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viernes, 27 de mayo de 2016

La voz me dijo: “No, no estás enloqueciendo. Estás en otra dimensión”. Veía muchas luces, una ciudad, nada más que luces. Era demasiado extraño. Había edificios. No vi personas, pero sí las sentía. (Extraterrestres, viajes en el tiempo y anomalías espacio-temporales).

La voz me dijo: “No, no estás enloqueciendo. Estás en otra dimensión”. Veía muchas luces, una ciudad, nada más que luces. Era demasiado extraño. Había edificios. No vi personas, pero sí las sentía. (Extraterrestres, viajes en el tiempo y anomalías espacio-temporales).



¿Son posibles los viajes en el tiempo? La respuesta es, sí. A primera vista, una afirmación de tal calibre puede sonar fantasiosa si tenemos en cuenta nuestros parámetros de la realidad. Desde siempre, en las escuelas, se ha explicado que el “tiempo” es lineal; es decir: tiene pasado, presente y futuro. Sin embargo, analizando el testimonio de muchas personas que han sufrido anomalías espacio-temporales podría afirmarse que el tiempo se comporta de un modo incompresible para nuestra lógica cotidiana: “sin ninguna razón aparente, debido a que un vórtice temporal interviene, podemos hallarnos en un futuro inesperado o contemplando momentos y lugares del pasado”


¿Pero que tienen que ver los extraterrestres en todo ello? Mi intuición me dice y guiándonos por algunos testimonios como el de Soledad, recogido en el libro Extraterrestres en Chile, de Jorge Eduardo Anfruns Dumont, que los seres de las estrellas dominan de algún modo esos viajes en el tiempo e interactúan en otras dimensiones.

Podría decirse que el Universo tal y como lo deberíamos entender, es un lugar auto-contenido: todos los registros, acciones y hechos quedan impregnados como una huella digital. Si hacemos caso a la teoría de los multiuniversos, una sucesión infinita de realidades estaría marcando "ese lugar donde ninguna realidad se escapa” y solo es cuestión de buscar el camino adecuado para recuperarla; por ello, cuando de forma desconocida, una anomalía espacio-temporal aparece, aquello que nosotros entendemos cómo pasado o futuro, puede presentarse “en nuestra realidad” como presente.


¿Pero como deberíamos entender el Universo…? En 1954 un piloto de la Fuerza Aerea de EE.UU. llamado Mel Noel (recogido en el libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos) participó en una misión de contacto con naves extraterrestres. La misión consistía en iniciar vuelos de reconocimiento hasta encontrarse con los famosos “platillos volantes”. El piloto del F-86A explicaba así aquel encuentro:

F-86A
… En el tercer avistamiento se nos ordenó cambiarla frecuencia de nuestros aparatos de radio. Esta orden se nos trasmitió en código, en una forma que nosotros llamamos código alfabético al revés. Tardé 20 o 25 segundos para encontrar la frecuencia.
Cuando finalmente la encontré, oí una voz que hablaba y no era la mía ni ninguna de las otra tres de la escuadrilla. Esta voz respondería a algunas preguntas.

Debo precisar que ni yo ni los otros tres pilotos hicimos ninguna pregunta, y aún así la calidad de la transmisión era tan perfecta como si utilizáramos las radios de la Base. La comunicación era clarísima, la pronunciación y la utilización de las vocales, excelente, sólo que las palabras eran pronunciadas muy lentamente. Más tarde el Coronel dijo que había sido él a preguntar. Dijo: No he formulado preguntas con la voz, las he pensado simplemente y ellos no han respondido a todas las preguntas, sólo a un par de ellas. Dijo también que la primera pregunta fue:
‑ ¿Creéis en Dios?...
Había preguntado esto porque si se trataba de criaturas inteligentes creyentes en Dios se podía presumir que no tenían intenciones hostiles. La respuesta la habíamos escuchado todos:

- Vosotros debéis aprender y aceptar que hay más de 150 billones de Universos en continua expansión...




Es decir, los extraterrestres le explicaban al Coronel, (quien también volaba en la escuadrilla de cazas en misión de reconocimiento y contacto), que la Creación contiene 150.000 millones de universos en expansión (traducido de la terminología anglosajona) … unas dimensiones, sin duda, inabarcables para la mente humana. Un “lugar” donde la Suprema Fuerza Creadora realizaría lo que nosotros, simples humanos, entenderíamos como “un ejercicio de autocomprension”: La materia y energía, tendrían la posibilidad de evolucionar desde estadios básicos hasta la más pura espiritualidad; donde en un ciclo imparable, esa información retornaría hacia el propio origen del tiempo y la materia, es decir, al Creador. Sin extenderme demasiado, puede decirse que la Creación misma se halla irradiada por la propia energía e impulso de esa Suprema Fuerza Creadora y por ello, cuando algunos extraterrestres afirman que “todo cuanto vemos es Dios” se refieran tal vez a que una hoja, un mineral, un árbol, todo absolutamente, es Dios.



Siguiendo en esta pequeña introducción a los viajes en el tiempo no debemos olvidarnos del concepto dimensional: En un mismo espacio podrían coexistir diferentes dimensiones en distintos tiempos. La mejor forma de visualizar este concepto podría aplicarse  si entendemos una habitación donde llegan diferentes frecuencias de radio. Nosotros no podemos verlas, pero sabemos que están ahí y solo necesitamos sintonizar la frecuencia adecuada para darnos cuenta de ello. Si pensamos que las ondas de radio son ondas electromagnéticas, es decir, una forma de energía, estamos a un paso de entender el mundo dimensional… ahora con un pequeño esfuerzo, imaginemos pues que esas ondas están organizadas como entidades pero que nosotros todavía no somos capaces de percibirlas…


OVNI procedente de las Pleyades, fotografiado por el contactado suizo Billy Meier
El contactado suizo Eduard “Billy” Meier, fue instruido desde muy joven por seres procedentes de las Pléyades para la misión que más tarde sería su propia vida. A continuación, he recogido un pequeño fragmento del libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos en el cual se mencionan aspectos dimensionales:

… Debemos hacer un poco de historia de dicho fenómeno y comprender que el contacto de este personaje (Billy Meier) viene ya desde la infancia. A los siete años una voz interna le citó a un encuentro en un bosque próximo a su casa. El ser que descendió de la astronave y que le acompañó en su primer viaje por el espacio, se llamaba Sfath. Era un hombre muy viejo pero sus facciones eran totalmente normales y hablaba perfectamente el idioma natal de Meier.

Sfath le habló de una misión que debería cumplir y para la cual estaba ahora siendo preparado por medio de la telepatía directa, hecho este que duraría de forma ininterrumpida hasta los 16 años, que fue cuando otro ser tomó el relevo del anciano maestro e instruyó a Meier en dicha preparación filosófica y espiritual.


El segundo personaje se llama Asket y pertenecía al Universo Dal. Este Universo, decía Asket, es desconocido para vosotros. Se trata de un Universo paralelo al vuestro. Pero los parámetros de espacio y tiempo son distintos. Existen, decía, universos paralelos que no son perceptibles pero existen.

Asket indujo a Billy a vivir todas las posibles experimentaciones de la vivencia diaria a fin de prepararle para el futuro contacto en sus años de madurez. Viajó en consecuencia por toda la zona de oriente y por el Himalaya. Aprendiendo las culturas y las doctrinas y formándose en el espíritu de las cosas y en la sabiduría espontánea de la naturaleza.
En esta constante experimentación y vida viajera de nuestro personaje, no faltan las persecuciones, los oficios varios y la cárcel.

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La ciencia oficial en la Tierra da por hecho que existen otras dimensiones diferentes a las nuestras, sin embargo, solo a nivel matemático se explican cómo ciertas: Son las computadoras para quienes no existe ninguna barrera en definirlas y entenderlas. Sin embargo, para la mente humana si que existen ciertas dificultades ya que la realidad que percibimos visualmente tiene solo tres de esas dimensiones (alto, largo y ancho) mas el tiempo, como un añadido lineal. Se especula en una realidad de diez dimensiones, donde en el inicio de la creación, seis dimensiones se habrían “enrollado sobre si mismas” hasta hacerse prácticamente invisibles a nuestros sentidos. La ciencia también habla de universos paralelos y agujeros de gusano, que conectarían una y otras realidades… 



De igual modo, se teoriza sobre el origen mismo de la creación como una fluctuación cuántica, algo así (simplificando) como una enorme “tela elástica” cuyo valor matemático seria cero, pero que por “caprichos de la mecánica cuántica sufrió una pequeña fluctuación, dando origen al Universo que conocemos hoy en día”. Se especula también, que los agujeros negros, esos sumideros gravitacionales, donde nada escapa, ni siquiera la luz, podrían conducirnos a otras dimensiones y universos… si antes logramos que esa descomunal atracción gravitatoria, capaz de romper el espacio-tiempo y atrapar la luz, no acabe con nosotros mismos.

relatividad ejemplos
Teoría de la Relatividad de Einstein
Básicamente, la ciencia humana especula… sin analizar los hechos que ocurren en la vida cotidiana, tales como anómalos y fortuitos viajes en el tiempo. Pero que podríamos decir, si esos mismos científicos niegan la realidad extraterrestre en nuestro planeta, ya que desde la ortodoxia oficial aseveran que es imposible viajar más rápido que la luz (Según la teoría oficial, un incremento de velocidad viene dado por un aumento de energía, a lo que es lo mismo, un incremento de masa. En teoría, para acelerar una nave a velocidad cercana de la luz, se requeriría una masa infinita…). Sin embargo, …los extraterrestres viajan a velocidades mayores que la luz y, por lo tanto, la ciencia humana una vez más se equivoca.



