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sábado, 3 de mayo de 2014

El extraterrestre dijo: Vosotros percibís solamente tres dimensiones, más lo que llamáis tiempo. Nosotros alcanzamos a diez dimensiones, pero sabemos que hay más.

El extraterrestre dijo: Vosotros percibís solamente  tres dimensiones, más lo que llamáis tiempo. Total cuatro dimensiones. Nosotros alcanzamos a diez dimensiones, pero sabemos que hay más.




Hace ahora 48 años, un empresario, cuando viajaba en coche desde el Levante español en dirección a Madrid, mantuvo un excepcional encuentro con un extraterrestre de origen claramente humano. Una vez se encontraron uno frente al otro,  dialogaron fluidamente utilizando la telepatía, que es el lenguaje universal en todas las civilizaciones extraterrestres avanzadas. Durante aquella conversación, el extraterrestre le explicó como sus ancestros procedían de la Tierra aunque el mismo había nacido en otro planeta, concretamente en uno que órbita alrededor de la estrella Alfa Centauro (distante de la Tierra 4,7 años luz ó lo que es lo mismo 41,3 billones de kilómetros). 




Y curiosamente, días antes, aquel mismo extraterrestre le había estado enviando repetidos mensajes telepáticos solo con la intención de prepararle y tranquilizarle para cuando ese encuentro finalmente se llevase a cabo, como en definitiva así ocurrió en un desvío de la carretera Nacional III a la altura de Alarcón, provincia de Cuenca. Según relató el contactado a una revista de actualidad española de aquel año  1968, el extraterrestre que se identificó como Francisco Atienza  le explicó diferentes aspectos de su civilización; las condiciones ambientales de su mundo así como la organización social y política que rigen en su planeta; acontecimientos todos que fueron recogidos a la perfección en el libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos.




De los muchos temas a los cuales aludió el extraterrestre hay uno que principalmente me llamaría la atención, concretamente el referido a la existencia de otras dimensiones, espacios que por ahora le resultan a los seres humanos imposibles ni siquiera imaginar. Es sabido que   diversos extraterrestres en lugares y tiempos distintos, ya habrían comentado el mismo hecho a diferentes contactados, tales como  Sixto Paz WellsGiorgio Dibitonto ó Jesus Jofre Milá quien contactó precisamente con Sharim, un ser de la quinta dimensión.  Sabemos por tanto que a los seres humanos, quienes  percibimos la realidad en tres dimensiones espaciales mas el factor tiempo, resulta muy difícil siquiera  imaginarnos, y mucho menos  describir, “espacios” donde el tiempo, por ejemplo, no discurre en la medida que nosotros lo conocemos ó “sitios” donde tal vez llegue a detenerse en una aproximación  a lo que llamaríamos inmortalidad. Teóricamente, nuestra mente es incapaz de hacer una representación de otros lugares que no sean el ancho, alto y largo (Respecto al tiempo, que los terrestres lo incluimos como una dimensión más, yo personalmente no la considero como tal, sino como una cualidad añadida, puesto que no necesariamente se aplicaría en dimensiones superiores). Por todo ello, debido a la complejidad de estos aspectos, he necesitado reflexionar y buscar aquella explicación científica que los sabios de la Tierra pudieran darme, argumentos estos que los físicos de nuestro planeta mediante sus formulas y teorías razonasen sobre estas difíciles cuestiones; aunque todo hay que decirlo, ninguna de esas hipótesis me haya convencido razonablemente;  incluso llego a pensar que los físicos de la Tierra, más que estar cerca de la solución se estarían alejando de ella moviéndose claramente en “suposiciones”.



En este fragmento de una grabación, realizada por el contactado Billy Meier a una nave pleyadiana, puede verse como un OVNI aparece y desaparece en dimensiones diferentes. En este caso el OVNI da un "salto espacio-temporal". Mas información sobre Billy Meier en el siguiente enlace de este blog: http://elmensajedeotrosmundos.blogspot.com.es/2012/10/billy-meier-y-los-visitantes-de-las.html

Antes de explicar en pequeños trazos la teoría oficial esgrimida hasta este momento respecto a cómo se percibe en la Tierra la idea de otras dimensiones superiores, deberíamos recorrer brevemente los razonamientos científicos que han llevado finalmente a la Teoría de las Cuerdas: Deberíamos empezar desde los espacios infinitos hacia lo invisible a nuestros sentidos; cuando Isaac Newton formulo la famosa Ley de la Gravitación Universal por la cual nos hablaba de la atracción de los cuerpos, la gravedad, en la cual  la atracción de dos cuerpos es directamente proporcional a sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de su distancia. 


Isaac Newton y su Ley de la Gravitación Universal


Albert Einstein y su Teoría de la Relatividad, cambiaron los conceptos de tiempo y espacio.
Después llego Einstein con su Teoría de la Relatividad (especial y general), y los conceptos variaron, la gravedad se producía por una deformación del espacio-tiempo causada por la masa, del mismo modo que el tiempo no discurría uniformemente, dependiendo de donde nos encontremos. Según la Teoría de la Relatividad todo lo que ocurre entre dos puntos del espacio es relativo según el lugar donde se encuentren los observadores (ejemplo: para quien viaja en el cohete el tiempo discurre lentamente y quien lo observa desde su planeta, el tiempo corre rápidamente), influyendo claramente la velocidad en los efectos espacio-temporales.


Erwin Schrödinger , uno de los padres de la mecánica cuántica
Más tarde apareció la Teoría de la Mecánica Cuántica, en este caso se trataba de estudiar lo más pequeño, el comportamiento de las partículas y realmente, esta teoría fue una verdadera revolución: Por ejemplo, apareció el principio de incertidumbre, es decir los átomos “no son predecibles al cien por cien”. Además había otro problema, si mediamos la velocidad, esa misma medición afectaba a la posición. En la teoría cuántica, los átomos pueden tener la función onda-partícula y para ellos la noción del tiempo nos resultaba incomprensible, siendo indistinguibles, pudiendo confundirse, pasado y futuro. Según la mecánica cuántica, una partícula podría estar en dos sitios a la vez, ó afectar a otra simultáneamente aunque esta estuviese en los lejanos confines del Universo. Ciertamente, la teoría cuántica puede resultar desconcertante si pensamos, que por ejemplo, en la vida cotidiana un objeto cualquiera no sufre ningún cambio aparente frente a nuestros ojos, aunque si lo hace molecularmente si acaso lo observamos con microscopios electrónicos.


Teoría de Cuerdas, las partículas son estados vibracionales.
Y por si ya no tuviésemos suficiente con la Mecánica Cuántica, apareció una nueva teoría que trataba de explicar el funcionamiento de la materia en lo más ínfimo, me refiero a la Teoría de Cuerdas: Concretamente, en la Teoría de las Cuerdas se nos dice que  cualquier partícula material es en realidad un “estado vibracional” que llamaremos “cuerda” ó “filamento”. De acuerdo a esta teoría, todo en el universo estaría formado por “hilos de energía” llamados “cuerdas” (Dependiendo del modo en que esas cuerdas “vibren” u “oscilen” pueden convertirse en un electrón, fotón, quark, protón, neutrón, leptón ó gravitón). Desde un principio, la Teoría de Cuerdas se ha “manejado” utilizando diez dimensiones (alto, largo, ancho y tiempo más otras seis que permanecerían ocultas ahora a nuestros sentidos, enrolladas y comprimidas en espacios prácticamente inaccesibles para nuestra tecnología actual) . Moviéndonos en un tejido espacial aleatorio y caótico, una cuerda al desplazarse por ese mismo espacio puede crear un “tubo” que actué a su vez como una “burbuja” capaz de rasgar el espacio-tiempo.


Representación de universos paralelos.
En un momento dado, esta compleja Teoría de Cuerdas sufrió un estancamiento, además de formularse cinco versiones diferentes derivadas de la idea principal hasta que en el año 1995, durante la Convención Anual en la Universidad de California, el físico y matemático Edward Witten propuso una nueva teoría que englobaría a las cinco versiones enfrentadas: Esta nueva teoría se le conoce como Teoría de las Supercuerdas ó Teoría M intentando “Ed” Witten  solucionar el problema dimensional relacionado con la precedente Teoría de Cuerdas. Hasta ese momento se estaba operando con diez dimensiones, pero Witten añadió una dimensión espacial mas, sumando en total once. Con la dimensión que Witten había añadido permitía que las cuerdas se estirasen formando una especie de “membrana”. 


Representación de membrana y cuerdas.
Estas membranas podían tener tres o más dimensiones y con mucha energía podrían tener el tamaño del Universo. Mediante esta dimensión adicional aparecía entonces el concepto de “membrana”, algo así como “una gigantesca tela en la cual se hallarían adheridas las cuerdas” (imaginemos la base de una alfombra como la membrana donde se “anudarían” las cuerdas), a excepción de los gravitones (partículas que precisamente se encargarían de producir la gravedad), ya que al tratarse de “cuerdas cerradas” podrían escapar desde una membrana a otra. Bajo este concepto, todo el universo que conocemos podría ser una sola membrana que se correspondería con una dimensión. Según la Teoría M, habría infinitas membranas ó dimensiones que harían frontera unas con las otras; universos paralelos a los cuales solo podríamos comunicarnos mediante gravitones. Así mismo, científicos terrestres piensan que el origen del Universo, el Big Bang, habría “nacido” en el choque o roce de dos membranas diferentes.


Edward Witten, añadió una dimensión mas a las diez existentes propiciando la Teoría M ó  Supercuerdas
Y tal vez, la ciencia de los seres humanos se haya estancado ya que en la Teoría de Cuerdas haya  demasiada formulación sin estar sostenida por las pruebas empíricas que las sostengan, esas que nos dicen, en el laboratorio, si el camino es el adecuado, aunque todo hay que resaltarlo, nadie puede negar el esfuerzo de los físicos y matemáticos de este planeta están acometiendo por dar una explicación convincente de la realidad multidimensional, que precisamente civilizaciones extraterrestres son ya capaces de interactuar.

