Un Proyecto Extraterrestre para la Tierra: Jesús de Nazaret, el Enviado.
¿Quién fue realmente
Jesus de Nazaret? ¿Podría decirse que intrínsecamente era de origen
extraterrestre? Muy probablemente sí. En
cierta medida, todo se corresponde a un Proyecto perfectamente programado
por los seres de las estrellas, millones de años más evolucionados que los seres
humanos y llevado a cabo con la necesidad de retomar el rumbo
arbitrario que había tomado este planeta.
Si hacemos una abstracción de cómo evolucionaran precisamente los habitantes de la Tierra, pasado un millón de años por ejemplo, nos encontraríamos con una realidad de un mundo establecido como una sola nación, alejado de guerras y hambrunas y en una perfecta colaboración entre sus habitantes.En aquel tiempo los humanos coexistirán con otros seres inteligentes “creados artificialmente” y vivirán en perfecto respeto y armonía con la naturaleza del planeta azul. Los seres humanos viajaran a lo largo de esta y otras galaxias coexistiendo en hermandad con multitud de seres que ahora llamamos extraterrestres; habitantes de otros mundos que compartirán con nosotros los mismos principios básicos y universales: El respeto y expansión de la vida a todos cuantos mundos descubran.
Tecnología, desarrollo social y espiritualidad se moverán
equilibradamente en el océano de los tiempos toda vez se hayan erradicado las
enfermedades y los humanos se acerquen lentamente a una longeva existencia de
miles de años… entonces, en ese escenario, ¿Cuál deberían ser las motivaciones
que seres muy desarrollados buscarían?: Sin
ninguna duda la propalación de la vida inteligente ya que sería la forma lógica
de integrarse en esa Entidad Superior que todos nosotros percibimos como
Dios y que algunas de esas civilizaciones extraterrestres llaman Suprema
Fuerza Creadora.
El contactado peruano Sixto Paz Wells hace mención a las
diferentes jerarquías cósmicas en el orden universal, tal como le explicaron en
sus contactos con los habitantes de Ganimedes, satélite de Júpiter.Una
estas categorías serían los Vigilantes y Guardianes de los Mundos
que monitorizarían la evolución de la vida en los planetas; en otra escala
superior se encontrarían los Ingenieros Genéticos, seres cuya
evolución próxima a la sexta dimensión serían los encargados de “sembrar
la vida” en cuantos planetas les sea posible, previa terraformación
y adaptación a las mejores condiciones que puedan darse en un planeta.
Todo ello viene al caso si analizamos el “Proyecto
para la Tierra” elaborado minuciosamente por civilizaciones
extraterrestres, donde tal vez debieron surgir factores imprevistos en la
propia humanidad que les hizo actuar de una forma, llamémosla, meticulosa. Tras
la catástrofe planetaria delDiluvio Universal, las altas
jerarquías en el orden galáctico decidieron, tal vez,impulsar un giro radical a
los acontecimientos: Por aquel tiempo, los seres humanos que habían logrado
sobrevivir a la catástrofe planetaria idolatraban a infinidad de dioses “carentes
de una espiritualidad verdadera”, divinidades
sanguinarias en muchas ocasiones, tal era el caso de Marte,
Dios de la Guerra en la mitología romana; Ares el
sanguinario dios griego o Inanna en Mesopotamia;
dioses sedientos de holocaustos que irremediablemente“llevaban a los
seres humanos hacia un abismo existencial a través de conceptos incompatibles
con la propia existencia”.
Viendo toda aquella hecatombe que se venía encima, los seres
de las estrellas que en aquel momento tutelaban la Tierra señalaron a “Israel
como pueblo elegido” donde siglos después hiciese su aparición la
figura de Jesus de Nazaret, un ser suprahumano quien impulsaría definitivamente
un concepto universal que persiste hasta nuestros días: La existencia de un solo Dios, una Entidad Creadora generadora de una fuerza infinita: el amor, la
esencia que lo impregna todo, un lugar hacia dónde ir, ese horizonte donde los
seres humanos habrían de buscar…
Igualmente, los extraterrestres, a través de profetas como
Ezequiel o Daniel fueron previamente inculcando en nuestro planeta el pensamiento
de la existencia de ese Dios que se hallaría por encima de todas las divinidades
ideadas por el hombre, un Dios
omnipresente, omnisciente y omnipotente generador de la vida en el inicio de la
Creación.
Tiempo después a los profetas antediluvianos, Moisés se encargaría, durante el Éxodo, de guiar al pueblo elegido desde las tierras de Egipto
donde se hallaban esclavizados hacia la Tierra Prometida,
afianzando en los judíos la idea de Jehová como Dios Único:
Sin embargo habría que destacar que el Jehová que adoraban el pueblo de Israel
miles de años atrás, era en realidad“el grupo de aquellos mismos
extraterrestres quienes desarrollaban ese Proyecto de evolución para la
Tierra”; si bien es cierto, que en muchos casos Jehová “ejecutaba
los designios divinos” con una crueldad que nos dejaría espantados en
la actualidad pero que en aquel tiempo representaban la fuerza, el poder de Dios que todos debían
respetar y jamás apartarse de Él,creyentes que debían desterrar a
“sangre y fuego” la idea de buscar falsos dioses, “becerros de oro” a quienes
adorar.
En esta obra de tamaña importancia, previamente a la llegada
a la Tierra de un emisario de las altas jerarquías cósmicas, Jesus
de Nazaret, requirió necesariamente para ese espíritu avanzadísimo y
poderoso de un “cuerpo físico con unas características especiales y sin
ningún fallo posible”. Fueron tales los preparativos “para el advenimiento
de aquel emisario cósmico”que incluyeron en “la intendencia previa” a los
abuelos de Jesus, Joaquín y Ana, así
como a la propia Maria.
Si leemos los Evangelios Apócrifos, tanto Ana,
la abuela de Jesus, como Maria y dentro de ese
proyecto extraterrestre, “habrían sido fecundadas sin ninguna
intervención humana”, es decir, “artificialmente” como se
desprende de lo recogido en el libro Los
astronautas de Yavé, de JJ Benítez. Incluso el nacimiento del nazareno en
una cueva vino acompañado de fenómenos asociados con mucha frecuencia a la
casuística OVNI, tales como resplandores, incluso la paralización
del tiempo.
Hechos que pudieran parecernos como fantásticos, “la
utilización de un cuerpo humano por parte de una entidad extraterrestre”,
se entienden mucho mejor si leemos una pequeña parte de lo recogido en el libro
Ricky B, de JJ Benítez, donde un extraterrestre
procedente del planeta Acron, explica como tomó posesión del
cuerpo de una norteamericana quiensufrió un grave accidente de tráfico en la Península
del Yucatán, México.
Del libro Ricky B, Una historia oficialmente imposible,
deJJ Benítez
Esta gran incógnita —una de las más irritantes en mis
veinticinco años de investigación del fenómeno OVNI— hizo acto de
presencia diez años atrás. En realidad, todo empezó con una carta de mi buen
amigo y veterano investigador Ignacio Darnaude Rojas Marcos.
INVESTIGACIÓN SUBSIGUIENTE
…Como decía, en mayo de este año (1997) se han cumplido mis
«bodas de plata» con la investigación de los «no identificados». He dado más de
cien veces la vuelta al mundo. He interrogado personalmente a más de diez mil
testigos. He visto estas naves no humanas» en cuatro oportunidades. Y dispongo,
en fin, de una gruesa y privilegiada documentación que demuestra cómo infinidad
de civilizaciones ajenas a la Tierra nos visitan, observan y «controlan» desde
hace miles de años. Pues bien, este impresionante bagaje informativo ha
supuesto, entre otros beneficios, media docena de certezas y un océano de
dudas. En mi caso resulta rigurosamente cierto que, cuanto más investigo, menos
sé. Pero, como digo, hay algo que sí tengo muy claro: amén de la realidad
física de estas «humanidades», estoy convencido de su poderosa, sutil e
inexorable «influencia» sobre el comportamiento del hombre. Al menos, sobre los
actos y la conciencia de determinados individuos. Seré más preciso. Hace tiempo
—mucho tiempo— que sospecho (que sé) que algunas de estas civilizaciones
«controlan» o «dirigen» (me fallan las palabras) las vidas de muchos seres
humanos. Muchos más de lo que podamos imaginar...
J.J. Benítez, entrevista con la investigadora Ana Luisa Cid.
Y desnudado mi corazón, proseguiré con los acontecimientos,
procurando respetar el orden cronológico en que se registraron. Un orden, con
su propio «orden» interno, que ratifica esa aparentemente audaz afirmación:
«Ellos saben, controlan y dirigen.»
¿Coincidencia? Lo dudo...
Todo en esta historia, insisto, parece mágicamente trabado.
Mágicamente planificado. Mágicamente diseñado para que, «en su momento», un
investigador, aparentemente por azar, se hiciera cargo del asunto. ¡Cuán ajeno
me encontraba en aquel año de 1988 a lo que me reservaba el Destino! A primera
vista, al iniciar la construcción de mi definitivo «cuartel general» en el sur
de España, sólo estaba haciendo realidad un viejo y acariciado sueño. Pero
—ahora lo sé—, en ese traslado se ocultaba «algo» más... Porque, ante mi
sorpresa, «Ab-ba», mi nueva casa, sería levantada a doscientos metros escasos
de la residencia de verano de uno de los protagonistas capitales del que
podríamos denominar «caso Ricky».
De los 87.268 kilómetros cuadrados de Andalucía, servidor había
ido a «elegir» un remoto paraje en el que, «casualmente», se alzaba el chalet
del ingeniero mencionado por Darnaude. De los siete millones
largos de andaluces —«casualmente»—, uno en particular, sólo uno, el célebre
ingeniero, iba a ser mi vecino... (1).
Y a partir de aquel año clave 1988, los sucesos se
desencadenaron. Por razones de buena vecindad, Blanca, mi mujer,
y yo terminamos conectando —igualmente por aparente «casualidad»— con dicho
vecino. Por supuesto, en esas fechas servidor ignoraba quién era en realidad
aquel ingeniero. Apenas sabía nada de él. Quizás lo justo en una incipiente y
tímida amistad: se dedicaba a los negocios, era abierto, sin doblez, con un
envidiable sentido del humor y, a pesar de sus sesenta años, poseía una
excelente forma física y mental.
(1) Quizás en otra oportunidad me anime a relatar las
curiosas «coincidencias» que confluyeron en ese año de 1988, así como en 1994,
para que se hiciera realidad el añorado sueño de vivir en el sur.
Y llegó 1995. Y con nuestro definitivo traslado a «Ab-ba»,
las visitas a una y otra casa menudearon. Y fue en una de esas plácidas
tertulias cuando, en el «momento justo», surgió la sorpresa. Como ya es
habitual en mí —pura deformación profesional—, en una de aquellas
conversaciones le interrogué sobre uno de mis temas favoritos: los OVNIS.
El ingeniero sonrió. Y percibí que se tomaba el asunto muy
en serio.
—Sí, los he visto —comentó, señalando hacia el mar—. Aquí
mismo y en compañía de otras personas...
Le vi dudar. Y al poco, adoptando cierta precaución, lanzó
una frase que me puso en guardia.
—Pero tengo una historia mejor...
E invocando nuestra discreción pasó a relatar —muy por
encima— la increíble aventura con Ricky.
A los dos minutos, conforme avanzaba en la exposición, me
quedé pegado al asiento. Pero no dije nada. Aquella historia me resultaba
familiar. Y al regresar a «Ab-ba» me apresuré a consultar los
archivos. No me había equivocado. Estaba frente al suceso y al protagonista
descritos por Ignacio Darnaude en julio de 1986. ¡Qué
«casualidad»!
Y durante meses —hasta octubre de 1995— alterné otras
investigaciones con una serie de interrogatorios previos en los que,
honradamente, traté de pillar en algún renuncio al paciente y siempre cordial
ingeniero. En total, sostuve seis largas conversaciones. Cuatro de ellas
grabadas. Y siguiendo una elemental táctica psicológica procuré que cada uno de
los interrogatorios se desarrollara lo suficientemente distanciado del anterior
como para que, en caso de fabulación, el supuesto testigo cayera
irremisiblemente en contradicción. Pero, ante mi desconcierto, las sucesivas
versiones fueron siempre impecables, exactas, rigurosamente iguales. En ningún
momento acerté a atraparle en mentira alguna. Y una punzante duda me acosó sin
contemplaciones.
¿Estaba ante una historia real? Durante mucho De hecho, así
me consta, al margen de unas vatiempo, a pesar de la solidez del relato del
ingeniero, lujosísimas fotografías tomadas por mi amigo, jamás me negué a
creerlo. Era demasiado fantástico... guardó
un solo recuerdo de su aventura amorosa. Ni papeles, ni dirección, ni nombre...
Y éste, precisamente, fue el segundo gran obstáculo en la investigación.
Pero una «fuerza» extraña e inflexible fue tirando de mí
hasta que, finalmente, me embarqué en la investigación. Sin duda —lo adelanto
ya—, una de las más difíciles, complejas, laboriosas y delicadas en las que me
he visto envuelto. Una investigación que, por su naturaleza, no he sido capaz
de cerrar. Lo reconozco humildemente. Aunque, pensándolo mejor, ¿no he sido
capaz o no he querido?
Aunque parezca increíble, el ingeniero no recordaba el nombre ni el apellido de la norteamericana.
Aunque parezca increíble, el ingeniero no recordaba el nombre ni el apellido de la norteamericana.
—Para eso soy un desastre —reconoció una y otra vez—.
Además, el nombre era raro...
—¿Y de dónde sacaste lo de Ricky?