Como explicaban los matemáticos Edward B. Burger y Michel Starbird en su libro Los 5 elementos del pensamiento efectivo, el principio fundamental, aquel que ordena nuestra mente es: Comprende en profundidad. Es decir, que antes de lanzarnos a especular sobre teorías que nos llevan a un punto muerto, deberíamos analizar en lo más pequeño hasta llegar a lo más complejo. Tratándose de teorías tales como los agujeros de gusano que teóricamente interconectarian unos universos con otros; debiéramos entender previamente cuales son las leyes que organizan y cohesionan la materia en otras dimensiones y por ende, cuáles son sus restricciones… Todo ello viene al hilo de las tan nombradas paradojas que aparecerían en los viajes en el tiempo tales como… ¿Qué ocurriría si alguien viaja al pasado y asesina a su progenitor? Entonces nunca habría existido y ese mismo viaje al pasado jamás se hubiese realizado.


En películas como Regreso al futuro (Back to the future) o Terminator (Thre terminator) se especula con esa posibilidad, donde los protagonistas intentan modificar el pasado y por extensión el futuro… Si verdaderamente, damos por hecho que los viajes en el tiempo son posibles y que civilizaciones extraterrestres ya hacen uso de esa tecnología, ¿deberíamos pensar que ya están modificando la flecha del tiempo? Tal vez sea así, pero esas mismas civilizaciones evolucionadas, si verdaderamente lo son, deberían acogerse a cierto código ético para no intervenir en el devenir de la historia de una forma negativa. …De otro modo, si alguna de esas civilizaciones tiene la tentación de “corregir hechos históricos”, es muy posible que una modificación cualquiera origine dos realidades diferentes, por ejemplo, aquella en la que el hijo vive y la otra, donde el progenitor, debido a modificaciones en un hipotético viaje en el tiempo, ha desaparecido violentamente. Sería algo así como la constatación de una realidad dada por multiuniversos


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Del libro Extraterrestres en Chile, de Jorge Eduardo Anfruns Dumont

EL CASO SOLEDAD

Después de haber logrado conversar con los mejores exponentes de la investigación ovni en Europa, sean éstos españoles, franceses,alemanes o checos, en mi reciente visita al Viejo Mundo, sigo experimentando esa antigua sensación que he comunicado en más de cincuenta conferencias. Chile tiene de todo, incluso para regalar, en esta materia tan apasionante. El más reciente caso de abducción, al cual tuve acceso, va en este reportaje. Se trata de la señora Soledad, una excelente dama, que ya ha realizado un proyecto de vida en la forma más plena alcanzable. Lejos de tratar de obtener una publicidad para sus variadas experiencias, se acercó hasta mi estudio, en compañía de una fiel colaboradora. Sólo la impulsaba entregar su versión de múltiples avistamientos de ovnis y otras “percepciones” que la han acompañado desde su niñez.

Los Andes, Chile.
Este es su relato:

Cuando tenía doce años de edad, en la cordillera de Los Andes, realizaba una excursión con mi padre, sentí una voz que me llamaba para que me separara de él y concurriera a un rincón donde se me haría una revelación. Lo hice, porque todo esto era mental. Era una voz muy agradable, muy apacible la que yo sentía dentro de mí y que me ha acompañado por el resto de mi vida. Esta voz me dijo que yo iba a tener que ser fuerte, porque mi vida no iba a ser de miel sobre hojuelas, dado que mi padre iba a enfermarse muy pronto y tendría que poner todo de mi parte para cuidarlo. Eso fue lo que se me dijo y de hecho así ocurrió.

Constitución, Chile.
Tenía quince años y estaba veraneando en Constitución. Un día me arranqué de mi casa para ir a remar al río Maule, cerca de la desembocadura, hacia el mar. Estaba sola. Se hacía tarde y estaba anocheciendo, cuando de repente vi emerger desde el mar algo increíble. Era algo bellísimo. No distinguía contornos, era muy grande. No alcanzaba a dimensionarlo, era como si no tuviera fin. Tenía luces de todos colores, el mar se iluminó por completo. Me quedé extasiada contemplándolo. Era enorme, como del tamaño de un transatlántico, prácticamente era una ciudad. Se elevó en línea recta a una velocidad incalculable. Volví remando a las cercanías de la casa, Pero dejé el bote en otra parte. Recuerdo haber percibido un ruido que se podría comparar con el que produce un panal de abejas. Me dolieron los oídos, pues era un zumbido muy agudo. Desde esa vez,nunca más fui a andar en bote.

Cuando tenía dieciocho años sentí nuevamente la voz que me dijo:“Levántate, tu padre se va a suicidar”. Me levanté, fui al escritorio y lo encontré con una pistola en la mano. Afortunadamentealcancé a quitarle la pistola, en el intento se escapó un tiro yla bala me alcanzó la mano (muestra su cicatriz). Él tenía cáncer. Murió de cuarenta y tresaños. Ya no Podía más con su vida.
Cuando cumplí los veinte años, volví a sentir la misma voz que me daba instrucciones. Nunca apunté estas cosas. Me daba órdenes de cómo debería tratar mi difícil situación. Me adelantó que mi marido se iba air de este mundo, que iba a partir muy pronto. En efecto, cuando mecasé, a la semana él murió.

Recreación de ciudad futurista
Cumplí veinticinco años, y un día salí a caminar. Me sentía muy ahogada.  Mi padre ya se había muerto, mi marido también. Estaba por irme a trabajar como azafata en las Líneas Aéreas Británicas (B.O.A.C.) Iba por un camino y de repente me di cuenta que me encontraba en “otra parte”, como en otra ciudad. Pensé que me estaba volviendo loca,pero la voz me dijo: “No, no estás enloqueciendo. Estás en otra dimensión”. Veía muchas luces, una ciudad, nada más que luces. Era demasiado extraño. Había edificios. No vi personas, pero sí las sentía. Caminé como media cuadra y luego volví al lugar donde originalmente había estado. Sentí mucho o frío y después un calor intenso, el calor me venía de las carótidas hacia abajo, pero la cabeza la  sentía helada. Pasó el tiempo  y volví a tener otro avistamiento. Tenía treinta y dos años entonces y mi hijo seis. Vivía en la calle Reina Victoria cuando divisé una formación dé ovnis (triangular), eran cuatro por lado, a distancias uniformes. Con mi experiencia de azafata,pude diferenciar que no eran aviones. Volaban en línea recta hacia la cordillera. En una oportunidad con mi hijo, nos encontramos en la calle con dos seres muy extraños. Eran personajes altos, con pómulos muy sobresalientes, boca chica, casi sin mentón. Tenían grandes ojos y una mirada dulce. Eran muy altos y calvos. Vestían ropa pegada al cuerpo de tonalidad gris y zapatos como de buzo, adornaban esta vestimenta con cinturones de luces y botones, lucían relojes muy extraños, que a mi hijo le llamaron profundamente la atención. Nos acompañaba el hijo de un vecino nuestro, el cual al mirar el cinturón de una de estas entidades, quedó encandilado. Prácticamente se encegueció con sus luces. Todo esto ocurrió en el sector alto de la ciudad, en Lo Curro, a los pies del cerro Manquehue, en el año 1977. Al día siguiente hubo un avistamiento ovni en el sector y todos los residentes pudieron apreciarlo. Yo llamé a la Oficina de Aeronáutica para verificar si ese día se hacían ensayos con globos sonda y la respuesta fue negativa. Ese mismo día hubo otro avistamiento en la ciudad de Valparaíso.

Ciudad de Valparaiso, Chile
Me cambié a un departamento en la calle Pedro de Valdivia, en ese lugar me siguió una luz, era del tamaño de una pelota de tenis. Cuando llegué al patio del edificio, llamé a toda la gente que había alrededor y estas personas fueron testigos del fenómeno que está ocurriendo. Incluso había entre los presentes un psicólogo que quedó impresionado de ver esta luz. Me iba de un lugar a otro y la luz me seguía para donde iba. Hubo en esa oportunidad siete testigos que presenciaron el fenómeno.

En otra ocasión, después de concluir los quehaceres de mi casa, estando todos acostados, fui al living de mi hogar para apagar la luz y me sentí muy extraña. Pensé que era un derrame cerebral o algo así que me dejó incapacitada físicamente. Sentí como si se me desprendiera el cerebro,con todo, médula y vértebras. Me senté en el sillón como pude. Pero de pronto partí a gran velocidad atravesando paredes, puertas, etc. y llegué a un lugar que podría identificar como “Farellones”, puesto que desde ahí arriba podía visualizar la Avenida Kennedy, veía todas las luces de la ciudad. Esto ocurrió en invierno. Miré hacia arriba y vi la misma nave que había visto en Constitución, cuando tenía quince años.