Ahora explicare lo que mi propia intuición me dice respecto a la comprensión de otras dimensiones (que por supuesto no deja de ser una teoría mas) y que nuestros sentidos no pueden percibir no sin antes aclarar  que yo personalmente no estoy de acuerdo con la teoría oficial de las “supercuerdas” ya que esta se mueve a contracorriente de una simplicidad necesaria, de igual modo que en matemáticas siempre “reducimos la ecuación al mínimo exponente”, algo así como la Ley Natural aludida en muchas ocasiones por los extraterrestres y que sirve para explicar todas las leyes físicas comprendidas . Tal vez para los extraterrestres, habiendo desarrollado otras capacidades extrasensoriales elevadas, la tarea de percibir y asimilar la existencia de una realidad multidimensional sea tarea fácil, dando por hecho que esas mismas civilizaciones  ya poseen en la actualidad la tecnología que les permite “desplazarse” a esos espacios, donde lógicamente, las condiciones tales como gravedad y tiempo sean diferentes. Sin embargo, para los seres humanos que iniciamos ahora esa búsqueda utilizando enrevesados teoremas matemáticos; ó bien observando los efectos producidos en aceleradores de partículas tales como el Gran Colisionador de Hadrones, GCH (en inglés Large Hadron Collider, LHC) en el cual se hacen chocar partículas a muy altas energías con la esperanza de que aparezcan “milagrosamente” atisbos de  “miniagujeros negros” ó las “trazas” de una “supercuerda”. De igual modo, en esa búsqueda de dimensiones adicionales, los seres humanos utilizan también  computadoras en las cuales  se “recrean espacios virtuales” al estilo de Matrix, llegando los seres humanos a comprobar con asombro como esos “cerebros electrónicos de silicio” no tienen ninguna dificultad en añadir e interactuar en dimensiones adicionales al espacio simulado.


Gran Colisionador de Hadrones, del CERN
Sin embargo, no todo el camino es pedregoso: Los seres humanos tenemos la certeza de que esas “dimensiones extra” existen, bien porque aquellos extraterrestres ya lo han dicho y confirmado, bien porque en ciertos avistamientos de OVNI pueden verse como estas naves prácticamente “se volatilizan” frente a nuestros ojos; “se mueven a otra dimensión” en una especie de “fogonazo electromagnético” como puede comprobarse en algunas grabaciones que en su día realizó el contactado Billy Meier. Por ello, cuando una de esas naves construidas con materiales aparentemente metálicos realiza ese “salto dimensional”….¿se desplazan entonces a una de esas “supercuerdas” que teorizan los físicos terrestres?...la lógica me dice que no. Yo entiendo por tanto, que “las dimensiones no dejan de ser espacios contiguos separados solo por diferentes niveles energéticos”, algo parecido a los estratos geológicos que pueden verse a lo largo y ancho de toda la Tierra.

Representación de teletransportacion: para movernos de una dimensión a otra, deberíamos reacondicionar nuestra masa molecular, codificandola ordenadamente.
Por dar una explicación más sencilla: Imaginemos cada estrato como una dimensión y supongamos que nosotros nos encontramos en el mas inferior de todas si damos por hecho que nosotros mismos estamos constituidos por una cierta “densidad material” y queremos subir a otra de posición superior. Sin embargo para nuestra desgracia, en el “estrato-dimensión superior”, las condiciones de entrada son distintas. Existe una  barrera, comparable a “una rejilla-filtro” que imposibilita nuestro desplazamiento ya que nuestra propia “densidad material-energética” es distinta y por tanto, incompatible. Entonces, razonando, llegamos a la conclusión que para llegar a ese lugar (dimensión) deberíamos previamente “reacondicionar nuestra masa molecular”, con la particularidad y condición que, aun variando dicha “densidad”, la organización de nuestro cuerpo deberia permanecer siempre inalterable, es decir, que tendríamos que poseer  la tecnología necesaria para lograr ese “ajuste molecular de  forma inocua”. (Podemos hacernos una aproximación visualizando alguna película de ciencia ficción justo cuando algunos personajes se teletransportan a lugares lejanos). 


Los estratos geológicos podrían aproximarnos a la idea de los "niveles vibracionales" comprendidos en el Universo.
Resumiendo, el Universo podría ser un compendio de “niveles vibracionales”(En realidad, todo en el Universo es energía ó bien, la ausencia de ella. Masa y energía intercambian valores, transformándose una en otra, donde las partículas elementales se agrupan ó disgregan y bien podría tomarse el ejemplo de la famosa formula de Einstein E=mc2), hallándose en los mas “básicos” la materia tal como la conocemos y de la cual nosotros estamos  constituidos, mientras que en otros niveles superiores las condiciones se tornan distintas, definiéndose todos esos “espacios” como “dimensiones”. Se entiende por tanto que deberíamos ajustar nuestra “masa-energía” a esos espacios diferenciados si queremos realmente movernos en distintas dimensiones.


Así es como viajamos por el Universo

(Recomiendo echar un vistazo a una entrada de este mismo blog titulada: Así es como viajamos por el universo, cuyo link es: http://elmensajedeotrosmundos.blogspot.com.es/2012/12/asi-es-como-viajamos-por-el-universo.html )

Deduciéndose de los argumentos anteriores, debemos suponer que un mismo estrato-dimensión podrían coexistir universos diferentes establecidos en una franja vibracional  compatible, algo así como lo que nosotros definiríamos como universos paralelos, que no necesariamente se encontrarían en dimensiones distintas. Para visualizar este concepto lo haríamos observando en una de esas mismas franjas infinidad de burbujas, unas junto a  otras, correspondiéndose cada una de ellas a un universo paralelo distinto (He ahí la diferencia entre dimensiones y universos)

En un vídeo de Youtube, determinada científica aseguraba que en realidad no hay muchas dimensiones, sino una sola y tal vez esta hipótesis no esté tan lejos de la verdad, si entendemos el Universo como un lugar autocontenido, es decir, “aquel capaz de albergar simultáneamente valores vibracionales distintos”. Por ello, si pensamos entonces en las diferentes dimensiones como “espacios vibracionales” deducimos que en alguno de esos “sitios” ciertos parámetros contengan otras características ajenas a los que nosotros conocemos aquí en la Tierra, por ejemplo que se ralentice ó detenga el tiempo, ó que tal vez los átomos se distribuyan en forma de antimateria, por poner solo un ejemplo. No hay duda  que los extraterrestres, siendo capaces de viajar de una estrella a otra, de una lejana galaxia hasta remotos confines del universo, demuestran que dominan los viajes dimensionales y que rasgan el espacio-tiempo para acortar esas distancias. Estoy convencido que muchos de aquellos que tienen conocimiento de la existencia de los extraterrestres visitando la Tierra habrán razonado estas mismas conclusiones.



Francisco Atienza, el extraterrestre llegado desde un planeta en la estrella Alfa Centauro, mencionó de igual modo que a los seres humanos era prácticamente desconocido el mundo de las almas, entidades inmortales que reencarnan en distintos cuerpos  hasta que finalmente logran una perfección necesaria para acercarse a la Suprema Fuerza Creadora. Obviamente, todo cuanto hay en el Universo ocupa un lugar, mejor dicho, se encuentra en una dimensión determinada de igual forma que esas mismas almas, una vez abandonado el cuerpo, se hallarían en algún “espacio” inaccesible para seres constituidos de materia, tal y como la entendemos nosotros ahora. Y si alguien me preguntara si yo creo ó no respecto a esta cuestión contestaría que sí, basándome en testimonios de personas de máxima credibilidad de mi entorno que han tenido experiencias, aunque sorprendentes a primera vista pero no por menos ciertas, de encuentros con aquello que denominaríamos almas de fallecidos. Por razones que se desconocen, una vez que el cuerpo físico llega a su fin y el alma lo abandona y solo en ciertas ocasiones, esas entidades llegan a interactuar con aquellos que se quedan con vida en su planeta, siendo ello una prueba determinante, concluyente, respecto a la existencia de dimensiones superiores donde los seres humanos aun no saben ó no pueden acceder por el momento.

Muchas películas como Independence Day,  "V" ó Aliens quieren transmitir la idea de que los extraterrestres representan una amenaza para los seres humanos con el fin de retrasar al máximo el inevitable "contacto oficial" con los seres de las estrellas. Obviamente, los extraterrestres no representan ninguna amenaza para los seres humanos, en realidad somos nosotros mismos la amenaza de autodestrucción.
¿Por qué los extraterrestres eligen excepcionalmente a ciertos humanos para contactar, como fue el caso de aquel empresario levantino y al contrario, la gran mayoría de la población quedaría excluida? Alguien sugeriría  que estos mismos extraterrestres deberían situar sus naves sobre estadios abarrotados de gente, al estilo Independence Day, allí donde todos pudieran verlos y grabarlos… aunque conociendo la psique de los seres humanos tal acción seria nefasta, siendo “peor el remedio que la enfermedad”surgiendo  sentimientos encontrados entre el asombro, histerismo y pánico, emociones que serian explotadas a la perfección por aquellos que están ocultando la realidad extraterrestre a todos los seres humanos, quienes asegurarían que la Tierra estaría siendo invadida y atacada por “malvados alienígenas”, echando por tierra un trabajo de lenta concienciación elaborado por los extraterrestres durante muchos años atrás (Por poner un ejemplo, si analizamos todas las películas realizadas hasta el momento sobre extraterrestres, no es casual que “siempre” en el cine se nos presenten como agresivos y malvados …tal vez formando parte de una programación constante y premeditada de bloqueo mental, dirigida hacia la masa de la población en general,  buscando de este modo que los seres humanos “no quieran ni siquiera  pensar en una posibilidad de contacto extraterrestre”). Y este hecho es una dificultad que no podemos obviar ya que para recorrer el camino de un encuentro “oficial” antes deben darse ciertos pasos previos, tales como la concienciación de la población pasando por el beneplácito y colaboración de las autoridades que gobiernen el mundo en esos momentos; todo ello sin contar con los gravísimos problemas añadidos y evidentes que acarrea actualmente la sociedad terrestre, es decir, se supone que antes de un contacto de este tipo, los seres humanos deberían haber eliminado previamente las desigualdades y guerras; abandonando el belicismo y la barbarie congénitas desde los tiempos prehistóricos (tal vez no hayamos evolucionado tanto como pensamos…).



