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sábado, 31 de marzo de 2018

Los extraterrestres en la Biblia - Moisés (Primera Parte)


Los extraterrestres en la Biblia - Moisés (Primera Parte)


¿Han planificado los extraterrestres la Historia de la Humanidad? Evidentemente, sí. Puede decirse, sin ninguna duda, que existe una Hoja de Ruta desde el albor de los tiempos, un plan trazado para con los humanos desde que los seres de las estrellas pusieran los cimientos de vida y propiciaran la aparición de homínidos inteligentes sobre la Tierra.

Según le explicaron extraterrestres procedentes de las Pléyades, al contactado Enrique Castillo Rincón, fueron razas extraterrestres quienes crearon a los seres humanos y a su vez, quienes han intervenido sistemáticamente en la Historia para que evolucionasen de “una forma lógica”.



Si tenemos en cuenta que los hombres primitivos intuyeron desde hace miles de años “un concepto primitivo de espiritualidad”, adorando a infinidad de dioses, incluso a la propia Naturaleza, como es el caso del “animismo”: ríos y montañas eran vistos como lugares sagrados donde habitaban los dioses, podría deducirse que la finalidad ultima de una comprensión mayor respecto a un Dios omnipresente, omnisciente; creador del tiempo y del espacio se alejaba en religiones menores, adoradoras de objetos y fenómenos naturales como la lluvia o el viento.

Llegado a este punto, muy posiblemente, los extraterrestres necesitaron dar un giro a los acontecimientos que se desviaban de los planes iniciales; ya que según han explicado a ciertos contactados, todas las Civilizaciones, deben desarrollarse armónicamente y por igual en los planos tecnológicos, sociales y espirituales; y si miramos hacia atrás en la Historia, la Humanidad no habría encontrado quizás ese camino lógico hacia una espiritualidad donde solamente fuese concebible un Dios, una Entidad Única en la cual focalizar uno de esos tres vértices que Civilizaciones Extraterrestres tendrían ya asumido desde  millones de años.


Entonces, dentro de ese Plan para la Humanidad, los extraterrestres señalaron a Israel como el territorio donde nacerían, expandiéndose, dos grandes religiones monoteístas: judaísmo y cristianismo; un hecho que cambiaría radicalmente muchos conceptos de la propia civilización humana; tales como el amor hacia nuestros semejantes o la existencia de un Dios bondadoso, pero que curiosamente, esa idea de una Entidad Superior que tenemos en la actualidad, no era precisamente la misma que concebían los primeros patriarcas tales como Abraham, que veían a Yavé como a un Dios liberador y combativo.

Todos esos acontecimientos, la interrelación de extraterrestres con seres humanos, quedaron registrados en el libro más leído por la Humanidad, me refiero lógicamente a la Biblia, donde se veía a los extraterrestres como “entidades divinas” y sus artefactos espaciales, eran “manifestaciones de Dios” ya que lógicamente, el concepto de máquina y energía no era concebible en una sociedad de pastores y agricultores.

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Del libro Los grandes contactados, de Manuel Navas Arcos



.... Yavhe les precedía de día en columna de nube para marcarles el camino, y en columna de fuego de noche para alumbrarles; así podían caminar tanto de día como de noche. La columna de nube no se apartó del pueblo de día, ni de noche la de fuego (Éxodo 13‑21,22).

MOISÉS

No es fácil escribir sobre un personaje de la talla de Moisés, sin caer seducido por la grandiosa y trascendente misión que este famoso contactado de la antigüedad protagonizó.
Efectivamente, Moisés fue Elegido por lo Alto para realizar una Misión Única. El pueblo de Israel o pueblo Judío es señalado y designado por el Cielo para que sea la fuente de la Revelación. Los Elohim o extraterrestres que interpretan la jerarquía directiva (no ejecutiva), contemplaron en los hebreos ciertas características que les hacían más propicios para un cultivo cósmico, capaz a su vez de engendrar una raza más evolutiva que el resto.

Es de considerar el señalamiento que se hizo en Noé, a través de su salvación de las aguas, como depositario de ese código genético que se diferenciaba de sus contemporáneos. Así mismo, Abraham es designado para conti­nuar esa selección. Posteriormente pasa a Isaac, después a Jacob, hasta llegar a José. Este se establece en Egipto y posteriormente lo hacen sus hermanos.



Moisés, siguiendo las instrucciones de Yave, saca al pueblo judío de Egipto. Durante 40 años lo hace caminar por el desierto. En el Monte Sinaí, recibe la LEY, capaz de establecer un orden perfecto de convivencia y para inculcarle al pueblo la idea del Dios Único.

El posterior asentamiento de las Doce Tribus de Israel en la Tierra Prometida, obedece a un Plan perfecto. Si observamos la ubicación geográfica de la Tierra Prometida, veremos que es paso obligado para todos los Pueblos que quieran ir de Oriente a Occidente y viceversa. Así, debido a esta circunstancia geográfica, el pueblo de Israel se convertía en el portavoz de la idea del Dios Único, para todos los pueblos y naciones.

Diversos autores han tratado de situar el nacimiento de Moisés, bien en el seno de la raza hebrea, o bien en la egipcia, debido al tribalismo propio de todo colectivo. Es lógico que los judíos hicieran de Moisés un héroe nacional y por tanto, patriota, nacido y parido por una judía, pero son varios los estudiosos y muchos los entendidos en esoterismo, que manifiestan el origen materno de Moisés dentro del pueblo egipcio, que a su vez lo desterró por haberles traicionado.




Exodo 2‑2.3 Concibió la mujer y dio a luz un hijo; y viendo que era hermoso lo tuvo escondido durante tres meses, pero no pudiendo ocultarlo ya por más tiempo, tomó una cestita de papiro, la calafateó con betún y pez, metió en ella al niño y la puso entre los juncos de la orilla del río. La hermana del niño se apostó a lo lejos para ver lo que pasaba.
Bajó la hija del faraón a bañarse en el río, divisó la cestita entre los juncos y envió una criada suya para que la cogiera. Al abrirla vio que era un niño que lloraba. Se compadeció de él y exclamó: Es uno de los niños hebreos. Entonces dijo la hermana a la hija del faraón: ¿Quieres que yo vaya y llame una nodriza de entre las hebreas para que te crie este niño?... ¡Vete!, le contestó la hija del faraón. Fue pues la joven y llamó a la madre del niño, y la hija del faraón le dijo: Toma este niño y críamelo, que yo te pagaré. Tomó la mujer el niño y lo crió. El niño creció y ella lo llevó entonces a la hija del faraón, que lo tuvo por hijo y le llamó Moisés.
Curiosamente, esta historia del río y de la cesta se repite exactamente igual en detalles y formas en la cultura china, asi como en Mesopotamia con el rey Sargón de Agadé, que fue dejado por su madre en el río, de igual manera que Moisés. Parece que en estos casos, así como en el de otros seres decisivos para la Historia, la paternidad de estos niños no es referida ni localizada.



JUVENTUD DE MOISÉS

Es curioso comprobar, como al igual que Jesús, Moisés desaparece anecdóticamen­te de la Historia en el período de su juventud, sin que haya trascendido ningún acto relevante. Yo pienso, que este tiempo de crecimiento está repleto de hechos y de historia, pero no fue recogida, dado que adquiere volumen su persona cuando acepta la misión de salvamento del pueblo israelita, que a su vez se encarga de contar y cantar alabanzas a su héroe, desde el momento que comienza a interesarse por ellos. Pero la vida de estos genios cósmicos está siempre plagada de anécdotas que, como en el caso de Jesús, son recogidas por los textos, que se han venido en llamar apócrifos. Desde estos textos, se comprende y se ve con otra lógica a los personajes, siendo su actuación menos simple, menos oscura y más profunda en forma y sustancia.

En Egipto, y en el fondo de la pirámide de Keops se encuentra el Hierofante, o transmisor, que en el principio se ubicaba en el vértice o cúspide de la misma y que servía para captar energía cósmica y como elemento de transmisión o de enseñanza de la dimensión superior extraterrestre, o padres de nuestra especie, hacia el hombre, que tanto recibió de estos primeros Dioses.

Sirviendo al Hierofante, existía una casta sacerdotal, que adoraba al Sol. Y que tenía la misión de interpretar los símbolos o las señales que se canalizaban a través de este transmisor de altísimas y sutiles frecuencias. Los sacerdotes habían conser­vado el antiguo conocimiento del Templo de Poseidón, que, como anteriormente hemos visto, presidía la evolución de la sumergida Atlántida. Antes de desaparecer ésta, el llamado Hermes Trimegisto, trajo las Ensenanzas, junto con otros supervi­vientes de la catástrofe. Generación tras generación, los encargados custodios del culto, rememoraban los antiguos días de esplendor, cuando los atlantes vivían en un paraíso de cultura sabiduría. En el tiempo del nacimiento de Moisés, este legado espiritual y cultural había sido disminuido y mediatizado por la amoralidad de los distintos faraones, que desviaron los programas celestes y perdieron la genética codificada de sus padres.

Los sacerdotes, intérpretes del conocimiento que llegaba a través del Hierofante, en un lenguaje de cuerpos‑pensamientos e ideográficos, sabían que el elegido, o el hombre‑puente entre su cultura decadente y otro período histórico, había nacido y así lo reconocieron, tanto por su aspecto, que mostraba una gene diversa a sus contem­poráneos, así como por sus diálogos y ademanes, que sobresalían con mucho del resto. La casta sacerdotal, había identificado en definitiva, al que, como anteriormente en el caso de Hermes Trimegisto, debería preservar lo fundamental del ancestral conocimiento, y ya desde la más tierna infancia, frecuentó estos ambientes monaca­les, dada su casta principesca que le hacía acreedor a una enseñanza de élite.
Para entonces sólo unos pocos podían considerarse legítimos en sus funciones divinas y mágicas. La mayoría adoraba a un Dios monoteísta, jerárquico y tirano, siendo solo los iniciados hijos de Amón‑Ra adorar en secreto la beatífica luz del Sol, como en su día lo hizo Akenhaton. La casta sacerdotal había degenerado, poniendo su ministerio al servicio del poder. Solo un anciano religioso, de barbas blancas, enseñaba a Moisés en el arte adivinatorio y en la magia traída por los hijos de las estrellas.

En diversas ocasiones. Moisés fue conducido por el anciano a la cámara oculta de la pirámide, que estaba guardada por siete puertas que descendían hacia el punto focal, opuesto al de la superficie y donde, como hemos dicho, se encontraba el Hierofante. Ante tal presencia, el espíritu del joven se redimensionaba, establecien­do la comunicación más pura entre el humano y sus potencias intelectivas, y la Conciencia Omnicreante. Allí supo Moisés que era un mutante, encarnado en la Tierra, para llevar una misión divina, dirigida por los Elohim, o señores de la luz, capitanes de las fuerzas organizativas de todo lo que existe bajo la luz del Sol, que es su morada.


Las medidas del Hierofante, así como su poliédrico diseño, obedecían a unas claves precisas, traídas por los extraterrestres a la Tierra, y sus dimensiones y lados interpretaban un código matemático cósmico, que aún hoy funciona en toda su plenitud. Moisés, copió y aprendió su funcionamiento y luego le sirvió para la experiencia del Arca de la Alianza, puesto que en su interior se encontraba, junto con otros objetos de veneración, este radio‑transmisor dinámico programado en las gamas físicas, psíquicas y espirituales.



MOISÉS MAYOR. HUIDA A MADIAN
PASAJES BÍBLICOS CON CLARAS CONNOTACIONES UFOLÓGICAS

Cuando Moisés ya fue mayor, vio un día como un egipcio golpeaba a un hebreo. No pudiéndose aguantar Moisés mató al egipcio y lo ocultó en la arena. Al enterarse el Faraón de este hecho, buscaba a Moisés para matarle. Entonces Moisés huyó al país de Madián. Allí conoció a Jetró y se desposó con su hija Séfora.

