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domingo, 9 de junio de 2013

Universos paralelos: “No, no le toques, pues es tu negativo y os destruiríais los dos”

Universos paralelos: “No, no le toques, pues es tu negativo y os destruiríais los dos”



De alguna forma, la llamada “ciencia oficial” colabora, sin desearlo conscientemente, en el esclarecimiento del fenómeno extraterrestre: Por un lado los físicos teóricos especulan con sus teorías “recién sacadas del horno” sobre una visión distinta de la realidad, por ejemplo ya se ha demostrado a través de la teoría de la relatividad y experimentos con relojes de precisión orbitando la Tierra, que el tiempo no es un concepto “estático” y que si nos movemos en una nave a velocidades hiperluminicas conseguimos detenerlo.

Stephen William Hawking
También, al hilo de la teoría relativista, Stephen William Hawking  teorizo sobre el colapso gravitatorio y “los agujeros negros” que todo lo engullen, mas tarde, mediante la detección de rayos gamma provenientes del espacio exterior,  los seres humanos hemos descubierto que el Universo esta poblado de tales agujeros negros, incluido aquel situado en el centro de La Vía Láctea. Es evidente que en la realidad cotidiana existe lo visible y lo imperceptible a nuestros sentidos y que ciertamente existe. Tomemos como ejemplo la electricidad: Los electrones se mueven por un cable y sin embargo no podemos verlos, pero sí sentir sus efectos (básicamente la electricidad es muy parecida a los fluidos, unos electrones empujan a otros, siempre y cuando exista lo que se conoce como “diferencia de potencial”, traducido a los fluidos, algo así como “abrir el grifo de agua”).

Michio Kaku explica de una forma sencilla los Universos Paralelos



Michio Kaku habla sobre el SETI  1 de 2



Michio Kaku habla sobre el SETI  2 de 2



Michio Kaku ¿Se autodestruirá la raza humana?



Michio Kaku: Somos ondas de probabilidad.

(Mas información sobre el fisico teorico Michio Kaku en: http://es.wikipedia.org/wiki/Michio_Kaku)


Del mismo modo, al contactado Mel Noel, los extraterrestres le explicaron que en el Universo existen 150 billones de universos en expansión, para mas información consultar la entrada de este mismo blog: ¿Creéis en Dios? Hay mas de 150 billones de universos en expansión.
http://elmensajedeotrosmundos.blogspot.com.es/2012/12/creeis-en-dios-hay-mas-de-150-billones.html

En múltiples ocasiones, los seres de las estrellas, en conversaciones con los contactados, nos dan pistas de su tecnología prodigiosa y también sobre algunos aspectos de la ciencia que nuestros científicos tan solo ahora teorizan, tal es el caso de los universos paralelos. Haciendo un poco de  memoria, los extraterrestres ya explicaron en un momento dado, que para realizar sus viajes interestelares “ellos” “utilizan el mismo espacio pero en diferentes tiempos” ó lo que es lo mismo, se mueven en un “universo multidimensional” donde sus naves se materializan y desmaterializan a su antojo. Al parecer, cuando se logra “desmagnetizar por completo la materia” se convierte está en energía pura y llevándolo a un plano técnico, cuando los seres humanos logren codificar toda la información de un objeto y lo desmaterialicen, para posteriormente recomponerlo (codificarlo) lograran, posiblemente, dar el salto definitivo a otras dimensiones inimaginables hasta el momento. Tan solo recordar el Experimento  Filadelfia  (Philadelphia), en el cual un barco fue sometido a un intenso campo magnético, haciéndolo desaparecer finalmente aunque el fenómeno terminó por descontrolarse, ya que la técnica de aquel momento carecía de la información necesaria sobre las consecuencias de un experimento de tales características.


     
En esta ocasión he traído dos casos de contacto con seres extraterrestres de las estrellas. Los protagonizaron Miguel Herrero Sierra el 18 de diciembre de 1977 y el más conocido como Julio F.  ocurrido el 5 de febrero de 1978. Yo personalmente no tenía constancia del suceso acaecido a Miguel Herrero hasta que llego a mis manos un libro de muy pocas páginas del Dr. Fernando Jimenez del Oso

Al leer los acontecimientos que sucedieron a Miguel Herrero uno pude hacerse ciertas preguntas, máxime si los extraterrestres le dijeron que procedían de un universo paralelo a la Tierra y más aun, cuando le pidieron que no “tocara” a uno de los tripulantes que era exactamente igual a Miguel Herrero, ya que si lo hacía, se destruirían los dos. Y esa fue la cuestión que mas debate levantó en los años 70, llegándose a cuestionar el encuentro de Miguel Herrero con los extraterrestres: Se teorizó, que si el tripulante estaba constituido por así decirlo, de antimateria, la misma nave también lo sería y que de este modo se habría desintegrado tan solo con rozar la atmosfera terrestre. Aparentemente es una quimera difícil de resolver, a no ser que los extraterrestres, de algún modo, estuviesen dejando un mensaje para que en un futuro, cuando nuestra ciencia fuese capaz de resolver el enigma, entenderlo en su máxima amplitud.


Tal vez ese mensaje, ahora que la física ya nos habla con total naturalidad sobre los multiuniversos y los universos paralelos, nos diría que: aquello que hagamos en este planeta, afecta de un modo directo al conjunto del universo y por extensión, a todas las criaturas que lo pueblan. A fin de cuentas, el origen de todo cuanto existe es común, por muy lejanas que se encuentren algunas galaxias. Y como ya he comentado en algunas ocasiones, la teoría cuántica ya teoriza sobre la simultaneidad e interrelación entre partículas, como si un hilo invisible “atara y uniese las consecuencias” de unos átomos respecto a las otros. Casi el todo el mundo ha visto la película La Guerra de las Galaxias (Star Wars) y aquel momento de tensión cuando la Estrella de la Muerte destruye un planeta entero e inmediatamente después, una especie de “onda mental” se transmite por todo el universo; una onda lanzada por los millones de muertos de ese planeta que afecta al equilibrio (nivel vibratorio) de todas las criaturas vivientes.

Michio Kaku
El genial físico Michio Kaku nos habla de los Universos Paralelos y lo describe con precisión: Nos dice que imaginemos una habitación en la cual se reciben diferentes emisoras de radio y televisión, pero que nosotros solo somos capaces de sintonizar una de ellas. El resto está ahí, aunque “somos incapaces de sintonizarlas”, y algo así ocurriría respecto a la existencia de los multiuniversos (universos paralelos), ocupan el mismo espacio pero con diferentes vibraciones (frecuencias).

Para terminar esta pequeña introducción, solo destacar un detalle determinante: Tanto Miguel Herrero como Julio F., en las cercanías de los respectivos platillos volantes, percibieron un intenso olor a pino, tan intenso que a Miguel Herrero lo  tuvieron que sujetar dos de los tripulantes de la nave ya que estuvo a punto de desmayarse. También como nexo común, es el “tiempo perdido” que no supieron explicar, salvo cuando Julio F. lo hizo mediante hipnosis, donde nos habla de ciertos exámenes médicos al que fue sometido y un viaje al espacio exterior. 

OVNI sobrevolando la Luna
Tres horas con los tripulantes de un ovni

El caso salto a la prensa , el día 25 de enero de 1978, en el diario Pueblo, que titulaba la noticia “Tres hora en un ovni”. A partir de este momento, para amplios sectores de prensa, empezaba la panacea de lo sensacionalista, ignorando todo tipo de censura critica al suceso protagonizado por Miguel Herrero Sierra. Ignorancia que repercutiría, como pudimos ver a través de los numerosos meses que estuvimos investigando el extraño “contacto”, en ese gran numero de débiles mentales, inmaduros y demás personas deseosas de llenar con “algo” ese vacío mundo de realidades en que viven.
Todo esto es quizá uno de los puntos que nos decidiera a realizar y actuar con los máximos elementos de análisis y sentido crítico en la investigación de este caso. Labor en la que nos entregamos casi más de un año varios psicólogos clínicos, formando un compacto equipo de trabajo, con el único deseo de esclarecer lo más ampliamente el extraño suceso. Esperamos que este tipo de investigación sirva de alguna forma como modelo para los investigadores que pueblan nuestra geografía y que, sin duda, “olvidan” lamentablemente lo necesaria que es en la investigación ovni la labor de los elementos psicológicos. Pues no se puede pasar por alto el hecho de que, de una forma u otra, ya sean tripulantes extraterrestres, dimensiones paralelas, seres de otros estados de conciencia o lo que sean, en todo momento están interviniendo el factor “humano”, con las consecuentes repercusiones psicológicas que estos fenómenos producen en los individuos “abducidos” o “contactados”. De aquí la necesidad, insistimos, de que en todo momento se cuente en la investigación ovni con psicólogos cualificados en este tipo de estudios.
Para mejor entendimiento de los lectores, el caso está dividido en tres partes: los hechos, un análisis filosófico y psicológico del suceso y, finalmente, el resultado de los estudios de campo y psicológicos de este largo año de investigaciones.