Francisco Atienza, el extraterrestre de origen humano, le narró al empresario como en su mundo, hace miles de años, ya tuvieron problemas similares a los que se dan en la Tierra actualmente. Su planeta entonces estaba dividido, había guerras y primaba el egoísmo así como el egocentrismo de la clase política, preocupada solo por elevar aun mas su ego y alcanzar mayores cotas de poder. Según el extraterrestre, hubo un momento crítico, su sociedad de alguna forma colapso y fue necesario reconducirá, no sin esfuerzo y dificultades, empresa que finalmente fructifico en un mundo evolucionado social, técnica y espiritualmente. E intuyo que ese desarrollo les ha permitido interactuar e integrarse en organizaciones superiores como la Confederación de Mundos, donde según parece, existe una colaboración pacifica entre planetas y civilizaciones. Pensando en la Tierra, se deduce por tanto que nuestro planeta debería iniciar ciertos cambios necesarios…si verdaderamente quiere salir de las cavernas donde nos hallamos.

 (A continuación, un pequeño fragmento del libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos)

 CAPITULO XVIII

La Actualidad Española , 12 de Diciembre de 1968

F.SINOD.
La revista La Actualidad Española con fecha 12‑12‑68, publicaba un reportaje que hacía referencia a la fantástica experiencia vivida por un conocido hombre de negocios del Levante español y un extraterrestre llamado Francisco Atienza.
Nuestro contactado, ya fallecido, decidió desde el primer momento de su aventura permanecer en el anonimato. El contacto, tuvo lugar la madrugada del 12 al 13 de noviembre muy cerca del pueblo Castillo de Alarcón.
Al lector, debe ser extraño el que un extraterrestre pueda llamarse Francisco Atienza. Debo confesar que a mí también me lo pareció. Pero a medida que vayamos entrando en el relato de los hechos, veremos cómo estos tienen coherencia y sentido. Hasta llevarnos a la comprensión racional del por qué de ese nombre.

El relato es el siguiente: Soy director en Levante de una importante sociedad y me desplazo en mi automóvil, con gran frecuencia entre las distintas provincias del Levante español. Tengo una casa en la capital de España y otra en la costa de Alicante.
Desde hace un mes, y especialmente los días 25 y 26 de Octubre, en que estuve en dos distintas ciudades para pronunciar sendas conferencias, recibía casi diariamen­te, una especie de confuso mensaje mental anunciándome un próximo encuentro con un hombre extraterrestre.
Como nunca he tenido alucinaciones y apenas sueños, ello me sorprendió muchí­simo, pero procuré relegarlo al olvido creyendo se trataba de absurdos pensamientos.

El día 12 del corriente, después de una jornada de trabajo normal y de entrevis­tarme con dos clientes en Valencia, cené en el pueblo de Chiva, pues me dirigía a Madrid con el triple objeto de recoger un Seat 124 que acababan de adjudicarme (vendiendo el Seat 1.500 en el que hacía el viaje), de inspeccionar el replanteo de un chalet que van a empezar a construirme en la parcela que he adquirido en una urbanización de los alrededores de Madrid y de ocuparme de la compra de un piso, pues una de mis hijas va a casarse dentro de unos cuantos meses.


Castillo de Alarcón, Cuenca, España.
Nunca pruebo el alcohol y aquella noche tomé una cena de las más sencillas. Pedí un café doble, como hago siempre que conduzco de noche. Estaba perfectamente en forma para realizar un rápido viaje nocturno.
Sin embargo, apenas me puse al volante, empecé a recibir en forma telepática, el mismo mensaje que ya he mencionado, muy confuso al principio, pero después cada vez con mayor precisión e intensidad, como si quien emitía aquellos pensamientos fuera gradualmente acercándose a mí. El mensaje se concretaba señalándome que no debía albergar ningún temor y que el encuentro se produciría en la carretera de desvío que conduce al parador de Castillo de Alarcón. Seguía yo entre tanto mi camino por la carretera de Valencia a Madrid, a velocidad mucho menor de la que nor­malmente suelo llevar.
Unos cuatro kilómetros antes de llegar al cruce que conduce al parador, empezaron a parpadear los faros del 1.500 y a fallar la ignición, terminando el coche por detenerse. Al mismo tiempo, sentía como si me hablasen mentalmente a escasa distancia y desde arriba. El mensaje era ahora casi una orden amablemente imperativa: Toma el primer desvío a la izquierda: vamos a encontrarnos. No temas. Será una experiencia que te complacerá haber tenido toda la vida.

Pensaba yo entonces que era víctima de una alucinación y que en aquellas condi­ciones no debía seguir viaje a Madrid, de modo que me pareció prudente irme a dormir al Parador (¿o quizá, inconscientemente, quería seguir la orden que me daban?). Sería en aquel momento cerca de la una de la madrugada.
Al tratar de poner en marcha el coche, éste no arrancaba. Entonces, a cierta distancia, en la carretera apareció un camión que se dirigía hacia Madrid. Le hice señas para que se detuviera y así lo hizo.
Expliqué al conductor cómo el coche no arrancaba e hicimos un intento de ponerlo en marcha sin éxito. Le pregunté tímidamente si no recibía como un mensaje desde arriba (me avergonzaba de explicar más ampliamente mi sensación a un extraño, temiendo que me tomara por loco). Creo que no me prestó atención en esto, lógicamente preocupado por ayudarme a arrancar el coche y proseguir rápidamente su camino. Me dijo que me pusiera a los mandos del coche para él empujarle, y así conseguimos poner en marcha el motor. Mientras me preocupaba por acelerarlo para que no se me calase, él subió a su camión y yo le precedí con mi coche, quedando él atrás puesto que marchaba más lentamente. (Por cierto, que sería para mí muy interesante comunicarme con este amable camionero, a quién apenas si pude dar las gracias).



Pocos minutos después llegué al cruce, torcí a la izquierda en dirección al parador, y cuando había recorrido unos dos kilómetros por la carretera de desvío (siempre el mensaje en mi mente, cada vez más preciso, anunciándome el encuentro inminen­te) empezaron a parpadear de nuevo las luces, a fallar la chispa de las bujías y el motor se detuvo apenas iniciado el descenso de un pequeño repecho que acababa de coronar, a la vez que veía a mi izquierda y delante un inmenso aparato de forma discoidal o parecido a un plato sopero invertido de 15 a 20 metros de diámetro, suspendido a tres metros de altura sobre el suelo, con uno de sus bordes tangentes al plato vertical que contuviera la orilla izquierda de la carretera con una torreta central de unos tres metros de altura. Estaba iluminado por una suave luz rosada que permitía adivinar una serie de escotillas dispuestas de forma circular.
Recuerdo que no sentí temor, simplemente pensé:¡Caramba, pues es verdad, tan excelente había sido la preparación telepática.

Descendí del 1.500 que quedó estacionado a la derecha de la carretera y yo a su lado. Me sentí entonces un poco entumecido, moviéndome y respirando con alguna dificultad, experimentaba la sensación de estar dentro de un campo electro de potentes líneas de fuerza.
Se abrió una de las escotillas del aparato. Asomó una escalera extensible telescó­pica que descendió unos tres metros hasta tocar el borde de la carretera y por ella bajó un ser que se dirigió hacia mí con los brazos y manos abiertos.
Al acercárseme pude verle a la luz de la Luna, que en aquel momento salió de entre las nubes a mi izquierda.
Parecía un hombre normal, de estatura próxima a 1,62 metros, delgado, de unos cincuenta años de edad, vestido con una especie de traje de esquiador de una pieza, ajustados los pantalones a los tobillos y fabricado con una hermosa tela grisácea y brillante.

Avanzó hacia mí sonriendo: Soy Francisco Atienza desciendo de hombres de la Tierra, pero he nacido en otro planeta. He estado en imperfecta comunicación telepática con usted, preparando este encuentro de paz y amistad. (Sentía yo la sensación de que irradiaba ondas de comprensión, de bondad y de amistad).
Me estrechó la mano. Observé que se daba cuenta de mi malestar físico y sentí que lanzaba una orden al platillo volante. Las luces de éste se apagaron, desapa­reció mi opresión. Me sentía mejor: fue como si el campo eléctrico se hubiera extinguido.
El hombre me dijo: Hace más bien frío (hablaba en perfecto castellano). ¿No estaremos mejor sentados en su coche?. Abrí la puerta trasera izquierda y entré en el coche, sentándome en el lado derecho. El entró también y se sentó a mi lado.
Dejé encendida la luz interior del 1.500, los faros de cruce y las luces de posición.
‑ ¿Cómo habla usted perfectamente nuestro idioma?‑ le pregunté.
Sí, al igual que el francés, inglés, alemán y los demás idiomas de Europa Occidental. Lo he aprendido leyendo en la mente de los humanos, aparte de los conocimientos idiomáticos de mis antepasados directos, que hablaban el castellano antiguo. Fíjese en mis labios, cesaré de moverlos y, sin embargo, seguirá oyéndome telepáticamente. Tampoco es necesario que usted me hable: yo leo sus pensamientos. Haga la prueba‑ y su mano derecha sujetó mi muñeca izquierda suavemente.

En efecto, a partir de aquel momento se entabló entre nosotros una conversación telepática más clara y precisa que si fuera hablada. Cuando, repentinamente, soltó mi muñeca, apareció como si hubiera un cambio de tono y de volumen (más bajo), pero conservando la perfección de la transmisión.
Y empezó entre nosotros un asombroso diálogo telepático que había de durar una hora viéndonos gracias al alumbrado interior del coche y por la luz de la Luna, casi siempre oscurecida por las nubes que, de tiempo en tiempo, iluminaba la enorme masa del platillo volante suspendido majestuosamente sobre el suelo. A la derecha, a un kilómetro de distancia, las luces del pueblo de Castillo de Alarcón, en el que se encuentra el Parador Nacional de Marqués de Villena. Ni un solo rumor alteraba el perfecto silencio de la noche, mientras mi cerebro, febrilmente, absorbía la preciosa información que con palabras y a velocidad creciente pasaba del cerebro de Francisco Atienza al mío.


Patagonia (Argentina) frontera con Chile
HACE UNOS TRESCIENTOS AÑOS.