Éxodo 3‑1 al 7. ...Moisés era pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios. El ángel de Yavé se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero la zarza no se consumía. Dijo, pues, Moisés: voy a acercarme para ver este extraño caso: porque no se consume la zarza. Cuando vio Yavé que Moisés, se acercaba para mirar, le llamó en medio de la zarza; diciendo: ¡Moisés! ¡Moisés! El respondió: heme aquí Le dijo: No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada. Y añadió: Yo soy el Dios de tu Padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
De este texto se desprenden datos a estudio que necesariamente nos hacen refle­xionar en la moderna Ufología. Por un lado, el ángel de Yavé era absolutamente material, y por lo tanto visto y sentido por Moisés, que le ve rodeado de luz. Extraterrestres luminosos, a semejanza de este pasaje bíblico, son fotografiados en pleno siglo XX como prueba fehaciente de lo que pudo ver nuestro personaje, están los famosos extraterrestres nocturnos, fotografiados por Güchi Shiota en Kawanoe (Japón), donde se puede apreciar sus figuras rodeadas de una luminosidad próxima a la gama de calor producido por el fuego, así como la barrera magnética protectora con la que se rodean los pilotos del espacio en sus incursiones y paseos por la Tierra. Por otro lado, afirmar que estaba ardiendo la llama y no se consumiera es la mejor forma de explicar para aquella cultura, un fenómeno de naturaleza lumínica o electromagnética. El ángel de Yavé, es desde luego físico, puesto que reproduce palabras, y por lo tanto requería de una boca o garganta. Cuando Moisés es advertido de que debía descalzarse, es porque este hecho está relacionado con el dinamismo electromagnético humano. Se ha dicho al respecto, que el hombre es un terminal energético de cuanto vibra y existe en todo el Cosmos, siendo su polaridad positiva las manos y la negativa los pies; es decir, las imágenes con las manos al cielo nos traen a la metáfora del para‑rayos que capta la energía, mientras que los pies podrían ser la toma de tierra, donde descarga esta energía. Para que en Moisés existiera una plena integración del momento dinámico que vivía y por lo tanto fuera perfectamen­te influenciado por esta beatífica fuerza producida por la presencia del extraterres­tre, se requería de su disponibilidad al respecto, de ahí que el canal energético pasara felizmente por sus manos, sus pies y su cabeza, uniéndose con la emanación de la energía del propio extraterrestre o ángel.




Éxodo 13‑21.22. Yavé iba al frente de ellos, de día en columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en columna de fuego para alumbrarlos, de modo que pudiesen marchar de día y de noche. No se apartó del pueblo ni la columna de nube por el día, ni la columna de fuego por la noche.
De lo referenciado precedentemente, se observa en primer lugar, que Yavé era perfectamente visible, único y tangible, por lo tanto podemos desterrar la idea de invisibilidad o paranormalidad de la manifestación. Así mismo, la nube no necesita de mucha cábala para entender que se trata de un trazador magnético o nave espacial con dos comportamientos lógicos relacionados con la dirección de noche y de día, técnica ésta, por cierto, observada en todos los cielos de nuestras naciones y que se consigue simplemente acelerando la frecuencia vibratoria del trazador, pudiendo pasar de la tercera dimensión a la cuarta, haciéndose visible e invisible al ojo humano.

Éxodo 14‑19. Se puso en marcha el ángel de Yavé que iba al frente del ejército de Israel y pasó a retaguardia. También la columna de nube delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamen­to de los israelitas. La nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con otros.
La nube, sigue siendo la nave, que en este caso particular nos referencia dos aspectos: primero, que el ángel está separado de la columna luminosa a sí mismo, que adquiere un mimetismo tenebroso para esta ocasión, dirigida a la protección del pueblo hebreo. Debemos entender que el ángel no es otra cosa que el disco o platillo, y que la columna citada, se refiere al halo magnético de desplazamiento. Este halo ha sido en diversas ocasiones, materia de advertencia para los pilotos civiles y militares que se acercan a interceptar los ovnis, sufriendo espectaculares accidentes, como el caso del famoso héroe americano Tomas Mantell que se desintegró persi­guiendo a una nave extraterrena.

Éxodo 14‑24.25. ...Llegada la vigilia matutina, miró Yavé desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios y sembró la confusión en el ejército egipcio. Trastornó las ruedas de sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad...
Una nueva técnica se pone ahora en marcha por parte del platillo al ionizar el aire excitando el vapor o humo citado en el versículo, engañando a sus enemigos, a la vez que magnetiza las ruedas de los carros para impedir su persecución. Lo mismo ocurre ahora con diversas nubes aparecidas en los cielos, así como los bloqueos y paradas de los automóviles de muchos de los casos ovni, recopilados por los estudiosos.

Éxodo 19‑9. ...Dijo Yavé a Moisés: Mira voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo me oiga hablar contigo, y así te dé crédito para siempre...
De lo que se deduce que Yavé requiere de un vehículo volador para mostrarse, y además emplea la palabra, por lo tanto, se trata de un ser tangible, claro y rotundo y no de un espíritu o fantasma.

Éxodo 19‑16. Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso sonar de trompeta...
Nuevas manifestaciones electromagnéticas, acompañadas de elementos sonoros, dirigidas a impresionar a un pueblo ignorante de la mínima idea de la mecánica o de la electricidad, así como de la aerodinámica. Hay que entender que aquellos sencillos hombres no concebían para su tiempo ningún tipo de actividad celeste, que no fueran los fenómenos naturales, motivo éste por el que atribuían a estas manifestaciones, connotaciones divinas, puesto que no entraban en sus esquemas mentales o imagi­nativos.




Éxodo 24‑16. La gloria de Yavé descansó sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió por seis días...
Evidentemente se trata de una nave espacial de grandísimas dimensiones, capaz de cubrir todo un monte.

Éxodo 24‑17.18. La gloria de Yavé aparecía a la vista de los hijos de Israel, como fuego devorador sobre la cumbre del monte. Moisés entró dentro de la nube y subió al monte...
Que yo sepa, no existe ninguna nube en el mundo que sea tan espesa y opaca como para sustentar a un ser vivo tranquilamente, sin caer a la tierra.



Éxodo 14‑21.22. ...Moisés extendió después su mano sobre el mar y Yavé, por medio de un recio viento solano, empujó al mar, dejándolo seco y dividiendo las aguas. Los hijos de Israel penetraron en medio del mar en seco mientras las aguas formaban como una muralla a ambos lados.
Este es precisamente el milagro más comentado y más transmitido por la cultura antigua y el centro de poder carismático y milagroso de Yavé. No es muy fácil, evidentemente, que las aguas de un mar se abran para que pase un pueblo, pero sí lo es, no obstante, para una tecnología superior, capaz de alterar la materia más compacta y estable, como lo es la ciencia extraterrestre. Dos naves nodrizas de un tamaño impresionante, fueron las que causaron el citado milagro. Esta tecnología que emplea campos gravitacionales propios y formas de energía magnética es capaz de alterar en todo momento la cohesión de los átomos, haciendo del mismo agua, paredes más sólidas que el acero. De hecho, no es la primera vez que nos han dicho que sus bases submarinas en nuestro planeta, están hechas de paredes infranquea­bles de agua solidificada, que ellos pueden construir aplicando campos científicos impensables para nosotros. Contactados de nuestro tiempo tales como Sixto Paz y Enrique Castillo, afirman haber estado en bases submarinas extraterrestres.

Éxodo 16‑4. Yavé dijo a Moisés: Mira, yo haré llover sobre vosotros pan del cielo; el pueblo saldrá a recoger cada día la porción diaria; así le pondré a prueba para ver si anda o no según mi ley.
La lluvia del famoso Maná sobre los israelitas en el desierto, es una experiencia avalada de nuevo por el ingeniero colombiano Enrique Castillo, el cual el día 8 de Noviembre de 1.973 fue llevado dentro de una nave y le dieron a comer una especie de capullo que parecía una trispeta (palomita de maíz) de alto contenido energético. Los extraterrestres le dijeron: con esto fue con lo que alimentamos al pueblo judío durante 40 años en el desierto.
Por otro lado, el equipo de nueve hombres encabezado por Kozo Kawai, un ingeniero japonés, llegó a Sudán en busca de un grupo de refugiados de Etiopía que, afirman los japoneses, recibió virtualmente alimentos de un objeto volador no identificado, cuando cruzaba a pie la frontera sudanesa la noche de Navidad. Estos nueve hombres representan al cuerpo Especial de Investigación de Ovnis con base en Tokio.


Éxodo 25‑10 al 22. ...Harás un Arca de madera de acacia, dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y codo y medio de alto. La cubrirás de oro puro, por dentro y por fuera, y en torno de ella pondrás una moldura de oro. Fundirás para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en los cuatro ángulos, dos de un lado, dos de otro. Harás unas barras de madera de acacia, y las cubrirás de oro, y las pasarás por los anillos de los lados del Arca para que pueda llevarse. Harás un propiciatorio de oro puro...Pondrás el propiciatorio sobre el Arca, encerrando en ella el testimonio que yo te daré. Allí me revelaré a tí...
De la lectura del mismo, y en mayor medida de las palabras finales: Allí me revelaré a ti, se desprende la lógica conclusión de que estamos ante un transmisor más o menos convencional, que, claro está, que para aquellos antiguos sería en cual­quier caso milagroso, puesto que permanecían ignorantes de todo vestigio electróni­co, que ya nuestra ciencia puede digerir.

En el Éxodo 25‑40 dice: Mira bien y hazlo fabricar, según el diseño que se te ha propuesto en el monte. De lo que se deduce que hubo un diálogo a nivel humano, con dimensiones, medidas y formas capaces de ser entendidas por Moisés. Todos los indicios escritos en relación al Arca de la Alianza, confirman que se trataba de un transmisor con una poderosa pila o generador de energía capaz de producir en ciertos momentos calamidades a quien se acercaba a ella sin saber de sus características. Tal es el caso de los filisteos que al capturarla, produjo entre sus filas caídas de cabello, vómitos e incluso la muerte, hasta que por fin la devolvieron al pueblo hebreo, por haberles causado tantas desgracias. Algunos autores contemporáneos, consideran el Arca de la Alianza como una pila atómica capaz de generar una prodigiosa energía, que según se nos indica en el pasado, producía yagas y enfermedades propias de una afección atómica moderna. Debemos entender que no era tal la energía que pudiera producir nuestro maravilloso artefacto, sino más bien de naturaleza electromagnética o solar.
Sabido es por casuística ovni, que las formas de desplazamiento de las naves extraterrenas tienen como factor común la aplicación de la energía electromagné­tica, iónica y psíquica, puesto que los seres del espacio son contrarios a la rotura del átomo. En cualquier caso aceptan reacciones nucleares de fusión; y citan al Sol como ejemplo, pero nunca de escisión. Ellos dicen que la Fuerza Omnicreante, reside impresa en el átomo de hidrógeno, de ahí que la energía potencial concentrada en el mismo sea impresionante y de naturaleza dañina si la dejamos liberar con fines bélicos, como así hacemos en nuestra civilización.

REVELACION DEL NOMBRE DIVINO

Éxodo 3‑13.14. ...Contestó Moisés a Dios: Si voy a los israelitas y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; cuando me pregunten ¿cuál es su nombre?, ¿que les responderé? Dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los israelitas: YO SOY me ha enviado a vosotros.
Yo soy el que soy; o lo que es lo mismo, el Dios viviente, que ha autorrealizado la consciencia perfecta con la voluntad de la Inteligencia operante en cada lugar y en cada instante.
Pasaran miles años, quizás millones. Pero llegará el día en que cada miembro de esta Humanidad también podrá decir: YO SOY YO. Porque para entonces habrán autorrealizado la Deidad que todo hombre lleva dentro de sí. Y podrá encarnar en Primera Persona la Voluntad de la Fuerza Omnicreante o Inteligencia Creativa.




Deuteronomio 34‑10.11 v 12. No ha vuelto a surgir en Israel profeta semejante a Moisés, con el cual Yavé había tratado cara a cara, ni en cuanto a los milagros y portentos que por voluntad de Yavé realizó en la tierra de Egipto contra el Faraón, sus servidores y todo su territorio, ni en cuanto a su mano poderosa y tantos y tremendos prodigios como hizo Moisés a los ojos de todo Israel.
Rotundo y definitivo este versículo bíblico a la hora de describirnos como se había desarrollado el contacto entre Yavé y Moisés durante toda la misión de éste con el pueblo de Israel. El versículo afirma: con el cual Yavé había tratado cara a cara.