El contacto

Domingo, 18 de diciembre de 1977. Como otros muchos, Miguel Herrero Sierra, vecino de Alcalá de Henares (Madrid), de treinta  y cuatro años de edad, conductor de profesión, decidió ir a practicar la pesca, su deporte favorito, que le resulta difícil practicar con frecuencia, ya que, debido a su profesión, permanece gran parte del año fuera de su domicilio habitual.
Aquel domingo, Miguel, a eso de las 5,30 de la mañana, tras llenar el depósito de su vehículo, una furgoneta Sava que normalmente utiliza en su trabajo, se dirigió hacia los pantanos de Buendía. Iba solo. Hasta Tendilla, ya en la provincia de Guadalajara y aproximadamente a 50 kilómetros de Madrid, todo fue normal, como de costumbre. En Tendilla, paró para tomar café, comprar pan y cigarrillos. De nuevo en ruta en esta segunda etapa, todo seguía transcurriendo normalmente; hasta que al llegar al cruce con la carretera de Peñalver, siendo aún noche cerrada, de repente, se le apagaron las luces de la furgoneta.



Peñalver, provincia de Guadalajara (España)
En un principio, pensó en la posibilidad de un fusible fundido. Luego se extraño, porque las luces del cuadro, también apagadas, van por distinto circuitos que las luces exteriores  del vehículo. Pese a todo, bajó y revisó los fusibles, encontrándolos todos en perfecto estado. De modo que, como ignoraba lo que hubiera podido suceder, y como era aún de noche, decidió sacar la furgoneta de la carretera, por miedo a provocar un accidente, ya que la podía dejar convenientemente señalizada.
Así lo hizo, y cuando ya estaba bien aparcado el vehículo, dejó en marcha el motor un rato y la calefacción encendida, pues el frio era intenso, a la espera de que amaneciera y poder ya de día continuar hasta Sacedón.
Entonces vio en el campo, como a veinte metros y su derecha, una gran sombra, que al principio le pareció una casa o un camión.
Como conoce bien la zona y sabe que en ese tramo no existe casa alguna, pensó que sería un camión aparcado en la finca, a la espera de cargar al día siguiente, o algo parecido. Mientras pensaba en esto, pero sin prestarle mayor atención, vio encenderse una luz, como una linterna muy potente, cuyo haz se dirigió de lleno a los cristales de su furgoneta, al tiempo que alguien gritó…

“Oiga…Oiga…Señor, el de la furgoneta.”
Miguel Herrero se sobresaltó. Pero, acto seguido, pensó que pudiera tratarse de un vehículo accidentado, y que alguien pudiera necesitar ayuda. Así que descendió, cerró la puerta de la furgoneta, y se dirigió hacia la luz.
Poco a poco, al aproximarse, se fue dando cuenta de que aquello que al principio le había parecido un camión tenía unas medidas mucho mayores que las de cualquier vehículo terrestre por él conocido. Se detuvo entonces. Llegó hasta él un olor similar al de un pinar en una mañana de verano, pero tan tremendamente fuerte y penetrante que, a los pocos pasos, comenzó a notar nauseas y un gran mareo; y no cayó al suelo porque, entre las brumas, vió cómo se acercaban dos hombres vestidos con ropas blancas, que se destacaban perfectamente en la noche.


Aunque no llegó a perder el conocimiento no hubiera podido seguir avanzando si no hubiera sido porque aquellos hombres le sujetaron fuertemente por los brazos. A partir de ese momento se puede decir que todo fue muy confuso para Miguel Herrero, y que pese a haber permanecido en el extraño vehículo cerca de tres horas, él sólo recuerda unos diez o quince minutos, aproximadamente.
Era una especie de extraño sombrero, con la parte superior semejante a una torreta, y cuyo cuerpo era un cilindro con una puerta que al abrirse vio que era corredera.
En el momento de abrirse tal puerta, toda la parte inferior del aparato se iluminó como si fuera una gran lámpara, excepto un anillo alrededor (lo que podríamos llamar alas, siguiendo el símil de sombrero). Miguel Herrero estimó las dimensiones de la nave, comparándolas con su propia estatura, 1,65 metros. Y el resultado fue el siguiente:
a)      Desde la base del cilindro hasta el techo del sombrero, unos diez metros.
b)       El cilindro inferior tendría unos tres metros y medio de altura por tres de diámetro.
c)       La sala donde estaban las cinco consolas (cuatro idénticas, más una que presentaba el aspecto de uno de esos grandes órganos que hay en las catedrales) tendría de dieciséis a dieciocho metros de diámetro.
d)      El anillo o “alas”, que veía nítidamente entre el cielo, lleno de estrellas, y el borde inferior iluminado podría medir de dos a dos metros y medio.

La cabina de los pilotos era una pieza circular de entre diez y dieciocho metros de diámetro iluminada con luz blanca proveniente del techo y paredes, como si todo ello fuese una lámpara de neón; pero no molestaba en absoluto a los ojos, aunque la luz era muy intensa.
Alrededor de las paredes, cinco a modo de mostradores, separados por una especie de armarios transparentes, de unos dos metros y medio de largo por un metro ochenta de ancho y uno ochenta de alto, dentro del cual había una cama de cero noventa metros de ancho y dos pequeños armarios metálicos. En cada consola, un sinfín de luces, indicadores y palancas (algunas de estas luces no cesaron de oscilar en todo el tiempo que Miguel estuvo allí dentro). Frente a la consola, por encima del aparato de televisión, la pared se hacía transparente a voluntad del operador, como Miguel pudo ver luego.

Delante de los mandos, un asiento de algo que le pareció acero y esponja, con un pedal que permitía al operador desplazarse sobre unos carriles de un extremo a otro de la consola.
La tripulación estaba compuesta por dieciséis humanoides de aspecto exactamente igual al nuestro; tanto que, vestidos con nuestras ropas, hubieran pasado completamente inadvertidos.
Pero cuál no sería su sorpresa cuando uno de los que controlaban una mesa de mandos se volvió, y Miguel tuvo la sensación de hallarse frente a un espejo que reflejara su propia imagen. El tripulante medía alrededor de  un metro sesenta, de cabellos castaños y ojos azules... Tan grande era la semejanza que para que la ilusión fuera más real en cuanto a lo del espejo, una cicatriz que Miguel tiene en la mejilla izquierda, aquél la presentaba en la derecha.
Fue a dar un paso adelante, con intención de tocarle, para cercionarse de que era cierto lo que estaba viendo;  entonces, el que pareció que debía ser el jefe se lo impidió y le dijo: “No, no le toques, pues es tu negativo y os destruiríais los dos”.

Miguel Herrero confesó que, en principio, no consiguió asimilar lo que estaba oyendo. Pero tampoco es extraño que Miguel Herrero se encontrara en un verdadero lío. Pese a que (nos confesó) no es miedoso ni impresionable, era tal el cúmulo de cosas raras que le estaban sucediendo en unos pocos minutos que tenía la sensación de que los nervios le iban a estallar en cualquier momento.
En este estado, como si adivinasen su pensamiento, el que estaba a su lado le dijo: “No te esfuerces, pues si alguien no te lo explica, no lo entenderías nunca”.
Miguel Herrero, durante todo el tiempo que duró el “contacto”, no articulo palabra alguna; igualmente estos seres no emitieron palabras ni sonido alguno, ni siquiera movieron la boca, pese a lo cual en los oídos de Miguel resonaban las palabras como si estuvieran manteniendo una conversación normal. Miguel Herrero pudo recordar después algunas frases de la que oyó en el interior de la nave: Que ellos y la nave se desmaterializaban y materializaban a su propia voluntad; que no llevaban armas ni las necesitaban, pues sólo con crear un campo magnético alrededor de ellos o la nave nadie podría acercarse; le explicaron que vienen aquí desde hace tres mil años, encontrando el camino por pura casualidad. Dijeron también que se encontraron con que aquí vivían gentes del espacio exterior, y específicamente que en el Perú habían vivido razas de seres extraterrestres; que estaban realizando experimentos a fin de fundirse con nuestra raza terrestre.
Algo también interesante fue el nombre con el que, según Miguel Herrero, llamaban al que parecía ser el jefe: “Mayor Martín”.
Eran nuestros paralelos de una tierra paralela a ésta.
Hasta aquí lo que el propio Miguel Herrero nos contó verbalmente y a través de unos folios mecanografiados en los que relató su propia aventura. También incluyó algunas cosas relatadas por Miguel durante el estado de hipnosis-media a que fue sometido.



El relato de Julio F.

Tras una breve exposición de las características de algunos de los investigadores que siguen el caso de Julio F., y que omitimos para no cansar al lector, transcribiremos el relato que éste efectuó con el título “Comunicación por sensaciones mentales”.
“…Ocurrió el 5 de febrero de 1978, día en que se cerraba la veda. Me levanté a las dos de la madrugada. Y pese a que en los últimos tres años había cazado en la provincia de Ávila, decidí dirigirme hacia una zona llana de liebres que ya conocía, cercana a Medinaceli, en la provincia de Soria. Como de costumbre, con la única compañía de mi perro “Mus”, un pointer inglés ligero, de pura raza.

