Llegó una niña portando una pequeña caja, hasta la habitación circular del OVNI: Se empezaba a formar en la parte superior de la caja una
especie de vapor hecho de muchas luces, que giraba vertiginosamente, hasta que
casi de repente aparecía ante ellos una criatura pequeña, humanoide, como de un
metro de altura y una inteligencia semejante a la de un mono... (Un juguete
imposible)
¿Puertas
dimensionales? ¿Llegan a la Tierra
seres de otras dimensiones? Con toda probabilidad, sí. Aunque ciertamente,
algunos conceptos se resisten a nuestra comprensión; como ejemplo, asimilar y
comprender nociones por encima de las tres dimensiones espaciales que manejamos
a diario (alto, largo y ancho), un
hecho que puede resultar complejo a primera vista. (Aquello que nosotros
llamamos cuarta dimensión, lo que identificamos como tiempo,
sería una cualidad inherente y subyugada a las “propias dimensiones”,
es decir, que el tiempo se moldea, incluso se detiene, en
determinadas condiciones espaciales).
Algunos divulgadores científicos, tratando de explicar las
diferentes dimensiones ponen como ejemplo un hipotético mundo de dos
dimensiones, “planilandia”, donde unos “seres planos”
se desplazarían a lo largo y ancho de su planeta: En un momento dado, ven como “un
objeto circular surge desde algún lugar desconocido” (arriba), es
decir, desde “una tercera dimensión” y estos seres lo contemplan
asombrados, lo estudian, pero no comprenden como surgió ni de dónde vino…
Ciertamente este ejemplo nos sirve para certificar, que en
muchas ocasiones, “aquellos fenómenos que creemos como imposibles e impenetrables
para la ciencia, paradójicamente, siempre tienen una explicación científica”.
Se entiende de igual modo que existe un numero infinito de dimensiones,
y que muy probablemente algunas de ellas sean más aptas que otras para albergar
vida y criaturas inteligentes… y sin embargo es necesario entender previamente
que el concepto dimensional está relacionado básicamente con el “nivel
vibratorio de la materia”: Es decir, cuando hablamos de espacios en
tres dimensiones, la energía se densifica principalmente en materia y por el
contrario, a dimensiones más elevadas, dicha
energía prevalece sobre la materia, haciéndose invisible a nuestros ojos.
Imaginemos por ejemplo unos seres formados por ondas de radio: Estos seres podrían
atravesar paredes, incluso utilizar simultáneamente el mismo espacio que
nosotros sin que ni siquiera nos percatemos de ello. Obviamente, y al hilo de
este argumento, el concepto de mundos paralelos cobra total validez… y nos
serviría además para explicar el siguiente caso recogido en el libro La
granja humana, de Salvador Freixedo, en el cual los
extraterrestres muestran un dominio elevado sobre el mundo dimensional.
Puntualizar igualmente, que dentro de un espacio
autocontenido, la figura de la Suprema Fuerza Creadora, Dios tal como
se denomina en muchas religiones, se intuiría como una Entidad
que abarcaría todo el espectro vibratorio, todas las dimensiones hasta el
infinito de posibilidades; una cualidad que evidentemente lo haría omnisciente
(saber todo, conocer todo, conocimiento absoluto) y omnipresente (presente en
todas las partes al mismo tiempo). En ese espacio, o realidad si pudiera
definirse de algún modo, evolucionarían múltiples criaturas buscando una
comprensión mayor, el conocimiento absoluto que les llevaría inevitablemente
hacia dicha Suprema Fuerza Creadora; buscando finalmente su integración en Ella.
Antes del relato propiamente dicho, he incluido unas pocas líneas
recogidas del libro Los grandes
contactados, de Manuel Navas Arcos, donde un
extraterrestre explica a Pablo R. algunos conceptos que bien
pudieran escaparse de nuestra compresión respecto a cómo los seres humanos
entendemos por trasladarnos desde el punto A al B, es decir, desplazarnos
recorriendo una distancia, y aquello otro que las civilizaciones estelares
describen para sus viajes a través de la Galaxia, es decir, “situarse
en un punto, modificando el espacio-tiempo y distorsionando ciertas dimensiones
para tal fin”…
LAS DIMENSIONES CUÁNTICAS Y LOS SERES METAMÓRFICOS
………………………………………………………….