Fotograma de la película Encuentros en la Tercera Fase
Esta arriba de mi cabeza. Ahora la vi nítidamente, era como la nave que enseñaron en la película de Spielberg, me refiero a la última escena de“Encuentros Cercanos”.Era exactamente igual, las luces no me dejaban ver el metal, porque eran demasiado potentes y todas giraban. Esta vez la voz me dijo: “Este es tu signo” y con un haz de luz me dibujaron un símbolo que más tarde dibujé y mandé a manufacturar en plata, hoy lo cargo. Por largo tiempo traté de interpretar este símbolo sin lograr resultado alguno. Para gran sorpresa, después de largos años, lo encontré en un códice maya.
Vuelvo a lo de la nave. Yo que volé en un Boeing 707, puedo asegurar que lo que vi en Farellones era mucho más grande que este avión.

Spielberg que mostró esa nave en la película “Encuentros Cercanos”,sabe más que “algo”.Intuyo en mi corazón que así es. Sin saber cómo, volví al sillón del living muy agotada, apenas logré llegar a mi cama. Lo único que hice fue dibujar el símbolo y me quedé dormida profundamente, como si estuviera anestesiada. Viaje desde Pedro de Valdivia con Bilbao hasta Farellones, sentada en un sillón. Lo único que pensaba era ¡cómo iba a volver, qué estaba haciendo ahí en Farellones! Fue una terrible experiencia.

UFO
Me volví a casar, y en el año 1985, la voz me indicó: “Junta agua y mantén la calma, porque va a venir un terremoto”. Entonces me dirigí donde estaba mi marido, le dije que guardara agua y que comprara velas. Y en la tarde de ese día hubo un gran terremoto.
Desde ahí en adelante he sufrido de neumonitis todos los años,recuerdo que estaba con licencia médica, me sentía muy mal, apenas respiraba. De pronto, estando en la ventana de mi cuarto, miré hacia arriba y vi una nave, distinguí surcos como de fierro viejo, gastado,opaco, como rieles de ferrocarril. De repente me vi en camisa de dormir. Sabía que estaba arriba de algo, pero no veía nada a mí alrededor. Sentí la presencia de alguien cerca mío y que hablaban entre ellos. Yo entendía, pero no pude traducir lo que decían. Sus figuras se dibujaron en mi mente como personajes altos, de aspecto nórdico. Luego me encontré en la cama de nuevo y no sentía ninguna molestia, incluso al otro día fui a trabajar, no tenía fiebre, no tenía dolores, estaba totalmente sana. Nunca más tuve neumonitis. Días después, mi doctor me examinó con rayos X, y me dijo: ¡No entiendo cómo te mejoraste! Me encontró una cicatriz en el pulmón derecho. Agregó: ¡Esto nadie me lo va a creer! Aparte de la cicatriz, el doctor me dijo que tenía un punto blanco en el pulmón. Y eso fue todo. Nunca más volví donde él. Creo que se molestó, porque no pudo explicarse mi tan pronta mejoría.
Ahora siento algo extraño, como eléctrico, en la cara, cerca de los ojos.A veces veo “rayos” y cuando esto ocurre envío a mi hijo al patio y él siempre ve cosas extrañas en el cielo cuando esto me sucede".

La conversación con Soledad siguió adelante, proporcionándome antecedentes valiosísimos que dejaremos para una segunda “vuelta”.Lo principal ya está dicho, después de muchos años dejó de guardar estas experiencias y las ha entregado en forma exclusiva a este servidor. El motivo es uno sólo: decir “su verdad”. Pocas veces las azafatas se suben al tema ovni, Soledad, sin embargo, se subió y bajó con gallardía. La voz que ella escucha la sigue acompañando y le ha dicho que vienen grandes novedades para los próximos años: avistamientos masivos de ovnis en las principales ciudades del mundo.
Por otra parte, Soledad piensa que la humanidad se va llevar una gran sorpresa en los días venideros, y la ha titulado como “LA GRANSORPRESA” y que sucederá este año.

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A continuación, he recogido algunos relatos muy interesantes de anomalías espacio-temporales recogido en el libro Viajes en el Tiempo, de Vicente Fuentes

El caso Davies

¿Existen agujeros en el espacio y el tiempo repartidos por la tierra y por el cielo? Esto, sin duda, es lo que podríamos pensar al observar casos como el de un piloto, de apellido Davies, que en 1992 despegó de un aeródromo privado de Chester, Inglaterra, pilotando una sencilla avioneta Cessna. Su objetivo era llegar al aeropuerto Speke de Liverpool, pero algo le esperaba en su vuelo...
Todos los indicadores marcaban bien los niveles de la avioneta. El cielo, en calma. Los sonidos de la avioneta con sus singulares tonos y ese traqueteo único cuando vuelas en un pequeño artefacto. Las nubes en el horizonte. Davies pasa en este momento por la zona de Stamford Bridge y se da cuenta de algo extraño. Tendría que estar observando en la superficie coches del tamaño de hormiguitas circulando por las carreteras M53 y M56, Y se lleva una auténtica sorpresa: esas carreteras han desaparecido. No puede ser. Quizá, como siempre piensan los protagonistas de estos eventos, son ellos a los que están equivocados. Pero Davies revisa su cuadro de mandos y no hay error. Está en Stamford Bridge por las coordenadas y su geolocalízación, seguro. Pero no hay ni rastro de esas carreteras.


Mirando hacia abajo, el piloto, totalmente intrigado, desciende su avioneta para echar un vistazo a la zona. Quiere verlo mejor. Lo que ve no le resulta familiar. Su corazón en ese momento casi salta por los aires. Parece un escuadrón militar. ¡Los prismáticos! ¿Dónde están? Davies busca los prismáticos de 10 x 50 aumentos en su pequeña cabina para captar más detalles. No hay nada, es todo campo y casas bajas, cuando debería haber una ciudad y carreteras. Solo ve césped, una vieja calzada y ese escuadrón. Les enfoca haciendo una pasada con su aeroplano. Parece que van organizados como las milicias romanas. A su derecha hay unas construcciones similares a las villas del imperio de Julio César.
Una niebla espesa y a baja altura parece envolver todo el entorno poco a poco y comienza a tapar la visibilidad del piloto, que ya no puede ver toda esa escena costumbrista del imperio que llegó desde
Egipto a Gran Bretaña. Aquel extraño vapor se había formado muy rápido, como artificialmente, y comenzaba a engullir a la avioneta...


Cuando Davies deja atrás la neblina, observa la autopista A548, los edificios grises y los coches diminutos. Todo había vuelto a la normalidad tras encontrarse con un pliegue del espacio y el tiempo, con un asombroso viaje hacia la época de las luchas entre bretones y romanos. No se lo podía creer, así que decide sobrevolar de nuevo la carretera M56 y lo hace en círculos para verlo mejor pero no observa nada extraño esta vez. Nervioso por lo sucedido, aterriza y rápidamente llama a diferentes prefecturas del Ayuntamiento de Cheshire para saber si en ese momento hay algún tipo de rodaje cinematográfico de algún péplum de romanos. Pero nada. Y es que aquella llamada era absurda ya de por sí porque las carreteras igualmente debían de haber estado ahí durante su experiencia. Y solo pudo ver campo en cientos de kilómetros a la redonda.

El protagonista se quedó convencido de que había sobrevolado una zona británica ocupada por el imperio romano miles de años atrás y lo cierto es que no era al primero al que le ocurría algo así sobre los cielos de Chesire. Un renombrado piloto de helicópteros con entrenamiento militar aseguró en el mismo año que perdió comunicación con la torre de control en otro vuelo por la misma ruta. Los detalles se los quedó para él, ya que jamás llegó a especificar qué vio. Tenía miedo de que le pasara como al oficial de vuelo Brian Holding, quien el 7 de marzo de 1922 despegó del mismo aeropuerto de Chesire en un viaje con destino a Gales. Durante su vuelta, cientos de testigos observaron su avioneta dirigiéndose hacia el aeropuerto de Chesire. Jamás llegó y nunca se encontraron los restos. Las comunicaciones se interrumpieron de repente y jamás volvieron a recibir eco de radar del aparato. La caja negra nunca fue localizada. Diferentes avistamientos de ovnis fueron realizados unas semanas antes de este incidente por esa misma zona, pero nunca hubo nada concluyente. Un avión y un piloto entero tragados por la tierra o, en este caso, por el aire.
Lo más interesante que podemos ver en estos casos de Chesire es que, en el primero, la visión del piloto no se complementa con la de los soldados, que, sin duda, habrían mostrado sorpresa al ver un singular «pájaro mecánico» sobrevolando sus cabezas, cosa que no pasó, como si de nuevo estuviésemos ante una simulación, o, al menos, el testigo se movía de forma invisible a los ojos de aquella escuadra romana.