Medinaceli, provincia de Soria (España)
“Era todavía de noche. Cuando me encontraba a 50 kilómetros de Medinaceli, un impulso extraño me obligó a desviarme por un camino a la izquierda
de la carretera, 10 ó 12 kilómetros antes del lugar hacia donde me dirigía. Y cuando había recorrido unos 100 ó 150 metros, el coche se detuvo, falto de corriente; se apagaron las luces y la radio enmudeció.
 Mi reacción inmediata fue bajarme, abrir el capó, mirar si era la bobina. “Mus” salió del coche conmigo, y mientras yo miraba el motor, advertí que el perro gruñía, se puso a mi lado, muy nervioso, con el pelo erizado. Aquello me asustó y mi reacción fue coger la escopeta, una Winchester de cinco tiros, y cargarla, manteniéndome a la expectativa.

De pronto, vi bajar por una loma próxima dos figuras humanas cuyo traje destacaba en medio de la oscuridad. Nada más verlos comencé a tranquilizarme. Algo sentía dentro de mí que me decía: Tranquilo, no pasa nada. Supe inmediatamente que no eran de aquí. Se comunicaban conmigo mediante imágenes similares a diapositivas, que yo sentía más que veía. Ellos también podían leer mis pensamientos. Me miraban fijamente a los ojos con una mirada penetrante y tranquilizadora. Iban vestidos igual, con un traje color verde manzana, todo de una pieza y sin costuras, como pijamas de los niños. Incluso las suelas de los zapatos eran una continuación del pantalón, aunque se veían más duras. Lo único que destacaba era un frunce en la cintura.
Llevaban cubierta la cabeza por una especie de “verdugo” que les caía hasta por debajo de los hombros, de un color crema amarillento y una textura similar al punto de seda, dejándoles el rostro al descubierto. Sus manos aparecían enfundadas en unos guantes hechos al parecer del mismo material que el “verdugo”.

En cuanto a sus rasgos físicos eran muy parecidos a los nuestros y podrían pasar perfectamente por humanos; aunque su mirada era diferente. Complexión atlética, sobre 1,90 metros de estatura, piel blanca muy pálida, sienes abultadas, ni rastro de cejas, pestaña o barba. Ojos azules muy grandes, claros y redondeados, prácticamente transparentes, con iris y pupilas enormes. Labios muy finos, nariz larga y afilada, pómulos angulosos pero no salientes; rasgos muy cortados.
El perro se mantuvo a mi lado, aterrorizado, nervioso, gruñendo hasta que le tranquilicé, como si estuviera en presencia de algo extraño. Pero nunca intentó escapar ni atacarles. Me pidieron mentalmente que les acompañase, mostrando gran interés por “Mus”, que se mantuvo en todo momento muy excitado. Acepté y caminé entre los dos, pese a no estar completamente tranquilizado, recorriendo unos 150 ó 200 metros. Al llegar a lo alto de la loma, lo vi, asombrado: un enorme platillo plateado, similar a una seta. Tendría un diámetro de unos 50 metros y parecía flotar inmóvil a nos cuatro metros del suelo.

Platillo Volante - OVNI - UFO
Del centro de la nave bajó un cilindro sin junturas que permaneció a un palmo del suelo, abriéndose en el mismo una puerta de guillotina cuya existencia fui incapaz de apreciar. Entramos por ella. Pero “Mus” se quedo fuera, pese a que le llamé con insistencia, teniendo que introducirle yo mismo. Allí, como en el interior del platillo, olía intensamente a pino.
El cilindro comenzó a ascender, volvió a abrirse la puerta y salimos a un pasillo que nos condujo a un corredor circular que parecía rodear al platillo por su periferia. Al entrar en la nave tuve una sensación de mareo que luego se me pasó. Dejamos dos puertas a nuestra derecha, llegando ¡a una escalera similar a la de las piscinas!.No me expliqué lo que hacía algo tan rudimentario en un artefacto tan sofisticado. Subimos por ella. Yo lo hice con cierta dificultad, ayudándome con una mano, pues con la otra sujetaba a “Mus” contra mi cuerpo, mientras la escopeta colgaba de mi hombro. No tuve gran problema, porque en mi juventud practiqué montañismo.
Llegamos así a una sala circular de unos 20 metros de diámetro. En ella había otro individuo vestido igual que mis acompañantes. El techo era abovedado. El suelo parecía de cristal liso, totalmente pulido y luminiscente. En todo el interior del platillo reinaba una intensa luz blanca que no procedía de foco alguno, sino que parecía emanar de todas partes. Allí dentro no se proyectaba sombra alguna.

En el centro de la sala había una especie de consola con una pantalla parecida a las del cinerama, alargada, más alta en sus extremos y que se estrechaba en el centro. Ante ella, dos sillones muy extraños: descansaban en un solo soporte cónico que se estrechaba al llegar al suelo, encajándose en una especie de guía sobre la que se desplazaba cuando pulsaban unos botones ocultos bajo el brazo de los mismos. Me invitaron a sentarme en uno de ellos y yo pensé que podía caerse al soportar el menor peso, dada su aparente inestabilidad. Pero pude comprobar que era tan cómodo como consistente.
Distribuidas alrededor de la sala había otras dos consolas similares, llenas de lucecitas parpadeantes y con un solo sillón cada una. Detrás de mí vi una suerte de armario, y a mi derecha una pantalla de cristal negro, que debía ser similar a los rayos X, pese a que cuando  situaron a Mus tras ella no logré ver nada. Luego me pidieron que me colocara yo para examinarme y entonces pude advertir que me llegaba a la altura del tórax.

Me pidieron permiso para extraerle sangre al perro de una de sus patas y lo hicieron con una jeringuilla metálica, similar a las usadas por los dentistas para anestesias, detalle que me llamó mucho la atención, pues me pareció tan anacrónico como la escalera de mano.
Allí sentí la necesidad de fumar, aunque cuando estoy en un sitio cerrado y en el que no hay ceniceros, nunca lo hago. Me supo mal tener que arrojar la ceniza a un suelo tan limpio, pero un hubo más remedio.
Tenía miedo de que me llevaran fuera de la Tierra, sobre todo cuando me pidieron que me sentara. Así que procuraba no perder de vista el terreno sobre el que flotaba la nave, que podía ver –ya era de día- a través de las ventanas circulares que rodeaban la habitación. Aunque, por otra parte, sentía que si yo no les daba mi autorización no me llevarían con ellos. Al principio no me separaba de la escopeta; pero luego acabé confiándome.
En dos momentos, a lo largo de mi estancia, escuché como un pitido estridente y muy agudo, similar a una flauta de cuatro pies o a la señal emitida por un teléfono cuando está comunicando. Aquello pareció agitarles mucho y cada uno se dirigió a su puesto, frente a una consola, como si fuesen militares bien disciplinados. Entonces, la pantalla, que hasta aquel momento me había parecido opaca, se difuminó y sobre ella apareció el busto de un hombre vestido como ellos, pero de mayor edad, quien les habló como si fuera un superior. Tan solo en esas dos oportunidades les vi mover los labios, para hablar en un lenguaje extraño, duro, monosilábico y desagradable, similar al coreano o algo así.

Yo permanecí sentado en una butaca de la mesa central. Y cuando terminó la primera comunicación a través de la pantalla, oí un silbido extraño en el interior de mi cabeza, que no sé de donde procedía. El perro estaba tumbado a mi lado y cuando, tras escucharlo, volví a mirar, se hallaba al otro lado de la sala. Debió asustarse por el silbido y escapar.
Me hicieron muchas preguntas sobre la organización social de la Tierra, sobre la economía, sobre la escopeta, si cazaba por necesidad o, si no, qué razón me impulsaba a hacerlo. Les expliqué lo que pude, rudimentariamente, como si se lo contase a un niño.


Una y otra vez les pregunté de dónde venían. Por toda respuesta, en mi cabeza aparecieron un 3, un 7 y una especie de cuadrado, que luego me dijeron era similar al símbolo de Géminis. Pero no he sido capaz de entender lo que me querían decir con esto.
Cuando me pidieron la escopeta para examinarla, yo me apresuré a descargarla, para evitar el peligro de se disparase, y se la entregué. No me gustó ver que la trataban como algo rudimentario, como haríamos nosotros con un hacha de piedra. Abrí un cartucho con la navaja, para que viesen su contenido, y lo dejé encima de una mesa, junto con otro completo y con dos cigarrillos.
Supe entonces que ya podía marcharme. Antes me prometieron que les volvería a ver –ellos me avisarían-, y que, de ahora en adelante, todos les verían.
Uno de los tripulantes bajó conmigo hasta el cilindro que me depositó en tierra. Cuando salí del mismo, el sol me deslumbró. Solté entonces a Mus, que salió disparado hacia el coche. Regresé sin volver la cabeza atrás (bajo hipnosis explicará luego que no podía hacerlo), mirando siempre hacia adelante. En mi interior no quería volver a ver el platillo, pero temía así mismo no observarlo de nuevo. Entré en mi automóvil y me senté. Se me ocurrió mirar el reloj: lo tenía parado a las 6,40. Esa podía ser la hora que entré en el aparato.

