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domingo, 30 de agosto de 2015

Lebanon, Connecticut la tarde del 3 de julio de 1882: Dos formas luminosas triangulares fueron observadas en el borde superior de la Luna. Desaparecieron, y dos sombras triangulares fueron observadas tres minutos más tarde en el borde inferior. Se acercaron una a otra, se confundieron y desaparecieron. (Charles Fort, pionero e infatigable investigador.)

Lebanon, Connecticut la tarde del 3 de julio de 1882: Dos formas luminosas triangulares fueron observadas en el borde superior de la Luna. Desaparecieron, y dos sombras triangulares fueron observadas tres minutos más tarde en el borde inferior. Se acercaron una a otra, se confundieron y desaparecieron. (Charles Fort, pionero e infatigable investigador.)



¿Desde cuándo se tiene constancia de la presencia de naves extraterrestres? En el albor de los tiempos podría decirse, desde que los seres humanos existen como tales. A modo de ejemplo, podemos visualizar en pequeños trazos, un escenario donde un grupo de pre-humanos (australophitecus) hace ahora 5 millones de años, escrutan agrupados la sabana africana durante la noche; temerosos quizás de que algún depredador les ataque. Inesperadamente, una luminosidad surge en medio de la noche sobrevolando silenciosamente sobre sus cabezas y llenando de luz blanquecina una amplia zona de lo que hoy es Laetoli (Tanzania)… Minutos después, los asombrados y confundidos homínidos contemplan como aquella “extraña luminosidad surgida de la nada” se pierde en la lejanía.


Obviamente en sus mentes no existe una explicación posible porque conceptos tales como “maquina” y “extraterrestre” les son imposible de concebir; entendiendo que su lenguaje se ciñe solo a unos pocos sonidos acompañados de gestos y que hasta que no pasen 2 millones de años, su cerebro no tendrá una configuración más ventajosa para ciertas abstracciones y razonamientos; siquiera para ver aquel fenómeno luminoso como la aparición de un dios ó divinidad. Si lo llevamos al plano actual, a modo de comparación, sería lo mismo que les ocurre a los seres humanos actuales cuando abordan los conceptos dimensionales y se habla de aquellos lugares espaciales de un modo confuso e indescriptible (los científicos en la actualidad manejan 25 dimensiones, dando por hecho que hay muchas más) ya que el propio cerebro elabora la realidad con tan solo tres y  la cualidad temporal como línea del tiempo.


Descubren en India Pinturas Rupestres de Ovnis y Extraterrestres*** (Una cueva descubierta en la India contiene pinturas rupestres de más de 10.000 años de antigüedad, entre las que destacan figuras con formas que recuerdan a los ovnis y los extraterrestres inmortalizados por el cine.) (articulo completo al final de esta entrada) FUENTE: http://fritzspringmeier.bligoo.com/descubren-en-india-pinturas-rupestres-de-ovnis-y-extraterrestres

Este ejemplo puede servirnos para situarnos a principios del siglo XX, cuando Charles Fort* escribió El libro de los condenados, una verdadera recopilación de hechos inverosímiles donde la ciencia oficial se limitó a mirar para otro lado, mientras que los ortodoxos y cómodos científicos del momento crucificaban a Fort en vez de tomarse la molestia de investigar; que verdaderamente eran su obligación y deber. Algo así como lo que ocurre en la actualidad con los llamados “equipos científicos” y el fenómeno OVNI, donde los acobardados y sumisos hombres de ciencia claudican por temor a que el “grifo del dinero” se corte para sus proyectos si acaso diesen un paso hacia adelante posicionándose y hablando sin cortapisas de la realidad extraterrestre en el planeta Tierra; la verdadera noticia para la humanidad, la demostración plausible de que otros mundos han evolucionado hacia estadios superiores, sin necesidad de guerras y hambrunas. Pero así están las cosas; el poder, el “gobierno mundial”, sigue obstinado en silenciar la presencia extraterrestre, porque de ningún modo pretenden perder sus privilegios actuales; y mientras tanto, “ciencia oficial” permite que los seres humanos sigan durante siglos sumidos en la ignorancia…

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Charles Fort y el Libro de los condenados

Leer El libro de los condenados** requiere cierta paciencia por la gran cantidad de datos que Charles Fort incluyó en el;  pero llegado a un punto, leyéndolo detenidamente no pudé dejar de asombrarme: tal vez, sin él mismo saberlo, Charles Fort recopiló un número importante de avistamientos OVNI; incluso movimientos extraños en la Luna que los astrónomos del momento no supieron interpretar porque precisamente, la palabra “extraterrestre” todavía no entraba de una forma clara en sus conceptos, aunque ya algunos autores como Julio Verne, en el año 1865 escribiera De la Tierra a la Luna ó también la novela Alrededor de la Luna en 1870, como una anticipación ó tal vez premonición de un futuro cercano. Y es ahí donde he querido puntualizar, sintetizando y extrayendo esos avistamientos que Fort incluyó en su libro.












(* Charles Hoy Fort (6 de agosto de 1874 – 3 de mayo de 1932) fue un investigador estadounidense, conocido por dedicarse al estudio de hechos no solucionados por la ciencia de su época. Fuente: Wikipedia.)

(**El libro de los condenados, su obra más conocida, es una colección de hechos despreciados por la ciencia ortodoxa. Recopiló y publicó un catálogo con 25 mil entradas de fenómenos inexplicables hasta entonces, que iba clasificando en cajas de zapatos, como son lluvias de ranas, precipitación de grandes trozos de hielo, barro, carne y azufre; nieve negra; bolas de fuego; cometas caprichosos; desapariciones misteriosas, meteoritos con inscripciones extrañas; ruedas luminosas en el mar; lunas azules; soles verdes; aguaceros de sangre. Fort, como los científicos que criticaba, reivindicaba la supremacía de “los hechos”.
H. P. Lovecraft consideraba a Fort uno de sus maestros, y autores de ensayos antropológicos como Pauwels y Bergier reconocen haber utilizado el método fortiano de búsqueda para gestar su famosa obra El retorno de los brujos”. Fuente: Wikipedia)



Decía Charles Fort:

«Comencé a escribir “El libro de los condenados” cuando era un niño. Estaba determinado a ser un naturalista. Leía con voracidad, cazaba pájaros y los disecaba, coleccionaba sellos, clasificaba minerales, clavaba insectos con agujas y les ponía etiquetas como las que veía en los museos. Luego me convertí en un periodista y, en su lugar, coleccioné cuerpos de idealistas en las morgues, escolares desfilando por Brooklin y presos en las cárceles, arreglé mis experiencias y las examiné como había examinado los huevos de los pájaros, los minerales y los insectos.»

«Tomé la determinación de escribir un libro. Comencé escribiendo novelas: cada año hacia, más o menos, tres millones y medio de palabras, aunque esto sólo sea una estimación. Pensé que, excepto en la escritura de novelas, que probablemente parecían crías de canguro, no podía hallar ningún otro incentivo por el que seguir viviendo. Abogados, naturalistas, senadores de Estados Unidos...    ¡vaya conjunto de aburridos! Pero no escribía lo que deseaba. Comencé de nuevo, y me convertí en un realista ultracientífico.»



«Así que tomé una enorme cantidad de notas. Tenía una pared cubierta por pequeños departamentos destinados a ellas. Tenía veinticinco mil notas. Me preocupaba la posibilidad de un incendio. Pensé en tomar las notas en un material ignífugo. Pero no era lo que quería y, finalmente, las destruí. Esto es algo que Theodore Dreiser no me perdonará jamás.»

«Mi primer interés había sido científico, pero el realismo me hizo retroceder. Entonces, durante ocho años, estudié todas las artes y ciencias de que había oído hablar, e inventé media docena más de otras artes y ciencias. Me maravillé de que alguien pudiera contentarse con ser un novelista o el director de una compañía acerera, o un sastre, o gobernador, o barrendero. Entonces se me ocurrió un plan para coleccionar notas sobre todos los temas de la investigación humana acerca de todos los fenómenos conocidos, para entonces tratar de hallar la mayor diversidad posible de datos, de concordancias, que significaran algo de orden cósmico o ley o fórmula... algo que pudiera ser generalizado. Coleccioné notas sobre los principios y fenómenos de la astronomía, sociología, psicología, buceo a grandes profundidades, navegación, exploraciones, volcanes, religiones, sexos, gusanos... eso es, buscando siempre similitudes en las diferencias más aparentes, tal y como cuantivalencias astronómicas, químicas y sociológicas, o perturbaciones astronómicas, químicas y sociológicas, combinaciones químicas y musicales, fenómenos morfológicos de magnetismo, química y atracciones sexuales.»

«Acabé por tener cuarenta mil notas, repartidas en mil trescientos temas tales como: "armonía", "equilibrio", "catalizadores", "saturación", "oferta" y "metabolismo". Eran mil trescientos demonios aullando con mil trescientas voces a mi intento de hallar una finalidad. Escribí un libro que expresaba muy poco de lo que estaba tratando de conseguir. Lo recorté, de quinientas o seiscientas páginas, a noventa. Entonces lo tiré: no era lo que quería.»




OVNI sobre Tepoztlan, Mexico ( 7 de Junio de 1992)


De El libro de los condenados*, de Charles Fort

…Vemos las cosas convencionalmente. Y no sólo pensamos, actuamos, hablamos y vestimos todos de la misma manera, como por rendición unicelular a la tentativa social de una entidad, sino que también vemos lo que se considera como «conveniente» de ver.

…Mis datos: vastos mundos sin órbitas, navegando o flotando a la deriva en las corrientes y mareas interplanetarias.

…La cuestión es inevitable: estos otros mundos o estas superconstrucciones celestes, ¿han sido vistos por los astrónomos?




OVNI sobre el Lago de Cote, Costa Rica (4 de Septiembre de 1971)

…Sostengo, pues, que existen, en el espacio celeste, mundos vagabundos que los astrónomos han excluido porque su falta aparente de seriedad constituía una afrenta directa a lo puro, a lo preciso y a lo positivo. Y también porque se les percibe muy raramente. Los planetas reflejan obstinadamente la luz del Sol y, sobre esta uniformidad, se ha construido todo un sistema que yo titularía Astronomía Primaria. El material de la Astronomía Avanzada se compondrá, por el contrario, de fenómenos celestes tanto oscuros como luminosos, o variables a la manera de algunos satélites jupiterianos, pero llevados a un mayor alcance. Oscuros o luminosos, tales fenómenos han sido vistos y señalados tan a menudo, que la única razón importante de su exclusión parece ser su poca aptitud a doblegarse a las conveniencias.

…Recalco, de paso, que mis datos malditos están sacados de las observaciones de astrónomos de gran renombre, excomulgados por astrónomos de idéntico renombre, pero sostenidos por la dominante de su Época, y para los cuales el espíritu debe equilibrarse o sumirse en la nada.