—Fue la primera vez que la vi. Unos obreros me habían
hablado de ella, de una forastera muy guapa que paseaba solitaria por el
pueblo. Se alojaba en unos ex-apartamentos de una amiga mía y, me interesé por
dicha extranjera en cuanto tuve ocasión, Marta, la dueña de los
apartamentos, me confirmó la noticia. Era norteamericana, «muy rara», de una
belleza que llamaba la atención y, en efecto, se hallaba sola. Total, que le
pedí que me la presentara. Y así fue. A los pocos días, en esta misma casa,
mientras jugaba a las cartas con unos amigos, apareció Marta con una de
sus hijas pequeñas y la bella extranjera. Y recuerdo que puse a la niña sobre
mis rodillas y le pedí que eligiera las cartas. Aquello, al parecer, molestó a
la norteamericana y me acusó de «estar corrompiendo a un niño». Cuando le
pregunté por qué se limitó a responder que «no debía enseñar juegos de azar a
los niños porque eso perturbaba su desarrollo mental». Aquella brusquedad,
aquel genio, aquel carácter fuerte no sé por qué me recordaron al protagonista
de una película: el sargento Ricky. Y se quedó con el apodo. Desde
entonces, siempre la llamé así. Y a ella le hizo gracia.
Pero ya es hora de pasar a la historia propiamente dicha. Buceando en aquellos interrogatorios procuraré hacer una reconstrucción general de la misma, poniendo —de momento— algunos de los hechos y circunstancias claves. El resto de los detalles, en beneficio de una mejor comprensión, irá apareciendo paulatinamente.
La verdad es que en aquel período de conversaciones previas
no todo fue bien. A pesar de los esfuerzos de mi amigo, las fechas del
«incidente» aparecían borradas en su memoria. Y por más empeño que puse, que
pusimos, por más referencias que buscamos, lo único que terminé sacando en
claro es que la breve convivencia con Ricky había tenido lugar
«después de la muerte de Franco». No era mucho, pero no me
desanimé. Ahora, a los dos años de iniciada la investigación, intuyo que esa
laguna mental también encerraba su «porqué». De una forma sutil, el lapsus me
obligaría a desplegar toda la «artillería pesada», poniendo a prueba, una vez
más, lo que, sin duda, distingue al auténtico investigador: la tenacidad, la
constancia y la paciencia.
Pero ¿nunca supiste su verdadero nombre?
—Sí, me lo dijeron... Pero no consigo recordarlo. Como te
he dicho, era raro...
Ten en cuenta —se cansó de repetir el ingeniero a lo largo
de aquellos interrogatorios— que mi relación con ella fue un simple «ligue».
Nada serio. Algo puramente circunstancial. Yo estaba divorciado hace muchos
años y, sencillamente, aquella extranjera era espectacular...
—Bien, ¿y qué ocurrió?
—Esa misma tarde hice un aparte con ella. Le expliqué que
regresaría el siguiente fin de semana yque, si le parecía bien, podía venir a
mi casa. La verdad es que me quedé prendado...
— ¿Cómo era físicamente?
—Rondaba los treinta años. Alta, espigada, cabello largo
y negro. Ojos azules, profundos y preciosos. Cara de niña y una figura
aparentemente frágil y deslumbrante.
Y al viernes siguiente, entrada ya la tarde, llegó
caminando por la playa. Y poco faltó para que se malograra la cita. Yo me
encontraba en la planta baja y no la oí llamar. Ricky entró por la parte de
atrás de la casa y se dirigió directamente al piso superior. Menos mal que la
vi cuando se dirigía de nuevo a la playa... (1).
Y ahí empecé a cortejarla. Salimos a cenar y la aventura
se prolongó por espacio de unos dos meses.
En ese tiempo, mi amigo, el ingeniero, empezó a notar «algo»
extraño. Al parecer, el comportamiento de su «novia» no resultaba muy normal...
—Al principio, si te soy sincero, pensé que era una
«gringa» loca. Una extravagante. Sólo tomaba leche y verduras. Mucha leche. Y
con la leche, todo un surtido de pastillas. En su apartamento, en un maletín,
guardaba más de veinte frascos con medicamentos. Pero no eran convencionales. En
cada bote, de color negro, aparecía una etiqueta con algo así como una fórmula
química. Ahora me arrepiento de no haberlos examinado con detenimiento.
»A la hora de las comidas siempre teníamos problemas.
Cuando me veía devorar un filete la recriminación era fulminante:
«Te estás suicidando, ¿lo sabes?»
Y añadía con una seguridad que me dejaba perplejo:
«Tú tienes un organismo que puede vivir doscientos
veinte años. Cuando te comes eso, te estás quitando posibilidades de vida...
¡Estás loco! »
(1) La localidad en la que se
encontraban dichos apartamentos —y a la que, desde ahora, me referiré como
población «A»— dista unos cuatro kilómetros de la casa del ingeniero.
—Que fuera vegetariana no implica rareza...
—Es que había más, mucho más. Su comportamiento, en
general, era esquivo. Salía a comprar su leche y se encerraba en el
apartamento. Y allí escribía y escribía. Creo que llegué a ver alrededor de
cuarenta o cincuenta pequeñas libretas de tapas negras, repletas de una
escritura muy menuda. Cuando le pregunté qué hacía respondió que «lo apuntaba
todo». La verdad es que su curiosidad era insaciable y sus preguntas muy
extrañas.
— ¿Por qué?
—Parecía una niña de doce años. De pronto se quedaba
mirando a un pino y preguntaba qué edad tenía. « ¿Por qué unas personas se
dan la mano y otras se besan? ¿Qué sistema político tenéis en este país? ... »Eran
cuestiones absurdas. De un infantilismo tal que llegué a pensar que aquella
mujer había vivido recluida durante mucho tiempo. Le fascinaba, por ejemplo,
que la paseara en automóvil y que la llevara a los pueblos cercanos. Se quedaba
absorta frente a un puesto de pescado. En cierta ocasión, al descubrir en mi
casa unas cabezas de mero disecadas volvió a recriminarme, argumentando que «aquella
costumbre era horrible».
»En Sevilla, durante una visita turística, se quedó asombrada al ver el gran número de botellas almacenadas en el supermercado de El Corte Inglés.
— ¿Por qué dices que su comportamiento era esquivo?
—Era una observadora, pero a distancia. En los
restaurantes, cuando salíamos a comer o a cenar, siempre elegía el rincón más
apartado. Y se colocaba de espaldas a la pared, de forma que pudiera contemplar
a los comensales.
Generalmente, yo venía a visitarla los fines de semana.
Pues bien, el resto lo pasaba en su apartamento. Daba largos paseos al
atardecer, pero no hablaba con nadie. Tampoco tomaba el sol. Como te digo, se
encerraba y escribía.
— ¿Llegaste a leer el contenido de esas libretas?
—Tampoco. Y fue una lástima. Yo le preguntaba qué era lo
que escribía y contestaba: «Escribo todo lo que veo, todo lo que pienso... »
Hasta que, cierto día, avanzada la relación, el ingeniero
fue a descubrir «algo» que le intrigó.
—Francamente, me asusté. Al verla desnuda reparé en un
gran boquete que presentaba en la parte posterior de su pierna derecha.
Concretamente, en la región de los músculos gemelos. Era enorme. Casi se le
veía el hueso. La verdad es que impresionaba. Cabía un puño. Y pregunté qué le
había sucedido. Sus palabras me dejaron de piedra, pero llovía sobre mojado y
no la creí.
»Respondió que, en realidad, era un ser extraterrestre,
que había tomado el cuerpo de una mujer, fallecida en un accidente de autobús,
en México.
»— ¡Qué bien! —repliqué, pensando que me tomaba el
pelo—. Así que eres una extraterrestre...
»Y Ricky, en tono grave, sin asomo de broma,
explicó «que se había metido en el cadáver de una mujer que murió
desangrada». Y añadió que, «entre los fallecidos en ese autocar, éste
era el cuerpo menos dañado».
» Como comprenderás, le seguí la corriente, sospechando
que no estaba bien de la cabeza. Pero, era tan hermosa que me dio lo mismo...
Durante horas, a lo largo de aquellos meses, insistí en el asunto del supuesto accidente. Pero el ingeniero —lógica consecuencia de su escepticismo— no pudo ampliar la información. Todo aquello se le antojó tan fantástico que no se preocupó de profundizar en la revelación de su amiga. Recordaba, a lo sumo, dos o tres detalles más.
—Me dijo que el autobús se despeñó y que la mujer
desangrada permaneció varias horas atrapada bajo los hierros.
Eso fue todo. Por no saber, mi amigo no sabía ni la fecha ni
el lugar del siniestro. Otro grave obstáculo a la hora de emprender la
investigación. México es un país inmenso y, lamentablemente, cada año, los
casos de «camionazos» —como allí denominan a los accidentes de autobús— se
cuentan por decenas. Pero sigamos paso a paso...
—Y comprendí —puntualizó el ingeniero— por qué
siempre utilizaba pantalones.
—Por cierto, ¿se maquillaba?
—Nunca. Era todo menos femenina. Jamás he visto una mujer
que se cuide menos. No se perfumaba. No se pintaba. Y te diré más: carecía del
sentido del pudor. Cuando entraba al retrete, jamás cerraba la puerta. Le daba
igual.
En mi afán por reunir un máximo de documentación sobre la
personalidad y costumbres de Ricky, me vi obligado, naturalmente,
a interrogar al ingeniero sobre sus relaciones sexuales con la supuesta
alienígena. Y poco a poco, mi amigo fue revelándome detalles que,
posteriormente, resultarían altamente esclarecedores. Por ejemplo: Ricky
era una mujer fría. Nunca experimentó un orgasmo. Se limitaba a
complacer a su amante. Había aspectos sexuales que dominaba. En otros, en
cambio, era una completa ignorante.
—Quizás lo que más me llamó la atención —redondeó mi
amigo— fue su extraña forma de «disfrutar» del sexo. Cuando hacíamos el amor
se tiraba de los cabellos. Al preguntarle por qué hacía aquello respondió que
en el cuero cabelludo se halla una de las zonas erógenas de la mujer. Y pensé:
«Está como una cabra.»
— ¿Crees que se enamoró?
—No. Lo nuestro, como ya te mencioné, fue una relación
superficial y distante.
— ¿Te utilizó?
—Es posible. Pero, si lo hizo, fue con algún objetivo
absurdo o que no termino de ver claro. Yo respondía a sus increíbles preguntas,
la paseaba y, en definitiva, la ponía en contacto con «algo» que, al parecer,
le interesaba mucho. Pero no hubo amor. Es más: tuve la sensación de que
carecía de sentimientos.
Ricky, por supuesto, siguió insistiendo en su origen «no
humano». Y le explicó a su amante que «ellos procedían de lo que
nosotros llamamos la constelación de Orión. Concretamente, de un mundo que
recibe el nombre de “Acrón”».
Cuando me habló de «Acrón» consulté una enciclopedia. Y
vi que la temperatura de ese lugar rondaba los seiscientos grados centígrados.
¡Ya te pillé!, me dije. Y al volver a verla, convencido de que todo era una
broma, pregunté con cierta sorna: ¿y qué temperatura tenéis en vuestro mundo?
«Setecientos grados», replicó al instante. Me
quedé perplejo. Entonces, como lo más natural, añadió que «ellos vivían bajo
la superficie, protegidos por una corteza calcárea». Como podrás suponer,
yo no salía de mi asombro. Y me explicó que carecían de cielo.
—Supongo que no te interesaste por el verdadero aspecto
físico de esos supuestos seres...
—Para nada. ¿Por qué hacerlo si no daba crédito a sus
palabras? Ella continuaba asegurando que era extraterrestre y a mí, la verdad,
por un oído me entraba y por otro me salía. La señora era guapísima y eso era
lo único que importaba. Pero, poco a poco, fui presenciando actitudes que me
confundieron. Por ejemplo: cuando se quedaba a dormir en mi casa, a las tantas
de la madrugada la veía desaparecer de la cama y, casi desnuda, bajaba a la terraza
y comenzaba a practicar una especie de extraña danza. Algo así como el «tandava»
de Shivanataraja. Y así permanecía durante horas... A la mañana
siguiente, al interrogarla sobre el porqué de tan singular comportamiento, Ricky
respondía que «aquello» era una forma de ponerse en armonía con el cosmos.
Naturalmente, el cada vez más confuso ingeniero, medio en
broma medio en serio, terminó preguntándole la razón de su «visita» a la Tierra.
—«He venido», me dijo, «para
investigar».»
— ¿Investigar?
»—Sí —añadió—, entre otras cosas, a un
viejo maya que conserva la memoria genética y puede leer los jeroglíficos...
Ricky, en efecto, hablaba castellano, aunque
—según el ingeniero— con un notable acento mexicano.
Al interesarme por el grado de inteligencia del extraño
personaje, mi amigo fue rotundo:
—Brillante.
Y recurrió a un nuevo ejemplo.
—Yo presumo de ser un excelente jugador de ajedrez. Pues
bien, en cierta ocasión le mostré un juego realmente diabólico: el «Otelo».
Llevo practicándolo más de veinte años y jamás me ha ganado nadie. Le enseñé a
jugar y en la primera partida, a los pocos minutos, me destrozó. Aquello me
llegó al alma. ¿Cómo era posible?
»—Cuestión de genética —argumentó Ricky.
»Y volví a intentarlo. Pero fue una derrota tras otra.»
—Y ya nunca podrás ganarme... —remató la muy
condenada. Y así fue.
La relación entre el ingeniero y la bella norteamericana se
prolongaría, al parecer, por espacio de unos tres meses. Tampoco este vital
dato aparecía con claridad en la memoria de mi amigo. Sólo recordaba que la
visitaba cada fin de semana y que, de vez en cuando, hacían viajes cortos a
lugares como Faro, en Portugal, Sevilla y Marbella.
En esta última ciudad sucedió algo que el ingeniero, lógicamente, no ha podido
olvidar...
—Acudimos a una cena
con otros amigos. Recuerdo muy bien a dos de ellos: Tulio y Enrique. Y ahora
verás por qué. La cuestión es que Tulio,
millonario y algo prepotente, empezó a pontificar, afirmando que él se
encontraba por encima del bien y del mal. Aquella actitud irritó a Ricky y, tras calificarlo de «imbécil»,
me hizo la siguiente confidencia:
»—Este amigo tuyo morirá pronto... Después
Enrique y, por último, tú...