(Del libro Los grandes contactados, de Manuel
Navas Arcos)
(Fecha 5 de Julio de 1978, a las 2:30 de la madrugada: Pablo
R. circula por una carretera secundaria en la provincia de Alicante,
España. Tras un montículo, en una curva cerrada, ve como desciende
una gran luminosidad, un OVNI. Poco después, Pablo R.
entabla conversación con uno de los tripulantes, que le explica lo siguiente:
VELOCIDAD, DISTANCIA.
-Ustedes no conocen
mi planeta, dijo. Está en una zona de oscuridad que no captan sus telescopios
ni sus receptores de radiaciones de microondas.
-¿Están a mucha
distancia de la Tierra?
-Para su concepto de
distancias, sí. Sus más veloces astronaves tardarían cientos de años en llegar
allí.
-¿Viajan ustedes a
velocidades superiores a la luz?
-No se trata de
velocidad. Ni tampoco de distancias. Es un concepto incomprensible para la física
que ustedes conocen y tardarán aún bastante en descubrirlo. Con los
conocimientos actuales de la ciencia no pueden ni siquiera entenderlo. Nosotros
vivimos en una concepción totalmente distinta, para la que no sirven los
parámetros de la Tierra en cuanto al tiempo y espacio.
…………………………………………………………..
Del libro La granja humana, de Salvador
Freixedo
EL JUGUETE IMPOSIBLE
Narraré este caso tal como me lo contó el mismo testigo, que
únicamente me dio permiso para hacerlo tras muchas vacilaciones y con la
condición estricta de que omitiese todos los detalles que pudiesen llevar a
alguien a su identificación.
Hace unos años, hechos como éste eran los que hacían perder
credibilidad al fenómeno OVNI y desanimaban a los investigadores
que se consideraban a sí mismos «científicos». Sin embargo hoy, después de 30
años largos, los investigadores más despiertos, y en cierta manera la opinión
pública, están ya más preparados para aceptar este aspecto paranormal del
fenómeno, lo mismo que se van convenciendo de sus muchos aspectos parafísicos
que tanto intrigan y hasta malhumoran a los conocedores de las ciencias
físicas.
Omitiré por lo tanto nombres y ubicaciones, tal como me lo
pidió el contacto, quien bastante ha tenido ya que sufrir con haber sido
testigo mudo por tantos años de hechos tan alucinantes e «imposibles».
Hace algo más de 45 años, cuando nuestro testigo (al que en
adelante llamaremos Julio) tenía menos de 10 años de edad, vio
encima de sí, en una región en la que siempre ha existido una gran actividad
ovnística, algo que flotaba en el aire como a unos 20 metros de altura. Por
supuesto que él no tenía idea de lo que era aquello, pues nunca en su vida
había oído hablar de semejante cosa, pero su ingenuidad de niño campesino,
junto con la natural curiosidad de su edad, lo impulsaron a interesarse por
averiguar qué era aquella cosa extraña que flotaba en el aire.
En vez de huir o asustarse se dedicó a observar. Al cabo de un rato sintió que de arriba lo
alzaban y en pocos instantes se vio dentro de una habitación circular, con una
luz «que no era como la del Sol» y
rodeado de objetos y cosas que no sólo no le eran familiares, sino que eran
totalmente distintas de todo lo que él había visto hasta entonces.
Aún no había salido de su asombro cuando vio una niña como
de unos seis años que vino hacia él muy sonriente y en ademán de jugar y
efectivamente en seguida empezó a enseñarle todos los juguetes que ella tenía
en aquella casa tan rara.
Julio observaba todo con mucha atención, y aunque se daba
cuenta de que estaba viendo cosas que nada tenían en común con lo que él había
visto hasta entonces, en la humilde casa de sus padres o en cualquier otro
sitio, no estaba atemorizado y sí genuinamente interesado en todo lo que le
estaban enseñando. La niña siguió mostrándole sus juguetes hasta que llegó a
uno que será el objeto central de este caso.