…En este libro puedo mostrar la actitud de enfrentarme a los dogmatismos y las pontificaciones de varios sabios eminentes, pero esto no es más que pura comodidad, porque parece necesario personalizar.



Visitantes en Venus:

En 1845, un cuerpo, demasiado largo como para parecerse a un satélite, fue observado cerca de Venus . Una observación semejante fue señalada cuatro veces en la primera mitad del siglo XVIII. La última data de 1797 Un cuerpo largo fue observado siete veces en las proximidades de Venus. Un astrónomo al menos, Houzeau, aceptó estas observaciones y denominó a este mundo, este planeta o esta superconstrucción: «Neith». Menciona de pasada su punto de vista, aunque sin suscribirlo definitivamente. 
Un cuerpo que reflejaba la luz o, al menos, una mancha brillante, se acercó a Marte el 25 de noviembre de 1894, como lo atestiguan el profesor Pickering y sus colegas del Observatorio de Lowell. Luminoso por sí mismo, según parece, planeó por encima de la parte oscura del planeta Marte. Se le tomó por una nube, pero se estimó que se hallaba a treinta y cuatro kilómetros del planeta.




Percival Lowell, en el observatorio que construyo en Flagstaff, Arizona

Una mancha luminosa se colocó a través del disco de Mercurio en 1799, según Harding y Shroeter. En el primer boletín publicado por el observatorio de Lowell, en 1903, el profesor Lowell describía un cuerpo observado el 20 de mayo de 1903 cerca de Marte, que fue negado el 27 de mayo, para ser desplazado a más de cuatrocientos cincuenta kilómetros de su punto de aparición, y al que se identificó finalmente como «una nube de polvo».

En octubre y noviembre de 1911, se vieron sobre el disco de Marte manchas extremadamente brillantes. Así fueron aceptadas, aunque no regularizadas, las seis o siete observaciones que permitieron a un astrónomo bautizar con el nombre de «Neith» a un mundo, un planeta o un satélite desconocido.


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OVNI gigantesco que absorbe energía del Sol




Imágenes de la NASA donde puede apreciarse un OVNI de dimensiones planetarias absorbiendo energia del Sol


En 1859, el doctor Lescarbault, astrónomo aficionado en Orgères, Francia, anunció que, el 26 de mayo, había observado un cuerpo de importancia planetaria atravesar el Sol. Abordamos aquí un tema tan profano para el presente sistema come lo eran mis propios temas para el sistema precedente. Pero pocos libros de texto olvidan enteramente esta tragedia. El método sistemático consiste en dar muy pobres ejemplos de lo profano, para poder disponer en seguida de ellos. Si quisieran negar la existencia de las montañas, registrarían algunas observaciones de muy ligeras prominencias en las cercanías de Orange, en New Jersey, para arrojar en seguida el descrédito sobre estas observaciones poco dignas de interés. Los libros de texto mencionan algunas de las «supuestas» observaciones del «planeta Vulcano», para pasar en seguida a otra cosa.


Lausana, Suiza
El 9 de agosto, M. de Rostan, de Basilea, Suiza, tomaba la altitud del sol en Lausana cuando vio un cuerpo en forma de huso, de tres dedos de ancho y nueve de largo, avanzar lentamente atravesando el disco solar, «a la mitad de la velocidad de lo que lo hacen las manchas solares ordinarias». No desapareció hasta el 7 de setiembre, al alcanzar el limbo del sol. En razón a su carácter fusiforme, me inclino a pensar en un superzepelin, pero otra observación parece indicar que se trataba de un mundo: aunque opaco y «eclipsado al sol», estaba rodeado de una especie de nebulosidad, ¿tal vez una atmósfera? Una penumbra indicaría ordinariamente una mancha solar, pero algunas observaciones prueban que el objeto estaba a una considerable distancia del Sol.

…Otro observador, estudiando el Sol a la misma hora en París; no vio el objeto, pero M. Croste, de Sole, es decir a unos doscientos setenta y un kilómetros al norte de Lausana, lo observó, descubriendo la misma forma de huso, pero discutiendo un poco su envergadura. Y, detalle importante: Croste y De Rostan no lo vieron en el mismo lugar sobre el Sol. Es un asunto de paralaje, y de gran paralaje, si se piensa en la invisibilidad de París: de ello saco la conclusión de que, durante el verano de 1762, un gran cuerpo opaco en forma de huso atravesó el disco solar a una gran distancia del Sol. El redactor del Register escribió: «En una palabra, no conocemos nada del cielo a lo cual se pueda recurrir para explicar este fenómeno.» Tengo la idea de que este señor no era el esclavo encadenado a toda explicación, y que debía ser muy abierto en sus hábitos. En cuanto a mí... Monstrator.


OVNIs escoltando al Apollo 11, hasta las proximidades de la Luna (Julio de 1969)
…Cuerpos que parecían oscuros, y luces que podían ser reflejos solares sobre objetos, masas o construcciones interplanetarias. Luces observadas sobre o cerca de la luna. Herschel señaló, en Philosophical Transactions, varios puntos luminosos localizados sobre o cerca de la Luna, en el curso de un eclipse. Podemos preguntarnos cómo podían ser luminosos, si la propia Luna estaba oscura. Pero examinaremos más tarde el hecho de que numerosos objetos luminosos han o no han cruzado la Tierra en plena noche. La abundancia de estas luces es un factor nuevo, o una nueva complicación en mis exploraciones. Un nuevo aspecto del hábitat o de la ocupación interplanetaria. Mundos en hordas y seres alados. No me sentiré sorprendido si termináramos por descubrir ángeles, o animales-máquinas, galeones de los viajeros celestes. En 1783 y en 1787, Herschel señaló otras luces próximas a la Luna, que supuso eran de origen volcánico. Pero la palabra de un Herschel no tiene más peso, en el caso de divergencia no ortodoxa, que la de un Lescabault. Sus observaciones fueron relegadas al olvido.

…En noviembre de 1821, se vieron vivas manchas cerca de la Luna. Loomis cita cuatro casos. Otra se parecía a una estrella cruzando la Luna, «cosa que supe, inmediatamente, que pertenecía al campo de lo imposible», comenta el observador. «Era una luz fija y persistente situada en el lado oscuro de la Luna.» Supongo que la palabra fija designaba el brillo de la citada luz.

…Rankin informa en 1847, en el Report haber visto puntos luminosos sobre la parte oscura de la Luna, en el curso de un eclipse. Los tomó por reflejos de estrellas, lo que no resulta muy razonable; pero otra luz, señalada en el Annual Register, no tiene relación con las estrellas, puesto que se mueve con la Luna. Fue observada durante tres noches seguidas y señalada por el capitán Kater. En el observatorio de Cape Town se informa la presencia de una mancha blanca acompañada de luces más pequeñas en el lado oscuro del borde lunar.



…1883, el año extraordinario: en Egipto, el 24 de setiembre de 1883, Hicks Pashaw vio a través de un telescopio «una inmensa mancha negra» en la parte inferior del Sol (London Times, 17 de diciembre de 1883). Una mancha solar quizá. Un día un astrónomo, el doctor Wolf, contemplaba el cielo, cuando algo oscureció una estrella durante tres segundos y medio. Había sido observado un meteoro por los alrededores, pero su rastro no había sido visto más que momentáneamente.

El dato siguiente es uno de los más sensacionales que poseo, pese a que sea muy corto. Un objeto oscuro fue observado por el profesor Heis, a once grados de altitud, desplazándose lentamente a través de la Vía Láctea. Una de mis pseudorazones para creer que los mundos sin órbitas son dirigibles es la ausencia casi completa de colisiones. Pueden, por supuesto, aun desafiando la gravitación y sin dirección comparable a la nuestra, ajustarse entre sí, como los anillos y las volutas de humo. Pero en Knowledge, se han publicado dos fotografías del cometa de Brooks, demostrando la evidencia de su colisión con un objeto oscuro en octubre de 1893. El profesor Barnard formulo así el hecho: «El cometa encontró un medio denso que lo pulverizó.» Quizá fuera un campo de hielo.



Mr. W. R. Brooks, director del Observatorio Smith, vio pasar lentamente un objeto oscuro y redondo a través de la Luna, en dirección horizontal. En Science, 14 de setiembre de 1896, un corresponsal expresa su opinión de que se trataba de un meteoro opaco. El astrónomo holandés Muller vio, el 4 de abril de 1892, un fenómeno completamente idéntico. Por otro lado, en Science Gossip, se precisa que el objeto de Brooks tenía un diámetro aparente tres veces menor que el de la Luna, y que atravesó el disco lunar en tres o cuatro segundos. El redactor escribió que el 27 de junio de 1806, a la una de la madrugada, miraba él mismo la Luna con un telescopio astronómico de dos pulgadas, de potencia 44, cuando un largo objeto negro pasó de oeste a este, durante tres o cuatro segundos. Lo tomó por un momento por un pájaro, pero no pudo observar ningún movimiento secundario. En cuanto al doctor Brendel, de Griefswald, Pomerania, cuenta en Astronomische Nachrichten, que el factor Ziegler y algunos otros observadores vieron un cuerpo de dos metros de diámetro atravesar el disco solar. El objeto fue observado un cuarto de hora antes de alcanzar el Sol, y necesitó más de una hora para atravesarlo, tras lo cual fue visible aún cerca de una hora. Lo cual indica que estaba lejos tanto de la Tierra como del Sol.



Finalmente, el doctor Harris hace constar que vio el 27 de junio de 1912 un «objeto intensamente negro», de cuatrocientos kilómetros de largo por ochenta de ancho, destacarse sobre el disco lunar. «Se hubiera dicho un cuervo perchado sobre la Luna, tan cerca como le era posible». Unas nubes interrumpieron la observación. «No puedo dejar de pensar escribió el doctor Harrisque acababa de producirse un fenómeno extraño. »


En la Monthly Notices of the RAS. (1), una carta del reverendo W. Read nos dice que, el 4 de setiembre de 1851, a las 9 y media de la mañana, vio una multitud de cuerpos luminosos rebasar el campo de su telescopio para evolucionar unos lentamente, otros con rapidez. Parecían ocupar una zona de varios grados de amplitud. La mayor parte se dirigían de este a oeste, pero algunos se movían de norte a sur. Su número era prodigioso y pudo observarlos durante seis horas «¿No podrían ser atribuidas estas apariciones a un estado anormal de los nervios ópticos del observador?», pregunta el redactor. En la misma publicación, Read insistió en el hecho de que, como un diligente observador que era, poseía instrumentos de gran calidad y una experiencia de veintiocho años. «Y, sin embargo dijo, jamás antes había visto nada semejante.» Y precisa que dos miembros de su familia vieron también los objetos en cuestión.
El redactor retiró la sugestión.