»Cuando le pregunté
cómo podía saberlo se limitó a replicar «que veía el aura de las personas y que
ése era el orden de las muertes».
»Algún tiempo después
me llegó la noticia del fallecimiento de Tulio.
Y Enrique, efectivamente, fue el
segundo...
Tratando de buscar una explicación racional al anómalo
comportamiento de Ricky, me interesé también por la posibilidad de que consumiera
drogas. El ingeniero lo negó.
—Yo, al menos, en el
tiempo que la conocí, jamás tuve esa impresión. Ni siquiera fumaba. En cuanto a
beber, como te he repetido muchas veces, sólo tomaba leche. Hasta tal punto
que,cuando la besaba, sabía a leche... Parecía que estaba besando a una vaca. Y
te diré más: Ricky se mostraba abiertamente en contra de las drogas. Una noche
fuimos a cenar y vimos a unos borrachos. Estaban cantando. Nunca he olvidado su
comentario:
Y el romance continuó. Ricky jamás se retractó de sus
desconcertantes afirmaciones y el ingeniero, por su parte, aunque sumido en la
duda, prefirió ignorar el supuesto origen «no humano» de su amiga. En
realidad, y en eso llevaba razón, la supuesta extraterrestre nunca aportó una
prueba sólida e irrefutable. Pero llegó el último día...
—Salimos a cenar,
como tantas otras noches. Y fuimos a un pueblecito cercano. Y, como siempre,
leche y verduras...
»Y a eso de la una de
la madrugada decidimos regresar. La noche era oscura. Sin luna y bastante
desapacible. Y a pocos kilómetros de la localidad «A», en una larga recta,
aceleré. Yo conducía entonces un Citroën
GS Palas.
»Ricky, a mi lado, continuaba tranquila y silenciosa. Pero de pronto
la oí gemir. Y en décimas de segundo se encogió. Y colocándose en postura fetal
me dio la espalda, deslizándose hacia el suelo del automóvil. Y los gemidos
arreciaron.
»—¡Qué te pasa!
—balbuceé asustado—. ¡Qué te pasa!...
»No respondió. Y
siguió en el piso, hecha un ovillo y aterrorizada.
»Levanté el pie del
acelerador y, en ese instante, una extraña luz me envolvió.
»Ricky gemía y gemía, cada vez con mayor desesperación.
»—¿Qué es esto?
—exclamé desconcertado.
»¡Mis manos
brillaban!... Mejor dicho, reflejaban una luz blanca y lechosa.
»Y paré el coche. Y
al abrir la puerta y echar pie a tierra, comprobé atónito que la luz procedía
de lo alto. Era un gran foco, con una luz rarísima y muy potente. Me deslumbró.
Jamás he visto cosa igual... Aquella luz era espesa, casi sólida... Iluminaba
la totalidad del automóvil y parte de la carretera y el campo.
»Y en cuestión de
segundos escuché un ruido. Algo parecido a un sordo y prolongado «toooong»... Y
«aquello» desapareció tan súbitamente como había aparecido.
»Quedé paralizado. Y
cuando reaccioné, me introduje de nuevo en el vehículo. Ricky continuaba
encogida y en el fondo del piso. Sus gemidos eran más suaves y espaciados.
»—¡Dios santo!... ¡Ricky!...
¿Qué es todo esto?...
»Traté de calmarla y
de calmarme.
»Y al fin, con voz
temblorosa, sumida en un gran pánico, acertó a pronunciar una frase que jamás
olvidaré:
»—Es una astronave..., y viene a buscarme.
»La interrogué.
»—¿Una astronave?...
»Pero la mujer,
dominada por el miedo, ni siquiera parecía escucharme. Y repetía una y otra
vez:
»—¡Llévame a casa!... ¡Llévame a casa!...
»Fue inútil. No logré
sacarle una sola palabra más. Y con el susto en el cuerpo reanudé la marcha,
dejándola en su apartamento. Yo continué hacia mi residencia, intentando
ordenar los pensamientos. ¿Qué era todo aquello? ¿Qué había ocurrido? ¿Una
astronave?
»Y esa noche
comprendí que Ricky podía tener razón. Pero ya era demasiado tarde...
»A la mañana
siguiente, cuando me personé en su apartamento, la bella norteamericana había
desaparecido sin dejar rastro. Pregunté a la dueña, a la criada y a todo el
mundo... Nadie sabía nada. Ricky,
sencillamente, se había esfumado. Entramos en su apartamento. Su pequeña
mochila y los maletines desaparecieron con ella. Pregunté en el pueblo. Nadie
supo darme razón. Nadie la vio partir. En el apartamento, pagado al parecer por
adelantado, nodescubrimos señal alguna de desorden o de marcha precipitada.
Todo aparecía normal. Por supuesto, Ricky no dejó nota alguna. Sólo la
llave.
…………………..…………………………………….
Se comprueba sin duda alguna que los extraterrestres, en su
grado de evolución avanzada, “son capaces de colonizar cuerpos humanos
donde instalarse temporalmente” y se entiende de igual modo que si
trasladamos este hecho a la figura de Jesús de Nazaret el puzle encajaría
a la perfección. (Como han relatado en ciertas ocasiones los extraterrestres,
la propia evolución en cualquier rincón del Universo se movería
en siete dimensiones y en este momento los seres humanos nos encontraríamos en
la 3ª dimensión, es decir, en el nivel vibracional muy por debajo
en la escala evolutiva: Subiendo en esa misma escala, la densidad material
disminuye y la energética aumenta; realidad que hace a los seres muy
evolucionados entidades de naturaleza puramente energética.)
“Ya dentro del feto genéticamente apto y engendrado en María,
aquella Entidad Superior extraterrestre llegado su nacimiento,convirtió la
Misión
Tierra definitivamente en un éxito: Jesús de Nazaret“deslumbró” a los
seres humanos con su mensaje de “amor y fraternidad”, y maravilló también
con sus milagros devolviendo la vista a ciegos,sanando a leprosos y paralíticos,
resucitando a Lázaro, multiplicando panes y peces o convirtiendo agua en vino;
unos hechos extraordinarios que denotaban su naturaleza sobre-humana; un poder
psíquico excepcional del que en muchas ocasiones los extraterrestres hacen
gala.A la vez, el Imperio Romano expandía su poder por el Cercano Oriente y
masacraba pueblos enteros en la dinámica de poder, y ello incluía a los propios
judíos como narra Salvador Freixedo en su libro Israel, pueblo contacto,
un hecho que les llevaría inexorablemente a la Diáspora, y con ello, a la expansión de los preceptos cristianos
por todo Mundo Antiguo:
(Del libro Israel, pueblo contacto, de Salvador
Freixedo)
EL ISRAEL POSTBIBLICO
Esta etapa en la larga historia de Israel abarca cerca de 2.000
años, desde el año 70, cuando Tito arrasó la ciudad de Jerusalén,
hasta nuestros días creado ya el Estado independiente de Israel. Una etapa que se
puede subdividir en dos etapas muy desiguales: una con una duración de 1.877
años y otra con una duración de 31 años.
De nuevo vemos la historia de Israel enmarcada entre
guerras,persecuciones y tribulaciones.
El año 66 de nuestra erase habían sublevado los judíos de Alejandría
y Tiberio
Alejandrohizo matar en castigo a varios millares. El 67 Vespasiano,al
frente de 60.000 hombres reconquista Galilea.
El 70 comienza Tito el cerco de Jerusalén
al frente de 4 legiones romanas. El cerco fue inmisericorde y cuando por fin
logró tomar por asalto la ciudad, sus legionarios se lanzaron como buitres
sobre la población hambrienta e indefensa a la que pasaron acuchillo en gran
parte, llevándose al resto como prisioneros a Roma. La piqueta demolió
todas las fortalezas y buena parte de la ciudad, y el fuego se encargó del
resto; cuando se retiró Tito, apenas si quedaban de la Ciudad
Santa escombros humeante sy ruinas. La fortaleza de Masada, a 50
kilómetros de Jerusalén, todavía tuvo una resistencia heroica de más de
dos años; pero· cuando por fin los romanos lograron asaltarla, degollaron a todos
sus defensores y pudieron dormir tranquilos pensando en que ya habían
«pacificado» a Palestina.
El otro marco que encierra esta última y larga etapa de
la historia de Israel son las cinco feroces guerras que ha tenido que sostener
en muy poco tiempo contra sus vecinos, los países árabes, que resienten sin
disimulo el establecimiento del nuevo Estado de Israel en tierra de Palestina.
Por lo que podemos ver, la historia de Israel sigue con la misma tónica de
violencia y sufrimiento con la que comenzó en los tiempos de Moisés cuando
tuvo que expulsar de sus tierras a cananeos, moabitas, filisteos y a todos los
pueblos que ya la habitaban cuando los judíos llegaron de vuelta de Egipto.
Arrasada Jerusalén por Tito,
comenzó de nuevo la diáspora o dispersión de los judíos por el mundo entero.
Como el propósito de este libro no es hacer una historia detallada de Israel,
sino más bien presentarla en síntesis para que el lector tenga elementos de
juicios para entrar en el tema fundamental que constituye el fin de este libro,
me limitaré únicamente a señalar los principales acontecimientos que tuvieron
más influencia sobre la historia de Israel durante estos 2.000 años.
Uno de los acontecimientos
que habría de tener más trascendencia tanto para el futuro del cristianismo como
del judaísmo fue la definitiva escisión entre cristianos y judíos ocurrida hacia
mediados del siglo II Hugh Schonfield,
el notable historiador judío, llama a esta escisión «trágica» y creo que tiene
razón para hacerlo, pues muy probablemente tanto la historia del pueblo judío
como la historia del mundo occidental hubiesen variado bastante de no haberse
producido esta escisión.
Hasta entonces,
muchos judíos de la diáspora habían abrazado la nueva doctrina predicada por Jesús de Nazareth y por sus 12 apóstoles
y ellos eran los que más habían cooperado para su difusión en todo el mundo
mediterráneo.
En el terreno político las cosas iban de mal en peor para los
judíos. La provincia de Judea es convertida por los
romanos en provincia de Siria-Palestina. Jerusalén,
colonia romana,se declara zona prohibida para los judíos. También hacia mediados
del siglo II, el emperador Adriano (117-138) da un edicto en
virtud del cual «todo judío que estudie o enseñe la Torá, circuncide a sus hijos
o guarde el sábado, será condenado a muerte».
…………………………………………………………..
UNA DELICADÍSIMA «MISIÓN»
Pocos capítulos me han producido tanto miedo como elque
ahora empiezo.Miedo a estar absolutamente equivocado. Miedo —sobretodo— a herir
sensibilidades o empañar ideas.Si lo hago es, únicamente, y como expuse en el
prólogo,porque me lo dicta el corazón. Porque, personalmente, estoy convencido
de lo que aquí —penosamente— voy a intentar exponer. Y porque, en definitiva,
considero que elconcepto que podamos tener de Dios se ve con ello
—esocreo, al menos— seriamente ennoblecido.Ojalá no cometa un nuevo error...
ALGO FALLÓ
Hasta para los exégetas y doctores más retrógrados de
laIglesia aparece con claridad que en este planeta «falló algo».La especie
humana «se torció». O, quién sabe, quizá «alguien» ajeno a nuestro
mundo se encargó de alterar el ritmo evolutivo.
Y la Humanidad se desplegó en desorden. Alterada por la muerte y
las enfermedades. Presa de la violencia, de la angustia y del egoísmo.Los planes
primitivos de la Suprema Sabiduría quedaron convertidos en simple papel
mojado.Fue preciso, quizá, reorganizarlo todo. Trazar, como quien dice, un nuevo
«proyecto
de hombre». Otro modelo.
Pero ¿cómo llevarlo a cabo sin estridencias? ¿Cómo lograrlo
sin hacer sombra a la libertad humana, premisaprincipal en toda creación
divina?
Y el «alto mando» —y sigo utilizando
aquellas palabrasque fluyen espontáneamente en mi corazón— optó por enviar a Alguien.
Un ser lo suficientemente importante y preparado como para causar el suficiente
impacto, no sólo enel momento histórico y concreto de su existencia en elmundo,
sino durante siglos y siglos.Alguien que —sutil pero claramente— dejara
trazadoel único camino para enderezar el rumbo de los hombresde la Tierra.
Y quizá ese «alto
mando» —tras no pocos estudios yconsideraciones— fijó una fecha.Y las «fuerzas
intermedias» al servicio de Dios rastrearon
el planeta de norte a sur y de este a oeste. Y elevaron su informe. Y todos
coincidieron en un pueblo y enuna zona del mundo.
La «operación»
debería centrarse en los hombres que integraban una raza todavía incipiente y
que habitaban entre el Nilo y el Tigris. La llamada «Fértil Creciente» y que,en aquellas fechas —hace ahora 4000 años—
constituía el mayor centro cultural del globo. Ningún otro rincón del planeta,
casi con seguridad, ofrecía a los «exploradores del espacio» un mayor índice de
progreso y florecimiento.
¿Qué continente podía reunir en tan reducidos kilómetros
cuadrados un cruce tan soberbio de culturas comolas de Egipto, ¿Babilonia,
Nínive o Ur?¿África, quizá? Era evidente que no.¿Europa,
bajo el dominio de tribus bárbaras?La Atlántida, suponiendo que hubiera
existido, fue tragada por las aguas del océano Atlántico unos 8000
añosantes.
¿Qué quedaba entonces?
Sólo América. Pero todavía se
necesitarían al menos otros dos mil años más para que florecieran en el Nuevo Continente
culturas tan prometedoras como la maya, inca o tolteca.
Australia, por su parte, era una zona tan descolgada
yprimitiva que ni siquiera fue tomada en consideración.En cuanto a Asia,
excepción hecha de China, era igualmente un territorio medio vacío y asolado
también porgrupos tan belicosos como incultos.