Mi primera pregunta mental se refirió al deseo de conocer sus orígenes y cómo había llegado hasta aquel lugar.
‑ El único antepasado mío terrestre del que conocemos el nombre con seguridad se llamaba Francisco Atienza, como yo mismo, y vivía hace unos trescientos años en el interior de lo que hoy es la Argentina, cerca de la frontera con Chile.
Era un soldado español que después decidió establecerse allí como pequeño agri­cultor y ganadero y que vivía aislado con su mujer, de origen indio, que murió de una enfermedad cuando el hijo de esta pareja cumplió ocho años. También formaba parte de la familia una niña india de cinco años que había sido recogida por aquellos.
En aquella época, la Cuarta Civilización de Urln (la fonética de este nombre me fue repetida varias veces y la escribo de modo más parecido posible, aunque no exacto), establecida en un planeta relativamente próximo a la Tierra, trataba de establecer contacto con los terrícolas, encontrando para ello dificultades similares a las que tendrán los astronautas terrestres cuando lleguen a la Luna al tener que moverse dentro de trajes espaciales con equipo que les permita respirar en un ambiente no creado para ellos.
Como los seres inteligentes de la Cuarta Civilización de Urln eran distintos de los seres terrestres, éstos reaccionaban ante aquéllos unas veces huyendo aterrorizados y otras intentando agredirles.
Procuraron pues, limitar sus contactos a familias u hombres aislados a los que trataban de ayudar y mostrar sus sentimientos amistosos, para llegar a entenderse con ellos, puesto que los seres de Urln, que se comunicaban entre sí de modo telepático, no podían hacerlo con los hombres de la Tierra más que en forma muy imperfecta y unilateral.

Francisco Atienza y su familia, excepcionalmente, acabaron acostumbrándose a la presencia de los platillos volantes y de los hombres de traje raro que les ayudaban en todo e intercambiaban información por señas y dibujos.
Esta convivencia duró casi un año, hasta que Francisco Atienza, ya entonces viudo, murió en un accidente y entonces, como los dos niños de ocho y cinco años de edad quedaban totalmente desamparados en aquel lugar solitario, se los llevaron al planeta Urln, después de una cuidadosa preparación de un compartimento de la astronave para su traslado y de fabricarles en un remoto planeta una especie de gran vivienda encristalada como un invernadero que retenía en su interior una atmós­fera artificial producida y lo más parecida posible a la Tierra. También el suelo se fabricó para que fuese similar al suelo terrestre y pudiera producir ciertos vegetales y semillas que de la Tierra se llevaron (al parecer ha habido intercambio mutuo de semillas entre la Tierra y Urln).

Los mejores pedagogos de Urln penetraban en aquella vivienda especial de los niños terrestres y les enseñaban la forma de comunicarse con ellos y especialmente los conocimientos morales, sociales, políticos y religiosos que les permitieron inte­grarse mentalmente con la población de Urln.
También los niños hacían excursiones exteriores desde su pequeña ciudad de cristal (no debe tomarse en sentido literal, es un símil), pero generalmente perma­necían en el interior de ésta para poder moverse libremente, evitar riesgos de accidentes y no experimentar las grandes dificultades que origina la adopción de trajes estancos a la atmósfera exterior.
Después de doce generaciones se aclimataron a este género de vida los descendien­tes de aquella pareja inicial de niños y de otros hombres y mujeres terrestres que, en contadas ocasiones especiales, también fueron llevados de la Tierra a Urln.

Los últimos descendientes de esta duodécima generación son hombres y mujeres que mentalmente están mucho más evolucionados que los terrícolas actuales, pero morfológicamente siguen siendo casi idénticos a nosotros. Las diferencias son: la estatura media es estacionaria, el peso del cerebro y la capacidad craneal son un poco mayores y con tendencia a crecer y la fertilidad en los varones es menor, lo que ha exigido, por una parte, que casi todos los humanos trasladados de la Tierra a Urln sean hombres y, por otra, que se haya establecido la poligamia entre el centenar de descendientes de terrestres que habitan en Urln.
Así como en la Tierra el número de varones nacidos es parecido al de hembras, entre los miembros de la raza emigrada a Urln nacen muchas más hembras que varones, y los sabios de la raza de Urln, que están muy avanzados en genética, no conocen las causas con exactitud, aunque las atribuyen a las diferencias de alimen­tación, gravedad, temperatura, etc., y especialmente al género de vida en pequeñas ciudades estancadas, con atmósfera artificial.

De igual modo que en la Tierra muchos animales en cautividad se reproducen difícilmente (y sin que ello implique comparación irreverente), los hombres terres­tres trasladados a Urln pierden fertilidad.
Esto constituye una gran tristeza en la raza emigrada y de los seres inteligentes de Urln que la patrocinan, pues ven en ello una prueba de que quizás no es grato a Dios el trasplante de seres de uno a otro planeta. (Aquí mi mente interrogó a Francisco Atienza acerca de por qué no volvían a la Tierra ese centenar de hombres y mujeres que ahora habitan en Urln.)
‑ Aunque morfológicamente podríamos confundirnos con los terrícolas y adaptar­nos, con alguna pequeña incomodidad, a la vida física en la Tierra, mentalmente nos sería imposible hacerlo, porque nuestra manera de actuar es distinta de la de los terrícolas y originaría continuos conflictos.

Nosotros leemos en la mente de buena parte de los terrícolas, y lo que leemos en ella no nos complace. Vuestro mundo es inmensamente hipócrita e insincero, aunque una gran parte de la Humanidad terrestre dice aceptar el precepto divino, en que nosotros creemos de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a tí mismo. Entre nosotros, este mandato informa sistemáticamente nuestra conducta, mien­tras que muchos de los que entre vosotros alardean de cristianos, contradicen con su forma de vida lo que ellos pregonan como sus creencias.

Esto, para quienes nos hemos educado en la Cuarta Civilización de Urln, es inimaginable y no porque seamos perfectamente virtuosos, pero ya están proscritos de entre nosotros los grandes pecados sociales que vosotros cometéis y eliminadas las guerras, las matanzas, la feroz ambición, el afán de dominio y de poder que prevalece en gran número de los humanos. Todo eso nos es tan ajeno como pueda serlo el canibalismo para los españoles de hoy.



Aquellas plagas existieron en la Tercera Civilización de Urln, en la etapa de los Nacionalismos, que con la ayuda de Dios hemos dejado atrás, y que conste que no somos tan estúpidos y orgullosos como para creernos por ello superiores. Simplemen­te, hemos tenido acceso a una civilización más adelantada, por más vieja, y hemos elevado así un tanto nuestro grado de virtud colectiva.
De la infinita serie de escalones que separan a la Divinidad de los seres inteligentes que pueblan el Universo, nosotros estamos respecto a vosotros en una posición que, relativamente, podríamos definir de unos pocos escalones más arriba, que, indudablemente, con el tiempo, también subiréis superándonos quizá, como ya nos superáis en el mundo de la pintura, escultura, música y literatura.
La tragedia en nuestras posibles relaciones mutuas estriba en que no vemos la forma clara de poder ayudaros a subir los escalones más deprisa.
En cuanto el centenar de emigrados de la Tierra y sus descendientes viniese a este planeta en que estamos, vosotros, que establecéis diferencias raciales tan sutiles como el color de la piel, los catalogaríais como invasores, espías, extraterrestres que vienen a invadir vuestro mundo etc, etc..

Un escollo esencial para la convivencia entre los hombres de la Tierra es su total falta de sinceridad. La palabra sirve al hombre para ocultar su pensamiento.
Sería insufrible para vosotros que cuando alguno de vuestros políticos nos dijese: Sed bien venidos, deseamos acoger a vuestros sabios para que nos enseñen lo que ignoramos, nosotros, que no podemos mentir porque nos lo impide nuestro mecanis­mo mental, tuviéramos que responderle: Leemos en tu mente y vemos que tus palabras son insinceras: tenéis grandes dudas sobre la conveniencia del trato con nosotros. Deseáis nuestros adelantos científicos para mejor dominar a otros países. Por ello consideramos nocivo el proporcionaros acceso a una tecnología más avanzada. Vuestro fallo está en vuestra escasa velocidad en el progreso social, político, moral y religioso, del que os ocupáis muy poco, obsesionados por las conquistas materiales y científicas. Jesucristo os señaló los claros caminos a seguir y vosotros le crucificas­teis. Han pasado veinte siglos y apenas habéis mejorado en lo esencial. Es serio el peligro de una guerra atómica, en una de las naciones técnicamente más avanzadas de la Tierra han sido asesinados recientemente tres de los hombres cuyas ideas podrían haber ayudado a su progreso real.
(Aquí mi mente, ansiosa de más saber,  le interrumpió: pienso en cuál ha sido su objetivo al entablar contacto conmigo.)
Sin darse usted cuenta está cansándose mentalmente como consecuencia de este ejercicio, para usted desacostumbrado, de la transmisión telepática que cada vez me pide a mayor velocidad. Interrumpimos nuestro diálogo breve tiempo y después proseguiré contestando a su pregunta.

NO SABEMOS NADA...

Tras unos minutos de descanso. Francisco Atienza, el hombre extraterrestre, contestó:
La raza terrestre emigrada al planeta Urln posee aún una mayor capacidad telepática para recibir mensajes mentales de los terrícolas que la propia raza de Urln, lo cual es lógico si se considera la igualdad morfológica existente entre los terrícolas y los hombres como yo. La razón principal que hubo para la emigración de algunos terrícolas, emigración dirigida por la raza de Urln, fue precisamente llegar a contar con una serie de humanos terrestres, educados por ellos en una civilización superior, que pudieran servir de puente o enlace entre las dos razas.
Este ensayo hasta ahora ha sido negativo en algunos puntos y positivo en otros.




Leemos en la mente de una buena parte de los hombres de la Tierra, con mayor o menor perfección según cada caso particular, según la distancia que separa al lector de la persona leída y según las circunstancias anímicas momentáneas de esta última.
Hombres y mujeres de todas las razas y clases sociales, de todas las edades y de toda condición nos suministran así una información completísima de los aconteci­mientos de la Tierra y, además, de lo que ellos piensan acerca de esos acontecimien­tos.



Sólo nos interesan los hechos político‑sociales y económicos que afectan a los grupos humanos y muy especialmente los procesos que conducen a la toma de decisiones de grupo en los aspectos moral y religioso. Jamás entramos en la vida íntima de las personas como tales.
Como contrapartida, hasta ahora habíamos fracasado totalmente en conseguir que los hombres de la Tierra entendiesen nuestros mensajes: yo soy, por ejemplo, un excelente receptor del pensamiento de miles de terrícolas, pero sólo con usted he podido conseguir que, aunque imperfectamente, mi pensamiento le alcanzase hasta lograr nuestro encuentro en este lugar.

