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sábado, 19 de marzo de 2016

MENTE Y EXTRATERRESTRES: El susurro vino de lo más profundo de la conciencia del cosmonauta X. « (...) Llegaste aquí muy temprano y no lo hiciste de la manera indicada. Confía en mí, puesto que soy tu ancestro de tu lado materno. ¿Recuerdas? Hijito, no deberías estar aquí, vuelve a la Tierra, no violes las leyes del Creador... Hijito, debes regresar, regresa, regresa...».

MENTE Y EXTRATERRESTRES: El susurro vino de lo más profundo de la conciencia del cosmonauta X. « (...) Llegaste aquí muy temprano y no lo hiciste de la manera indicada. Confía en mí, puesto que soy tu ancestro de tu lado materno. ¿Recuerdas? Hijito, no deberías estar aquí, vuelve a la Tierra, no violes las leyes del Creador... Hijito, debes regresar, regresa, regresa...».


Los extraterrestres… ¿Interaccionan con la mente de los seres humanos? Evidentemente, sí. Existen hechos que así lo corroboran. Por ejemplo, hace bien poco salió a la luz pública lo ocurrido a la misión del Apolo X en el año 1969, precisamente cuando la capsula espacial volaba sobre la cara oculta de la Luna. Al parecer los astronautas escucharon una extraña música, que de ninguna manera podía proceder de la Tierra (Dicho sonido salió a la luz pública en un documental llamado Los archivos no explicados de la NASA, que por cierto la Agencia Espacial norteamericana intentando desinformar y confundir lo achacó a interferencias entre radios… qué curiosamente producían música...)



La conversación se desarrolló de este modo entre los confundidos y sorprendidos astronautas:
-    “Esa música suena como del espacio exterior, ¿no es cierto?-comentó el astronauta Eugene A. Cernan.
-     “Sí”-respondió el comandante Thomas P. Stafford.
-     “¿Escucharon también ese silbido?”-preguntó John W. Young.
-      “Suena como… ya sabes, como del espacio exterior”-volvió a insistir Cernan.
-     “Me pregunto qué puede ser”-siguió Young.



1 de 2 La misteriosa música escuchada en el Apolo 10 (PARA VISIONAR EL VÍDEO DAR DOS VECES PLAY)


2 de 2 La misteriosa música escuchada en el Apolo 10 (PARA VISIONAR EL VÍDEO DAR DOS VECES PLAY)

Los extraterrestres, ya han explicado a diferentes contactados su capacidad para adentrarse en la mente de cualquier humano e interactuar con ella; rebuscar en los recuerdos y analizar los pensamientos de los seres humanos, tal como manejan con soltura los seres de las estrellas el lenguaje telepático. Algo parecido a lo ocurrido a Jimmy Carter, en su etapa de Presidente de EE.UU. e incluido en el libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos y narrado en La revista Das Neue Zeitalternl n°‑ 40, Octubre de 1.978 *(he puesto el relato completo al final de esta entrada):


UFO-Platillo Volador-OVNI
He aquí la declaración:
…Hacia la mitad de Octubre de 1.977, yo y mi compañero, que nos encontrábamos siempre muy próximos al Presidente, notamos que había cambiado. Sus ojos, que estaban siempre brillantes, estaban a menudo como ausentes, y contrariamente a su costumbre de sonreír y decirnos cosas agradables, pasaba sin prestarnos atención, como si algo le pesase mucho.
En un primer momento creí que tuviera preocupaciones políticas: soviéticos, chinos, Israel, Arabia ...Pero justamente entonces descubrí la verdadera razón: ¡SE TRATABA DE UN ENCUENTRO CON SERES DE OTROS PLANETA!. Y a partir de aquel momento estuve atento; prestaba atención a cada palabra que pronunciaba el Presidente, cada vez que estaba de servicio.


Jody Powell (izquierda) y el Presidente Jimmy Carter
…Carter contó a Powell (NOTA: Jody Powell  era el Jefe de Prensa), cómo le telefonearon a su oficina, una noche muy tarde: Este número es conocido por pocas personas y por esto sabía que era algo importante. La voz, sin decir su nombre, me pidió una cita. Luego la persona me recordó hechos de mi juventud que nadie podía conocer. Me parecía que leyese mis pensamientos y sabía que rezaba todas las noches.
-Nosotros consideramos necesario, -me dijo-, señor Presidente, un encuentro personal con usted, que concierne al bienestar de todo el planeta.
Jody, puede que esto te parezca cosa de locos, pero aquella voz pertenecía a alguien de otro planeta.

(He incluido el relato completo, de lo ocurrido a Jimmy Carter con los extraterrestres, al final de esta entrada)



A estas alturas, pienso que no deberíamos sorprendernos respecto a las capacidades psíquicas de los extraterrestres y su afán por “conocer verdaderamente a los seres humanos” incluyendo lógicamente a los políticos y militares, que tantos problemas vienen acarreando a la humanidad desde siglos atrás hasta nuestros días. Verdaderamente, “aquellos que administran las naciones del mundo se rigen principalmente por unas desmedidas ansias de poder ajenos al bien común de la población”. Y respecto a los militares (aquellos quienes verdaderamente ejercen el poder) podría decirse que “en sus mentes dibujan permanentemente la realidad a modo de campo de batalla”. Es en ese escenario, en “su afán  por llenar de heroicos combates su ego; el sitio donde el inconsciente crea la necesidad de interminables guerras y conflictos entre las naciones del mundo”. De este modo, sustentándose en un puro belicismo, ciertas Agencias de Seguridad tratan de argumentar el permanente secreto sobre muchos Proyectos, incluyendo lógicamente todos aquellos relacionados con tecnología inversa recuperada de naves estrelladas en la Tierra. 




(Robert Lazar, un científico que trabajó en la S4 del Área 51 explicó que EE.UU. supuestamente estaría desarrollando proyectos a través de tecnología inversa extraterrestre). Podría decirse por tanto, que la manera de entender el mundo contemporáneo por aquellos que ejercen el poder, llegó en plena Guerra Fría, cuando
USA y URSS rivalizaron en cuanto a poseer una tecnología más desarrollada que la del “enemigo”, tecnología que potencialmente incrementaría  cierta ventaja en un escenario de conflagración nuclear… aquello que precisamente intentarían evitar las civilizaciones extraterrestres que actualmente visitan la Tierra.  

Pero volviendo al tema de la interrelación sobre la mente humana,  podemos recordar aquello ocurrido en Octubre de 1968 cuando  un extraterrestre de origen humano llamando Francisco Atienza y proveniente de un planeta llamado Urln contacto con un terrestre… (Relato incluido en el libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos)


Aquel extraterrestre le explico al contactado, un hombre de negocios, lo siguiente:


NO SABEMOS NADA...

Tras unos minutos de descanso. Francisco Atienza, el hombre extraterrestre, contestó:

La raza terrestre emigrada al planeta Urln posee aún una mayor capacidad telepática para recibir mensajes mentales de los terrícolas que la propia raza de Urln, lo cual es lógico si se considera la igualdad morfológica existente entre los terrícolas y los hombres como yo. La razón principal que hubo para la emigración de algunos terrícolas, emigración dirigida por la raza de Urln, fue precisamente llegar a contar con una serie de humanos terrestres, educados por ellos en una civilización superior, que pudieran servir de puente o enlace entre las dos razas.

Este ensayo hasta ahora ha sido negativo en algunos puntos y positivo en otros.
Leemos en la mente de una buena parte de los hombres de la Tierra, con mayor o menor perfección según cada caso particular, según la distancia que separa al lector de la persona leída y según las circunstancias anímicas momentáneas de esta última.
Hombres y mujeres de todas las razas y clases sociales, de todas las edades y de toda condición nos suministran así una información completísima de los acontecimientos de la Tierra y, además, de lo que ellos piensan acerca de esos acontecimientos.

Sólo nos interesan los hechos político‑sociales y económicos que afectan a los grupos humanos y muy especialmente los procesos que conducen a la toma de decisiones de grupo en los aspectos moral y religioso. Jamás entramos en la vida íntima de las personas como tales.
Como contrapartida, hasta ahora habíamos fracasado totalmente en conseguir que los hombres de la Tierra entendiesen nuestros mensajes: yo soy, por ejemplo, un excelente receptor del pensamiento de miles de terrícolas, pero sólo con usted he podido conseguir que, aunque imperfectamente, mi pensamiento le alcanzase hasta lograr nuestro encuentro en este lugar.

(El relato completo en sobre los extraterrestres del planeta Urln y Francisco Atienza puede leerse en: http://elmensajedeotrosmundos.blogspot.com.es/2014/05/el-extraterrestre-dijo-vosotros.html


Todos estos hechos pueden parecernos increíbles a primera vista, pero la realidad  demuestra que los extraterrestres dominan la telepatía y por ende, que son capaces de analizar nuestros pensamientos sin que nosotros mismos seamos capaces de darnos cuenta… un espacio donde cualquier mentira sería difícil de ocultar. Viéndolo desde el lado positivo y a través de estas cualidades supra-mentales, permitirían a los seres de las estrellas elegir convenientemente a los contactados a quienes de una forma u otra, transmitirán sus mensajes dirigidos al propio planeta Tierra. Uno de estos ejemplos me llamó mucho la atención, cuando un extraterrestre llamado A-Lan explica a Daniel Walter Fry de qué forma escrutó su mente, pensamientos y recuerdos. Todo ello recogido en el libro El incidente de White Sands de Daniel W. Fry:

DONDE ME EXPLICAN EL INTERIOR DE LA NAVE

Uds. han sido acostumbrados desde el nacimiento a recibir y a resolver todas las impresiones visuales con ambos ojos abiertos. Ud. recordará que cuando aprendió por primera vez a usar el microscopio, le enseñaron que aunque había un solo objetivo, era mejor mantener ambos ojos abiertos. Por consiguiente, no cierre sus ojos. Apagaré el haz de luz para que no se distraiga.

En segundo lugar, no se concentre. La concentración es la actitud de transmisión, y es casi una barrera para la recepción. Para recibir impresiones fácilmente y en forma correcta, debe lograr un estado de completa relajación. Ud. posee esta habilidad, la cual es notable en uno de su raza.

En realidad fue a través de esta habilidad que yo hice el primer contacto con su mente. Hace tres noches Ud. sé había ido a la cama y no podía dormir porque la presión de los acontecimientos del día había sido exageradamente grande. Ud. empleó un recurso mental, muy interesante para mí, por su simplicidad y eficacia.


¿Se acuerda cuál era?

“Oh sí” -dije- “lo uso a menudo cuando el sueño no viene enseguida. Simplemente visualizo una habitación completamente oscura, pero que en la pared más alejada tiene diez números luminosos. Enfoco mi atención sobre estos números hasta que todos los otros pensamientos son excluidos de mi conciencia. Luego empiezo a borrar uno a uno los números manteniendo enfocada mi mente sobre los remanentes, pero disminuyendo el grado de concentración con cada número que voy borrando. Habitualmente me quedo dormido cuando todavía quedan varios números por borrar, pero en ningún caso he permanecido consciente más de unos pocos segundos después que el último se ha ido”.

“Exactamente,- replicó Alan-.”Este procedimiento, no sólo relaja su mente consciente, sino que manda todos los pensamientos extraños a su correspondiente lugar en el recinto inconsciente de la mente. En esas condiciones la mente inconsciente es capaz de transmitir y recibir mucho más fácilmente que la mente consciente”.
“Y quizás debería avergonzarme de admitir, pero en su caso la tentación era demasiado grande para resistir, y me temo que escudriñé su mente como nunca lo había hecho antes”.

“Creo que puedo decir que conozco más respecto a Ud. que Ud. mismo. Lo que encontré en su mente no era todo lo que podría ser deseable. Por supuesto la vida ha sido bastante dura con Ud. a veces, y encontré muchas cicatrices y heridas todavía a medio cicatrizar. También descubrí que estas bofetadas del destino le han dado a Ud. una profundidad y una amplitud de percepción y comprensión no habitual. Decidí que Ud. sería un contacto ideal”.