PRIMER PASO: REUNIR UN PUEBLO
Siguiendo quizá un lento, metódico, pero riguroso «plan»,los
«mandos
intermedios», en estrecha colaboración conlos «astronautas», fueron
seleccionando y controlando adeterminados individuos y familias. Y dieron
comienzolas apariciones y «encuentros» con los primeros y
antediluvianos patriarcas.El objetivo número uno para el «alto mando» teníaque
ser, a todas luces, la consecución o establecimientode un pueblo o de una comunidad
lo suficientemente estable. Y lo más importante: un núcleo humano virgen.
Desprovisto de anteriores ideas religiosas y ajeno a los
mil dioses que tiranizaban y desconcertaban las conciencias de egipcios,
amorreos, babilonios, etc.
Pero ¿dónde encontrar semejante «mirlo blanco»?Efectivamente,
tal pueblo no existía. Todos, en mayor o menor grado, estaban contaminados o
deformados.No hubo más remedio que «crear» esa nación.
Y dice el Génesis
(12,1-3):
«Yavé dijo a
Abraham: Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la
tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré
tu nombre; y sé tú una bendición.»
Este tipo de promesas y apariciones de Yavé, comosabemos, se
suceden en aquellos tiempos con cierta regularidad.Es evidente que los
responsables de la materializacióndel «plan» —los «astronautas»— querían ir
explicandoa «su» pueblo —al pueblo de Dios— por qué los habíanelegido.
Tal y como avancé en las primeras líneas de este ensayo, en
buena lógica —y dentro de la variadísima escala de seres inteligentes que, estoy
seguro, ha creado el Profundo—, el «alto mando» que tenía a su cargo la «Operación
Redención» debió elegir o designar para los «encuentros» con los
hombres de Israel a «fuerzas» o «civilizaciones»
relativamente próximas a nuestra forma física.
La elección de seres de formas físicas diferentes a lahumana
sólo hubiera contribuido a la confusión. Si el«alto mando» pretendía inculcar
en aquel nuevo pueblo laidea de un único Dios, era preciso hacerlo con extremada
sencillez.
Y aparecieron los «ángeles».
Curiosamente, en las casi doscientas intervenciones deestos
seres en el Antiguo y Nuevo Testamento, siempreson descritos como jóvenes
de gran belleza y de ropajeso vestiduras blancos y brillantes.
Sus formas, evidentemente, son humanas. Algunos, incluso,
llegan a pasar inadvertidos entre la población.Otros, como consta en el Antiguo
Testamento, acompañan a los patriarcas y comen con ellos —caso de Abraham—
o les fuerzan a abandonar una ciudad —caso de Lot en Sodoma—,
después de dejar medio ciega a una muchedumbre que trataba de violarlos...
Para estos dos «astronautas» que acudieron hasta
la casa de Lot no creo que resultase excesivamente complicado deslumbrar
momentáneamente a la masa de vecinos que quería sodomizarlos. Una civilización
tan adelantada debía disponer de armas —rayos paralizantes, gases anestésicos,
etc.— para casos extremos.
UN CONCEPTO LLAMADO «YAVÉ»
Si estos «encuentros» —a cientos en todo el mundo—traen a la
mente de los testigos las viejas ideas de los«ángeles», como hemos
comprobado en el caso de SanLuis, ¿qué sentimientos y
deducciones brotarían en loscerebros de hombres de hace 2.000 y 3.000 años ante
situaciones parecidas?
Todos los caminos parecen llevarnos a un mismo final: nuestra civilización está despegando hacia
las estrellas y ahora —sólo ahora— es capaz de empezar a descubrir la auténtica
naturaleza de aquellos «ángeles»
bíblicos...
Unos seres que,
seguramente, vestían de forma parecida a como nos cuentan hoy los testigos de
tripulantes. Conuniformes o trajes adecuados a los cortos o largos desplazamientos
en el interior de sus naves. Vestimentas que, ala luz de sus brillantes vehículos,
debían resplandecer majestuosamente.
Siento verdadera impaciencia por conocer el día en que un
sacerdote sea catapultado fuera de la Tierra en un vehículo espacial. Creo
que sentiremos todos una profunda emoción al ver fundidas dos ideas tan
aparentemente dispares: «Dios y tecnología...»
Y el «plan» de la Redención del género humano
echó a andar. Pero aquella magna
operación no podía fructificar si los patriarcas primero y el pueblo elegido
después no recibían con claridad la idea de un Dios único, soberano y poderoso.
Estaban calientes en todo el mundo las múltiples erupciones
de dioses y divinidades que se reproducían como langostas y que, en definitiva,
iban sangrando la auténtica Verdad. Una Verdad —también es
cierto— que dudo mucho hubiera podido ser revelada a todos y cada uno de los
pueblos existentes en la superficie de la Tierra.
«La plenitud de los tiempos» —pienso— podía estar estrechamente relacionada con este momento histórico dela
revelación por parte de las «jerarquías
celestes» de eseúnico y gran Dios.
Sin esa noción básica de la existencia de un sólo Creador,
el pueblo escogido para la encarnación del Enviado no habría sido útil.
Eso debía figurar entre los primeros «artículos» delproyecto
de Redención humana. Y los «astronautas» fueron comunicando tan
decisivo «concepto» a patriarcas y,por último, a los israelitas. Y
debieron hacerlo sin prisas.
Suave pero firmemente. Haciendo coincidir, lógicamente,las
apariciones de sus naves —con todo su esplendor—con la transmisión de tal idea.
Era de vital importanciaque aquellas gentes, apenas intoxicadas por los cientos
dedioses que llenaban los corazones de la «Fértil Creciente»,quedaran total y
definitivamente impresionadas y convencidas por la «gloria de Yavé». Los «astronautas»
—eralógico— jugaron con ventaja. Ninguno de los diosecillosde bronce, oro o
piedra de Ur, Nínive o Egipto podía volar,irradiar luz,
destruir un ejército o una ciudad o hacerbrotar agua de las rocas del
desierto...
¿Qué poder tiene hoy el cántico zumbón y el toque deltam-tam
de un hechicero africano, al lado de las sulfamidas o de una operación de
cataratas?
Y nació, poco a poco, el concepto y el término «Yavé».Y
aquí debieron empezar los primeros graves contratiempos para el «equipo».
Ninguno de aquellos seres —eso está claro— era realmente Dios. Ellos mismos, en
algunos «encuentros cercanos» con los testigos, se encargaron de dejarlo
bien sentado: «Sólo somos servidores de
Dios», repiten.
Y así debía de ser en verdad. Yo no sé cómo es Dios,pero
sé que siempre se vale de sus criaturas o de «intermediarios» para
actuar. No imagino al Gran Creador metido en una nave
espacial, descendiendo sobre la cumbredel monte Sinaí...
Si una de las partes de la «misión», insisto, era la
deentroncar en aquel pueblo elemental la idea de un Diosúnico, parece del
todo consecuente y justo que aprovecharan su poder y majestuosidad para sembrar
tal propósito.
Y aquellos seres —el gran «equipo» que formaba seguramente
la «misión»—
invocaron el nombre de Dios ode Yavé siempre que lo
consideraron oportuno.Era necesario que la joven comunidad asociara aquellos «fenómenos»
luminosos, aquellos objetos brillantes y a sus tripulantes con algo
sagrado y divino.
Debió bastar una leve orientación por parte de los «astronautas»
para que el pueblo elegido identificara todoaquello con el único y verdadero Creador.Y
en algunos «encuentros», incluso, la voz que partede la «nube»
o de la «gloria de Yavé» establece con totalclaridad que dicha voz es
la «voz
de Dios».
Pero ¿qué otra cosa podían hacer?
¿Es que los «ángeles» o tripulantes de las naves
espaciales podían sentarse a dialogar con los patriarcas —todos ellos pastores
o agricultores— y exponerles el «plan»de una Redención?No era el
momento oportuno.La Verdad no hubiera sido asimilada por aquellas gentes
elementales. Ni siquiera hoy estamos en condición dehacerlo...
Los «astronautas» tenían ante sí una
tarea tan compleja y laboriosa —dada la abrumadoramente corta evolución mental
de sus «protegidos»— que se veían obligados incluso a «camuflar»
bajo la apariencia de«mandato divino» o de «alianza»
algo tan elemental como la sanidad e higiene pública.«¿Cómo tratar de constituir
una comunidad genéticamente aceptable si ni siquiera conocían las medidas básicas
de salubridad?
¿U es que puede tener otro sentido que todo un Dios hable
con aquel pueblo (Génesis, 17,1-15) y
establezca como«alianza» ..., el corte del prepucio?Hoy sabemos que la circuncisión
constituye una medida sanitaria de primer orden.Si aquel pueblo incipiente
tenía que mejorar desde el punto de vista biológico, era obligado empezar por
ésta y por otras medidas, tal y como se recogen en el Levítico.
LOS «ABUELOS» DE JESÚS: UNA FAMILIA ADINERADA
He aquí la parte esencial del llamado Libro sobre la Natividad de María,
un apócrifo que durante la Edad Media fue atribuido a san
Jerónimo pero que, según los más recientes estudios, pudo ser escrito
—por un autor anónimo— en los tiempos de Carlomagno (siglo IX).
Con el fin de «contemporizar», parece ser que
dicho autor eliminó del relato aquellos pasajes que habrían podido «escandalizar»
a sus contemporáneos, poniendo,incluso, en grave peligro su integridad
física...
Por ejemplo, han sido suprimidos capítulos como el delprimer
matrimonio de san José, las famosas pruebas delas aguas amargas y la escabrosa
constatación ginecológicade la partera Salomé respecto a María.Pero
de todo ello me ocuparé en capítulos sucesivos, alexponer los restantes
apócrifos.Veamos primero qué dice este famoso «Evangelio apócrifo» en
sus primeros pasajes:
OTRA VEZ EL «ÁNGEL» DEL SEÑOR
1. La bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María descendía de
la estirpe regia y pertenecía a la familiade David. Había nacido en Nazaret
y fue educada en el templo del Señor en la ciudad de Jerusalén. Su padre
se llamaba Joaquín y su madre Ana. Era nazaretana por parte de su
padre y betlemita por la de su madre.
2. La vida de estos esposos era sencilla y recta enla
presencia del Señor e irreprensible y piadosa ante loshombres. Tenían
dividida su hacienda en tres partes:una la destinaban para el templo de Dios
y sus ministros; otra se la daban a los pobres y peregrinos; la tercera quedaba
reservada para las necesidades de su servidumbre y para sí mismos.
3. Mas estos hombres, tan queridos de Dios y piadosos para con
sus prójimos, llevaban veinte años de vidaconyugal en casto matrimonio, sin
obtener descendencia. Tenían hecho voto, sin embargo, de que si Diosles
concedía un vástago, lo consagrarían al servicio divino. Por este motivo
acostumbraban a ir durante el añoal templo de Dios con ocasión de las
fiestas.
II
1. Estaba ya
próxima la fiesta de la Dedicación del templo y Joaquín se dirigió a Jerusalén
en compañía de algunos paisanos suyos. Era sumo sacerdote a la sazón Isacar.1
Éste, al ver a Joaquín entre sus conciudadanos dispuesto con ellos a ofrecer
sus dones, le menospreció y desdeñó sus presentes, preguntándole cómo tenía
cara para presentarse entre los prolíficos él que era estéril.
Le dijo, además, que sus ofrendas no debían ser aceptas a Dios
por cuanto le consideraba indigno de posteridad, y adujo el testimonio de la Escritura,
que declara maldito al que no hubiere engendrado varón en Israel.Quería, pues,
decirle que debía primero verse libre de esa maldición teniendo hijos y que sólo
entonces podría presentarse con ofrendas ante la vista del Señor.
1El tal Isacar —Sumo Sacerdote— era suegro de Joaquín.
2. Joaquín quedó muerto de vergüenza
ante tamañainjuria y se retiró a los pastizales donde estaban los pastores con
sus rebaños, sin querer tornar para no exponerse a semejantes desprecios por
parte de los paisanosque habían presenciado la escena y oído lo que el
sumosacerdote le había echado en cara.
III
1. Llevaba ya algún tiempo en aquel lugar, cuando un día que
estaba solo, se le presentó un ángel de Dios,rodeado de un inmenso
resplandor. Él quedó turbado ante su vista, pero el ángel de la aparición le
libró del temor diciendo: «Joaquín, no tengas miedo ni te
asustes por mi visión. Has de saber que soy un ángel del Señor.Él me ha enviado a ti para anunciarte que tus plegarias han
sido escuchadas y que tus limosnas han subido hasta su presencia. Ha tenido a
bien poner sus ojos en tu confusión, después de que llegó a sus oídos el
oprobio deesterilidad que injustamente se te dirigía. Dios es verdaderamente vengador del delito, mas no de la naturaleza.
Y por eso cuando tiene a bien cerrar la matriz, lo hace para poder abrirla de
nuevo de una manera más admirable y para que quede bien en claro que la prole no
es fruto de la pasión, sino de la liberalidad divina.
»2. Efectivamente: Sara, la madre primera de vuestra
prosapia, ¿no fue estéril hasta los ochenta años?Y, no obstante, dio a luz en
extrema ancianidad a Isaac, a quien aguardaba la bendición de todas las
generaciones.
También Raquel, a pesar de ser tan grata a Dios
y tan querida del santo Jacob, fue
estéril durante largo tiempo.Sin que esto fuera obstáculo para que engendrara
después a José, que fue no sólo señor
de Egipto, sino también el libertador
de muchos pueblos que iban a perecer a causa del hambre. Y ¿quién hubo entre los
jueces más fuerte que Sansón o más
santo que Samuel? Sin embargo, ambos
tuvieron madres estériles. Si, pues, la razón contenida en mis palabras no logra
convencerte, ten por cierto cuando menos que las concepciones
largamente esperadas y los partos provenientes de la esterilidad suelen ser los
más maravillosos.
»3. Sábete, pues, que
Ana, tu mujer, va a darte a luz una
hija, a quien tú impondrás el nombre de María.
