Buscar este blog

domingo, 4 de agosto de 2019

El pueblo que desapareció: Las chozas rodeadas por la nieve estaban recluidas en el silencio, y no salía humo de ninguna chimenea... (Secuestrados por extraterrestres)

El pueblo que desapareció: Las chozas rodeadas por la nieve estaban recluidas en el silencio, y no salía huno de ninguna chimenea... (Secuestrados por extraterrestres)




¿Están relacionados los extraterrestres con la desaparición de seres humanos? Obviamente, la respuesta es afirmativa. En esta ocasión he traído unos hechos que me han llamado poderosamente la atención, acontecimientos ocurridos en 1930 donde una población numerosa de esquimales “literalmente se difumino de la faz de la Tierra”. Las autoridades canadienses no hallaron una explicación “lógica”, si bien es cierto que por aquellas fechas los mandatarios, ni la población en general, tenían en sus mentes el concepto necesario respecto a los seres extraterrestres, nociones que pudieran ayudarles a comprender acontecimientos como el ocurrido en aquel poblado esquimal.


  
“La historia fue publicada en tres periódicos canadienses en noviembre de 1930: primero en “Le Pas Manitoba” y “Bee Danville” y unos días después en el más sensacionalista, el “Halifax Herald”, que incluía un impactante reportaje a Labelle:



Nada más llegar me di cuenta de que algo ocurría […] Platos medio cocinados, se habían visto sorprendidos en mitad de la cena. En cada cabaña, me encontré con un rifle apoyado junto a la puerta y los inuit no van a ninguna parte sin su arma…

Luego la agencia de noticias Newspaper Association se encargó de difundir por toda América del Norte el evento, promocionado como el más grande misterio sin resolver investigado por la Policía Montada.



Casi 30 años más tarde, en 1959, el caso se hizo mundialmente famoso gracias al ufólogo Frank Edwards, al incluirlo en su libro “Más Extraño Que La Ciencia”. Gracias a él, esta historia ha llegado hasta nuestros días, de forma más o menos completa y fidedigna. Hasta que se reabrió la polémica con el crecimiento del uso de las tecnologías de información. Recientemente en la web de la Policía Montada de Canadá, se desmentía rotundamente lo escrito por Edwards, acusándolo de inventar toda la historia y negando que tal evento se haya producido nunca”.

Frank Edwards



Tampoco existía en el periodo de entreguerras información en los medios de comunicación (radio y prensa) que diese indicios a los investigadores “respecto a naves extraterrestres” surcando los cielos, ya que la moderna ufología se inició el 24 de junio de 1947, cuando Kennett Arnold, volando en su avioneta, avisto sobre el Mount Rainer (Washington) nueve “platillos volantes”.

Ciertamente estamos frente a hechos alarmantes, ignorados por la gran mayoría de la población ya que el poder establecido, los mandatarios mundiales; tal vez incapaces de proteger a quienes administran, prefieren ocultar esta realidad: secuestros de seres humanos por alguna de las “razas negativas” que interactúan en la Tierra (hasta la fecha los investigadores del fenómeno extraterrestre han contabilizado en total más de 70 civilizaciones distintas que visitan nuestro planeta ); si bien es cierto que no todos los seres de otros mundos realizarían actividades negativas contra los seres humanos.

He aquí el relato.

…………………………………………………………………………………..   



Del libro OVNI ¿Quimera o realidad?


La policía todavía está tratando de descubrir la causa por la que un pueblo entero de mil doscientos habitantes e incluso los muertos de sus tumbas, se desvanecieron sin dejar ningún rastro, en la oscuridad de un invierno boreal. El misterio comenzó en 1930, cuando el cazador Arnand Laurent y sus dos hijos vieron un extraño destello que cruzaba el cielo septentrional del Canadá. Laurent declaró que la luz cambiaba de forma por momentos, de modo que en un instante era cilíndrica y al siguiente parecía una bala enorme



Lago Anjikuni
Pocos días después, un par de miembros de la policía montada que iban camino del lago Anjikuni se detuvo en la cabaña de Laurent en busca de un abrigo. Uno de ellos explicó que en el lago había “algo así como un problema”. El policía preguntó al confundido Laurent si la luz que había visto se dirigía hacia el lago y éste le respondió afirmativamente

El policía movió la cabeza sin más comentarios, durante los años siguientes los Laurent no volvieron a ser interrogados. Ese fue un descuido comprensible pues la Real Policía Montada de Canadá ya estaba ocupada en esa época con el caso más extraño de su historia ...
Cuando otro cazador, llamado Joe Labelle, marchaba con sus raquetas de nieve hacia el pueblo junto al lago Anjikuni, se sintió agobiado por una extraña sensación de pavor. Normalmente. aquel era un ruidoso núcleo rural de mil doscientas personas y ese día, Joe hubiera esperado oír a los perros de los trineos que ladraban para darle su habitual bienvenida. Pero las chozas rodeadas por la nieve estaban recluidas en el silencio, y no salía huno de ninguna chimenea.

Al pasar por la orilla del lago Anjikuni, el cazador vio que los botes y los kayaks todavía se hallaban amarrados a la orilla. Sin embargo, cuando fue de puerta en puerta, solamente encontró una soledad misteriosa. Aún estaban apoyados en las puertas los apreciados rifles de los hombres. Ningún viajero esquimal dejaría jamás su rifle en casa.
Dentro de las cabañas, las ollas de caribú guisado estaban mohosas sobre los fuegos apagados hacía mucho tiempo. Sobre un camastro había un anorak remendado a medias y dos agujas de hueso junto a él.
Pero Labelle no encontró cuerpos, ni vivos ni muertos, ni tampoco señales de violencia. En algún, momento de un día normal -cerca del almuerzo según parecía- se produjo una repentina interrupción en el trabajo diario, pero lo que la vida y el tiempo parecían haberse detenido en seco.


 Joe Labelle fue a la oficina de telégrafos y transmitió su informe al Cuartel General de la Real Policía Montada de Canadá. Todos los oficiales disponibles fueron enviados a la zona de Anjikuní. Al cabo de unas pocas horas de búsqueda, los policías montados dieron con los perros de los trineos perdidos. Estaban atados a los árboles cerca del pueblo y sus cuerpos se hallaban bajo una sólida capa de nieve. Habían muerto de hambre y de frío.

En lo que fuera el cementerio de Anjikuni, se produjo otro descubrimiento escalofriante. Ahora, era un lugar de grandes tumbas abiertas, de las cuales, bajo una temperatura glacial, alguien se había llevado los cadáveres.
No se veían huellas fuera del pueblo, ni tampoco posibles medios de transporte por los cuales la gente pudiera haber huido. Sin poder creer que mil doscientas personas pudieran desvanecerse de la faz de la tierra, la Real Policía Montada de Canadá amplió su búsqueda. Con el tiempo, la investigación cubría todo el Canadá y continuaría durante años. Pero más de medio siglo después, el caso sigue sin solución.