 Pero otra vez nos hemos desviado de nuestro proyecto. Voy a sugerirle que use su propio método para relajar su mente. Mantenga sus ojos sobre la pantalla que ahora está oscura. Cuando su mente esté relajada, intentaré darle un cuadro mental de la nave en la cual está viajando.

No fue necesario visualizar la habitación oscura, pues el sitio estaba completamente a oscuras. Tampoco tuve dificultad en visualizar los números luminosos sobre la pantalla, pero cuando intenté excluir las docenas de preguntas que repiqueteaban con insistencia en los límites de mi conciencia, lo encontré prácticamente imposible. Eventualmente, renuncié a tratar de excluirlos completamente, los barrí lo más lejos posible, y empecé a borrar los números. Mi mente se aclaró y al llegar al último número, estaba casi dormido:
Al quitar el último número, percibí sobre la pantalla un diseño que no había notado antes. No apareció repentinamente. Parecía como si siempre hubiese estado allí pero yo lo veía por primera vez.
En la porción izquierda e inferior del dibujo, reconocí el compartimiento donde yo viajaba, me di cuenta que el croquis debía representar el interior de toda la nave.


 … Cuando le di la voz de alarma (NOTA: el extraterrestre le pidió a Daniel W. Fry que no tocara la nave), su reacción no fue de miedo como Ud. Parece pensar. La verdadera reacción de miedo lo hubiera inmovilizado por lo menos por un momento. En cambio Ud. reaccionó inmediatamente y de manera adecuada.
El hecho es que, a pesar de hallarse en circunstancias completamente únicas en su experiencia, Ud. escuchó tranquilamente mi voz y replicó en forma lógica. Esta es la mejor evidencia que su mente es del tipo que nosotros esperamos encontrar.

Gracias por sus cumplidos, -dije-. Me gustaría creer que los merezco; pero su afirmación implica que Ud. se propone usarme en algún proyecto, que involucra adelanto científico para el pueblo que vive ahora en la Tierra.
¿Por qué a mí? ¿Porque yo estaba accidentalmente aquí cuando Ud. aterrizó?
Podría ponerlo en contacto, aquí en el campo de pruebas de cohetes, con varios hombres dignos de confianza que son considerados científicamente más avanzados que yo.



Cuando Ud. dice que estaba aquí por mera casualidad, subestima nuestra habilidad para seleccionar a quienes deseamos hablar, -fue la respuesta-.  Los cerebros de muchos terráqueos transmiten fácilmente, pero Ud. es uno de esos raros individuos cuyo cerebro también recibe bien.
Hemos investigado cuidadosamente la mente de muchos de sus científicos eminentes. En todos los casos encontramos que sus mentes se habían endurecido en un molde basado en sus concepciones presentes. Sus mentes han avanzado hasta un grado tal que ellos creen que lo conocen casi todo en el mundo científico. Así ellos encuentran difícil cambiar sus puntos de vista o formarse nuevas opiniones.


( Donde puede leerse completo el libro El incidente de White Sands, de Daniel W. Fry: https://danielfry.com/daniels-writings/white-sands-incident/in-spanish/ )

Y para terminar este pequeño compendio de fenómenos supra-mentales he traído lo sucedido a algunos cosmonautas volando alrededor de la Tierra; testimonios recogidos en el libro EXPEDIENTE SOVIET UFO, de Philip Mantle y Paul Stonehill. Hechos por los cuales se demuestra claramente que “los extraterrestres son capaces de adentrarse en la mente de los seres humanos para estudiar cualquier detalle y rescatar recuerdos que solamente uno mismo conoce” ya que de este modo “demostrarían a la persona en concreto que se hallan en el interior de su cerebro…”Analizándolo con cierto detalle, las consecuencias de esta constatación podríamos resumirlas de este modo: “Nadie está libre de ser estudiado…”Llámese una persona anónima ó bien, personalidades relevantes, políticos y militares, religiosos y científicos… es decir, que si hacemos caso de testimonios como los del cosmonauta X, los extraterrestres habrían manejado sutilmente el devenir de nuestra historia en el planeta Tierra sin nosotros siquiera haberlo intuido.

(Del libro EXPEDIENTE SOVIET UFO, de Philip Mantle y Paul Stonehill)



SUSURROS EN EL ESPACIO

En la Rusia actual sigue habiendo episodios de la exploración soviética del espacio de los que no se habla, Entre estos se encuentran los relatos del denominado «susurro espacial». Un ex cosmonauta (cosmonauta X) reveló parte de la información, pero exigió que su relato fuera anónimo. Recordó que los cosmonautas soviéticos oían rumores acallados sobre el susurro, pero no compartían información específica entre ellos ni se la brindaban a los médicos, puesto que temían ser expulsados del programa espacial. El cosmonauta X y su compañero creían que los rumores no eran más que un mito creado por el primer equipo de cosmonautas soviético para asustar a los novatos. Pero estaban equivocados.

Los cosmonautas estaban a bordo de la nave que volaba sobre el hemisferio sur, cuando oyeron el susurro. El narrador contó que, de repente, sintió como si alguien estuviera a su lado. Tenía la sensación de que un ser invisible clavaba una mirada punzante en su espalda. El cosmonauta no tenía dudas de que alguien lo observaba. Un segundo después, su compañero, el mecánico de vuelo, que estaba mirando por la portilla, se volvió de repente y miró a su alrededor. Ambos eran bastante prosaicos; estaban alejados de cualquier creencia mística. Pero eran muy buenos amigos y se conocían desde mucho antes del entrenamiento en la Ciudad de las Estrellas. Por ese motivo, no temieron comparar sus sensaciones cuando terminó el episodio. Cada uno recibió un mensaje diferente, pero su reacción inicial ante el susurro fue exactamente la misma: ambos quedaron perplejos y enmudecidos. El susurro vino de lo más profundo de la conciencia del cosmonauta X. « ( ...) Llegaste aquí muy temprano y no lo hiciste de la manera indicada. Confía en mí, puesto que soy tu ancestro de tu lado materno. ¿Recuerdas? Ella te contó, cuando eras niño, historias de tu bisabuelo, quien fundó la planta D-s en los montes Urales. Hijito, no deberías estar aquí, vuelve a la Tierra, no violes las leyes del Creador... Hijito, debes regresar, regresa, regresa...».
El susurro también le contó al cosmonauta una historia muy privada, como si hubiese querido demostrar que conocía hechos que solo habían circulado dentro de la familia. La historia se relacionaba con el mismo bisabuelo.


Ambos cosmonautas regresaron a la Tierra dos días después. El susurro se les presentó una vez más. Los mensajes que transmitía eran los mismos que la primera vez, y ambos sintieron la presencia alienígena durante todo el tiempo que estuvieron en órbita.
Los cosmonautas se enfrentaban a un dilema: informar sobre lo sucedido o no. Si lo hacían, su carrera podía terminarse de inmediato. Podían llegar a considerarlos personas impresionables, con una mente demasiado inestable como para realizar más vuelos al espacio. Otros cosmonautas mantenían el episodio del susurro relativamente en secreto; al menos, no lo comunicaban a sus superiores.

El cosmonauta X y su compañero dedicaron horas interminables a intentar determinar qué había sido lo que vivieron. Ambos eran ateos y amantes de la ciencia ficción. Esto los llevó a la conclusión de que la inteligencia alienígena, mediante algún tipo de hipnosis, está decidida a impedir que la humanidad explore el espacio sideral. Para convencer a la humanidad de que sus hijos no tienen alucinaciones en el espacio, presentan datos concretos, datos obtenidos de la exploración de los recuerdos, el subconsciente y el cerebro humanos. ¿Cuánto tiempo llevan estos seres investigando nuestra civilización? Quizá, miles de años.
¿Pero son tan inocentes los alienígenas como para no darse cuenta de que descubriríamos un plan semejante? Entonces, si no fue el susurro de un alienígena, ¿de quién fue? ¿Es posible que los familiares fallecidos hayan visitado realmente a las tropas soviéticas en el espacio? Esta conclusión destrozó las convicciones de los cosmonautas, su ateísmo y su visión del mundo. ¿Quiere decir que hay vida después de la muerte y que la conciencia (no el cuerpo físico) continúa en otras etapas de la existencia? Tiene que haber una jerarquía de etapas, y en la superior estaría el Creador, tal como dijo el bisabuelo del cosmonauta.
El sentido del deber de los cosmonautas les conminó a presentar un informe, pero no le hicieron caso. No obstante, otros cosmonautas que habían oído el susurro sí prepararon informes. Por este motivo, se incorporaron equipos médicos especiales al programa de entrenamiento: médicos hipnotizadores de alto nivel comenzaron a explorar las mentes de los cosmonautas, y la totalidad del programa de entrenamiento de combate sufrió cambios.

El cosmonauta X, quien se retiró tras este episodio, no sabe de qué manera se aborda el tema del susurro actualmente ni a qué conclusiones llegaron los científicos rusos (Press-Extra, número 135, 1997). Sí expresó que su actitud frente a la vida cambió por completo. El espacio sideral está plagado de inteligencia y es mucho más complicado de lo que imaginamos. Nuestro conocimiento actual no es suficiente para comprender la esencia de la mayoría de los procesos que tienen lugar en el universo. Nuestra capacidad sigue siendo limitada. Pero quienes oyeron el susurro tienen algo en claro: el futuro existe y es infinito, tal como lo son el tiempo y el espacio.


Marina Popovich (esposa del cosmonauta Pavel Popovich) es una coronel retirada de la Fuerza Aérea Soviética, ingeniera, y legendaria piloto de pruebas soviética que tiene 107 récords mundiales de aviación establecidas en más de 40 tipos de aeronavesElla es uno de los pilotos más famosos de la historia rusa. Ella también habla sobre sus experiencias con OVNIs en su libro titulado UFO Glasnost (publicado en 2003 en Alemania) y en conferencias públicas y entrevistas. Ella afirma que los pilotos militares y civiles soviéticos han confirmado 3.000 avistamientos de OVNIs y que la Fuerza Aérea Soviética yl a KGB tienen fragmentos de cinco OVNIs estrellados (Crédito: urantia-gaia.info)
FUENTE: http://orbitaceromendoza.blogspot.com.es/2014/07/el-piloto-y-cosmonauta-pavel-popovich-y.html

EL PROGRAMA ESPACIAL  RUSO Y LOS OVNIS

Los ufólogos rusos Valery y Roman Uvarov entrevistaron a Musa Manarov y Gennady Strekalov, dos cosmonautas rusos, para el periódico Anomaliya (número 13, 1996). Los cosmonautas fueron interrogados por la filmación que mostró Marina Popovich ante ufólogos rusos. Manarov había filmado un objeto extraño cuando estuvo en el espacio. El 16 de mayo de 1996, aportó más detalles.

Durante una filmación de rutina de otra nave rusa a través de la portilla para grabar el procedimiento de acople, Manarov apreció un detalle extraño. En la parte inferior de la nave espacial se veía una especie de antena, algo que no debía estar ahí. Este elemento se separó de la nave, pero en esa fase no debía desprenderse ningún componente. Manarov tiene mucha experiencia como cosmonauta y conoce su trabajo. El objeto extraño rotaba; su tamaño era difícil de especificar. No estaba cerca, pero Manarov pudo ver que no se trataba de una tuerca ni nada por el estilo. El elemento desprendido permaneció detrás de la nave. Manarov cree que apareció por detrás de la nave espacial y que esta no lo ocultó de la visión del cosmonauta. El objeto quedó a la vista durante varios minutos. Manarov duda al determinar la naturaleza del objeto filmado: no cree que su tamaño alcanzara el metro. Si hubiese sido más grande, los estadounidenses y los rusos, quienes rastrean los desechos de gran tamaño, hubiesen reaccionado. Manarov sabía que hubiesen perseguido un objeto que se les acercara a tan poca distancia. Sin embargo, hay casos en los que el radar no puede detectar OVNIs.