Gales, U.K.
Es el fenómeno de los vórtices en su vertiente más pura: una sola persona en un entorno controlado, una niebla que comienza y finaliza el evento y, entre medias, una visión en alta definición de un entorno físicamente imposible en 1992. En el caso del vuelo desaparecido de Brian Holding, tenemos un aparato que jamás aterriza, de forma similar a lo que ocurrió con el famoso vuelo 19 que despegó de la base de Fort Lauderdale, Florida, en 1945. Los aviones aparecían de nuevo en la ficción en una gran escena de la película Encuentros en la Tercera fase de Steven Spielberg (1977).
En la realidad, tanto el escuadrón de la Segunda Guerra Mundial como el avión de Brian Holding permanecen en el más profundo y desconcertante abismo de las desapariciones extremas en el mundo de la aviación. En el caso del vuelo 19, en el famoso triángulo de las Bermudas. En el de Brian Holding, en la zona de Chesire, donde otros pilotos reportaron anomalías asombrosas. ¿Sería posible que ese piloto hubiera encontrado una puerta de entrada hacia otro tiempo, pero no la de salida?
Los misterios del dios Chronos, siempre guardando secretos para los hombres que se atreven a viajar por los cielos...

Runcorn Bridge
La impresionante visión de Hale Bank

Parece que Inglaterra es terreno proclive a este tipo de incidentes en los que se ve el pasado... y también el futuro. Existen unos extraños sucesos ocurridos entre 1995 y 1997 en las proximidades de Runcorn Bridge, también en Liverpool, donde diferentes personas afirmaron observar lo que parecía ser una ciudad futurista en el lugar en el que debía estar el aeropuerto de la ciudad. El mejor caso es el de un hombre llamado Frank Jones, quien el 5 de diciembre de 1995 se encontraba caminando por la zona de Hale Bank, un lugar conectado por carretera con el aeropuerto. Un paso y luego otro, como suele ocurrir en estos incidentes. Gente andando sin saber lo que le espera. Tranquilidad.
El camino de Frank transcurre como siempre y, en menos de una décima de segundo, toda esa visión se altera. Sus ojos observan lo que parece set un puerto espacial en lugar de un aeropuerto. Parecía la escena final de la mencionada película de Spielberg. Enormes naves lenticulares con luces rojas y azules brillando en el horizonte. Un cielo oscuro y tenebroso. Los objetos volaban, despegaban, y aterrizaban. Algunos se perdían en la negrura del firmamento a gran velocidad.
Frank observa la escena y se fija en una zona de geometría circular dentro del puerto. Desde allí parece que despegan esas maravillas flotantes y lo hacen sin hacer ruido y de fonna vertical. Luces muy potentes en el cielo. Cuesta mirar incluso desde lejos. Es imposible que sea el aeropuerto de Liverpool en el año 1995.

OVNI
Frank observa más detalles: imponentes edificios en forma de torres y titánicas construcciones impregnadas de vivos y brillantes colores, una miríada de ellos. Colosos que rompían el skyline entre naves espaciales que iban y venían. Una visión impresionante.
No podía creer lo que estaba viendo. «Será un efecto óptico...», pensaba, pero, desde luego, no lo parecía. Siguió andando hasta Queensway, al otro lado del río Mersey, y perdió momentáneamente de vista el espectáculo al atravesar una zona de alta vegetación. Todo desapareció al volver a ver la zona, como si jamás hubiese ocurrido.

La imaginación del ser humano es inmensa, podríamos pensar. El problema es que, al día siguiente, al menos otros tres reportes de tres testigos diferentes aparecieron mencionados en varios programas de radio locales y en diferentes periódicos de la ciudad de Liverpool exponiendo la misma historia. ¿Sería posible que el señor Jones hubiese accedido accidentalmente a una especie de registro en el que se queda «grabado» e inmortalizado cada acto, cada construcción de la humanidad, sea la época que sea? Lo asombroso es que tenemos indicios de que el fenómeno, por poco tiempo que durara, fue visto por varios testigos, es decir, logró captar la atención de algunas personas cuya percepción quizá estaba preparada en ese momento para observar aquello o, simple y llanamente, estaban en el punto justo en el que el fenómeno se manifiesta en el espectro visible de los ojos de los seres humanos. Quizá un paso más, un metro a la izquierda y no verías ese impresionante aeropuerto del futuro ubicado en Liverpool...

El suceso del puente de Runcorn

De igual manera y en la misma zona tenemos otro incidente de una mujer que quizá pudo ver y entrar en el glorioso y tecnológico futuro que esperaría a la ciudad de John Lennon dentro de varios siglos...
Se llama Sandra, vive en la localidad de Jalton Lodte, en Warrington, y cruza con su coche el puente de Runcorn escuchando música en su emisora favorita y pensando en qué va a hacer cuando llegue a casa. Una apacible ruta que se conoce a la perfección. Todo en esa normalidad que antecede los imposibles eventos de los viajes temporales.

OVNI
De pronto, un chasquido de realidad. Algo diferente. El mismo puente, pero algo delante de ella. Algo inmenso. Parece un objeto circular. Es demasiado grande. Parece, de hecho, que la está esperando. Sandra pasa por debajo del inmenso orbe y, aterrorizada, acelera como una posesa. Busca con su vista algún vehículo de policía, porque quiere llamar la atención de quien sea. Que paren y la ayuden, porque lo que acaba de presenciar es pavoroso y, además, la está siguiendo.

Mientras acelera, la testigo lo observa por el cristal del retrovisor. Va tras ella. Sandra pone el coche a 140 kilómetros por hora por el mencionado puente jugándose la vida. El inmenso objeto parece querer darle caza. La monitoriza. Se pone en su misma vertical. Luego delante. Detrás. Se mueve mucho más rápido que ella. La conductora piensa que aquello quiere hacerle daño. Estaba tan tranquila hacía solo unos minutos y ahora... ahora está en una pesadilla. Al pasar por Hale Bank, donde el señor Frank Jones pudo observar el extraordinario puerto espacial de la ciudad del río Mersey, el objeto desaparece. En el mismo lugar. La mujer se marcha de la zona reduciendo la velocidad y vuelve a casa con una espectacular experiencia de persecución difícil de clasificar.


Aunque luego valoraremos el evento de los deslizamientos del tiempo en su terrorífica variante ufológica, es interesante estudiar estos dos casos de forma conjunta, ya que tenemos una interacción pasiva (solo observación) y activa (en la que una mujer es perseguida por un objeto que puede considerarse futurista o, al menos, ajeno a la tecnología a la que llegaría hoy el ser humano). Si en ese futuro, esa mujer hubiese sido identificada como un elemento ajeno a esa moderna época que vio el señor Frank, en un vehículo con características que no se correspondiesen con los estándares de ese tiempo, sin duda es posible que hubiese podido ser identificada, señalizada y monitorizada en su recorrido hasta que saliese de ese tiempo atravesando el puente. Hablamos de algo que creó en la testigo una sensación tan fuerte como para decidir acelerar sin miedo a la muerte ... Quizá porque es la muerte en forma de objeto vigilante la que pareció acelerar hacia ella hasta que salió de ese tiempo al que no pertenecía.



La asombrosa visión de Daisy y Rick

Si seguimos observando testimonios, tenemos que reparar también en el suceso narrado por una testigo llamada Daisy, que era una auténtica escéptica hacia todo que tuviese la etiqueta de paranormal y que protagonizó un evento que bien podría haber ocurrido en aquel famoso puente de Liverpool.
Todo ocurre una noche de septiembre de 2004 en una carretera comarcal del estado de Nueva York en compañía de su amigo Rick, mientras se dirigían hacia la casa de un amigo. Iban los dos en la vieja furgoneta de Rick (a quien, por cierto, le encantaba conducirla), ambos animados, hablando de dimes y díretes de su grupo de amigos. Era una noche cerrada y oscura en un entorno boscoso y no había nadie en la carretera. Siempre, ese detalle. El viaje va bien durante los primeros cuarenta y cinco minutos y nada hace presagiar la increíble experiencia que van a vivir.

De repente, el motor de la camioneta se para y los chicos se quedan tirados en medio de la carretera totalmente a oscuras. Ríck se baja, trata de hacer arrancar el motor, pero parece imposible. Entonces sale Daisy para intentar echar una mano, pero nada de lo que miran parece estar mal. Sin embargo, ni siquiera hay corriente eléctrica en el coche.
-Esperamos a que pase alguien -dice Daisy.
-Sí, pero si no pasa nadie, no tenemos cobertura en el teléfono móvil y tendremos que ir a pie -responde Rick.



Esperan durante unos minutos y, efectivamente, no pasa nadie que pueda auxiliarlos, así que deciden dejar la furgoneta ante el infortunio y caminan hacia el pueblo más cercano, que se encuentra a unos 3,8 kilómetros aproximadamente, para buscar una cabina y llamar desde allí o, al menos, recuperar la cobertura del teléfono móvil.
Están cerca del pueblo, pero la caminata se alarga más de lo debido. El camino no les suena y estuvieron andando durante lo que les parecieron horas sin conseguir ver el pueblo, aunque deberían haber llegado ya hace rato.

Pero no está. Esa inquietud de saberse perdido cuando no deberías estarlo comienza a hacer mella en sus ánimos. Quizá ya están demasiado lejos del vehículo. Y sigue sin pasar nadie...
-Seguimos adelante o volvemos. Estamos demasiado lejos comentan ambos mientras evalúan sus opciones y siguen caminando.
Recreación de ciudad del futuro
Justo cuando empiezan a desesperar y el agobio comienza a invadir sus mentes, en un cambio de rasante de la carretera ven una luz, un inmenso destello brillante. Los chicos corren hacia allá. Quizá es un gran camión, pero, según se acercan, se dan cuenta de que no puede ser, la luz es demasiado intensa. Se acercan al borde de la carretera subiendo la cuesta y lo que encuentran en el horizonte les deja sin habla. Sobre la colina, Rick y Daisy ven lo que solo podría describirse como una ciudad futurista con luces saliendo de miles de ventanas en torres y edificios metálicos gigantescos. En medio de aquella ciudad futurista observan un edificio circular metálico coronando un perfil impresionante lleno de luces y construcciones verticales desconocidas por ellos. Ambos se quedan allí viendo aquel espectáculo, asombrados, hasta que Rick le toca el brazo a la chica y le señala al cielo.
-¡Daisy, mira! -grita Rick.