El juguete era una
caja pequeña de unos 20 X 20 X 10 cm y no tenía nada por fuera que indicase sus
enormes potencialidades.
La niña ponía sus
pequeñas manos sobre ella y en seguida se empezaba a formar en la parte
superior de la caja una especie de vapor hecho de muchas luces, que giraba
vertiginosamente, hasta que casi de repente aparecía ante ellos una criatura
pequeña, humanoide, como de un metro de altura y una inteligencia semejante a
la de un mono. No hablaba y parecía estar muy extrañada del lugar en que se
encontraba de repente, como si la hubiesen traído allí contra su voluntad.
La niña era capaz de
sacar de la caja cuantas criaturas quería, todas semejantes a la primera, y
todas le obedecían sin chistar incluso cuando las volvía a meter, haciéndolas
desaparecer dentro de la caja de la misma manera misteriosa como las había sacado.
Primero las convertía
en una especie de vapor, que repentinamente se precipitaba por una pequeña
rendija hacia dentro. Digo que las hacía desaparecer dentro de la caja porque
las criaturas evidentemente no cabían dentro, aunque hubiese habido una sola. Daba
más bien la impresión de que se desmaterializaban.
Julio pasó un gran rato allá dentro conversando con la niña
y viendo las muchas cosas que ella le enseñó, hasta que llegó la hora de irse.
Entonces la niña le dijo si quería quedarse con la caja, porque él había
mostrado mucho entusiasmo cuando la veía sacar de ella con tanta facilidad
aquellos «monitos». Sin pensarlo mucho le dijo que sí y ella se
la dio.
Lo bajaron de la misma manera que lo habían subido, y he
aquí a Julio poseedor de algo que desde aquel momento se iba a convertir en el
centro y en la preocupación de toda su vida. Naturalmente guardó con gran celo
su misteriosa caja y hasta la escondió de miradas demasiado inquisidoras, pero
no hizo de ello un secreto inviolable. Gozaba mucho mostrándosela a escondidas
a sus amiguitos y recuerda que hacía una especie de pequeño circo (para cuya
entrada cobraba un centavo) en el que sacaba alguna de aquellas criaturas de la
caja ante el asombro de sus pequeños compañeros de escuela. Las personas
mayores nunca asistían a aquellas «fantasías» de muchachos y hacían en pequeño
lo que la sociedad hace en grande: si alguno de sus hijos les contaba lo que
había visto, simplemente lo achacaban a «imaginaciones de niños».
Pero sucedió algo
inesperado. La niña le había explicado bien a Julio cómo tenía que hacer para
volver a meter los «monitos» dentro de la caja, pero Julio, a pesar de que lo
intentaba no lo lograba. Las criaturas, en cuanto salían de su asombro inicial,
se quedaban durante un tiempo al lado de la caja, como esperando las órdenes de
Julio, pero dando muestras de un gran nerviosismo. Más tarde, cuando
éste intentaba volverlas a meter y no lo lograba, repentinamente se iban, a una
velocidad vertiginosa, y se perdían entre la maleza.
Estas criaturas se convirtieron bien pronto en una
pesadumbre para Julio, porque lejos de desaparecer comenzaron a
molestarlo y a amargarle la vida. Primeramente cuando él, mediante la
imposición de las manos sobre la caja las hacía salir de dentro, las criaturas
no salían de una manera tan fácil y natural como lo hacían con la niña, sino
que, por el contrario, cuando se
materializaban delante de sus ojos, se mostraban contrariadísimas como si
hubiesen sido traídas a la fuerza de otro sitio y comenzaban a mirar a todas
partes y a dar señales de gran intranquilidad buscando por dónde huir, y de
hecho lo hacían en cuestión de segundos, con unos movimientos eléctricos, sin
que se dejasen agarrar ni tocar de nadie. Más bien se mostraban hostiles a la
gente, aunque la gente mayor parecía no verlos. Sin embargo, los niños y
los animales, sobre todo los perros, los veían muy bien y huían a toda
velocidad ante ellos.