Permanecí sentado en el coche y sintonicé Radio Nacional para saber qué hora era. Me fumé un pitillo sin quitar la vista de la loma tras la que, antes al menos, se ocultaba el ovni. Diez minutos más tarde dieron las diez de la mañana. Estuve allí hasta las doce, quieto, pensando sobre lo ocurrido, esperando verle elevarse, sin resultado.
Pensé que todo pudo haber sido una alucinación. Pero me resistía a creerlo así. Además, estaba la marca del pinchazo en la pata de “Mus”, claramente visible, y faltaban los dos cartuchos que había dejado en el platillo. Yo siempre salgo a cazar con la cartuchera llena y otros tres en el bolsillo. Comprobé que sólo me quedaba uno de estos tres proyectiles.
Decidí seguir mi proyectado día de caza, al encontrar un terreno apropiado. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Quién me creería? A fin de cuentas, hasta ese momento yo no había creído nada cuanto se dice de los ovnis. No fue nada mal; aquella tarde cobré unas cuantas piezas. ¿Cómo pude encontrar codornices en Soria y en invierno? Desde luego, no es muy habitual, pero así fue y está mi familia para atestiguarlo.
Al anochecer, regresé a casa, como de costumbre. Decidí no contarle nada a mi mujer, para no preocuparla, ni a ninguna otra persona, porque –insisto- a mí mismo me habría resultado el caso absolutamente increíble. Me duché y revisé entonces mi cuerpo, para ver si había algo extraño; no encontré nada sospechoso.
Pasados tres días, sentí la necesidad de contárselo a mi hermano. Hacía tiempo que a él le gustaban estos temas, ¡y yo me había burlado varias veces de sus aficiones! Y aquí estoy yo ahora, dispuesto a lo que sea para saber lo que ocurrió realmente aquella mañana. Los recuerdos que tengo vienen ocupando unos tres cuartos de hora como máximo y –sin embargo- podría calcular que estuve en el interior de aquel aparato unas tres horas. Eso me parece los más desconcertante…

La investigación psicológica

Hasta aquí el relato en estado consciente que recuerda Julio F. y que hemos transcrito en su totalidad del artículo que Enrique de Vicente publicó en la revista citada al principio.
La investigación profesional del caso surgió cuando Jose Luis  Jordán Peña, psicólogo industrial y conocido investigador del tema ovni, daba una de sus numerosas charlas a que su actividad le lleva.
Tras meditarlo varias veces, Julio F. decidió, al término de la charla de Jordán Peña, acercarse a éste y contarle su historia, pues como él mismo confiesa, cada día que pasaba tenía más necesidad y por supuesto la sigue sintiendo de saber hasta qué punto su extraña “aventura” ha podido sucederle o hasta qué punto todo es fruto de una mala jugada de su mente.

Jose Luis Jordán Peña
Huelga decir que José Luis Jordán Peña es uno de los investigadores que más fama tiene de hombre escéptico, al mismo tiempo que sigue una línea auténticamente científica; es hombre abierto a todo tipo de comprensión de cualquier fenómeno, por absurdo y antinatural que se presente. Lógicamente, era la persona ideal para empezar la investigación de uno de los casos que pensamos de más consistencia y credibilidad en estos momentos, dentro del enrevesado mundo que rodea la casuística ovni.
Extractamos el relato de las sesiones hipnóticas:
“…La primera sesión de regresión hipnótica tuvo lugar en la consulta psiquiátrica del doctor Jimenez del Oso, que coincidió con la docena de médicos, psicólogos, hipnólogos y estudiosos asistentes  a la misma en la credibilidad que inspiraba el relato y l idoneidad con que Jordán condujo la prueba. A la segunda sesión realizada en el Colegio Menesiano madrileño, asistieron unas 50 personas, entre las que se incluían prestigiosos profesionales y especialistas en las más diversas materias, cuya opinión subjetiva –tras asistir a las dramatizaciones con las que Julio revivía, bajo hipnosis, los momentos emocionalmente más intensos de su experiencia –fue mayoritariamente positiva”
En ambas regresiones Julio aportó algunos detalles de gran interés que no recordaba con precisión, como sus reacciones al encontrarse cerca del ovni, antes de entrar al mismo: “Estamos bajo el platillo… ¡La escopeta!, la siento; me tira del brazo hacia arriba… Sube la navaja en el bolsillo… El pelo se me eriza…” Reacciones que corresponden a las experimentadas por muchos testigos en las proximidades de un ovni y que muchos atribuyen –al igual que la paralización del coche- a un campo electromagnético generado, al parecer, por los “no identificados”.
Pero lo más asombroso comienza en el momento en el que Julio recuerda haber escuchado un intenso silbido en el interior de su cabeza. Su relato –que hemos redactado intercalando sus respuestas con las pregunta de Jordán, grabadas en ambas sesiones- es impresionante.
“…¡No me puedo mover! –exclama angustiado- Me levantan. “Mus” ladra. Ha caído al suelo. ¡Le han matado! Me llevan. No toco el suelo. Ellos vienen conmigo. Me bajan por la escalera. Bajo solo. No toco nada. Me llevan por el pasillo y no me puedo mover.
“Entramos por una puerta. Me desnudan. Me quitan todo. Estoy muy asustado.”

El techo es como una media esfera, de cristal transparente. El suelo es una reja plana. Debajo hay mucha luz…Tengo las mano hacia arriba, en aspa. No puedo moverme. Me miran fijamente. Hay dos individuos. No son los mismos de arriba.
¡Hay una esfera metálica! Flota frente a mí. Se mueve. (Luego irá recordando detalles conscientemente, explicando que la bola dorada se desplazaba de un lado a otro y tenía el tamaño de una pelota de balonmano.) Salen hilos de ella, lo hacen solos (todo su cuerpo –bajo hipnosis- comienza a reflejar una gran angustia); son de colores. Tienen en su extremo un dedal pequeño. Vienen hacia mí. Abro la boca; no puedo cerrarla. Me miran. No puedo cerrarla. Me miran. No puedo cerrar los ojos. Dos hilos entran en mi boca. Uno va al esófago; lo siento; me molesta. Otro queda en la boca, bajo la lengua… ¡Hay hilos por todas partes! Otro va al ojo. Uno entra en el ano. Dos por el pene. ¡Me duele la uretra…!
¿Qué pasa? ¿Qué quieren?, les pregunto… Van a tomar muestras de los líquidos de mi cuerpo. Me lo comunican mentalmente: jugos gástricos, intestinales, saliva, lagrimas, semen, orina… Me pinchan en la espalda, en la rodilla, en la oreja, para extraerme liquido cefalorraquídeo, sinovia, sangre. No sé como lo hacen… Ellos me miran.
¡Ya! ¡ya han salido! ¡Quiero irme ya…! Se han apoderado de mis movimientos. Me suben a la sala, por la escalera. No peso. No toco el suelo. Me sientan. No sé como lo hacen. Me sujetan al asiento. Estoy desnudo. “Mus” está allí vivo… Me pegan cables a la cabeza y al pecho. Y a “Mus” también.
Se mueve todo. ¡Vamos a salir! No pasa nada: volveremos… No veo nada. Todo está negro. ¡Peso mucho! ¡No puedo respirar! (Los expertos comentarán después que Julio revivió perfectamente, bajo la hipnosis, lo que parecen ser los síntomas de una aceleración superior a la terrestre con la consiguiente sensación de “black-out” o velo negro, en la que la anorexia –al variar la frecuencia en el riego sanguíneo del cerebro- produce una ceguera momentánea.)
¡Ya! –exclama Julio, aliviado- Ahora ya veo. No peso nada. Me han soltado. Voy flotando. Los cables vienen conmigo: ellos también flotan. No me controlo. Todos flotamos… Las ventanas. Miro: ¡El suelo…no está! Está todo negro. Veo lucecitas:  son estrellas. La Tierra. ¡Es muy grande!, es azul; veo espirales blancas.

La Tierra
Estoy orbitando. No tengo peso. Es bonito. ¡Es bellísima! Me encuentro  a gusto, muy a gusto. ¡Quiero quedarme! El perro flota conmigo. Damos solo una vuelta. Veo toda la Tierra.
Me llevan a otra ventana. Se ven estrellas (Jordán le pregunta si centellean según las vemos desde la Tierra debido a las vibraciones de la atmosfera; pero Julio no duda al contestar correctamente, como si de un auténtico astronauta de tratase): están quietas. La Luna,  muy brillante. La veo muy grande, pero más pequeña que la Tierra. Tiene puntos… ¡No!, son los cráteres. Ahora ya no veo la Tierra…
Me llevan al sillón. A Mus también. Sigo desnudo. Me atan. Otra vez peso, peso mucho (la angustia vuelve a adueñarse, en la hipnosis, del cuerpo de Julio). ¡No veo, no veo! No puedo moverme. Siento nauseas…
Otra vez veo el campo. Ahora me visten. Me han quitado los cables. Oigo un silbido. Silba fuerte… “Mus”, ¡ven aquí! Así, ¡quieto…! Silba, cortado. ¡La pantalla! Se ilumina ahora. ¡Otra vez! Aparece él, el de antes…

Y Julio sigue recordando bajo hipnosis el resto de la historia que ya hemos detallado…
Enrique de Vicente puede cerrar la investigación de este extraño caso de abducción con unas excelentes deducciones, que por su gran valor no nos resistimos a reproducir:
“Todos los asistentes a las sesiones se revuelven en sus asientos. La angustia compartida ha terminado. Hacen comentarios; los más, de asombro; los menos, de duda. Técnicos y científicos coinciden al comentar lo asombrosas que resultan algunas descripciones, como la supuesta salida al espacio, provistas de detalles difíciles de fingir y menos en estado de hipnosis.
Los ufólogos familiarizados con los casi 150 casos de abducción  o experiencias en el interior de los ovnis recuerdan numerosos detalles de muchas de estas historias que coinciden con los aportados por Julio, sin que quepa suponer que él tuviese anteriormente conocimiento de los mismos, puesto que la mayor parte de éstos tan sólo han sido publicados en revistas y libros muy especializados, escritos en otros idiomas y de difícil acceso para el lector español.
Los más nuevos entre los presentes se inclinan a creer que se trata, en realidad de una vivencia en el interior de una nave extraterrestre llegada a nuestro mundo en plan de investigación. Los mas resabiados y rigurosos prefieren no emitir opinión alguna sobre el particular.