Durante el eclipse de agosto de 1869, el profesor Coffin, U.S.N., observó a través de su telescopio el paso de varios copos luminosos parecidos a polvo de carbón, flotando en pleno sol. Pero el telescopio estaba regulado de tal modo que, si los objetos se apreciaban claramente delimitados, debían de hallarse tan lejos de la Tierra que las dificultades de la ortodoxia permanecerían independientemente de su identidad real. El profesor Coffin estimó que eran «claramente delimitados».


Observatorio Urania, Zurich (Suiza), tiene un telescopio óptico de 12 toneladas y fue diseñado por Carl Zeiss AG en Alemania.
El 27 de abril de 1863, Henry Waldner observó cuerpos brillantes desplazándose de oeste a este; avisó al doctor Wolf, del Observatorio de Zurich, quien se convenció de la realidad de este extraño fenómeno y dio parte de una observación análoga realizada por el signore Capocci, del observatorio Capodimonte, en Nápoles, el 11 de mayo de 1845. ¿Las formas eran distintas, o eran diferentes aspectos de las mismas formas? Algunos cuerpos eran estrellados y dotados de apéndices transparentes.

Centenares de pequeños cuerpos, negruzcos esta vez, fueron observados por los astrónomos Herrick, BuysBallot y De Cuppis: otros atravesaron el disco lunar ante los ojos de Mr. Lamey: un número prodigioso de cuerpos opacos y esféricos fueron señalados por Messier el 17 de junio de 1777; en La Habana, el profesor Auber vio durante el eclipse de sol del 15 de mayo de 1836 un gran número de cuerpos luminosos alejarse del Sol en diferentes direcciones (Poey); Mr. Poey cita un caso idéntico el 3 de agosto de 1886, cuya causa atribuye Lotard a vuelos de pájaros; en 1885, M. Trouvelet vio pasar un gran número de cuerpecillos a través del disco solar, unos lentos, otros rápidos, algunos de los cuales de una estructura complicada, semillas, insectos o volátiles: M. Trouvelet declara no haber visto jamás nada análogo a estas formas; cuerpos luminosos y opacos atravesando el sol en el Observatorio de Río de Janeiro, de finales de diciembre de 1875 al 2 de enero de 1876.

Vista desde muy lejos, por supuesto, cualquier forma tiene tendencia a aparecer redondeada: pero voy a ocuparme ahora de datos sobre formas más complejas.


Flotilla de OVNIs en Guadalajara, Jalisco (Mexico)
En L'Astronomie M. Briguière señala la travesía del Sol, los días 15 y 25 de abril de 1883, en Marsella, por cuerpos de forma irregular, de los cuales algunos evolucionaban en alineación. El 8 de agosto de 1849, a las tres, por encima de Gais, en Suiza, sir Robert Inglis vio millares de objetos brillantes, parecidos a copos de nieve, en un cielo sin nubes. Pero, pese a que este despliegue no duró más que veinticinco minutos, ninguno de tales copos cayó al suelo. La criada de Inglis «creyó» ver que algunos de entre ellos poseían una especie de alas. Un poco más lejos, en el curso de la misma comunicación, en la página 18 del Report, sir John Herschel afirma recordar que en 1845 ó 1846 su atención fue atraída por objetos de considerable tamaño que atravesaban el aire: el telescopio los identificó como masas de heno de dos metros de diámetro, pero pese a que sólo una tromba podía haberlas levantado, observó que el aire estaba en completa calma. «El viento soplaba, sin duda, en el lugar observado, pero no sentí bufido.» Si Herschel hubiera consentido en desplazarse un poco más lejos, o en señalar esta extraña aparición, su informe hubiera parecido, en 1845, tan desplazado como la aparición de una cola en un embrión en el estado de gástrula.



Algunos de entre nosotros tienen tendencia a imaginar a la Ciencia sentada en la calma y la serenidad del juicio exacto. Pero algunos datos, esto es evidente, han sido cazados a lazo y después linchados despiadadamente. Si una Cruzada de Marte a Júpiter se produce en otoño, se recurre a las «semillas.» Si una horda de vándalos celestes es observada en primavera, se hace referencia a los «cristales del hielo». Si una raza de seres aéreos, sin hábitat sustancial, aparece en el cielo de la India, se habla de «langostas».


Una observación necesaria: si las langostas ganan altura, se hielan y mueren por millares. En las regiones montañosas de la India, «nubes de langostas mueren por millares» a una altura de quinientos metros. Por otro lado, tanto si vuelan alto como bajo, su presencia es traicionada siempre por la caída constante de rezagados. El fenómeno es tan conocido que cuando el teniente Herschel, observando el sol en Bangalore, en la India, los días 17 y 18 de octubre de 1870, vio sombras oscuras atravesar el sol que eran luminosas antes de alcanzarlo, y esto en un flujo ininterrumpido durante un período de dos días, se expresó como sigue en Monthly Notices,: «El vuelo ininterrumpido en un período de dos días, en número tan considerable, en las regiones superiores de la atmósfera, de animales que no abandonan un solo rezagado, es un hecho único no sólo en los anales de la Historia Natural, sino también de la Astronomía.»


Sigue ahora un caso extraordinario desde diversos puntos de vista, tanto si se trata de superviajeros, de superdevastadores, de ángeles, de bribones, de cruzados, de emigrantes, de aeronautas, de elefantes, de bisontes o de dinosaurios volantes. Uno de estos objetos ha sido fotografiado y, sin duda, no se ha tomado nunca una foto tan sensacional.


En la revista L´Astronomie se incluyó un articulo con la fotografia del Sr. Bonilla, realizada en 1883, donde aparecen OVNIs atravesando el disco solar.

El Sr. Bonilla decía lo siguiente en el articulo de L´Astronomie:

“El 12 de agosto de 1883, a las 08:00 horas de la mañana, comenzaba yo a dibujar las manchas cuando percibí de golpe un pequeño cuerpo luminoso que penetraba en el campo de la lente, dibujándose en el papel que me servía para reproducir las manchas, y recorría el disco solar proyectándose como una sombra casi circular

“No había salido aún de mi asombro cuando el mismo fenómeno se reprodujo nuevamente, y esto con frecuencia tal que en espacio de dos horas pude contar hasta 283 cuerpos atravesando el disco solar.

(El artículo de Bonilla fue publicado el 1 de enero de 1886 en “L’Astronomie”, bajo el título “Paso sobre el disco solar de un enjambre de corpúsculos observados en el observatorio de Zacatecas, México” (89). 

“Por: José Árbol y Bonilla (Director del Observatorio de Zacatecas, México).


OVNI fotografiado en 1883 por Jose A. Bonilla, director del Observatorio Astronomico de Zacatecas (Mexico)
L'Astronomie,: En el observatorio de Zacatecas, en Méjico, el 12 de agosto de 1883, a dos mil quinientos metros sobre el nivel del mar, un gran número de cuerpos luminosos penetraron en el disco solar. El señor Bonilla telegrafió a los observadores de Méjico y de Puebla, donde no eran visibles. Visto este paralaje, el señor Bonilla localizó los cuerpos «relativamente cerca de la Tierra.» 


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Vicente Fuentes nos explica algunos avistamientos de gigantescas naves extraterrestres narrados en el Libro de los Condenados, de Charles Fort

Uno de estos objetos fue fotografiado: el documento muestra un largo cuerpo rodeado de estructuras indefinidas, por el temblor de alas o de planos en movimiento.
L'Astronomie,: el signore Ricco, del observatorio de Palermo, escribe que el 30 de noviembre de 1880, a las dos y media del mediodía, vigilaba el Sol cuando en una línea corta y también paralela, atravesaron lentamente su disco. Aquellos cuerpos le parecieron alados, pero eran tan grandes que le hicieron pensar en grullas. Consultados algunos ornitólogos, supo que el vuelo en líneas paralelas coincide efectivamente con el de las grullas. Esto ocurría en 1880: cualquiera en nuestros días sabe que es también una formación familiar a los aviones. Pero el ángulo de visión dejaba entender que estos seres u objetos se desplazaban a mucha altitud. El signore Ricco sostiene que los cóndores vuelan, a veces, a cuatro o cinco mil metros de altitud, y que las grullas han desaparecido a menudo a los ojos de los observadores ganando las regiones superiores de la atmósfera. Estimo en términos convencionales que no existe pájaro sobre esta Tierra que no se hiele mortalmente a una altitud de más de cinco mil metros. Y el signore Ricco estima que estos objetos, estos seres o estas grullas, se desplazaban por lo menos a ocho mil metros de altura...


Visitantes.

Mi confusión a este respecto es tan grande como antes, ya que no tengo ilusión de la homogeneidad. Un positivista reuniría todos los datos que parecen relacionarse a un único género de visitantes, prescindiendo fríamente de todos los demás. Creo que hay tantos géneros distintos de visitantes extraterrestres como de visitantes en Nueva York, en una prisión o en una iglesia: por ejemplo, en una iglesia hay también rateros.


Representación artística de vimanas
Creo que un mundo o una vasta superconstrucción ha sobrevolado la India durante el verano de 1860. Puesto que, desde ninguna parte, algo cayó el 17 de julio de 1860 en Dhurmsalla. Sea lo que sea lo que este «algo» haya podido ser realmente, ha sido designado a menudo bajo el nombre de «meteorito», que me doy cuenta de haber adoptado a mí vez esta convención. Pero Syed Abdoolah, profesor de indostaní en la Universidad de Londres, escribió en el London Times (1) que las piedras caídas «eran de formas y tamaños muy diversos, y algunas se parecían mucho a balas de cañón ordinarias después de ser usadas». Se trataba, pues, de objetos esféricos de metal. Y, la misma tarde, algo observó cuidadosamente Dhurmsalla y le expidió, en medio de resplandores llameantes, objetos recubiertos de marcas indescifrables. Y pienso en seres y objetos que debieron resistir a su deseo de aterrizar, al igual que los aeronautas, a una cierta altitud, deben resistir al deseo de ascender más arriba.

Tal especulación no contradice en absoluto, salvo para los positivistas, mi idea de algún otro mundo que intenta establecer comunicación con algunos terrestres esotéricos gracias a un código de símbolos impresos en la roca.
Pero, para la mayor parte de mis datos, pienso en superobjetos que atraviesan el cielo sin manifestar más interés por la Tierra que el que los pasajeros de un transatlántico manifiestan por las profundidades oceánicas. Algunos pueden, ciertamente, pensar mucho en este tema, pero ver prohibida toda exploración por las necesidades comerciales del horario. Finalmente, pueden haber pruebas de tentativas supercientíficas para investigar los fenómenos terrestres, tal vez organizadas por seres tan lejanos que desconocen incluso si alguien tiene derechos legales sobre el planeta.