¿Podrían los OVNI ser también responsables de otros casos de desapariciones a través de los años? En 1924, dos experimentados píloros de la Real Fuerza Aérea británica (R.A.F.), llamados Stewart y Day, se estrellaron en el desierto iraquí durante un vuelo corto de rutina. Como no regresaban. se enviaron en su busca partidas de rescate. Pronto encontraron el avión, y las pisadas que se alejaban de él demostraba que los hombres habían partido a pie en dirección a alguna parte. Pero después de una breve distancia, las pisadas se detenían. No había señales de escaramuza, ni otras huellas en la arena, ni ninguna marca de algún tipo. Las huellas de los hombres se detenían de repente, con un pie delante del otro, indicando que caminaban normalmente cuando ocurrió algo. Nunca más volvió a verse a ninguno de los dos


En 1900, tres fornidos pescadores partieron de Lewis hacia las Hébridas Exteriores para relevar a tres guardafaros de las Islas Flannan. Una vez allí, no encontraron nada extraño. No había señales de daño ni de accidente, ni desorden, ni indicios de pánico ni botes que faltaran, ni pérdida de combustible, ni mensajes; pero tampoco encontraron a los hombres. Los tres guardadafaros simplemente se habían desvanecido de la faz de la tierra.

En 1909, Oliver Thomas, un niño de once años, salía de una fiesta de Nochebuena de su casa de Rhayader, cuando desapareció para siempre. Los invitados de la fiesta, al oír un grito repentino que parecía venir del cielo, se precipitaron fuera pero no vieron nada.

……………………………………………………………………………………


Del libro La amenaza extraterrestre, de Salvador Freixedo

¿ACARREADOS?

A mediados de la década de los 70, según los rumores que corrían, los ovninautas estaban en plena tarea de transportar gente a alguna parte. Los ingenuos que todavía ven en la mayoría de los extraterrestres a los «buenos hermanos del espacio» se resisten ante semejante idea. Pero oiga el lector estos datos:



 El día 13 de junio de 1977, en el «camping» de Tauranga, en la isla del norte de Nueva Zelanda, más de 200 personas que se hallaban allí acampadas desaparecieron misteriosamente, dejando aparcados sus autos y todas sus pertenencias. No quedó absolutamente nadie para contar lo que le había pasado a toda aquella multitud.

El día 14 de junio, un día después de esta masiva desaparición, 76 jóvenes que iban en excursión en dos autocares desaparecieron de la misma misteriosa manera. Viajaban por el Estado de Wyoming (EEUU). Los dos autocares aparecieron intactos aparcados a un lado de un camino apartado. Intactos pero vacíos y con todas las pertenencias de sus ocupantes. No se volvió a saber de ellos.

Y, ¡oh casualidad!, el mismo día 14 de junio, el buque «Amelio», que navegaba de Barcelona a Túnez con 165 pasajeros, en un mar totalmente en calma, desapareció sin dejar rastro. Lo vieron entrar cerca de las Baleares en un banco de niebla no muy extenso, pero nunca lo vieron salir. Y en los abundantes rastreos que se hicieron a poco de la desaparición, ni una tabla que indicase el posible hundimiento de la nave. El mar en calma se la había tragado junto a 165 seres humanos... ¿o no fue el mar? Lo cierto es que en dos días habían desaparecido de la superficie del planeta 440 personas.


Desgraciadamente, del caso siguiente no podré dar a los lectores cifras y fechas concretas y hasta fotografías que les hubiese podido suministrar, si una mano aleve no hubiese destruido mis archivos hace tres años. En ellos estaban todos los detalles de un caso de «reclutamiento» de seres humanos para ser trasladados a otro planeta. Pero por encontrarme yo entonces en California, cerca de donde sucedieron los hechos y por haberlos investigado inmediatamente por mi cuenta, puedo todavía aportar algunos datos interesantes.
Fue hacia 1977 ó 78 cuando por el Estado de Oregón apareció una pareja muy extraña que buscaba voluntarios para ser trasladados a otro planeta. El varón se hacía llamar simplemente «He» (él) y su compañera «She» (ella). Eran altos, de ojos claros y de un mirar profundo. En sus charlas, de un hablar susurrante, mezclaban una jerga ecológica y cósmica con principios de la más rabiosa mística hindú. Daban la impresión de carecer por completo de sentido del humor, y eran de una seriedad impresionante. Su poder de convicción era enorme, porque aun pidiendo voluntarios para empresa tan descabellada, en pocos días consiguieron alrededor de 100 personas dispuestas a abandonarlo todo dejando atrás familias y bienes económicos.
Se señaló un día para la marcha hacia el desconocido lugar en donde serían preparados para el gran viaje. Algunas de las parejas apuntadas entregaron sus pequeños hijos a los parientes más próximos, y llegado el día, partieron con «El» hacia un destino desconocido.

Naturalmente, el revuelo que se formó fue enorme y las autoridades tuvieron que tomar cartas en el asunto ante las muchas denuncias de niños abandonados. Al cabo de más de un mes de haber desaparecido de Oregón, se tuvo noticias de ellos en un apartado lugar del Estado de Colorado a 2.000 kilómetros de distancia. Allí parece que estuvieron acampados varios días, aunque del grupo faltaban ya bastantes. Algunos volvieron a sus hogares al cabo de un tiempo, pero de muchos otros no se volvió a saber. Finalmente, todo el asunto fue cayendo en el olvido, como sucede con tantos casos extraños.

Las noticias de desapariciones misteriosas de adultos saltan con cierta frecuencia a las páginas de los periódicos. La gente las lee con cierta curiosidad, pero ante la avalancha de noticias raras que nuestra desquiciada sociedad produce todos los días, pronto caen en el olvido.
Es cierto que hay muchas razones, puramente terráqueas, para que una persona desaparezca sin dejar rastro, o falte de su domicilio aun sin haber ninguna razón aparente, pero en muchos casos, tras una buena investigación, se llega a la conclusión de que en la desaparición de determinada persona intervinieron causas extrañas.

A veces los periodistas no tienen reparo en relacionarlas con extraterrestres, como en este artículo de Henry Weber, aparecido en el «Star» el 7 de mayo de 1988:
«Los alienígenas raptan cada año a unas 10.000 personas, y la cosa se está poniendo peor a medida que ellos necesitan más gente para sus trabajos.»
«Esto es lo que dice el doctor Atlee Spoor, que añade que en un principio los extraterrestres echaban mano de los descarriados y transeúntes, pero que ahora se llevan a la gente de cuello blanco y de clase media.».
«No quiero ser un profeta de calamidades, pero preveo el día en que toda la raza humana va a estar en peligro», les dijo el experto de Ámsterdam a los periodistas. «Cada año se desaparecen unas 10.000 personas para hacer avanzar la economía de una civilización extraterrestre.»
«El doctor Spoor basa sus cálculos en el estudio de miles de personas desaparecidas, tal como figuran en los archivos de la policía europea, y lo que es muy extraño, un 18 por 100 de estas personas dijeron que habían visto un OVNI o un extraterrestre poco antes de desaparecer. La implicación obvia es que fueron seguidos primeramente y luego raptados por ellos». Y añadía que en el último año «hemos visto que la mayoría de los desaparecidos pertenecían a las clases media y alta, lo cual nos indica que los alienígenas necesitan ahora esclavos para que les desempeñen labores de oficina».