Hoy la historia se repite y los extraterrestres siguen contactando cara a cara con los personajes que ellos consideran idóneos y capaces de llevar su discurso de este tiempo, a esta doliente humanidad.
Hemos visto como Moisés, es el puente que une una dimensión superior, con otra dimensión inferior. Es el encargado de preservar a un pueblo con una determinada genética, para inculcarle la idea del Dios Único.

Así mismo, en un transcendental momento en el monte Sinaí, le fue entregada al pueblo la LEY, capaz de establecer un orden perfecto de convivencia y la clave para integrarnos en la Fraternidad Cósmica. Pero nosotros incapaces de cumplir ni uno solo de estos Mandamientos, hemos degenerado y roto todos los códigos de comporta­miento racional.
Los antes citados y otros muchos más acontecimientos con claras connotaciones extraterrestres, vivió este gran contactado de la antigüedad llamado Moisés.


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Del libro Los extraterrestres en la Biblia, de Abe S. Kreutz

Dios, el Señor de los Ejércitos

La trayectoria histórica, religiosa, militar y sociopolítica del llamado «pueblo elegido de Dios» ofrece unas particularidades de lo más singular que atraen la atención sobre él, observándose unos tremendos altibajos de los cuales lo menos que puede decirse es que resultan muy asombrosos.
En efecto, atendiendo a la circunstancia de que su todopoderoso Dios estableció un pacto con los hijos de Israel para que dominasen sobre los demás pueblos de la Tierra, extraña verles hambrientos y en la necesidad de marchar a Egipto, para beneficiarse de la situación privilegiada de José -intérprete de los sueños del Faraón-tras lo cual acaban convirtiéndose en esclavos sumisos de los egipcios.

No es menos sorprendente la forma en que emprenden el éxodo hacia la Tierra Prometida, donde los ríos manan leche y miel, para alcanzarla después de un sinnúmero de peripecias, tras mucho guerrear y de sufrir bajas por cientos de miles, incluso contando con la ayuda de Elohim, el todopoderoso Jehová y sus ángeles, que, según el relato bíblico, combatieron a su lado en varias ocasiones para facilitarles la victoria sobre sus más fuertes, aguerridos y numerosos enemigos.
Tampoco termina en la fértil tierra de Canaán la permanente contradicción entre las promesas hechas por Elohim a su pueblo elegido y lo conseguido por éste.




Después de alcanzar un puesto preeminente entre el concierto de tribus y de naciones vecinas, luego de llegar a un punto álgido bajo el reinado del gran Salomón, el rey sabio por excelencia, sigue un período de franca y de total decadencia que culmina con la destrucción del templo, la deportación, la cautividad, la desaparición de las diez tribus de Israel y el sometimiento de las dos de Judá.

Por si esto no fuera aún suficiente, tras la anexión de sus territorios, el tan cacareado «pueblo elegido» pasa del yugo de los asirios al de los caldeos y luego a ser dominado por los persas. La victoria de Alejandro I El Grande, rey de Macedonia, sobre Darío III, que le valió la anexión del imperio persa, hace que los hebreos sean sometidos a su vez y que después del gobierno de los Ptolomeos y de ser incorporados al reino sirio, disfruten de un corto período de independencia al que sigue la ocupación romana, produciéndose entonces la primera diáspora1.

1. Del griego «Diasporá», dispersión. Término con el que se designa en la historia de las religiones la dispersión, a través del mundo antiguo de los judíos que tuvieron que salir de sus comarcas o se vieron expulsados de ellas. También se llamó «Diasporá» al conjunto de comunidades hebreas constituidas en el seno de diversas poblaciones (Babilonia, Egipto, algunos países de Asia y, por último, Roma).


El territorio de Palestina, aquella Tierra Prometida por Jehová al «pueblo elegido», pasa a constituir cuatro provincias romanas. El duro yugo impuesto por el césar a través de su gobernador Florus provoca la rebelión y alzamiento de los judíos, en el año 64 de nuestra era, que termina con la victoria de Tito, la destrucción del segundo templo, una sangrienta represión, otra vez la cautividad y la segunda diáspora que se mantendría a través de los siglos, sufriendo los hebreos marginación y persecuciones encarnizadas, pogroms, hasta llegar al terrible genocidio llevado a cabo por los nazis del III Reich, tras el cual y a través de una lucha continuada se conseguiría el 14 de mayo de 1942 la creación del nuevo e independiente estado de Israel.

Es obvio que los exégetas bíblicos -tanto israelitas como cristianos- han de ofrecer una explicación a todos esos avatares, al cúmulo de desastres y de fracasos enjugados por el pretendido «pueblo elegido» de Dios. Que esta explicación sea o no convincente, eso ya es otra cosa y es lo que debemos considerar.



Partiendo de la base de que los caudillos de Israel y de Judá entonaban alabanzas al belicoso Dios cuando éste favorecía y ayudaba a sus ejércitos, combatiendo a su lado o enviando a sus ángeles para que alcanzasen la victoria, es lógico que a la hora de justificar las derrotas recurriesen a proclamar el disgusto de ese mismo Dios, su enfado o su cólera contra el pueblo pecador, prevaricador e infiel, que no cumplía sus leyes o mandatos.

La posición de los veleidosos componentes del «pueblo elegido» respecto a Jehová quedaba así claramente determinada. Si obedecía sumisa y puntualmente al Dios Todopoderoso éste le daba la victoria sobre sus enemigos, por fuertes y numerosos que fueran, ayudándole, sosteniéndole v colaborando con él para convertirlo en una gran nación. Si por el contrario, el pueblo se mostraba infiel y adoraba a otros dioses, o incumplía sus mandatos, era el propio Jehová quien le castigaba, realizando terribles matanzas, enviando contra él grandes azotes y plagas, o recurriendo también al concurso de sus enemigos declarados poniéndole a merced de éstos.

A este respecto Moisés se expresa con harta claridad:

Sabrás, pues, que el Señor, tu Dios, es el verdadero Dios, el Dios fiel que guarda su alianza y su amor por mil generaciones con aquellos que le aman y observan sus mandamientos.
Pero castiga en su propia persona al que le aborrece; pierde sin dilación al que le odia; le hace sufrir un castigo personal.
Guarda, pues, los preceptos, leyes y costumbres, que yo te mando hoy observar.
Si después de oídas estas leyes las guardares y cumplieres, también el Señor, tu Dios, te guardará el pacto y la misericordia que juró a tus padres.
Y te amará, y multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre, y el fruto de tu labranza, tus granos y vendimia, el aceite y las vacadas, y los rebaños de tus ovejas en la tierra que juró a tus padres que te daría.
Bendito serás entre todos los pueblos; no se verá entre vosotros estéril en ningún sexo, así en los hombres como en los ganados.




» El Señor alejara de ti toda enfermedad, y no te afligirán a ti estas malignas plagas de Egipto, que tu sabes, sino que las reservara para todos tus enemigos.
» Exterminaras todos los pueblos que el Señor, tu Dios, pondrá en tus manos. No se apiaden de ellos tus ojos, ni sirvas a sus dioses, para que no sean ellos causa de tu ruina.
Tal vez dirás en tu corazón: Estas naciones son más numerosas que yo, ¿Cómo he de poder destruirlas?
Mas no las temas, acuérdate de lo que el Señor, tu Dios hizo con el Faraón y todos los egipcios.
De aquellas terribles plagas que vieron tus ojos y de los prodigios y portentos, y de la mano fuerte, y del brazo extendido con el que te libertó el Señor, tu Dios, lo mismo hará con todos los pueblos a quienes temes.
Además de esto, el Señor, tu Dios, enviara tábanos contra ellos hasta consumir y perder a todos los que de ti escaparen y hubiesen podido esconderse.
No tienes que temerlos, porque el Señor, tu Dios, Dios grande y terrible, está en medio de ti.
El mismo ira consumiendo a tu vista las naciones, poco a poco y por partes. No podrás acabar con ellas de un golpe, a fin de que no se multipliquen contra ti las bestias fieras del país.
El Señor, tu Dios, pondrá a estos pueblos en tu poder, y los irá destruyendo hasta que del todo desaparezcan.
A sus reyes los entregará en tus manos, y borraras sus nombres de debajo del cielo; nadie te podrá resistir hasta que los aniquiles. (Deuteronomio VII, 9-24.)

Tras la lectura de este texto, mucho más largo y prolijo, detallado al máximo tanto en lo que hace referencia a beneficios como a penas, queda patente y sin lugar a dudas el dilema planteado por Jehová al pueblo elegido, a través primero de Moisés y de sus sucesores después no queda opción posible: o me sirves y te premio, o me desobedeces y te castigo.


«...Pues yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso que castigo la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de aquellos que me aborrecen.
» y que uso de misericordia hasta la milésima generación con los que me aman y guardan mis mandamientos.»
(Éxodo XX, 5-6.)

No haremos hincapié ahora en el anuncio de intervenciones de Dios en favor de sus elegidos, determinadas por esas alusiones a las que efectuó anteriormente contra el Faraón y los egipcios, porque de ellas ya hablaremos más adelante.

En cambio, sí señalaremos la forma despiadada con que Jehová aplicaba sus castigos sobre sus rebeldes y levantiscos súbditos, lo cual, dicho sea de paso, resulta bastante incomprensible si se considera la cantidad de prodigios y portentos llevados a cabo por ese Dios tan celoso con el fin de impresionar a sus incrédulos vasallos.
En este sentido son muchos los ejemplos que se encuentran en los libros bíblicos. Veamos, pues, algunos de ellos:



«... Se manifestó la gloria del Señor a todos los hijos de Israel sobre la tienda de la reunión.
» Y dijo el Señor a Moisés: ¿Hasta cuándo ha de blasfemar de mí ese pueblo? ¿Hasta cuándo no han de creerme, después de tantos portentos como he hecho a su vista?
» Los heriré, pues, con peste, y acabaré con ellos; y a ti te haré príncipe de una nación más grande y poderosa que ésta.» (Números XIV, 10-12.)

Obsérvese que después de indicarse la circunstancia de que se manifiesta la gloria de Dios a todos los hijos de Israel sobre la tienda de la reunión, es Jehová en persona quien se lamenta a Moisés de la incredulidad del pueblo que ha elegido y que llega, incluso, a blasfemar contra él. Y es precisamente ese Dios el que se queja de no ser creído pese a los muchos portentos por él realizados.

A la vista de esto cabe pensar, dentro de una lógica realista, que los tales portentos no impresionaban de modo excesivo a los hebreos -presuntamente incultos y supersticiosos-, o que éstos se fijaban más en el carácter humano de aquel ser que exigía ser tratado y reverenciado, no como un dios cualquiera, como uno más, sino que como el único, el verdadero, el todopoderoso.

Claro está que en varias ocasiones ese Dios se lamentará de la dureza de corazón de sus vasallos, de su cerrazón de espíritu, la cual se manifestará no sólo contra él y sus ángeles, sino también contra sus preclaros enviados, mensajeros y profetas, que culminará con las muertes violentas de Juan el Bautista y de Jesús el Galileo.

Pero, volviendo al punto inicial planteado por las quejas de Dios a su fiel Moisés, cuya educación en la corte de Faraón como príncipe egipcio le hace merecedor de que el Señor piense en otorgarle el gobierno de una nación más grande y poderosa, el texto bíblico sigue con la intercesión del adalid hebreo, cuyos razonamientos y súplicas bastan para que el todopoderoso Jehová no lleve a cabo su amenaza en ese momento. Sin embargo, atendiendo a las palabras dichas por el propio Dios, no hay que olvidar que el arma con que pensaba herir a los blasfemos e incrédulos era nada menos que la pavorosa peste, uno de los más grandes azotes de la antigüedad, y de la cual -conviene tenerlo presente-ya hizo uso contra los egipcios.

De todos modos, la bondad de Jehová no se hizo extensiva a todos los exploradores que envió Moisés desde el desierto de Sin hasta Rohob, a la entrada de Emat.
«En efecto, todos aquellos hombres que Moisés envió a reconocer la tierra, y a la vuelta hicieron murmurar al pueblo contra él, publicando falsamente que la tierra era mala.
» Fueron heridos de muerte en la presencia del Señor.
» Solamente Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefone, quedaron con vida de todos los que fueron a explorar el país» (Números XIV, 36-38.)


