular que es procesada utilizando tejido bovino que ellos untan en la piel. Estos del tipo 2 son los que realizan la mayor parte de las matanzas y mutilaciones de ganado con el fin de alimentarse. No tienen inconveniente, en caso de necesidad, de hacer lo mismo con seres humanos.

Están haciendo desesperadamente experiencias genéticas con los humanos, pero no por amor a la ciencia o por conseguir un cruce más perfecto, sino por conservar su propia especie y por lograr reproducirse de una manera más natural, ya que debido a su defecto en sus funciones generativas todos son clones. Esta es la razón de que todos parezcan iguales.
Han tratado de llevarse ganado a otros sistemas solares, pero no han podido, porque el ganado no puede vivir allí.

Paul Bennewitz
Según el informe, “estos EBEs han interpenetrado masiva y radicalmente nuestra civilización. Mantienen bases en todo el mundo, especialmente en los Estados Unidos, y controlan cada aspecto de nuestra sociedad”. Según Paul Bennewitz, hay unos 50.000 en nuestro planeta.
En la actualidad la raza humana está siendo sometida por estos seres a un verdadero “bombardeo mental” sin que se dé cuenta. También se valen de líderes humanos o “iluminados” de muchos tipos para mantener su control sobre nosotros. Son también, como los reticulianos, maestros en manipular la psique. Parece que gracias a ellos la CIA ha logrado una tremenda efectividad en este campo.

“The Matrix” resume así sus actividades:

  • ·         Se clonean a sí mismos en úteros parecidos a vejigas.
  • ·         Fecundan a hembras humanas para extraerles posteriormente el feto.
  • ·         Fabrican androides de apariencia humana que tienen un tiempo muy limitado de vida.
  • ·         Adquieren material biológico de ganado y seres humanos para alimentación y experimentos genéticos.
Transcribo al pie de la letra lo que Valdamar Valerian dice en la página 280 de “The Matrix”:
“Estas entidades tienen una “resonancia” con los humanos que tienen una vibración semejante. Si uno funciona en una específica longitud de onda emocional, no será raro que atraiga su atención, porque “ellos” se “cargan” con los violentos cambios emocionales de los humanos hechos a gran escala. Esta parece ser la razón de que les guste que nosotros tengamos guerras, aparte de lo que ellas contribuyen a que estemos divididos”.
He traído esta cita, porque hace años llegué a la  misma conclusión y de ellos dejé constancia en “Defendámonos de los dioses”.
He aquí el resumen de las negativas cualidades de estos dos grupos que el mismo autor hace con un poco de humor negro.

Después de darnos alguna defensa psicológica contra ellos, añade:
“Sin embargo, hay casos en que este método no funciona y dependerá mucho de cuál sea el tipo de EBE con el que usted se haya encontrado. Si es un “reticuliano”, usted por lo general será pinchado, aguijoneado, “implantado” (en el cerebro), fecundada o explorado con rayos X. Y si es un rigeliano, usted además puede ser comido, o cortado en trocitos menudos u hostigado con proyecciones de formas mentales tales como los “hombres de negro”. Los rigelianos son los más desagradables, y maldito sea el gobierno por haber permitido a la CIA hacer un trato con ellos, sólo por obtener tecnología avanzada”.

Varias especies de “grises” tienen manos como garras, con cuatro dedos, sin pulgar, con largas uñas y con membranas entre ellos. El grabado adjunto fue hecho por un ex miembro de la CIA que dijo haber visto  alienígena tras un estrellamiento en Nuevo México.


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Salvador Freixedo, 1 de 6

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Salvador Freixedo, 2 de 6

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Salvador Freixedo, 3 de 6


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Salvador Freixedo, 4 de 6

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Salvador Freixedo, 5 de 6



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Salvador Freixedo, 6 de 6



A pesar de estos hechos inquietantes relacionados con los Hombres de Negro, siempre debemos mirar el futuro con esperanza, ya que "El mal siempre termina autodestruyendose"








LOS H.d.N. Y LAS SOCIEDADES SECRETAS


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