Manarov reveló información muy interesante sobre el entrenamiento espacial ruso de cosmonautas. Antes de embarcar en un vuelo espacial, había que firmar documentos en los que prometían que ningún vídeo grabado en el espacio se utilizaría en contra de los intereses del Estado o su servicio. Manarov ingresó en el servicio de cosmonautas en 1978, y, hasta ese momento, los OVNIs no se habían mencionado siquiera una vez. Manarov está particularmente interesado en el fenómeno OVNI, pero no participa en ningún tipo de investigación a causa de la gente deshonesta que utiliza el tema con fines malintencionados. En cuanto a los cosmonautas, solo los que son verdaderamente realistas llegan al programa: muy pocos tienden a imaginar cosas o a tener visiones. Manarov nunca tuvo la posibilidad de hablar con astronautas estadounidenses sobre los OVNIs: sencillamente, no había tiempo para eso. Intentó asegurarle al entrevistador que, al menos él, nunca había recibido una advertencia de no revelar secretos sobre los OVNIs, ni tampoco lo habrían matado si lo hubiese hecho.

Terranova

Gennady Strekalov contó que vio fenómenos extraños en varias ocasiones, pero no se decide a etiquetarlos como OVNIs. Sin embargo, sus colegas sí vieron platillos volantes, y por eso los envidia. Strekalov no proporcionó detalles sobre esos avistamientos, pero sí describió el fenómeno que observó en 1990 durante su vuelo: una esfera sobre la isla de Terranova. La atmósfera estaba despejada, y la visibilidad era perfecta. La esfera cambiaba de color y era preciosa. Se vio durante diez segundos y luego desapareció instantáneamente. Strekalov recuerda que su forma era perfecta. Informó del incidente al Centro de Control de Misiones, pero no lo clasificó como un OVNI (los cosmonautas deben tener cuidado, expresó). Gennady Manakov estaba con él y observó el mismo fenómeno. Vladimir Dezhurov vio el otro fenómeno extraño que Strekalov describió en 1995. Nubes con una forma perfecta y bordes regulares, como si alguien las hubiese rallado así a propósito. Manarov también observó estas nubes durante sus vuelos.

Otra de las fuentes de información respetadas sobre observaciones rusas en el espacio es V M. Trankov. En 1995, lo entrevistó el periódico Anomatiya (número 13). En ese momento, como oficial del Centro Coordinador de las Fuerzas Espaciales de Rusia, Trankov reveló que, a través de los años, cuando se encontraba en los controles de los sistemas de comunicación espacial (señales de vídeo televisivas provenientes de cámaras a bordo de las estaciones espaciales) observó fenómenos extraños. Describió vibraciones extrañas, luminiscencias, zonas de niebla cuya densidad aumentaba en el centro, figuras con forma de platillo. Todo esto se grabó en cintas magnéticas, y todos estos materiales se encuentran en los Archivos Centrales de Ciencia Espacial, en Rusia. Además, Trankov mencionó que con frecuencia los cosmonautas también registraban desde el espacio los objetos grabados en los controles de tierra y que todo ese material está guardado. No quiso agregar más detalles. Por otro lado, expresó que no se habían establecido comunicaciones con los Estados Unidos en relación con los fenómenos anómalos, pero que esperaba que esto cambiara. En cuanto a los informes sobre OVNIs, Trankov dijo que los cosmonautas habían presentado varios. En términos generales, Trankov fue muy cauteloso durante la entrevista, pero sí opinó que en la naturaleza existen numerosos fenómenos no identificados, y que algún día los investigadores lograrán estudiarlos. Lamentablemente, en muchas ocasiones no se cuenta con herramientas para realizar las investigaciones necesarias.


LOS OVNIS Y LA MISIÓN FRUSTRADA DE LA NAVE SOYUZ 18-1

Oleg Makarov, cosmonauta, científico, escritor y dos veces condecorado Héroe de la Unión Soviética, falleció en Moscú en el año 2003 a causa de un infarto. El colega con el que realizó dos misiones espaciales, el científico y cosmonauta Vasily Lazarev, falleció en 1990 a causa de una intoxicación etílica.

Los secretos de la misión abortada de la nave Soyuz 18-1 aún no se esclarecieron. Este autor lleva años investigando la historia y obtuvo datos fascinantes sobre la inusual misión de 1975 a la estación Salyut-4.

La bibliografía se refiere a la misión como Soyuz 18-1 (a veces, como Soyuz 18a) dado que la siguiente misión Soyuz (realizada en mayo de 1975) recibió el nombre de Soyuz 18. En la Unión Soviética, se asignaban números solo a las misiones que habían sido exitosas...
Ese año, los soviéticos querían competir con las misiones estadounidenses Skylab y establecer su propio programa de estaciones espaciales. Para la misión Soyuz-1 se seleccionó a los cosmonautas Lazarev y Makarov. Ambos eran personalidades distinguidas. Makarov, graduado en la Universidad Técnica de Moscú Bauman, había trabajado en la Oficina de Diseño Espacial Número Uno bajo la dirección del legendario Sergey Koroliov. Fue elegido como cosmonauta en 1966. Makarov participó en el programa lunar de la Unión Soviética (posteriormente abortado) y se estaba entrenando para vuelos circunlunares. También había formado parte del vuelo espacial Soyuz 12 (1973), del cual Vasily Lazarev fue el comandante de la misión. Esa fue la primera misión soviética tripulada tras la tragedia de Soyuz 11, en la que murieron tres cosmonautas al reingresar en la atmósfera. Makarov y Lazarev regresaron a la Tierra sanos y salvos, después de haber pasado dos días en el espacio. En los años posteriores, Makarov trabajó para la empresa Rocket and Space Corporation Energia (ex Oficina de Diseño Espacial), para la estación espacial MIR y también para el desarrollo del transbordador Buran.

Lazarev, coronel de la Fuerza Aérea soviética, piloto de caza, cirujano y médico, continuó siendo cosmonauta hasta la década de los ochenta, pero no volvió a volar tras el inicio frustrado de la misión Soyuz 18-1, que él había comandado. Eran fuertes esos dos cosmonautas. Y también sabían guardar secretos.

Lanzamiento de cohete desde el Cosmodromo de Baikonur

AVISTAMIENTO DE OVNIS: 5 DE ABRIL DE 1975. UN OVNI EN EL LANZAMIENTO DE BAIKONUR

La nave Vostok-1, la que llevó en su interior al primer viajero espacial del mundo, se había lanzado desde el cosmódromo de Baikonur, el complejo de lanzamientos espaciales en funcionamiento más grande y antiguo del mundo, catorce años antes. Ocurrieron tantas cosas desde aquel entonces... El año 1975 fue importante para la exploración espacial. Durante la mañana del 5 de abril, se realizaban los preparativos para el lanzamiento de la nave Soyuz 18-1. El cielo estaba despejado; los cosmonautas que componían la tripulación se sentían fantásticamente bien. Su misión era llegar a la estación orbital Salyut-4, relevar a los tripulantes Gubayov y Grechko y trabajar en la estación durante sesenta días.

De acuerdo con el coronel soviético retirado Kolchin, respetado autor e investigador con conexiones excepcionales, unos minutos antes del lanzamiento de la nave Soyuz 18-1, el teniente coronel V. Ilyin advirtió cómo un objeto cruciforme de un color grisáceo transparente sobrevolaba la zona de lanzamiento a gran altitud en el cielo. Mientras miraba el peculiar objeto con su chófer, se lanzó el cohete. El oficial recordó que el cielo en Kazajistán suele estar despejado unos doscientos setenta días al año, por lo que podía ver claramente todas las fases de los vuelos de cohetes. A los ciento veinte segundos, los bokovushki («propulsores») se separaron como debía suceder y volaron hacia los costados, como si formaran una cruz. El teniente coronel recordó que, después de eso, se podía ver (sin ningún tipo de artefacto óptico) una mancha luminosa: se trataba del motor que estaba funcionando. Después, la mancha también desapareció. A los ciento cincuenta segundos, se separó la golovnoy obtekatel («cabeza»). Sin embargo, esta vez, después de que se separaran los bokovushki, el cohete siguió una trayectoria muy extraña que se pudo distinguir claramente por su rastro de humo.

Los problemas se desencadenaron a los pocos minutos del inicio del vuelo, en la separación del cohete que impulsaba la nave Soyuz. Ilyin recordó la cruz grisácea que había visto en el cenit. Pero el objeto ya no estaba ahí. Su chófer, Gena, confirmó que él también la había visto.

VIadimir Ajaja, ufólogo ilustre de Rusia, menciona este episodio en su libro Inaya Zhizn' (Moscú, 1998). Además, agrega que probablemente nunca sepamos si el infausto OVNI tuvo algo que ver con el fracaso de la misión.

Sin embargo, existen otras cuestiones relacionadas con esta desgraciada misión que tal vez nunca podamos descubrir.

UN VUELO CONDENADO AL FRACASO

Los cuatro cohetes propulsores montados a la nave se separaron en primer lugar, después lo hizo la cabeza y, por último, el cohete de escape. A los 261 segundos del despegue, llegó el momento en que la tercera fase debía desprenderse de la segunda. Fue en ese instante que los cosmonautas sufrieron un balanceo violento, seguido de una sirena ruidosa y una luz roja de advertencia por avariya nositelya («fallo del propulsor») en el tablero de mando. La fase inferior se había separado solo parcialmente (la tercera se había encendido a tiempo), por lo que se corría el riesgo de que la nave espacial terminara estrellada en la taiga. La tripulación envió pedidos reiterados al control de la misión para iniciar la secuencia de cancelación.



Finalmente, la nave Soyuz 18-1 se separó del propulsor caprichoso. Entonces, el motor principal de la nave espacial se activó y arrancó sin problemas. El módulo de descenso de la nave se separó del resto del Soyuz a cierta altitud. Siguiendo una trayectoria balística, Lazarev y Makarov sufrieron un horroroso reingreso a gravedad 20 (el doble de la gravedad normal). Los cosmonautas seguramente sufrieron lesiones a causa de esto. Pero luego las fuerzas de desaceleración disminuyeron, y el sistema de paracaídas de su nave se activó, así como los cohetes para aterrizaje suave. De esta manera, el módulo de comando de la nave Soyuz, con su tripulación exhausta, se separó del propulsor y, tras caer vertiginosamente en la Tierra, se detuvo en la ladera de una de las montañas de Altái.

De acuerdo con Ajaja (y con el informe oficial), el vuelo suborbital duró veintiún minutos y veintisiete segundos, alcanzó una altitud de 192 kilómetros y recorrió un total de 1574 kilómetros.

LA INFORMACIÓN DE VADIM ILYIN

El periodista ruso Vadim Ilyin (se presume que no tiene parentesco con el teniente coronel Ilyin, mencionado anteriormente) publicó un artículo en el número 16 de NLO, una conocida revista de San Petersburgo, en el año 2004. El título: «Kosmonavtov spas NLO» (Cosmonautas rescatados por un OVNI). El periodista afirmaba revelar en su nota información desconocida hasta ese momento.

Vadim Ilyin afirmó que a los doscientos sesenta segundos de vuelo, la voz de P. Klimuk -el operador de comunicaciones de la estación de control de la misión-se cortó, y la tripulación oyó por un instante interferencias ruidosas y luego nuevamente la voz de Klimuk, pero esta vez con un tono débil. Era como si alguien -o algo-intentara imitar el lenguaje humano con poco éxito. Los cosmonautas pensaron que esos ruidos podían deberse a un ordenador que intentaba transmitir información mediante el uso de cuerdas vocales. No pudieron comprender el contenido de la transmisión. Unos segundos después, oyeron la sirena y vieron la luz de advertencia en el tablero de mando...

Según Vadim Ilyin, los cosmonautas volvieron a escuchar los mismos ruidos extraños a los doscientos setenta segundos de vuelo. Las comunicaciones con el centro de control a veces eran normales y otras veces se cortaban. Después, percibieron el sonido de una imitación torpe de voz humana. No pudieron comprender el sentido de la transmisión y se preguntaron cómo era posible que un extraño se pudiera conectar al canal de comunicación por radio destinado exclusivamente al uso de los tripulantes y del centro de control de la misión.