Otro de los aspectos más reveladores y aleccionador es la virulenta intervención de Jehová al producirse un motín o cuando su díscolo y levantisco pueblo se manifiesta en franca rebeldía.
En tales momentos, el Dios de Abraham y de Jacob acusa una irritación tan grande y una cólera tal que resulta impropia de un ser presuntamente todopoderoso, para el cual los seres humanos -sus criaturas, creadas por él no hay que olvidarlo-debían de ser poco menos que meros gusanos o simples marionetas a los que le era fácil aplastar con su poder o mover tirando de sus hilos como mejor le viniese en gana.

Si se trataba efectivamente del pregonado Dios de dioses, del Sumo Hacedor, del Eterno, etc., ¿qué podía importarle que hubiese un puñado de incrédulos, los cuales, pese a sus numerosos portentos y prodigios, continuasen insumisos?
Más todavía. ¿Es que su amor propio -natural en un terrícola mortal e incluso en uno extraterrestre-era tan susceptible y sufría tanto cuando le menospreciaban sus criaturas, esos hombres tardos de comprensión, pero fácilmente influenciables, que experimentaba la necesidad de matar a los culpables y de aniquilar, además, junto con ellos, a quienes eran inocentes?

La rebelión de Coré, de la tribu de Leví, y de Datán y Abirón, hijos de Eliab, y también Han, de la tribu de Rubén, junto con otros doscientos cincuenta hombres de los hijos de Israel es un claro exponente de lo que acabamos de apuntar.
Enfrentados los rebeldes con Moisés, luego de acusar a éste indebida e injustamente, irritándole hasta el punto de serle preciso recurrir al propio Jehová para demostrar su inocencia y que no le había quitado nada a nadie, aquéllos provocan la cólera de Dios que toma una de esas decisiones punitivas, tan frecuentes en él, que implican el pago de justos por pecadores.
«El Señor habló a Moisés y Aarón dijo:»" Apartaos de en medio de esa facción y en un momento los consumiré.
» Ellos se postraron sobre su rostro, y dijeron: ¡' Oh fortísimo Dios de los espíritus todos los hombres! ¿Es posible que por el pecado de uno se ha de ensañar tu ira contra todos?» (Números XVI, 20-22.)

No es sólo Aarón sino incluso el propio Moisés, que ha apelado a Dios pidiendo su ayuda, los que consideran injusto, desproporcionado y excesivo el castigo que anuncia Jehová. Ellos le reconocen como «fortísimo Dios de los espíritus de todos los hombres» pero al mismo tiempo apelan en favor de los inocentes para que éstos no carguen con culpas ajenas y que la ira del Todopoderoso no se ensañe con ellos.
Lo curioso del caso es no sólo que Dios actúe tan a la ligera, dejándose llevar de un rapto de genio, impropio de un ser humano medianamente equilibrado e inconcebible en un ser que se declara superior a los mortales, sino que dos de éstos logran fácilmente convencerle de su error, haciéndole rectificar su decisión.


Claro está que deben ser precisamente esos cambios de humor o de genio los que influyen en los vasallos para no respetarle tanto como él quisiera.
Sigue a continuación el castigo de los culpables tan sólo, llevado a cabo por Jehová a través de su portavoz y representante en la tierra Moisés, el cual empieza por hacer que se aparten los inocentes que no tienen nada que ver ni participan en la sedición encabezada por Datán y Abirón.

Y dijo Moisés:
En esto conoceréis que el Señor me ha enviado a ejecutar todas las cosas que veis, y que no la he forjado en mi cabeza.
Si estos murieren de la muerte ordinaria de los hombres y fueren heridos de este azote que suele también herir a los demás, no me ha enviado el Señor.
» Pero si él hiciere una cosa nunca vista, de manera que la Tierra, abriendo su boca, se los trague a ellos y a todas sus casas, y bajen vivos al reino de los muertos, sabréis que han blasfemado contra el Señor.
» No bien hubo acabado de hablar, cuando la tierra se hundió debajo de los pies de aquellos.
 » Y abriendo su boca, se los tragó con sus tiendas y todos sus haberes.
» Y cubiertos de tierra bajaron vivos al reino de los muertos, y perecieron de en medio del pueblo.
»AI punto todo Israel, que estaba al contorno, a los alaridos de los que perecían, echó a huir diciendo: No sea que nos trague también la tierra a nosotros.
» Y salió un fuego, enviado por el Señor, y' abrasó a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso.» (Números XVI, 28-35.)

A pesar de que Moisés no lo dice de una manera explícita, a través de este texto puede apreciarse que él tenía idea de lo que iba a suceder o que sabía sobre poco más o menos cómo iba a actuar su Dios en esa ocasión, anunciando ya que iba a tratarse de algo nunca visto. Por esta razón su primera medida se centra en apartar a los inocentes de los culpables, y los separa valiéndose de un pretexto religioso, el de que no han de tocarles a ellos ni a sus cosas a fin de no verse envueltos en sus mismos pecados.

La forma espectacular que utiliza el proclamado fortísimo Dios para eliminar a los culpables de rebelión resulta de lo más aparatoso pero también ejemplar, ya que los testigos de esa punición tan drástica salen huyendo para que la tierra no se los trague también a ellos.

Pero todavía hay más.
Vamos a dejar a un lado la cuestión del fuego celeste que Dios proyecta sobre los doscientos cincuenta hombres, seguidores de Datán y de Abirón, ya que ese material es tan frecuentemente empleado por Jehová y sus ángeles, que merece ser considerado en un capítulo aparte. Lo que merece, en cambio, una atención muy particular es la nueva fórmula que emplea Elohim para aniquilar a los rebeldes, la cual ha de sorprender y atemorizar a su pueblo por el hecho de ser inédita hasta ese momento, como muy bien se encarga de proclamar su portavoz Moisés.


Algunos autores han enfocado el problema desde un punto de vista que nos parece demasiado parcial. Los tales señalan que la primera intención manifestada por Jehová era la de aniquilar definitivamente a su pueblo, juntando en un mismo saco a inocentes y culpables, atribuyéndole así el conocimiento de que iba a producirse un pequeño seísmo, un corrimiento de tierras, un temblor de escasa magnitud, pero lo bastante potente como para acabar con toda aquella gente.

Abonan esta teoría varias consideraciones, como la de prometer darle a Moisés el mando sobre otro pueblo, para lo cual, de haber él aceptado, Elohim sólo tenía que situarle lejos del lugar en que sabía se produciría el cataclismo.
También hacen hincapié esos autores en el hecho de que, habiéndose negado a secundar a Jehová en la anunciada destrucción y suplicado no castigara a justos como a culpables, lo primero que hace el enviado de Elohim es separar a los unos de los otros, obedeciendo órdenes superiores, colocando a los inocentes fuera del alcance del temblor de tierra que su Señor sabe se ha de producir a no tardar mucho.

No acaba de convencernos dicha teoría, habida cuenta la imposibilidad física de que los Elohim, por avanzada que fuera su ciencia, pudiesen llegan hasta el extremo de indicar, en un espacio no superior a seis kilómetros, cuál sería la zona afectada por el seísmo y cuál la que se libraría de sus convulsiones.
Aun admitiendo el hecho de que Elohim previera el inminente seísmo, no cabe imaginar que pudiese evitar la muerte de los inocentes sin llevárselos a muchos kilómetros de allí, alejándolos por completo del grupo de amotinados.

Sin embargo, atendiendo a la circunstancia de que aparece también el famoso fuego celeste, hay otra explicación que nos parece mucho más lógica y verosímil.
En efecto, suponiendo que, como de costumbre, Jehová se encontraba en lo alto viendo cuanto sucedía, lo que equivale a decir que estuviese a bordo de su astronave, no es difícil imaginar que dispusiera de una especie de lanza-rayos con el que apuntaría a los culpables dejados a un lado por su servidor Moisés.

En tal situación, pudiendo hacer blanco en el grupo de los rebeldes, sin alcanzar a ningún justo, Elohim puede abrir el fuego ya sin ningún temor. ¿Qué es lo que sucede entonces? ¿Se abre la tierra primero y brota el fuego después?

A nosotros nos parece que la acción es en realidad simultánea. La acción fulgurante de un rayo, más o menos parecido a un lasser actual, no sólo pudo provocar la aparición del tan cacareado fuego de Dios, sino también el hundimiento de una franja de tierra, algo así como un enorme socavón, en el que fueron incinerados, destruidos, aniquilados los rebeldes con todas sus casas. Consideremos el aspecto que debía ofrecer el hecho a los ojos de los aterrados testigos. De una parte se cuenta con la amenaza formulada por Moisés y el anuncio de que se abrirá la tierra. De otra parte se da la circunstancia de que el fuego parece brotar del suelo, el cual aparece luego como socavado y sin que en su superficie haya ya rastro de vida humana ni de ninguna cosa que antes se encontraba allí.



¿No es lógico que los crédulos hebreos, a la vista del resultado, den por buenas y concluyentes las palabras de Moisés y acepten que la tierra se ha abierto engullendo a los hombres y que los otros, los «no desaparecidos» han sido abrasados por el fuego de Dios?

Digamos aún que si no hubiera quedado el menor rastro de los rebeldes, la creencia podía ser la de que «todos ellos habían sido tragados por la tierra». pero como el rayo de Elohim no pulverizó totalmente a los amotinados y quedaron cenizas de ellos, prevaleció la idea de que unos, los engullidos por la tierra, fueron a parar vivos al reino de los muertos, en tanto que los otros eran aniquilados por el fuego vengativo de Dios.
Sea una teoría la válida, séalo la otra, lo que resulta indudable es que el Todopoderoso Dios de Abraham, de Jacob y de Moisés no se andaba con chiquitas a la hora de castigar. Esto lo han reconocido y admitido todos sus vasallos, sus líderes, reyes y profetas.

«El obrar impíamente contra las leyes de Dios no queda sin castigo, como se verá en los tiempos siguientes.» (II Macabeos IV, 17.)

«El Señor no se porta con nosotros como con las demás naciones, a las cuales sufre con paciencia para castigarlas colmada que sea la medida de sus pecados;
» No es así con nosotros, sino que nos castiga sin esperar a que lleguen a su colmo nuestros pecados.
» Y así nunca retira de nosotros su misericordia, y cuando aflige a su pueblo con adversidades, no lo desampara.» (II Macabeos VI, 14-16.)

Establecida la dualidad, como dijimos, de que los infractores de las leyes de Elohim eran merecedores del castigo y que quienes las obedecían eran objeto de sus favores y ayuda, los mismos vasallos se reconocen culpables cuando se ven abandonados de la mano de Dios, entregados a sus enemigos, pero manteniendo viva la esperanza de que, pese a todo, Elohim mantendrá las viejas promesas hechas a sus padres, con la sola condición de volver al redil de la sumisión y la obediencia. Y esto resulta de la mayor importancia para el pueblo de Israel porque su Dios es un gran guerrero, el más fuerte, el más poderoso, el que les convierte en invencibles y que no vacila en ir con ellos, en luchar a su lado y, así, darles el triunfo sobre sus enemigos.

«Escucha, Israel: Tú estás hoy día a punto de pasar el Jordán para conquistar naciones grandísimas y más fuertes que tú, ciudades magníficas y cuyos muros llegan hasta el cielo.»
» Un pueblo de grande y alta estatura, los hijos de los enaceos, que tú mismo has visto y cuya fama has oído, y a quienes nadie puede contrarrestar.
» Pues has de saber hoy, que irá delante de ti el mismo Señor, tu Dios, fuego devorador y consumidor, que los ha de desmenuzar, y consumir, y disipar, delante de tus ojos rápidamente, como te lo ha prometido.
» No digas en tu corazón cuando el Señor, tu Dios, los haya desecho en tu presencia: Por razón de la justicia que ha visto en mí, me ha introducido el Señor en la posesión de esta tierra; siendo cierto que por sus impiedades son asoladas estas naciones.
» Porque no por tus virtudes, ni por la rectitud de corazón entraras a poseer sus tierras; sino porque aquéllas obraron impíamente, por eso al entrar tú han sido destruidas, y a fin de cumplir Dios su palabra, que confirmó con juramento a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.» (Deuteronomio IX. 1-5.)