OVNI en las Islas Canarias, España (05-03-1979)
En el Observatory se cita que, de acuerdo con un periódico, el 6 de marzo de 1912 los habitantes de Warmley, Inglaterra, se vieron grandemente sorprendidos por lo que creyeron era «un aeroplano espléndidamente iluminado sobrevolando la ciudad». Avanzaba a toda velocidad en dirección de Bath a Gloucester. Se trataba, dijo el redactor, de una gran bola de fuego con tres cabezas. «Es preciso -dijo- estar preparado a todo en nuestros días...»

Un corresponsal de Nature en el condado de Wicklow, en Irlanda, vio, a las seis de la tarde, un objeto triangular atravesar el cielo. Era de color oro amarillento, se parecía a la Luna en su creciente de tres cuartos y, evolucionando lentamente, tardó cinco minutos en desaparecer tras una montaña. El redactor de la publicación estima que debía tratarse de un globo escapado.

En Nature el meteorólogo F. F. Payne vio, en el Canadá, un gran objeto en forma de pera atravesar el cielo. Al principio lo tomó por un globo, ya que «su contorno estaba claramente definido; pero, no viendo canastilla, concluí que debía tratarse de una forma curiosa de nube». En seis minutos, el objeto se hizo más desvaído, sin duda por efectos de la distancia: «ya que la masa se hizo cada vez menos densa y después desapareció». No había ninguna formación ciclónica en los alrededores.



El 8 de julio de 1898 un corresponsal de la revista vio, en Kiel, un objeto celeste enrojecido por el sol, grande como un arco iris, a una altura de doce grados: «estuvo brillando durante cinco minutos, después se esfumó rápidamente, permaneció de nuevo casi estacionario y finalmente desapareció, todo en el término de ocho minutos».

El 27 de agosto de 1885, a las ocho y media de la mañana, Mrs. Adelina D. Basset observó en las Bermudas «un extraño objeto que procedía del sur en medio de las nubes». Llamó a su amiga, Mrs. L. Lowell y ambas vieron, no sin alarma, el objeto de forma triangular, parecido a una vela de bote, y del que pendían cadenas, mostrar intenciones de aterrizar, para alejarse después por encima del mar y desaparecer finalmente muy alto entre las nubes.


Castle Combe, en la región  de Wiltshire, Inglaterra
Charles Tilden Smith escribió en Nature, que en Chisbury, en el Wiltshire, Inglaterra, el 8 de abril de 1912, vio en el cielo «algo distinto a todo lo que había visto antes, pese a que desde hace muchos años había estudiado el cielo en todos sus aspectos». Vio dos manchas estacionarias ¡sobre nubes que avanzaban rápidamente! Eran en forma de abanico triangular y de distintos tamaños, pero conservaron la misma posición mientras nube tras nube pasaban por debajo de ellos; y esto duró una media hora. Terminó por pensar «que se trataba de una sombra proyectada sobre una pantalla de nubes por un objeto invisible situado al oeste, y que interceptaba los rayos del sol». En la página 244 del mismo volumen de Nature, otro corresponsal confirma esta opinión.

Pero la Antigua Dominante estaba celosa, y no admitió ser desafiada en esta forma. En la página 268, el meteorólogo Charles J. P. Cave escribió que los días 5 y 8 de abril había observado el mismo fenómeno en Ditcham Park, cerca de Petersfield, observando algunos globos cautivos, de lo cual infería que las sombras de Chisbury podían haber tenido el mismo origen. En la página 322, otro corresponsal habla de sombras proyectadas sobre las montañas y, finalmente, en la página 348, alguien complica las cosas discutiendo la tercera comunicación. Pero el misterio continúa, ya que las manchas negras de Chisbury no podían haber sido proyectadas por globos estacionarios que se encontraran al oeste, o entre las nubes y el sol poniente, ya que en este caso la sombra de un objeto estacionario, lejos de ser estacionaria, hubiera ascendido cada vez más alto durante la puesta del sol.
Una enorme cosa negra posada como un cuervo sobre la Luna.
Pienso que estas dos sombras de Chisbury debían parecer, vistas desde la Luna, como dos enormes cosas negras posadas como cuervos sobre la Tierra. Y que dos luminosidades triangulares, seguidas de dos manchas negras triangulares, debieron ser observadas como los triángulos de Chisbury sobre la Luna.


OVNI triangular sobre Bélgica, año 1990
En Lebanon, Connecticut la tarde del 3 de julio de 1882, dos formas luminosas triangulares fueron observadas en el borde superior de la Luna. Desaparecieron, y dos sombras triangulares fueron observadas tres minutos más tarde en el borde inferior. Se acercaron una a otra, se confundieron y desaparecieron.



El 8 de abril de 1913, en Fort Worth, Texas, descripción de la sombra en el cielo de un objeto invisible, que se supuso era una nube, y que se desplazó con el sol poniente.
Del Rept. Brit. Assoc.: Dos observadores vieron durante seis noches un objeto triangular atravesar el cielo, a un considerable paralaje. Estaba muy próximo a la Tierra.

Cada noche, durante una semana, una luz apareció en Woburn Square, Londres, sobre la hierba de un parquecillo rodeado de verjas, ante el enorme susto de los transeúntes. La policía restableció el orden. Se sugirió que se trataba de una luz de un farol de gas, sin buscar por supuesto el origen preciso. No digo que la luz de un simple farol de gas no atrajera la atención de los mirones londinenses durante una semana, pero sí digo que el primer polizonte llamado para restablecer el orden no hubiera tenido necesidad de la menor sugestión para restablecer el orden allí mismo, si se hubiera tratado realmente de la luz de un farol de gas.
Y algo luminoso permaneció suspendido durante una semana sobre un parque londinense.


El vapor Patna
«Estando especializada su excelente revista Knowledge en los fenómenos meteorológicos, me siento tentado de pedirles la explicación del siguiente suceso, que he presenciado a bordo del vapor Patna, de la Compañía de las Indias Británicas, en el curso de un viaje por el golfo Pérsico. En mayo de 1880, en una noche muy oscura, hacia las once treinta, aparecieron de repente en el cielo, a un lado y a otro de la nave, dos enormes ruedas luminosas que giraban sobre sí mismas, y cuyos radios parecieron rozar el buque a su paso. Dichos radios medían de dos a trescientos metros de largo, y se parecían a las varas de las maestras de escuela. Y aunque cada rueda debía tener quinientos o seiscientos metros de diámetro, se veían siempre distintamente los dieciséis radios que la formaban. Sin otra luz visible en el aire por encima del agua, este resplandor fosforescente pareció deslizarse paralelamente a la superficie del océano. La apariencia de estos radios puede ser imitada casi exactamente agitando, desde una barca, una linterna horizontalmente por encima del agua, y haciéndole describir círculos concéntricos. Asistieron, aparte de mí mismo, al mencionado fenómeno el capitán Avern, del Patna, y Mr. Manning, tercer oficial.
«Lee Fore Brace.»
«PS.-Las ruedas avanzaron paralelamente al barco, como escoltándolo, alrededor de veinte minutos. L.F.B.»

Tomaré mi primer dato de una publicación puritana, Science, que no nos ha proporcionado más que un poco de material: los puritanos raramente se desvergüenzan. Según un informe dirigido a la Oficina Hidrográfica de Washington por su oficina de San Francisco y reproducido en Science, en la medianoche del 24 de febrero de 1885, a 37º latitud Norte y 170º longitud Este, en algún lugar entre Yokohama y Victoria, el capitán del Innerwich fue despertado por su segundo, que había visto en el cielo algo anormal. Tras tomarse un tiempo en despertarse completamente, el capitán ganó el puente de la nave y vio el cielo en llamas. «De pronto, una enorme masa inflamada apareció por encima de la nave, cegando completamente a los espectadores», y cayó al mar. Su tamaño puede ser evaluado por el volumen de agua que levantó, y que se precipitó contra la nave con un ruido ensordecedor, sumergiéndola «bajo una espuma blanca y rugiente». El capitán, un viejo marino lleno de experiencia, declaró que el horror del espectáculo desafiaba toda descripción.



En Nature y L'Astronomie, se dice que esta «enorme bola de fuego» se elevó del mar cerca de cabo Race, hasta alcanzar los ciento cincuenta metros de altura, y avanzó cerradamente sobre la nave, siendo visible por más de cinco minutos. Nature la identifica como un rayo «en bola», pero Flammarion, en Thunder and Lightning, la describe como de enorme tamaño. El capitán Moore, del vapor inglés Siberian, declaró en el American que el objeto se desplazó «contra el viento» antes de desaparecer y que había visto ya antes, en el mismo lugar, tales apariciones.

Del Report of the British Association: El 18 de junio de 1845, según el Malta Times, a bordo del bergantín Victoria, a mil trescientos kilómetros de Adalia, en Asia Menor, a 36º 40' 56" latitud Norte y 13º 44' 36'' longitud Este, se vieron tres cuerpos luminosos salir del océano a cuarenta metros del buque y permanecer visibles durante diez minutos.
El profesor Baden-Powell publicó una carta de un corresponsal del monte Líbano que describe el mismo prodigio, pero no cita más que dos cuerpos luminosos cinco veces más grandes que la Luna, y dotados de apéndices «en forma de velas», parecidos a «grandes bandera hinchadas por la brisa». La idea más importante en este caso concreto es la de la duración. Un meteoro dura algunos segundos, raramente más de quince, aunque algunos hayan durado medio minuto. Los objetos del monte Líbano fueron visibles una hora. Los apéndices no se parecían a la estela de los meteoros, ya que «su resplandor parecía proceder de su propio cuerpo». En Adalia, Asia Menor, a mil trescientos kilómetros del Victoria y en el mismo momento, el reverendo F. Hawlett, citado por el profesor Baden-Powell, asistió al espectáculo, cuya duración evaluó en una media hora. El fenómeno fue señalado igualmente desde Siria y desde Malta, bajo la forma de dos cuerpos «estrechamente unidos».
En Cherburgo, Francia, el 12 de enero de 1836, un cuerpo luminoso que representaba los dos tercios de la Luna pareció girar como sobre un pivote: llevaba en su centro una cavidad oscura.

El 20 de diciembre de 1893, un cuerpo luminoso fue visto por varias personas en Virginia, Carolina del Norte y Carolina del Sur, de oeste a este; a 15º por encima del horizonte, permaneció inmóvil durante un cuarto de hora. Parecía, dijeron algunos observadores, una enorme rueda blanca, y para eliminar toda probabilidad de una ilusión óptica se recuerda que el ruido de su paso a través del aire fue claramente apreciado. Al término de veinte minutos, desapareció o explotó en el mayor silencio.