LA ZONA DE ATERRIZAJE

Hubo muchos interrogantes en cuanto al lugar exacto en el que descendieron los cosmonautas. Fue cerca de la ciudad de Gorno-Altaisk (a 1600 kilómetros de Baikonur), no muy lejos del límite con la China comunista. Los cosmonautas (de acuerdo con ciertas fuentes de información) creyeron que habían descendido dentro de China, que en ese momento era un adversario de su país. Al abrir la escotilla, se encontraron rodeados por un paisaje cubierto de nieve y que su cápsula estaba sostenida por un paracaídas (atrapado en un árbol según algunas fuentes y en un saliente de roca, según otras) sobre un barranco de entre quinientos y seiscientos metros de profundidad. Makarov logró establecer su ubicación y calculó que habían aterrizado en la cordillera de Altái (a unos dos mil kilómetros de Baikonur). Según algunas fuentes, para asegurarse de que sus secretos no se convirtieran en un premio para la China comunista, él y Lazarev quemaron la documentación del vuelo. Los cosmonautas, a pesar de que todavía sentían las consecuencias del aterrizaje, se las arreglaron para salir a gatas al exterior. Vadim Ilyin comentó que estaban tan agotados que no podían moverse. Después de un rato, lograron ponerse en movimiento. Se vistieron con su ropa normal y, tras quemar los documentos, activaron la señal de socorro. Anduvieron a gatas por la nieve profunda, juntaron algunas ramas y encendieron una fogata. Esa noche, la temperatura llegó a estar bajo cero.

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*(El encuentro del Presidente de EE.UU. Jimmy Carter con los extraterrestres, narrado en el libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos)


Los objetos cambiaban de color justamente delante nuestro y volaban en zig‑zag en el cielo. Estaba asombrado porque nunca habría creído en nada parecido, ahora lo sé, no estamos solos...

JIMMY CÁRTER

La revista Das Neue Zeitalternl n°‑ 40, Octubre de 1.978 revela:
El Presidente de los Estados Unidos ha visitado un OVNI. Información exclusiva de George V. Jacobi.
¿Por qué el Presidente de los Estados Unidos guarda silencio sobre cuanto concier­ne a su aventura?. Los extraterrestres han hablado con él. La opinión pública tiene el derecho a ser informada. Jimmy Carter ha sido huesped de un OVNI.
Por esta razón, un agente secreto de seguridad habla sobre el Presidente ameri­cano. Su conciencia le ha llevado (él, que a causa de su trabajo se encontraba en uno de los sitios más próximos al Presidente Jimmy Carter) a revelar, a su modo, los hechos.
El Presidente no le había confiado nada directamente. ¡No!. Este hombre había reunido él solo las piezas del caso, a través de insinuaciones y trozos de conversacio­nes, estando presente o por teléfono; hasta que el caso ha tomado forma, pieza a pieza, formando un gran conjunto.
Pero no podía guardar ese secreto para sí. Sabía que no podía dirigirse a un gran periódico. El agente se dirigió entonces al redactor jefe de una conocida revista americana que está siempre bien informada sobre este tema.
Durante una conversación personal con el redactor, pudo convencer a su interlo­cutor sobre la autenticidad de su caso, esto es, que el Presidente de los Estados Unidos, y como él Eisenhower (esto no lo sabía el agente), habían visitado un OVNI.


El Presidente de EE.UU. Jimmy Carter
He aquí la declaración:

Hacia la mitad de Octubre de 1.977, yo y mi compañero, que nos encontrábamos siempre muy próximos al Presidente, notamos que había cambiado. Sus ojos, que estaban siempre brillantes, estaban a menudo como ausentes, y contrariamente a su costumbre de sonreir y decirnos cosas agradables, pasaba sin prestarnos atención, como si algo le pesase mucho.

En un primer momento creí que tuviera preocupaciones políticas: soviéticos, chinos, Israel, Arabia ...Pero justamente entonces descubrí la verdadera razón: ¡SE TRATABA DE UN ENCUENTRO CON SERES DE OTROS PLANETA!. Y a partir de aquel momento estuve atento; prestaba atención a cada palabra que pronunciaba el Presidente, cada vez que estaba de servicio.
Un día el Ministro de Asuntos Exteriores, Vance, estaba con él y la puerta estaba entreabierta. Oí al Presidente que decía: ¿Qué debemos hacer con todo esto?. Y Vance respondió: Puede ser que la opinión pública esté bastante madura para saber. No podemos mantener estas cosas secretas por más tiempo.

El Presidente dudaba en responder: Lo sé ...pero el Pentágono tiene miedo a la reacción de la opinión pública, temen el pánico. He intentado muchas veces conven­cerles de que todos tienen el derecho de saber lo que sucede y pido que esto se haga. Los he visto yo mismo y el encuentro del mes pasado lo ha confirmado nuevamente.
Al principio no comprendía lo que quería decir Carter con la frase: El encuentro del mes pasado, ¿a quién podía haber visto con sus propios ojos?...Quería descubrir­lo a toda costa, y lo descubrí.

Algunos días más tarde estuve nuevamente presente mientras telefoneaba a alguien. Hablaba a través de un número especial empleado únicamente para importantes asuntos de Estado.
¿Dónde han sido vistos los OVNIS?, preguntó, ¿Podría hacer verificar los infor­mes de la NASA?. De otro modo podrían escapar a nuestro control.
Durante los 10 o 13 minutos que siguieron, oí a Carter hablar de su aventura privada: ¡Eran reales, no hay duda!, decía, y había otros tres. Los objetos cambia­ban de color justamente delante nuestro y volaban en zig‑zag en el cielo. Estaba asombrado porque nunca habría creído en nada parecido, ahora lo sé, no estamos solos...



El Presidente decía esto en un tono muy excitado, Nunca le había oído así. Y todas las tardes, Carter discutía con su Jefe de Prensa, Jody Powell sobre este asunto. Le pidió que ocultara el mayor tiempo posible estas cosas a la prensa. Sé que quieren saber la verdad sobre los OVNIS: Les he pedido abrir una oficina que pueda tener constantemente al corriente a la opinión pública y puede darse que la nueva película Encuentros cercanos del tercer tipo, les ayude a desmantelar la política de silencio del Pentágono. En todo caso así lo espero. Lo que supe después me traumatizó de tal modo que tuve que deshacerme de ello a toda costa porque me pesaba de manera insoportable. Es por esto que he venido a su redacción, ya que los grandes periódicos no me creerían y me hundirían, y entonces, ¡se acabó todo!. ¡La prisión sería lo mínimo que podría sucederme!.

Carter contó a Powell cómo le telefonearon a su oficina, una noche muy tarde: Este número es conocido por pocas personas y por esto sabía que era algo importante. La voz, sin decir su nombre, me pidió una cita. Luego la persona me recordó hechos de mi juventud que nadie podía conocer. Me parecía que leyese mis pensamientos y sabía que rezaba todas las noches.
Nosotros consideramos necesario, me dijo, señor Presidente, un encuentro perso­nal con usted, que concierne al bienestar de todo el planeta.

Jody, puede que esto te parezca cosa de locos, pero aquella voz pertenecía a alguien de otro planeta.
Yo lo sentía claramente desde el inicio de nuestra conversación, y por esto seguía las instrucciones para verles en un lugar del desierto próximo a la Base Andrew Aier Force.
Inmediatamente después pedí un coche y partí con dos hombres hacia el lugar indicado: La noche era clara y tras algunos minutos de espera vi al norte una luz intensa que se acercaba cada, vez más y finalmente fluctuó encima de nosotros. Vimos entonces que era un OVNI como los que habían sido fotografiados miles de veces.


Bajé del coche y dije a los dos acompañantes que todo estaba bien. No tenía el menor miedo y me sentía magníficamente.

Después oímos un zumbido, y del interior del OVNI apareció una abertura. De ella salió un rayo de luz que me tocó en la espalda y yo sentí mucho calor, y de repente me hallé en el interior del platillo, en una estancia redonda.

Había hombres alrededor de una gran mesa: Uno de ellos, aparentemente su Jefe, se me acercó y me puso la mano sobre la espalda como en señal de amistad. Te saludamos como nuestro igual, decía el extraterrestre con un tono metálico en la voz. Desde hace muchos años te observamos minuciosamente y nosotros creemos que tú puedes convencer a la gente de nuestra realidad. Ha llegado el tiempo en el que la Humanidad de la Tierra tome Conciencia de nuestra existencia porque esto es esencial para vosotros. Si no paráis enseguida la preparación de guerras en todas partes, vuestro planeta podrá ser completamente aniquilado. Pronto será demasiado tarde y entonces todas las posibilidades de salvar la Tierra se perderán. Tú eres el primero en saber realmente lo que ocurre. Por este motivo no dudes mucho más tiempo en revelar la verdad.

Carter confió también a Jody que en los 12‑15 meses siguientes habría un acontecimiento especial en relación con los OVNIS, con la intención de convencer final­mente al mundo de la existencia real de humanidades extraterrestres. No sé qué sucederá, pero será bueno porque ya no podemos tener mucho más tiempo esto en secreto, resulta demasiado difícil.

Aquí acaba el relato del agente del FBI. A la pregunta de si Carter haría público su relato, respondió:
Estoy seguro de que lo hará de muy buena gana porque no querrá guardar nin­gún secreto a la opinión pública, que tiene derecho a la información.

Desgraciadamente no fue así. Pues desde su cúpula presidencial Jimmy Carter no quiso o no pudo revelar al mundo la realidad extraterrestre.


Exoplanetas

sábado, 20 de febrero de 2016

El extraterrestre era alto. Poseía unos ojos muy grandes, almendrados, de un azul límpido, tan claro que su mirar daba la sensación de ser un tanto desvaído pero llenos de vitalidad. Su tez, era blanca, ligeramente sonrosada. Imberbe. Los cabellos de un rubio claro, cayéndole casi hasta los hombros. Le dijo a Jaime Bordas Bley: ¡Quisiera pedirle un favor! “Espero de su amabilidad que me facilite cada día, a esta hora, un par de botellas de leche y pan”.

El extraterrestre era alto. Poseía unos ojos muy grandes, almendrados, de un azul límpido, tan claro que su mirar daba la sensación de ser un tanto desvaído pero llenos de vitalidad. Su tez, era blanca, ligeramente sonrosada. Imberbe. Los cabellos de un rubio claro, cayéndole casi hasta los hombros. Le dijo a Jaime Bordas Bley: ¡Quisiera pedirle un favor! “Espero de su amabilidad que me facilite cada día, a esta hora, un par de botellas de leche y pan”.




¿Por qué querrían comunicarse civilizaciones extraterrestres con los seres humanos? Muy posiblemente porque sienten cierta responsabilidad moral hacia los habitantes de este planeta. Si tenemos en cuenta las atrocidades que cometen los seres humanos; aquellos que visitan la Tierra intentaran de algún modo “que la evolución” del planeta azul se corrija necesaria y definitivamente… ¿Pero como deberían hacerlo, si las autoridades niegan su presencia?... La lógica nos lleva entonces hacia un ritmo lento pero constante, apareciendo sus naves en cualquier punto del planeta y dejándose fotografiar por los asombrados testigos.


Otra forma más elaborada por los extraterrestres (intuyo) viene a ser la presencia directa de los tripulantes de esas naves prodigiosas, tomando contacto con algún que otro terrestre; intentando que ese contacto llegue algún día a conocimiento de la población en general. En estos casos, los extraterrestres suelen “escenificar” unos hechos que pueden parecernos sorprendentes e ilógicos, como le ocurrió en su momento a  Jaime Bordas Bley cuando un “ser de apariencia extraña” se acercó hasta su casa “pidiéndole un favor”. En este caso, el sorprendido contactado necesito de un tiempo hasta llegar a ciertos razonamientos y conclusiones, más concretamente cuando el extraterrestre le explicó que venía “de arriba”.

Pero,… ¿Cómo se pueden los extraterrestres manejar la psique de unos seres aparentemente tan atrasados como los humanos? ¿De qué forma lo haríamos nosotros mismos, por ejemplo, intentando explicar a un nativo de la Amazonía los principios básicos de la computación? Difícil empresa, ¿verdad?