A través de estas palabras, Elohim no sólo se identifica a sí mismo como «un fuego devorador y consumidor» que aniquilará a los enemigos de su pueblo, sino que le hace a éste bien patente que no debe en ningún momento arrogarse el éxito ni atribuirlo a sus méritos propios ya qué más adelante, Jehová lo califica como «pueblo de durísima cerviz». Y es por esto que en ocasiones determinadas, previendo la fatua actitud de sus vasallos. Dios toma sus precauciones.

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«Aquella noche vino el ángel del Señor, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres. Y levantándose muy de mañana el rey de los asirios, Senaquerib, vio todos aquellos cuerpos muertos, y levantó el campo y se marchó.» (II Reyes XIX, 35.)


Desde luego resulta indudable, a la vista de cuanto se dice en los libros bíblicos, que Yahvé tomaba una parte decisiva en los combates que sostenía su pueblo, el cual, sólo con su ayuda podía alcanzar la victoria, lo que era no sólo admitido sino proclamado por sus jefes considerándolo más que una debilidad propia y de su ejército como una garantía de poder y de fuerza.
Así es, por ejemplo, como lo declara Jonatán, el segundo de los Macabeos, al dirigirse por carta a sus aliados de Esparta:
«En estas guerras no hemos querido cansaros ni a vosotros ni a ninguno de los demás aliados y amigos;
» Pues hemos recibido el socorro del cielo, con el cual hemos sido librados nosotros, y humillados nuestros enemigos» (I Macabeos XII, 15.).

Sí, el socorro que Elohim enviaba a los suyos, desde el cielo, se patentizaba de muchas formas distintas. Y eran esas señales las que esperaban sus fieles para lanzarse con ardor al combate, seguros entonces de que, con ayuda del Todopoderoso, ellos conseguirían alcanzar la victoria sobre sus numerosos, enconados e impíos enemigos.

«Y a las señales que aparecieron en el aire a favor de los que combatían valerosamente por la nación judía, de tal suerte que, siendo en corto numero, defendieron todo el país y pusieron en fuga a la muchedumbre de barbaros.» (II Macabeos II, 22.)

Socorros extraordinarios procedentes del cielo, señales en el aire para anunciar la ayuda del Señor, siembra del espíritu de la discordia en el campo enemigo, ceguera en los adversarios que les llevaba a atacarse entre ellos, hambre, fieras, peste…
¿Puede pedirse algo más?
Sí, y ese más ha dejado constancia en la Biblia.


«El espíritu de Dios todo poderoso se hizo allí manifiesto con señales bien patentes, en tal conformidad, que, derribados en tierra por una virtud divina cuantos habían osado obedecer Heliodoro, quedaron como yertos y despavoridos.
» Porque se les apareció montado en un caballo un personaje de fulminante aspecto, y magníficamente vestido, cuyas armas parecían de oro, el cual acometió con ímpetu a Heliodoro, y el caballo le pateó con las patas delanteras.
» Aparecierose también otros dos gallardos y robustos jóvenes, llenos de majestad y ricamente vestidos, los cuales, poniéndose uno a cada lado de Heliodoro, empezaron a azotarle cada uno por su parte, descargando sobre él continuos golpes.
» Heliodoro cayó luego por tierra envuelto en densas tinieblas, y habiéndose cogido y puesto en una silla de manos, le sacaron de allí.
» De esta suerte aquel que habla entrado en el erario (de Jerusalén) con tanto aparato de guardias y de ministros, era llevado sin que pudiera valerse a sí mismo, habiéndose manifestado visiblemente la virtud de Dios;
» Por un efecto de la cual, Heliodoro yacía sin habla, y, sin ninguna esperanza de vida.
» Por el contrario, los otros bendecían al Señor, porque había ensalzado con esto la gloria de su lugar, y el templo que poco antes estaba lleno de confusión y temor, se llenó de alegría y regocijo luego que hizo ver el Señor su omnipotencia.»  (II Macabeos III, 24-30.)

Conviene señalar que esta escena, cuyo desenlace sirve de escarmiento ejemplar, se desarrolla en unos momentos en que la paz había vuelto a Israel, cuando el templo había sido reconstruido y purificado por los fieles de Yahvé, a cuya cabeza estuvo Judas Macabeo, de majestad y ricamente y que las leyes, restablecidas por ese caudillo, se observaban puntualmente gracias a la piedad del pontífice Onías.
En tales circunstancias, la delación de un tal Simón, constituido en prefecto del templo y envidioso de la autoridad del puritano Onías, movió a que el rey Antíoco ordenase a su ministro de hacienda, Heliodoro, que debía apoderarse de las riquezas y el dinero guardados en el templo del Señor.



El saqueo amenazaba, pues, una vez más, al templo de Jehová y era éste quien iba a ser despojado con lo que se haría menosprecio de su nombre y poder. Razones éstas más que suficientes para que el celoso y orgulloso Elohim enviase a uno de sus arcángeles, secundado por dos ángeles, para que castigase de modo espectacular y aleccionador a quien osaba desafiarle hollando su templo.

Hay que fijarse en la presentación de ese enviado de Dios. El cronista le describe como un personaje de fulminante aspecto, magníficamente vestido y con armas que parecían de oro. Quiere esto decir que no era sólo la vestimenta la que le daba aquel aspecto, sino que en é tenía que haber algo más para que pareciese fulminante a quienes le veían. Y en relación con sus armas, la similitud de éstas con el oro nos indica que, no siendo de este metal, debían brillar tanto como si lo fuesen.
Releyendo el texto se ve que el enviado de Dios va acompañado por gallardos y robustos jóvenes, llenos de majestad y ricamente vestidos. Esto nos muestra que había una diferencia de edad y de categoría entre el primero y sus ayudantes. Y también que la vestimenta de los segundos impresionaba a los humanos.

Queda un tanto oscuro el medio de que se valió el espíritu de Dios para derribar en tierra a todos los presentes, aunque es de suponer que pudo bastar con una simple bomba de gas paralizante, lo cual viene abonado por el hecho de que a Heliodoro le cubriesen densas tinieblas, producidas tal vez por una bomba de humo, que le pusieron a merced de sus atacantes.
A continuación, reducido a la impotencia el agresivo ministro de Hacienda y paralizados todos sus soldados, los ángeles pueden ya azotarle impunemente hasta dejarle tan maltrecho que sea preciso sacarle de allí en camilla, perdida el habla y sin posibilidad de salvar la vida. Dicho de otro modo, Heliodoro recibió una paliza tan descomunal, fue torturado de tal manera, que debió quedar medio muerto.

Pero no acaba aquí la cosa, puesto que el prudente sumo sacerdote Onías, temiendo que el rey sospechase que los judíos le habían preparado una emboscada a su ministro y fuesen cruelmente castigados por ello, terció en su favor cerca de los ángeles para que no sólo dejaran de torturarle sino pidiéndoles que le curasen. Y éstos, accediendo a la petición de Onías, le dijeron al malparado Heliodoro que si salvaba la vida era debido únicamente a la intercesión del sumo sacerdote cerca del Señor, cuyo poder debía él pregonar en adelante.
Ni que decir tiene que el «aleccionado» Heliodoro aceptó cuanto se le exigía para salvar la vida. Y así, después de ofrecer un sacrificio al Dios de Israel, una vez se hubieron marchado los enviados de éste, pudo él regresar para informar a su rey de cuanto había sucedido especificando lo siguiente:

«Si tú tienes algún enemigo, o que atente contra tu reino, envíales allá, y le verás volver desgarrado a azotes, si es que logra escapar, porque no se puede dudar que reside en aquel lugar una cierta virtud divina.
» Pues aquel mismo que tiene su morada en los cielos, está presente y protege aquel lugar, y castiga y hace perecer a los que va a hacer allí algún mal.» (II Macabeos III, 38-39.)

Con estas palabras del asustado ministro de Hacienda del rey Antíoco se patentiza hasta qué punto fue efectivo el castigo que le aplicaron los ángeles de Dios. No sólo anunció Heliodoro que cualquiera que fuese a Jerusalén y tratase de violar su templo recibiría una paliza de muerte -como le había sucedido a él- sino que quizás podía no escapar con vida, ya que él sólo lo había logrado merced a la intercesión del sacerdote Onías.



Pero, además de eso, Heliodoro reconocía la existencia en aquel lugar de una cierta virtud divina, llegando hasta el extremo de admitir que el Dios de Israel tenía la morada en los cielos, aunque hiciese acto de presencia en el templo alzado en su honor, protegiendo el sitio como cosa propia y castigando y haciendo perecer a cuantos fuesen allá con malas intenciones.
Así pues, el objetivo de Yahvé se había cumplido gracias al trato brutal que sus ángeles propinaron al desdichado ministro de Hacienda, en cuya carne debieron aprender los demás.
Estas apariciones de personajes celestes no se limitan a la que acabamos de señalar.

El Macabeo contó con ayudas espectaculares propiciadas por ellos en el curso de los combates, gracias a que él y sus huestes ayunaban y oraban al Señor antes de entablar la pelea.

sábado, 10 de febrero de 2018

Pedro Cortezo, año 1910: El «forastero» le dijo que nuestro planeta era custodiado y protegido por seres de otros mundos desde hacía milenios. “Tuvimos que destruir el cometa Biela que iba a impactar contra vuestro mundo” “Uno de estos rayos alcanzó el planeta en la zona de Siberia, destruyendo un enorme terreno de bosque”.


Pedro Cortezo, año 1910: El «forastero» le dijo que nuestro planeta era custodiado y protegido por seres de otros mundos desde hacía milenios. “Tuvimos que destruir el cometa Biela que iba a impactar contra vuestro mundo” “Uno de estos rayos alcanzó el planeta en la zona de Siberia, destruyendo un enorme terreno de bosque”.



Los seres humanos… ¿son un plan preconcebido por los extraterrestres? Muy probablemente, si. Y tal vez, desde nuestra propia óptica, si mirásemos hacia el albor de los tiempos resultaría inconcebible; incluso fantasioso pensar que civilizaciones extraterrestres hayan sido capaces de trazar una hoja de ruta para un periodo de tiempo tan prolongado y en  planetas previamente seleccionados: Se necesita acondicionar astros de naturaleza rocosa donde el agua es un componente vital para luego y bajo esas condiciones favorables, las  civilizaciones extraterrestres lleven a cabo el experimento más importante y de mayor responsabilidad: Dar nacimiento a seres inteligentes que en un futuro relativamente lejano, ayudaran a interpretar “una realidad de infinitas posibilidades”.


Sin embargo, aquellas civilizaciones estelares en sus mundos y utilizando una tecnología mágica desde nuestra propia perspectiva, den por hecho como algo éticamente aceptable la posibilidad de desarrollar seres inteligentes como “herramienta para impulsar sus propios conocimientos”. Pero que mejor explicación a estos conceptos que un ejemplo aplicado a nosotros mismos: Con total seguridad, llegara el día que los seres humanos logremos construir robots extremadamente desarrollados. Frente a este hecho los terrestres hallaran en esas creaciones cibernéticas una inestimable oportunidad de conocimiento y sería lógico deducir que los humanos interrogaran en esas circunstancias a tales “seres de inteligencia creada” respecto a cuestiones transcendentales; tal como el modo para dominar la comunicación telepatía o tal vez, la formulación química utilizada para derrotar definitivamente el envejecimiento celular que irremediablemente termina llevándonos a la muerte.



Y es posible que esos mismos robots diseñados por seres humanos, poseerán una visión de la realidad muy distinta a como la entendemos los habitantes del planeta Tierra. Tal vez “las inteligencias cibernéticas” definirán de una forma natural cual es la estructura real de aquellos mundos dimensionales tan difíciles de entender para nosotros los seres humanos. Y si extendiéramos aún más todas estas posibilidades que nos brindarían inteligencias artificiales, se llegara a definir en un futuro relativamente cercano el mundo espiritual sobre unos conceptos que a primera vista pudieran parecernos extraños (Ahora entendemos la realidad de un modo lineal a nivel biológico, es decir, vivimos y dejamos de existir en un periodo de tiempo concreto, un segmento temporal limitado, mientras la propia Creación se mueve en lo atemporal). No es por tanto descabellado pensar que esas creaciones robóticas se atreverán “sin ningún rubor” a describir en un amplio concepto la idea Dios, “la Suprema Fuerza Creadora”, tal vez desde un punto de vista estadístico como una mera probabilidad de su existencia.