Al cabo de un tiempo estas criaturas comenzaron a acercarse
a la casa de Julio y a todas horas merodeaban por los
alrededores. A veces se acercaban a él (la única persona con la que hacían
esto) y hasta llegaban a tocarle, mostrando muy poco respeto por él: hasta se
atrevían a hacerle bromas muy rudimentarias y de mal gusto.
Durante años, cuando
Julio iba de un lado a otro por el campo, ellos lo acompañaban, aunque siempre a
cierta distancia. La gente no los veía pero, como dije, los animales sí, y se
alejaban en seguida cuando ellos se acercaban, dando señales de gran miedo o
inquietud.
Julio no sabía qué hacer, y esto a lo largo de los años se
ha convertido en un calvario para él, pudiendo decirse que ha marcado
fatídicamente toda su vida.
En la actualidad él ya no tiene la caja consigo; la arrojó
al mar amarrada a una piedra, muy lejos de la orilla, porque parece que lo que
atraía a las criaturas era la caja y de hecho hace tiempo que éstas ya no lo
visitan.
En un determinado momento de nuestra larga conversación —
aunque posteriormente lo he visitado más veces— me dijo Julio con acento
apesadumbrado: «Créame, lo que yo
quisiera es morirme.» A mi pregunta de por qué, me contestó, siempre con el
acento de un hombre que lleva encima de sí un gran peso o una gran
preocupación: «Ya no quiero ver más
cosas extrañas. Lo que quiero es descansar.»
Todo esto me dejó con muchos interrogantes en la cabeza. En
realidad, me dio la impresión de que aún tenía más cosas que decir, que se
reservaba, y que ellas eran las que le causaban todo ese cansancio de vivir.
Él relaciona estas criaturas con ciertas desgracias que han
sucedido por aquella región y cree que son capaces de hacer mucho mal y que de
hecho lo hacen algunas veces. Según parece, en la actualidad merodean cerca de
un lugar en la montaña, en donde por un tiempo tuvo escondida la caja, y es
peligroso para la gente acercarse por allí. Me mencionó en concreto varias
muertes que él creía habían sido causadas por ellos.
Aunque hace ya bastantes años que hizo salir a la última
criatura de la caja, da la impresión de que está preocupado y apesadumbrado por
las más de cien que hizo salir y que ahora pueden convertirse en una amenaza pública.
Me pareció que se sentía culpable de
haberlas traído a este mundo, pues se ve que las criaturas son forzadas a venir
a un sitio en donde se sienten fuera de su ambiente y están como penando, sin
encontrar cómo volver a su mundo, y él tampoco puede hacer nada.
Éstas no son las únicas aventuras de Julio como contactado
del más allá. Aparte de estos seres misteriosos Julio ha estado en varias
ocasiones en contacto con naves de otros mundos y con sus tripulaciones. Pero
sobre todo me contó algo que es de un gran interés para la temática general de
este libro y que veremos aflorar de nuevo en capítulos posteriores.
Para los desconocedores del tema y para los incrédulos
sistemáticos es algo que resta credibilidad a todo este asunto, pero para los
que hace años andamos en esto, es algo que, por el contrario, la acrecienta.
![]() |
Recreación del incidente de Vilas Boas FUENTE: https://loinexplicado.com/extraterrestres/abducciones-extraterrestres-el-caso-villas-boas/ |
Julio me contó con
gran reserva que en dos ocasiones ha sido forzado a tener actos sexuales con
mujeres extrañas, que aunque se parecían mucho a las humanas, no eran sin
embargo exactamente como ellas. Uno de estos incidentes que se produjo en lo
alto de una montaña, tiene algún parecido con el caso clásico de Vilas Boas, en
Brasil, aunque en el caso de Julio todo sucedió fuera y no dentro del OVNI.