Si hacemos caso de algunos contactados, la Vía Láctea se encontraría en estos momentos habitada por incontables civilizaciones capaces de desarrollar viajes interestelares. Por ejemplo el 5 de Julio de 1978, a las 02:30 horas de la madrugada,  el contactado español Pablo R. viajaba por la provincia de Alicante (España) tras haber realizado una reunión de negocios. Tras una curva, se topó con una nave discoidal que emitía una luz anaranjada. Por un momento su coche se detuvo. Entonces sintió que una voz le llamaba e hizo aparición un extraterrestre de aproximadamente 1,80 de altura o más. :

Decía Pablo R.:

Pero fue sólo un segundo. Hasta que me di cuenta de que me habían llamado por mi propio nombre. Tenía que ser alguien que me conociera...Apunté la linterna a la oscuridad y distinguí una figura alta...No sé... tal vez un metro ochenta...tal vez más. Vestía una especie de mono transparente muy ajustado. Me extrañó por el calor que hacía aquella noche.
Su rostro era de facciones regulares y sólo recuerdo que sus ojos eran brillantes y un poco rasgados. Como los chinos... o más bien como los malayos.

Y momentos después, se estableció un dialogo claramente telepático entre Pablo R. y el extraterrestre. Añadía Pablo R.:

Creo que debí preguntarle quién era… cómo había llegado hasta allí.... de donde procedía...Sí, debí preguntarle todo aquello, porque contestó con mucha claridad...



Nave nodriza fotografiada por el contactado George Adamski

VELOCIDAD, DISTANCIA.

Ustedes no conocen mi planeta, dijo. Está en una zona de oscuridad que no captan sus telescopios ni sus receptores de radiaciones de microondas.
‑ ¿Están a mucha distancia de la Tierra?
‑Para su concepto de distancias, sí. Sus más veloces astronaves tardarían cientos de años en llegar allí.
‑ ¿Viajan ustedes a velocidades superiores a la luz?
‑No se trata de velocidad. Ni tampoco de distancias. Es un concepto incompren­sible para la física que ustedes conocen y tardarán aún bastante en descubrirlo. Con los conocimientos actuales de la ciencia no pueden ni siquiera entenderlo. Nosotros vivimos en una concepción totalmente distinta, para la que no sirven los parámetros de la Tierra en cuanto al tiempo y espacio.
‑Pero usted es un ser físico..., humano... ¿verdad?


extraterrestres

Sonríe...Tiene un cierto carisma de sonrisa benevolente.
‑Claro. En mi mundo somos humanos como ustedes. Existen algunas diferencias anatómicas de poca importancia. Sin embargo, lo que más marca la diferencia entre nosotros no es la materia física, sino la desigualdad de evolución, primero mental y luego astral y espiritual. Ustedes están evolucionando aún en el plano físico. Pero van a iniciar el paso a una evolución mental muy importante. Después... tal vez dentro de mil o dos mil años iniciarán la evolución astral...Y más adelante podrán dar el gran paso en la evolución espiritual. Más ésta tardará aún mucho tiempo en llegar.
-Yo había imaginado a los extraterrestres...de otra forma.
‑Hay algunos de otra conformación morfológica.
‑ ¿No son ustedes los únicos?
‑Naturalmente que no.
‑ ¿De dónde vienen los otros?
‑ ¿Por qué dan tanta importancia al lugar de procedencia. Cuando ustedes colonizaron las tierras salvajes de su planeta, las tribus que las habitaban no se plantearon nunca si los primeros seres blancos que veían procedían de un lugar o de otro...Actualmente llegan naves de diferentes puntos del espacio, porque ustedes se hallan en un lapso de transformación.

Seguí preguntando:
‑ ¿En qué planetas hay vida?
‑ Venus... Marte... En la Luna hubo vida hace mucho tiempo. Fueron establecidas allí unas bases para investigaros. Con el paso de los siglos las bases han quedado ocultas, aunque algunos astronautas han detectado algo que se silenció a la opinión pública por razones políticas.
Existe también una avanzada civilización en Ganimedes (satélite de Júpiter) que se halla muy cerca de vuestros parámetros mentales. Posiblemente, con el tiempo, sean ellos quienes establezcan el contacto directo a nivel oficial con vosotros. Urano está vacío. Una serie de condiciones cósmicas adversas lo imposibilitan para ser utilizado por ningún ser viviente. Lo mismo le sucede a Neptuno.



Imagen de Saturno tomada por la sonda Cassini el 28 de marzo de 2014 a una distancia de 2.861.094 km.

 Saturno dispone de una forma de civilización que os sorprendería. Es como un enorme jardín. Pero hay una diversidad de factores que, aunque llegaseis allí, os impedirían verlos.
Lo cierto es que aún os faltan muchos siglos para llegar a alcanzar el nivel cósmi­co adecuado que os permita establecer lo que vosotros llamaríais un contacto irreal, pero que en verdad es más real que ningún otro.
‑ ¿Son muchas las razas que existen en el espacio?
‑ Sí, incontables. Yo mismo no las conozco todas. Ningún sabio de mi planeta ha conseguido saber hasta dónde llega el Universo (Aquí se refiere seguramente al Cosmos), ni cuántas son las razas que lo habitan.
‑ Pero, ¿conocen ustedes muchos planetas habitados?
‑ Alrededor de ciento veinte mil. No todos ellos se encuentran en avanzado esta­do de evolución. Algunos incluso han evolucionado en sentido contrario y hoy se hallan en plena regresión hacia el estado vegetal. Sin embargo, con el tiempo volverán a resurgir.


Luis Jiménez Marhuenda
(FUENTE: Información recogida por el investigador Luis Jiménez Marhuenda que publicó en el periódico Información de Alicante, los días 22 y 29 de Octubre de 1.978. Articulo incluido en el libro Los Grandes Contactados, de Manuel Navas Arcos)

Todo ello nos lleva a la conclusión que los seres humanos vivimos “artificialmente aislados” del resto de la “comunidad de vecinos planetaria” principalmente por dos razones: Primera el miedo y cerrazón mental de las autoridades que temen perder su cuota de poder, alimentando la ignorancia del pueblo para conseguirlo; segunda, por la desidia de la población en general, que eligen y prefieren cierta “comodidad artificial” frente a una “necesaria evolución” que presumiblemente implicaría hacerse determinadas preguntas, que tal vez chocarían contra su propio ego...

Antes de dar paso al relato de Jaime Bordas Bley, descrito con destreza en el libro ¿De veras los OVNIS nos vigilan? de Antonio Ribera,  traeré una pequeña parte del dialogo mantenido por el contactado Daniel W. Fry con un extraterrestre llamado A-Lan, y recogido en su libro “El incidente de White Sands


Así explicaba A-Lan a Daniel W. Fry respecto a cómo necesariamente transmitir su vivencia de contacto al resto de seres humanos:

-“Si bien es verdad que mucha gente teme cualquier cambio en sus vidas, hay muchos otros que comprenden los problemas críticos que existen en su civilización y están buscando muy seriamente y en forma incansable una solución.

Esa gente entenderán su deseo de propalar las verdades que yo voy a darle. Ellos le prestarán cortés atención y expresarán el deseo de un mayor conocimiento, así que ellos pondrán cuidado antes de reír. Y en cada uno que presta atención y desea comprender, Ud. tendrá otro amigo.

No se olvide de lo que le dije respecto al poder del pensamiento. Cuando Ud. tiene amigos, nunca estará solo no importa donde esté. Cada mente que está con Ud., permanecerá con Ud. y lo respetará. Yesos amigos adicionales le darán valor y capacidad para sobreponerse a los problemas que puedan presentarse”.

-Eso espero, -dije- .Tengo la sensación, que si hago lo que Ud. dice, voy a necesitar abundancia de ambos.
Han transcurrido más de cuatro años desde su primer contacto conmigo. Ud. debería estar ya completamente adaptado a nuestro ambiente. ¿Por qué no hace descender su nave sobre los jardines de la Casa Blanca alguna mañana, pide que se le den facilidades para comunicarse con el mundo entero y transmite inmediatamente su mensaje a todo el planeta?

-Una solución tan simple sólo está dictada por el deseo, -replicó Alan-. Hemos discutido esto antes. Si Ud. piensa un poco, verá que hay muchas razones de orden general y específico por las cuales tal solución no daría resultado.

En primer lugar está el aspecto psicológico. Si nosotros apareciéramos como miembros de una raza superior viniendo de arriba para conducir el pueblo de la Tierra, haríamos pedazos el equilibrio del ego de su civilización. Decenas de millones de habitantes, en su desesperada necesidad de evitar ser desplazados a un segundo lugar en el universo, llegarían a extremos inconcebibles para negar nuestra existencia. Sí nosotros recurriéramos a medios para forzar en ellos la conciencia de nuestra real existencia, aproximadamente el 30% de esa gente insistiría en considerarnos dioses e intentarían responsabilizarnos de su propio bienestar.

En el restante setenta por ciento, la mayoría nos consideraría como tiranos potenciales que estuviéramos planeando esclavizar su mundo y muchos empezarían inmediatamente a buscar recursos para destruirnos.
Si puede derivarse algún bien importante y durable de nuestros esfuerzos, los líderes deberán ser miembros de su propio pueblo u hombres indistinguibles de ellos.

Es práctico por consiguiente darse cuenta que si nosotros fuéramos a aterrizar cerca de la sede de su gobierno, seríamos inmediatamente rodeados y llevados por las fuerzas militares, cuyo deber es proteger a sus gobernantes de todo posible daño.

Seríamos interrogados por horas, quizás días antes que se atendiera cualquier pedido nuestro. Luego seríamos obligados a exponer nuestra superioridad en el dominio de la ciencia material. Una vez demostrada nuestra superioridad en este campo, los jefes militares considerarían imperativo que sus países adquirieran y protegieran ese conocimiento científico avanzado.



La actitud de su gobierno, común con la de los gobiernos de otras naciones adelantadas de su planeta, es que todo nuevo conocimiento, particularmente el conocimiento científico, es propiedad del estado. Será conservado secreto, o será diseminado cuando y en la manera que ellos lo consideren necesario.

Tal actitud no es defecto de un individuo o de una fracción política. Es simplemente una filosofía de gobierno que se desarrolló durante las dos últimas guerras mundiales.

Recibió gran impulso en su país por la necesidad de guardar en secreto el desarrollo de las armas nucleares. Pero la "seguridad" militar debería basarse en la lógica y la razón. Se ha transformado en muchos casos en un pretexto para ocultar cualquier cosa que pueda molestar a uno o más miembros del cuerpo de gobierno.

En realidad, la mayoría de las tensiones que existen entre muchas naciones del globo, son el resultado directo de este excesivo secreto.

Con esto presente, Ud. puede darse cuenta clara: cualquier información que su gobierno pueda adquirir concerniente a nosotros, nuestra nave o nuestros conocimientos, será considerado el más vital secreto militar jamás poseído.

-Pero supongamos que Uds. aterricen, -dije-. Supongamos que Uds. dieran a nuestro país los beneficios de su sabiduría, ¿No prevendría esto el estallido de otra guerra?

-Seguramente Ud. no pensará que nosotros seríamos tan bárbaros, que atacaríamos otro país simplemente porque nos sentimos poseedores de medios para conquistarlos.
De ninguna manera -replicó Alan-, permítame que aclare mi punto de vista. Si nosotros aterrizamos en su país, su gobierno trataría de mantenerlo secreto, pero no tendría más éxito que el que tuvo para guardar en secreto sus armas nucleares. Tan pronto como el Gobierno de la Unión Soviética sepa que las fuerzas militares de los Estados Unidos han adquirido conocimientos altamente avanzados, decidirían que la única esperanza de evitar el dominio por los Estados Unidos, sería lanzar un ataque inmediato. Recuerde la lección de Pearl Harbor, y se dará cuenta de esto más claramente.




Si aterrizáramos en ambos países simultáneamente, el resultado más probable sería, una intensificación de la ya existente carrera de armamentos. Eventualmente podría desencadenar el holocausto que estamos intentando prevenir.

Nosotros señalaremos el camino y los ayudaremos a comprender la sabiduría del amor y la cooperación. Les brindaremos nuestra ayuda en la medida que podamos, pero Ud. y la gente que hemos contactado tendrán que difundir la palabra y ayudar al mundo a comprender.