Sobre el cielo de aquella increíble urbe hay centenares de artefactos voladores. Uno de ellos baja de repente y sobrevuela el campo por encima de ellos a una velocidad impresionante. Rick y Daisy lo ven tan cerca y sienten tal miedo que se dan la vuelta y corren como locos en dirección opuesta hasta llegar a la furgoneta. El camino de regreso no dura horas. Su vehículo estaba allí mismo. No vuelven a mirar atrás, pero Daisy asegura que siente que algo o alguien les ha estado observando todo el camino de vuelta.
Cuando se introducen a la vieja camioneta, el vehículo arranca sin dificultad y huyen como alma que lleva el diablo. Nunca volvieron a aquel lugar ni volvieron a hablar del asunto hasta que le comunicaron el incidente al mencionado investigador Stephen Wagner.

Una de las claves de este tipo de sucesos es la interacción. ¿Qué pasaría si lo que nosotros observamos en estas anomalías también fuese observado por personas o máquinas de ese futuro al que accedemos? Sería fascinante tanto para ellos como para nosotros. ¿Y si en este caso una máquina tecnológica de vigilancia hubiese detectado a un par de intrusos que no deberían estar ahí? Si los testigos hubiesen accedido a un futuro tecnificado donde los robots hacen labores de control de perímetro en torno a las ciudades, sin duda habrían sido detectados en unos pocos segundos. Una vivencia casi cercana a la ciencia-ficción, sin duda, pero que tiene elementos de interés vistos en casos relacionados con el fenómeno. Silencio sepulcral. Mal funcionamiento del vehículo, alteración de un entorno (deberían haber llegado al pueblo mucho antes). Comienzo y fin, en el momento en el que regresan por el camino, donde ya parece que están de vuelta a la realidad. ¿Por qué a veces el fenómeno conecta con el futuro y otras veces con el pasado? ¿Y por dónde estuvieron andando durante tanto tiempo?


La hipótesis que podríamos valorar es que habrían sido teletransportados al futuro unos kilómetros más adelante o más atrás de esa carretera. Al terminar la experiencia, fueron devueltos a solo unos metros de su furgoneta.
Al margen de la espectacular visión de esta pareja, es interesante valorar esa sensación de estar perdidos y sin cobertura en el teléfono, como si en el camino de ida hasta llegar al cambio de rasante hubiesen transitado por una especie de limbo espacio-temporal, un lugar que conecta ambos tiempos y que aparece ante sus ojos de forma que los testigos repiten una y otra vez la misma escena sin darse cuenta.
Por otra parte, el hecho de que el fenómeno afectara al funcionamiento del vehículo revela unas características eléctricas muy sugerentes: parece que es capaz de modificar el funcionamiento de un motor en marcha de forma intencionada. Los testigos finalmente se dieron la vuelta y no volvieron a pisar esa carretera, en la cual, por otra parte, no encontraron rastros o señales que indicasen que hubiesen pasado a otro tiempo, pero, a tenor de lo que vamos a ver en el siguiente caso, parece que el bueno del dios Chronos a veces sí deja marcas tras de sí cuando hace de las suyas.

El avión de Florida

El siguiente incidente es uno de los más extraños ocurridos en la historia de la aviación mundial y podría perfectamente encabezar la trama de algún episodio piloto con gancho de serie de ciencia ficción... Si no fuera porque ha ocurrido en la realidad.


Viajamos al año 1974, a la cabina de un avión 727 de la compañía National Airlines. Allí tenemos al piloto iniciando contacto por radio con la torre de control del aeropuerto de Miami, en el estado de Florida, Estados Unidos. La respuesta no se hace esperar. El operador de radio está en estado de pánico, le tiembla la voz, tartamudea. Le indica desde tierra que debe aterrizar en un lugar fuera del aeropuerto, una carretera destinada a aterrizajes en situaciones especiales de peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos. La misma que se habría utilizado en un caso de secuestro aéreo. Pero allí no estaba pasando nada. Los pasajeros iban cómodamente sentados. No había ningún incidente a bordo, ninguna sospecha de bomba en los maleteros y las bodegas del avión. Era antes de 11-S, un tiempo en el que las cabinas ni siquiera estaban selladas. La sorpresa es total y absoluta.

El piloto hace caso y aterriza sin incidente alguno en la carretera en la que las fuerzas de seguridad especiales esperan a cierta distancia. Policía y ambulancias. ¿Qué estaba pasando? Unas escaleras de salvamento sobre la puerta. El avión detenido. Militares acercándose. La puerta se abre y entran varios soldados pidiendo a todo el mundo que se calme, lo que provoca el efecto contrario. La rutina de ese viaje había sido la normal y no había razón para tal escándalo, al menos no que los pasajeros supiesen desde el interior del avión.


El piloto, excitado y nervioso, pide explicaciones, pero no se las dan. Los pasajeros esperan impacientes. Cada vez hay más policía alrededor. También están los bomberos. Todos están allí por ellos. El director del aeropuerto entra en el avión y va directamente hacia la cabina cerrando la puerta tras él. Ni siquiera saluda, va directo al grano.
-Habéis desaparecido durante diez minutos en el aire -dice el director del aeropuerto.
-¿Cómo ha dicho? -responde el piloto.
-Sí, debería mirar usted su reloj. Y el del avión -dice el director.
El piloto comienza a comparar ambos. El suyo marca las 9:30 horas de la mañana. El avión marca las 9:20 horas. Imposible, porque ambos han de estar sincronizados. Es demasiado tiempo para que se atrase de repente y tampoco se había registrado fallo eléctrico alguno durante el vuelo. El piloto comprueba el segundero de su reloj. No está parado. Funciona bien. Diez minutos de diferencia para él También para el copiloto, la azafata y todos los pasajeros. Para todas las personas del avión.
El pánico en el aeropuerto de Miami había sido total. Los controladores aéreos, según informó el diario Miami Herald, observaron cómo el eco del radar del avión desaparecía en pleno vuelo.


El punto que señalaba la localización de aquel 727 de National Airlines se había desvanecido súbitamente. Pensaron que se había caído, que había explotado en pleno vuelo. No era un fallo de los radares, porque en el área había otros vuelos y daban eco perfectamente. Parte del operativo de emergencias aéreas incluso se había desplazado al lugar donde podrían haber caído los restos, pero no encontraron nada.
Como por arte de magia, diez minutos después el eco apareció exactamente en la misma localización, las mismas coordenadas y a la misma velocidad con la que había desaparecido. Eso era un problema, porque el piloto confirmó que en todo momento estuvieron viajando a 800 kilómetros por hora y nunca dejaron de moverse. Lo habrían visto en los paneles. Siempre estuvieron volando. Pero aparecieron en el mismo sitio y deberían haber aparecido varios kilómetros más adelante. ¿Dónde estuvieron? Lo misterioso para los operadores es que posteriormente otros tres aviones volaron por ese mismo punto y no observaron absolutamente nada. La misma nada de la que hablaban los pilotos, los pasajeros (algunos con un ataque de pánico, ya que se enteraron de lo que estaba pasando allí mismo) o las azafatas. Ninguna brecha ni interrupción en las comunicaciones.
Un caso que a día de hoy sigue sin resolverse. Una desmaterialización súbita de esta realidad hacia lo desconocido. Quizá hacia el futuro, hacia el pasado, hacia otro estrato de la realidad. Y siempre moviéndose.

Quizá eso signifique que, aunque estuvieron desplazándose, no lo hicieron en este punto de esta dimensión que llamamos tiempo. El fenómeno es apasionante porque implica una entrada hacía otro punto temporal de la historia, un vuelo de un avión cuya velocidad de crucero es de 907 kilómetros por hora durante diez minutos, que equivalen a un máximo de 151 kilómetros recorridos en esa época, y una salida que va a parar justo al mismo lugar en donde comienza la anomalía.
Ningún otro eco de radar en forma de objeto volador no identificado, ni aparición de nubes con formas sospechosas o efectos eléctricos inesperados. Una desaparición, 151 kilómetros recorridos y una reaparición en el mismo lugar, sin variación alguna en el plan de vuelo, sin percatarse absolutamente de nada. Un caso tan extremo como el que vamos a ver a continuación.

Great Yarmouth
Los sellos que todos querríamos tener

Otro caso asombroso es el que podemos leer en el libro de Colin Wilson y John Grant titulado The Directory of Possibilities. En 1973, un hombre de apellido Squirrel entra en una tienda de artículos de papelería en el centro de la ciudad de Great Yarmouth, al noreste de Inglaterra, para comprar unos sellos. Tiene que enviar unas cartas y decide aprovechar que pasa por esta rienda para adquirirlos. El exterior es normal. Un escaparate con lupas y plumas de exposición. Nada raro.
Se abre la puerta y Squirrel avanza por una tienda bastante recogida hasta que se encuentra con una dependienta con un vestido del periodo eduardiano, es decir, de principios de siglo XX. Una larga falda que cae hasta el suelo, ribetes, volantes en las mangas, el pelo recogido y joyas en el cuello. Un corsé exterior de la Belle Epoque y un maquillaje bastante acentuado en ojos y labios, la tez algo pálida.