«El experto en OVNIS suizo Hugo Jenzer aplaudió las declaraciones del doctor Spoor diciendo que es algo que no se puede tener por más tiempo en silencio. Y añadió que la Unión Soviética conoce muy bien esto que está pasando y publicó un breve informe en 1984 sobre todo ello.»
Efectivamente, si se publicasen convenientemente todas las noticias referentes a esto y no hubiese una tendencia a ocultarlas o disminuirlas por no alarmar a la gente o por no dar la impresión de sensacionalismo, nos quedaríamos pasmados de la cantidad de gente que se esfuma sin dejar rastro. En muchos casos, incluso los familiares de los desaparecidos no quieren que se hable del caso, por considerarlo de alguna manera humillante.
Aparte de esto, el lector también recordará el capítulo «Juegos de los OVNIS con los aviones», en el que narro casos de desaparición de aviones comerciales con todos sus pasajeros. A lo que habría que añadir las salpicadas pero constantes desapariciones de barcos con todo su pasaje y otras esporádicas pero masivas, tales como las que se dieron con gran abundancia en Australia durante el mes de septiembre de 1977. Las cifras totales de adultos desaparecidos sin causa en todo el mundo son impresionantes.


domingo, 21 de abril de 2019

¿Por qué no se manifiestan públicamente los extraterrestres?


¿Por qué no se manifiestan públicamente los extraterrestres?



¿Por qué no se manifiestan públicamente los extraterrestres? ¿Por qué ninguna de sus naves se sitúa sobre un estadio lleno de gente, y de este modo podríamos fotografiar sus ingenios tecnológicos? ¿Por qué ninguna delegación extraterrestre llega hasta la ONU para ese esperado contacto oficial?... ¿Realmente han llegado los extraterrestres a la Tierra? Sin duda las preguntas se agolpan rápidamente y las respuestas, estoy convencido, las hallaremos si aplicamos una lógica “no humana”, evidentemente.



En los tiempos que corren, una gran parte de la población terrestre siente cierta fascinación por aquello relacionado con la popularidad, “ser famoso”, el exhibicionismo en suma; nuestra psique, alimentada por los medios de comunicación, nos lleva a pensar que si nosotros mismos no somos famosos, si no nos mostramos frente al resto, si no aparecemos en televisión, … sin esta condición, no somos realmente nadie importantes para los demás. Aplicando esta misma premisa, pensamos, tal vez inconscientemente, que los viajeros estelares, los extraterrestres, aplicaran esa misma condición: Llegar a un planeta, la Tierra por ejemplo, y mostrar todo su potencial tecnológico; y acto seguido, tomar posesión de todos los recursos naturales, sometiendo a sus habitantes primitivos; dominarlos y esclavizarlos (Como muchas películas tipo Independence Day, nos quieren hacer creer).


Hasta la fecha de hoy, se han reportado infinidad de avistamientos de OVNIS, naves extraterrestres surcando los cielos; pilotos civiles y militares han dado prueba de ello, incluso se han enfrentado a sus naves con trágicas consecuencias, tal como le ocurrió al capitán Thomas Mantell el 7 de enero de 1948, cuando su caza se estrelló después de perseguir a un platillo volante. En Internet existen infinidad de grabaciones y fotografías de naves extraterrestres, por lo cual debemos partir de la premisa de queefectivamente, los extraterrestres visitan la Tierra en la actualidad y están ahí por mucho que las autoridades lo nieguen”.

Capitán Thomas Mantell
A mi personalmente, siempre me ha llamado la atención la posición que toma el mundo académico y científico frente este gran desafío. Por ejemplo, el físico Enrico Fermi, en 1950, durante una conversación informal, dando por hecho la existencia de miles de civilizaciones extraterrestres… se preguntó ¿porque no hay evidencia de ellas?, dando origen a la "famosa paradoja"*. Tal vez el señor Fermi estaba poco informado, o quizás se tomó pocas molestias de observar el cielo, pues ya por aquel entonces, las naves extraterrestres surcaban los cielos, tal como la flotilla de OVNIS fotografiada el 19 de julio de 1952 sobre el Capitolio de EE. UU.


Flotilla de OVNIS sobre el Capitolio, julio de 1952
*La paradoja de Fermi es la aparente contradicción que hay entre las estimaciones que afirman que hay una alta probabilidad de que existan otras civilizaciones inteligentes en el universo observable, y la ausencia de evidencia de dichas civilizaciones. Surgió en 1950 en medio de una conversación informal del físico Enrico Fermi con otros físicos del laboratorio, pero ha tenido importantes implicaciones en los proyectos de búsquedas de señales de civilizaciones extraterrestres (SETI).

La paradoja puede resumirse de la manera siguiente: La creencia común de que el Universo posee numerosas civilizaciones avanzadas tecnológicamente, combinada con nuestras observaciones que sugieren todo lo contrario es paradójica sugiriendo que nuestro conocimiento o nuestras observaciones son defectuosas o incompletas.

El físico Enrico Fermi

Colonización extraterrestre

Los seguidores del principio de Fermi dicen que, dado lo que sabemos por la habilidad de la vida para sobreponerse a la adversidad y colonizar nuevos hábitats en nuestro propio planeta, podemos asumir razonablemente que la vida en otros lugares sigue los mismos principios. Si se da esto, los seguidores del principio de Fermi postulan que cualquier civilización avanzada casi con certeza buscará nuevos recursos y colonizará primero su propio sistema solar, y después los sistemas solares circundantes. Algunos escritores han tratado de estimar el tiempo que tardaría una civilización tal en colonizar la galaxia entera. Han determinado que se tardaría entre 5 y 50 millones de años en lograr este objetivo en gran escala.2​ Un tiempo relativamente pequeño a escala geológica; más aún, a escala cosmológica. (FUENTE: Wikipedia    https://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_de_Fermi)

Obviamente, si damos por hecho que los extraterrestres están aquí y ahora en la Tierra y  no se manifiestan públicamente, lógicamente deben tener poderosas y muy buenas razones para no hacerlo, entre otras, una Ley Universal aplicable a todas las civilizaciones extraterrestres mas desarrolladas: No inferir en el libre albedrío de las menos avanzadas, ya que se entendería que romper la libertad, equivale a amputar la evolución necesaria hacia estadios superiores.

En esta ocasión, he traído un fragmento del libro Extraterrestres y Religión, de Salvador Freixedo, donde bajo mi punto de vista, se aproxima bastante a las “razones objetivas” que los extraterrestres aplicarían a nuestro planeta para no tomar ese esperado contacto oficial; pese a la impaciencia que muchos habitantes de la Tierra muestren, incluso frente a la frustración de algunos de ellos que no entenderían esa negativa persistente, ya que todos intuimos como los extraterrestres y su ciencia acabarían ciertamente con muchas de las enfermedades que asolan a los seres humanos. Sin embargo, una evolución, tanto individual como colectiva, requiere de un "tiempo de transito" en el cual desterremos definitivamente las guerras y desigualdades que nos asolan a nivel planetario, así como los egoísmos y el ansia de poder instaladas en una gran parte de la población, hechos que perversamente llevan a destrozar sistemáticamente el ecosistema natural de nuestro planeta azul.