“Si sus niños tendrán un futuro hacia el cual mirar, dependerá grandemente del éxito o fracaso de sus propios esfuerzos”.

-Me doy cuenta el peligro que plantea a nuestra civilización el riesgo de una guerra atómica, -dije-. Cualquiera que trabaje en el campo técnico lo sabe. Casi todos los científicos cumbres de nuestro país han, en un momento u otro, hecho la afirmación que una guerra atómica en gran escala llevaría a la virtual destrucción de nuestra civilización, pero nadie parece prestarles atención.

-Ello es porque sólo han planteado el problema sin ofrecer una solución,-dijo Alan-. En realidad la posibilidad de una guerra atómica no es el problema, sólo es un síntoma y nunca nadie ha curado una enfermedad tratando únicamente los síntomas.



Su civilización está enfrentando un gran problema, que durante los últimos años se ha vuelto crítico. Su existencia no es culpa de ninguna raza, credo o facción político, sino el resultado de una debilidad básica de la naturaleza humana. La falta de atención y la incertidumbre que Uds. manifiestan a menudo hacia la Fuerza Creadora Suprema, y su fracaso en comprender cómo esta gran Fuerza Creadora Espiritual puede ser usada para ayudarlos a expresar más amor y consideración hacia los otros seres humanos.

Es un problema extremadamente simple, y como la mayoría de las cosas simples, su importancia ha sido pasada por alto por demasiada gente de su pueblo. Realmente la solución descansa en; una completa comprensión del problema. Para ayudarlo a Ud. a comprenderlo a fondo, me expresaré en los términos más simples posibles.

Toda civilización en el Universo, no importa dónde o cuando se haya originado, se desarrolla primeramente a través del continuo aumento del conocimiento y de la comprensión que resulta de la exitosa prosecución de la Ciencia.

(Donde puede leerse completo el libro El incidente de White Sands, de Daniel W. Fryhttps://danielfry.com/daniels-writings/white-sands-incident/in-spanish/)

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A continuación los hechos que acontecieron a Jaime Bordas Bley en su encuentro con un extraterrestre, narrado a la perfección en el libro ¿De veras los OVNIS nos vigilan? de Antonio Ribera.


El enigmático personaje del Canigó

Abandonemos ahora al misterioso Mothman de Virginia Occidental y pasemos a Europa, y concretamente a la región pirenaica del monte Canigó, para trabar conocimiento con un personaje de aspecto mucho más simpático y atractivo. En este caso, quien realizó personalmente la encuesta no fue John Keel, sino yo mismo, beneficiado por el hecho de conocer personalmente al principal testigo de este desconcertante caso: Jaime Bordas Bley. Mi amigo Bordas es por muchos conceptos un personaje extraordinario: ex meteorólogo, llegó a ser una de las primeras potencias de Andorra; regentaba en la época en que se sitúa este suceso (junio de 1951) un hotelito situado al pie del Canigó, en el pueblo de Casteill y un poco más arriba de la estación balnearia de Vernet-les-Bains. El nombre del hotelito era «Hostal de l´Isard» (Hostal del Rebeco).



Casteil, Francia
 En los comienzos del verano de 1951, Jaime descansaba en el patio del «Hostal de l´Isard», bajo la sombra de unos perales. Por la puerta de la terraza que daba al lado de la montaña y al valle del Cadí, hizo su aparición un individuo que se detuvo en la entrada.
-Bonjour -dijo cuadrándose mientras realizaba una leve inclinación con todo el cuerpo.
Jaime le devolvió el saludo maquinalmente, examinándolo con detenimiento.

El individuo en cuestión era alto, de 2 metros. Su andar era pausado y su voz había sonado en tono bajo pero de timbre claro, que sin ser excesivamente varonil no correspondía a su físico.
Lo que más atrajo su atención, además de su extraña voz y sus peculiares modales fue su aspecto y su manera de vestir. Llevaba unos pantalones ajustadísimos, a modo de unos leotardos en donde resaltaba toda la musculatura de los muslos, bajo aquel color indefinible, de tonos azules, petrolíferos y grisáceos. Las largas y perfectas piernas rememoraban las de una estatua griega, tal vez demasiado largas en proporción al resto del cuerpo. Calzaba unas botas de media caña, de una sola pieza, sin ojales, ceñidas, muy negras, confeccionadas con una especie de piel extraordinariamente mate. Llevaba el torso ceñido por un blusón en el que destacaba un bordón de un dedo de grueso en torno al cuello. El blusón era un poco holgado, sin ajustarse tanto como el pantalón pero marcando su figura. Le llegaba hasta la cintura, rematado por una tira -a modo de cinto estrecho- cerrado por contacto, al igual que la abertura central.

Es de notar que los cierres de contacto, tipo «Velcro», por ejemplo, aún no se habían inventado. La blusa también estaba cerrada por sendos bordones rodeándole las muñecas. Este detalle hizo que Jaime se fijase en las manos del «desconocido»: eran unas manos provistas de dedos finos, alargados, bellas, muy afeminadas, lisas, blancas sin vello ni venas destacadas. Pese a su estrecha cintura tenía el cuerpo atlético y era bastante ancho de hombros. Su conjunto era más bien fino, de una esbeltez notable y no aparentaba poseer ni un solo gramo de grasa.
En cuanto a su tez, era blanca, ligeramente sonrosada. Imberbe. Los cabellos de un rubio claro, cayéndole casi hasta los hombros -de una manera similar a la del famoso «venusiano» de Adamski-, provisto de amplias ondulaciones y vuelto ligeramente hacia el interior por abajo.

Su cara era alargada, provista de una boca perfectamente dibujada; más bien sensual que fría, con los labios ligeramente carnosos y bien formados. Al hablar mostraba una dentadura normal y sana. La nariz de trazo rectilíneo sin ser clásica, algo achatada en las aletas, pero por encima de ellas continuaba en punta. Poseía unos ojos muy grandes, almendrados, de un azul límpido, tan claro que su mirar daba la sensación de ser un tanto desvaído pero llenos de vitalidad. Eran unos ojos propios de una mujer bellísima, turbadores, casi insondables y provistos de una especie de magnética penetración.

Cuando el «desconocido» posaba su enigmática mirada sobre él, Jaime experimentaba la sensación de sentirse atravesado de parte a parte. No le era posible sostenerle la mirada ni fijar sus pupilas en las de aquellos ojos. Cada vez que lo intentaba sentíase intimidado a pesar de que el «desconocido» le contemplaba atento y respetuoso.
Las cejas eran finísimas, formando un trazo rubio bajo una frente enormemente espaciosa.
Hablaba sin gesticular. Su cara y sus manos no se movían. Sus brazos se apoyaban en la mesa, quietos también. Daba la impresión de que en él todo el cuerpo era pura voz surgiendo con el mismo diapasón: muy agradable, sin inflexiones, sin altos ni bajos, suave pero a la vez penetrante y clara. Usaba un francés «químicamente puro» sin que resaltase ningún acento regional determinado.

Montaña del Canigó
 Empleaba un vocabulario de elevada técnica; sin embargo, todo lo exponía con sencillez y claridad. Aparentaba tener de 30 a 35 años.
-Quisiera pedirle un favor.
-Siéntese-le invitó Jaime con amabilidad. El «desconocido» tomó asiento en una silla, a su lado.
Al tenerlo tan cerca observó que la tela de su vestido tenía una contextura especial, lisa, al parecer sin fibras, como de espuma.
-He venido a verle para pedirle -continuó el «desconocido»- un favor.
-Si está en mi mano...
-Espero de su amabilidad que me facilite cada día, a esta hora, un par de botellas de leche y pan.
-No me dedico a vender lo que solicita -replicó Jaime-. Esto es un restaurante.
-Lo sé-admitió el desconocido-, pero no puedo dirigirme a nadie más en este pueblo. Si no me vende lo que le pido me causará una extorsión.
-¿Y por qué una extorsión? -
-No tengo documentos ni dinero -aclaró-. Además, he de procurar que me vean paseando por los alrededores de su casa lo menos posible.

Jaime pensó que su misterioso interlocutor podía ser un perseguido o un fugitivo político.
Entretanto, el «desconocido» le miraba fijamente con un rostro que se iluminaba, pero sin llegar a sonreír. En realidad no le vio sonreír jamás, únicamente en determinados momentos se le aclaraba toda la faz. Diríase que sonreía interiormente, sin ningún signo externo, como si la vida física cediese a la interna, a la espiritual.
Jaime accedió a su petición.
-Muchas gracias-dijo su extraño visitante con aquella indefinible expresión.
-Mañana ya puede pasar a recoger el pan y la leche, que yo iré a buscar al pueblo.

El «Hostal de l'Isard» estaba enclavado en la misma entrada de la población.
De súbito, Jaime le preguntó:
-¿De dónde viene usted?
-De arriba.
-¿Está en Marialles o cerca del Coll de Jou?
-De arriba -repitió el «desconocido».
Jaime no quiso insistir. Hubiera deseado saber la identidad de aquel raro personaje pero se contuvo. Un cuarto de hora antes de que éste se fuese le hizo prometer que sería muy discreto y no revelaría a nadie su presencia, quedando en volver al día siguiente a la misma hora.

En efecto, a la hora concertada volvió a comparecen, hizo la misma clase de salutación que el día anterior y fue a sentarse directamente al lado de Jaime.
-Me gustaría saber qué es lo que hace usted por esta región-dijo Jaime procurando no dar demasiada importancia a sus palabras.
-He venido con una misión científica -le respondió-. Más adelante le diré de qué se trata.
-¿Es usted un científico?
El «desconocido» asintió con la cabeza.
-¿Por qué rama de la Ciencia se interesa?
-Por muchas -contestó, preguntando a su vez-. ¿Usted también se interesa por la Ciencia?
-Sí. Bastante.
-Pues sepa usted que esta región es muy interesante para la Ciencia. El macizo del Canigó es riquísimo en mineral, pero además tiene otras cosas que usted no podría comprender nunca.


Le hablaba benévolamente, como si tratase con un niño de diez o doce años. Le exponía las cosas con claridad y sin el menor asomo de suficiencia o pedantería. En el tono que empleaba no existía el menor atisbo de orgullo o petulancia. Se limitaba a hablarle del Canigó. Entre otras cosas le dijo que era una montaña de hierro, magnética. Acaso esta inesperada información explicase los frecuentes accidentes de aviación que se han ido registrando y cuyo historial desde 1945, comprende una trágica lista de once catástrofes de aviación, con un total de 229 muertos. Posiblemente los compases de los aviones fueron desviados por la fuerza magnética de la montaña.

Al tercer día, extrañado ante las escasas necesidades que demostraba tener el individuo, le preguntó:
-¿No quiere que le traiga otra cosa del pueblo?
-Ya tengo suficiente-repuso con su habitual tono de voz.
-Me es usted muy simpático -insistió tratando de romper aquella especie de hielo que les separaba-. Si le hace falta algo más sólo tiene que decírmelo.
-No necesito absolutamente nada más -atajó el visitante. Tras una pequeña pausa continuó-: Yo me alimento únicamente de pan y leche.
Esta declaración no le sorprendió demasiado. Jaime había sido vegetariano durante muchos años, por lo que este tipo de alimentación, un tanto sobria, la atribuyó a una cuestión puramente dietética.
«Acaso esté enfermo», pensó para sí.

Con singular naturalidad, el «desconocido» empezó a desarrollar temas más profundos, de un curioso carácter social.
-El Régimen francés es retrógrado-díjole entre otras cosas y agregando a continuación-.Desde luego, el planeta en que nos encontramos está compuesto por una sociedad dislocada. Todo en vías de arreglo, pero aún no hay nada que se sostenga.
Por sus palabras y por los conceptos que vertía -que a veces sólo entendía confusamente- le pareció un auténtico comunista.


Este concepto Ideológico que había formado del «desconocido» se reafirmó al oírle decir:
-Existe un país que tan sólo es un embrión de lo que será el mundo del futuro. Pero sólo es un embrión.
Jaime le escuchaba cada vez más interesado.
-Es preciso desarraigar el egoísmo del hombre, totalmente. Ustedes creen que es algo congénito, pero no, no lo es. Aunque la tarea de su expulsión será muy dura.