Aquel señor quería tres docenas de sellos de circulación legal por el Reino Unido y así lo pide. La mujer saca las ristras y le dice el precio de forma dulce. Un chelín.
-Imposible -dice él.
-Eso es lo que cuesta, señor -dice la mujer mientras lo registra en una curiosa caja registradora de hierro forjado y tipografía de principios de siglo. Squirrel paga el chelín, sin discutir más, y sale de allí con sus sellos.
«Curioso lugar y más que sugerente precio…», piensa mientras cruza la puerta y vuelve a la calle.


Bastante contento con la experiencia, Squirrel decide volver tres semanas después al establecimiento y, al entrar, descubre una instalación moderna en la que el mostrador se ha sustituido por una mesa.
La encargada no es la misma señora que le atendió. El precio de los sellos, por supuesto, es mucho mayor. Squirrel pregunta por lo que costaban hacía solo tres semanas y por la mujer que lo atendió.
-Caballero, ninguna otra mujer excepto la que tiene usted delante se ha ocupado de este negocio desde que lo adquirí hace décadas. Y, por supuesto, nadie le habría cobrado un chelín por treinta y seis sellos -le dice la dueña del negocio.

Extrañado, Squirrel sale de allí preguntándose si está loco. Pero tiene pruebas. Aún conserva los sellos que había comprado, convirtiéndose así en una de las poquísimas personas del mundo capaz de atestiguar con una prueba física su experiencia de vórtice temporal. Squirrel decide en ese momento indagar sobre el incidente y se dirige a una filatelia.
Sus sellos hacía ya cincuenta años que no se fabricaban y pertenecían a la primera década del siglo XX, justo la época que se corresponde con el vestido de la simpática dependienta que amablemente le atendió.
Como vemos, una vez más el fenómeno actúa prácticamente en el marco de una puerta que, directamente y por arte de una fuerza que desconocemos actualmente, nos sitúa en un lugar de la historia que no se corresponde con el nuestro.
Ese lugar es tan real como este. No sabemos si los paquetes que mandó aquel buen señor le fueron devueltos por no cumplir con el precio establecido para el envío de paquetes, pero podemos decir que no solo descubrió una ganga filatélica, sino que se trajo unos sellos que, sin duda, todos los amantes del misterio desearíamos tener.


El tétrico incidente del Gran Cañón del Colorado

El siguiente caso apareció en el volumen 5 de la publicación UFO Roundup, y lo ha proporcionado el editor, Joseph Trinor. Viajamos a la zona del Gran Cañón del Colorado y nos desplazamos hasta el mes de mayo de 1972 a la Universidad de Southem Utah, donde tenemos a cuatro estudiantes dispuestas a pasar un gran sábado en la localidad de Pioche, cerca de Cedar City, donde hay programado un concurso de rodeo. El plan es fantástico. Janna North le pide a su padre que le deje su Chevrolet Nova del 71 para ir. De copiloto, Carol Aboot, y atrás, Lisa Rochefort y Bethany Gordon. Son las diez de la noche y se están arreglando. Una noche de diversión les espera. Y algo más ...

Universidad de Southem Utah
Son solo catorce kilómetros hasta Pioche, llegarán allí enseguida. Además, hay que intentar volver pronto porque la señora Morthensen, encargada de la residencia del campus universitario, cierra las puertas con llave bastante pronto.
Se suben al coche y enfilan la desolada autopista 56 con poco estímulo visual como paisaje al ser de noche: solo arena rojiza y acantilados de arenisca que apenas pueden verse. Las chicas cruzan la frontera del estado y pasan el cruce de ferrocarriles de la Union Pacific en Modena. Van bien. Un poco más adelante la conductora, Janna, nota algo raro que no le suena. La carretera se bifurca sin indicación. A la derecha y a la izquierda. Y no hay señales. Vaya fastidio.
-¿Por dónde vamos? Uno va hacia el sureste y el otro hacia el noreste, hacia la región de los cañones. Lo lógico es coger el de la izquierda -dice Janna.
Cedar City estaba a unos setenta y tres kilómetros en esa dirección. La carretera del cañón era la mejor opción.
-Adelante, vamos por el de la izquierda -dice la copiloto.


Las dos amigas de atrás van tan distraídas que apenas se enteran del evento.
Cinco minutos más tarde, el Chevrolet enfila un lugar llamado Red Rack Canyon, una maravilla natural. Todas van de cháchara pero la conductora vuelve a notar algo raro. Los faros del vehículo, indudablemente brillan con más intensidad. Y no solo eso. La línea continua de la calzada ya no existe, y tampoco la carretera es como la conocían. Ahora hay un pulido cemento de color blanco.

Demasiado extraño.
-¿Volvemos atrás? –dice Janna.
-Tira hacia delante, Janna -le dice Carol-. Vamos bien, supuestamente ... 
Así lo hace hasta que llegan a un acantilado. Un callejón sin salida. Las de atrás se lamentan. A este paso, no van a llegar al toque de queda.
-Vamos a tener que hacer todo el camino de regreso hasta Modena. Todo por culpa de las señales. Volvamos atrás, hacia la carretera estatal. Lo siento, chicas -dice Janna sin saber que en el transcurso de todo ese incidente ya había tenido lugar el chasquido de la realidad del que venimos hablando en estas páginas.

Tensos minutos de conducción de regreso. Más cosas extrañas. Paredes de piedra de color rojo a los lados que no les sonaban del camino de ida. Antes en ese punto solo había desierto. Ahora hay rocas que las aíslan del mundo. Estaban entrando en un espectacular cañón que daba paso a un campo abierto y no encontraban ni rastro del desierto. En su lugar, campos de cereales se abren paso entre enormes pinos a ambos lados de la carretera.
-Seguro que este no es el camino a Modena -dice la copiloto.
-¿Dónde diablos estamos? -responde Janna.


Siguen avanzando. Cereales y más cereales. Esto no se cultiva en esta región. No puede ser. Un bar de carretera a lo lejos y, a su lado, un garaje. En el tejado del bar ven luces de neón rojas, pero no puede leer bien lo que pone. Eran como garabatos, letras ininteligibles. Algunos hombres salen alertados del local.
-¿Son guapos? -pregunta Bethany desde atrás al verlos.
-Vamos a averiguarlo -dice a su lado Lisa.
-No tenemos tiempo para ligar -dice Janna, preocupada.
-Tranquila, relájate -dice Lisa mientras se retoca con su lápiz de labios sin saber lo que estaba a punto de pasar...

Se detienen allí y se acercan a los hombres, que parece que hablan con consternación y secretismo. Ambiente oscuro. Tenebroso. Lisa saca la cabeza por la ventana para preguntar y grita de horror al ver el rostro de los hombres.
- ¡Sal de aquí,]anna, acelera, vámonos, vámonos, vámonos! -grita con espanto.
-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? -preguntan todas conmocionadas. Lisa se pone a gritar, Janna pisa el acelerador hasta el fondo y huyen. ¿Dónde demonios estaban y qué estaba pasando?


Miran hacia atrás.
-¡Nos siguen! -grita Bethany.
Y no eran unos coches cualquiera. Cuatro vehículos con forma ovoide con las ruedas montadas como las de un triciclo comienzan a asomar detrás de ellas. Dos más grandes detrás y uno más pequeño delante, al más puro estilo Mad Max. Todos tienen un único faro delante, pero tienen cuatro ruedas. Una persecución perturbadora ya que los vehículos hacen un extraño zumbido al desplazarse y van mucho más rápido que ellas.
-¡Nos están alcanzando! -grita Bethany mientras Lisa sigue en estado de shock.
-¡Vámonos, vámonos, por favor! -grita sin parar.

Janna enfila la carretera por la que habían llegado y se mete en la zona de las paredes rojas del cañón a más de 130 kilómetros por hora. Una nube ondulante de polvo tras su coche y los incansables y futuristas vehículos les comen terreno. Después de una curva, los perseguidores parecen desistir o, al menos, ellas dejan de verlos. Janna sigue conduciendo a toda pastilla y sale de la zona cruzando el camino del desierto, que ya le resulta algo más familiar. De nuevo carretera de calzada negra y línea continua.


El coche zumba la graba a toda velocidad y Janna acelera huyendo de algo que ya no puede ver, pero que, quizá siga ahí en la distancia. La suspensión no aguanta y derrapan. Janna pisa el freno y se estrellan levemente contra un quitamiedos. Solo ha sido un susto. Varios pinchazos y abolladuras en el parachoques delantero. Un tapacubos se ha desconchado también. Nada grave. Las chicas salen temblando del vehículo, todas menos una. Lisa sigue en el coche y llora de forma histérica. Su cabeza está entre sus rodillas.
-No eran humanos ... No eran humanos -repite una y otra vez.