¿POR QUE NO SE MANIFIESTAN?

Quisiéramos, ante todo, dejar clara la realidad del fenómeno «OVNI». Sin esta convicción el lector no sólo perdería su tiempo leyendo este libro, sino que se quedaría al margen de unos horizontes maravillosos. Por ello, quisiéramos tratar en este capítulo de una de las objeciones más fuertes y frecuentes que hay contra la existencia de los «OVNIS». La objeción más positiva y directa contra su realidad, es decir, que no existen y que son pura imaginación, creemos que es más fácil de ser vencida en cuanto se tenga un poco la mente libre de prejuicios y se tome uno el trabajo de informarse seriamente acerca de los miles de casos investigados más allá de toda duda posible.
Sin embargo, no deja de haber cierta lógica en la objeción que contra todo el fenómeno tiene mucha gente: ¿por qué no se manifiestan? Si pueden hacer tales acrobacias y son tan avanzados técnicamente como dicen, ¿por qué no hacen una demostración de su presencia de modo que ya no le quede a nadie duda de su realidad? Creemos que tiene muchas contestaciones esta objeción.


¿EL CONTACTO ALÍEN DEFINITIVO SE ESTÁ ACELERANDO? Algo Está Cambiando




ALGO GRANDE ESTÁN PREPARANDO LOS EXTRATERRESTRES: Revelaciones Importantes


Pero antes queremos poner nosotros por nuestra parte un poco de duda sobre la objeción misma. ¿Es cierto que los «OVNIS» no se manifiestan? Ciertamente no lo hacen de una manera clamorosa, como algunos quisieran, pero de ninguna manera se puede decir que no se manifiestan. Ateniéndonos a los Estados Unidos, entre 1947 y 1966 el número de comunicaciones a la oficina gubernamental competente, de las cuales ésta se dio oficialmente por enterada, fue exactamente de 10.147. Si tenemos en cuenta que el Gobierno de los Estados Unidos sólo admite oficialmente en sus archivos el 1 por 100 de los avistamientos reales y, por otra parte -según confesión de los mismos oficiales del «Proyecto Blue Book», de las Fuerzas Aéreas, «desde el año 1960 al 1965 sólo se resolvieron satisfactoriamente (es decir, encontrando una causa terrestre conocida) el 2 por 100 de los casos estudiados» («Times Herald-, Newport News, Virginia, 1965), tendremos que concluir que los «OVNIS» se manifiestan más de lo que mucha gente piensa.




Por otra parte, el internacionalmente famoso Instituto Gallup hizo una encuesta sobre este particular y encontró que 34 millones de norteamericanos creían que los «OVNIS» eran objetos reales y no ficciones o alucinaciones de la gente, y cinco millones de norteamericanos dijeron que habían visto en el cielo algo -luces, objetos-que ellos clasificaban como «volantes» y «sin identificar». Y no se puede decir que en Estados Unidos tales manifestaciones sean más numerosas que en otros países. Si de otros países no conocemos más datos es por falta de medios de comunicación de tales países. Sabemos que en Australia son muy abundantes y en concreto creemos que las manifestaciones en Estados Unidos son sensiblemente inferiores en número y en calidad a las de unas cuantas naciones de Sudamérica.

Por último, un hecho, no tan conocido, acaecido tras el «telón de acero». El año 1967 un grupo de científicos rusos intentaron crear una comisión civil para estudiar a fondo el problema de los «OVNIS». Nombraron Presidente de la Comisión al General de Aviación Antolín Stolinov, y, valiéndose de su influencia, solicitaron del Ministro de Ciencia y Cultura de Rusia que les permitiera estudiar todos los informes acerca de objetos volantes desconocidos que estuviesen archivados en todas las bases militares de la Unión Soviética. Sin darle mayor trascendencia, les concedieron la autorización, pero a las pocas semanas se la cancelaron, disolvieron la comisión y crearon otra que quedó bajo los servicios secretos soviéticos. ¿Qué había pasado? Las autoridades soviéticas se alarmaron y vieron que se trataba de un asunto serio: en una semana habían llegado a la comisión, procedentes de todas las bases militares, unas 16.000 observaciones.


Pero hay que reconocer que sus manifestaciones tienen algo de extraño: son esquivas, preferentemente nocturnas y en lugares despoblados; huyen al ser descubiertos, y cuando dan señales de querer entrar en contacto, frecuentemente escogen a personas que no son las más cualificadas para dar a conocer el hecho. Todo esto es ilógico... desde el punto de vista de nuestra lógica humana y de nuestra manera de pensar. Pero tenemos que reflexionar, partiendo únicamente de los medios de transporte en los que nos visitan, y no tardaremos en admitir, con la mayor certeza, que individuos que han llegado a tales adelantos técnicos tengan una manera de pensar y de reaccionar ante las circunstancias, bastante diferentes de la nuestra.

Y si añadimos el hecho, cada vez más confirmado por testigos oculares, de que las características somáticas de bastantes de ellos son muy diferentes a las nuestras, tenemos que llegar a la conclusión de que muy probablemente las cosas que para nosotros son lógicas, para ellos no lo son tanto, porque su manera de actuar obedece a otras normas y a otras motivaciones que son tan desconocidas para nosotros como lo son los medios de que se valen para alcanzar esas fantásticas aceleraciones en pocos segundos, y para no sólo dominar sin motores ruidosos la atracción de la Tierra, sino el mismo principio de inercia.

Según nuestra vanidosa e infantil manera de pensar, a nosotros nos parece lógico que unos seres que lleguen a nuestro planeta quieran hacerse ver en seguida. Y según nuestra belicosa manera de pensar y de actuar, nos parece en cierta manera lógico que vengan con ánimo «conquistador». Eso es lo que los pueblos más adelantados de la Tierra han hecho siempre con los más atrasados: los han avasallado, y les han impuesto sus estilos de vida Pero precisamente con esta manera de actuar y de pensar estamos demostrando nuestro atraso social, y, por el contrario, los tripulantes de los «OVNIS» nos demuestran que no sólo técnicamente, sino moral y socialmente, están más adelantados que nosotros al demostrar tal respeto por nuestra cultura y nuestros derechos. Cuando nuestros productores de televisión pensaron en hacer un programa interplanetario, lo primero que hicieron fue llamarle «Los invasores», y en él proyectaron todos los complejos de violencia propios de nuestra sociedad.

Una de las principales leyes que un naturalista que quiera estudiar una colonia de hormigas tiene que observar, es el no interrumpir sus hábitos normales de vida. A nuestro entender, ésta es una de las grandes razones de por qué nuestros visitantes no se muestran con más claridad. Naturalmente que al señalar las causas de su timidez o discreción estamos haciendo conjeturas y corremos el peligro de equivocarnos en no pocas: lo hacemos, tal como hemos dicho, para demostrar que su falta de exhibicionismo no es una objeción insalvable.