Vastas construcciones en forma de rueda estarían muy especialmente adaptadas para atravesar un medio gelatinoso de uno a otro planeta. A veces penetrarían por error de cálculo en la atmósfera terrestre y, bajo la amenaza de explosión, deberían hundirse en el fondo de las aguas, donde permanecerían un tiempo, para emerger después en las proximidades de algún buque. Su ruta habitual parece situarse en las latitudes próximas al golfo Pérsico.

El 4 de abril de 1901, a las ocho y media de la mañana, en el golfo Pérsico, el capitán Hoseason del vapor Kilwa navegaba en plena mar. «El agua no era fosforescente», reténganlo bien. De pronto, enormes «ondulaciones» luminosas aparecieron bruscamente en la superficie de las aguas. No emitían más que una débil luz, y se apagaron alrededor de un cuarto de hora más tarde, después de haber evolucionado a diez kilómetros por hora. Se incriminó esta vez a la eterna salvaguardia de la Vieja Dominante: bancos de medusas.

El 5 de junio de 1880, a lo largo de la costa de Malabar, el comandante Harris, del vapor Shahjehan, vio, a las diez de la noche, sobre un mar calmado y bajo un cielo sin nubes, un objeto tan extraño que le hizo detener su nave. Describe olas espaciadas de brillante luz, y una sustancia no identificable flotando sobre las aguas: no iluminaba nada, pero parecía iluminada, como el resto del mar, por gigantescos rayos luminosos. «Se sucedían ola tras ola, en uno de los espectáculos más grandes y más solemnes que se pueda imaginar».

Golfo de Omán
 Extracto de una carta de míster Douglas Carnegie, de Blackheath, Inglaterra: «En el curso de este viaje, asistí a una de las más extravagantes manifestaciones eléctricas que jamás haya visto». En el golfo de Omán, observó una capa fosforescente, aparentemente inmóvil. Pero a veinte metros del lugar, «rayos de cegadora luz vinieron a chocar con la proa de la nave a una prodigiosa velocidad, que puede estimarse entre los cien y los doscientos kilómetros por hora». Las olas se sucedían de tres en tres metros. «Recogí una muestra del agua y la examiné al microscopio, sin detectar nada anormal. Los rayos parecían provenir de las profundidades marinas. Nos golpearon primero a través, y observé que una nave cercana no torcía su trayectoria: se hubiera dicho que la atravesaban de lado a lado.»
El golfo de Omán se halla en la entrada del golfo Pérsico.

Mr. S. C. Patterson, segundo del vapor Delta, cuenta que, el 14 de marzo de 1907, en el estrecho de Malaca, a las dos de la madrugada, vio durante una media hora «rayos que parecían girar sobre un eje, como los radios de una rueda: parecían medir trescientos metros de lado».

El capitán Evans, hidrógrafo de la marina inglesa, señala en un informe al Almirantazgo que el comandante J. E. Pringle, del buque Vulture, observó a 26º 26' de latitud Norte y 53º 11' de longitud Este, en el golfo Pérsico, el 15 de mayo de 1879, ondas luminosas o pulsaciones acuáticas que se desplazaban a gran velocidad. Precisión apreciable: subraya que las ondas luminosas pasaron bajo el Vulture. «Mirando hacia el este, se hubiera dicho que una rueda giraba sobre su eje, con sus radios iluminados, mientras que, mirando hacia el oeste, una rueda idéntica avanzaba en sentido contrario. Las ondas de luz se extendían desde la superficie hasta las profundidades marinas.» El comandante Pringle piensa que los rayos procedían de una sola rueda, y que el desdoblamiento era una simple ilusión. Estima que los objetos tenían cuarenta metros de ancho, estaban espaciados por unos ciento cincuenta metros y se desplazaban a ochenta kilómetros por hora, durante treinta y cinco minutos, a las nueve horas cuarenta minutos de la noche. Después de su paso, el buque atravesó amplias capas de una sustancia flotante que se parecía a «bancos de freza oleosa».

En la página 48 del mismo número de Nature, E. L. Moss dijo que en abril de 1875 vio sobre el buque Bulldog, a algunos kilómetros al norte de Veracruz, una serie parecida de líneas luminosas. Si habla del Veracruz de Méjico, es nuestro único caso situado en aguas de la costa oriental.

Estrecho de Malaca (en el circulo amarillo del mapa)

El Nautical Meteorological Annual, publicado por el Instituto Meteorológico danés, señala un «singular fenómeno» observado por el capitán Cabe, del vapor danés Bintang. A las tres de la madrugada, el 10 de junio de 1909, en pleno estrecho de Malaca, el capitán Cabe vio una rueda luminosa girar sobre su eje a ras del océano. El centro estaba próximo al horizonte, no se podía ver más que la mitad, y fue visible durante quince minutos. Los movimientos de esta rueda no eran sincrónicos con los de la nave.

El Instituto danés cita otro caso: el capitán Breyer, del vapor holandés Valentijn, vio, a medianoche, el 12 de agosto de 1910, al sur del mar de la China, una rotación de relámpagos. «Se hubiera dicho una rueda horizontal, girando rápidamente por encima del agua.» «El fenómeno fue observado por el capitán, el primer y segundo y oficiales, y el primer oficial de máquinas, y produjo en todos ellos un profundo sentimiento de malestar.»
Recomiendo a los escépticos que mediten en la localización, con apenas una sola excepción, de este fenómeno: en el océano índico y sus aguas adyacentes, golfo Pérsico por un lado, mar de la China por el otro. Aunque sea intermediarista, encuentro irresistible la atracción de una tentativa de acceso positivista hacia lo Completo.

En la reunión de la Asociación británica, en 1848, sir W. S. Harris leyó el informe de una nave en dirección a la cual «habían remolinado dos ruedas de fuego, que la tripulación comparó con dos ruedas de molino de llamas». En el momento en que se aproximaron, se oyó un horrible chasquido: los masteleros fueron pulverizados. Se dijo que se produjo un fuerte olor de azufre.




Extracto del diario de a bordo del buque Lady of the Lake, escrito de puño y letra del capitán F. W. Banner y comunicado por R. H. Scott, F.A.S. (1).
El 22 de marzo de 1870, a latitud 5º 47' N., longitud 27º 52' E., los marineros del Lady of the Lake vieron en pleno cielo un objeto, o una notable «nube», y la señalaron a su capitán.
Según Banner, era una nube de forma circular, con un semicírculo inscrito dividido en cuatro partes, con el trazo de división comenzando en el centro del círculo y extendiéndose hacia el exterior, para después curvarse de nuevo hacia atrás. Geométrica, compleja y estable en su forma: hay pocas oportunidades de que una nube mantenga tal diversidad de cualidades, para no mencionar el aspecto de la forma orgánica. El objeto evolucionaba de un punto situado a veinte grados por encima del horizonte hasta otro situado a ochenta grados. Después se dirigió haca el noroeste, habiendo venido del sudoeste.
Era de color gris claro, es decir, color de nube.
«Mucho más baja que las demás nubes.»
Y principalmente este detalle: sea lo que fuere, se desplazaba contra el viento. «Se presentó oblicuamente en relación al viento, después se decidió a dirigirse directamente en dirección completamente contraria al viento.»
La forma fue visible durante una media hora. Cuando finalmente desapareció, no fue desintegrándose como lo hubiera hecho una nube, sino a causa de la llegada de la oscuridad.
El capitán Banner dibujó el siguiente diagrama, que fue publicado en el Journal of the Royal Meteorological Society:

Nota: Por desgracia, me es imposible añadir la imagen, al menos en este momento

(1) Journal of the Royal Meteorological Society, 1-157. Fellow of the Royal Society significa Miembro académico de la Real Academia.

Pienso por mi parte que miles de objetos han caído en la Tierra para estallar luminosamente y hacerse calificar como «globos de fuego» o «rayos en bola» «No se ha aclarado aún el misterio de los globos de fuego, ni tampoco se ha lanzado una sola hipótesis inteligente». Un día me concentraré en las hipótesis inteligentes y reuniré los datos de «globos de fuego» con el fin de exponer qué son tantos objetos caídos luminosamente del cielo y estallando en el suelo con violencia. Tan estupefacta se queda la ortodoxia ante el espectáculo de semejantes fenómenos, que numerosos sabios se han permitido el ridículo de negar los «globos de fuego» y los «rayos en bola» o considerarlos como sometidos a graves precauciones. Pienso en la lista del doctor Sestier y en sus ciento cincuenta casos, que él consideraba auténticos.


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OVNI nodriza de Ciudad Juarez y flotilla de OVNIs sobre Mexico D.F. año 2013

He aquí, en acuerdo absoluto con mi desacuerdo, un caso de caída luminosa descrito en la Monthly Weather Review, marzo de 1887, acompañado por algo que lo era menos: el capitán C.D. Sweet, del barco holandés I.P.A., vio, el 19 de marzo de 1887, a 37º 39' N. y 57º 00' O, en el curso de una fuerte tempestad, a dos objetos atravesar los aires por encima de su arboladura. Uno de ellos era luminoso y puede ser explicado de diferentes maneras, pero el segundo era oscuro. Uno de ellos, o los dos, cayeron al mar con un rugido y una racha de olas: «Inmediatamente después, se vieron caer bloques de hielo.» Sin duda estos objetos que acababan de penetrar en la atmósfera terrestre habían roto con anterioridad una capa de hielo.

Uno de los aspectos más paradójicos de los «globos de fuego», que comparten por otro lado con algunos meteoritos, es la violencia de explosión desproporcionada al tamaño y velocidad del objeto. Los meteoritos helados de Dhurmsalla no debían desplazarse muy aprisa, pero hicieron un ruido ensordecedor. La sustancia blanda caída en el cabo de Buena Esperanza era una sustancia carbonácea, pero no se había encendido, y por otro lado había caído demasiado lentamente para poder inflamarse; sin embargo, produjo una explosión que fue registrada a ciento doce kilómetros a la redonda.
Algunas piedras de granizo se han formado en un medio denso, y se han desintegrado violentamente al contacto con una atmósfera relativamente rarificada: gruesas piedras de granizo cayeron en la Universidad de Missouri el 11 de noviembre de 1911, y estallaron con detonaciones tan fuertes como pistoletazos. El observador al cual se debe el informe había reportado un fenómeno completamente idéntico dieciocho años antes, en Lexington, Kentucky: granizo que parecía haberse formado en medio más denso se fundió bajo el agua desprendiendo burbujas más grandes que su bolsa de aire central.