Hizo una pausa. Daba la impresión de que sus palabras surgían por todas las partes de su cuerpo provocando una especie de fascinación a la que no podía sustraerse.
-El hombre se considera solo en la Tierra y no sabe que no es más que uno de los elementos de la evolución. Con todo su desmesurado orgullo, con toda su pretendida sabiduría, ignora que en el planeta Tierra existe un animal, hoy en proceso evolutivo, que andando el tiempo le sustituirá. Actualmente no puede sospechar que ya se está preparando algo que le superará.
-Me gustaría saber qué clase de animal o...
La intensa y fija mirada del «desconocido» cortó su pregunta. Cada vez más cohibido se vio obligado a apartar la mirada de él.


Y de nuevo, sin saber cómo, se entabló la conversación. Uno de los temas en que insistió muchísimo fue el de las fuerzas ocultas que ahora el hombre cree dominar.
-Al hombre se le han dado muchas atribuciones para dominar gran cantidad de fuerzas extraordinarias, pero él no lo sabe. Y si hace mal uso de ellas, únicamente conseguirá la precipitación de su propio holocausto y la aparición de esta cosa que vendrá después. El hombre ha de esperar. Tiene que saber esperar a darle tiempo al tiempo, sin quemar estérilmente las etapas. Solamente entonces será posible que, el hombre actual, llegue a enlazar con esta cosa futura.
Cada vez se hallaba más convencido de que su misterioso visitante era un ruso. Esta opinión la compartían los escasos habitantes de Castell que habían visto a aquel étre bizarre (ser extraño), como lo clasificaban en su patois del Rosellón. Sobre todo al oírle decir:
-Nosotros podemos evitar el cataclismo que las potencias capitalistas pueden provocar.
En otro retazo de las conversaciones que sostenían afirmó:
-Sus hijos verán el final de las religiones. Al menos tal como están estructuradas en la actualidad.



Hablando de la generación de la posguerra y de la rebelión de los hijos, expresó:
-Las revoluciones sólo vendrán de las juventudes. -Con sus pensamientos lisamente expuestos semejaba prever una verdadera mutación de la juventud.
El «desconocido» ya llevaba cuatro o cinco días en Castell, y pese a sus precauciones, se había convertido en la comidilla de sus habitantes.
Una mañana, estando ambos sentados en el patio, salió el hijo de Jaime, llamado como él y llevando entre sus manos una máquina fotográfica.
-Papá, os haré una foto.
Pero el «desconocido» mirándole con fijeza, rechazó diciendo con tajante acento:
-No. No, gracias.
Ante la insistencia del muchacho su rostro se alteró por primera vez tomando una expresión muy rara. Al fin accedió diciendo:
-Bien, hágala. De todos modos es inútil. No vale la pena.
Jaime les hizo no una, sino dos fotografías.
Al revelar el carrete, transcurridos unos días, cuando ya el «desconocido »se había despedido de Jaime, los dos fotogramas correspondientes a aquel par de exposiciones aparecieron en blanco. La película aparecía completamente transparente, sin señales de emulsión. Los otros seis fotogramas de la misma película, tamaño 6 x 9, salieron bien, mostrando escenas familiares.
El hecho continúa tan inexplicable ahora como cuando tuvo lugar.
El día de las fotografías el «desconocido» insistía en un tema, que sin lugar a dudas, le era muy caro: el de la perversidad del hombre que, según él, tocaba ya a su fin.

Transcurridos unos días, Jaime, sin poder dominar por más tiempo su creciente curiosidad decidió seguir los pasos del «desconocido» sin que éste se diese cuenta. Al abandonar el «Hostal de de l'Isard» comenzó a seguirle con la mayor discreción posible. Después de traspasar el puente del río Cadí volvió a subir hacia el Coil de Jou. Con no poca sorpresa pudo comprobar que el «desconocido» subía sin esfuerzo alguno, como si la cuesta descendiese en forma suave en lugar de ascender empinadamente. Tan regular y elástico era su paso. «Subía como una pluma... »
Manteniendo siempre la misma distancia le vio llegar hasta la parte superior de la cuesta. Allí, entre la espesura del bosque, le esperaba un ser de apariencia y traje iguales a los del «desconocido», aunque un poco más bajo de estatura. Tuvo la impresión de que se trataba de una mujer.
Los dos seres, sin saludarse, continuaron ascendiendo por el monte, introduciéndose en un bosquecillo. Jaime se vio obligado a seguirles por las alturas, ocultándose entre las matas, procurando no perderles de vista ni un solo instante.


El «desconocido» y su idéntico acompañante se detuvieron en un pequeño claro del bosque. En el centro del mismo, en una especie de calvero divisé algo que tenía toda la apariencia de una tienda baja, no cuadrada, sino ovalada o circular, con la parte central más elevada. Su color era como «gris metálico». Por más que se esforzó no pudo ver toda la superficie de la supuesta tienda de la que le separaba una distancia de unos 200 metros aproximadamente.

Montañero experimentado, quedose estupefacto ante aquel tipo de tienda. Caso de serlo, pertenecía a un género de confección muy rara en la época, utilizado sólo por las expediciones del Himalaya y en las misiones polares de Paul Émile Victor.
Los dos misteriosos personajes comenzaron a pasear alrededor de la tienda. Jaime no quiso ser inoportuno e indiscreto y decidió retirarse. Pero su curiosidad no quedaba satisfecha. Lo primero que hizo cuando el desconocido volvió de nuevo al Hostal, con su acostumbrada puntualidad, fue lanzarle de sopetón la siguiente pregunta:
-Pero, ¿qué hace exactamente usted aquí?


El desconocido adopté su postura acostumbrada, mirándole sin despegar los labios.
-¿Cómo se llama usted? -insistió con idéntico resultado.
Conformado pero no satisfecho por la imperturbable postura del «desconocido» desistió de hacerle más preguntas por el momento. Era casi seguro que estaba allí clandestinamente.
Poco a poco volvió a entablarse la conversación, versando como siempre sobre los temas sociales.
De pronto el «desconocido» lanzó su pregunta:
-Y usted, ¿qué hace socialmente?
-Pues yo no pertenezco a ningún partido político-repuso Jaime-, pero soy muy avanzado socialmente.
-Tiene la obligación de desplegar más actividad social. No hace lo bastante en este terreno, porque usted, con las aptitudes que tiene, está obligado a una actividad social de acuerdo con sus impulsos interiores.

Por unos momentos, Jaime quedó como en suspenso. ¿Cómo podía saber el «desconocido» las condiciones que concurrían en él? ¿Qué sabía de su vida, tanto anímica como física? Reaccionando tardíamente replicó:
-Yo no tengo su capacidad. ¿No se da cuenta de que a veces no puedo seguir el hilo de sus pensamientos ni los entiendo?
A partir de aquel instante, el «desconocido» se esforzaba por hacerse entender, explicándole las cosas hasta lograr que las comprendiera. El comentario entonces era muy singular. Decía simplemente:
-Bon, enregistré. (Bien, registrado.)
Empleaba a menudo un lenguaje muy técnico, tal como lo haría un profesor de física, utilizando símbolos matemáticos que escapaban a su comprensión.


Como era de esperar, la curiosidad de los habitantes del poblado no podía permanecer sin manifestarse.
Jean Pi, cultivador de manzanas, le interpeló en cuanto tuvo ocasión.
-¿Quién es ese ser tan raro que te va a visitar?-.Ante el silencio de Jaime, un poco molesto continué: El otro día estaba yo en el manzanar y al verle le grité: « ¿Eh, dónde va usted?» No me hizo caso. Yo insistí: « ¿Eh, es que no oye?» Entonces se volvió mirándome de tal manera que me intimidé. Tienes que saber, amigo, que es un ser muy raro. El caso es que ya no pude decirle ni media palabra más.
Pocos días después, hallándose en el pueblo, el padre de M. Nou, que ostentaba el cargo de alcalde del lugar, le preguntó:
-¿Quién es ese ser tan raro que le visita? El otro día le saludé pero ni siquiera me contestó. Creyendo que era extranjero y no me entendía le dije por medio de gestos: « ¿Y los papeles?» Me miró tan fijamente, con tal intensidad, que creí haberle ofendido y me sentí muy intimidado. Por un momento tuve la sensación de que me tapaban la boca con una mordaza. No pude decir ni palabra. ¿Quién es este individuo? ¿Le conoce usted?
-Puede estar tranquilo -respondió Jaime-. Es un buen amigo y una excelente persona. Desde luego es extranjero y ha venido de muy lejos para hacerme una visita. Yo respondo por él Pero por favor, no diga nada a la Gendarmería. No es que pueda ocurrir nada, pero sería enojoso.
- ¡Ah, bueno, así está bien!

Jaime Bordas cada día estaba más intrigado. Habían transcurrido diez días desde la primera visita del desconocido, que se presentaba invariablemente a la misma hora, para efectuar una breve inclinación corporal y sentarse luego a charlar, unas veces a la sombra de los árboles, en el patio o en el comedor del Hostal. Ni una sola vez quiso entrar en el bar. Después recogía su pan y su leche marchándose con su característico caminar.
Aquel ser representaba un enigma. A menudo se había forjado diferentes hipótesis, que no tardaba en desechar, quedando sumido en un caos de agitadas confusiones. En su mente quedaban agitándose una infinidad de preguntas a las que no podía dar una respuesta lógica.
¿De dónde había surgido? ¿Cuál era su origen? ¿Se trataba de un hombre fuera de «serie nacido en algún nórdico lugar? ¿Se trataba de un miembro perteneciente al clandestino movimiento de la Resistencia o de un espía soviético? ¿Qué misión u objeto tenía que llevar a cabo en aquellos solitarios aledaños?

En cuanto le vio aparecer fue a su encuentro. Sin poder dominar sus impulsos le preguntó casi a boca de jarro:
-Oiga, ¿qué es lo que hace usted por ahí arriba?
El le dirigió una, de sus extrañas miradas sin que sus labios se despegaran para emitir sonido alguno.
Jaime insistió:
-Tenga en cuenta que yo he respondido por usted. De sus acciones depende mi prestigio y tal vez mi seguridad.
La cara del «desconocido» pareció iluminarse con una extraña claridad y sus frías pupilas relumbraron por unos segundos, pero persistió en su silencio.
-Supongo que no se pasará todo el día sin hacer nada -continuó Jaime-. ¿No puede decirme qué clase de misión le ha traído por aquí?


Los labios del «desconocido» apenas si dieron sensación de que se movían. Y por primera vez contestó conciso a sus insistentes preguntas.
-Estoy haciendo el mapa topográfico del Canigó.
-Es un trabajo innecesario -replicó Jaime-. Ya existe el plano directo de la carta de Estado Mayor. Yo podría procurárselo con facilidad. Cualquier librería de Perpiñán lo tiene.
-Ya lo he visto. No me sirve.
De repente, sin saber por qué, a Jaime le llamó la atención la clara tonalidad del rostro del «desconocido». Pensó, con lógica, que éra imposible que, al cabo de diez días efectuando escaladas por aquellos riscos, pudiera conservar la tez tan fresca y sonrosada como la de una doncella., El sol de la alta montaña quema intensamente. Bastaba ascender al Canigó (2.785 re), al pico Barbet (2.750 m), al pico de Tres Vents (2.700 m), al pico de Roja (2.600 m), para acusar los efectos de la insolación.
-¿Cómo es posible que conserve la cara tan blanca si se pasa todo el día en lo más alto de los picos?-objetó-. ¿Acaso se pone un velo o una gasa? Jaime esperó sutilmente una contestación El «desconocido» volvió a adoptar su típica actitud silenciosa, mientras semejaba envolverle con la aguda mirada que surgía del fondo de sus ojos. Llegó a pensar que la palabra no, que nunca había empleado, no existía en su vocabulario.
-¿Terminará pronto este.., trabajo?
-Sí, dentro de unos dos o tres días lo habré concluido.
-¿Me lo enseñará? Me gustaría verlo.