En 1938, se hizo una famosa transmisión radial en la que se hacía creer a los oyentes que la Tierra era invadida por seres de otros planetas y los sociólogos tuvieron mucho que aprender con el pánico enorme que la transmisión creó. Una razón obvia por la que creemos que los extraterrestres no se pondrán más de manifiesto es el indudable terror que esto crearía en innumerables personas. Los resultados de un pánico colectivo podrían ser desastrosos para toda una nación o continente y a la larga para todo el género humano. A poca inteligencia y buena voluntad que tengan nuestros visitantes, tratarán de evitarlo a toda costa, y creemos que hasta ahora lo han hecho muy bien. (Sin embargo, no faltan ejemplos de personas que han sufrido profundos traumas psíquicos, y aun físicos, al ponerse más o menos en contacto con el fenómeno «OVNI».)

Aun suponiendo por parte de ellos una total buena voluntad, la historia nos demuestra que el encuentro de dos culturas completamente diferentes (y más todavía si una es mucho más adelantada que la otra) es destructiva para la más débil, que en este caso sería la nuestra.

Aparte de estas razones, hay otras más sencillas inherentes al hecho mismo del aterrizaje o contacto con los humanos. La primera es la misma comunicación en sí; aun suponiendo que hayan logrado aprender nuestras lenguas al escuchar nuestras transmisiones radiadas, ellos tienen que saber perfectamente que no sería nada normal el ver aparecer a un individuo vestido de una manera extraña, probablemente con una constitución física y unos rasgos faciales aún más extraños, hablando con un acento y un tono de voz nunca oídos. La reacción de sus interlocutores sería muy poco positiva.

Otra dificultad, y no pequeña, proviene de las peculiaridades de nuestra atmósfera, que probablemente dista mucho de las de sus planetas en cuanto a presión y composición. Nos imaginamos que el solo hecho de permanecer en nuestra atmósfera entraña para ellos serios peligros que únicamente logran vencer gracias a sus grandes adelantos técnicos. Prueba de lo que decimos son los varios casos conocidos de explosión o accidentes de algunos «OVNIS»1.

1.Los casos de caídas de OVNIS nunca han podido ser corroborados fuera de toda duda. Es una cosa curiosa, que siempre suelen quedar envueltos en el velo del misterio, habiendo muchas contradicciones entre los testigos.









También puede ser un motivo de retraimiento el miedo a la contaminación. Contaminación de tipo físico (bacterias y virus desconocidos para ellos y contra los que no están preparados) y puede ser también una contaminación de tipo espiritual. Esto es una mera conjetura nuestra, avalada por el parecer de otras personas interesadas en todo este fascinante problema. Sería muy larga y probablemente demasiado subjetiva la explicación de esta, contaminación espiritual.

Por último, una razón que podrá parecer desconcertante a muchos, pero que tiene grandes probabilidades de ser real: sencillamente, no están interesados en hacer contacto con nosotros, o por lo menos no lo están tanto como nosotros creemos.

Entonces, ¿por qué vienen? Vienen porque tienen curiosidad en conocer cómo somos, hasta dónde llegamos en nuestros medios destructivos y ofensivos, etc., pero esto no implica el que estén interesados en entrar en contacto con nosotros. Lo mismo que un sociólogo enviado a estudiar una tribu primitiva y peligrosa podrá realizar eficientemente su trabajo sin tener que entrar obligadamente en contacto con los indígenas, cuyo trato probablemente evitará.

Muchos se imaginan que estarán ansiosos por darse a conocer, por mostrarnos sus adelantos, por contamos sus aventuras del espacio o por conocer todas las intimidades de nuestra historia o  de nuestra cultura, y por eso no se explican el que no desciendan inmediatamente y se pongan en contacto. Pero, en realidad, nuestra civilización, además de ser muy diferente a la suya, es muy primitiva para que pueda lograr atraerlos. Si es cierto que algunos individuos de la especie humana, considerados individualmente, han logrado un desarrollo intelectual o espiritual relativo, sin embargo, la especie humana considerada en conjunto, en sus relaciones de pueblo a pueblo y en sus actitudes masivas, está todavía en un grado de infantilidad que tiene que infundir lástima a nuestros visitantes del espacio. Como no lo hagan por caridad, no creo que tengan demasiado gusto en venir a respirar el humo de nuestras ciudades, a participar de las masacres de nuestras carreteras o a contemplar el estado de violencia social y política en que se encuentra nuestro mundo.

No nos olvidemos de que nuestros visitantes vienen de muchas partes diferentes, a juzgar por sus vehículos y su constitución física, y, por lo tanto, es lógico que en sus relaciones con nosotros actúen también de una manera diferente. Si algunos de entre ellos tienen intención de entrar en mayor contacto con nosotros, lo primero que nos demuestran es que no tienen gran prisa. Y creemos que, de ser ésa su intención, lo están haciendo muy sabiamente. Nos extrañamos de que no se pongan en contacto con las autoridades oficiales, con los «grandes» del mundo, y vemos que en esto están haciendo lo mismo que hizo Cristo, que se rodeó de auténticos hombres del pueblo, que no parecían los más aptos para transmitir su mensaje. Sabía, por una parte, que los grandes, «las autoridades», no lo recibirían, y, por otra, sabía que, si su mensaje caía de primera intención en manos de los grandes, éstos lo corromperían en seguida, acomodándolo a sus apetencias. Por eso prefirió penetrar directamente en el pueblo para que la labor fuese más genuina, aunque perdiese en rapidez o en espectacularidad.1

1. De hecho, en cuanto el cristianismo, con el Emperador Teodosio, fue impuesto como la religión oficial del Imperio, empezó inmediatamente a desvirtuarse por la cabeza. El roce de los Papas y Obispos con los reyes y gobernantes hizo que aquéllos perdiesen muy pronto la esencia de las enseñanzas de Jesús y se habituasen a una vida pomposa, aunque de palabra siguiesen llamándose «pobres y humildes», Y se dio el caso de que, mientras el pueblo sencillo y pobre vivía un verdadero cristianismo, muchos de los líderes religiosos vivían de espaldas a la pobreza y a la sencillez evangélica.


En las muchas ocasiones que hemos tenido de hablar con personas sencillas que dicen haber tenido una mayor aproximación a visitantes extraterrestres, nos ha venido el pensamiento de si no se estará repitiendo el mismo fenómeno. Los cultos, las autoridades, «los que saben», sistemáticamente rechazan esta realidad. Pero entre el pueblo la idea va penetrando poco a poco y preparando los ánimos. Se repite al pie de la letra lo que dice San Pablo: «Dios escogió a los débiles para humillar a los fuertes, y escogió las cosas que a los ojos de los hombres parecen necias para humillar a los sabios. (I Coro 1,27).