Se aprende haciendo. En este momento ambos estamos practicando el mecanismo de transmisión telepática bilateral, facilitada por nuestra gran proximidad con la esperanza de poder continuar nuestra comunicación a distancia cuando nos separe­mos.
De modo parecido a como los receptores de radio y televisión debidamente sinto­nizados reciben las ondas de ciertas estaciones emisoras, usted y yo estamos consi­guiendo una sintonización bilateral para el futuro. Nuestro experimento es ahora mismo seguido en Urln con enorme expectación, pues es la primera experiencia de recepción perfecta por un terrícola.
Previamente, la totalidad de los hombres y mujeres que viven en Urln, proceden­tes de la raza terrestre  han tratado de enviarle mensajes y usted no ha recibido ninguno: sólo los míos. Parece lo más probable que cuando uno de nosotros dos muera, la comunicación bilateral quedará rota, hasta que aparezca otra pareja capaz de conseguir la sintonización que nosotros ya hemos establecido. Sobre esto trabajare­mos incansablemente, animados por este primer éxito verdadero.



La recepción por los hombres de Urln de los pensamientos que se inscriben en las mentes de los hombres de la Tierra no nos presenta ya ningún problema. Curio­samente, los médiums, los telépatas terrestres (que entre ellos se comunican sin dificultad) no tienen disposición especial para relacionarse con nosotros. En cambio, el grupo de los políticos, de los escritores, de los predicadores, de los músicos y artistas, de los presidentes de grandes organizaciones de líderes de multitudes, etc, etc...todos los que viven de su relación con el público o tratan de influir sobre él, suelen ser mentes abiertas, en las que leemos con mayor precisión y claridad que en las demás.
Es preciso tener en cuenta que nosotros no podemos utilizar para fines terrestres la información que recogemos: sólo para nuestro conocimiento. Conservamos lo que leemos en la mente de un terrícola como un secreto de profesión. Por otra parte, vuelvo a recalcar, no podemos invadir la zona personal del sentimiento de los humanos. Contigo hemos podido establecer un contacto telepático bilateral y podemos hacerte sugerencias, jamás obligarte a obrar.

Creo muy conveniente insistir en estos puntos porque la mente de los terrícolas, si difundes esta información, es propensa a pensar: Usarán del conocimiento de nuestra mente para convertirnos en sus esclavos y hacernos obrar de acuerdo con sus fines particulares.
La verdad es que ni lo deseamos ni podemos hacerlo así. Es algo parecido a lo que ocurre con aquellos terrícolas que pueden hipnotizar a otros, pero no obligarles a actuar en contra de su conciencia, o forzarles, por ejemplo a que asesinen a otro ser humano. La Divina Sabiduría dispone de una serie de seguros en este aspecto que nuestra experiencia demuestra que no pueden sobrepasarse nunca. El alma es siempre libre.

En verdad, todos los seres con alma que habitan en Urln sólo saben que no saben nada. A medida que aumenta el volumen de nuestros conocimientos (como el volumen de una esfera cuyo radio creciese), aumenta también la superficie de contacto (de la esfera) con el exterior, con lo desconocido, y por tanto, cuanto más sabemos, más nos damos cuenta de la inmensidad de lo que ignoramos.

Por otra parte nosotros hemos recibido de la Tierra una preciosa cultura que atesoramos y usamos. En Urln se difunde la música de Mendelssoh, Mozart, Bach, Beethoven, Wagner, Chopin, Schubert, folklore negro (¡oh, los spirituals!) y de todas las razas e incluso ciertas formas de música moderna, aunque nos asombra lo poco que seleccionáis tanto en música como en libros o espectáculos. Parecéis preferir lo más ramplón o vulgar, con tal de que sea nuevo.

Si bien es cierto que la moralidad o religiosidad en la masa de nuestra población es mucho más elevada que en la vuestra, en cambio nunca hemos producido todavía individualidades como una Teresa de Jesús o un San Juan de la Cruz, que llegaron por sí solos al diálogo directo con Dios, quienes creemos es el fin último de las civilizaciones.
(Aquí mi mente aventuró una pregunta inmediatamente contestada.)
‑ Note asombres del detalle con que conocemos vuestra vida en la Tierra. A través del pensamiento de los humanos, por la grabación de vuestras emisiones de radio y de televisión, leyendo vuestros libros a través de vuestras mentes (todos los descen­dientes de terrícolas que vivimos en Urln nos dedicamos a estas emisiones ayudados por la raza Urln), recogiendo muestras de vuestros minerales, de vuestras tierras, de vuestros vegetales y animales, tenemos un dossier más completo sobre todo lo que se refiere a la Tierra que cualquiera de los que los hombres habéis formado en vuestro planeta. Comprendo que si comunicases a los terrícolas el gran número de artistas de cine que, sin saberlo, nos envían información, considerarían esto como una frívola imaginación y condenarían el resto del relato como fantástico. Estáis en un estado de vuestra evolución en que difícilmente soportáis la verdad. Por eso es casi imposible que nos entendáis y por eso queremos relacionarnos con algún terrestre como tú que pueda pasar a los demás, al menos, alguna parte de nuestras ideas.



Esto explica también por qué no os damos apenas nada: simplemente porque no estáis en condiciones de recibirlo. Ejemplo: vosotros podéis querer muchos a vuestro gatito, le comprendéis bastante bien a él, pero os es imposible comunicarle plenamen­te vuestro mundo de ideas y sentimientos. Y pido otra vez perdón por la irreverencia de las comparaciones, pero no encuentro otro símil más apropiado. ¿Cómo vais a entender un mundo de mayor número de dimensiones que el que veis? El diálogo y la explicación son casi imposibles. Por ello, todos los extraterrestres que estudian la Tierra evitan los contactos, especialmente con grupos grandes de hombres, que originarían incidentes desaforados.

Sin embargo, yo soy una muestra del potencial existente en la raza terrestre, pues en sólo doce generaciones hemos alcanzado a la Cuarta Civilización de Urln. Esta es la gran alegría de nuestra raza emigrada. Algunas de nuestras individualidades ayudan al gobierno de Urln.
Nosotros conocemos, con algún detalle, diez civilizaciones actuales diferentes a la nuestra. Unas en grado de evolución superior, otras en grado de evolución inferior en el momento actual deben de existir otras muchas más civilizaciones que nosotros desconocemos.
Todo lo que creemos debieran hacer los humanos os ha sido dicho ya por hombres de la Tierra.
(Mi mente absorbía cada vez más aceleradamente la información que iba recibien­do: era un ejercicio embriagador. Ansiosamente, inicié otra serie de preguntas)...

La comunicación telepática, tal como la teníamos establecida, era infinitamente más perfecta que la comunicación verbal, pues permitía la transmisión del pensa­miento, por medio de palabras, a velocidad mucho mayor que en la forma oral, sin pérdida de precisión o coherencia.
Yo, que soy muy aficionado a los automóviles rápidos, puedo comparar la sensación de la conversación telepática al placer que experimentaría el conductor de un coche prodigioso que admitiese forzar y seguir forzando la velocidad sin que el vehículo perdiese adherencia a la carretera y sin temor a volcar en las curvas.



De todos modos, quizás al llegar a un límite del orden de una rapidez diez veces mayor que en una conversación corriente, fue el propio Atienza quien me mostró cómo, sin darme yo cuenta, me estaba fatigando mentalmente y cómo esta fatiga acumulada podría ser nociva para mí, invitándome entonces a descansar y bajar a la carretera para pasear en dirección a la astronave, que, majestuosamente, se mantenía a unos tres metros del suelo, casi absolutamente inmóvil, y digo casi porque la escalerilla (extensible y telescópica) se encogía o alargaba un poco (de diez a veinte centímetros) y rastreaba muy ligeramente sobre el suelo.
‑ Este platillo está tripulado por miembros de la raza de Urln ‑me dijo Atienza en forma telepática, después de haber tenido un par de minutos de interrupción completa en nuestra comunicación mental.
El interior de la astronave está acondicionado con el mismo tipo de atmósfera que hay en Urln, excepto el compartimento en que yo viajo como pasajero, que es independiente y tiene comunicación directa con la atmósfera terrestre mientras estamos en ella.
No me preguntes sobre el mecanismo propulsor. Primero porque no soy un técnico en esas materias. Después, porque tenemos órdenes tajantes de mantenerlo en secreto, hasta el punto de tener que destruir la astronave antes de permitir que caiga en manos de los terrícolas. En efecto, conocido el sistema de propulsión, es muy fácil hacer aplicaciones de sus principios a fines bélicos, con posibilidades destructoras incalculables.



Vuestros cohetes actuales sólo pueden servir para fines limitadísimos, como los que hasta ahora habéis desarrollado vosotros: lanzar satélites artificiales o realizar cortos viajes al espacio extraterrestre próximo a la Tierra. Ya será muy peligroso ir, permanecer y retornar a la Luna.
Para viajes interplanetarios tendréis que descubrir previamente otros tipos de aparatos con motores iónicos o fotónicos o de combustible atómico, con transforma­ción directa en electricidad, aprendiendo a manejar los campos gravitatorios o electromagnéticos o recurriendo a lo que nosotros llamamos interpretación del espacio, que es el sistema que empleamos para recorrer los enormes espacios interestelares todas las razas capaces de saltar de un sistema planetario a otro. El sistema de la interpenetración es el único que permite recorrer distancias a años/ luz, pero no es asequible a personas limitadas al Universo visible de las tres dimensiones espaciales clásicas más la dimensión tiempo.

Realmente, los hombres terrestres acometen empresas para las que todavía no están preparados, y son muy probables pérdidas de preciosas vidas humanas si con los rudimentarios medios actuales se pretender ir más allá. La Luna no presenta ningún interés. El alcanzarla es una cuestión de falso prestigio. De igual modo que hace unos cuantos años el calificativo de gran potencia sólo era alcanzado por las naciones que poseían colonias, hoy obtienen aquel calificativo las naciones que fabrican bombas atómicas y tienen posibilidades de lanzarlas con precisión a larga distancia. Pero de igual modo que se desacreditó la posesión de colonias, también se desacreditará, en el futuro, la fabricación de misiles.