Esta pequeña introducción viene al hilo del contacto, allá por 1910, acaecido en Ojén (Málaga), cuando un humilde cabrero tuvo la suerte de conversar con un ser extraterrestre. Al poco de comenzar el siglo XX, Pedro Cortezo, un hombre de cualidades humanas extraordinarias, entabló conversación con un ser que le habló de los albores del planeta Tierra; de como su civilización ayudó a crear las condiciones de vida para que la Tierra llegase a lo que finalmente conocemos hoy en día.




Resulta curioso que aquel ser extraterrestre le diese a Pedro Cortezo, el humilde cabrero, una versión de lo ocurrido en Tunguska, Siberia, en las proximidades del rio Podkamennaya en el año 1908, cuando una gigantesca explosión aérea provocó el incendio y derribo de arboles en un área de 2.150 km2 .Fue aquella explosión  parecida, aunque muy superior en intensidad, a las armas termonucleares y sus efectos se hicieron notar a 400 km de distancia, haciendo caer  gente al suelo y rompiendo ventanas a esa distancia. Pasados unos años, en 1921, la Academia Soviética de Ciencias envió una expedición al epicentro de la explosión dirigida por el minerologo Leonid Alekseyevich Kulik, quien hallaría un área de devastación de 60 km de diámetro, pero curiosa y sorprendentemente, ningún cráter; un hecho que descartaría la teoría oficial que relacionaba el incidente con algún asteroide o cometa formado por hielo que habría impactado sobre la tundra siberiana.

Por el contrario, otras teorías oficiosas hablan de este fenómeno como la implosión de una nave nodriza extraterrestre que previendo su irremediable final, el comandante de la nave hubiese elegido aquel apartado lugar de Siberia para no provocar víctimas humanas llegado el inexorable momento. Se calcula que la explosión equivaldría a una bomba termonuclear de 30 megatones (30 millones de toneladas de TNT (trinitrotolueno) y comparativamente, para darnos una idea de la gigantesca explosión de Tunguska, las bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron de entre 15 o 20 mil de TNT. (Fuente de la información Wikipedia).


He recogido el relato de la Revista Año Cero, un artículo escrito por Esteban Palomo, quien hace una investigación exhaustiva respecto de aquel contacto con seres extraterrestres. Solo añadir lo que en otras ocasiones he dicho: Los extraterrestres, por alguna razón, eligen a personas en muchas ocasiones humildes y de gran bondad y humanidad; sin preocuparles si acaso su mensaje llegara algún día a ser extensivo de conocimiento público. Alguien podría decir ¿Pero por qué no eligen a un periodista, por ejemplo, para impulsar una publicidad mayor de esos seres estelares? Se nos olvida lógicamente, que frente a estas cuestiones transcendentales utilizamos “nuestra lógica humana ante cuestiones de alcance extraterrestre”. Contrariamente a ello y en oposición a esos argumentos terrestres… ¿Qué ocurriría si esos mensajes se transmitiesen a individuos cuya moralidad fuese la más pura ambición, aunque se tratase de personajes con cierta publicidad mediática, es decir, famosos? Pues que seguramente esos mensajes extraterrestres llegarían a ser manipulados, tergiversados o silenciados y finalmente, como dice el refrán, sería peor el remedio que la enfermedad…





CONTACTO EXTRATERRESTRE EN 1910

SERES EXTRATERRESTRES REVELARON HECHOS FUTUROS A UN PASTOR DE OJÉN (MÁLAGA)
Pedro Cortezo, el pastor de la localidad malagueña de Ojén, mantuvo contactos con seres de otros mundos a principios del siglo XX. Lo sorprendente es que estos le confiaron varias profecías que se cumplieron, además de proporcionarle ciertas capacidades psíquicas. Muchos vecinos de la población todavía recuerdan al Bueno de Pedro, más conocido por el apodo de «El sabio». Esta es la historia…

Existe una pequeña población en la provincia de Málaga que sirvió de escenario para una serie de acontecimientos milagrosos, prodigiosos y enigmáticos de los que aún hoy se habla. Situado entre la sierra Blanca y la sierra de la Alpujarra se encuentra Ojén, un pueblo en medio de montañas, de casas blancas y calles angostas, donde sigue resonando, en el legado de su memoria, la figura de Pedro Cortezo, más recordado como Pedro «el Sabio».
Nuestro protagonista trazó su vida entre la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Era un hombre de campo, un cabrero que durante las jornadas dedicadas al pastoreo de sus animales solía perderse en la sierra que lo vio nacer y que conocía a la perfección. Gozaba de buena reputación ante los vecinos de Ojén, pues tenía fama de afable pese a su fornida condición física y mirada sufrida.


 Pedro era confiado y compasivo, siempre dispuesto a ayudar a cualquier ser vivo, humano o animal, que se encontrase en problemas. Según describe la memoria de su pueblo, destacaba por su sensibilidad, pues en aquel entonces eran pocos los que se emocionaban al contemplar el hermoso paisaje dibujado por la naturaleza o dedicaban su tiempo a otear el firmamento durante las largas noches de invierno.
Vivió la mayor parte de su vida junto a su mujer sin llegar a tener descendencia, y tampoco tenía
hermanos. Hombre de fe, solía frecuentar la iglesia y siempre compartía lo poco que ostentaba,
ya que su oficio le proporcionaba lo justo para vivir. Pedro Cortezo llevaba una vida tranquila, aunque no exenta de esfuerzo y sacrificio. No obstante, su rutina se vería quebrantada por un acontecimiento que cambiaría su vida para siempre.


 Tal como recuerdan los vecinos de Ojén, ocurrió durante un caluroso día de verano de 1910, cuando Pedro contaba con 40 años de edad. Aquella mañana, como siempre, se despertó muy temprano con la intención de pastorear sus cabras por la inmensidad del monte. Tras varias horas en aquel hermoso entorno, se acercó a un arroyo donde solía parar a descansar junto a sus animales. Allí encendió un cigarrillo mientras las cabras pastaban junto al reguero de agua. Los árboles cubrían la roca donde se apostaba y los ramajes y arbustos impedían ver en la lejanía. Solo el arroyo mostraba el claro sinuoso de su recorrido.

«HEMOS EVITADO EL FIN DE LA TIERRA»

Era un pastor acostumbrado a la naturaleza, así que sus sentidos estaban bien agudizados y era capaz de percibir cualquier alimaña que se aproximase a él o a sus animales. Sin embargo, no pudo sentir la llegada de un extraño individuo que pareció surgir de la nada. Llamaba la atención su figura estilizada y una vestimenta pegada al cuerpo. Según narró Pedro a varios amigos, «aquel forastero vestía como nunca antes había visto a nadie». El desconocido visitante entabló conversación con el atónito hombre, y comenzó a narrarle una increíble historia sobre la Tierra que atrapó inevitablemente la curiosa atención de éste. El «forastero» le dijo que nuestro planeta era custodiado y protegido por seres de otros mundos desde hacía milenios.
Cortezo, aunque curioso y atento gastaba de ingenuo, y su primer pensamiento es que se trataba de un individuo que «no estaba bien de la cabeza». Ni corto ni perezoso, así se lo hizo saber a su interlocutor, quien respondió que no estaba hablando con ningún demente, sino que pertenecía a «una raza muy culta y de moral perfecta». Pedro y aquel sujeto charlaron durante horas, mientras compartían algunas naranjas, un poco de queso y algo de pan que el pastor portaba en su viejo y deteriorado zurrón.


LOS ALIEN habrían disparado potentes rayos desde Deimos –un satélite de Marte- para partir en dos a un cometa que iba a impactar contra la Tierra, revelaron los «visitantes» a Pedro «el sabio».

Marte y sus dos satélites, Fobos y Deimos (el mas pequeño)
En aquella conversación, el «forastero» le reveló que en el más remoto pasado «ellos» cambiaron el ángulo de rotación del planeta de 90° a 113°, modificando también la trayectoria
de un gigantesco objeto cósmico para que impactase en la Tierra, dando lugar de este modo a las cuatro estaciones. También le contó que tuvieron que destruir un satélite de la Tierra para hacerla más habitable, y que hacia algunos años el cometa Biela Iba a impactar contra nuestro mundo, de modo que un equipo de científicos extraterrestres disparó unos rayos desde Deimos –el más pequeño de los satélites de Marte- para partir el cometa en dos y evitar una catástrofe que habría provocado la extinción de la especie humana y de otros animales. Sin embargo, uno de estos rayos alcanzó el planeta en la zona de Siberia, destruyendo un enorme terreno de bosque. El individuo le dijo a Pedro que ellos observaron cómo el Gobierno ruso se puso en contacto «con los sabios de la Sorbona y cómo éstos buscaron sin éxito alguno el cono de un uranolito (resto de bólido)» Sin duda, se estaba refiriendo al conocido evento Tunguska, que tuvo lugar en 1908 pero no se documentó hasta 1921, mucho después de la experiencia de Pedro. ¿Cómo pudo conocer nuestro protagonista tal suceso en un pueblo de Málaga en 1910?

En esa primera conversación, el visitante también reveló que tuvieron que destruir estrellas que emitían grandes cantidades de radiación que alcanzaban la Tierra, entre otras acciones con el fin de protegernos. Dicho esto, el misterioso individuo abandonó el lugar, no sin antes advertirle que volverían a verse.


PROFECÍAS CUMPLIDAS

Aquel encuentro resultó ser el preludio de otros tantos, en los cuales el extraño forastero transmitía al cabrero retazos de una ciencia impensable para la época. Según se recuerda, Pedro Cortezo comenzó a frecuentar la iglesia de una forma más asidua y su actitud impregnaba de sosiego, paz y sabiduría a todos los que le rodeaban. El hombre empezó a vaticinar acontecimientos futuros de los que afirmaba ser conocedor gracias a los seres con los que hablaba, porque el primer visitante dio paso a otros de similares características. En principio los vecinos lo convirtieron en epicentro de sus burlas, aunque el tiempo terminó demostrando que muchos de los eventos que pronosticó acabaron sucediendo. De modo que pasaron de reírse de él a llamarlo «el sabio», seudónimo por el que se le sigue recordando tras más de un siglo de aquel primer encuentro.
Los mayores de Ojén todavía rememoran las profecías de Pedro que se hicieron realidad, como cuando aseguró que el fuego iba a rodear el pueblo. Todos esperaban que se desencadenase un gran incendio, pero en realidad sucedió que en los siguientes años se produjeron pequeños fuegos que ciertamente formaron un círculo alrededor de la población, tal como había vaticinado «el sabio». También predijo que las montañas que rodean a Ojén, algunas de unos 1.000 metros de altura y completamente escarpadas, serían escalonadas hasta sus cumbres.
Esto era algo inaudito para un pastor de montaña que vivió entre finales del siglo XIX y principios del XX, ya que el conocimiento tecnológico de la época no daba para tanto. Sin embargo, en la década de los 90 se puso en marcha un plan de reforestación de la zona, y se escalonaron todos los montes aledaños a la localidad con el objetivo de repoblarlos.


También predijo una riada que llegaría a través de una de las calles que cruza el pueblo y que arrasaría con todo a su paso. Pocos le creyeron, pero al poco tiempo una fuerte tormenta provocó un movimiento de tierra que desvió un gran torrente de agua hacia la calle señalada por Pedro, provocando, tal y como había anunciado, graves daños.

Pero nuestro protagonista también era capaz de adivinar muertes y nacimientos, tal como recuerdan los mayores del lugar.