El investigador Salvador Freixedo




sábado, 23 de marzo de 2019

Llegó una niña portando una pequeña caja, hasta la habitación circular del OVNI: Se empezaba a formar en la parte superior de la caja una especie de vapor hecho de muchas luces, que giraba vertiginosamente, hasta que casi de repente aparecía ante ellos una criatura pequeña, humanoide, como de un metro de altura y una inteligencia semejante a la de un mono... (Un juguete imposible)


Llegó una niña portando una pequeña caja, hasta la habitación circular del OVNI: Se empezaba a formar en la parte superior de la caja una especie de vapor hecho de muchas luces, que giraba vertiginosamente, hasta que casi de repente aparecía ante ellos una criatura pequeña, humanoide, como de un metro de altura y una inteligencia semejante a la de un mono... (Un juguete imposible)



¿Puertas dimensionales? ¿Llegan a la Tierra seres de otras dimensiones? Con toda probabilidad, sí. Aunque ciertamente, algunos conceptos se resisten a nuestra comprensión; como ejemplo, asimilar y comprender nociones por encima de las tres dimensiones espaciales que manejamos a diario (alto, largo y ancho), un hecho que puede resultar complejo a primera vista. (Aquello que nosotros llamamos cuarta dimensión, lo que identificamos como tiempo, sería una cualidad inherente y subyugada a las “propias dimensiones”, es decir, que el tiempo se moldea, incluso se detiene, en determinadas condiciones espaciales).


Algunos divulgadores científicos, tratando de explicar las diferentes dimensiones ponen como ejemplo un hipotético mundo de dos dimensiones, “planilandia”, donde unos “seres planos” se desplazarían a lo largo y ancho de su planeta: En un momento dado, ven como “un objeto circular surge desde algún lugar desconocido” (arriba), es decir, desde “una tercera dimensión” y estos seres lo contemplan asombrados, lo estudian, pero no comprenden como surgió ni de dónde vino…



Sin embargo, si fuésemos nosotros mismos quienes estuviésemos interactuando con “planilandia” veríamos que simplemente alguien, un científico por ejemplo, habría sencillamente puesto su dedo sobre la superficie de aquel hipotético planeta y aquellos seres serían incapaces de comprender un fenómeno extraño fuera de lo común, entre otras cosas, porque en su propia mente tan solo utilizarían parámetros de pensamiento bidimensional. Es más, cuando el científico retirase hacia arriba el dedo puesto sobre la superficie, los “planilienses” hablarían seguramente de un hecho milagroso, una rareza indescifrable, pues “el objeto circular” había desaparecido frente a sus ojos sin dejar rastro, “se había esfumado de su espacio bidimensional”, sin que ningún científico fuese capaz de hallar la solución sobre aquel “enigma inescrutable”.


Ciertamente este ejemplo nos sirve para certificar, que en muchas ocasiones, “aquellos fenómenos que creemos como imposibles e impenetrables para la ciencia, paradójicamente, siempre tienen una explicación científica”. Se entiende de igual modo que existe un numero infinito de dimensiones, y que muy probablemente algunas de ellas sean más aptas que otras para albergar vida y criaturas inteligentes… y sin embargo es necesario entender previamente que el concepto dimensional está relacionado básicamente con el “nivel vibratorio de la materia”: Es decir, cuando hablamos de espacios en tres dimensiones, la energía se densifica principalmente en materia y por el contrario, a  dimensiones más elevadas, dicha energía prevalece sobre la materia, haciéndose invisible a nuestros ojos. Imaginemos por ejemplo unos seres formados por ondas de radio: Estos seres podrían atravesar paredes, incluso utilizar simultáneamente el mismo espacio que nosotros sin que ni siquiera nos percatemos de ello. Obviamente, y al hilo de este argumento, el concepto de mundos paralelos cobra total validez… y nos serviría además para explicar el siguiente caso recogido en el libro La granja humana, de Salvador Freixedo, en el cual los extraterrestres muestran un dominio elevado sobre el mundo dimensional.




Puntualizar igualmente, que dentro de un espacio autocontenido, la figura de la Suprema Fuerza Creadora, Dios tal como se denomina en muchas religiones, se intuiría como una Entidad que abarcaría todo el espectro vibratorio, todas las dimensiones hasta el infinito de posibilidades; una cualidad que evidentemente lo haría omnisciente (saber todo, conocer todo, conocimiento absoluto) y omnipresente (presente en todas las partes al mismo tiempo). En ese espacio, o realidad si pudiera definirse de algún modo, evolucionarían múltiples criaturas buscando una comprensión mayor, el conocimiento absoluto que les llevaría inevitablemente hacia dicha Suprema Fuerza Creadora; buscando finalmente su integración en Ella.

Antes del relato propiamente dicho, he incluido unas pocas líneas  recogidas del libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos, donde un extraterrestre explica a Pablo R. algunos conceptos que bien pudieran escaparse de nuestra compresión respecto a cómo los seres humanos entendemos por trasladarnos desde el punto A al B, es decir, desplazarnos recorriendo una distancia, y aquello otro que las civilizaciones estelares describen para sus viajes a través de la Galaxia, es decir, “situarse en un punto, modificando el espacio-tiempo y distorsionando ciertas dimensiones para tal fin”


LAS DIMENSIONES CUÁNTICAS Y LOS SERES METAMÓRFICOS


………………………………………………………….

(Del libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos)

(Fecha 5 de Julio de 1978, a las 2:30 de la madrugada: Pablo R. circula por una carretera secundaria en la provincia de Alicante, España. Tras un montículo, en una curva cerrada, ve como desciende una gran luminosidad, un OVNI. Poco después, Pablo R. entabla conversación con uno de los tripulantes, que le explica lo siguiente:

VELOCIDAD, DISTANCIA.
 -Ustedes no conocen mi planeta, dijo. Está en una zona de oscuridad que no captan sus telescopios ni sus receptores de radiaciones de microondas.
 -¿Están a mucha distancia de la Tierra?
 -Para su concepto de distancias, sí. Sus más veloces astronaves tardarían cientos de años en llegar allí.
 -¿Viajan ustedes a velocidades superiores a la luz?
 -No se trata de velocidad. Ni tampoco de distancias. Es un concepto incomprensible para la física que ustedes conocen y tardarán aún bastante en descubrirlo. Con los conocimientos actuales de la ciencia no pueden ni siquiera entenderlo. Nosotros vivimos en una concepción totalmente distinta, para la que no sirven los parámetros de la Tierra en cuanto al tiempo y espacio.

…………………………………………………………..



Del libro La granja humana, de Salvador Freixedo

EL JUGUETE IMPOSIBLE

Narraré este caso tal como me lo contó el mismo testigo, que únicamente me dio permiso para hacerlo tras muchas vacilaciones y con la condición estricta de que omitiese todos los detalles que pudiesen llevar a alguien a su identificación.
Hace unos años, hechos como éste eran los que hacían perder credibilidad al fenómeno OVNI y desanimaban a los investigadores que se consideraban a sí mismos «científicos». Sin embargo hoy, después de 30 años largos, los investigadores más despiertos, y en cierta manera la opinión pública, están ya más preparados para aceptar este aspecto paranormal del fenómeno, lo mismo que se van convenciendo de sus muchos aspectos parafísicos que tanto intrigan y hasta malhumoran a los conocedores de las ciencias físicas.