Porque el caso Julio –como el problema general que plantean todas la abducciones- no está cerrado aún. Gracias a su magnifica disposición, a su autentico deseo de conocer lo que realmente ocurrió –propio de alguien que no miente-, continuarán las investigaciones bajo hipnosis y los análisis sobre las mismas, dentro del amplio marco del “fenómeno abducción”. Un fenómeno más complejo de lo que parece a simple vista.
Sin desear ser simplistas, hemos de advertir que en la narración hecha por Julio bajo hipnosis se encuentran las distintas etapas y numerosas características propias de las construcciones alegóricas que –según han demostrado la psicología evolutiva y algunas psicoterapias contemporáneas- el psiquismo desarrolla sin dificultad alguna en los estados de conciencia infravigílicos, entre los que se incluye el trance hipnótico.
En un primer momento aparece el descenso a “los infiernos”, a las regiones inferiores, situadas  bajo el plano del que se ha partido, y en las que es normal se den vivencias desagradables y de carácter visceral, así como que aparezcan “seres dotados de un comportamiento poco amigable”.
En efecto, Julio es descendido en un estado de parálisis total –similar al de la muerte; recuérdese que él está convencido de que han matado a su perro- hasta una sala esférica –una forma bien arquetípica- donde unas entidades diferentes a las que le condujeron hasta el ovni le someten a desagradables experimentos que afectan a sus vísceras. Es un nivel –como el de los infiernos- del que se quiere escapar cuanto antes.

Tras un regreso al plano medio, propio de la vida ordinaria (donde comprueba que “Mus” vive aún), se observa un doble ascenso a las regiones “celestiales”, situadas en un nivel superior a aquel del que se ha partido: La supuesta nave, en efecto, parece ascender al espacio exterior, hacia el cielo, al tiempo que Julio  -junto con “Mus” y los tres “tripulantes”- flota, libre de las ataduras que le impone la gravedad terrestre. Se trata de un estado en el cual se quisiera permanecer mucho tiempo, para siempre. Una vez en él, Julio ha olvidado sus previos temores a que le llevaran fuera de la Tierra…
Creemos que estas consideraciones de Enrique de Vicente deben ser tenidas en cuenta. Las pautas de comportamiento que los “tripulantes” manifiestan en todos sus “contactos” o “abducciones” están ligadas, generalmente, como hemos podido leer en los capítulos anteriores, a elementos que, si bien no podemos decir que en su mayoría sean agresivos en el mismo instante de ocurrir el “suceso”, sí van a repercutir en la persona a largo plazo; sobre todo en los aspectos referentes al comportamiento psicológico.

Nuevamente recurriremos a las ideas de Enrique de Vicente en su exposición del caso de Julio; hay unas frases que pueden apoyar la incidencia psicológica tras el “contacto”.
…Nos limitaremos a añadir que, después de su experiencia, Julo tuvo la idea de que tal vez podría contactar con ”ellos” mentalmente. Nos costó un cierto esfuerzo –porque él mismo no está demasiado convencido de que hayan sido “reales”- saber que creía haber dos comunicaciones mentales posteriores. En ellas preguntó –por ejemplo- por qué le habían elegido a él y no a gente importante…
Esto es cierto, suele ocurrir: el propio individuo duda sobre su propio “contacto”, necesita autoconvencerse de que lo que ha vivido ha sido “real”. Y, lógicamente, esta necesidad puede llevarle a preguntarse qué ¿por qué ha de ser cierto?...

“…¡No me puedo mover! –exclama angustiado- Me levantan. “Mus” ladra. Ha caído al suelo. ¡Le han matado! Me llevan. No toco el suelo. Ellos vienen conmigo. Me bajan por la escalera. Bajo solo. No toco nada. Me llevan por el pasillo y no me puedo mover.
“Entramos por una puerta. Me desnudan. Me quitan todo. Estoy muy asustado.”
El techo es como una media esfera, de cristal transparente. El suelo es una reja plana. Debajo hay mucha luz…Tengo las mano hacia arriba, en aspa. No puedo moverme. Me miran fijamente. Hay dos individuos. No son los mismos de arriba.

¡Hay una esfera metálica! Flota frente a mí. Se mueve. (Luego irá recordando detalles conscientemente, explicando que la bola dorada se desplazaba de un lado a otro y tenía el tamaño de una pelota de balonmano.) Salen hilos de ella, lo hacen solos (todo su cuerpo –bajo hipnosis- comienza a reflejar una gran angustia); son de colores. Tienen en su extremo un dedal pequeño. Vienen hacia mí. Abro la boca; no puedo cerrarla. Me miran. No puedo cerrarla. Me miran. No puedo cerrar los ojos. Dos hilos entran en mi boca. Uno va al esófago; lo siento; me molesta. Otro queda en la boca, bajo la lengua… ¡Hay hilos por todas partes! Otro va al ojo. Uno entra en el ano. Dos por el pene. ¡Me duele la uretra…!

Biblioteca Básica de los Temas Ocultos, del Dr. Fernando Jimenez del Oso


Dr. Fernando Jimenez del Oso




miércoles, 29 de mayo de 2013

Seis de nuestras naves aterrizaron en el Tibet

Seis de nuestras naves aterrizaron en el Tíbet



Ciertamente, el testimonio del científico y contactado Daniel Walter Fry fue esclarecedor. En este caso los extraterrestres eligieron un hombre de ciencia al cual le expusieron que ciertos principios inamovibles de la ciencia actual pudieran ser inexactos, tal como es la Ley de Gravitación Universal propuesta por Isaac Newton en 1687, donde la atracción de dos cuerpos es directamente proporcional a sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de las distancias que las separa, aunque viéndolo desde  el lento caminar científico del siglo XVII cuando se describió la citada Ley los seres humanos, por fin, dieron una explicación razonable al movimiento celeste de los planetas y que en teoría, ese modelo podría aplicarse también a lo más pequeño, los átomos y el movimiento de los electrones alrededor del nucleo.

Isaac Newton
Sin quererlo, Isaac Newton habría establecido una “teoría inamovible” hasta que en 1905 Albert Einstein con su Teoría de la Relatividad Especial nos dijo que la gravedad era producto de una “deformación del espacio-tempo” producida por la materia. Podríamos, a continuación,  hablar de la Teoría de la Mecánica Cuántica, formulada entre otros por Heisenberg que nos habla del mundo subatómico, lugar allá donde las leyes físicas se vuelven “caprichosas y erráticas”. De este modo, en el ámbito científico, unas leyes suceden a otras, buscándose en la actualidad una Teoría que unificaría en su conjunto las diferentes ramas de la ciencia a modo de “piedra filosofal”. Pero por desgracia esa teoría todavía aún no se ha concretado.


Albert Einstein
Los extraterrestres le hablaron Daniel Walter Fry de una “Ley Natural” aplicable a todas las ramas de la ciencia y que explicaría efectos tales como la antigravedad, algo con lo cual sueñan muchos científicos y que permitiría a la humanidad dar ese “salto definitivo” a las estrellas.

Sin embargo, mas allá de algunas pistas científicas facilitadas a dicho contactado, lo que a mí personalmente más me llamó la atención fue el hecho de que los extraterrestres le narraran una parte de su historia, describiendo sus orígenes   marcados previamente por una guerra de aniquilación nuclear que les hizo huir a duras penas del planeta Tierra. Al parecer, hace 30.000 años la Atlántida en el Océano Atlántico y Lemuria en el Océano Pacifico, rivalizaban en cuanto a conocimientos científicos. Habían desarrollado aquellas civilizaciones  armas muy poderosas y lo que empezó siendo una competición y desafío tecnológico terminó  como un enfrentamiento a escala planetaria. Y entonces el Armagedón, es decir, el holocausto nuclear aniquilo este planeta y lo hizo inhabitable durante miles de años.

Se  comprende  por ello la insistencia de los extraterrestres cuando inciden repetidamente  sobre la necesidad de un desarme nuclear real y efectivo a nivel mundial sabiendo que han sucedido anteriormente holocaustos nucleares en Rigel y también, miles de años atrás, en la propia Tierra.