Ésta vivirá consagrada a Dios desde su
niñez en consonancia con el voto que habéis hecho, y ya desde el vientre de su
madre se verá llena del Espíritu Santo.
No comerá ni beberá cosa alguna impura ni pasará su vida entre el bullicio de la
plebe, sino en el recogimiento del templo del Señor, para que nadie pueda llegar a sospechar ni a decir cosa
alguna desfavorable de ella. Y cuando vaya creciendo su edad, de la misma manera
que ella nacerá de madre estéril, así, siendo virgen, engendrará a su vez de
manera incomparable al Hijo del Altísimo.
El nombre de Éste será Jesús, porque de acuerdo con
su significado ha de ser el salvador de todos los pueblos.
»4. Ésta será para ti
la señal de que es verdad cuanto acabo de decirte: Cuando llegues a la puerta Dorada de Jerusalén te encontrarás
a Ana, tu mujer, que vendrá a tu
encuentro. Ella, que ahora está preocupada por tu tardanza en regresar, se
alegrará hondamente al poderte ver de nuevo.»
Y dicho que hubo esto, el ángel se apartó de él.
Este texto coincide de forma esencial con los apócrifos llamados
de san
Mateo y con el Protoevangelio de Santiago.
Tanto en uno como en otro, los autores reconocen queJoaquín,
el «abuelo»
de Jesús,
era hombre adinerado. Poseía reses y tierras y su estirpe era respetada entre
lastribus
de Israel.Dice, por ejemplo, san Mateo a este respecto:
«1. El Señor en recompensa multiplicaba de
tal manera sus ganados, que no había nadie en todo el pueblode Israel que
pudiera comparársele. Venía observando estacostumbre desde los quince años.
Cuando llegó a las veinte, tomó por mujer a Ana,
hija de Isacar, que pertenecía a su
misma tribu —la de Judá—; esto es, de
estirpedavídica. Y después de vivir veinte años de matrimonio,no tuvo de ella
hijos ni hijas.»
De estas afirmaciones cabe deducir que la familia de Jesús no
era de origen humilde, como se ha pregonado.Sus «abuelos» terrenos —si se me
permite la expresión—disponían de considerables bienes. Y José, su padre,
como carpintero, gozaba igualmente de una sólida posición. Como veremos más
adelante en otros pasajes de los apócrifos,el ebanista y carpintero era
igualmente constructor. Y en aquella época (no digamos ahora), un carpintero con
taller propio tenía más que asegurado su sustento...
Dentro de lo puramente circunstancial, estos dos apócrifos —san
Mateo y Santiago— no coinciden, por ejemplo, con el Libro sobre
la Natividad de María en lo que se refiere a la localización exacta del
sumo sacerdote que injurió a Joaquín. Para los apóstoles no fue Isacar,
suegro de Joaquín, sino Rubén, un escriba.El hecho,
como vemos, tampoco reviste mayor trascendencia.
Sí se produce, en cambio, una mayor matización porparte de san
Mateo en cuanto a la aparición del «ángel»a Joaquín. Yo diría que
aporta una serie de precisiones ydetalles muy jugosos.
1. Por aquel mismo
tiempo —dice el apócrifo de san Mateo—, apareció un joven entre las montañas
donde Joaquín apacentaba sus rebaños y dijo a éste:«¿Cómo es que no vuelves al
lado de tu esposa?»
Joaquín replicó:
«Veinte años hace ya
que tengo a ésta por mujer, y,puesto que el Señor ha tenido a bien no darme
hijos de ella, me he visto obligado a abandonar el templo de Dios ultrajado y
confuso. ¿Para qué, pues, voy a volver a su lado, lleno como estoy de oprobios y
vejaciones? Aquí estaré con mis ganados mientras quiera el Señor queme ilumine
la luz de este mundo. Mas no por ello dejaré de dar de muy buena gana, por
conducto de mis criados, la parte que le corresponde a los pobres, a las viudas,
a los huérfanos y a los servidores de Dios.»
San Mateo habla de «un joven». Al menos, la impresión que debió
causarle a Joaquín —retirado voluntariamente a las montañas— fue la de una
persona de aspecto juvenil. Y el diálogo, según los textos, fluyó sin problemas.
No se produjo espanto alguno en Joaquín, tal y como ocurre en otras
narraciones sobre ángeles. No así en la desaparición del «joven», tal y como
nos cuenta el Evangelio apócrifo en cuestión:
2. No bien hubo dicho
esto, el joven respondió:
«Soy un ángel de Dios, que me he dejado ver hoy
de tu mujer cuando hacía su oración sumida en llanto; sábete que ella ha
concebido ya de ti una hija. Ésta vivirá en el templo del Señor, y el Espíritu Santo
reposará sobre ella. Su dicha será mayor que la de todas las mujeres santas. Tan
es así, que nadie podrá decir en los tiempos pasados hubo alguna semejante a ella,
y ni siquiera habrá una en el futuro que pueda comparársele. Por todo lo cual
baja ya de estas montañas y corre al lado de tu mujer. La encontrarás embarazada,
pues Dios se ha dignado suscitar en
ella un germen de vida (lo cual te obliga a ti a mostrarte reconocido para con Él); y ese germen será bendito y ella
misma será también bendita y quedará constituida madre de eterna bendición.»
3.Joaquín se postró en actitud de humilde
adoración y le dijo: «Si es que he encontrado gracia ante tus ojos, ten a bien
reposar un poco en mi tienda y bendecira tu siervo.» A lo que repuso el ángel: «No te llames siervo mío, sino más bien
consiervo; pues ambos estamos en la condición de servir al mismo Señor. Mi
comida es invisible y mi bebida no puede ser captada por ojos humanos; por lo
cual no haces bien en invitarme a que entre en tu tienda. Será mejor que
ofrezcas a Dios en holocausto lo que habías de presentarme a mí.»
Entonces Joaquín tomó
un cordero sin defecto y dijoal ángel:
«Nunca me hubiera yo
atrevido a ofrecer a Dios
unholocausto si tu mandato no me hubiera dado potestad de hacerlo.»
El ángel replicó:
«Tampoco te hubiera
invitado yo a ofrecerlo de no conocer el beneplácito divino.»
Y sucedió que, al ofrecer
Joaquín su sacrificio, juntamente con
el perfume de éste y, por decirlo así, conel humo, el ángel se elevó hacia el
cielo.
Entonces Joaquín se postró
con la faz en tierra y estuvo echado desde la hora de sexta hasta la tarde.
Cuando llegaron sus criados y jornaleros, al no saber a qué obedecía aquello, se
llenaron de espanto, pensando que quizá quería suicidarse. Se acercaron, pues, a
él y a viva fuerza lograron levantarlo del suelo. Entonces él les contó su
visión, y ellos, movidos por la admiración y el estupor que les produjo el
relato, le aconsejaron que pusiera en práctica sin demora el mandato del ángel
y que a toda prisa volviera con su mujer.
Mas sucedió que,
mientras Joaquín cavilaba sobre si era conveniente o no el volver, quedó dormido
y se le apareció en sueños el mismo ángel que había visto anteriormente cuando
estaba despierto. Éste le habló así:
«Yo soy el ángel que te ha sido dado por custodio;baja, pues,
tranquilamente y vete al lado de Ana, porque las obras de misericordia que
tanto ella como túhabéis hecho han sido presentadas ante el acatamientodel
Altísimo, quien ha tenido a bien legaros una posteridad tal cual nunca han
podido tener desde el principiolos santos y profetas de Dios, ni aún podrán
tenerla en elfuturo.»
Joaquín llamó a los pastores, cuando hubo despertado, para
referirles el sueño. Éstos le dijeron, postrados en adoración ante Dios:«Ten cuidado y no desprecies más a
un ángel del Señor. Levántate y vámonos.
Avanzando lentamente, podremos ir apacentando nuestros rebaños.»
EL NO MENOS MISTERIOSO EMBARAZO DE LA «ABUELA» DE JESÚS
Precisamente en el apócrifo de Mateo, el «ángel»
revela a Joaquín un hecho de enorme trascendencia para el ser humano.
También es la primera vez, si no recuerdo mal,que un «enviado» o «mensajero» de
los cielos aclara sumisión o «trabajo» en relación con la especie humana.
«Yo soy el ángel que
te ha sido dado por custodio...»,dice nuestro personaje a Joaquín.Si
esto fuera cierto —y no veo razón alguna que pueda impedirlo dentro de un orden
superior—, cada hombre gozaría, desde el instante de su nacimiento, de uno de
estos«guardianes» o «guías», encargados de velar por su seguridad y evolución
durante el tiempo previsto para su existencia en este mundo.
«LA ENCONTRARAS EMBARAZADA»
Analizando este mismo Evangelio apócrifo de san Mateo,uno
tropieza con otros hechos de muy alta significación.Por ejemplo, el «ángel», en
su larga conversación conJoaquín, le anuncia con rotunda
claridad:
«... Por todo lo cual
baja ya de estas montañas y corre al lado de tu mujer. La encontrarás
embarazada, pues Dios se ha dignado suscitar en ella un germen de vida...»Estas
frases del enviado me dejaron perplejo.
Si el marido de Ana llevaba ya — según el Evangelioapócrifo
de Mateo — cinco meses en aquellas soledades,¿cómo podía ser que la
hubiera dejado embarazada?
E insisto en el hecho de que las palabras del ángel
son definitivas:
«...La encontrarás embarazada...»
Esto pone de manifiesto un hecho insólito y prácticamente
desconocido hasta hoy:
María, la hija de Ana
y Joaquín, fue concebida de forma tan misteriosa como lo fue Jesús.
El mismo ángel se encarga de subrayar este extremocuando le
dice a Joaquín:
«... Pues Dios se ha dignado suscitar en ella un germende vida.»
La obra del Espíritu Santo aparece igualmente
claraen la concepción de María, tal y comoocurriría años
mástarde en la de Jesús de Nazaret.
En el fondo, y si analizamos el problema con objetividad, no
podía ser de otra forma.Si el delicado «plan» cósmico de la Redención
había obligado a toda una depuración de una de las mejores razas sobre la Tierra
— como era la judía —, a fin de obtener lo que los antropólogos de hoy hubieran
considerado como un tipo étnico sin mezclas, es lógico pensar que los últimos
pasos de esa «cadena» fueron controlados y muy estrechamente por el «alto
mando».
Desde el punto de vista de los códigos genéticos, incluso,
la combinación resultaba así perfecta.
En un «plan» de semejante alcance, todo — hasta lo más mínimo
— tenía que estar previsto y calculado. De ahí que las palabras del mensajero a
Joaquín, haciéndole ver que «Dios había escuchado sus plegarias y que por ello
haría fértil a Ana, su mujer», se me antojan como una«salida airosa»...
Tampoco era cuestión de explicar al voluntarioso pero sin
duda primitivo Joaquín, los pormenores de la Redención del género
humano...
Y otra de las pruebas de que «todo» debía estar perfectamente
previsto «en las alturas» fueron las revelaciones del ángel respecto al nombre
que debían imponer ala niña — María—, así como la no menos
importante y nada gratuita advertencia de que «no debería comer ni beber cosa alguna impura».
La terminante prohibición de comer o beber «alimentos
impuros» entrañaba evidentemente un objetivo de orden sanitario. Muchos años
antes, otro «enviado» de alto rango y al que el pueblo judío llamaba Yavé
—confundiéndolo sin duda con el Gran Dios— tuvo especial cuidado en
dictar las mínimas leyes sanitarias para aquel pueblo, recogidas en el Levítico.
Pero dejemos para más adelante el curioso y significativo
capítulo de la alimentación de María, madre de Jesús,y de cómo
le era suministrada a diario, tal y como relatanlos apócrifos.
TRES AÑOS DE LACTANCIA
El Evangelio apócrifo de Mateo prosigue
su relato. Joaquín, tras la segunda aparición del ángel, decide levantarsu
campamento y se pone en camino.
Y dice textualmente el autor sagrado:
Anduvieron treinta días
consecutivos y cuando estaban ya cerca, un ángel
de Dios se apareció a Ana mientras
estaba en oración y le dijo: «Vete a la
puerta que llaman Dorada y sal al encuentro de tu marido, porque hoy mismo
llegará.»
Ella se dio prisa y
se marchó allá con sus doncellas.Y, en llegando, se puso a orar. Mas estaba ya
cansada y aún aburrida de tanto esperar cuando de pronto elevó sus ojos y vio a Joaquín que venía con sus rebaños. Y
enseguida salió corriendo a su encuentro, se abalanzó sobre su cuello y dio
gracias a Dios diciendo:
«Poco ha era viuda, y
ya no lo soy; no hace muchoera estéril y he aquí que he concebido en mis
entrañas.»
Esto hizo que todos
los vecinos y conocidos se llenarande gozo, hasta el punto de que toda la
tierra de Israelse alegró con tan grata nueva.
Como vemos, se confirma nuevamente la hipótesis deque María,
la madre de Jesús, fue engendrada también porobra del Espíritu Santo. O, lo que
viene a ser lo mismo,por un procedimiento misterioso o sobrenatural.Un hecho
que —dicho sea de paso— jamás ha sidovalorado o divulgado por la Iglesia
Católica...
EL ÁNGEL SE APARECE A ANA
Por su parte, el Libro sobre la Natividad de María
concluyeeste capítulo de la historia de Ana y Joaquín, los abuelosde Jesús,
con un relato básicamente similar al anterior.
Dice así este apócrifo:
Después se dejó ver
de Ana (se refiere al mismo ángel que se había mostrado a Joaquín en las
montañas) y le dijo:
«No tengas miedo, Ana, ni creas que es un fantasma lo que
tienes a tu vista. Soy el ángel que presentó vuestras oraciones y limosnas ante
el acatamiento de Dios.Ahora acabo de
ser enviado a vosotros para anunciaros el nacimiento de una hija cuyo nombre
será María, y que ha de ser bendita
entre todas las mujeres. Desde el momento mismo de nacer rebosará en ella la
gracia del Señor y permanecerá en la
casa paterna los tres primeros años hasta que termine su lactancia. Después
vivirá consagrada al servicio de Dios
y no abandonará el templo hasta que llegue el tiempo de la discreción.1
(1. Discreción: el tiempo de la menstruación.)