El lector podrá pensar que todo esto son fantasías, pero
Julio tiene testigos, si no para probar que todos los detalles de lo que dice
son absolutamente ciertos, sí para atestiguar que los OVNIS pasan
a escasos metros del techo de su casa cuando él dice que van a pasar y algunos
otros hechos extraños. Su mujer y dos de sus hijas así me lo atestiguaron y me
describieron cómo era el objeto que pasó a cámara lenta a muy pocos metros de
la azotea de su casa. Otros vecinos pueden atestiguar lo mismo.
En cuanto a los «muñecos» de la caja, todavía queda algún
sesentón que se acuerda de ellos. Dos años más tarde de haber recibido estas
confidencias de Julio consulté mi libreta de notas, donde tenía apuntados los
datos concretos que él me había dado.
Allí estaba el nombre
de uno de sus amigos de la infancia que había visto en varias ocasiones cómo él
sacaba aquellas criaturas de la caja. Julio sabía que vivía
en un barrio específico de una ciudad distante como unos sesenta kilómetros, y
me dio un detalle concreto por el que se podía localizar. Me dijo que él había
perdido todo contacto con esta persona desde hacía muchos años, pero yo me
decidí a buscarlo y corroborar así tan extraña historia.
Me tomó casi un día entero dar con el, pero por fin lo
encontré.
Le hablé de su infancia, de su pueblo natal y de Julio. En
cuanto se lo nombré y le pregunté si recordaba el circo que montaba, sonrió y
moviendo la cabeza con un ademán de incredulidad dijo rotundamente:
—Aquel cabrón no sé
cómo lo hacía.
—Pero ¿qué hacía? —dije yo.
—Tenía una caja de
zapatos de la que sacaba unos monos, que la primera vez que los vi delante de
mí, dispensando, me lo hice por los pantalones.
—¿Y se acuerda cómo eran?
—Mire usted. Yo era
muy niño. Y me fui muy pronto de aquel pueblo. De eso hace como 50 años y
apenas si me acuerdo. De lo que sí me acuerdo es que yo los vi en sólo dos
ocasiones, y me dieron tal miedo que por la noche soñaba con ellos y me
despertaba llorando y me iba corriendo a la cama de mis padres. Y como esto
pasó varías veces ellos me prohibieron andar con Julio.
—Pero ¿cómo eran aquellos monos? —insistía yo.
—No recuerdo bien.
Casi no me atrevía a mirarlos. Eran tan altos como yo y feísimos, con unas
orejas en punta. Y se movían a una velocidad que a veces desaparecían de la
vista. Era como si fuesen eléctricos.
—¿Y qué pasaba con ellos?
—Pues no sé decirle.
—¿Y cómo los podía sacar de una caja de zapatos, si eran tan
altos como usted?
—Eso me pregunté
después muchas veces. Entonces era tan pequeño que no me lo cuestionaba, aparte
del mucho miedo que les tenía. En cambio había otros muchachos algo mayores que
le decían que se sacase más. Aunque tampoco debía de parecerles raro lo que
hacía.
Apenas si le pude sacar más datos. Pero lo que me contó fue
suficiente para convencerme que lo que Julio me había narrado no
eran invenciones suyas.
Posteriormente, después de haber escrito las líneas
anteriores y en el mismo país en que reside Julio, he entrado en
contacto directo y asiduo con una persona, gran investigador de estos
fenómenos, que me ha corroborado en muchísimos detalles muchas de las cosas que
Julio me ha contado, con la particularidad de que esta persona no conoce a
Julio ni tiene noticia alguna de las cosas que le han sucedido. Esta persona, cuya casa está bastante
aislada en la montaña, ha visto en muchas ocasiones a unos extraños seres que
en líneas generales coinciden con los de Julio; y no sólo los ha visto, sino
que ha empezado a tener alguna relación con ellos, a pesar de que le he
advertido que a la larga es peligroso para los humanos relacionarse con este
tipo de criaturas (1).
1.Después de escritas estas líneas me he vuelto a comunicar
con esa persona, precisamente para saber cómo le iba en su relación con dichas
criaturas. Me ha dicho que tuvo que mudarse de aquella casa, porque en cuanto
estaba solo en ella, aparecían las criaturas y lo asediaban de tal manera que
llegó a cogerles miedo.
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