A nosotros nos asusta la carrera por conseguir la base lunar. ¿Por qué no arreglar los asuntos de la Tierra eliminando el hambre, la ignorancia y las guerras antes de lanzarse a los espacios exteriores?
Pero permitamos que tu mente descanse mientras yo toco algunos de vuestros productos industriales, cosa que nunca he hecho y quizá no podré volver a hacer jamás. Hasta ahora, mi platillo volante sólo ha descendido al suelo en América, en zonas deshabitadas, para recoger muestras de tierra, minerales, vegetales, insectos, etc, etc.
Y así diciendo (o mejor, así pensando), y con mi aprobación, después de tocar la consistencia de los neumáticos y chapa de la carrocería de mi Seat 1.500, se sentó a sus mandos mientras yo me colocaba a su lado.



Giró el volante un poco a derecha e izquierda (le pareció algo pesado), tocó los mandos del cambio de luces, claxon, limpiaparabrisas etc, preguntó cuál era el control de sintonía y el de tono y volumen de la radio, si las teclas servían para sintonización automática de estaciones, etc...
En la guantera vio unas carteritas con cerillas de propaganda (yo no fumo) y con curiosidad infantil dijo: Nunca encendí una, ¿puedo hacerlo ahora? Y después de verme encender a mí un par de ellas se dedicó con tal entusiasmo a la tarea que agotó todas las cerillas de una carterita y dejó sembrado de ellas el suelo de mi coche. (Se llevó otra carterita completa para el planeta Urln.
Todas estas sencillas actividades las realizó con la ingenuidad y la alegría de un niño al que permitiesen por primera vez llevar a la práctica conocimientos teóricos previamente adquiridos con gran minuciosidad y esfuerzo.

Ya nuevamente en marcha, a todo tren nuestra conversación telepática, inquirí qué seres habían emitido en la Tierra pensamientos filosóficos con los que ellos es­tuvieran de acuerdo.
Dijo que admiraban el pensamiento de santos y místicos como San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz; a hombres como Aristóteles, Galileo, Newton, Max Planck, Alexis Carrel, Einstein, o a los últimos papas, así como a los arquitectos o escultores de la Grecia clásica, a los grandes maestros de la pintura clásica en la Tierra (no igualados por la IV Civilización de Urln), a los músicos cuyos nombres ya hemos reproducido en otro lugar, a políticos como Gandhi, etc...

Me indicó que cuando nos separásemos (había de realizar una misión en América, pero volvería después a Europa) reanudaríamos nuestra conversación telepática a gran distancia mediante la lectura de un texto escogido que, por decirlo así, encarrilaría nuestro diálogo y me acostumbraría a recibir su pensamiento desde larga distancia en forma más perfecta y continua que en las primeras comunicacio­nes, en que sólo a fuerza de reiteración e insistencia consiguió llegase a coincidir con él en nuestro lugar de encuentro.



Sería ya la una y media de la madrugada. En la conversación con Francisco Atienza quedaba un interrogante no aclarado:
¿Por qué el sistema de interpretación del espacio, que es el que empleaban para recorrer distancias interestelares, no puede sernos asequible?.
‑ Lo será, sin duda, en el futuro ‑dijo Atienza‑, pero Dios quiera sea dentro de muchos siglos, cuando hayáis evolucionado lo suficiente para obtener beneficios y no destrucción de tan gran descubrimiento.
Vosotros los terrícolas (y nosotros también) vivimos en un Universo ilusorio que no es el Universo real. Este último sólo lo conoce Dios.
Vosotros percibís solamente las tres dimensiones de ancho, largo y alto, más lo que llamáis tiempo. Total cuatro dimensiones. Nosotros alcanzamos a diez dimensio­nes, pero sabemos que hay más. Así, el mundo que ven vuestros sentidos es incompleto y ficticio. Ejemplo: Lo que vosotros llamáis masa es todo un grupo de dimensiones, y el mundo de las almas os es completamente desconocido. A lo más, tenéis algunos atisbos de él.

Sensorialmente nos parece que vivimos rodeados de objetos macizos y que la Tierra también es maciza. Sin embargo, cualquier estudiante de física sabe que la materia ocupa partes insignificantes del espacio total y que si los electrones y protones que la componen se apelmazasen, suprimiendo los espacios intermedios, el volumen de la Tierra se reduciría al de una pelota de fútbol.
Cuando descubristeis el microscopio apareció el mundo de lo muy pequeño los virus, las bacterias los microbios, etc...Con el descubrimiento del telescopio apare­cieron nuevas galaxias y millones de estrellas. Sin embargo, estas galaxias y aquellos microbios ya estaban con vosotros en tiempos de Jesucristo; lo que ocurría es que no eran visibles y, por tanto, para el hombre eran inexistentes.



Los sentidos del hombre son tan burdos y engañosos que consideran enteramen­te distintas las sensaciones luminosas, caloríficas o sonoras. Nosotros ya las identi­ficamos todas por igual como un mismo fenómeno físico vibratorio en el que tan solo varía la longitud de onda. Creo que nuestro sol es lo que vosotros llamáis Estrella Alfa de Centauro, que está en línea recta, como decís vosotros, a unos cuatro años / luz. Pues bien, nosotros recorremos ese espacio en pocos meses cuyo número depende de ciertas circunstancias variables, lo cual es absurdo en vuestra Física convencio­nal, que supone no hay atajos que permitan viajar más deprisa que la velocidad de la luz.
El atajo existe y es la interpenetración espacial.

Mi mente interrumpió en mensaje de la suya con otra pregunta:
‑ ¿Cuándo estableció la civilización de Urln su primer contacto con nuestro planeta?
‑ Hará unos cuatrocientos años solamente y en lo que hoy es Sudamérica, que, por estar entonces poco poblada, era un buen lugar para contactos discretos; pero otras civilizaciones de otros planetas han debido tener contactos muchos más antiguos con vosotros como lo atestiguan las quinientas noventa y tres enormes estatuas de la isla de Pascua, en el pacífico, a tres mil kilómetros de las costas de Chile, donde enormes bloques de basalto y otras rocas, difíciles de mover aún con las modernas técnicas terrícolas, encajan con maravillosa perfección.



Las gigantescas estatuas (algunas de quince a cincuenta metros de altura) parecen fueron esculpidas con una pasta radioactiva que roía la roca.
En esta isla volcánica, en siglo XIX sólo había doscientos habitantes, y se han encontrado inscripciones (que nosotros tenemos descifradas en Urln) en las que se habla de los hombres voladores que llegaron a la isla en tiempos remotísimos.
Nosotros sólo conocemos doce razas planetarias distintas (aunque debe haber muchas más), y la mayor parte de ellas sólo a través de las referencias que nos dieron los habitantes del planeta Orma en la visita que hicieron a Urln hace un decenio.
Todas estas razas (seres con Alma) creen es un Dios único, aunque la revelación se ha hecho en forma enteramente distinta para cada planeta. Se encuentran en distintos estados de evolución y morfológicamente están influidos por las caracterís­ticas de los planetas en que viven, pero todos muestran fueron creados a la imagen y semejanza de Dios.

No existen superioridades absolutas. Por ejemplo: la raza de Urln es la que posee un poder telepático más marcado (que los terrestres emigrados a Urln hemos recogido). Sin embargo, este poder disminuye a medida que aumenta la distancia, cosa que no ocurre en otras razas. Los terrícolas destacáis en las tareas artísticas y en el sentido estético. También admiramos mucho el sentido del humor de algunas de vuestras individualidades más destacadas en este aspecto, y la posibilidad de algunos humanos de llegar a establecer una transitoria comunicación directa con Dios.
En cambio vuestros sistemas educativos, vuestras organizaciones políticas y so­ciales, vuestra moral y vuestra religiosidad práctica son desastrosas, y en estos aspectos ocupáis el lugar más bajo en la escala de las doce razas que he mencionado.
La raza de Urln ocupa, en estos aspectos, el lugar once, es decir, el más próximo al vuestro, y los emigrados terrestres en Urln lo mismo, puesto que, mentalmente estamos integrados con ellos.

Precisamente vuestra propia imperfección hace más fácil nuestra comunicación con vosotros y la comprensión de vuestra rara manera de pensar y actuar.
Las razas más evolucionadas no atribuyen ninguna importancia al desarrollo científico y técnico, puesto que se produce de una manera automática e irrefrenable a medida que se desarrolla cualquier raza en el transcurso del tiempo. Por el contrario, una evolución demasiado rápida en este terreno puede ser peligrosa.
Aunque vosotros tenéis ahora un nivel científico y técnico mucho más bajo que las otras once razas mencionadas, ello se debe a que la civilización terrícola es la más joven de todas.
Sin embargo, vuestro desarrollo científico y tecnológico es mucho más rápido del que existía en las otras razas cuando se encontraban en la misma etapa de evolución científica en que ahora vosotros estáis. Y esto nos inspira el gran temor de que en el futuro podáis sobrepasar el desarrollo científico de las otras once razas y emplearlo para fines destructivos.
Ninguna de las once razas tiene afanes de expansión ni dominio sobre otros planetas; simplemente aspiran a informarse, a ayudarse y a mantener una política de Buena vecindad. El lema podría ser Cada uno en su casa y Dios en la de todos. Sólo sabemos de una raza que emigró de su planeta a un satélite hasta entonces deshabitado, porque los recursos de su antigua morada se agotaban y la vida se hacía imposible en él. Esta fue una circunstancia rarísima y difícilmente repetible.



Realmente, los terrícolas deberíais abandonar, en cierto modo, en el estudio de las cosas y concentraros en el estudio de las ciencias del hombre y el progreso del espíritu. Vuestro desarrollo técnico y científico en los países más adelantados es suficiente, y lo que tienen que hacer esas naciones es difundirlo entre las que se encuentran materialmente menos adelantadas. Esta ayuda había de ser filantrópica y absolutamente desinteresada.
Una nación espiritualista, como la India, podría emparejarse con una nación muy desarrollada en lo material, como los Estados Unidos y podrían influirse recíproca­mente en sentido positivo, prestándose una ayuda mutua que los terrícolas parece no habéis llegado tan siquiera a presentir.
‑ ¿Y cómo se desarrolla la vida en el planeta Urln?
Sobre este tema Francisco Atienza, el hombre extraterrestre, me informó así:
‑ Los sabios de Urln calculan que en el Universo debe existir más de dos millones de planetas o satélites en los cuales pueden desarrollarse humanoides, es decir, seres inteligentes de tipo superior.
Uno de vuestros astrónomos, el director del Observatorio Astronómico de Har­vard, Harlow L. Shapeley, cree que puede haber cien millones de planetas en estas condiciones.
Nuestro planeta Urln, situado a unos cuantos años/luz de la Tierra, es uno de ellos.
De volumen aproximadamente igual a la mitad del terrestre y forma esferoidal, en él las condiciones de vida son más duras que en la Tierra: mucha mayor variación en la temperatura, bruscos cambios en la presión atmosférica, vientos huracanados casi constantes en la superficie, menor número de especies vegetales y animales (bas­tante distintas a las de la Tierra).