Allí permanecerá
sirviendo a Dios con ayunos y
oraciones denoche y de día y absteniéndose de toda cosa impura.Jamás conocerá
varón, sino que, ella sola, sin previoejemplo y libre de toda mancha,
corrupción o unión conhombre alguno, dará a luz, siendo virgen, al hijo, y siendo
esclava, al Señor que con su gracia, su nombre y suobra es Salvador de todo el mundo.»2.
Levántate, pues, sube
hasta Jerusalén. Y cuando llegues a
aquella puerta que llaman Áurea por
estar dorada, encontrarás allí, en confirmación de lo que te digo, a tu marido,
por cuya salud estás acongojada.» Ten, pues, seguro, cuando tuvieren
cumplimiento estas cosas, que el contenido de mi mensaje se realizará sin duda
alguna.»
1. Ambos obedecieron
al mandato del ángel y se pusieron camino de Jerusalén desde los puntos donde respectivamente se hallaban. Y
cuando llegaron al lugar señalado por el vaticinio angélico, vinieron a
encontrarsemutuamente. Entonces, alegres por verse de nuevo y firmes en la
certeza que les daba la promesa de un futurovástago, dieron las gracias que
cumplía a Dios que exaltaa los humildes.
EL «EQUIPO»,ATENTO A LA NIÑEZ DE MARÍA
Quizá sea ésta, la parte de los Evangelios apócrifos
querelata los primeros años de María, la que resulta fantasiosao
pueril en extremo, al menos en algunos de sus capítulos.
Otros pasajes, en cambio, comunes incluso en los apócrifos,
me parecieron reveladores.
Cumplidos nueve meses
después de esto, Ana dio a luz una
hija y le puso por nombre María. Al
tercer año, sus padres la destetaron. Luego se marcharon al templo,y, después de
ofrecer sus sacrificios a Dios, le hicieron donación de su hijita María, para que viviera entre aquel grupo
de vírgenes que se pasaba día y noche alabando a Dios. Y al llegar frente a la fachada subió tan rápidamente las
quince gradas que no tuvo tiempo de volver su vista atrás y ni siquiera sintió
añoranza de sus padres, cosa tan natural en la niñez. Esto dejó a todos estupefactos,
de manera que hasta los mismos pontífices quedaron llenos de admiración.
Y prosigue más adelante el autor sagrado:
VI
Y María era la admiración de todo el
pueblo; pues, teniendo tan sólo tres años, andaba con un paso tan firme,
hablaba con una perfección tal y se entregaba contanto fervor a las alabanzas
divinas, que nadie la tendría por una niña, sino más bien por una persona mayor.
Era, además, tan asidua en la oración como si tuviera ya treinta años. Su faz
era resplandeciente cual nieve, de manera que con dificultad se podía poner en
ellala mirada. Se entregaba con asiduidad a las labores dela lana, y es de
notar que lo que mujeres mayores nofueron nunca capaces de ejecutar, ésta lo
realizaba ensu edad más tierna.
2. Ésta era la norma
de vida que se había impuesto:desde la madrugada hasta la hora de tercia, hacía
oración; desde tercia hasta nona, se ocupaba en sus labores; desde nona en
adelante, consumía todo el tiempoen oración hasta que se dejaba ver el ángel
del Señor,de cuyas manos recibía el
alimento. Y así iba adelantando más y más en las vías de la oración.
Finalmente, era tan dócil
a las instrucciones que recibía en compañía de las vírgenes más antiguas, que
no había ninguna más pronta que ella para las vigilias, ninguna más erudita en
la ciencia divina, ninguna más humilde en su sencillez, ninguna interpretaba
con más donosura la salmodia, ninguna era más gentil en su caridad, ni más pura
en su castidad, ni, finalmente, más perfecta en su virtud. Pues ella era
siempre constante, firme, inalterable. Y cada día iba adelantando más.
Cada día usaba exclusivamente
para su refección (sustento) el alimento que le venía por manos del ángel, repartiendo
entre los pobres el que le daban los pontífices.
Frecuentemente se veía
hablar con ella a los ángeles, quienes la obsequiaban con cariño de íntimos amigos.
Y si algún enfermo lograba tocarla, volvía inmediatamente curado a su casa.
Salta a la vista que el autor —en este caso Mateo
ycuantos pudieran colaborar en la redacción del referidoEvangelio apócrifo— se «pasó
de rosca» a la hora de valorar las excelencias de María.
Que un niño o niña camine «con paso firme» a los tresaños
debe considerarse como algo absolutamente normal. Lo extraño, en todo caso,
sería lo contrario...
Y aunque no dudo de la calidad de la leche materna de Ana,
el hecho constatado por los apócrifos de que «fue destetada a los tres años» me
parece una circunstancia que, como ya he comentado, lejos de proporcionar la adecuada
fortaleza al organismo de María, le hubiera puesto en grave
riesgo de desnutrición. Es de suponer, por tanto,que la solícita Ana
acompañara el pecho con otro tipo de dieta...
LA ANUNCIACIÓN: ¿UN DOBLE «ENCUENTRO» CON LOS «ASTRONAUTAS»?
Sólo en los Evangelios apócrifos —a cuyos textos
mereintegro de nuevo— he podido encontrar una descripción más detallada del
delicado tema de la Anunciacióna María.
Un asunto en verdad apasionante y misterioso y para el que el
ser humano casi no tiene palabras.A la hora de analizar dicho pasaje, lo hago
con el máximo respeto de que soy capaz. Bien lo sabe Dios...
No pretendo, como quizá puedan pensar los intransigentes o
fanáticos, desvelar ningún misterio... Sería ridículo. Sería como equipararse a
Dios.
Y yo sólo soy unreportero, siempre en busca de la Verdad.Un reportero —eso
sí— a quien le hubiera gustadoestar presente en aquellos momentos...
APÓCRIFO DEL LIBRO SOBRE LA NATIVIDAD DE MARÍA
Por último, el mismo pasaje de la aparición del ángel
es relatado así en el texto del Libro sobre la Natividad de María:
IX
1. En estos mismos días —es decir, al principio desu llegada
a Galilea—
fue enviado por Dios el ángel Gabriel, para que le anunciase
la concepción del Señor ypara que la pusiera al corriente de la manera y
ordencomo iba a desarrollarse este acontecimiento. Y así, entrado que hubo
hasta ella, inundó la estancia donde se encontraba de un fulgor extraordinario.
Después la saludó amabilísimamente en estos términos:
«Dios te salve, María, virgen gratísima al Señor, virgen llena de gracia: el Señor está contigo; tú eres másbendita
que todas las mujeres y que todos los hombresque han nacido hasta ahora.»
2. La Virgen, que estaba bien acostumbrada
a verrostros angélicos y a quien le era familiar el verse circundada de
resplandores celestiales, no se asustó por lavisión del ángel, ni quedó
aturdida por la magnitud delresplandor, sino que únicamente se vio sorprendida
porla manera de hablar de aquel ángel. Y así se puso a pensar a qué vendría
saludo tan insólito, qué pronóstico podría traerle y qué desenlace tendría
finalmente. El ángel, por inspiración divina, vino al encuentro de
talespensamientos y le dijo:
«No tengas miedo, María, de que en este mi saludovaya velado algo
contrario a tu castidad. Precisamentepor haber escogido el camino de la pureza
has encontrado gracia a los ojos del Señor. Y por eso vas a concebir y dar a
luz un hijo sin pecado alguno de tu parte.»
3. Éste será grande,
pues extenderá su dominio demar a mar y desde el río hasta los confines de la
tierra.Será llamado Hijo del Altísimo,
porque quien va a nacerhumilde en la tierra está reinando lleno de majestad
enel cielo. El Señor Dios le dará el trono
de David, su padre, y reinará
eternamente en la casa de Jacob. Su
reinado no tendrá fin. Él es rey de reyes y señor de los quedominan. Su trono
durará por los siglos de los siglos.»
4. Entonces, la Virgen, no por incredulidad a las palabras
del ángel, sino deseando únicamente saber cómohabrían de tener su cumplimiento,
respondió:
«¿Y cómo se
verificará esto? ¿Cómo voy a poder dara luz si no voy a conocer nunca varón, de
acuerdo conmi voto?»
Repuso el ángel:
«No pienses, María, que vas a concebir de manera humana:
sin unión marital alguna, alumbrarás siendo virgen y amamantarás permaneciendo
virgen. El Espíritu Santo vendrá, en
efecto, sobre ti y la virtud del Altísimo
te cubrirá con su sombra contra todos los ardores de la concupiscencia. Por
tanto, solamente tu vástago será santo, porque siendo el único concebido y
nacidosin pecado, se llamará Hijo de Dios.»
María, entonces, extendió sus brazos y elevó sus ojosal cielo,
diciendo:
«He aquí la esclava del
Señor, puesto que no soy digna del
nombre de señora: hágase en mí según tu palabra.»
ALGUNAS HIPÓTESIS
Sólo se me ocurre adelantar algo que intentaré exponercon
más calma al final de este apartado: que no cuestiono ni pongo en tela de
juicio —Dios me libre— el origenabsolutamente divino de Jesús
de Nazaret. Creo firmemente en ello.
Pero vayamos con las teorías o posibilidades que hacetiempo
anidan en mi corazón y que, quizá, encierran laclave de la concepción virginal
de María:
Primera teoría:
¿inseminación artificial?
Segunda teoría:
¿fecundación in vitro?
Tercera teoría: ¿transporte
por una radiación desconocida?
Llegados a este límite, aparentemente infranqueable para la
Ciencia y la tecnología humanas de 1980, uno entra sin querer en el mismo y
oscuro terreno del misterio en que se ha desenvuelto y se desenvuelve la Iglesia
durante 20 siglos. A partir de aquí, por tanto, mis planteamientos tienen que
despegarse de lo que sabe o marca el conocimiento del hombre. Lo cual no quiere
decir que me someta a la fácil situación de los que profesan la «fe del carbonero»
...
Creo con fuerza en la sensatez de Dios. Ya lo
he dicho.
Una sensatez que dudo mucho le haga saltarse, así comoasí,
las leyes físicas que proceden de su poder y de su inteligencia. Aquí,
precisamente, puede estar la clave paraentender o aproximarse algún día al
todavía «misterio»de la concepción de Jesús.Si la Gran
Fuerza o Dios quiso que su Hijo se
hicieracomo uno cualquiera de nosotros, seguramente intentórespetar las líneas
maestras de su desarrollo embrionario. Algo estaba claro y así fue anunciado
por el «astronauta» a la futura madre:
«... Concebirás sin
obra de varón.»
Pero esto no tenía por qué significar que el óvulo deMaría
quedara «huérfano» de esos 23 cromosomas restantes e indispensables, según la
genética, para que prosperase un hombre. Hoy sabemos que con la fecundaciónse
produce una activación general del aletargado metabolismo de la célula, dando
comienzo así al desarrolloembrionario. Y está demostrado igualmente que esta activación
e iniciación no se deben a que el espermatozoideaporte algún factor del que
carezca el óvulo. La investigación ha demostrado en este sentido que el
«despertar»del citado óvulo femenino puede inducirse con sólo punzarlo mediante
una aguja o bien exponiéndolo a soluciones acidas o salinas. La diferencia
entre estos últimosmétodos de estimulación del óvulo y el natural del espermatozoide
es que los embriones resultantes por aquellosprocedimientos no sobreviven. Y la
razón es clave: esos«posibles» seres mueren porque carecen de la mitad dela
dotación cromosómica característica de la especie.
¿Cómo podría haber sobrevivido, entonces, el embriónde Jesús
de Nazaret si sólo hubiera contado con los 23 cromosomas propios del
óvulo de María?
Es por esto por lo que creo firmemente en algún tipode
acción física a la hora de fecundar a la Virgen.
Pero, ¿cómo?
La pregunta termina siempre en primer plano...
Permítanme un último rodeo antes de exponer mi hipótesis.
Esa lamentable falta de perspectiva a que está sometido el
hombre de nuestro tiempo le lleva, por ejemplo,a no percatarse de que hasta
1877, la Humanidad nohabía logrado ver aún la «carrera de un
espermatozoidehacia un óvulo». Sólo entonces, y gracias al zoólogo suizoHermannFol,
que observó al microscopio cómo un espermatozoo de estrella de mar se adhería
al óvulo y lo fecundaba, concluyeron siglos de especulaciones sobre elcómo,
dónde y por qué se producía realmente la fertilización de una mujer.
Es decir, hace sólo 100 años que hemos «descubierto»el
«secreto» de la vida...
¿Cómo podríamos imaginar siquiera los medios o canales de
fecundación de una civilización que pueble nuestro propio planeta o cualquier
otro, dentro de un millónde años?
Aquellos seres —tan cercanos a la Fuerza Creadora—pudieron
«transportar», incluso a distancia, la «carga genética» necesaria para colmar
el óvulo de la Virgen. Quizá algún día nosotros también lleguemos
a descubrir que la fecundación de la mujer es posible sin tocarla
siquiera.Imaginemos por un momento la posibilidad de manejar esa «carga
genética», pero sin necesidad del «estuche»que lo transporta: el espermatozoide. Si descubriésemos un
sistema para que dicha «carga» no se dañase en su nuevo estado, quizá fuese
posible «lanzar la» o «dirigirla»desde el exterior hasta el óvulo de la mujer.En
este caso, la fecundación sería perfecta y normal.
Pero María habríaconservado su
virginidad. Esto, porotra parte,
permitiría la selección previa de esa «cargagenética», de forma que siempre
obtendríamos individuossin taras o alteraciones. Por este procedimiento,
todavíaideal para nosotros, no serían necesarios esos millonesde «cargas
genéticas» que —merced a los espermatozoides— ascienden en cada eyaculación
hacia el óvulo.