«ME IRÉ CON LOS COSMONAUTAS»

Los encuentros de «el sabio» con los extraños visitantes se hicieron cada vez más asiduos, pero pasado un tiempo dejó de compartir con sus vecinos estas experiencias, a la vez que daba muestras de nuevas capacidades aparte de las proféticas, como las sanadoras. Esto le proporcionó una enorme fama no solo en su pueblo, sino también en otros aledaños. Muchos acudían al humilde pastor para que pusiera fin o al menos disminuyera la gravedad de sus males. Desde Guaro, Monda, Coín, Alhaurín el Grande, lstán o Mijas, entre otros, visitaban a Pedro aquellos que sufrían alguna enfermedad.
Éste los atendía, siempre sin descuidar su oficio de cabrero, porque no quiso enriquecerse con
sus capacidades. Hizo de consejero, profeta y sanador, aunque jamás llegó a satisfacer la duda que todos le planteaban: ¿Quiénes eran esos seres con los que se comunicaba? ¿Se trataba de ángeles o de habitantes de otro planeta?
Pedro «el sabio» se mantuvo siempre firme, defendiendo sin tapujos la existencia de estos guardianes de la Tierra que le transmitían su amor por la naturaleza, el planeta y el universo. Como explicamos, su historia traspasó las fronteras que trazan las montañas de Ojén.


“El periódico malagueño Sur publicó un reportaje en 1968 sobre las aventuras del cabrero”

En la hemeroteca encontramos un viejo artículo dedicado a su figura, publicado en el diario Sur de Málaga el 26 de enero de 1968. En el reportaje, basado en las declaraciones de aquellos vecinos que recordaban las andanzas de «el sabio», leemos lo siguiente: «Y éste habló en cierta ocasión a sus familiares de un largo viaje que iba a emprender con los desconocidos cosmonautas ... Él, quizá, no retornase jamás a la Tierra, pero (decía) que nadie llorase, porque en el infinito todo es posible».


UN AMIGO EXTRATERRESTRE

Casi un siglo después del primer encuentro de Pedro con el enigmático individuo, Ojén volvió a ser epicentro de una aparición insólita. En este caso, el protagonista fue Marino Amaya, un prestigioso escultor leonés afincado en la localidad malagueña.
Ocurrió el 26 de septiembre de 1996 aproximadamente a las nueve de la noche, cuando Marino
enjaulaba a los perros en un terreno de su propiedad. De repente, observó una extraña luminaria que cruzaba el cielo nocturno sobre la serranía. Momentos después de aquel avistamiento comenzó a percibir un ruido, señal inequívoca de que «algo» estaba dentro de su propiedad.
La zona es frecuentada por jabalíes, zorros, jinetas y otras alimañas, pero aquel sonido logró que el escultor se estremeciese. Incluso pensó que se trataba de alguien con no muy buenas intenciones. A pesar del miedo, el escultor decidió aproximarse lenta y prudentemente hacia los arbustos de donde procedían los ruidos. En cierto instante, Marino se giró, porque una potente y cegadora luz llamó su atención. De aquella luminosidad emergió un diminuto ser de unos noventa centímetros de estatura, muy delgado y cuyos largos brazos le llegaban hasta las rodillas.
Aparentemente, la figura carecía de ropas, sus pies eran grandes y planos, su piel rojiza brillaba en mitad de la noche y en su inexpresivo rostro resaltaban dos grandes ojos azules.

Acto seguido, el ser se desplazó levitando hasta una roca cercana a Marino y comenzó a revelarle el porqué de su visita. Dijo que se había presentado ante el escultor por su naturaleza buena y bondadosa. Además, al igual que en el caso de Pedro «el sabio», aseguró que procedía de una cultura lejana que se preocupaba profundamente por el planeta Tierra.


Tras aquel encuentro, que no se alargó más de media hora, Marino volvió a establecer contacto con el humanoide en repetidas ocasiones. Este le revelaba mensajes referidos al cuidado de la Tierra y algunas predicciones como la de un terrible atentado que iba a tener lugar en España en 2004, y que muchos vinculan con el ocurrido el 11 de marzo de ese año en la madrileña estación de trenes de Atocha.
Como recuerdo de su misterioso interlocutor, Marino Amaya decidió realizar una escultura de «mi amigo alíen», tal como grabó en una placa a los pies de la talla. Aquella figura despertó ciertas discrepancias en el pueblo de Ojén. Lamentablemente, nuestro protagonista falleció en
2014, llevándose el secreto de sus asombrosas experiencias.

El escultor Marino Amaya junto a la escultura dedicada al extraterrestre

ESCULTURA ALIENIGENA

Resulta curioso que la historia de Marino Amaya (a la derecha), ocurrida en 1996, es menos recordada que la de Pedro «el sabio», que data de 1910. Lo que sí tienen presente los vecinos de Ojén es el conflicto generado por la escultura del extraño visitante que realizó Amaya y que se colocó a la entrada del pueblo junto a una placa con el título de «El ángel que vino del cielo», y en la que también se podía leer el siguiente mensaje: «A mi amigo alíen, que vino a mí en la noche del 26 de septiembre de 1996, en estas montañas de Ojén».

El investigador Esteban Palomo, autor de este reportaje de la Revista Año Cero,  en el lugar donde estuvo la escultura dedicada por Marino Amaya al extraterrestre con quien contactó.
La escultura descansó en el mirador de la localidad, pero no todos estuvieron de acuerdo. No pasó demasiado tiempo hasta que desapareció. Sin embargo, Marino Amaya, empeñado en mostrar a la criatura con la que compartía un incomprensible vínculo, volvió a realizar otro molde de similares características para exhibirlo de nuevo en el municipio. Lamentablemente, también robaron esa segunda figura, fiel reflejo del humanoide con el que Marino Amaya estableció contacto. A día de hoy, el paradero de ambas estatuas sigue siendo desconocido.


Paco Manuel Vazquez (antiguo alcalde de Ojén, Malaga)

ASOMBROSAS CAPACIDADES

Paco Manuel Vázquez,  antiguo alcalde de Ojén, conoció durante su mandato a Marino Amaya, con quien conversaba sobre sus asombrosos encuentros con el enigmático y pequeño ser. El exregidor recuerda que Marino acudió a su despacho con la idea de realizar una escultura del pequeño visitante para donarla al pueblo. Manuel enseguida vinculó este hecho con el de Pedro «el sabio», del que tanto le habían hablado su madre y sus tíos. Le contaban que su abuela sufría una grave dolencia a la que nadie encontraba solución, así que acabaron acudiendo a Pedro Cortezo, no sin ciertas dudas, aunque eran muchos los vecinos que avalaban las extraordinarias dotes de «el sabio». Paco Manuel rememora para nosotros aquella historia: «Mi familia buscó la ayuda de Pedro Cortezo, y él, sin que nadie pudiese explicarlo, sanó a mi abuela de su enfermedad. He crecido con este relato, al igual que con aquellos sobre sus profecías, y que con el paso del tiempo se han ido cumpliendo ante la mirada de mis paisanos».





domingo, 7 de enero de 2018

EL MISTERIO DE LA MUJER SIN ROSTRO: La nave espacial los estaba aguardando en un claro del bosque. Los escalones para ascender a la misma parecieron materializarse a medida que subían por ellos para volver a desvanecerse a continuación. No se veía en ninguna parte ni soldaduras ni ningún género de junturas. El interior estaba iluminado con una luz tenue.

EL MISTERIO DE LA MUJER SIN ROSTRO: La nave espacial los estaba aguardando en un claro del bosque.  Los escalones para ascender a la misma parecieron materializarse a medida que subían por ellos para volver a desvanecerse a continuación. No se veía en ninguna parte ni soldaduras ni ningún género de junturas. El interior estaba iluminado con una luz tenue.


 ¿Cómo se presentan los extraterrestres frente a los seres humanos? ¿Pueden infundirnos miedo? La respuesta tiene cierta complejidad, ya que su morfología y apariencia física están condicionadas a su origen planetario. Posiblemente, la cuestión de cómo reaccionan los seres humanos frente a estos seres llegados de mundos lejanos sea un factor muy a tener en cuenta a la hora de iniciar cierta comunicación o tal vez, llegado el momento, para transmitirnos oficiosamente un mensaje que esas civilizaciones consideren necesario”.


 A través de testimonios de contactados como el peruano Sixto Paz Wells, una gran parte de los extraterrestres, tales como los habitantes de Ganimedes (satélite de Júpiter), son humanos como nosotros mismos; pero también existen otros de apariencia  reptiloide  originarios de Alfa Draconis, constelación de Draco y algunos otros tienen la clásica apariencia antropomorfa descrita por infinidad de testigos, es decir, son macrocéfalos y de pequeña estatura; incluso alguno de ellos son de origen vegetal creados por manipulación genética; tal es el caso de aquellos seres al servicio de “ los otros habitantes humanos” de Alfa Centauro A*.

*(Según consta en documento que circula por Internet y posiblemente extraído de alguna Agencia de Seguridad, dice así: …La segunda raza es una forma vegetal extremadamente inteligente, creada por ingeniería genética por la primera pero que a pesar de su naturaleza tiene una apariencia antropomórfica. Su altura es inferior a 1,5 metros y su piel posee una tonalidad verdosa oscura, su morfología es exacta a la de los relatos de abducciones por lo que han venido a denominarse grises en el argot ufológico. Se comportan de forma totalmente gregaria con respecto a la primera raza y son usados como mano de obra logística y para pilotar sus artilugios espaciales).


Constelación de Draco.
Hasta la fecha, se han contabilizado más de 70 razas extraterrestres distintas que visitan la Tierra; la mayoría de ellas son pacíficas y respetan el libre albedrio de los terrestres; civilizaciones dedicadas principalmente al estudio científico de nuestro planeta. Esa no inferencia estaría recogida dentro de una Ley Universal Superior por la cual se prohíbe interferir sobre otros seres cuya evolución sea menor, evitando clara e implícitamente dañar “esa evolución natural y necesaria en todas las criaturas hacia planos superiores de conciencia”. Sin embargo, en contraposición, también existen “ciertas normas morales que en muchas de esas mismas civilizaciones estelares les obligan a tutelar, en la media de lo posible, el desarrollo de civilizaciones menos evolucionadas”.

Este hecho puede parecer una contradicción: venir de mundos lejanos y permanecer como meros espectadores, y a la vez “sugerir pautas que no se entiendan como imposiciones morales o de cualquier otra índole”. Extrapolando a nosotros mismos, servirían estas preguntas a modo de ejemplo… ¿Actuamos correctamente los seres humanos en la Amazonia, arrasando el medio natural? ¿Debemos intervenir sobre las tribus que lo habitan desde miles de años atrás? ¿Cómo se puede ayudar a los indígenas, frente a hechos tales como las enfermedades, sin romper su libre albedrio? ¿Actores o espectadores?


Dicho todo esto, una de las dificultades a las cuales posiblemente se enfrenten los extraterrestres, sea evitar un primer rechazo a la hora de entablar algún tipo de comunicación con los habitantes del planeta azul; máxime si tenemos en cuenta, que en la psique humana, la imagen inculcada a través del cine por los desinformadores y las elites de poder mundial, sea la de unos seres de aspecto horripilante que vienen a conquistar la Tierra (Películas tales como La Guerra de los Mundos o Independence Day se mueven en esa línea). Por ejemplo, en la abducción de Jim Sparks*, los extraterrestres optaron por ocultar su rostro mediante un holograma, para evitar, sin duda, algún tipo de rechazo.

*(En la entrevista realizada por Linda Moulton Howe al abducido Jim Sparks, este narraba como se enfrentó con una realidad ajena a su conocimiento: …Había doce criaturas humanoides altas de pie en un círculo casi completo en el cual yo era una parte. Las criaturas parecían medir más de un metro ochenta. Todas ellas tenían sus cabezas giradas hacia el alienígena que se encontraba justo a mi lado izquierdo. La única fuente aparente de luz se encontraba en el rostro de esta criatura, como un holograma de un rostro humano superpuesto y brillando en la cara del alienígena. Radiaba luz, y esto lo hacía para disfrazar su verdadera apariencia. Había hecho esto para hacerme sentir menos inquieto. Las criaturas no tomaron en consideración que a medida que este rostro holográfico hablaba y movía sus labios, no había sonido audible).

Por ello, he traído en esta ocasión un relato en el cual, extraterrestres se presentan a los seres humanos dentro de una ambigüedad manifiesta: La belleza y ocultación al mismo tiempo; seres sin rostro pero que infunden sentimientos agradables a los seres humanos. He aquí el relato.