El movimiento de rotación alrededor de su eje es un poco más lento que en la Tierra (días más largos). La órbita elíptica que describe el planeta Urln alrededor de su sol es recorrida en un tiempo, aproximadamente doble que la órbita de la Tierra, con la consiguiente repercusión en la duración de lo que podríamos llamar años de Urln.
La densidad del planeta Urln es algo mayor que la de la Tierra. La masa de los océanos es allí mucho menor: primero porque son mucho menos profundos, y en segundo lugar, porque el suelo sólido ocupa las tres quintas partes del planeta, repartido en dos continentes, groseramente parecidos a las Américas terrestres, extendidos desde el Polo Norte al Sur y ocupando posiciones casi simétricas.
Hay, además, muchas islas distribuidas en el doble océano en forma irregular.
Existen aproximadamente unos tres mil cien millones de habitantes en Urln (de ellos, ciento veinte personas descendientes de terrícolas). Esta cifra es casi estacio­naria y desde hace muchísimo tiempo crece, pero en forma imperceptible.

Existe un Gobierno único para todo el planeta, formado por lo que pudiéramos llamar un Presidente y doce consejeros. Al conjunto de estas personas se les llama los grandes cerebros, pues tras haber pasado una primera selección han sido preparados como dirigentes, luego se han experimentado en diversos campos de la actividad y, finalmente, una nueva selección, por resultados obtenidos, les eleva al Poder.
Vuestros mejores sistemas democráticos permiten elegir a un candidato, pero no lo seleccionan, y así es dificilísimo que el mejor hombre pase a ocupar el puesto de mayor responsabilidad, porque normalmente, quienes entre vosotros llegan a este puesto son ascendidos a él a través de méritos personales, pero también por la maquinaria política de los partidos, por la ambición personal de poder y por un manejo más o menos inteligente de la publicidad.
En cambio, entre nosotros hacemos un cribado de toda la población de Urln (hombres y mujeres, pues no existe distinción de sexos a la hora del trabajo) y nuestras Oposiciones a Estadistas son tremendas y las más difíciles de todas. Dentro de la fiabilidad humana, el sistema funciona a plena satisfacción de toda la población de Urln. Para nosotros es motivo de estupefacción el comprobar las oposiciones a que sometéis a minúsculos funcionarios, mientras que eximís de todo examen a los más altos dignatarios.
En estos momentos, de los trece grandes cerebros de Urln, seis son mujeres, una de ellas descendientes de terrícolas, y los otros siete hombres de la raza de Urln.
También otra descendiente de terrícolas ocupa un alto cargo en la Dirección del Sistema Educativo, y es extraordinario que de ciento veinte personas, entre tres mil cien millones, se hayan escogido, por méritos, a dos de aquellas, constituyendo esto el mayor timbre de orgullo para nosotros, los miembros de la raza emigrada de la Tierra.


El Capitolio, Washington, U.S.A. En el ala norte se encuentra el Senado, en la sur la Cámara de Representantes, donde en "teoría" el pueblo soberano ejerce la representación democrática.
Cuando se trata de decidir sobre temas importantes, todas las personas de la población de Urln capacitadas para opinar sobre dicho tema son consultadas por los grandes cerebros, que recogen, telepáticamente, sus respuestas, las clasifican, las resumen y extraen una conclusión que, por el mismo sistema mental, comunican a toda la población de Urln.
Así no hay parlamentos, ni papeles, ni comunicaciones escritas y todo se resuelve del modo más eficiente y rápido, pues no existe mentira ni engaño entre hombres que pueden leerse mutuamente sus mentes con toda nitidez. Nuestros dirigentes son así verdaderos coordinadores de una opinión pública formada toda ella por personas de elevada educación e intelecto.
En lo económico tenemos lo que pudiéramos llamar un Departamento Central de Ordenadores Electrónicos (símil terrestre) en que cada habitante y cada empresa de Urln tiene abierta una cuenta con un Debe y un Haber.
Según el rendimiento en su trabajo y según sus necesidades y situación familiar cada habitante activo de Urln puede retirar periódicamente un número determinado de unidades de consumo (equivalentes a nuestra moneda, aunque ésta no existe físicamente, sino sólo en forma contable). Asimismo se le contabilizan sus unidades de producción y las unidades de inversión que se adjudican.
En conjunto, lo producido debe, normalmente, ser equivalente a lo consumido, más las unidades de inversión que se adjudican (las cuales crean rentas de capital), más un sobrante para gastos estatales, los cuales son moderadísimos por no existir presupuestos militares, ni apenas burocráticos, en el sentido que empleáis en la Tierra. El Estado tiene, entre nosotros, muy pocos gastos consuntivos.
Periódicamente se hacen reajustes para comprobar si se van cumpliendo o no las previsiones presupuestarias, tanto generales como individuales, y se previene a quienes se apartan mucho de la norma para que se acerquen a ella.
Los casos desgraciados se resuelven (en lo material) por una organización caritativa fundada en principios cristianos idénticos a los que vosotros decís practi­car.
Tanto el sistema político como el social y el económico funcionan a satisfacción de todos desde hace más de tres mil años, y se desconocen revoluciones o protestas masivas.
Existe, sin embargo, una oposición que coopera con el Gobierno en la mejora de detalle de la organización general y especialmente ayuda a establecer los ajustes que continuamente exige el progreso científico y tecnológico. Como cosa curiosa, los grandes cerebros de la oposición son funcionarios del mismo nivel que los grandes cerebros del Gobierno.
El conjunto de las mentes de Urln puede apoyar a la oposición para que el Gobierno cambie sus puntos de vista y acepte los de la oposición.
Los miembros de ésta son elegidos después que los miembros del Gobierno y de modo que aquellos disconformes con ciertas ideas de los elegidos puedan hacer oír su disconformidad a través de la oposición organizada.
Nunca se ha derribado en bloque un Gobierno desde hace dos mil años, pero lo que sí se producen son frecuentes cambios, en los miembros del Gobierno, en el que entran (cada tres años) miembros de la oposición que ejecutan ciertas modificaciones para las cuales han obtenido aprobación de la mayoría de la población.
El Gobierno se renueva así, pero solo parcialmente, cada tres años, pudiendo renovarse tan sólo un tercio, como máximo, de los doce grandes jerarcas. El Presidente puede ser reelegido o cambiar cada seis años. (De este modo se evitan bruscos cambios en la política gubernamental).
Los gastos de educación absorben el noventa por ciento del presupuesto general del Estado y el cincuenta por ciento de cada presupuesto familiar, por término medio, puesto que la experiencia ha demostrado que de la educación depende la estabilidad política y social y el formar un marco adecuado para que se desarrolle la persona­lidad de cada individuo y éste tenga un máximo de probabilidades de conseguir su felicidad personal y familiar.
Y respondiendo a una pregunta mía:
‑ Todos los humanoides del Cosmos de los que tenemos noticias son seres idénticos en su estructura general.
Tienen un alma individual, invisible, por ser adimensional, que vive eternamen­te.
Poseen una memoria de su especie que es como un alma colectiva, que se transmite por herencia y que también es inmortal.
Tienen un cuerpo soporte de muchas almas durante su existencia planetaria.
Finalmente, poseen un elemento de unión entre el cuerpo y sus almas que cuando se rompe determina la muerte del cuerpo mientras que las almas se liberan y pasan a un nuevo mundo, invisible para los sentidos, del que sólo tenemos atisbos a través de hombres santos y de la Revelación Divina.




Trataré ahora de terminar el resumen de la conversación que mantuve con Francisco Atienza dejando a un lado datos curiosísimos, pero menos importantes, sobre su organización social y económica, que sería muy extenso reproducir.
En Urln la producción de alimentos y artículos industriales se ajusta, sin grandes dificultades, a la demanda, y únicamente están racionados (o limitados en su suministro) los bienes terciarios. En este aspecto es la suya una `sociedad de consumo con empresas privadas independientes que realizan la producción compi­tiendo entre sí. La diferencia con nuestro sistema capitalista es que allí todos los habitantes son accionistas, puesto que, además de adjudicar a cada uno unidades de consumo se les adjudica también unidades de inversión. Son también accionis­tas activos que aportan ideas para el desarrollo de las empresas de las que son dueños. El suelo, las minas, los árboles y todo lo que la Naturaleza produce de modo espontáneo son de propiedad comunitaria. El Estado Mundial de Urln garantiza trabajo para todos. Trabajar allí es un derecho y deber que todos cumplen. La descentralización administrativa es total, sin perjuicio de un control centralizado. Cuando una empresa privada pierde su capital (por ejemplo, al fabricar artículos que no gustan al público) desaparece, pasando a otras empresas mejor dirigidas el personal que en ellas trabaja.
Sin embargo, lo más interesante es la actitud mental de los habitantes de Urln, pues muestran muy poco aprecio de todo lo material, que utilizan con un solo fin: el perfeccionamiento de los individuos y de la raza.

En cambio, la vida intelectual es lo que absorbe el interés y casi todo el tiempo de los habitantes de Urln, centrándose también mucho más en el estudio del hombre y sus problemas que en estudio de las cosas. Dedican mucho tiempo a la meditación, a la oración y al intercambio de ideas con los demás.
Las injusticias y las irritantes diferencias que existen en la Tierra entre los hombres, las razas, las naciones, allí han quedado abolidas (después de haberlas padecido hace miles de años) de tal modo que, prácticamente, no existen problemas sociales y sólo quedan los individuales y otros de tipo especial, como el de retroceder de un tipo de vida demasiado sofisticado a otro más natural.
A mi pregunta de cuándo los terrícolas podremos llegar a un grado de civilización similar, me contestó:
‑ Lo ignoro, pues vuestra forma de reaccionar es muy desconcertante, pero podrá suceder después de un largo tiempo de avances y retrocesos, como nos ocurrió a nosotros. La transición ha de ser lenta y gradual, pues no consiste en copiar unas leyes, una Constitución, etc, (que luego nadie conoce), sino en un cambio de mentalidad que tendrá que alcanzar a todos los rincones de vuestro planeta. Tendréis que conseguir que en toda la Tierra reine el espíritu social de los suecos, el sentido político de los ingleses, el fondo de humana dignidad de los españoles, el desinterés por las cosas materiales de los hindúes, el pacifismo de los suizos, la eficacia de los norteamericanos y de los judíos, el espíritu religioso de algunas razas orientales, la disciplina y el espíritu de trabajo de los alemanes y otras razas nórdicas, el sentido cartesiano de la medida de los franceses, etc...Entonces podréis establecer un Estado Mundial, como nosotros, y repartir y explotar adecuadamente las riquezas de la Tierra, distribuyendo la población humana sobre el Globo de un modo más lógico que el actual.