Para ese «lanzamiento» o «transporte» a distancia habría que
arbitrar igualmente un adecuado «apoyo logístico». Quizá una determinada
radiación. Quizá un láser, de aceptar esta posibilidad, el mismo «astronauta»
quedio el anuncio a María pudo «disparar» sobre ella la citada «carga
genética». Era lógico suponer que el «equipo»tuviese controlada la menstruación
de María.
Es posible también que los «astronautas» llegaran
a«desmaterializar» esa «carga genética» fuera del cuerpode María,
«materializándola» casi instantáneamente unavez en el óvulo de la Virgen.
Si eran seres que podíanmanipular los cambios de dimensiones, ¿por qué rechazar
la hipótesis? Hubiera sido suficiente, quizá, un cambio o variación en los ejes
de las partículas subatómicasque integraban esos genes para hacerlos «saltar»
de dimensión.El gran problema del origen de esa «carga genética»—y puesto que
estamos hablando de la Divinidad— esalgo que escapa ya
definitivamente a mi ridículo cerebro.
Cuarta teoría:Una
acción absolutamente directa de la Divinidad
Por último, ya lo he dibujado en otros rincones de
esteensayo, no podemos descartar —incluso desde el puntode vista científico—
otro tipo de «acción», absolutamente vinculada quizá a la mano o a la voluntad
de esa GranFuerza.
Caería en mi propia trampa si cerrase el camino aotra o a
otras posibilidades, tal como la fecundación dedicho óvulo humano «por la
simple voluntad de esa GranEnergía que llamamos Dios».
No es mi propósito violar los límites de mi
propioentendimiento. Y sé que Dios o la Verdad
están muchomás allá...
Esta última tesis, naturalmente, no habría afectado al
«equipo». La acción y responsabilidad habrían recaído directamente en esa Divinidad.En
cualquier caso, la virginidad de la niña podría haber quedado perfectamente a
salvo. Cuantas consultas he hecho con ginecólogos han arrojado siempre el mismo
fin:
La virginidad no constituye hoy un obstáculo insalvable para
alcanzar la concepción.
La Medicina actual está cuajada de casos en
los quemujeres que no han perdido su virginidad han quedado,sin embargo,
embarazadas. Todo depende, por ejemplo,de las circunstancias y de la
resistencia del himen.
Me contaba un veterano ginecólogo cómo en las Facultades
de Medicina se sigue poniendo como ejemploaquel caso de una muchacha
que, tras bañarse en la bañera de su casa, quedó fecundada. La explicación era
muysimple. Minutos antes, un hermano de la chica se habíabañado en el mismo
lugar, masturbándose. Millones deespermatozoides quedaron flotando en los
restos de agua.
Cuando la joven procedió a bañarse —y a pesar de
haberllenado la bañera con agua limpia—, algunos de los espermatozoides
lograron penetrar en la vagina, fecundándola.
Y aunque esto, evidentemente, resulta poco menos
queanecdótico, los médicos sí coinciden y conciben que unamujer pueda seguir
siendo virgen, incluso, después deun parto. Como decía, todo depende de la
naturaleza yelasticidad del himen.
ANTES DEL PARTO: ¿PARALIZACIÓN TOTAL DE LA ZONA?
Y llegó el momento culminante.
La «Operación Redención» estaba a punto
de entrar ensu etapa decisiva: el nacimiento del «Enviado». La llegadaal viejo
planeta Tierra del Hijo del Altísimo.
Todos, más o menos, conocemos lo que narran los Evangelios
canónicos sobre este trascendental hecho.Pero, ¿qué dicen los apócrifos? ¿Fue
el nacimiento deJesús de Nazaret como siempre hemos creído?Veamos
lo que dice el Protoevangelio de Santiago:
XVII
1. Y vino una orden del emperador Augusto
paraque se hiciera el censo de todos los habitantes de Belénde Judá. Y se dijo
José:
«Desde luego que a
mis hijos sí que les empadronaré,pero ¿qué voy a hacer de esta doncella? ¿Cómo
voy aincluirla en el censo? ¿Cómo mi esposa? Me da vergüenza. ¿Cómo hija mía?
¡Pero si ya saben todos los hijosde Israel que no lo es. Éste es el día
del Señor, que Elhaga según su beneplácito.»
2. Y, aparejando su asna, hizo acomodarse a
María sobre ella, y mientras un hijo suyo iba delante llevandola bestia del
ronzal, José les acompañaba. Cuando estuvieron a tres millas de distancia, José
volvió su rostrohacia María y la encontró triste; y se dijo a sí mismo:
«Es que el embarazo
debe causarle molestias.»
Pero, al volverse
otra vez, la encontró sonriente, yle dijo:
«María, ¿qué
es lo que te sucede, que unas veces veosonriente tu rostro y otras triste?»
Y ella repuso:
«Es que se presentan
dos pueblos ante mis ojos, unoque llora y se aflige, y otro que se alegra y
regocija.»
3. Y al llegar a la
mitad del camino, dijo María aJosé:
«Bájame, porque el
fruto de mis entrañas pugna por venir a luz.»
Y le ayudó a apearse
del asna, diciéndole:
«¿Dónde podría yo
llevarte para resguardar tu pudor?,porque estamos al descampado.»
XVIII
1. Y, encontrando una
cueva, la introdujo dentro, y habiendo dejado con ella a sus hijos, se fue a
buscar una partera hebrea en la región de Belén.
2. Y yo, José,
me eché a andar, pero no podía avanzar; y al elevar mis ojos al espacio, me
pareció ver comosi el aire estuviera estremecido de asombro; y cuandofijé mi
vista en el firmamento, lo encontré estático y lospájaros del cielo inmóviles;
y al dirigir mi mirada hacia
atrás, vi un
recipiente en el suelo y unos trabajadoresechados en actitud de comer, con sus
manos en la vasija.
Pero los que
simulaban masticar, en realidad no masticaban; y los que parecían estar en
actitud de tomar lacomida, tampoco la sacaban del plato; y, finalmente, losque
parecían introducir los manjares en la boca, no, sino que todos tenían sus
rostros mirando haciaarriba.
También había unas
ovejas que iban siendo arreadas, pero no daban un paso, sino que estaban
paradas, y el pastor levantó su diestra para bastonearlas con el cayado,pero
quedó su mano tendida en el aire. Y al dirigir mivista hacia la corriente del
río, vi cómo unos cabritillosponían en ella sus hocicos, pero no bebían. En una
palabra, todas las cosas eran en un momento apartadas desu curso normal.
XIX
1. Y entonces una
mujer que bajaba de la montañame dijo:
«¿Dónde vas tú?»
A lo que respondí:
«Ando buscando una
partera hebrea.»
Ella replicó:
«Pero, ¿tú eres de Israel?»
Y respondí:
«Sí.»
«¿Y quién es —añadió— la que está dando a luz en lacueva?»
«Es mi esposa», dije
yo. A lo que ella repuso:
«Entonces, ¿no es tu
mujer?»
Yo le contesté:
«Es María, la
que se crió en el templo del Señor, queaunque me cayó en suerte a mí por mujer,
no lo es, sinoque ha concebido por virtud del Espíritu Santo.»
Y le interrogó la partera:
«¿Es esto verdad?»
José respondió:
«Ven y verás.»
Entonces, la partera se puso en camino con él.
2. Al llegar al lugar de la gruta, se pararon, y heaquí que
ésta estaba sombreada por una nube luminosa.
Y exclamó la partera:
«Mi alma ha sido engrandecida
hoy, porque han vistomis ojos cosas increíbles, pues ha nacido la salvaciónpara
Israel.»
De repente, la nube empezó a retirarse de la gruta ybrilló
dentro una luz tan grande que nuestros ojos nopodían resistirla. Ésta por un
momento comenzó a disminuir hasta tanto que apareció el niño y vino a tomarel
pecho de su madre, María. La partera entonces dio ungrito,
diciendo:
«Grande es para mí el
día de hoy, ya que he podidover con mis propios ojos un nuevo milagro.»
3. Al salir la partera de la gruta vino a su encuentroSalomé,
y ella exclamó:
«Salomé, Salomé,
tengo que contarte una maravillanunca vista, y es que una virgen ha dado a luz;
cosa que,como sabes, no sufre la naturaleza humana.»
Pero Salomé repuso:
«Por vida del Señor,
mi Dios, que no creeré tal cosasi no me es dado introducir mi dedo y
examinar su naturaleza.»
XX
1. Y habiendo entrado la partera, le dijo a María:
«Disponte, porque hay
entre nosotras un gran altercado con relación a ti.»
Salomé, pues, introdujo su dedo en la naturaleza, más de
repente lanzó un grito, diciendo:
«¡Ay de mí! ¡Mi
maldad y mi incredulidad tienen laculpa! Por tentar al Dios vivo se
desprende de mi cuerpomi mano carbonizada.»
2. Y dobló sus rodillas ante el Señor, diciendo:
«¡Oh Dios de
nuestros padres, acuérdate de mí, porque soy descendiente de Abraham, de
Isaac y de Jacob;no hagas de mí un escarmiento para los hijos de
Israel;devuélveme más bien a los pobres, pues tú sabes, Señor, que
en tu nombre ejercía mis curas, recibiendo de ti misalario.»
3. Y apareció un ángel del cielo, diciéndole:
«Salomé, Salomé,
el Señor te ha escuchado. Acerca tumano al Niño, tómalo, y habrá
para ti alegría y gozo.»
4. Y se acercó Salomé y lo tomó, diciendo:
«Le adoraré porque ha
nacido para ser el gran Rey deIsrael.»
Más de repente se sintió curada y salió en paz de lacueva.
Entonces se oyó una voz que decía:
UN FÉRREO CONTROL
De nuevo, y absolutamente a tiempo, aparece ante el grupoun «ángel»
del Señor.No resulta difícil sospechar que el «equipo» de
«astronautas» debía estar trabajando en aquellos últimos momentos
«con los cinco sentidos».
Si la joven Virgen hubiera llegado a Belén
antes de«romper aguas», todo se habría complicado. ¿Cómo «actuar»
en plena aldea? ¿Cómo evitar el revuelo que, sinduda, provocaban las naves? Y
lo más grave: de habernacido Jesús en Belén, la
noticia de su llegada al planetahabría llegado a los oídos del temido Herodes
el Grandemucho antes de lo necesario y de lo previsto. No olvidemosque
la aldea está a muy corta distancia de Jerusalén.
Quizá, aunque a nosotros nos parezca increíble, fuerapreciso
ganar tiempo. Y ese lapsus podía proporcionarloun nacimiento a distancia, «a
mitad de camino entre Nazaret y Belén». No todo
concluía con el alumbramiento deJesús...
Y, naturalmente, dentro de esta teoría general —no olvidemos
que sólo se trata de una hipótesis de trabajo—, elmomento y el lugar exactos
del parto debían estar perfectamente estudiados por parte de los tripulantes de
lasnaves. Y, de la misma manera, estoy persuadido que los«astronautas» no
habían perdido —ni por un según deel control de las constantes
físico-biológicas de María. Sinosotros somos capaces hoy de
controlar desde Houstonel ritmo cardíaco, la respiración o la
presión sanguíneade los hombres que pasean por la Luna o que giran entorno al
planeta, ¿qué no podrían lograr unas civilizacionestan sumamente adelantadas?
Era natural que este «chequeo» a distancia fuera
extremadamente riguroso. Dos mil años largos de preparación no podían naufragar
ahora, ante cualquier contingencia...
Jamás «los cielos» habían estado tan pendientes de unaniña y
del asno que la llevaba. Nuestros médicos tambiénhabrían actuado así.Y si ese
«mareaje» sobre la persona de María y decuantos la rodeaban era
realmente así de férreo, no tienenada de particular que, en el momento crítico,
uno o varios de los «astronautas» descendieran a tierra y detuvieran la marcha
del grupo. Una marcha que, quizá, Joséo la propia Virgen
se habían encargado ya de congelar,ante las primeras molestias.
Y se presenta aquí otro interesante dilema:
¿Sufrió María de los conocidos dolores previos
alparto?
La Iglesia, amparándose en el, a veces,
agujereado«paraguas teológico», ha llegado a afirmar que no, que laVirgen
no pudo sufrir esos dolores «puesto que era laúnica criatura sobre la Tierra
que había nacido sin culpaoriginal».
Respeto esta opinión, pero, francamente, me cuestatrabajo
creerlo...
En los Evangelios apócrifos se especifica
claramente«que le habían llegado los primeros síntomas...» Claroque la palabra
«síntomas» puede querer significar muchas
cosas.
¿UNA PARALIZACIÓN?
Pero volvamos con los «astronautas»...
La gravedad y
responsabilidad debían ser tales
enaquellos momentos que —según mi punto de vista— unao varias naves
espaciales tenían que estar muy próximas.
Pendientes. Dispuestas. Alguna, incluso, aterrizada ya
muycerca de la cueva...
Y quizá una de las primeras medidas adoptadas por
el«equipo» fue la paralización de cuanto existía junto a lagruta y en un amplio
radio.
También es posible que esa «paralización» se debieraa la
extrema proximidad de los vehículos de los «astronautas».
¿Que por qué hablo de paralización?
Los pasajes del apócrifo de Santiago, y en los que Josétrata
inútilmente de echar a correr en busca de unapartera, son elocuentes.
Cuando los leí por primera vez no daba crédito a loque tenía
ante mí.
E invito al lector a que lo repase con suma calma...
¿Es que puede concebirse —y escrito hace dos milaños— una
fórmula más hermosa y plástica para describir una paralización de hombres,
animales y de la propiaNaturaleza?
Para el «testigo», para José, la única
explicación quequizá podía encajar en su cerebro era que «todas las cosaseran
en un momento apartadas de su curso normal». ¿Y qué otra cosa es una
paralización masiva? La causa de este enigmático fenómeno habría que buscarla
posiblemente, como ya he adelantado, en los siguientes e hipotéticos hechos:
Ante la inminencia del parto, algunas de las naves, lógicamente,
se vieron obligadas a descender sobre la zona.Es posible, incluso, que tomaran
tierra. Y que esa «aproximación» a la gruta subterránea implicara una mayoro
menor paralización de cuanto se movía en torno al puntoelegido. Una paralización
que pudo ser instantánea o deuna cierta duración en el tiempo...