Omitiré por lo tanto nombres y ubicaciones, tal como me lo pidió el contacto, quien bastante ha tenido ya que sufrir con haber sido testigo mudo por tantos años de hechos tan alucinantes e «imposibles».

Hace algo más de 45 años, cuando nuestro testigo (al que en adelante llamaremos Julio) tenía menos de 10 años de edad, vio encima de sí, en una región en la que siempre ha existido una gran actividad ovnística, algo que flotaba en el aire como a unos 20 metros de altura. Por supuesto que él no tenía idea de lo que era aquello, pues nunca en su vida había oído hablar de semejante cosa, pero su ingenuidad de niño campesino, junto con la natural curiosidad de su edad, lo impulsaron a interesarse por averiguar qué era aquella cosa extraña que flotaba en el aire.



En vez de huir o asustarse se dedicó a observar. Al cabo de un rato sintió que de arriba lo alzaban y en pocos instantes se vio dentro de una habitación circular, con una luz «que no era como la del Sol» y rodeado de objetos y cosas que no sólo no le eran familiares, sino que eran totalmente distintas de todo lo que él había visto hasta entonces.

Aún no había salido de su asombro cuando vio una niña como de unos seis años que vino hacia él muy sonriente y en ademán de jugar y efectivamente en seguida empezó a enseñarle todos los juguetes que ella tenía en aquella casa tan rara.
Julio observaba todo con mucha atención, y aunque se daba cuenta de que estaba viendo cosas que nada tenían en común con lo que él había visto hasta entonces, en la humilde casa de sus padres o en cualquier otro sitio, no estaba atemorizado y sí genuinamente interesado en todo lo que le estaban enseñando. La niña siguió mostrándole sus juguetes hasta que llegó a uno que será el objeto central de este caso.
El juguete era una caja pequeña de unos 20 X 20 X 10 cm y no tenía nada por fuera que indicase sus enormes potencialidades.

La niña ponía sus pequeñas manos sobre ella y en seguida se empezaba a formar en la parte superior de la caja una especie de vapor hecho de muchas luces, que giraba vertiginosamente, hasta que casi de repente aparecía ante ellos una criatura pequeña, humanoide, como de un metro de altura y una inteligencia semejante a la de un mono. No hablaba y parecía estar muy extrañada del lugar en que se encontraba de repente, como si la hubiesen traído allí contra su voluntad.



La niña era capaz de sacar de la caja cuantas criaturas quería, todas semejantes a la primera, y todas le obedecían sin chistar incluso cuando las volvía a meter, haciéndolas desaparecer dentro de la caja de la misma manera misteriosa como las había sacado.

Primero las convertía en una especie de vapor, que repentinamente se precipitaba por una pequeña rendija hacia dentro. Digo que las hacía desaparecer dentro de la caja porque las criaturas evidentemente no cabían dentro, aunque hubiese habido una sola. Daba más bien la impresión de que se desmaterializaban.

Julio pasó un gran rato allá dentro conversando con la niña y viendo las muchas cosas que ella le enseñó, hasta que llegó la hora de irse. Entonces la niña le dijo si quería quedarse con la caja, porque él había mostrado mucho entusiasmo cuando la veía sacar de ella con tanta facilidad aquellos «monitos». Sin pensarlo mucho le dijo que sí y ella se la dio.

Lo bajaron de la misma manera que lo habían subido, y he aquí a Julio poseedor de algo que desde aquel momento se iba a convertir en el centro y en la preocupación de toda su vida. Naturalmente guardó con gran celo su misteriosa caja y hasta la escondió de miradas demasiado inquisidoras, pero no hizo de ello un secreto inviolable. Gozaba mucho mostrándosela a escondidas a sus amiguitos y recuerda que hacía una especie de pequeño circo (para cuya entrada cobraba un centavo) en el que sacaba alguna de aquellas criaturas de la caja ante el asombro de sus pequeños compañeros de escuela. Las personas mayores nunca asistían a aquellas «fantasías» de muchachos y hacían en pequeño lo que la sociedad hace en grande: si alguno de sus hijos les contaba lo que había visto, simplemente lo achacaban a «imaginaciones de niños».


 Aunque también es cierto que Julio nunca sacaba ningún monito cuando había algún adulto presente. Esto contribuyó a la idea de que todo eran «cosas de muchachos».
Pero sucedió algo inesperado. La niña le había explicado bien a Julio cómo tenía que hacer para volver a meter los «monitos» dentro de la caja, pero Julio, a pesar de que lo intentaba no lo lograba. Las criaturas, en cuanto salían de su asombro inicial, se quedaban durante un tiempo al lado de la caja, como esperando las órdenes de Julio, pero dando muestras de un gran nerviosismo. Más tarde, cuando éste intentaba volverlas a meter y no lo lograba, repentinamente se iban, a una velocidad vertiginosa, y se perdían entre la maleza.

Estas criaturas se convirtieron bien pronto en una pesadumbre para Julio, porque lejos de desaparecer comenzaron a molestarlo y a amargarle la vida. Primeramente cuando él, mediante la imposición de las manos sobre la caja las hacía salir de dentro, las criaturas no salían de una manera tan fácil y natural como lo hacían con la niña, sino que, por el contrario, cuando se materializaban delante de sus ojos, se mostraban contrariadísimas como si hubiesen sido traídas a la fuerza de otro sitio y comenzaban a mirar a todas partes y a dar señales de gran intranquilidad buscando por dónde huir, y de hecho lo hacían en cuestión de segundos, con unos movimientos eléctricos, sin que se dejasen agarrar ni tocar de nadie. Más bien se mostraban hostiles a la gente, aunque la gente mayor parecía no verlos. Sin embargo, los niños y los animales, sobre todo los perros, los veían muy bien y huían a toda velocidad ante ellos.


Al cabo de un tiempo estas criaturas comenzaron a acercarse a la casa de Julio y a todas horas merodeaban por los alrededores. A veces se acercaban a él (la única persona con la que hacían esto) y hasta llegaban a tocarle, mostrando muy poco respeto por él: hasta se atrevían a hacerle bromas muy rudimentarias y de mal gusto.

Durante años, cuando Julio iba de un lado a otro por el campo, ellos lo acompañaban, aunque siempre a cierta distancia. La gente no los veía pero, como dije, los animales sí, y se alejaban en seguida cuando ellos se acercaban, dando señales de gran miedo o inquietud.

Julio no sabía qué hacer, y esto a lo largo de los años se ha convertido en un calvario para él, pudiendo decirse que ha marcado fatídicamente toda su vida.

En la actualidad él ya no tiene la caja consigo; la arrojó al mar amarrada a una piedra, muy lejos de la orilla, porque parece que lo que atraía a las criaturas era la caja y de hecho hace tiempo que éstas ya no lo visitan.