Asustadísimas, se quedan allí tratando de consolar a Lisa con un miedo atroz en el cuerpo. Estaban en medio de una desértica carretera. ¿Y si todavía las perseguían? No podían hacer nada. No había teléfonos móviles en el año 1972.
Finalmente, al alba, acceden a la carretera 56 y encuentran a una patrulla de reconocimiento de carreteras del estado de Utah. Lisa seguía conmocionada y afectada por una visión que jamás pudo describir con palabras. Quizá lo más interesante del caso sean las pesquisas realizadas por el sargento Vic Lundquist, que se encargó de la investigación del caso y que descubrió que no había señales del desvío de ningún coche en la carretera 56. Tampoco existía una bifurcación en toda la autopista, que, por cierto, estaba perfectamente señalizada. Parte del trayecto de tierra por donde ellas decían que había una calzada de color blanco sí tenía marcas de neumáticos, pero solo durante doscientos metros, y estas se acababan de repente en un punto en el que, según el testimonio separado de las cuatro testigos, siguieron conduciendo.


Uno de los detalles más interesantes de este impresionante suceso quizá sea la percepción de las testigos del incremento en la potencia de los faros del vehículo. Quizá el fenómeno estaba en aquellos momentos utilizando una inmensa cantidad de energía para teletransportar tanto a aquellas chicas como a su coche, y quizá este se quedó de alguna manera impregnado de esa energía, lo que provocó ese aumento en la potencia de los faros por sobrecarga en la batería. Por otra parte, las chicas aluden a una calzada de color blanco que no existía en la realidad de principios de los setenta, o quizá no se había construido aún, ni se construiría hasta dentro de muchos años ...
La hipótesis a valorar al respecto de la casuística de este tipo de sucesos sería el acceso a un futuro (o a un posible universo paralelo) en el que el desértico Cañón del Colorado no tiene rastros de desierto.

Estaban en el mismo lugar, ya que las paredes de roca rojita son inconfundibles, pero también observaron grandes planicies llenas de vegetación y cereales que no se corresponden con los cultivos de este tiempo. La extraña tipografía indescifrable de la única luz de aquel tenebroso bar de carretera y los coches, muy diferentes de los nuestros, revelan un ambiente casi apocalíptico de un futuro lejano, pero lo más extraño de todo es la impresión de Lisa al ver el rostro de los seres que las persiguieron. Los habitantes de ese posible futuro, según aquella chica, tenían rostros muy diferentes de los nuestros, caras que la llenaron de un horror que jamás le permitió describirlos con palabras.


Una gasolinera especial

En el número 274 de la publicación Portean Times Magazin e encontramos un caso genial que se amolda también a todo lo que estamos investigando aquí. Un suceso reciente, del 22 de diciembre de 2004, y dos protagonistas, Mark y su novia, Julia, quienes a las siete de la tarde de ese día se disponen a dar una vuelta por las montañas Catskill cerca de la localidad de Margaretville, en el estado de Nueva York. Van en una camioneta F150 y el plan es ir un poco a la aventura.
Mark conduce y comienza a tomar caminos al azar, sabiendo en todo momento que, estén donde estén, sabrán volver a casa. Curiosa manera de pasar una tarde, podríamos pensar. Treinta minutos después de iniciar su singular andadura están bastante perdidos y comienza a nevar. Mal asunto. Un poquito de nerviosismo por si se quedan tirados en la carretera. Hay que mantener la calma. Otra hora de conducción bajo una espesa nevada.
«Vaya mala idea salir a la aventura este día», piensan ambos.

De repente, una sorpresa inesperada: el medidor de gasolina acaba de entrar en reserva, pero no puede ser, porque han salido con el tanque lleno. No lo entienden, pero es lo que marca, sin duda. Quizá perdían combustible.
«Así es como la gente muere», piensan, ambos poniéndose en lo peor.
-Seamos sensatos y estemos tranquilos. Encontraremos una gasolinera aunque estemos perdidos -dice Mark.
Una hora después, casi desesperados, observan unas luces en la carretera. Su salvación: es una estación de servicio y una tienda para comprar algo de avituallamiento. Qué bien, está abierto todo.
-Vamos allá. Todo irá bien ...
Mark detiene el vehículo en los surtidores que están delante de la tienda, donde puede ver un cartel que dice «General Store». Los surtidores son demasiado antiguos, de la década de los cuarenta. Está seguro de ello. Lo mismo son solo de exposición ...
«Ay, que nos quedamos tirados de verdad ...», se dice para sí.
De repente, un hombre se acerca al coche. Es el gasolinero.
-Un sofisticado vehículo el suyo, muchacho, ¿le lleno el depósito?-le pregunta.
-Sí, sí, por favor -dice Mark aliviado.

Ford-F-150-SuperCrew.jpg
Ford F-150
El chico abre el tambor de entrada y el simpático gasolinero comienza a llenar el coche de gasolina. Un pequeño silencio. Mark comprueba si existe algún tipo de fuga en la gasolina, pero el depósito no deja marcas en la calzada. Está perfectamente.
-¿Conoce el camino para Margaretville? -pregunta el chico.
El gasolinero le da indicaciones precisas. No tiene pérdida.

Mientras tanto, Julia ha salido del coche y ha entrado en la tienda a mirar qué puede comprar. Mark observa cómo sale y ve tres coches aparcados de los años cuarenta en una serie de estacionamientos cercanos al establecimiento. Todos están impolutos, limpios y brillantes. Dentro de la tienda, Julia habla con una mujer que está tras el mostrador. La chica observa botellas de Coca-Cola en vidrio de estilo clásico, chocolatinas con mascotas desconocidas en sus envoltorios y grandes jarrones de caramelos de cristal. Ni uno solo de los alimentos que allí venden le resulta familiar. También hay unos curiosos buzones en las paredes que no sabe para qué sirven. Toda la tienda ofrece artículos de la década de los cuarenta.

Hora de pagar para Mark: pensando en el típico sablazo cercano a los cincuenta dólares, saca la cartera y el gasolinero le dice que son dos dólares con ochenta y cinco centavos. O lo había entendido malo estaba bromeando. Mark le mira extrañado y el buen hombre le dice que sabe que es un poco caro pero que es por culpa de la guerra. Diez centavos por cada cuatro litros aproximadamente. Mark, sorprendido, paga la cuenta y va hacia el coche. En el mismo momento Julia se introduce también en él y ambos se miran deseando compartir lo que les ha pasado a cada uno, pero antes de eso el chico baja la ventanilla para darle las gracias a aquel señor que no deja de mirar al coche sorprendido por su diseño.
No hay nada extraño ni fuera de lugar en todo el incidente. Los chicos siguen por la carretera entre la nieve y la oscuridad, siguiendo las indicaciones dadas, y encuentran el camino a casa. Pronto se dan cuenta de que lo que les ha ocurrido es extraordinario. Los surtidores, el precio, los artículos, los coches. Comentando la jugada, llegan a casa de Julia y observan el reloj de la camioneta. N o puede ser.
-Son las once de la noche y deberían ser las nueve, porque hemos estado fuera solo dos horas -dice Mark.
El reloj de la camioneta marca una hora y el suyo marca la real.
«Quizá se ha roto algún componente eléctrico», piensan.
Pero no, el sistema eléctrico estaba perfecto y el problema es que les faltaban dos horas conduciendo. Las mismas que habrían hecho que aquel depósito de gasolina se hubiera ido vaciando hasta encontrarse en reserva antes de hallar aquella gasolinera.

Un incidente interesantísimo, porque tenemos una especie de tiempo perdido junto a una experiencia en la que los testigos acceden a otra época y perciben detalles visuales únicos de ella. El detalle del precio de la gasolina, caro por la guerra, revela que estarían entre 1940 y 1945 en ese punto de las montañas Catskill. En este caso no tenemos la presencia de la famosa niebla, solo una repentina tormenta que les habría pillado desprevenidos. La reacción del gasolinero ante su vehículo es de sorpresa y el ambiente en general desprende ese aroma característico de esa década. La mujer no parece comprar nada en el establecimiento y, por lo visto, perdió la oportunidad de su vida de adquirir una chocolatina sin caducar de sesenta años de antigüedad.
Por otra parte, es interesante observar que ellos realmente llegan a casa gracias a la gasolina que habrían repostado en su experiencia temporal. Al igual que en el caso de los sellos, se produce un intercambio de materia entre ambos tiempos. Esto significa y corrobora que el fenómeno permite cambiar materiales entre dos épocas, al tiempo que deja transitar a las personas entre ellas sin saber cuándo entran y cuándo salen. El fenómeno de tiempo perdido que acompaña el incidente también es sugerente porque quizá en algunos casos ocurra que un minuto en esa dimensión realmente equivalga a varios en la vida real, tal y como ocurre en el espacio. ¿Qué podría crear algo así?



¿Qué pasó en el vuelo 502 de Aviaco?