En este caso, el fenómeno habría estado absoluta
ydeliberadamente provocado por los «astronautas». En elfondo quizá se trataba
de una elemental medida de seguridad...
También cabe pensar que fue un hecho fortuito, originado por
los potentes campos magnéticos o electromagnéticos de dichas naves.
Al establecerse o aterrizar a tan corta distancia, todolo
que entró dentro de su radio de acción se vio así afectado.
Y hombres, ovejas, pájaros, viento, etc., quedaron
como«congelados». Y entre ellos, José, quien, a pesar de «nopoder avanzar», se
daba cuenta de todo...
¿Qué me recuerda esto?
Sencillamente, otros muchos casos de misteriosas paralizaciones,
experimentadas por decenas de testigos ovnien nuestros días...
EL PARTO
¿Cómo pudo ocurrir realmente el nacimiento de Jesús?Ni
los evangelistas «oficiales» ni los que nos dejaron lostextos apócrifos
aportan datos concretos como para establecer la «mecánica» del mismo. Y la
Iglesia, con un prudencial criterio, proporciona un sonado carpetazo al asunto,
dejándolo envuelto en el misterio. Otro más...
Yo, por mi parte, no me siento con fuerzas como
paradescender y bucear en dicho misterio.
Salvando las distancias, viene a ser como plantear a laMedicina
actual cuáles pueden ser los sistemas o mecanismos clínico-quirúrgicos que
imperarán en la especialidadginecológica dentro de quinientos o mil años.
¿Qué madre del siglo XV hubiera imaginado que, cinco siglos
más tarde, los dolorosos partos podrían practicarse... sin dolor?Una afirmación
como ésta, hecha en pleno tiempo de la Inquisición, me hubiera conducido —sin
remedio— a la hoguera.
¿Qué puedo suponer que ocurrió en aquellas horas tensas,
en el interior de la gruta? ¿Por qué aquella nave espacial se había aproximado a
la gruta? ¿Por qué el interior de la cueva se vio inundada de luz? ¿De dónde
nacía aquella luminosidad?Sólo una idea —casi un presentimiento— aletea
en mi corazón: es posible que el «equipo» de «astronautas» —llegado el
momento— hubiera descendido materialmente atierra y entrado, incluso, en el
lugar donde se encontraba la joven María. Y que —de alguna forma que
ni siquiera podemos sospechar— contribuyeran o ayudaran en el parto.
¿Qué «técnicas» utilizaron en el alumbramiento? Esposible que
ninguna. Es posible que el parto en sí fuerarealmente «milagroso», en el más
literal de los sentidos.O es posible que Dios —una vez más— se
sirviera de lamás compleja y depurada Ciencia para hacer realidad elnacimiento
de su «Enviado».
¿Cómo saberlo? ¿Cómo saber si María sufrió los
mismosdolores que el resto de las mujeres?
En el apócrifo denominado Liber de infantia Salvatorispude
encontrar unos pasajes que arrojan un rayo de luz sobre la forma en que, quizá,
se produjo el gran acontecimiento:
...y la comadrona entró en la cueva. Se paró antela
presencia de María. Después que ésta consintió en serexaminada
por espacio de horas, exclamó la comadronay dijo a grandes voces:
Ante la tardanza de la comadrona, José penetródentro
de la cueva. Vino entonces aquélla a su encuentroy ambos salieron fuera,
hallando a Simeón (uno de loshijos de José) de pie.
Éste le preguntó:
«Señora, ¿qué es de la
doncella?, ¿puede abrigar alguna esperanza de vida?»
Dícele la comadrona:
«¿Qué es lo que
dices, hombre? Siéntate y te contaréuna cosa maravillosa.»
Y elevando sus ojos al cielo, dijo la comadrona convoz
clara:
«Padre omnipotente,
¿cuál es el motivo de que mehaya cabido en suerte presenciar tamaño milagro,
queme llena de estupor?, ¿qué es lo que he hecho yo paraser digna dé ver tus
santos misterios, de manera quehicieras venir a tu sierva en aquel preciso
momento paraser testigo de las maravillas de tus bienes? Señor, ¿quées
lo que tengo que hacer?, ¿cómo podré narrar lo
que mis ojos vieron?»
Dícele Simeón:
«Te ruego me des a
conocer lo que has visto.»
Dícele la comadrona:
«No quedará esto
oculto para ti, ya que es un asuntohenchido de muchos bienes. Así pues, presta
atención amis palabras y retenías en tu corazón:
«Cuando hube entrado
para examinar la doncella,la encontré con la faz vuelta hacia arriba, mirando
alcielo y hablando consigo. Yo creo que estaba en oracióny bendecía al
Altísimo. Cuando hube, pues, llegado hastaella, le dije:
»” Dime, hija, ¿no
sientes por ventura alguna molestiao tienes algún miembro dolorido?” Mas ella
continuabainmóvil mirando al cielo, cual una sólida roca y como sinada oyese.
» En aquel momento se
pararon todas las cosas, silenciosas y atemorizadas: los vientos dejaron de
soplar;no se movió hoja alguna de los árboles, ni se oyó el ruido de las aguas;
los ríos quedaron inmóviles y el mar sin oleaje; callaron los manantiales de las
aguas y cesó el eco de voces humanas. Reinaba un gran silencio. Hasta el mismo
polo abandonó desde aquel momento su vertiginoso curso. Las medidas de las horas
habían ya casi pasado. Todas las cosas se habían abismado en el silencio,
atemorizadas y estupefactas. Nosotros estábamos esperando la llegada del Dios
alto, la meta de los siglos.
«Cuando llegó, pues,
la hora, salió al descubierto la virtud de Dios. Y la doncella, que
estaba mirando fijamente al cielo, quedó convertida en una viña, pues ya seiba
adelantando el colmo de los bienes. Y en cuanto salió la luz, la doncella adoró
a Aquel a quien reconoció haber ella misma alumbrado. El niño lanzaba de sí resplandores,
lo mismo que el sol. Estaba limpísimo y era gratísimo a la vista, pues sólo Él
apareció como paz que apacigua todo...
«Aquella luz se
multiplicó y oscureció con su resplandor el fulgor del sol, mientras que esta
cueva se vioinundada de una intensa claridad...
«Yo, por mi parte,
quedé llena de estupor y deadmiración y el miedo se apoderó de mí, pues tenía
fijami vista en el intenso resplandor que despedía la luzque había nacido.
» Y esta luz fuese
poco a poco condensando y tomandola forma de un niño, hasta que apareció un
infante, comosuelen ser los hombres al nacer.
» Yo entonces cobré
valor: me incliné, le toqué, le levanté en mis manos con gran reverencia y me
llené deespanto al ver que tenía el peso propio de un recién nacido. Le examiné
y vi que no estaba manchado lo másmínimo, sino que su cuerpo todo era nítido,
como acontece con la rociada del Dios Altísimo; era ligero de pesoy radiante a
la vista.
«Cuando tomé al
infante —prosigue su explicación la comadrona— vi que tenía limpio el cuerpo,
sin las manchas con que suelen nacer los hombres, y pensé para mis adentros que a
lo mejor habían quedado otros fetos en la matriz de la doncella. Pues es cosa
que suele acontecer a las mujeres en el parto, lo cual es causa de que corran
peligro y desfallezcan de ánimo.
» Y al momento llamé
a José y puse al niño en sus brazos. Me acerqué luego a la doncella, la toqué,
y comprobéque no estaba manchada de sangre.
¿UN CAMBIO TRIDIMENSIONAL INSTANTÁNEO?
¿Cómo reaccionaríamos nosotros si un grupo de científicosde
la Tierra anunciara al mundo el descubrimiento de los«cambios
tridimensionales» a voluntad?
No hace mucho pude estudiar un informe de los supuestos
habitantes de un planeta supuestamente ubicado en lasinmediaciones de la
estrella «Wolf 424», a unos 14 años-luzde la Tierra.
Se trataba, como ya habrán adivinado los seguidores de la Ufología,
de «Ummo».
En ese «informe», y al hablar de cómo hacen desaparecer sus
naves, dicen textualmente:
«Un observador que se encuentre a una distancia no excesiva,
puede observar la aparente “aniquilación” instantánea de una astronave de este
tipo visualizada por él.2
Dos pueden ser los motivos de esa pseudodesaparición:
» Como hemos reiterado en páginas precedentes, en
elinstante en que todos los“ibozoouu” (modelo de
entidadfísica elemental) correspondientes al recinto limitado porla“itooaa”
(zona exterior envolvente de sus naves) cambiande “ejes”
(dimensión) en el marco tridimensional en queestá situado el observador,
toda la MASA integrada en dicho recinto deja de poseer existencia física. No es
que talmasa sea “aniquilada”, puesto que el substrato de tal masala constituyen
los “ibozoouu” o dicho de otro modo la”MASA” se interpretará como un “plegamiento
de la urdimbre de los ibozoouu”. Nuestra física —prosiguen los supuestos “ummitas”—
interpreta este fenómeno como si laorientación de esta depresión o pliegue
de las entidadesconstitutivas del espacio, cambie de sentido de modo quelos
órganos sensoriales o los instrumentos físicos del observador no son capaces de
captar tal cambio.
»En este instante, t° el vacío en el recinto es
absoluto.No ya una sola molécula gaseosa y por supuesto cualquierpartícula
sólida o líquida, sino ni siquiera una partícula subatómica (protón,
neutrino, fotón, etc.) puede localizarseprobabilísticamente en ese recinto.
Dicho en lenguaje deustedes:
»La función de probabilidad es nula en t°. Sin
embargo, tal situación inestable dura una fracción infinitesimalde tiempo. El
recinto se ve “invadido” consecutivamente por “iboayaa”(quantum
energéticos), es decir, se propagan en su seno campos electromagnéticos y
gravitatorios de distintas frecuencias, inmediatamente es atravesado por radiaciones
iónicas y al final se produce una “implosión” al precipitarse el gas
exterior en el vacío dejado por la estructura “desaparecida”. Esta
"implosión" es la explicación de esos “estampidos” o “truenos”
que algunos observadoresde OVNIS hermanos terrestres suyos han creído
percibir en alguna ocasión tras la desaparición aparente del vehículo.»
Este documento, en mi opinión, podría estar dándonos una
«pista» sobre un futuro conjunto de métodos científico-técnicos para «viajar»
por el espacio y — ¿por qué no? —para «hacer desaparecer» cualquier cuerpo (líquido,
sólido o gaseoso o todos ellos a un mismo tiempo) y volverlo a«recomponer» o
«materializarlo» en otro lugar.
Si la Ciencia humana llega algún día a semejante gradode perfección,
el «cambio tridimensional», instantáneo y avoluntad, de un feto, por ejemplo,
sería como un juego.
Momentos antes del alumbramiento, esa tecnología superior
podría variar los «ejes» de todas y cada una de las partículas subatómicas del
bebé, haciéndolo «saltar» al exterior de la madre y «materializándolo» segundos
más tarde.
Supongo que sería necesario salvar ese grave arrecife
del«vacío» de que habla el «informe» de «Ummo» y que, según
parece, se presenta en el lugar donde «estaba» el cuerpo «aniquilado».
Aunque este esquema resulta hoy puramente hipotético—casi
ciencia-ficción—, ¿no estaremos planteando una duda«gemela» a la que podrían
haber tenido los Caballeros dela Tabla Redonda si alguien hubiera
intentado explicarlesel funcionamiento de un portaaviones o de una cámara fotográfica
Polaroid?
Quizá ese «transporte» de la totalidad de una masa de un
marco tridimensional concreto a otro y su posterior «retorno» al primero,
pudiera dar cumplida explicación a esa misteriosa frase de la partera del Evangelio
apócrifo:
Yo, por mi parte, quedé llena de estupor y de admiración
y el miedo se apoderó de mí, pues tenía fija mivista en el intenso resplandor
que despedía la luz quehabía nacido.Y esta luz fuese poco a poco condensando y
tomandola forma de un niño, hasta que apareció un infante, comosuelen ser los
hombres al nacer.
¿Es que esta forma de «nacer» no se aproxima maravillosamente
a la omnipotencia divina?
Quizá alguien pueda esgrimir aquel argumento de «que va
contra la naturaleza». Es posible que vaya, en efecto,contra las vías que
nosotros, hasta hoy, interpretamos como «naturales», pero ¿quién puede jurarnos
que ese cambio de dimensiones no sea igualmente otra de las infinitas«vías» de
la Naturaleza? Una Naturaleza, claro está, a la que
ni siquiera hemos tenido acceso.
Durante siglos —aunque ya lo hemos olvidado—, el promedio de
vida de un hombre normal venía siendo de 40 o45 años. Incluso menos. Hoy, esa
esperanza de vida se fijaya en los 70 u 80 años. ¿Quiénes están o estaban
atentando contra la Naturaleza: los hombres de la Edad de
Piedra, que podían aspirar a vivir 20 o 30 años como máximoo nosotros,
con 70 u 80? Posiblemente, ni los unos ni losotros...
¿Qué podemos pensar, por tanto, de unos «astronautas»
capaces de desplazarse hace 2.000 años en naves siderales ycuyos hogares podían
hallarse en remotos confines de nuestro Universo o de otros Universos
«paralelos»? ¿Quién tirará la primera piedra de la duda sobre
susposibilidades tecnológicas? Y por si alguien puede seguir dudando sobre la presencia
de esas naves hace 2.000 años, he aquí, en el siguientecapítulo, lo que nos
cuentan los asombrosos apócrifos.
2. En Ufología se recogen
numerosos casos de testigos que han visto«desaparecer» literalmente un ovni.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu colaboración expresando un punto de vista sobre este tema. Una vez moderado,tu comentario aparecerá en el blog.