Ahora las superpotencias nucleares se moverían en un “equilibrio”, apuntalado en caso de guerra nuclear por la destrucción mutua asegurada*, un escenario  en el cual nadie agrediría al adversario si ello significa también su propio final.  Y hasta ahí la teoría, pero mas allá de cualquier interpretación,  la realidad viene  condicionada por la sencilla razón de que  “esas  armas   poderosísimas todavía están ahí y el peligro es siempre latente”, agazapado a la espera que algún día desafortunado, “un loco apriete el botón nuclear e inicie el fin de la civilización tal y como la conocemos en la actualidad”.

Las consecuencias serian la devastación de ciudades y complejos industriales, así como un planeta envuelto de cenizas y radioactividad que llevaría a la Tierra hacia el tan temido “invierno nuclear”, enfriamiento de la superficie terrestre que acabaría con todo signo de vida.



Explosión de bomba nuclear

*La destrucción mutua asegurada (en inglés mutual assured destrucción o MAD, siglas que forman la palabra "loco" en inglés, coincidencia), también conocida como "1+1=0" es la doctrina concebida por John von Neumann de una situación en la cual cualquier uso de armamento nuclear por cualquiera de dos bandos opuestos podría resultar en la completa destrucción de ambos (atacante y defensor). Paradójicamente, durante toda la Guerra Fría la capacidad MAD nucleada en torno a los Estados Unidos y la Unión Soviética mantuvo una precaria "paz helada" por la disuasión que este potencial acarreaba consigo.
En efecto, cuando se es consciente de que el único resultado posible de un conflicto es la propia aniquilación —aunque nuestros enemigos resulten igualmente borrados de la faz de la tierra—, los ímpetus belicistas resultan moderados hasta el extremo de desaparecer en la práctica. Dicho en otras palabras, disuade eficazmente a cualquier país o alianza de iniciar hostilidades abiertas contra una potencia o superpotencia nuclear. Fuente: Wikipedia


John von Neumann


ENLACES AMPLIACION INFORMACION:

ESTRATEGIA DE LAS ARMAS NUCLEARES

EFECTOS DE LAS ARMAS NUCLEARES


INVIERNO NUCLEAR

Desconozco si antes de aquel holocausto nuclear los habitantes de la Atlántida ó Lemuria teorizaron sobre aquellas consecuencias irremediables….pero me temo que no. Cuando los últimos sobrevivientes se reunieron en un lugar del Tíbet debieron hacerlo con amargura y desesperación. La vida en la Tierra se extinguía por momentos bajo una nube radioactiva de dimensiones planetarias y lo peor de todo es que ya no había vuelta atrás. En estos tiempos en los cuales la inmensa mayoría de la población solo presta atención a las pequeñas menudencias de la vida cotidiana, al partido de futbol ó que tiempo hará mañana, se nos olvida que otros peligros inconcebibles acechan y que por desgracia forman parte de la vida cotidiana independientemente de tener conciencia de ellos o no y esa es la Gran Lección, como le explico el extraterrestre a Walter Fry y que nunca deberíamos olvidar.



Del mismo modo que las generaciones venideras reprocharan a la actual el desajuste ecológico al que estamos sometiendo  este planeta, nuestra querida Tierra, contaminando y destruyendo la ecología, arrasando espacios naturales, con igual intensidad tacharan el despropósito de los arsenales nucleares y el peligro latente al que se somete el Planeta Tierra. Los seres humanos deberíamos reflexionar sobre todas estas cuestiones. Frente a estas armas tan poderosas siempre hay un punto de inflexión: el holocausto nuclear constituye el no retorno, tal y como le explicaron al contactado Daniel Walter Fry.




He incluido una pequeña parte del magnífico libro Los grandes contactados,  de Manuel Navas Arcos


 Pag. 35

Ustedes han tomado el camino de la Ciencia por la rama del árbol y se han olvidado del tronco.
Daniel Walter Fry.

DANIEL WALTER FRY

Dentro de la temática extraterrestre, el fenómeno del contacto, ha sido cuestio­nado por que éste, se ha dado algunas veces en personas humildes y con poca formación cultural. Por ello, quiero traerles las experiencias del famoso contactado norteamericano de los años 50 Daniel Fry, ingeniero en misilística espacial.
Realmente, lo que ocurre es que la lógica de estos seres del espacio, se diversifica y se hace polivalente a la hora de elegir a sus contactados. Por un lado contactan con científicos, ingenieros etc.. y por otro con personas más predispuestas en el plano espiritual o transcendente, como es el caso de: Enrique Castillo, Eugenio Siragusa, Máximo Camargo o Sixto Paz. Y todo ello con un solo fin: llevar la realidad de su presencia y de su mensaje, a todos los niveles de conciencia de esta humanidad.

Las experiencias de Daniel Walter Fry nos las cuenta el investigador Fabio Zerpa en su libro Dos científicos viajan en un Ovni. Dice así:


La noche del 4 de Julio de 1.950. Daniel se encontraba en la Base de Proving Grounds, cerca de Las Cruces, en Nuevo México. Hacía calor, así que decidió dar un paseo, por el cercano desierto. Pero dejemos que sea el propio protagonista quien nos lo cuente.
Mis ojos escudriñaban el cielo, de pronto una luz se movió y aumentando rápidamente su diámetro, estaba viniendo directamente hacia mí. Antes de aterri­zar había disminuido su velocidad. La maniobra de la nave fue silenciosa. Una vez parada en el suelo, me acerqué cuidadosamente y toqué la superficie metálica. Repentinamente una voz rompió el silencio:
‑Mejor no toque el casco, todavía está caliente.
‑¿Quiere significar que el casco es altamente radiactivo?, pregunté.
‑No, no es radiactivo (fue la respuesta). El casco tiene un campo a su alrededor que rechaza toda la materia. Sus físicos lo describirían como el anti aspecto de la fuerza de atracción del átomo.

Posteriormente la voz me dijo:
‑¿Le gustaría entrar en la nave y hacer un pequeño vuelo?.
‑Me gustaría, replique.

Se oyó un clik, y rápidamente en la nave se formó una abertura de unos cinco pies de altura por tres de ancho. Agaché ligeramente mi cabeza y entré. Una vez dentro, la voz me dijo: entre y tome asiento, me senté en el asiento delantero izquierdo que estaba más cerca de la puerta, y lo hallé confortable. Si usted está listo pondré en marcha la nave. Instintivamente me afirmé en el asiento y me así a los costados con mis manos. Un momento más tarde la Tierra pareció caer desde la nave con increíble rapidez. Al fondo pude distinguirla línea delgada y oscura del Río Grande que separa El Paso de su gemela, la Ciudad Juárez de México. Seguidamente oí decir a la voz: Usted está a trece millas de la superficie de la Tierra. Y está ascendiendo aproxi­madamente media milla por segundo. Lo hemos hecho ascender lento para que usted pudiera apreciar mejor desde el aire la vista de sus ciudades locales. En pocos minutos estaremos sobre la vertical de Nueva York, a una altura de 20 millas.




Desde esa altitud las luces de la ciudad eran más brillantes y tenían más indivi­dualidad. Parecían una vasta colección de millones de diamantes blanco‑azulados dispersos ante mí, centelleantes y fulgurantes sobre un fondo de terciopelo negro.
-Con todo lo hermosa que es esta escena, -pensé- y lo interesante que ha sido este viaje, lo cambiaría gustosamente por un viaje de cinco minutos en la nave nodriza.
-Lamento que no haya tiempo suficiente para arreglar esa excursión, -fue la respuesta-. Deberemos dejar muy pronto esta zona. Pero cuando regresemos hare­mos contacto con usted nuevamente.

Efectivamente después de ser dejado nuevamente en Proving Ground y pasado algún tiempo. Daniel Fry tuvo dos encuentros más con el extraterrestre Alan. En estos encuentros Daniel Fry como hombre de ciencia que era, le hizo a Alan múltiples preguntas de aspecto científico: gravedad, campos energéticos, vida en la nave nodriza, origen de Alan etc.

He aquí en síntesis algunas de las respuestas recibidas por parte del extraterrestre Alan.

SOBRE LA GRAVEDAD

1°‑ La Ley de la Gravedad no es una ley lineal, sino que sigue una curva común a todos los otros factores de la Naturaleza.

2° El Campo Gravitacional no disminuye precisamente con el cuadrado de la distancia, como Newton creía, sino porque en razón de la curvatura de la Ley Natural disminuye normalmente con una valuación ligeramente mayor, hasta llegar al valor cero, no al infinito como usualmente se cree, sino a una distancia finita. Por debajo de esta distancia o grado de separación, la fuerza es negativa.

3°‑  Podemos definir a un campo gravitacional negativo, cuando la aplicación del factor llamado tiempo, tiende a incrementar el grado de separación entre cualquiera de los diferentes puntos del factor llamado materia.

4°  El valor del campo gravitacional en cualquier punto es controlado por el valor de los otros factores de la naturaleza en ese punto.