Como estamos viendo, los casos son variados y parecen completar un gran puzle donde todo está relacionado. Uno de los mejores detalles viene de estudiar los extraños fenómenos meteorológicos en los que los protagonistas se ven involucrados, aunque sea a miles de metros de altitud.
La siguiente historia tiene lugar el día 31 de enero del año 1978, en España, en los cielos grises y nublados de Euskadi. El vuelo 502 de las aerolíneas Aviaco, con un modelo Caravelle 10-R, bajo el mando del piloto Carlos García Bermúdez, surca los cielos para cubrir el trayecto entre Valencia y Bilbao. Como es habitual en la casuística, el vuelo transcurre sin altercados, pero cuando se aproxima al aeropuerto de Bilbao, en la localidad de Sondika, un espeso y opaco cúmulo de nubes se sitúa a un kilómetro de altura y les impide aterrizar. Un aeropuerto complicado el de Bilbao, casi una ratonera encajada entre montañas con fama de difícil y peligroso. Mejor no arriesgar.
El comandante García Bermúdez maniobra con cautela por encima de la densa capa nubosa que dificulta la visibilidad y llama a la torre de control de Sondika para evaluar si pueden aterrizar allí o no.


Se notifica al personal de a bordo que deben modificar su plan original de vuelo y dirigirse al aeropuerto de Santander, situado a unos cien kilómetros de distancia y con mejores condiciones meteorológicas para el aterrizaje. Mucho mejor. García Bermúdez modifica la trayectoria de la aeronave y sube hasta los diez kilómetros de altura para dirigirse a Santander, donde, si todo va según lo planeado, tocarán tierra en un tiempo estimado de quince minutos.
Ojalá todo pudiese solucionarse de una forma tan fácil, podríamos pensar, y, sin embargo, en aquel preciso momento algo inexplicable aparece frente a ellos. La tripulación es testigo en directo de la formación de una nube gigantesca a partir de la nada. Es lenticular, enorme y tan resplandeciente que los hombres de la cabina tienen que ponerse gafas de sol para poder ver con normalidad. Un efecto luminoso que nunca habían visto en una nube.

No pueden esquivarla y, pese a su rareza, los instrumentos no marcan ninguna anomalía, así que se adentran en la nube, a aproximadamente treinta y cinco kilómetros del aeropuerto de Bilbao, y en cuestión de solo unos segundos, todo el instrumental electrónico parece fallar. El sistema eléctrico se ha vuelto loco. Pierden la comunicación con tierra y los esfuerzos tanto del copiloto como del operador de radio para restablecer el canal de comunicación con las torres de control de Bilbao o de Santander resultan inútiles.
Para más inri, el panel de dirección del avión comienza a alertar de algo sorprendente: están volando en dirección opuesta, es decir, vuelan en una trayectoria contraria a la que llevaban originalmente. Es imposible. Las brújulas del avión han dejado de funcionar al mismo tiempo que el horizonte artificial del avión muestra que la aeronave se desplaza al revés. Durante siete minutos, el episodio es totalmente angustiante para García, quien, con sus más de 11.500 horas de vuelo en aviones comerciales, jamás había tenido que enfrentarse a algo similar. Varios minutos así. Esa luz en la nube tan extraña. Esa referencia de viajar del revés. Y el avión sigue avanzando a más de 700 kilómetros por hora.

Al pasar la nube, todo vuelve a la normalidad y los indicadores muestran parámetros normales, con la excepción del registro de millas recorridas, que sorprendentemente registra la misma distancia recorrida en el momento en que entraban en la nube, como si durante aquellos minutos en su interior el avión no se hubiera desplazado un solo metro, pero eso tampoco era posible. Se movían a más de 700 kilómetros por hora como mínimo, por lo que, al menos, debería marcar ochenta kilómetros más. No podía ser.
Quizá se había dañado el contador, que, por otra parte, siguió registrando las millas recorridas hasta aterrizar de manera normal. Un misterio. El Caravelle marcado con el vuelo 502 aterrizó unos minutos después sin problemas en el aeropuerto de Santander y, una vez en tierra, la tripulación informó de lo sucedido. Ya en destino descubrieron que desde la modificación original del plan de vuelo en Bilbao y hasta que aterrizaron en Santander, habían transcurrido treinta y dos minutos, diecisiete minutos más de lo que estaba programado.


El caso fue sometido a análisis, tomando en consideración que quizá el avión pudo estar en algún tipo de campo de electricidad estática lo suficientemente potente como para alterar el sistema eléctrico del mismo, pero todas las explicaciones que se dieron en su momento resultaron insuficientes, ya que nada podía explicar la ausencia de ese tiempo perdido. Este hecho pasó a la historia como una de las rarezas más increíbles de la aeronáutica europea, ya que las autoridades, al menos a nivel oficial, nunca pudieron encontrar una explicación lógica a esos minutos perdidos. El silencio oficial al respecto sigue siendo la única respuesta del Ministerio de Defensa de España sobre lo que pudo pasar en esos diecisiete minutos en los que ese avión sencillamente desapareció de lo que concebimos como realidad.
La hipótesis que podríamos barajar es que aquella nube era una especie de portal espacio-temporal que engulló a la aeronave retrasando el tiempo de algún modo inexplicable. Una nube, por otra parte, que sería muy poco frecuente a diez mil metros de altitud, aunque lo que provoca más perplejidad es saber que desde las torres de control de Parayas y Sondika se llamó insistentemente a la aeronave sin recibir respuesta alguna durante todo ese tiempo. Estaban aislados y desaparecidos de los radares. No daban eco ni siquiera en los radares primarios. No existían.

Otra clave: el aparato teóricamente responde a los mandos, pero, a tenor de los indicadores, es como si hubiera permanecido estático en el aire durante esos diecisiete minutos. Un avión parado con los motores en marcha. Algo lo sujetaría, o, simplemente, algo habría congelado el tiempo durante diecisiete minutos seguidos a diez kilómetros de altura sin que nadie sospechara nada.

video

Tres historias de viajes en el Tiempo.
FUENTE: mundodesconocido.es 


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Del libro Los 5 elementos del pensamiento efectivo*, de Edward B. Burger y Michael Starbird

Lo que todo el mundo cree no siempre es realmente cierto.

Las opiniones comúnmente sostenidas son frecuentemente falsas. A menudo nos convence la autoridad y la repetición más que la evidencia y la realidad. Esta tendencia a aceptar cuanto nos rodea hace difícil separar lo que realmente sabemos de lo que creemos conocer. Para ilustrar esta distinción, examinemos la caída de los cuerpos por la gravedad.
En el 340 a. c., Aristóteles afirmó que los objetos caen a un ritmo proporcional a su peso. En otras palabras, creía que los objetos más pesados caían más rápidamente que los más ligeros. La gente aceptó estas afirmaciones por dos razones: a) parecía razonable; y b) lo había dicho Aristóteles. La combinación de autoridad y verosimilitud es la receta para el prejuicio arraigado. La gente aceptó la descripción aristotélica de la caída de los cuerpos durante casi dos mil años. Por último, durante los siglos XVI yXVII se abandonó lentamente la autoridad en favor de la evidencia. Como a menudo sucede en el relato de la historia, la realidad del progreso gradual es sustituida por el mito de un cambio instantáneo de perspectiva.

Galileo Galilei
En este caso, un mito acerca de Galileo condensa un cambio evolutivo de perspectiva en un único experimento decisivo supuestamente (pero no realmente) llevado a cabo por el propio Galileo. Como afirma la leyenda, en 1588 Galileo desafió la teoría de Aristóteles de la caída de los cuerpos subiendo a la Torre Inclinada de Pisa con una bala de cañón de hierro y una bola de madera más ligera y del mismo tamaño. Tras advertir oportunamente a los transeúntes, lanzó simultáneamente ambas bolas y, para sorpresa de muchos (especialmente los paseantes confiados que no oyeron el aviso), las dos bolas se estrellaron contra el suelo en el mismo instante, lo que demuestra que los cuerpos más pesados no caen más rápido. De hecho, si exceptuamos la resistencia al aire, los cuerpos caen a la misma velocidad independientemente de su peso. El verdadero mito, tanto ahora como entonces, es que inmediatamente la gente pasó a basarse en la evidencia y no en la autoridad.


¿Cómo es posible que tantas personas crean durante miles de años en falsas afirmaciones fácilmente refutadas? Respuesta: los individuos tienden a aceptar las ideas si las personas que conocen y respetan declaran o creen en esas mismas ideas. Tienes que ser muy claro acerca de los fundamentos de tus opiniones. Si crees en algo sólo porque otra persona -incluso un profesor te ha dicho que es así, no deberías considerar que tu comprensión tiene unos cimientos sólidos. La historia de Galileo ilustra la saludable actitud en la que la evidencia resuelve una cuestión, independientemente de quién diga lo contrario. Busca la evidencia y no te quedes satisfecho hasta saber el porqué.

* Los 5 elementos del pensamiento efectivo, son los siguientes:

1.- COMPRENDE EN PROFUNDIDAD Arraigar tu pensamiento. (Comprende cosas sencillas y en profundidad)

2.- FRACASA PARA TENER ÉXITO Iluminar nuevas perspectivas a partir de los errores. (Acoge los tropiezos-que los errores sean tu guía)

3.- SÉ TU PROPIO SÓCRATES Crear preguntas de la nada. (Cómo las respuestas llevan a las preguntas)

4.- MIRA HACIA ATRÁS, MIRA HACIA ADELANTE Observar el flujo de las ideas. (Comprender ideas presentes a través del flujo de las ideas)

5.- TRANSFORMARTE A TI MISMO Comprometerse con el cambio.

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El investigador y escritor chileno  Jorge Eduardo Anfruns Dumont

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