Pablo VI
Al preguntarle cómo realizar tan vasto programa, me respondió:
‑ Reformad ante todo vuestros sistemas educativos, poned en práctica las encícli­cas Pacen en Terris de Juan XXIII, y El progreso de los pueblos de Pablo VI, teniendo en cuenta que para las naciones como para las personas el egoísmo es la forma más evidente de un subdesarrollo moral y que el nacionalismo aísla los pueblos en contra de lo que es su verdadero bien. Habréis de extender un idioma único alfabetizando y desarrollando a las naciones atrasadas, tendréis que utilizar todos los medios de comunicación de que disponéis para establecer una gran tarea común en un mundo solidario que atraiga a todos los jóvenes y a todos los hombres hoy decepcionados por vuestro fracaso en alcanzar los ideales que anidan en el corazón de todas las personas de buena voluntad, que son la inmensa mayoría de los terrícolas.
Escoged también a vuestros gobernantes entre los hombres humildes, capaces y de alma limpia, pues nuestra experiencia, como la vuestra, enseña que los hombres ambiciosos, henchidos de orgullo y de ansias de dominio y de poder, son los generadores de las grandes catástrofes a través de la Historia y los que originan retrocesos en la marcha de la Humanidad.




Al preguntar a mi amigo extraterrestre si creía conveniente que yo divulgase sus ideas en forma escrita, me contestó:
‑ Solo a tí podrá dañar, porque la mayor parte de los lectores te tomarán por loco. A nosotros nos parece que, siempre que no se originen problemas por un lanzamiento sensacionalista, no está de más que haya una información que contrarreste ese mito de los agresores del espacio y que, poco a poco, como una mancha de aceite, se vaya extendiendo en muchas mentes de terrícolas la idea de que algo que no será desfavorable puede venirnos del espacio exterior. De este modo (aunque es muy improbable), si más adelante se juzgase conveniente un contacto oficial, entonces las mentes estarían preparadas para recibir a amigos extraterrestres.
Como leemos en vuestras inteligencias, vemos el cúmulo de dificultades que originarían si nos presentásemos en forma muy demostrativa. La postura actual de las autoridades de la Tierra es desconocernos, y nosotros hemos de adaptarnos a ella. Ellas tienen la responsabilidad del mando y muchos problemas sobre sí, y no tenemos ningún derecho a aumentárselos.
Hay un corto número de humanoides, entre vosotros, procedentes de otro planeta distinto al mío, y entendiendo que opinan igual. Tienen un sistema telepático distinto al nuestro. No podemos comunicar con ellos. Los conocemos a través de las mentes de unos pocos terrícolas. Vienen con iguales propósitos que nosotros y tienen nuestra misma actitud discreta en cuanto a establecer un mínimo de contactos y sólo en casos especiales. (Este párrafo me fue comunicado después, en un contacto telepático, mientras yo estaba en una ciudad de Levante y Atienza en América).

Mi diálogo telepático con Atienza había durado aproximadamente una hora, inten­samente aprovechada, dada la velocidad de la transmisión mental.
Fue él quien me hizo notar, por segunda vez, que estaba fatigándome en exceso, y llamó mi atención sobre el hecho de que mi frente transpiraba en exceso y mi respiración era jadeante. Empezaba también a dolerme un poco la cabeza, aunque apenas me daba cuenta de ello.
‑ Es necesario dar fin a nuestra conversación y separarnos ‑me dijo‑. Marchamos a América y desde allí estoy seguro de que reanudaremos nuestro diálogo. Tiempo tendremos de seguir conversando. Nuestra experiencia de hoy y la perfección del ejercicio realizado son prenda de ello. Siempre recordaré con emoción esta entrevista contigo, pero seguramente no se repetirá en el futuro, puesto que, como sabes, huimos de los contactos personales.
Aunque nacido en Urln, me considero un terrícola más. Quiero que nos despida­mos con un abrazo y que no se enturbie tu ánimo con nuestra separación. Nuestro encuentro tendrá una gran trascendencia futura.
Estaba aturdido. Bajamos del 1.500, nos abrazamos. Mis ojos estaban humedeci­dos, y sentía como un desgarramiento al pensar que quizá se interrumpiría mi diálogo para siempre con aquel hombre tan bueno y sabio, portador de tan fascinante mensaje, fuente de tanto conocimiento...
Atienza recorrió rápidamente los quince metros que le separaban de la astronave, subió por la escalerilla, que en seguida se contrajo, y ocultó en el interior y me hizo un último ademán de amistad, antes de desaparecer por la escotilla.
Se encendieron unas luces anaranjadas dispuestas en forma circular y volví a sentir aquella desagradable sensación de náuseas como de estar sumergido dentro de un potente campo eléctrico. Sin ningún ruido, con gran rapidez, el platillo ascendió verticalmente. Sus luces se apagaron y desapareció en la oscuridad de la noche.

Quedé físicamente quebrantado y mentalmente desecho.
Seguía recibiendo mensajes de ánimo de mi amigo, pero perceptiblemente en forma más tenue, lo que me acongojaba al temer que nuestra comunicación se interrumpiría para siempre, perdiendo yo aquel poder telepático cuyo ejercicio me había resultado tan embriagador.
Solo en la noche, penosamente, subí a mi coche. El arranque no funcionaba, pero al quitarle el freno el Seat descendió por la pendiente. Embragué en segunda velocidad y el motor empezó a funcionar. Seguí muy lentamente, sin cambiar de marcha, hacia las luces del pueblo de Alarcón, aproximadamente a un kilómetro de distancia. Necesitaba contar a alguien mi experiencia, anotar todos los detalles para que no se me olvidasen y también... descansar...
Nunca había estado antes en el parador del Marqués de Villena. Por las calles del pueblo no vi a nadie (eran las dos de la madrugada), pero unos indicadores me mostraban el camino para llegar al parador.
Abandoné el coche a la entrada. Aunque soy bastante flemático, la emocionante experiencia, que acababa de vivir, unida al hecho de que en aquel momento se había interrumpido totalmente mi comunicación con Atienza, me tenían trastornado y experimentaba una sensación de infelicidad.
Llegué, como pude, hasta la conserjería. Dos empleados jóvenes del parador, que debieron asustarse un tanto de mi estado y de la explicación incoherente que les di de lo que me había pasado, me atendieron solícitamente.
Me dejé caer sobre un banco de madera a allí empecé a recuperarme un tanto. Recuerdo que un vaso de agua que me trajeron se escurrió de mis manos y se hizo trizas contra el suelo.
Uno de los empleados fue a buscar al médico del pueblo mientras que otro me ayudaba a pasar a una de las habitaciones. Le entregué mi Documento Nacional de Identidad y las llaves del coche para que retirasen mi equipaje.
Ya en la habitación, empecé a tranquilizarme del todo, aferrándome a la esperanza que me dio Atienza de que nuestro diálogo telepático se reanudaría algunos días más tarde (como, gracias a Dios, así ocurrió).
El médico tardó en llegar (sin duda debieron de despertarle y tendría que vestirse al ser llamado a hora tan intempestiva).
Cuando entró en mi habitación, creo que yo estaba casi normal físicamente, pero todavía obsesionado por la idea de hacer partícipes a los demás de la experiencia que acababa de vivir.
Me reconoció detenidamente, me tomó el pulso y la tensión y, por la forma en que me escuchaba mi poco coherente relato, advertí que me creía víctima de una alucinación. Contesté a sus preguntas indicándole que jamás bebía y que sólo había tomado una ligera cena.
No quise ponerme una inyección para dormir. Me dio un tranquilizante, recomen­dándome dejase un cuaderno en el que febrilmente había empezado a resumir el contenido de mi conversación con Atienza, y se despidió de mí prometiéndome volver a primera hora de la mañana.
Rogué expresamente a los empleados del parador y al médico que no avisasen para nada a mi familia en Madrid, que no esperaban mi llegada, porque cuando salí de viaje yo había previsto llegar de sorpresa, pero el médico consideró conveniente (aunque a mí no me lo dijo), telefonear a mi familia porque no creía posible que a las ocho o las diez de la mañana, estuviera yo en condiciones de reanudar mi viaje a la capital.
Escribí algún tiempo en el cuaderno y luego me quedé dormido.
Con gran sorpresa, horas más tarde me despertaron tres de mis hijas y mi cuñado, que habían llegado en su coche rápidamente de Madrid, ya que se pusieron en camino en cuanto les llamó el médico.
El sueño, aunque muy corto, me había dejado en perfectas condiciones físicas.
Desayunamos. Pagué la cuenta del parador y la minuta del médico, del que me despedí llamándole hombre de poca fe y a quien mostré la veintena de cerillas consumidas por Atienza que estaban en el suelo del coche y que una de mis hijas recogió, lo que para mí constituía una prueba de no haber soñado.
En viaje hacia Madrid, a petición de mi cuñado, me detuve en el preciso lugar en que se había producido el encuentro y se le ocurrió buscar, encontrándolas, las huellas dejadas por el rastreo de la escalerilla metálica, cuyo extremo descansó en el borde de la carretera.
Volvimos a casa, donde tranquilicé a mi asustada mujer (con la que ya habíamos hablado por teléfono). Pasé un día de reposo y volví a encajarme en mi módulo de vida normal, no comunicando mi aventura más que a mi familia y aun reducidísimo número de amigos.





1 comentario:

  1. me gustaria q contases sobre las demas conexiones telepaticas q tuvieron y si le preguntaste sobre a quien le llaman "Dios" ellos, lo referente a ello al cristo y sobre la evolucion de los seres de urln

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