5°‑  Las cargas eléctricas en el átomo son un factor que modula la forma de la curvatura gravitacional del núcleo.

6°‑  La gravedad no es enemigo de los viajes espaciales. Es un amigo, pero debe haber una verdadera comprensión antes que la amistad pueda dar sus frutos.

7°‑ Es perfectamente posible producir un campo gravitacional negativo entre la Tierra y un objeto dado sobre o cerca de su superficie por la aplicación apropiada de cargas eléctricas movibles. Tal campo sería efectivo solamente con respecto al objeto dado. Todas las otras materias en la vecindad quedarían en la posición positiva de la curva.




VIDA EN LA NAVE NODRIZA.

-Nuestra nave es un sistema cerrado. Toda sustancia dentro de la nave queda dentro de ella; nada es emitido, excretado o perdido.
Hemos aprendido métodos simples para reducir todos los compuestos a sus ele­mentos y recombinar estos elementos para obtener lo que necesitamos. Por ejemplo, respiramos en la misma manera que ustedes. Es decir, nuestros pulmones toman oxígeno del aire y expulsan anhídrido carbónico.
Por consiguiente el aire de nuestra nave pasa constantemente a través de soluciones que contienen organismos vegetales que absorben el anhídrido carbónico y desprenden oxigeno, como hacen las plantas sobre la Tierra.

Los organismos vegetales usan el carbono para su propio crecimiento. En ciertas ocasiones estas plantas pueden transformarse en uno de nuestros alimentos.
Las docenas de ciclos naturales a través de los cuales la vida se crea y se mantiene sobre un planeta como el de ustedes, son duplicados dentro de nuestra nave.
Desde que el tamaño de la nave que contiene a nuestra raza es pequeño con respecto a un planeta, los ciclos deben cumplirse más rápidamente y bajo condiciones de control muy preciso; pero en cualquier otro aspecto los ciclos de vida y reproduc­ción son los mismos.

Por supuesto, hay perdida de energía durante estos ciclos, que debe ser recupe­rada de alguna fuente externa. Cuando estamos en la proximidad de estrellas como el Sol, podemos captar más fácilmente más energía de la necesaria, así como su planeta recibe del Sol más energía útil de la que emplean.
Durante nuestros viajes interestelares, nuestra nave puede viajar por varias generaciones a regiones más bien remotas con respecto a cualquier estrella, pero todavía podemos recoger cantidades de energía que llegan de millones de estrellas y galaxias remotas y también hay por supuesto otras fuentes de energía de los rayos cósmicos y las diferencias de temperatura que también son aprovechables.

Puede ser difícil para usted concebir una raza de seres inteligentes que pasan sus vidas dentro de los confines relativamente estrechos de su nave espacial. Y dentro de su limitada comprensión, ustedes pueden sentirse inclinados a tener piedad por tal raza. Nosotros, por nuestra parte, nos sentimos inclinados a tener piedad por razas primitivas que todavía están confinadas sobre la superficie de un solo planeta, donde son incapaces de poder controlar muchas de las condiciones que los rodean y se vuelven victimas desamparadas de terremotos, inundaciones, tornados, mareas, nevadas, sequías y otros riesgos que constantemente amenazan a los que viven en la superficie de un planeta.
Cada aspecto de nuestro ambiente es controlado con precisión. La temperatura es mantenida constantemente dentro de una fracción de grado. La humedad, la presión atmosférica y aún la fuerza gravitacional que nosotros creamos dentro de nuestra nave son mantenidos exactamente en su punto óptimo. 

Mientras nuestros cuerpos raramente dejan la nave, nuestra tecnología nos ha provisto de una casi ilimitada prolongación de nuestros sentidos, así que, con el propósito de observación, aprendizaje y comprensión, podemos estar íntimamente presentes en cualquier momento, en cualquier lugar que nosotros elijamos para observar o visitar, siempre que el punto que deseamos alcanzar o ver este a unos pocos millones de millas de nuestra nave.

A través de esta habilidad que puede parecer extraña a ustedes pero que es bastante normal entre nosotros, somos capaces de generar y aplicar fuerzas simples a distancias considerables de nuestra nave. Nuestras habilidades pueden parecer algo sorprendentes e increíbles a su gente, pero son tan sorprendentes e increíbles como vuestras actuales capacidades científicas comparadas con las capacidades de vuestros propios antecesores hace unos pocos cientos de años.
Cualquier logro científico o técnico parece increíble a aquellos que no lo han alcanzado porque ellos no lo entienden. Usted está perfectamente en lo cierto cuando señala que el símbolo del árbol y de la serpiente es común en la historia y en las leyendas de su planeta. También es común en el nuestro. La explicación es que tenemos. por lo menos en parte, antecesores comunes.

ORIGENES DE ALAN.

Hace decenas de miles de años, algunos de nuestros antecesores vivían en la Tierra. Había en esa época un pequeño continente en una parte hoy cubierta por el mar que ustedes llaman Océano Pacífico. Algunas de sus primitivas leyendas se refieren a esta masa de tierra sumergida como el Continente Perdido de Mu o Lemuria. Nuestros antepasados habían construido un gran imperio y una ciencia vigorosa sobre este continente. En la misma época había otra raza que se desarrolla­ba rápidamente sobre otra parte de tierra en el área central y sur del actual Océano Atlántico. En sus leyendas este continente ha sido denominado Atlántida. 

Había rivalidades entre las dos culturas en sus progresos científicos. Al principio eran amistosas, luego se volvieron más amargas con el correr de los años, y cada raza hacía alarde de sus conquistas ante los otros. En pocas centurias su ciencia había sobrepasado el grado de desarrollo que existe ahora aquí. No satisfechos con liberar pequeñas porciones de la energía del átomo, como hacen en la actualidad sus físicos, ellos habían ha prendido a rotar toda la masa sobre eje energético. De la rotación de un trozo de materia del tamaño de un penique de cobre, resultaba la liberación de setenta y cinco millones de sus kilovatio/horas. 

Con el constante aumento de la tirantez entre las dos razas y con el constante aumento de los recursos destructivos, era inevitable que eventualmente se destruyeran entre ellas. Las energías liberadas en esa destrucción fue más allá de toda la imaginación humana. Ellas fueron suficientes para provocar el mayor cambio en la configuración superficial del planeta; y las radiaciones concomitantes fueron tan intensas y extendidas, que la superficie de la Tierra se volvió totalmente inhabitable para el ser humano durante miles de años. Como le dije antes, nuestros antecesores fueron un grupo de sobre­vivientes de este ultimo colapso completo de la civilización de su planeta. 

Hace más de treinta mil años, según miden el tiempo en la actualidad, ellos habían desarrollado una ciencia material que en algunos aspectos por lo menos era considerablemente más avanzada que en el momento actual. Ellos siguieron las leyes naturales, en vez de amenazarse los unos a los otros como hace su ciencia. Sus máquinas eran por consiguiente más simples. Sin embargo pudieron realizar cosas que ustedes no han sido capaces de hacer. 

Ellos también fracasaron en darse cuenta de la absoluta necesidad de un desarrollo parejo de los valores espirituales y sociales. Entre las dos naciones más importantes de esa era, se desarrolló una fisura. La fricción entre ambas aumento año tras año hasta que explotó una guerra de aniquilación. Armas de energía absoluta fueron usadas por ambas naciones, armas cuyo poder destruc­tivo eran mil veces superior a la bomba H que amenaza a su raza en la actualidad. 

No era cuestión de victoria o derrota. Simplemente se destruyeron una a la otra. Hubo pocos sobrevivientes. y las radiaciones a nivel de toda la superficie del planeta se habían elevado más allá de la tolerancia humana. Esto no significó que todos los sobrevivientes estuviesen inmediatamente condenados a muerte por las radiacio­nes, pero significa el deterioro progresivo de las funciones mentales y biológicas. Esto, junto con el gran numero de mutaciones en sucesivas generaciones, eventual­mente retrogradó su nivel de existencia.




EL TIBET.

En una meseta elevada, que ahora es el País del Tíbet, aterrizaron seis de nuestras naves aéreas y se realizó un concilio para determinar si se podía hacer alguna cosa. Se sugirió de realizar un intento de llegar a otro planeta. Los aparatos aéreos en uso en aquel tiempo eran capaces de viajar en el espacio y frecuentemente habían sido usados para alcanzar unos pocos de cientos de millas de altura sobre la Tierra. Sin embargo, no se había hecho todavía ningún intento para salvar las enormes distancias entre planetas, y los miembros de la tripulación estaban muy lejos de la certeza de que tal intento pudiese tener éxito. 

El planeta que ustedes conocen como Marte, estaba entonces en conjunción con la Tierra, y por esa época las condiciones de su atmosfera, temperatura, agua etc., eran mucho más apropiadas para la sobrevivencia del hombre que las condiciones que sus astrónomos refieren existir en la actualidad. Se realizó una votación, y los miembros de la tripulación de cuatro de las naves eligieron llevar a cabo la gran aventura, en la esperanza de preservar de ese modo, por lo menos una parte de la cultura de su raza. La remanente tripulación optó por quedarse en la Tierra. Ellos creían que debido a la elevación de la meseta en la cual estaban reunidos y el comparativo bajo nivel de las radiaciones que existían allí, podrían continuar viviendo en esa área sin sufrir completa degeneración física y mental en ellos y en su descendencia. 