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Brinsley Le Poer Trench
Del libro La eterna cuestión: LOS OVNIS, de Brinsley Le Poer Trench

EL MISTERIO DE LA MUJER SIN ROSTRO

La historia de los OVNIS no es solamente una historia en la que intervienen gentes procedentes del espacio. Hay en ellaotras misteriosas facetas que enriquecen el tema: «ruedecillas que giran dentro de ruedecillas».
En la primera parte de este libro se trataba del misterio que envuelve los motivos que hacen que la cuestión de los OVNIS sea el secreto mejor guardado del mundo. En la segunda parte se indicaba una estrecha conexión con lo paranormal. Ahora bien, en esta tercera parte se establece una posible relación, una «progresión» incluso, entre las misteriosas primitivas naves aéreas, los aparatos voladores fantasma de los años treinta y los cohetes fantasma de 1946, que conducen al fenómeno moderno de los OVNIS.

Aparte de esto, durante los últimos años han ocurrido hechos muy extraños a gentes de todo el mundo. Se ha hecho cada vez más evidente que los tripulantes de los OVNIS proceden de muchos puntos. Es posible que algunos vengan del espacio exterior.
Y los hay que vienen de universos invisibles o de otros continuos espacio-tiempo ajenos al nuestro. Algunos de los visitantes pueden llevar buenas intenciones; otros, ser neutrales; otros, finalmente,abiertamente hostiles.

Teniendo presentes estas consideraciones no han de extrañarnos las curiosísimas experiencias por las que pasaron últimamente en Ohio dos señoras muy respetables (62). Estas dos extraordinarias historias de contacto son más inexplicables que todo lo que llevamos descrito hasta aquí en el presente libro. No obstante, si se incluyen aquí es porque este género de contacto está haciéndose cada día más habitual. John A. Keel, en UFOs: OperationTrojan Horse, refiere un considerable número de lances de este mismo tipo. Merecen, de todos modos, un cuidadoso estudio y constituyen una de estas misteriosas facetas citadas anteriormente.

(62) Contact USA magazine, abril de 1970

OVNI sobre Ohio, USA.
Una de las muchas «ruedas dentro de otras ruedas». Durante las dos últimas semanas de julio y las dos primeras semanas de agosto de 1969, hubo en Ohio, Estados Unidos, mucha gente que se quejó de interferencias en la recepción de los programas de televisión. Aparatos que funcionaban en blanco y negro se pusieron de pronto a emitir en color, mientras que los aparatos preparados para presentar televisión en color ofrecían unos colores fantásticos, jamás presenciados hasta aquel momento. Se escuchaban, además, voces que nada tenían que ver con el programa presenciado. Durante este período específico hubo también muchas noticias referentes a OVNIS.

Posteriormente, el primer lunes de agosto, una mujer que residía en la parte de West Hill, Mrs. Dollie Hansen, de Westward, West Akron, telefoneó a Mrs. Madeline Teagle, presidente de Contact (USA) -que forma parte de la organización mundial de los OVNIS- para manifestarle haberse puesto encontacto con los ocupantes de un OVNI y decirle que esperaba que, para el jueves siguiente, emprendería un viaje.

Mrs. Teagle le pidió que volviera a llamar cuando hubiera finalizado el viaje en cuestión. Le pidió, además, a Mrs. Hansen que rogara a sus acompañantes que permitieran también asistir al viaje a otros individuos que deseaban emprender un periplo en una nave espacial: un niño y otras dos personas.
Mrs. Hansen volvió a llamar el viernes siguiente. Antes de recibir su llamada, Contact (USA) poseía un informe facilitado or uno de los vecinos de aquella dama según el cual, alrededor de las dos de la madrugada, se habían despertado al percibir una luz sumamente intensa y, al mirar por la ventana, habían observado dela casa de la acera de enfrente, es decir, la casa en donde vivía Mrs. Hansen, se encontraba iluminada con una luz de cegadora intensidad. Era tal su brillo que podía apreciarse la casa con todo detalle.

Lo primero que se les ocurrió fue que se había producido una explosión. Después, al no escuchar ningún ruido los testigos del hecho y viendo que persistía la luz con igual fulgor, comenzarona pensar que estaban presenciando algo sumamente extraño.
He aquí, pues, por qué telefonearon a Mrs. Teagle al día siguiente y le comunicaron el extraño suceso, sabiendo que podía interesarle y que quizás estuviese en contacto con los OVNIS.
Mrs. Hansen relataría por teléfono aquel viernes por la mañana una historia de lo más extraordinario.

Alrededor de medianoche toda su familia estaba completamente dormida, aunque no ella, que seguía despierta, y así se mantuvo hasta alrededor de las dos de la madrugada, momento en que alguien llamó a la puerta de la casa. Fuera aguardaba una muchacha, extraordinariamente bien formada, con «la cabellera más hermosa que he visto en toda mi vida. Eran unos cabellos de un color castaño oscuro, casi negro, pero tan brillantes y especiales que los reconocería al momento si volviera a verlos, fuera donde fuera».
Pero esta muchacha tan extremadamente hermosa no tenía nada, no presentaba rasgo alguno, en el lugar donde hubiera debido tener la cara. A pesar de ello, la mujer habitante de la Tierra no sintió ningún miedo y se dirigió sin ambages a la visitante.

En la calle aguardaba un coche negro. Dentro de él había dos hombres, sentados en el asiento delantero. En el lugar donde normalmente está el guardabarros, había una caja grande, de color rojo. A Mrs. Hansen le dio la sensación de que aquello servía para establecer comunicación con la nave espacial.

Así que el coche se puso en marcha, una niebla de un color gris o negro empezó a envolver el coche, tanto por dentro como por fuera. La razón, le explicaron, obedecía a la necesidad de que nadie les viera partir y la viajera no advirtiera tampoco qué rumbo emprendían.
(Se observan aquí ciertas similitudes con el caso del japonés,director de Banco, que presenció, al igual que sus acompañantes,cómo era envuelto en una niebla blanca el coche que les precedía,antes de desaparecer de su vista. Tal vez en aquel coche viajara, pues, un ser ajeno a nuestro planeta. Véase, para más detalles,el capítulo VIL)


La nave espacial los estaba aguardando en un claro del bosque. Mrs. Hansen recordaba que tuvieron que atravesar andando unas tierras pantanosas y porosas antes de llegar a la nave. Los escalones para ascender a la misma parecieron materializarse a medida que subían por ellos para volver a desvanecerse a continuación. No se veía en ninguna parte ni soldaduras ni ningún género de junturas. El interior estaba iluminado con una luz tenue.

Alrededor de las dos y media de la madrugada, la nave recogió a un niño lisiado en East Akron, así como a otras dos personasmás en localidades próximas. Eran las personas para quienes Mrs. Teagle había solicitado el privilegio de aquel viaje, en el caso de que ello fuera posible.

Poco después que Mrs. Hansen llamara para hacer la descripciónde los hechos ocurridos, telefoneó también el niño. Según dijo, el jueves por la noche tuvo la profunda impresión de que haría un viaje en un OVNI. (Ver el capítulo XIII para las consideracionesexpuestas en torno a la Telepatía y descripción decasos similares.)
Por lo tanto, se había bañado, vestido con un pijama nuevo y había permanecido sentado en el sofá hasta alrededor de las dos y media, a la espera de quedarse dormido. Alrededor de las diez de la mañana siguiente, despertó en el mismo sitio.

Dos semanas después de este curioso incidente, otra mujer, Mrs. Joyce Vellacca, de Killian Road, South Akron, telefoneó a Contact (USA) para comunicar que ella y su marido habían salido la noche anterior a comer una hamburguesa cuando advirtieron de pronto una enorme bola de luz, de grandes dimensiones y de un color rojo anaranjado, por la parte sudeste del cielo, cerca de Goodyear Aerospace. Esta bola no variaba de tamaño, situación ni forma, pero parecía ir variando de rojo a naranja, pasando por el blanco, para retornar a la misma disposición decolores.
Al regresar a su casa y después de haber estacionado el coche observaron que el objeto seguía en el mismo lugar del cielo. Se quedaron en la parte exterior de la casa para ver qué hacía el OVNI, puesto que entonces habían decidido ya que aquello no podía ser ningún avión ni tampoco un foco de luz de origen conocido.


Instalaciones de Good Year Aerospace, 1958
Mrs. Vellacca manifestó que, cuando observaron por vez primera aquella luz, eran exactamente las doce y veinte de la noche y que a la una y media en punto la luz se extinguió.
(«Se extinguió»: otro ejemplo de desmaterialización. Véase capitulo IX.)

El señor y la señora Vellacca penetraron en su casa, pero estaban tan impresionados por lo que acababan de ver que no pudieron acostarse y se quedaron charlando hasta las cuatro dela madrugada. A esa hora, el señor Vellacca quiso acostarse para tratar de dormir.
Su esposa optó por tenderse en el sofá y descabezar un breve sueñecito. Sin embargo, apenas se había tendido cuando una fuerte ráfaga de viento vino a colarse por las cortinas, entreabriéndolas.

Se levantó de un salto a cerrar la ventana, pero se quedó clavada en el sitio. Según explicaba la señora Vellacca, no podía moverse. Se encontraba literalmente paralizada en el sitio. Y ... de pie, al otro lado de la ventana, se veía una mujer, de tipo estupendo, con una cabellera espléndida, de color castaño oscuro, casi negro. La cabellera más hermosa que había visto ensu vida.
-Si alguna vez vuelvo a ver aquellos cabellos -comentó-, los identificaré al momento, porque no los he visto nunca en un ser mortal.
No obstante, aquella mujer no presentaba rasgos detectablesen el lugar donde hubiera debido tener la cara.

Lo raro es que, cuando la señora Vellacca se recuperó de suhierática inmovilidad, había desaparecido la visitante. Se precipitó a la calle, pero por muchas luces que encendió para iluminarla zona, no vio nada que le llamara la atención. Entonces oyó una especie de agudo gemido, muy parecido al que emiten lasmotocicletas, si bien cuando lo producen éstas el sonido se prolonga hasta el momento en que termina un fuerte estallido. Pero no era éste el caso. En lugar de ello, el ruido fue cobrando una penetrante frecuencia hasta llegar a un punto en que dejó de oírse. Los perros del vecindario armaban una algarabía de treinta mil diablos.


Poco tiempo después, la señora Teagle y otros miembros de Contact (USA) visitaron la zona e inspeccionaron el terreno que circunda la casa de los señores Vellacca. Bordeando el campo de
Golf Firestone hay un pequeño bosquecillo. Dentro de este bosque hay un campo de maleza, a continuación del cual se encuentra la casa.

Según informa la señora Teagle, el bosque concuerda perfectamentecon la descripción que posteriormente hizo la señora Dollie Hansen del lugar al que fue conducida en el coche negro para subir a bordo del OVNI. Era justamente al lado del gran abeto, junto al cual hay una hilera de arbustos que ella tomó por agracejos, pero que en realidad eran arándanos, de hoja muy parecida.

El mismo terreno poroso y pantanoso por el que caminaría para llegar hasta la nave.Nos encontramos ante otro misterio. ¿Cuál era la finalidad de los dos contactos? ¿Por qué el segundo, en cierto modo, erró el tiro? ¿Por qué el rostro de la mujer con hermosa cabellera carecía de rasgos faciales? ¿Es que utilizaba algún tipo de máscara? ¿Se desprende alguna lección de todas estas circunstancias?


Ha habido otros encuentros de seres sin rostro. Nos hallamos ante una nueva fase de la saga de los platillos volantes. Ante algo que merece reflexión. Tiene que haber forzosamente una razón para hechos tan extraños.
Son muchos los encuentros con lo que hemos acabado por llamar «humanoides». Por lo general se trata de seres de escasa talla, ataviados con lo que a primera vista parecen «trajes espaciales», compuestos de una sola pieza. Suele encontrárseles recogiendo muestras de nuestra fauna y, al ser descubiertos por los seres terrestres, se desvanecen velozmente en el aire. Es muy posible que se trate de unos entes parecidos a robots, al servicio de una raza superior.
De todos modos, cuando los entes reales hacen acto de presencia,se trate de «buenos» o de «malos», tienen buen cuidadoen disfrazarse.

En cualquier caso, hay aquí mucho que desechar. La saga de los platillos volantes no es cosa tan fácil como parece. Se esbozan grandes directrices, pero sigue habiendo vastos espacios inexplorados.