Sostengo que numerosos objetos caen del cielo para desintegrarse violentamente por el camino. Lo cual será confirmado por datos futuros, y me afirmarán en mi opinión sobre las superconstrucciones del espacio, si alguien me pregunta por qué de sus restos jamás han caído vigas y placas de metal manufacturado. Además de esto, han caído a menudo del cielo piezas de metal manufacturado: el meteorito de Rutherford, en Carolina del Norte, es de metal artificial, de hierro de fundición, dado como fraudulento. El objeto caído en Marblehead, Massachussets, es descrito en el Amer. Jour. Sci.  como «un producto de fundición fabricado en fundiciones de mineral de cobre o de mineral de hierro conteniendo cobre». Si debe creerse a Ehrenberg, la sustancia caída a bordo de la nave del capitán Callam, cerca de Java, «ofrecía un sorprendente parecido con los residuos de una combustión de hilos de acero en un balón de oxígeno». Un meteorito «parecido al acero» fue encontrado en el desierto de Mohave. Uno de los meteoritos recogidos por Peary en Groenlandia es, según Nature, 15 de febrero de 1894, de acero templado. Se ha pensado que el hierro meteórico, al caer en el agua o en la nieve, puede haberse enfriado y endurecido bruscamente, pero dicha observación no se aplica a su composición. El profesor Berwerth, de Viena, publicó en Nature, el 15 de noviembre de 1898, un artículo sobre «la estrecha relación entre el hierro meteorítico y el acero de las acerías».
Finalmente, en la reunión del 24 de noviembre de 1906 del Essex Field Club, se expuso un pedazo de metal caído del cielo, el 9 de octubre de 1906, en Braintree. Según el Essex Naturalist, el doctor Fletcher, del Museo Británico, identificó este metal como hierro de fundición, «de modo que el misterio de esta caída permanece inexplicado».



Quiero ver alzarse ahora un verdadero clamor de silencio. Si sólo un caso aislado de un fenómeno cualquiera hubiera sido desdeñado por el Sistema, la cosa me parecería sin importancia, ya que un solo caso es de mínimo peso. De acuerdo: mi método personal basado en la acumulación de casos tampoco es un verdadero método pero, en la continuidad, todas las cosas deben parecerse a todas las demás cosas, de modo que no concibo un tema que pueda ser reducido a la penuria de un único caso. Es asombroso u omisible leer la lista que va a seguir, de todo lo que se ha visto en el cielo, y pensar que todos estos casos han sido sistemáticamente despreciados. Mi opinión es que ya no es posible, o es demasiado difícil, desdeñarlos ahora que se hallan reunidos en un compacto tropel. Pero reconozco que, si antes hubiera intentado tal reunión, la Antigua Dominante hubiera pulverizado mi máquina de escribir. De hecho, la letra «e» me hace de las suyas, y la «s» es muy temperamental.

«Fenómeno extraordinario y singular» observado en Gales del Norte, el 16 de agosto de 1894: un disco del que se proyectaba un cuerpo anaranjado «parecido a un pez plano alargado» y señalado por el almirante Ommanney; un disco prolongado por una especie de garfio, grande como la Luna pero más brillante, observado durante veinte minutos en la India en 1838, y del que se trazó un diagrama; un garfio luminoso en Poland, Trumbull Co., Ohio, durante el chaparrón de meteoros de 1833: un ancho cuerpo luminoso «casi estacionario por momentos», en forma de mesa cuadrada: Niagara Falls, 13 de noviembre de 1833; el 3 de noviembre de 1886, en Hamar, Noruega, una nube blanca que emitía cegadores rayos de luz atraviesa el cielo, «conservando a todo lo largo su forma inicial»; un objeto luminoso del tamaño de la Luna llena es visible una hora y media en Chile, el 5 de noviembre de 1883; en Nueva Zelanda, el 4 de mayo de 1888, un objeto de núcleo oval y llamas a bandas negras, sugiriendo una estructura; una especie de trompeta gigantesca de ciento treinta metros de largo, suspendida verticalmente y oscilando suavemente, es visible cinco o seis minutos en Oaxaca, Méjico, el 6 de julio de 1874; un gran cuerpo rojo, desplazándose lenta y visiblemente durante quince minutos en Marsella, el 1º de agosto de 1871; una especie de señal luminosa, observada por Glaisher, el 4 de octubre de 1844, «tan brillante como Júpiter y enviando ondas rápidas y parpadeantes de luces»; una especie de cometa desplazándose seis grados por hora es señalado por Purine y Glancy, del observatorio de Córdoba, en Argentina, el 14 de marzo de 1916.



Con el objeto conocido bajo el nombre de «cometa de Eddie» desaparece nuestra última susceptibilidad al error común de personificación. Una de las más obstinadas ilusiones del positivismo quiere que la gente sea personas. Me he sentido culpable muy a menudo de resentimiento, de despechos y de burlas hacia los astrónomos, como si fueran unidades finales, individuales, personas completas y no partes indeterminadas. Pero en tanto que permanezcamos en la cuasi-existencia, no podemos captar una ilusión más que convocando otra, aunque esta última pueda acercarse por más tiempo a la realidad. Ya no personificamos: sobrepersonificamos. Proclamo ahora que todo Desarrollo es una autocracia de las Dominantes, que no son finales, pero que se acercan más a la individualidad o a sí mismas de lo que lo hacen los tropismos lunares irresponsablemente asociados a ellas.

En 1890, Eddie señaló al observatorio de Grahamstown en África del Sur, un objeto celeste. La Nueva Dominante no era entonces más que la heredera presumida, o aparente, aunque no cierta. El objeto que señalaba Eddie hubiera podido ser señalado perfectamente por un vigilante nocturno, mirando a través de un conducto de desagüe. Pero no correspondía. No fue admitido ni siquiera en la Monthly Notices: creo por mi parte que el redactor que lo hubiera aceptado hubiera provocado una conmoción sísmica o un incendio en su empresa editorial. Las Dominantes son diosas celosas.

Pero Nature debía estar sometido a la nueva diosa, aunque rindiera un plausible homenaje a la antigua, ya que señaló una especie de cometa observado el 27 de octubre de 1890 en Grahamstown, por Eddie. Un  objeto parecido fue descrito por el profesor Copeland en Nature, visto el 10 de setiembre de 1891, mientras que Dreyer contó haberlo visto en el Observatorio de Armagh y lo comparó al objeto de Eddie. Fue observado también por el doctor Alexander Graham Bell, el 11 de setiembre de 1891, en Nueva Escocia.
Pero la Antigua Dominante estaba celosa.

Hubo diferentes observaciones sobre el fenómeno de noviembre de 1883. El 10 o el 12 de este mes, un corresponsal contó haber visto una especie de cometa provisto de una doble cola, una dirigida hacia lo alto, otra hacia abajo, otro condenado (14). Era verosímil que tal prodigio pueda agregarse a las apariciones en el cielo de los cuerpos en forma de torpedo, o de mis datos sobre los superzepelines. Pero mis intentos de clasificación están lejos de ser rigurosos, son producto del tanteo. El 21 de noviembre de 1883, otro testimonio escrito de Humacao, Puerto Rico, describe la majestuosa aparición de un cometa, que fue visible durante tres noches seguidas antes de desaparecer (15). Si dicho fenómeno puede admitirse, debió ocurrir muy cercano a la Tierra. Si se hubiera tratado de un verdadero cometa, se lo hubiera visto en varios lugares, y la noticia hubiera dado rápidamente la vuelta al mundo. Pero en la página 97 del mismo volumen del Scientific American, un corresponsal relata haber visto en la misma fecha, sobre Sulphur Springs, Ohio, una maravilla celeste en forma de torpedo, centrada por un núcleo y dotada de una cola en cada extremo. Estoy persuadido de que un objeto completamente idéntico fue observado, en el mes de noviembre de 1882, en Holanda e Inglaterra.

En el Scientific American: el 13 de abril de 1879, por la tarde, Harrison buscaba el cometa de Brorsen, cuando vio pasar un objeto que se desplazaba tan aprisa que no podía tratarse de un cometa. Llamó a un colega para confirmar su observación y éste vio lo mismo. A las dos de la madrugada, el objeto era aún visible. Más tarde, en el Scientific American Supplement Harrisson desmintió toda tentación de sensacionalismo y dio detalles técnicos: declaró que el objeto había sido visto también por J. Spencer Devoe, de Manhattanville.


Nave nodriza extraterrestre
«Una forma que tenía el contorno de un dirigible.» El objeto luminoso fue señalado el 19 de Julio de 1916, a las once de la noche, por encima de Huntington, Virginia occidental. Observado a través de «potentes prismáticos», parecía tener dos grados de longitud por medio grado de anchura; se debilitó gradualmente y desapareció, después reapareció, para desvanecerse completamente en el espacio. No se trataba de un dirigible, puesto que el observador notó que a través del objeto eran visibles las parpadeantes estrellas. Lo que parece oponerse a toda idea de un dirigible en visita a la Tierra, excepción hecha del carácter poco concluyente de todas las cosas en un mundo de apariencia no final. Sugiero que estas estrellas debían de ser visibles a través de algunas partes del objeto, de la cosa o de la construcción. Aquí surge una controversia. El profesor H. M. Russell piensa que debía tratarse de una nube desprendida directamente de alguna aurora boreal. En la página 369 del mismo volumen del Scientific American, otro especialista supone que era la luz de la insuflación de un alto horno. Pero si hubieran habido altos hornos en los alrededores de Huntington, me parece inverosímil que sus reflejos hubieran podido causar la más mínima sorpresa.

Es tiempo de citar varias observaciones sobre apariciones de cuerpos cilíndricos en la atmósfera terrestre: digo bien cilíndricos, pero puntiagudos en las extremidades, es decir en forma de torpedo. Algunos informes carecen de precisión, pero, por los informes parciales, me siento inclinado a creer que las rutas supergeográficas son atravesadas por superconstrucciones en forma de torpedos que, ocasionalmente, visitan nuestro planeta o se ven arrastradas hacia él. Al penetrar en la atmósfera terrestre, estas naves espaciales son perturbadas tan fuertemente que deben volver a partir bajo pena de desintegración total. Al hacer esto, ya sea como tentativa de comunicación, ya sea en un espíritu de completa gratuidad, dejan caer objetos que estallan casi inmediatamente o se desintegran con violencia. De un modo general, no creo que se dejen caer voluntariamente explosivos, sino que algunos fragmentos de construcciones han sido arrancadas y caen estallando, como lo que llamamos «globos de fuego». Puede muy bien tratarse, por lo que suponernos, de objetos de piedra o de metal recubiertos de inscripciones. En cada uno de los casos, las estimaciones dimensionales carecen de valor, mientras que los informes dimensionales parecen más aceptables. Un objeto estimado como de dos metros de largo puede tener doscientos, pero la toma no está sujeta a las ilusiones de la distancia.