Puedo ver la pregunta que se forma en su mente, asi que le explicaré que nuestra raza había logrado la perfecta igualdad de los sexos y ambos estaban igualmente representados en el concilio. De las cuatro naves que ensayaron el salto , tres llegaron a su destino. No hay noticias en nuestra historia de la suerte de la cuarta. Por muchas generaciones la lucha formidable para sobrevivir demandó todo el tiempo y la energía del pueblo. Esas fueron las edades oscuras de la nueva raza, y tenemos comparativamente poco conocimiento de ese período. Los miembros de la tripulación original, inmediatamen­te después de su llegada al nuevo planeta, escribieron una cuidadosa historia de las razas de la Tierra, recalcando las causas del derrumbe. A través de las centurias, esta historia fue cuidadosamente conservada. Es conocida como La Gran Lección y es la primera cosa que es enseñada a nuestros jóvenes cuando empiezan a prepararse para la vida activa.

A medida que la batalla para la supervivencia era gradualmente ganada, el desarrollo de la ciencia material reasumió su ritmo normal. Con la lección del pasado constantemente delante de nuestro pueblo, hemos mantenido, siempre, los valores materiales en relación con los más importantes valores sociales y espirituales.




COMO DEBE ENTENDERSE LA CIENCIA.

En este apartado el extraterrestre Alan le hace a Daniel Fry una preciosa y transcendente exposición de los que es la Ciencia Universal y cómo debe entender­se.

Veamos: Toda Civilización en el Universo, no importe dónde o cuándo se haya originado, se debe desarrollar primeramente a través del contínuo aumento del conocimiento y de la comprensión que resulta de la exitosa prosecución de la Ciencia.
La palabra Ciencia ustedes la definen como la búsqueda, ordenada e inteligente de la Verdad. Bajo esta definición toda la ciencia puede ser dividida, con el propósito de discutir y adquirir un mayor grado de entendimiento, en tres partes:

1°‑ La Ciencia Material o Física, que se relaciona con las necesidades y deseos del cuerpo humano y con la Naturaleza del Universo físico que lo rodea y en cual se desenvuelve. Esta división encuadra temas como física, matemáticas, astronomía, química etc., así como la fabricación y distribución de un número de productos materiales necesarios para el confort y sustento del hombre.

2°‑ Las Ciencias Sociales, que tienen que ver con la relación del hombre con sus semejantes y los medios por los cuales esta relación puede hacerse exitosa, productiva y progresiva. En esta división se encuentran los estudios de sociología, gobierno, psicología, los aspectos no materiales de la economía etc.

3‑° Las Ciencias Espirituales, que tratan de las relaciones entre el hombre y el gran Poder Creador y la Inteligencia Infinita que penetra y controla toda la Creación.

Todas las ciencias del Universo, toda la búsqueda de la Verdad y la prosecución del Conocimiento, entrarán dentro de estas tres divisiones o encabezamientos. No podemos trazar una línea neta divisoria entre ellas, porque a veces ellas se superpo­nen; pero las leyes fundamentales que rigen las tres divisiones son idénticas.
Si una Civilización en el Universo quiere desarrollarse exitosamente, deberá desarrollar por igual las tres ramas de la Ciencia

Las Ciencias Espirituales y Sociales, sin embargo, deben venir antes. No puede haber desarrollo en la ciencia material si no se han construido antes los cimientos firmes de la Ciencia Espiritual y Social.

Ustedes han tomado el camino de la Ciencia por la rama del árbol y se han olvidado del tronco; se han ramificado, diversificándose, perdiendo la raíz, que es funcionamiento del auténtico y verdadero camino científico.

Y es verdad, hemos olvidado la naturaleza, hemos luchado contra ella, buscamos lo antinatural, realizamos todos lo contrario de la dinámica universal y así nos destruimos. Vamos paulatinamente cercenando nuestro planeta. Hemos olvidado una alquimia que tuvieron los auténticos sabios de la antigüedad, ellos que se apoyaron en las Leyes Universales y no lucharon contra ellas, como parece que tercamente tratamos de hacerlo diariamente al avasallar y agredir los contextos puros y firmes de la Gran Verdad.

LA CLAVE ESTA EN LA COMPRENSION.

Quizás uno de los peores azotes que sufre la Sociedad de nuestro Tiempo sea la falta de COMPRENSIÓN entre los hombres. Aquí Alan nos hace profundizar en el real significado de la compresión y cómo ésta se puede volver la piedra angular de todo despegue evolutivo.

Hay muchas afirmaciones en sus libros de religión y filosofía que demuestran que los grandes pensadores de su raza, a través de las edades, conocían muy bien los riesgos que implicaba el concentrarse en las ciencias materiales. En el primer libro de su Biblia está escrita la historia de la Torre de Babel, de una raza que había perdido enteramente el contacto con las ciencias espirituales y había intentado alcanzar a Dios mediante el trabajo de sus manos. El intento terminó, por supuesto, con la frustración y el caos. Como concluyen siempre esos intentos. El desarrollo de las ciencias sociales y espirituales se vuelve casi automático si todos comprenden la necesidad vital de su desarrollo. Reducido a términos más simples, la Ciencia Social es el estudio de la relación del hombre con sus semejantes. La Ciencia Espiritual es el estudio de la relación del hombre con lo que ustedes llaman Dios. El requisito indispensable para progresar en cualquiera de estas ciencias es un sincero deseo de una mejor comprensión

Uno de los errores hechos en la traducción de su Biblia han sido las palabras amor y caridad, las cuales en el texto original, realmente significaban comprender y comprensión. En los textos Sagrados de ustedes se afirma que el mandamiento más importante es que debes amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas tus fuerzas. La traducción debería haber sido Debes esforzarte en comprender. No es necesario ordenar al hombre amar a Dios. Si lo hombres comprenden a Dios, lo amarán continuamente. Sus libros de filosofía afirman que el hombre debe amar a su vecino y perdonar a sus enemigos. Nuestros libros sin embargo, dicen que si el hombre comprende a su vecino, y su vecino lo comprende a él, nunca serán enemigos. Comprender al prójimo requiere la habilidad de ponerse uno mismo en el lugar de él y ver las cosas como las ve él. Hay una gran diferencia entre conocimiento y comprensión. El conocimiento procede de la cabeza pero la comprensión brota del corazón. La necesidad vital de la gente y de las naciones de su mundo es simplemente la comprensión.

Hay poco valor en un tratado o pacto entre gobiernos si falta la comprensión de los pueblos. Los medios de comunicación deberían ser consagrados en mayor extensión a aumentar la comprensión entre las naciones. Lo que la gente debe reconocer es que las necesidades y deseos las esperanzas y temores de todos los seres de la Tierra son en realidad idénticos. Cuándo este hecho sea comprendido por todos, entonces tendrán sólidas bases para la creación de un Nuevo Mundo. El pueblo de su nación (USA), a través de su gobierno, está gastando todos los años, billones de dólares en ayuda Exterior. Ellos están simplemente tratando los síntomas, y tales esfuerzos de ayuda nunca curarán la enfermedad. 

Su país gasta decenas de millones cada año para protegerse contra un conflicto global, el cual, si viene, sólo probará que la enfermedad se ha vuelto fatal. Si el diez por ciento de esta enorme cantidad de dinero fuera empleado para ayudar a los pueblos a comprenderse los unos a los otros, ellos estarían atacando la enfermedad en sí misma, y en unos pocos años la enferme­dad se habría curado. Cuando las industrias de sus naciones se hayan liberado de la necesidad de gastar tiempo y energía para producir medios de guerra y destrucción, ellas tendrán el tiempo y la energía para elevar el estándar de vida de todos los seres de la Tierra a un punto donde ellos estarían completamente libres de necesidades. Cuando estén libres de necesidades, estarán libres del miedo y su civilización habrá zanjado el punto crítico de su desarrollo.

Sintetizando las experiencias de Daniel Fry, observamos que es un caso de con­tactado racionalista, pero donde también se dan ciertos aspectos transcendentes.
Efectivamente, a las preguntas de corte científico que Daniel Fry le formula al extraterrestre Alan, éste con gran conocimiento le expone y detalla los distintos conceptos que se barajan: energías. gravedad, tiempo y espacio, vida en la nave etc. Pero también es cierto que Alan, invita a la Ciencia terrestre, a la necesidad de desarrollar con prioridad las ciencias espirituales y sociales antes que las ciencias materiales. Porque si no lo hacemos así, lenta pero inexorablemente nos hundiremos en lo irremediable.

Así mismo, nos define la COMPRENSIÓN, como la piedra angular del edificio de la convivencia. Añade que el Poder Creativo o Fuerza Omnicreante, compenetra toda la creación y que se hace presente en cada ser y en cada cosa. Que comprendiendo esta verdad, se entiende mejor él: ama a tu prójimo como a ti mismo. O lo que es lo mismo comprende a tu prójimo, como a tí mismo, porque él y tú, sois la misma cosa.



El contactado Daniel Walter Fry