La sombra de una sonrisa pareció esbozarse fugazmente. Dio media vuelta y emprendió el camino hacia las alturas. Un día antes de su partida el «desconocido» realizó su habitual aparición. Esta vez llevaba algo en la mano: un tubo de aspecto metálico y de cuyo interior extrajo un mapa que extendió sobre la mesa. Era un plano cartográfico, limpiamente ejecutado, con las cotas, las curvas de nivel perfectamente trazadas, reproduciendo con inusitada fidelidad todo el macizo del Canigó. El tipo de papel empleado daba la sensación de un pergamino muy suave, sin pliegues y no crujía al ser manejado. Reconoció con harta facilidad el trazado que aparecía ante sus ojos sin ninguna clase de letras ni números; únicamente se distinguían unos símbolos indescifrables. Uno de ellos era una especie de media luna en las curvas de nivel. La tinta empleada era negra y las altitudes no estaban señaladas con cifras arábigas. La topografía era perfecta.

Cuando Jaime hubo saciado su curiosidad, el «desconocido», doblando el sorprendente mapa, volvió a guardarlo, no en el tubo, sino en una especie de carpeta provista de tapas metálicas, que como es de suponer había traído consigo, pero que de pronto, había pasado desapercibida a la atención de Jaime. En el interior de la carpeta había otros documentos, así como en el tubo.
La labor topográfica para levantar aquel plano con sus detalladas curvas de nivel, hubiera requerido el esfuerzo continuado de un equipo de topógrafos del Ejército durante dos meses, cuando menos. Sin embargo, aquel misterioso ser lo había llevado a cabo -solo o con la ayuda de su no menos enigmático compañero- en quince días es casos... Y al parecer sin más alimento que pan y leche.
El hecho en sí era algo desconcertante e incomprensible. Un misterio más que añadir a los que rodeaban al «desconocido».

Aunque las sorpresas de Jaime no habían terminado.
El fantástico topógrafo le dijo:
-Mañana no me traiga ya más leche. No le podré pagar.
-No importa -repuso, comprendiendo que aquello significaba una despedida-. Lo que he aprendido de usted durante estos quince días, vale mucho más que el pan y la leche que le he proporcionado.
-No le podré pagar con dinero -continuó el «desconocido»- porque no lo tengo, pero le daré al que para ustedes tiene mucho más valor. -Y le tendió un pequeño paquete que llevaba en la mano.
Jaime no había observado nunca que el traje del «desconocido» tuviese bolsillos. Otro detalle que de repente le asaltó fue que realmente pese a que le había tratado siempre como a un hombre, en realidad no lo podía asegurar, pues su conformación de cintura para abajo no daba señales de atributos masculinos, sino que presentaba una superficie lisa, mórbida.


Al abrir el paquete vio que contenía unas cuantas piedras.
-Tómelas -le dijo el «desconocido»-. Son pepitas de oro.
-¿De dónde las ha sacado?
-Del río Cadí. Es aurífero -contestó-. Yo puedo encontrar tantas como quiera.
Jaime no dudó ni por un momento de su afirmación. Estaba acostumbrado a confiar completamente en su palabra. Siempre había tenido la impresión de que aquel «desconocido» no podía mentir.
-Gracias. Buen viaje. ¿Por dónde se irá? ¿Pasará por Vernet? Se lo pregunto con la intención de acompañarle con mi coche hasta Vilafranca del Conflent, donde puede tomar el tren. Piense que no tiene documentos que acrediten su personalidad,
El desconocido se limitó a decir.
-Por arriba.
Mientras se alejaba hacia donde tenía instalado el campamento, Jaime pensó que se iría por la alta montaña. No cabía otra explicación. Sólo ahora, transcurridos bastantes años, cree que aquel «arriba» pudiese significar algo más.

Aunque de momento, bajo la influencia de la poderosa personalidad del «desconocido», le creyó cuando le dijo que aquellos pedruscos redondeados que parecían unos vulgares cantos o guijos eran pepitas auríferas, después empezó a dudar. Hasta que por fin se decidió a llevarlos a Perpiñán con el objeto de mostrárselo a sus amigos, los hermanos Ducommun. ¡Cuál no sería su sorpresa ante el entusiasmo desbordado que le mostraron los joyeros al asegurarle que aquello era oro purísimo!
-¿Dónde los has encontrado? -le preguntaron con avidez-. ¿Quieres que nos asociemos para explotar este placer?
Jaime no quiso revelar su procedencia, cosa que molesté en extremo a los joyeros.
El «desconocido» había pagado con la magnificencia de un rey los alimentos que le proporcionó. El valor de las pepitas era muy superior al de los modestos víveres que había consumido: más de 50.000 francos.

Con este golpe de efecto terminó el hasta hoy inexplicable episodio de Castell a los pies del Canigó. La confirmación del encuentro con un personaje extraterrestre sería el mejor documento que existe y el de mayor duración. Los supuestos contactos de Adamski, Cedric Allingham, Truman Bethurum, Siragusa, Daniel Fry y algunos otros, no poseen pruebas tan corroborables como el de Castell, ya que en ellos todo depende de lo que cuenta el contacto. En el caso del Canigó no se registra la presencia de una «astronave», un «disco» o cualquier otro tipo de vehículo espacial. La presencia de la tienda da pábulo a muchas suposiciones. ¿Se trataba de un medio de transporte discoidal, aplanado y de color gris metálico, lo que Jaime tomó por una tienda último modelo?

Es muy significativa la observación aportada por  el eminente y estudioso francés Jacques Vallée, doctor en Matemáticas, asesor de la NASA en el mapa de Marte, especialista en máquinas calculadoras «IBM» y uno de los mayores expertos del mundo en «objetos no identificados», tema sobre el que ha publicado varías obras en inglés. En su lista de doscientos casos de aterrizajes de OVNIS y en el que lleva el número 55 y la fecha 4 de octubre de 1954, dice, que un niño de diez años, llamado Bartiaux, vio un objeto «en forma de tienda» que había aterrizado cerca de Viliersle-Tilleul (Ardenas). A su lado se hallaba de pie un individuo desconocido.
Pero en este caso se cuenta con el testimonio de casi todos los habitantes de una población. En mayo de 1967, en Castell, existían varias personas que habían conocido a Jaime cuando éste regentaba el «Hostal de L'lsard». Entre ellas Michel Cases, propietario del hotel-restaurante «Le Catalan».

El macizo del Canigó es perfectamente conocido desde el punto de vista geológico, pero la verdad es que los aviones que lo sobrevuelan sufren extrañas perturbaciones magnéticas en sus aparatos de navegación Algo o alguien perturba los compases y los radiogomómetros de los aviones en las inmediaciones del misterioso y poético macizo que en un mapa de Europa ocupa un espacio menor que una antigua moneda de cinco céntimos, Sin embargo, este pequeño círculo constituye EL MAYOR CEMENTERIO DE AVIONES DE EUROPA (1).

El vuelo 19. El 5 de diciembre de 1945 desaparecieron en el Triangulo de las Bermudas cinco aviones torpederos Avenger TMB-3 pertenecientes a las Fuerzas Aéreas norteamericanas sin dejar rastro. Éstos estaban realizando unas practicas cuando se les perdió la pista. Se trata del caso mas conocido y analizado de todos. El avión que enviaron inmediatamente en busca de los desaparecidos también se perdió en mitad del mar.

La conclusión de cada una de las encuestas efectuadas fue siempre la misma: error de navegación. Pero, ¿cuál es la razón natural, conocida y comprobada que hace que tantos pilotos experimentados, guiados por una completísima red de radiofaros desde tierra, cometan siempre el mismo error y en el mismo lugar?
Los técnicos responden que se trata de una desdichada coincidencia. El cálculo más elemental de probabilidades nos dice que ya no puede hablarse de «coincidencias» en el caso del Canigó. Caso que recuerda el «triángulo mortal de las Bermudas», misteriosa zona triangular que existe en el mar, a la altura de la península de la Florida, y, donde se han «esfumado» misteriosamente docenas de barcos y aviones, en pleno día y con calma chicha.
¿Existirán acaso en nuestro planeta centros de perturbación magnética capaces de «volver locos» los instrumentos de navegación aérea y marítima? De ser así, ¿cuál es la causa? ¿Tendrá relación con esto el secretísimo Proyect Magnet de la Aviación americana consistente en varias superfortalezas volantes y equipadas con perfectos magnetómetros? Y por último, ¿qué relación tiene -si la tuvo- el «desconocido» de Castell con estos trágicos y osos sucesos?

Sea como fuere, es de notar que, por causa verdaderamente incomprensible, el extraño episodio de Castell se borré, al poco tiempo, de la mente de Jaime, sufriendo una amnesia total-temporal que ha durado durante unos diez años. ¿Fue un bloqueo psicológico impuesto de «arriba»? El enigma subsiste y posiblemente aún nos hallemos muy lejos de su solución.
Sin embargo, el «desconocido» predijo a Jaime que su vida cambiaría radicalmente y que sería objeto de shocks muy violentos.
Los hechos posteriores parecen confirmar esta predicción. Efectivamente en el verano de 1971, hallándose Jaime en su magnífico chalet de Andorra y en compañía de Odile, su esposa parisiense que conoció poco después de los hechos antes reseñados, recibió una misteriosa llamada telefónica desde París. La voz era la misma que había oído en 1951 en Castell, la del «personaje misterioso», que le dijo:
-«Te hablo desde un automóvil, en el Bosque de Vincennes. Experimentarás una nueva mutación. Cesarás de envejecer, y tu mente se abrirá a verdades más amplias.»

En 1967, Rafael Farriols y yo nos personamos en Casteil para efectuar una detallada investigación in situ. Entrevistamos a varias personas que aún recordaban a Jaime Bordas y al etre bizarre que iba a buscarle pan y leche; es decir, el «extraño ser» de nuestra historia. Entre estos testigos se contaban el ya citado Michel Cases, M. Nou, antiguo alcalde del pueblo, Jean Pi, cultivador de árboles frutales, y otros. Bordas me había confiado, como se recordará, el nombre de los joyeros que adquirieron las pepitas de oro que le entregó el desconocido: los hermanos Ducommun. Por una afortunada casualidad, uno de ellos, Henri, era a la sazón Vicepresidente de la Federación Francesa de Estudios y Deportes Submarinos. Al ser yo uno de los pioneros del buceo autónomo en España, autor de varias obras sobre la materia, amigo personal del comandante Cousteau y de otras personalidades del mundo submarino, tenía ya garantizado un buen recibimiento por parte de dicho joyero quien, según pude luego comprobar, conocía en efecto mi nombre.

Castillet, Perpiñán (Francia)
La joyería de DUCOMMUN FRÉRES se encuentra en uno de los lugares más céntricos de Perpiñán: en la misma plaza que se abre al pie del Castillet.  Henri Ducommun me recibió amablemente, yo le presenté a Farriols y acto seguido le expuse el motivo de nuestra visita, después de hacer unos breves comentarios sobre el buceo y hablarme él de un compresor para la carga de botellas que se había hecho instalar en Rosas.
-En efecto, me acuerdo perfectamente de Jacques Bordas -me dijo-.. Era un guía de montaña que entonces regentaba un hotel de montaña en Castell. Era un hombre fuerte, simpático y de trato muy agradable.
-¿Recuerda usted si alguna vez le trajo pepitas de oro para vender?
-Pues sí -respondió Henri Ducomniun-, creo que fue hacia el año 50 ó 51, no recuerdo bien. Como ustedes saben -agregó.-, la cuenca del río Cadi es aurífera, pero nunca nadie había traído pepitas de aquella calidad.
Confirmado este último extremo, que parecía corroborar la veracidad de la extraña historia, Farriols y yo reemprendimos el regreso a Barcelona, en el «Monis 1100» de mi amigo, mientras en nuestro interior se alzaba este interrogante:
¿SERIA EL DESCONOCIDO DEL CANIGÓ UNO DE LOS PRIMEROS HOMBRES DE UMMO LLEGADOS A LA TIERRA?

Las fechas concordaban: mamo de 1950; junio de 1951. Poco más de un año después...El interrogante sigue en pie.