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Nave nodriza sobre el volcán Popocatepetl (21-2-2013)

El 10 de octubre de 1864, La Verrier envió a la Academia de Ciencias tres cartas de testigos que describían un largo cuerpo luminoso, de afiladas extremidades, que se había visto caer del cielo.
En Thunder and Lightning, Flammarion relata que, el 20 de agosto de 1880, durante una violenta tormenta, Mr. Trecul, de la Academia de Ciencias, vio un cuerpo de color naranja brillante, de treinta y cinco a cuarenta centímetros de largo por veinticinco de ancho, en forma de torpedo, o más bien «cilíndrico, de extremidades ligeramente cónicas», dejar caer algo antes de desaparecer entre las nubes. Lo que había soltado cayó verticalmente y dejó una estela luminosa, sin exhalar el menor sonido.

El 2 de julio de 1907, en la ciudad de Burlington, en Vermont, se oyó una terrorífica explosión y una bola de fuego, un objeto luminoso cayó del cielo, o más bien de una construcción aérea parecida a un torpedo. Sostengo que un dirigible o que una construcción aérea en vías de dislocación tuvo apenas el tiempo de soltar lo que soltó antes de situarse en lugar seguro. He aquí lo que relata del incidente, en la misma revista, el obispo John S. Michaud: «Yo estaba en la confluencia de las calles de la iglesia y del Colegio, cara al Howard Bank, con el rostro vuelto hacia el este, en plena conversación con el ex-gobernador Woodbury y A. A. Bluell cuando, sin la menor advertencia, fuimos sacudidos por lo que se parecía a una terrible e insólita explosión, evidentemente muy próxima. Al levantar los ojos a lo largo de la calle del Colegio, observé un cuerpo en forma de torpedo, a cien metros de distancia, que tenía el aspecto de estar estacionado, suspendido en el aire, a quince metros por encima de los edificios más altos. Tenía alrededor de dos metros de largo y treinta centímetros de diámetro, su pared exterior parecía de color oscuro, y aquí y allá surgían lenguas de fuego como otros tantos semáforos. Poco después, el objeto se puso en movimiento, muy lentamente, y desapareció hacia el sur por encima de los almacenes Dolan Hermanos. Mientras se desplazaba, la pared pareció agujerearse en algunos sitios, dejando pasar intensas llamas.» El obispo Michaud intentaba relacionar este fenómeno con observaciones meteorológicas.

A causa de la proximidad de la observación, este correlativo es de interés capital, pero voy a citar otro aún más extraordinario en relación al considerable número de testigos que reúne. Creo firmemente que, el 17 de noviembre de 1882, un enorme dirigible atravesó Inglaterra, pero la precisión imprecisa de todas las cosas cuasi-reales permite relacionar estas observaciones con prácticamente no importa qué.


Observatorio Real de Greenwich
E. W. Maunder, solicitado por los redactores del Observatory a redactar varios hechos retrospectivos para el número quinientos de su revista, les proporcionó uno de gran magnitud acerca de lo que él denomina «un extraño visitante celeste». Maunder se encontraba en el Observatorio Real de Greenwich, el 17 de noviembre de 1882, en plena noche. Había una aurora desprovista de todo rastro distintivo, pero de pronto apareció un gran disco de luz verdosa que se desplazó rápidamente en el cielo. Sin embargo, su circularidad no era evidentemente más que un efecto de perspectiva, ya que, al pasar por encima de la Luna, este objeto fue descrito como «con forma de un cigarro», «de un torpedo», «de una lanzadera» o «de un huso». Maunder añadió: «Si el incidente se hubiera producido un tercio de siglo más tarde, todo el mundo lo hubiera comparado sin duda a un zepelín.» El efecto duró cerca de dos minutos. El color era parecido al de las luces de la aurora boreal, aunque Maunder disocie el fenómeno de todas las auroras boreales. «Parecía haber allí un cuerpo definido». El movimiento era demasiado rápido para que se tratara de una nube, pero «nada podía parecerse tan poco al paso de un meteoro». 

En el Philosophical Magazine, J. Rand Capron, en un interminable artículo, hace alusión al fenómeno de «radiación aurorial», pero emplea la expresión «en forma de torpedo» y comenta la existencia de un núcleo oscuro. Entre nubarrones de observaciones confusas, estima la altura del objeto de sesenta a quinientos kilómetros, según observaciones hechas en Holanda y en Bélgica. A través de la observación espectroscópica, concluye identificándolo con un rayo de luz auroral. En el Observatory, Maunder, en su descripción contemporánea de los acontecimientos, daba una longitud aproximativa de veintisiete grados y una anchura de tres grados y medio. Pero, por otro lado, Capron, en Nature, reconoce que el claro de luna le impedía servirse convenientemente de su espectroscopio.

Otros detalles: El color era blanco, pero la aurora rosada. A su través se veían las estrellas, pero no en el cenit, donde el objeto tenía una apariencia opaca. Esta es la única afirmación de transparencia. Demasiado rápido para una nube, demasiado lento pare un meteoro. «Su superficie tenía un aspecto jaspeado». «De forma muy definida, parecida a un torpedo». «Probablemente era un meteoro», doctor Groneman. La demostración técnica del doctor Groneman señaló que se trataba de una nube de materia meteórica.
«Sin la menor duda: era un fenómeno eléctrico».

El redactor del London Times, el 20 de noviembre de 1882, confía haber recibido abundante correspondencia sobre este fenómeno. Un corresponsal lo describe como «una magnífica masa luminosa, en forma de torpedo»; otro como «una extraordinaria e inquietante forma, con contornos de pez»...

Las ocho luces que se observaron en el país de Gales, sobre una extensión de trece kilómetros, y que mantenían cada una su propia trayectoria, moviéndose juntas, perpendicularmente, horizontalmente o en zigzag, tenían el aspecto de ser eléctricas. Desaparecían, aparecían de nuevo vagamente, después brillaban de golpe tan fuertemente como antes. «Vimos tres o cuatro de ellas a la vez, en cuatro o cinco ocasiones.»
«De cuando en cuando, la costa oeste del país de Gales es el punto de reunión de luces misteriosas... Se nos comunica desde Towyn que en las últimas semanas resplandores de diversas tonalidades se han desplazado por encima del estuario del río Dysynni, para ganar la desembocadura. Toman en general la dirección del norte pero a veces siguen la costa, se desplazan a gran velocidad hacia Aberdovey, después desaparecen bruscamente.»

Las luces que aparecieron en pleno cielo por encima de Vence, en Francia, el 23 de marzo de 1877, fueron descritas como bolas de fuego casi cegadoras surgidas de una nube de un grado de diámetro y desplazándose con relativa lentitud. Se las vio durante más de una hora dirigirse hacia el norte, y se dijo que ocho a diez años antes se habían observado otras completamente idénticas en el propio Vence.



En Inverness, en Escocia, dos luces vivas, completamente idénticas a estrellas, fueron vistas en el cielo. Permanecían estacionarias, pero de pronto tomaban una velocidad excepcional.
En la noche del 30 de julio de 1880, en San Petersburgo, se vio un amplio resplandor esférico acompañado de dos más pequeños salvar una barranca, mostrarse durante tres minutos, y desaparecer después sin el menor ruido.
En Lloilo, el 30 de setiembre de 1886, un objeto luminoso grande como una luna llena «flotó» lentamente «en dirección al norte», seguido de varios más pequeños.

«Las falsas luces de Durham».
Se ha hablado en abundancia, en los periódicos ingleses, a mitades del siglo XIX, de estas luces observadas en el cielo, demasiado bajas sobre el suelo, la mayoría de las veces en la costa de Durham. Los marinos las tomaban fácilmente por balizas. Se produjo naufragio tras naufragio. Se acusó a los pescadores de encender falsos faros y de entregarse al sórdido oficio de recoger los restos de los naufragios. Pero los acusados protestaron: sólo muy viejas naves, sin valor excepto para los aseguradores, se estrellan contra la costa.
En 1866 (7), la emoción del público llegó al máximo. Se abrió una encuesta. Fueron tomadas declaraciones ante una comisión, dirigida por el almirante Collinson. Un testigo describió la luz, que había tomado equivocadamente como «considerablemente elevada por encima del suelo». No se sacó ninguna conclusión: se designó el fenómeno con un vocablo práctico, que hacía alusión a «luces misteriosas»; cualesquier cosa que hayan podido ser «las falsas luces de Durham», la encuesta no cambió nada. En 1867, la comisión de pilotaje de Tyne volvió a tomar el asunto entre sus manos.

Opinión del alcalde de Tyne: «Un asunto muy misterioso.»
En el Report of the British Association, se habló mucho de un grupo de «meteoros» que había atravesado el espacio «con una notable lentitud». Fueron visibles durante tres minutos, lo que me hace pensar en que la palabra «notable» es poco apropiada, puesto que se aplica en general a fenómenos que duran como máximo tres segundos. Estos meteoros tenían otra particularidad: no dejaban ninguna estela de su paso. Se les describió como sigue: «Parecían estrechamente agrupados, como una bandada de patos salvajes desplazándose a la misma velocidad, con la misma gracia regular.»

Según numerosas observaciones reunidas por el profesor Chant, de Toronto, el 9 de febrero de 1913 apareció un espectáculo que se pudo apreciar en el Canadá, en los Estados Unidos, en el mar y en las Bermudas: «un cuerpo luminoso dotado de una larga cola y que aumentó de tamaño muy rápidamente». Los observadores están en desacuerdo en cuanto a determinar si el cuerpo era uno o estaba compuesto de dos o cuatro partes, todas dotadas de una cola. El grupo de objetos o la estructura completa de que se tratase avanzaba «con una singular y deliberada majestad». «Desapareció a lo lejos, y otro grupo apareció en su lugar de origen, avanzando a su vez, por tres o cuatro, tan reposadamente como el primero». Después desapareció y fue seguido por un tercer grupo. Algunos observadores compararon el espectáculo con una flota de naves aéreas, otros a acorazados escoltados por cruceros y destructores. Uno de ellos comentó: «Había probablemente treinta o treinta y dos cuerpos, y lo más extraño era la manera de moverse por grupos de cuatro, de tres o de dos, alineados en una fila. La alineación era tan perfecta que se hubiera creído una flota aérea en plena maniobra después de un severo entrenamiento.»

Una carta del capitán Charles J. Norcock del buque inglés Caroline, señala que el 24 de febrero de 1893, a las diez de la noche, entre Shanghai y el Japón, el oficial de máquinas señaló «dos resplandores no habituales» entre el buque y una montaña de dos mil metros de altura. Estos resplandores parecían globulares, y se movían a veces en masa, a veces en líneas irregulares. Avanzaron durante dos horas en dirección al norte, después desaparecieron. A la noche siguiente volvieron a aparecer. Fueron eclipsadas un momento por una pequeña isla, iban siempre al norte a la misma velocidad y en la misma dirección que el Caroline. Pero se reflejaban extrañamente, desplazando por debajo de ellas sobre el horizonte cierta radiación. Un examen por telescopio aportó pocas precisiones: los resplandores eran rojos y parecían emitir una débil humareda. Esta vez, el fenómeno duró siete horas y media.