En un determinado momento de nuestra larga conversación — aunque posteriormente lo he visitado más veces— me dijo Julio con acento apesadumbrado: «Créame, lo que yo quisiera es morirme.» A mi pregunta de por qué, me contestó, siempre con el acento de un hombre que lleva encima de sí un gran peso o una gran preocupación: «Ya no quiero ver más cosas extrañas. Lo que quiero es descansar.»

Todo esto me dejó con muchos interrogantes en la cabeza. En realidad, me dio la impresión de que aún tenía más cosas que decir, que se reservaba, y que ellas eran las que le causaban todo ese cansancio de vivir.

Él relaciona estas criaturas con ciertas desgracias que han sucedido por aquella región y cree que son capaces de hacer mucho mal y que de hecho lo hacen algunas veces. Según parece, en la actualidad merodean cerca de un lugar en la montaña, en donde por un tiempo tuvo escondida la caja, y es peligroso para la gente acercarse por allí. Me mencionó en concreto varias muertes que él creía habían sido causadas por ellos.

Aunque hace ya bastantes años que hizo salir a la última criatura de la caja, da la impresión de que está preocupado y apesadumbrado por las más de cien que hizo salir y que ahora pueden convertirse en una amenaza pública. Me pareció que se sentía culpable de haberlas traído a este mundo, pues se ve que las criaturas son forzadas a venir a un sitio en donde se sienten fuera de su ambiente y están como penando, sin encontrar cómo volver a su mundo, y él tampoco puede hacer nada.

Éstas no son las únicas aventuras de Julio como contactado del más allá. Aparte de estos seres misteriosos Julio ha estado en varias ocasiones en contacto con naves de otros mundos y con sus tripulaciones. Pero sobre todo me contó algo que es de un gran interés para la temática general de este libro y que veremos aflorar de nuevo en capítulos posteriores.

Para los desconocedores del tema y para los incrédulos sistemáticos es algo que resta credibilidad a todo este asunto, pero para los que hace años andamos en esto, es algo que, por el contrario, la acrecienta.

Recreación del incidente de Vilas Boas
FUENTE: https://loinexplicado.com/extraterrestres/abducciones-extraterrestres-el-caso-villas-boas/

Julio me contó con gran reserva que en dos ocasiones ha sido forzado a tener actos sexuales con mujeres extrañas, que aunque se parecían mucho a las humanas, no eran sin embargo exactamente como ellas. Uno de estos incidentes que se produjo en lo alto de una montaña, tiene algún parecido con el caso clásico de Vilas Boas, en Brasil, aunque en el caso de Julio todo sucedió fuera y no dentro del OVNI.

El lector podrá pensar que todo esto son fantasías, pero Julio tiene testigos, si no para probar que todos los detalles de lo que dice son absolutamente ciertos, sí para atestiguar que los OVNIS pasan a escasos metros del techo de su casa cuando él dice que van a pasar y algunos otros hechos extraños. Su mujer y dos de sus hijas así me lo atestiguaron y me describieron cómo era el objeto que pasó a cámara lenta a muy pocos metros de la azotea de su casa. Otros vecinos pueden atestiguar lo mismo.

En cuanto a los «muñecos» de la caja, todavía queda algún sesentón que se acuerda de ellos. Dos años más tarde de haber recibido estas confidencias de Julio consulté mi libreta de notas, donde tenía apuntados los datos concretos que él me había dado.

Allí estaba el nombre de uno de sus amigos de la infancia que había visto en varias ocasiones cómo él sacaba aquellas criaturas de la caja. Julio sabía que vivía en un barrio específico de una ciudad distante como unos sesenta kilómetros, y me dio un detalle concreto por el que se podía localizar. Me dijo que él había perdido todo contacto con esta persona desde hacía muchos años, pero yo me decidí a buscarlo y corroborar así tan extraña historia.



Me tomó casi un día entero dar con el, pero por fin lo encontré.
Le hablé de su infancia, de su pueblo natal y de Julio. En cuanto se lo nombré y le pregunté si recordaba el circo que montaba, sonrió y moviendo la cabeza con un ademán de incredulidad dijo rotundamente:
Aquel cabrón no sé cómo lo hacía.
—Pero ¿qué hacía? —dije yo.
Tenía una caja de zapatos de la que sacaba unos monos, que la primera vez que los vi delante de mí, dispensando, me lo hice por los pantalones.
—¿Y se acuerda cómo eran?
Mire usted. Yo era muy niño. Y me fui muy pronto de aquel pueblo. De eso hace como 50 años y apenas si me acuerdo. De lo que sí me acuerdo es que yo los vi en sólo dos ocasiones, y me dieron tal miedo que por la noche soñaba con ellos y me despertaba llorando y me iba corriendo a la cama de mis padres. Y como esto pasó varías veces ellos me prohibieron andar con Julio.
—Pero ¿cómo eran aquellos monos? —insistía yo.
No recuerdo bien. Casi no me atrevía a mirarlos. Eran tan altos como yo y feísimos, con unas orejas en punta. Y se movían a una velocidad que a veces desaparecían de la vista. Era como si fuesen eléctricos.
—¿Y qué pasaba con ellos?
Pues no sé decirle.
—¿Y cómo los podía sacar de una caja de zapatos, si eran tan altos como usted?
Eso me pregunté después muchas veces. Entonces era tan pequeño que no me lo cuestionaba, aparte del mucho miedo que les tenía. En cambio había otros muchachos algo mayores que le decían que se sacase más. Aunque tampoco debía de parecerles raro lo que hacía.

Apenas si le pude sacar más datos. Pero lo que me contó fue suficiente para convencerme que lo que Julio me había narrado no eran invenciones suyas.
Posteriormente, después de haber escrito las líneas anteriores y en el mismo país en que reside Julio, he entrado en contacto directo y asiduo con una persona, gran investigador de estos fenómenos, que me ha corroborado en muchísimos detalles muchas de las cosas que Julio me ha contado, con la particularidad de que esta persona no conoce a Julio ni tiene noticia alguna de las cosas que le han sucedido. Esta persona, cuya casa está bastante aislada en la montaña, ha visto en muchas ocasiones a unos extraños seres que en líneas generales coinciden con los de Julio; y no sólo los ha visto, sino que ha empezado a tener alguna relación con ellos, a pesar de que le he advertido que a la larga es peligroso para los humanos relacionarse con este tipo de criaturas (1).

1.Después de escritas estas líneas me he vuelto a comunicar con esa persona, precisamente para saber cómo le iba en su relación con dichas criaturas. Me ha dicho que tuvo que mudarse de aquella casa, porque en cuanto estaba solo en ella, aparecían las criaturas y lo asediaban de tal manera que llegó a cogerles miedo.


Los Visitantes: seres de otras dimensiones en nuestro mundo por Miguel Pedrero PARTE 1 FUENTEhttps://www.youtube.com/watch?v=QStdPcLZkYE




Los Visitantes: seres de otras dimensiones en nuestro mundo por Miguel Pedrero PARTE 2 FUENTE: https://www.youtube.com/watch?v=50C1YjliUtc