El capitán Norcock añade que en los mismos parajes, y más o menos en el mismo momento, el capitán Castle, del buque inglés Leander, vio varias luces cambiar de dirección para ir a su encuentro, pero después huyeron, desplazándose esta vez más alto en el cielo.

Informe tomado de las observaciones de tres miembros de su tripulación por el teniente Frank M. Schofield, del buque americano Supply. El 24 de febrero de 1904, tres objetos luminosos, de distintos tamaños, el mayor con un diámetro de seis soles, se manifestaron a poca altura por debajo de nubes de una altura estimada en dos kilómetros. Huyeron o dieron media vuelta, ascendieron en un solo movimiento hasta ocultarse en las nubes, de donde habían salido. Pero esta unidad de movimiento no cambia nada a su diferencia de tamaño, ni a sus diferentes susceptibilidades a las fuerzas de la tierra y del aire.



He aquí finalmente dos cartas de C. N. Crotsenburg, de Crow Agency, Montana. Durante el verano de 1896, el observador estaba empleado en los vagones postales, y conocía por su larga experiencia todos los fenómenos relativos a su puesto. Un día que su tren se desplazaba en dirección norte, después de Trenton, Montana, él y otro empleado vieron, en las tinieblas de una espesa lluvia, una luz de apariencia redonda y color rosáceo, que parecía tener treinta centímetros de diámetro, flotar a treinta metros del suelo, después elevarse «a medio camino entre el horizonte y el cénit». El viento soplaba fuerte del este, pero la luz continuó yendo hacia el norte.

Su velocidad variaba. A veces pasaba «muy considerablemente» al tren, otras veces parecía ir a la cola. Los empleados de Correos la contemplaron hasta el momento de alcanzar Linville, en Iowa. La luz desapareció tras el depósito de esta ciudad y ya no se la vio más. No había dejado de llover, pero había poca actividad eléctrica, lo que no impide a Crotsenburg explicar el prodigio por los «rayos en bola» o los «globos de fuego». Pero el redactor de la Review no está de acuerdo con él: cree que la luz podía ser un reflejo de la lluvia, de la niebla, de las hojas de los arboles temblando en la lluvia o de las luces del tren. En el número de diciembre fue publicada una carta de Edward M. Boggs, sugiriendo que la luz era un reflejo de la caldera de la locomotora sobre los hilos telegráficos mojados: apariencia que, lejos de aparecer estriada por los hilos, pudo ser englobada en una sola redondez, y parecer oscilar con cada ondulación de estos hilos, y acercarse o alejarse horizontalmente con los diversos ángulos de reflexión, después avanzar o retrasarse cada vez que el tren tomaba una curva.
Es un ejemplo perfecto de pseudorazonamiento. Incluye y asimila diferentes datos, pero excluye el que amenaza con destruirlo: el simple hecho de que los hilos telegráficos bordeaban la vía más allá de Linville y no solamente antes de llegar allí.

Mr. Crotsenburg piensa en los «rayos en bola», los cuales, aun ofreciendo un desconsolador desorden a todas sus especulaciones, se suponen generalmente en concordancia con el viejo sistema de pensamiento. Pero la más neta consciencia de «alguna otra cosa» se expresa en algunos pasajes de sus dos cartas, cuando declara: «Tengo que revelar algo tan extraño que jamás lo hubiera mencionado ni siquiera a mis más íntimos amigos... si no hubiera sido confirmado de manera tan irreal que vacilo en hablar de ello, por miedo de que no haya sido un horrible capricho de mi imaginación.»


Charles Fort

LOS SEGUIDORES DE CHARLES FORT

Charles Fort publicó, a lo largo de toda su vida, cuatro libros. A «El libro de los condenados» le siguieron: en 1923, New Lands (Nuevas Tierras), en el cual llevaba hasta sus últimos extremos las especulaciones astronómicas de «El libro de los condenados». En Lo! y Wild Talents (Talentos salvajes), aparecidos respectivamente en 1931 y 1932 -este último después de su muerte, ocurrida el 3 de mayo de 1932 en el Royal Hospital del Bronx, en Nueva York- el tema se hace más amplio (y más maldito), y Fort se dedica a hablar de los fenómenos parapsicológicos, de animales que hablan, de alucinaciones colectivas, de apariciones de cocodrilos en las costas de Oxfordshire...



Poco antes de su muerte, y con el fin de continuar la obra iniciada por él, el 26 de enero de 1931 se fundó la «Fortean Society», cuyos propósitos (según los enumera su actual secretario, Tiffany Thayer, en el prólogo a la edición de The Books of Charles Fort, publicada por Henry Holt and Company en Nueva York, bajo encargo de la sociedad forteana, en mayo de 1941, y que en octubre de 1959 había alcanzado ya su séptima edición) eran los siguientes:

1. Poner los libros de Charles Fort al alcance de un mayor número posible de personas, a fin de que pudieran leerlos.
2. Publicar libros y folletos encaminados al debate y a la lectura de los temas forteanos.
3. Combatir cada esfuerzo de individuos o instituciones que intentaran estigmatizar a Charles Fort o su obra, con el apelativo de «visionario» o cualquier otro término derogatorio.
4. Establecer una mención a conferir a la persona que con mayor efectividad difunda los temas forteanos.
5. Preservar las notas, fichas y referencias reunidas por Charles Fort.
6. Continuar el trabajo de reunir los datos de Fort.
7. Ampliar el alcance de los temas forteanos.
8. Forzar a las personalidades más representativas de las distintas ciencias a responder a los cargos formulados en los libros de Charles Fort.
9. Acosar a los estamentos más cualificados de las ciencias para que admitan su incompetencia o que muestren su ridículo con su silencio.
10. Urgir a los autores, editores y usuarios de libros de texto para que adopten la práctica de no enseñar a base de juicios últimos y taxativos.
11. Sostener el punto de vista forteano -el del escepticismo ilustrado- entre la población joven y los niños: implantar la duda razonable y la sospecha hacia todo lo estatuado.
12. Perpetuar la disidencia.

La Sociedad Forteana tiene actualmente sus oficinas en Nueva York, en el Box 192, Gran Central Annex. Publica una revista trimestral llamada Doubt (Duda), en donde se recogen todos los «hechos malditos» que se producen o se han producido a lo largo de todos los tiempos, y que les son comunicados por los corresponsales de la sociedad esparcidos por todo el mundo (cincuenta y dos países en total), y cuyo número crece día a día. Pero la labor, reconocen sus miembros, es ingente. Y es por ello por lo que la sociedad Forteana pide la ayuda de todos los colaboradores que quieran unirse a su búsqueda y a su movimiento. Su primera finalidad es completar al máximo el «archivo Fort», compuesto por las notas recopiladas por Charles Fort y las que se le han ido añadiendo posteriormente. Para cumplir esta tarea es necesaria una minuciosa labor de investigación. Hay miles de sitios aún inexplorados y donde pueden hallarse nuevos datos: bibliotecas hemerotecas, colecciones de periódicos y revistas de todas las épocas... Cualquier nueva aportación es bien recibida. Cualquier nuevo dato ayuda a completar la obra de Charles Fort. La Sociedad Forteana confía en la ayuda de todos: cualquier nuevo miembro tiene un lugar en ella.
Para terminar, un detalle curioso con respecto a la Sociedad Forteana. el de regirse por un calendario completamente distinto al actual. La Sociedad Forteana, considerando completamente arbitrario el calendario mundialmente usado, ha adoptado otro cuyo año cero es el de la creación de la Sociedad (1931 «viejo estilo»), y que se indica añadiendo al número correspondiente al año las siglas F.S. (Fortean Society). El calendario forteano está compuesto por trece meses en lugar de los doce habituales del calendario «old style»... y, naturalmente, el treceavo mes es denominado « mes Fort».



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***Descubren en India Pinturas Rupestres de Ovnis y Extraterrestres


Una cueva descubierta en la India contiene pinturas rupestres de más de 10.000 años de antigüedad, entre las que destacan figuras con formas que recuerdan a los ovnis y los extraterrestres inmortalizados por el cine.
El departamento de arqueología del estado indio de Chhattisgarh ha decidido recurrir a la ayuda de las agencias aeroespaciales de EE.UU. y de India para determinar la naturaleza de las imágenes descubiertas en una región tribal de Bastar, informa 'The Times of India', que publica las fotos del hallazgo.
Lo que más sorprende a los científicos es que los dibujos descubiertos en algunas cuevas locales guardan mucha semejanza con el aspecto que suelen tener los alienígenas en las películas y en la cultura popular. "Esto podría significar que los humanos de los tiempos remotos veían —o imaginaban— seres que provenían de otros planetas. Necesitamos una investigación detallada. Nuestro departamento no tiene expertos en esta esfera", comentó el arqueólogo local JR Bhagat.
Las leyendas de las tribus locales cuentan historias sobre 'un pueblo pequeño' que solía llegar en objetos volantes y tomar con ellos uno o dos habitantes de las tribus. Las personas 'secuestradas' nunca volvían. "Las figuras de formas extrañas parecen portar objetos semejantes a armas. No tienen rostros detallados y, de hecho, carecen de narices y de boca. En algunos dibujos se pueden apreciar las escafandras", comenta el arqueólogo.

La imaginación humana es muy desarrollada, opinó Bhagat, pero la fuerte semejanza de estas pinturas rupestres con las imágenes de las películas modernas es rara y merece una investigación detallada.


Los expertos señalan que las pinturas están realizadas en tonos naturales que con el paso de los años se han desvanecido, pero que aún se puede ver con claridad la presencia de aliens y artefactos voladores.
"Las pinturas son en tonos naturales que casi se han desvanecido a pesar de los años. Las cifras extrañamente talladas son vistos sostener objetos como armas y no tienen funciones claras. Especialmente, la nariz y la boca están desaparecidos. En algunas imágenes, que son aún se muestra el uso de trajes espaciales. No podemos refutar la posibilidad de la imaginación de los hombres prehistóricos, pero los seres humanos por lo general de fantasía tales cosas", dijo el arqueólogo.
Con este descubrimiento no se puede dar respuesta a la gran incógnita de la presencia de extraterrestres; sin embargo puede ayudar a investigadores a aclarar dudas sobre el tema.





FUENTE: http://fritzspringmeier.bligoo.com/descubren-en-india-pinturas-rupestres-de-ovnis-y-extraterrestres




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